{"id":287,"date":"2008-03-19T10:52:22","date_gmt":"2008-03-19T16:52:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=337"},"modified":"2025-09-08T20:28:46","modified_gmt":"2025-09-09T02:28:46","slug":"el-centinela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-centinela\/","title":{"rendered":"El centinela"},"content":{"rendered":"<p>El cuento del mes llega un d\u00eda antes: ha muerto en Colombo, Sri Lanka, el escritor <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Arthur_C._Clarke\">Arthur C. Clarke<\/a>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacido en la ciudad de Minehead, en Inglaterra, en 1917, Clarke fue, adem\u00e1s de un c\u00e9lebre autor de ciencia ficci\u00f3n, un cient\u00edfico, un gran divulgador y un pionero de varios avances tecnol\u00f3gicos importantes (entre ellos destaca el sat\u00e9lite de comunicaciones, cuyos principios b\u00e1sicos fueron propuestos por Clarke en 1945). Nunca se le consider\u00f3 uno de los grandes estilistas de su especialidad, y en muchos casos su capacidad imaginativa y especulativa rebasaba con mucho a la hechura de sus personajes o sus tramas. Sin embargo, tuvo la fidelidad de millones de lectores y cre\u00f3 una obra que siempre busc\u00f3 provocar el asombro y alentar con \u00e9l la investigaci\u00f3n y la reflexi\u00f3n (que es el mejor de los efectos que puede lograr la ciencia ficci\u00f3n tradicional). En cualquier caso, adem\u00e1s de en el resto de sus logros, su fama descansa en el cuento que sigue, y del que parti\u00f3 el proyecto de la pel\u00edcula <em>2001: una odisea del espacio<\/em> (1968) de Stanley Kubrick.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por supuesto, el gui\u00f3n de la pel\u00edcula (en el que Kubrick y Clarke colaboraron) es muy diferente del texto original, y dedica a la trama completa de \u00abEl centinela\u00bb (publicado originalmente en 1948) s\u00f3lo unos pocos minutos. Pero el cineasta se sinti\u00f3 atra\u00eddo a la historia por la forma en la que trata dos temas centrales de la mejor literatura especulativa: la peque\u00f1ez de la especie humana y la vastedad del universo en la que existe. Con todo lo \u00abretro\u00bb que podr\u00eda parecer ahora el ambiente del cuento, sus sugerencias m\u00e1s audaces no han perdido la vigencia que ten\u00edan hace sesenta a\u00f1os.<\/p>\n<figure id=\"attachment_17067\" aria-describedby=\"caption-attachment-17067\" style=\"width: 1600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/Clarke.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17067\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-centinela\/clarke\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/Clarke.webp\" data-orig-size=\"1600,900\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Clarke\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Arthur C. 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Clarke en el set de <em>2001<\/em> (<a href=\"https:\/\/www.muyinteresante.com\/curiosidades\/28727.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL CENTINELA<br \/>\nArthur C. Clarke<\/strong><\/p>\n<p>La pr\u00f3xima vez que vean ustedes la luna llena brillar alta en el sur, examinen atentamente el borde derecho y dejen resbalar la mirada a lo largo de la curva del disco. All\u00e1 donde serian las dos si nuestro sat\u00e9lite fuera un reloj, observaran un min\u00fasculo \u00f3valo oscuro: cualquiera que posea una vista normal puede descubrirlo. En una gran llanura rodeada de monta\u00f1as, una de las m\u00e1s hermosas de la Luna, conocida con el nombre de Mare Crisium: el Mar de las Crisis. Casi quinientos kil\u00f3metros de di\u00e1metro, rodeada por un anillo de magn\u00edficas monta\u00f1as, no hab\u00eda sido explorada nunca hasta que nosotros penetramos en ella a finales del verano de 1996.