{"id":300,"date":"2008-05-26T07:52:26","date_gmt":"2008-05-26T12:52:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=368"},"modified":"2016-10-26T10:24:02","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:02","slug":"el-taller-de-aline-pettersson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-taller-de-aline-pettersson\/","title":{"rendered":"El taller de Aline Pettersson"},"content":{"rendered":"<p><em>Ayer, en el Palacio de Bellas Artes, tuvo lugar un homenaje a la escritora Aline Pettersson en su cumplea\u00f1os n\u00famero setenta. Ella me invit\u00f3 a participar hablando sobre su labor como maestra. He aqu\u00ed el texto que le\u00ed. Espero escribir m\u00e1s adelante sobre otros maestros inolvidables.<\/em><\/p>\n<p>La labor de los escritores tiene, como sabemos, una fama y un prestigio mayores que la de los maestros de escritura. La causa no importa y, en realidad, el hecho tampoco quita nada a la importancia del aprendizaje: en este oficio, como en cualquier otro, es imprescindible. Desde luego, tambi\u00e9n hay quienes subestiman a la propia escritura, y a sus herramientas fundamentales, porque esos rudimentos son de uso com\u00fan en cualquier pa\u00eds razonablemente alfabetizado. Pero la formaci\u00f3n del escritor es mucho m\u00e1s que el oficio, y ni siquiera una parte apreciable de las personas que dicen dedicarse a la literatura llega a asomarse de verdad a los tres territorios que \u00e9sta abre para nosotros: la vastedad de la tradici\u00f3n, la profundidad del conocimiento del lenguaje y la multiplicidad de la experiencia humana.<br \/>\nCentenares de personas, incluyendo sin duda a varios otros entre los presentes, lo hemos aprendido con Aline Pettersson, quien lleva muchos a\u00f1os dedic\u00e1ndose a dar a conocer esa parte secreta, dif\u00edcil y extra\u00f1a del trabajo literario.<br \/>\n<!--more--> No todas las personas que pasan por un gran aprendizaje se dan cuenta de ello: no todas perciben la importancia de la experiencia en el momento en que ocurre ni siquiera despu\u00e9s, pero yo tuve esa suerte y por eso mi historia puede servir de ejemplo: en 1995, reci\u00e9n llegado a la ciudad de M\u00e9xico y a la Escuela de Escritores de la SOGEM, uno de mis primeros cursos fue el de Aline. La materia era \u201cRedacci\u00f3n y estilo\u201d, lo que no sonaba tan espectacular, digamos, como \u201cHistoria de la cultura\u201d, que nos imparti\u00f3 Juan Miguel de Mora y m\u00e1s tarde Jos\u00e9 Antonio Alcaraz, o como la \u201cArtesan\u00eda de escribidores\u201d de Nikito Nipongo.<br \/>\nPero all\u00ed como en cualquier parte, los aspirantes a escritor que no ve\u00edan m\u00e1s all\u00e1 de las superficies estaban perdidos.<br \/>\nLa lecci\u00f3n precisa, constante de Aline Pettersson, desde sus primeros ejercicios y cr\u00edticas, ten\u00eda dos aspectos complementarios:<\/p>\n<p>a)\tlos vuelos literarios, la exaltaciones que los lectores logran tan f\u00e1cilmente, provienen del texto y deben producirse en el texto, y<br \/>\nb)\tlos vuelos literarios no se producen solos, ante los ojos de quien escribe, como si en verdad estuviese librado a la influencia de fuerzas invisibles; e incluso aquellos tocados por la gracia \u2013sea lo que sea: el talento que no puede aprenderse\u2013 necesitan conocimiento y, sobre todo, esfuerzo.<\/p>\n<p>El esfuerzo de la escritura, supimos, es distinto del de la lectura como es distinto el esfuerzo del mago que conoce los trucos y, pese a todo, puede provocar todav\u00eda la ilusi\u00f3n o el asombro de su p\u00fablico. Se pierde, s\u00ed, un poco de la inocencia de quien se acerca a la p\u00e1gina sin saber nada. Pero se gana una conciencia mayor. Y si bien los materiales con los que trabajamos son humildes e intangibles \u2013las letras, los signos que las pastorean, la gram\u00e1tica\u2013, en ellos se cifra cualquier comprensi\u00f3n del mundo y de lo que hay en \u00e9l, as\u00ed como todas las posibilidades de la imaginaci\u00f3n.