{"id":298,"date":"2008-05-20T09:50:40","date_gmt":"2008-05-20T14:50:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=347"},"modified":"2025-09-08T21:40:28","modified_gmt":"2025-09-09T03:40:28","slug":"el-episodio-cinematografico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-episodio-cinematografico\/","title":{"rendered":"El episodio cinematogr\u00e1fico"},"content":{"rendered":"<p>De los grandes narradores mexicanos del siglo XX, <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jorge_Ibarg%C3%BCengoitia\">Jorge Ibarg\u00fcengoitia<\/a> (1928-1983) debe ser el peor le\u00eddo. Muchos lo hacen a un lado de un plumazo diciendo que es \u00abhumorista\u00bb y al hacerlo caen en el error de siempre entre nosotros: creer que la literatura debe d\u00e1rselas de muy Seria y decir Grandes Cosas de la manera m\u00e1s Grandilocuente, para que todos puedan estar seguros de su Importancia (las poses de modestia, indiferencia o fatalismo de los escritores actuales son s\u00f3lo una versi\u00f3n retorcida de la misma actitud).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por otra parte, Ibarg\u00fcengoitia <em>es<\/em> muy divertido, s\u00ed (y esto no necesita ninguna justificaci\u00f3n), pero nos divierte con una mirada de las flaquezas humanas que no s\u00f3lo es afilad\u00edsima sino que tambi\u00e9n sarc\u00e1stica: siempre c\u00ednica, nunca es resignada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este cuento apareci\u00f3 publicado en 1967 en el libro <em>La ley de Herodes<\/em>.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13139\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-episodio-cinematografico\/jorgeibarguengoitia\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia.jpg\" data-orig-size=\"610,405\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Jorge Ibarg\u00fcengoitia\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"405\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13139\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia.jpg 610w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL EPISODIO CINEMATOGR\u00c1FICO<br \/>\nJorge Ibarg\u00fcengoitia<\/strong><\/p>\n<p>El episodio cinematogr\u00e1fico sucedi\u00f3 hace cuatro a\u00f1os. Yo estaba embargado y mi aventura con Angela Darley hab\u00eda entrado en una etapa negra. Una noche me sal\u00ed de su casa olvidando, o mejor dicho, fingiendo olvidar, la cabeza etrusca que ella me hab\u00eda regalado despu\u00e9s de tantos ruegos de mi parte. Yo estaba furioso porque ella hab\u00eda insistido en leer las l\u00edneas de la mano del joven Arroyo y le hab\u00eda dicho lo mismo que me hab\u00eda dicho a m\u00ed tres a\u00f1os antes:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Resulta usted muy atractivo para cierta clase de personas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa noche la so\u00f1\u00e9, con bigotes y oliendo a azufre. Le perd\u00ed el respeto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al d\u00eda siguiente, hice una fiesta e invit\u00e9 al joven Arroyo, que me relat\u00f3 sus aventuras con Angela Darley. Afortunadamente no hab\u00edan llegado a mayores. Al verme irremplazado, me puse tan contento que beb\u00ed m\u00e1s de la cuenta y acab\u00e9 a las seis de la ma\u00f1ana, bailando en el Club Nereidas. Esta fue la obertura del episodio cinematogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Despert\u00e9 a las seis de la tarde, en estado deplorable, con la noticia de que Feliza Gross y Melisa Trirreme quer\u00edan hablar conmigo y estaban esper\u00e1ndome en la sala. Baj\u00e9 a saludar envuelto en un impermeable, porque desde los trece a\u00f1os no he tenido nada que pueda llamarse bata. En la sala, tom\u00e9 asiento y me cubr\u00ed la boca con la mano, discretamente, para que la fetidez de mi aliento no molestara a las visitantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Melisa, que era poetisa y argumentista, quer\u00eda hacerme una proposici\u00f3n, que me pareci\u00f3 sensacional. Para empezar, me explic\u00f3 las condiciones en que estaba la Industria Cinematogr\u00e1fica. Esto era all\u00e1 por 1958; los \u00faltimos descubrimientos de los cazadores de talento consist\u00edan, entonces, en la amante del Gerente del Banco de Auxilio Agropecuario, una hacienda abandonada en el Estado de Morelos, un oso amaestrado y su compa\u00f1ero inseparable, un ni\u00f1o oligofr\u00e9nico y chimuelo, que era el \u00fanico que lo sab\u00eda dominar. Con estos elementos se hab\u00eda pensado hacer una Superproducci\u00f3n Megat\u00f3nica en Technicolor Anastigm\u00e1tico. Hac\u00eda falta un buen argumento y para confeccionarlo se hab\u00eda pensado en formar un equipo de primera, con ella, Melisa Trirreme, yo y Juan Cartesio, el fil\u00f3sofo