{"id":3027,"date":"2009-05-10T01:53:15","date_gmt":"2009-05-10T06:53:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=3027"},"modified":"2016-10-26T10:23:06","modified_gmt":"2016-10-26T15:23:06","slug":"por-mundos-paralelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/por-mundos-paralelos\/","title":{"rendered":"Por mundos paralelos"},"content":{"rendered":"<div align=center>&nbsp;<br \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"3028\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/por-mundos-paralelos\/lagarto\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/05\/lagarto.jpg\" data-orig-size=\"400,626\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Ojos de lagarto\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Ojos de lagarto&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/05\/lagarto.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/05\/lagarto.jpg\" alt=\"Ojos de lagarto\" title=\"Ojos de lagarto\" width=\"400\" height=\"626\" class=\"alignnone size-full wp-image-3028\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/05\/lagarto.jpg 400w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/05\/lagarto-191x300.jpg 191w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<p><em><a href=\"http:\/\/monorama.blogsome.com\">Bernardo Fern\u00e1ndez<\/a> (Bef),<\/em> Ojos de lagarto.<em> M\u00e9xico, Planeta, 2009<\/em><\/div>\n<p>\u00c9sta, damas y caballeros, se\u00f1ores y se\u00f1oritas, es una novela hist\u00f3rica. Tiene todo lo que ustedes podr\u00edan esperar de tan gustado g\u00e9nero, incluyendo descripciones entusiastas de lugares y personajes ex\u00f3ticos, numerosos detalles desconcertantes pero al fin explicados, acci\u00f3n que se mueve r\u00e1pidamente por muchos puntos de vista y lugares del planeta, sonrisas y l\u00e1grimas, etc\u00e9tera. El pasado vuelto a crear para los ojos del presente: una realidad que se ha ido definitivamente, trabajada para quitarle las partes m\u00e1s aburridas (que son las m\u00e1s, como ahora y como siempre) y enfatizar la maravilla, la acci\u00f3n, la violencia, la ternura; para mostrar la constancia de las pasiones y del azar. Y todo, adem\u00e1s, con referencias que nos permitan orientarnos y gui\u00f1os que nos recuerden que esta criatura de la imaginaci\u00f3n existe para entretenernos hoy y relacionarse con nuestras experiencias de hoy. Los lectores de M\u00e9xico podr\u00edamos concentrarnos en que esta historia gira alrededor de Mexicali, Baja California, y el famoso incendio de su barrio chino en 1923, otro m\u00e1s de los modelos para el desastre que tanto anticipamos en estos d\u00edas; los lectores de otros sitios, en cambio, podr\u00e1n hablar de las dolorosas migraciones de Asia a Am\u00e9rica o del tercer mundo al primero, de los estafadores y curalotodos que prosperan en los tiempos inciertos, de los cazadores y los colonialistas, de los misterios de la China ancestral, de las leyendas urbanas y sus or\u00edgenes, de las referencias eruditas al c\u00f3mic y la cultura popular (\u00a1la historia secreta de Wayne y Kent!).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo eso est\u00e1 en <em>Ojos de lagarto<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por otro lado, \u00e9sta es tambi\u00e9n una novela fant\u00e1stica. De una vez se puede decir que el centro de la historia no es la vida real de Mexicali en 1923 sino, literalmente, un enorme drag\u00f3n, tan real como Mexicali en el mundo del texto, encerrado en un subterr\u00e1neo fabuloso y capaz de todas las proezas de fuerza y fuego que pudi\u00e9ramos desear o temer; adem\u00e1s est\u00e1 Frank Buck, aventurero que realmente existi\u00f3 pero fue convertido en leyenda por el cine; est\u00e1 Pi Ying, que es un personaje de Kurt Vonnegut; est\u00e1n varios personajes inconfundiblemente creados por Bernardo Fern\u00e1ndez, incluyendo a Ary, uno m\u00e1s de sus ni\u00f1os despiertos y desconcertantes (porque para empezar es una ni\u00f1a) y al veterinario Rolando Hinojosa, uno m\u00e1s de sus adultos en desventaja, no del todo bien equipado para combatir la dureza de la vida pero capaz de sobrevivir mediante su ingenio y extraer de su desgracia siquiera unas gotas de sabidur\u00eda amarga. Esta mezcla es tambi\u00e9n una estrategia de lo fant\u00e1stico, que puede tomar materiales de donde sea y reunirlos para crear con ellos universos previamente inexistentes, semejantes a otros que ya conoc\u00edamos \u2013incluyendo a la vida real\u2013 s\u00f3lo hasta cierto punto. Y al contrario de la novela estrictamente hist\u00f3rica, aqu\u00ed lo que cuenta es la diferencia y no la semejanza con lo que conocemos: el modo en que nos sorprendemos y salimos de lo conocido para aventurarnos en otros sitios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como una cosa y la otra suceden a la vez, se podr\u00eda decir que esta novela entra en la corriente enormemente difusa de lo posmoderno: cada influencia y cada pr\u00e9stamo se roza con todos los otros y con cada invenci\u00f3n original, y a veces las partes se golpean y a veces saca chispas\u2026, pero esto significa, en realidad, que cada una puede existir por su cuenta, siquiera en breves momentos, y seducir por s\u00ed misma: como los libros de (justamente) Kurt Vonnegut, que se resisten a ser reducidos a una sola categor\u00eda, \u00e9ste puede atraer a partidarios de muchas tramas distintas, de personajes y ambientes de lo m\u00e1s diverso. Adem\u00e1s de hist\u00f3rica y