<br \/>\nEste <em>hacer: <\/em>esta entrega solitaria a la doma de las palabras, es una labor de la mente y del cuerpo entero. No tiene que ver con la publicaci\u00f3n, la fama, el ingreso en el canon, el poder o sus apariencias. El taller de Aline Pettersson, dirigido a comprender la exactitud y aceptar la exigencia del trabajo literario, nos mostraba justamente el camino que perdemos al creernos los elogios del oropel y la bravata, que tanto abundan ahora. La b\u00fasqueda personal del escritor, nos dijo para siempre, termina en los lectores, s\u00ed, pero parte de cada uno de nosotros: de nuestro potencial y de nuestra obstinaci\u00f3n en encontrar aquello que nos toca decir.<br \/>\nLa literatura permite asomarse a la tradici\u00f3n, el lenguaje y la experiencia humana, como mencion\u00e9 hace un momento, pero tambi\u00e9n permite conocer a seres concretos y saber de algunas de las mejores cualidades humanas. Digo esto porque otra lecci\u00f3n invaluable de Aline fue, desde el comienzo, la de la generosidad. Hay grandes y no tan grandes literatos que ocultan todo lo que tenga que ver con su trabajo, como si con ellos fuera a terminar su especialidad y la cultura entera de occidente: como si nadie m\u00e1s tuviera derecho de saber lo que ellos saben y, de hecho, como si realmente supieran mucho. Aline, por el contrario, siempre tiene una observaci\u00f3n iluminadora, una referencia precisa, una respuesta, enunciada en t\u00e9rminos claros y a la vez profundos, para todas las preguntas de sus alumnos. Y todas las respuestas son pertinentes, respetuosas de nuestras propias aspiraciones o nuestras propias locuras, y sabias, en ese sentido tan elusivo de la palabra. Quien se toma la molestia de leer nuestros esbozos es una persona que sabe, y en la que se puede confiar. S\u00f3lo hasta despu\u00e9s, hasta mucho despu\u00e9s, nos damos cuenta de lo preciosa, de lo inusual que ser\u00e1 esa confianza en nuestros tratos con el mundo y con los textos.<br \/>\nPara terminar, otra an\u00e9cdota. Poco despu\u00e9s de dejar la Escuela de Escritores, tuve la posibilidad de componer y publicar mi primer libro serio: el primero que no ser\u00eda el borrador de otro borrador, y Aline Pettersson acept\u00f3 prologarlo. En el texto preciso, espl\u00e9ndido y luminoso que me entreg\u00f3, hab\u00eda una observaci\u00f3n que no olvidar\u00e9 nunca. Dec\u00eda que, a juzgar por su lectura, mi caj\u00f3n deb\u00eda estar lleno de <em>merma: <\/em>el residuo que queda tras un trabajo de pulimento, labrado o cualquier otra actividad semejante. Esas palabras ser\u00e1n siempre un motivo de orgullo para m\u00ed, porque en ellas estaba no s\u00f3lo la noci\u00f3n de que el texto pod\u00eda tener su m\u00e9rito, a fuerza de purificaciones: adem\u00e1s, lo escrito ven\u00eda en efecto de muy largos trabajos, de escribir y corregir y corregir de nuevo y luego tirar lo escrito y comenzar otra vez. Algo deb\u00eda estar haciendo bien si Aline Pettersson, mi maestra, percib\u00eda ya el resultado de esos boxeos interminables&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ayer, en el Palacio de Bellas Artes, tuvo lugar un homenaje a la escritora Aline Pettersson en su cumplea\u00f1os n\u00famero setenta. Ella me invit\u00f3 a participar hablando sobre su labor como maestra. He aqu\u00ed el texto que le\u00ed. Espero escribir m\u00e1s adelante sobre otros maestros inolvidables. 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