y ensayista. El dinero se nos entregar\u00eda en dos partes: una al terminar el argumento y otra al terminar la adaptaci\u00f3n. Urg\u00eda ponerse en acci\u00f3n, porque el director, en un arrebato de celo completamente injustificado, ya se hab\u00eda ido al Estado de Morelos a buscar locaciones, a pesar de que no sab\u00eda de qu\u00e9 iba a tratar la pel\u00edcula. A m\u00ed me conven\u00eda tanta prisa, porque hab\u00eda decidido comprar un <em>blazer<\/em> azul marino que hab\u00eda visto en el aparador de la Casa Rionda. Al d\u00eda siguiente nos juntamos Melisa, Juan Cartesio y yo. Cualquier observador inteligente hubiera comprendido que aquello no iba a dar buenos resultados. Sin embargo, nosotros no fuimos capaces de ver la trampa en que est\u00e1bamos meti\u00e9ndonos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Primero hab\u00eda que encontrar un tema. Yo propuse la Vida de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, que bien pod\u00eda ser representada por la amante del Gerente del Banco de Auxilio Agropecuario y que pod\u00eda desarrollarse en una hacienda abandonada del Estado de Morelos, pero tanto Cartesio como la Trirreme me objetaron, ahora comprendo que con mucha raz\u00f3n, que si el personaje central iba a ser Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, \u00edbamos a tener muchas dificultades para asimilar en el argumento al oso amaestrado y al ni\u00f1o oligofr\u00e9nico. Sin embargo, aquella noche insist\u00ed tanto en defender mi idea que ellos se impacientaron y acabaron por ignorar mis argumentos. Al ver que no me hac\u00edan caso, me ofend\u00ed tanto, que me levant\u00e9 de la mesa (est\u00e1bamos en casa de la Trirreme), entr\u00e9 en la cocina y me hice un huevo frito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La siguiente reuni\u00f3n fue todav\u00eda m\u00e1s desagradable. Decid\u00ed no hablar, y provisto de unas hojas de papel y un l\u00e1piz, me dediqu\u00e9 a hacer una serie de dibujos pornogr\u00e1ficos. Mientras dibujaba, los o\u00eda discutir si el tema hab\u00eda de ser de gitanos, de peregrinos, de cirqueros, de charros, de psicoanalistas o de asesinos. Por fin, se pusieron de acuerdo y fabricaron un argumento, mientras yo segu\u00eda dibujando. Cuando me preguntaron mi opini\u00f3n, ten\u00eda la cabeza tan despejada que destru\u00ed en un cuarto de hora lo que ellos hab\u00edan confeccionado en tres. Esta vez, ellos fueron los que se molestaron y se fueron a la cocina a hacer huevos fritos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante la siguiente sesi\u00f3n nocturna, me dorm\u00ed. Y no s\u00f3lo me dorm\u00ed, sino que babe\u00e9 sobre la mesa de Melisa Trirreme. Cuando abr\u00ed los ojos, ella me miraba fijamente, llena de odio. Supongo que en ese momento decidi\u00f3 jugarme la mala pasada que me jug\u00f3 dos d\u00edas despu\u00e9s. Me dijo que Arturo de C\u00f3rdova estaba interesado en actuar en una comedia; los elementos eran, Arturo de C\u00f3rdova, un paisaje alpino, un hotel de lujo y una mujer joven, que todav\u00eda no se sab\u00eda si iba a ser Amadis de Gaula o Pituka de Foronda; ahora bien, ellos dos estaban muy ocupados haciendo el argumento de <em>Entre el cielo y el r\u00edo<\/em>, as\u00ed que, \u00bfpor qu\u00e9 no me iba yo a mi casa a hacer un argumento para Arturo de C\u00f3rdova?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me fui a mi casa y estuve dos meses y medio haciendo argumentos para Arturo de C\u00f3rdova. Ahora estoy convencido de que esos argumentos est\u00e1n en la basura, pero, \u00bfqui\u00e9n los puso all\u00ed? \u00bfArturo de C\u00f3rdova? \u00bfPituka de Foronda? o \u00bfMelisa Trirreme?<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 la etapa de Arturo de C\u00f3rdova volv\u00ed a las reuniones nocturnas. Las cosas hab\u00edan cambiado. Melisa ten\u00eda un conflicto sentimental que le exig\u00eda hacer llamadas telef\u00f3nicas de dos horas y media. Mientras ella telefoneaba, Juan Cartesio y yo \u00edbamos a la cocina a beber cubas libres y a platicar de nuestras frustraciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hace dos a\u00f1os que no escribo nada que sea m\u00edo \u2014dec\u00eda Juan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La obra se hab\u00eda modificado varias veces, porque, afortunadamente, el oso amaestrado hab\u00eda muerto y hab\u00eda sido sustituido por un joven que cantaba; por consiguiente, la  pel\u00edcula hab\u00eda pasado de cirqueros, a ser de charros. Por otra parte, el productor hab\u00eda decidido que la hero\u00edna sufriera una poliomielitis aguda, para que la \u00faltima imagen de la pel\u00edcula fuera la del cantante empuj\u00e1ndola en una silla de ruedas. Cuando todo parec\u00eda resuelto, a alguien