fant\u00e1stica, \u00e9sta es tambi\u00e9n una novela de aventuras con persecuciones, pu\u00f1aladas y escapes arriesgad\u00edsimos en el \u00faltimo segundo; una novela intimista sobre el contacto de una hija y el padre solitario que debe hacer el trabajo de dos mientras ambos dan tumbos por el mundo y buscan cumplir una promesa hecha a una mujer muerta; una novela pol\u00edtica sobre el en\u00e9simo episodio de la corrupci\u00f3n y la venalidad nacionales, incluyendo la idea desoladora de que todo lo que queda por hacer es intentar huir de la cat\u00e1strofe, y etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera. Cada quien podr\u00e1 escoger el modo de leer que m\u00e1s le guste y <em>Ojos de lagarto<\/em> le contar\u00e1 lo que desea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y todo lo anterior no significa que haga falta un doctorado en literatura para entender la relaci\u00f3n de los hechos: la trama de ambici\u00f3n, trancazos, espanto y maravilla que esta novela presenta. Al contrario, \u00e9ste es un libro que no pretende sino entretener, contar una buena historia y dejarse leer f\u00e1cilmente. Todo el trabajo previo \u2013la investigaci\u00f3n, el pulido de las ideas, la fusi\u00f3n de los conceptos\u2013 es s\u00f3lo del autor, e incluso si un posible lector no sabe y no quiere saber de las referencias literarias y las citas ocultas, puede perfectamente leer sin darse cuenta de que todo eso est\u00e1 all\u00ed. Y no tendr\u00eda nada de malo que as\u00ed sucediera. Si nuestro pa\u00eds no estuviera tan atrasado, una novela como \u00e9sta convivir\u00eda con muchas otras semejantes y no tendr\u00eda que competir con todas las que no se le parecen: ni con los libros de una sola categor\u00eda (los hist\u00f3ricos-hist\u00f3ricos, los de fantas\u00eda-fantas\u00eda y as\u00ed sucesivamente) ni con los experimentales, los que buscan descubrir los nuevos territorios en vez de cultivar y cosechar en los que ya se conocen. Pero somos v\u00edctimas de un c\u00edrculo vicioso: como nadie les hace caso ya, los defensores de nuestra maltrecha cultura literaria niegan que sea importante tener lectores, y se encierran todav\u00eda m\u00e1s, y el espacio vac\u00edo que dejan la ausencia de la cr\u00edtica y la ca\u00edda abismal de nuestra educaci\u00f3n lo llenan los libros malos, desde las biograf\u00edas morbosas o los manuales de borreguismo (por un lado) hasta (por el otro) los libros-gesto, hechos s\u00f3lo para hacer ademanes a un grupo reducid\u00edsimo de partidarios o enemigos en alguna \u00e9lite inalcanzable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por esta raz\u00f3n es de agradecer que no todos quieran jugar ese mismo juego y que Bef \u2013a la par de su trabajo en los mundos del c\u00f3mic y la ilustraci\u00f3n\u2013 siga construyendo con <em>Ojos de lagarto<\/em> su propio mundo literario poblado por criaturas como el doctor Hinojosa y su hija Ary: como en <em>Tiempo de alacranes<\/em>, su primera novela, y como en los mejores de sus cuentos, aqu\u00ed el juego de disfrazar de historia o de verdad las im\u00e1genes de la cultura pop \u2013la educaci\u00f3n sentimental de nuestra generaci\u00f3n fr\u00edvola y hueca\u2013 adquiere un sentido nuevo porque sus personajes m\u00e1s hondos son, de hecho, representaciones de nuestra propia idiosincracia derrotada y temerosa: como tantos de nosotros, estos seres se embarcan constantemente en proyectos de emigraci\u00f3n, de \u00abcambio de vida\u00bb, de ajustes a circunstancias a las que es, en realidad imposible ajustarse. Perdidos en su mundo, deseosos de dejar atr\u00e1s la \u00fanica realidad que conocen y abrazar otra distinta (cualquier otra), tarde o temprano se hallan sin ideolog\u00edas en que ampararse ni, en realidad, muchas probabilidades de \u00e9xito. Como los de ellos, nuestros esfuerzos y nuestras frustraciones (no tener un lugar mejor para vivir, hacer <em>otra cosa<\/em>, vivir una vida con espacio para algo m\u00e1s que las imposiciones de otros) son ego\u00edstas; como ellos, tal vez nosotros merecemos algo m\u00e1s de compasi\u00f3n que la que estamos dispuestos a conceder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Y si esta compasi\u00f3n no existe en el mundo, habr\u00e1 que agradecer que todav\u00eda exista en las p\u00e1ginas de libros como \u00e9ste.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este mes, una novela extra\u00f1a y entra\u00f1able de Bernardo Fern\u00e1ndez. Esta secci\u00f3n se actualiza los d\u00edas 10.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1520],"tags":[77,99,5,1821,2855,10,1303,1163,567,1304],"class_list":["post-3027","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuaderno","tag-bef","tag-ciencia-ficcion","tag-el-libro-del-mes","tag-libros","tag-literatura","tag-novela","tag-novela-historica","tag-ojos-de-lagarto","tag-resenas","tag-slipstream"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-MP","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3027","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3027"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3027\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5958,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3027\/revisions\/5958"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3027"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3027"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3027"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}