se le ocurri\u00f3 la maldita idea de que todo pasara en tiempos de la Revoluci\u00f3n, as\u00ed que tuve que irme a mi casa otra vez a leer <em>Ocho mil kil\u00f3metros en campa\u00f1a<\/em>. Cuando termin\u00e9 la lectura escrib\u00ed una escena inspirada en la Batalla de Santa Rosa, con federales, revolucionarios y v\u00edas de ferrocarril, que me qued\u00f3 muy bien. Pero entonces, la amante del Gerente del Banco de Auxilio Agropecuario descubri\u00f3 que los sombreros de campana y los chemises le sentaban estupendamente. Adi\u00f3s Revoluci\u00f3n, adi\u00f3s federales, adi\u00f3s revolucionarios, adi\u00f3s balazos. La pel\u00edcula iba a tratar ahora de la vida de un cantante que, despu\u00e9s de muchas privaciones, llegaba a triunfar en el Teatro Degollado. La hacienda abandonada del Estado de Morelos hab\u00eda ca\u00eddo en desgracia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubo necesidad de hacer todo otra vez, hasta aquella escena, en la que despu\u00e9s de una larga secuencia a base de <em>intershots<\/em> mostrando botas que hienden bur\u00f3s, pu\u00f1os que hienden ventanas, rifles que hienden puertas, un carrancista hend\u00eda a Beatriz, la hermana menor de la hero\u00edna. Esta reparaci\u00f3n, tuvimos que hacerla Juan Cartesio y yo, solos, porque Melisa, al ver que la cosa se prolongaba <em>ad nauseam<\/em>, hab\u00eda decidido no dar golpe. Hab\u00eda comprado uno de esos libros enormes, llamados Diarios, hab\u00eda apuntado en \u00e9l una infinidad de n\u00fameros y pasaba las noches haciendo sumas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cansancio, el descontento y la miseria, empezaron a hacernos mella. Cartesio y yo pas\u00e1bamos las noches entre la m\u00e1quina y el <em>couch<\/em>, uno dictaba y el otro escrib\u00eda. De vez en cuando, suspend\u00edamos el trabajo e \u00edbamos a la cocina, pasando, al hacerlo, junto a Melisa, que segu\u00eda en la mesa del comedor haciendo sumas. En la cocina, prepar\u00e1bamos cubas libres, platic\u00e1bamos un rato y ve\u00edamos, con horror, c\u00f3mo nos iba creciendo la barba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche, Cartesio cometi\u00f3 el error de confesarme que pensaba escapar. \u00bfDe qu\u00e9? De la Trirreme, de <em>Entre el cielo y el r\u00edo<\/em>, de m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Decid\u00ed adelant\u00e1rmele.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi oportunidad vino dos noches despu\u00e9s. Melisa me dio un billete de quinientos pesos y me pidi\u00f3, como un gran favor, que fuera a comprar un garraf\u00f3n de Bacard\u00ed. Tom\u00e9 el billete, sal\u00ed de la casa y no he vuelto a poner un pie en ella. Al d\u00eda siguiente fui a la Casa Rionda y compr\u00e9 el <em>blazer<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante dos meses cre\u00ed que Melisa Trirreme iba a presentarse en mi casa a cobrarme los quinientos pesos, pero supongo que prefiri\u00f3 castigarme con su silencio y no he vuelto a verla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Entre el cielo y el r\u00edo<\/em> nunca lleg\u00f3 a filmarse. Los fondos con que iba a ser financiada fueron retirados cuando el Gerente del Banco de Auxilio Agropecuario descubri\u00f3 que su amante le era infiel. Melisa es ahora Eminencia Gris en la Secretar\u00eda de Catastro y Prevenci\u00f3n, el joven cantante fue atropellado por un tranv\u00eda en la Avenida Cuauht\u00e9moc, Juan Cartesio vive muy lejos, en un destierro voluntario y honorable. S\u00f3lo quedo yo, que de vez en cuando hago argumentos para el cine.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Jorge Ibarg\u00fcengoitia (1928-1983), de los grandes narradores mexicanos del siglo XX.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13139,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,25,198,282,318,343,2855],"class_list":["post-298","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-escritores","tag-escritores-mexicanos","tag-humor","tag-jorge-ibarguegoitia","tag-la-ley-de-herodes","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/05\/JorgeIbarguengoitia.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4O","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/298","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=298"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/298\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17070,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/298\/revisions\/17070"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13139"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=298"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=298"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=298"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}