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nuestra expedici\u00f3n hab\u00eda sido cuidadosamente planeada. Dos grandes cargos hab\u00edan transportado nuestras provisiones y nuestro equipo desde la base lunar del Mare Serenitatis, a ochocientos kil\u00f3metros. Dispon\u00edamos adem\u00e1s de tres peque\u00f1os cohetes destinados al transporte a cortas distancias en regiones en las que era imposible servirse de los veh\u00edculos de superficie. Afortunadamente, la mayor parte del Mare Crisium es llana. No existen all\u00ed esas enormes grietas tan frecuentes y tan peligrosas en otras partes, y los cr\u00e1teres o elevaciones de una cierta altura son bastante raros. A primera vista, nuestros potentes tractores oruga no tendr\u00edan la menor dificultad en conducirnos hasta donde quisi\u00e9ramos ir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo era el ge\u00f3logo, o selen\u00f3logo, si quieren ser ustedes pedantes, jefe del grupo destinado a la exploraci\u00f3n de la zona sur del Mare. Hab\u00edamos recorrido un centenar y medio de kil\u00f3metros en una semana, bordeando los contrafuertes de las monta\u00f1as que dominaban la playa de lo qu\u00e9, muchos millones de a\u00f1os atr\u00e1s, hab\u00eda sido un antiguo mar. Cuando la vida se hab\u00eda iniciado en la Tierra, aquel mar estaba ya moribundo. El agua retiraba de los flancos de aquellas maravillosas escolleras para fluir hacia el vac\u00edo coraz\u00f3n de la Luna. Sobre el suelo que est\u00e1bamos recorriendo, el oc\u00e9ano que no conoc\u00eda mareas hab\u00eda alcanzado en su tiempo una profundidad de ochocientos metros, y ahora la \u00fanica huella de humedad que pod\u00eda hallarse era la escarcha que descubrimos a veces en las profundidades de las cavernas, donde jam\u00e1s penetra la luz del sol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00edamos comenzado nuestro viaje al despuntar el alba lunar, y nos quedaba a\u00fan casi una semana de tiempo terrestre antes de que la noche cayera de nuevo. Descend\u00edamos de nuestros veh\u00edculos cinco o seis veces al d\u00eda, vestidos con nuestros trajes espaciales, y nos dedic\u00e1bamos a la b\u00fasqueda de minerales interesantes, o plant\u00e1bamos se\u00f1ales indicadoras para guiar a futuros viajeros. Era una rutina mon\u00f3tona y carente de excitaci\u00f3n. Pod\u00edamos vivir confortablemente al menos durante un mes en el interior de nuestros tractores presurizados, y si nos ocurr\u00eda alg\u00fan percance siempre nos quedaba la radio para pedir ayuda, tras lo cual no ten\u00edamos otra cosa que hacer m\u00e1s que aguardar la llegada de la nave que acudir\u00eda a rescatamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acabo de decir que la exploraci\u00f3n lunar es una rutina carente de excitaci\u00f3n, y no es cierto. Uno nunca se cansa de contemplar aquellas incre\u00edbles monta\u00f1as, tan distintas de las suaves colinas de la Tierra. Al doblar un cabo o un promontorio, uno nunca sab\u00eda qu\u00e9 nuevos esplendores nos iban a ser revelados. Toda la parte meridional del Mare Crisium es un vasto delta donde, hace mucho tiempo, algunos desembarcaban en el oc\u00e9ano, quiz\u00e1s alimentados por las torrenciales lluvias que hab\u00edan erosionado las monta\u00f1as durante el corto per\u00edodo de la era volc\u00e1nica, cuando la Luna era a\u00fan joven. Cada uno de aquellos antiguos valles era una tentaci\u00f3n, un desaf\u00edo a trepar hasta las desconocidas mesetas que hab\u00eda m\u00e1s all\u00e1. Pero ten\u00edamos a\u00fan un centenar y medio de kil\u00f3metros que cubrir, y todo lo que pod\u00edamos hacer era contemplar con envidia aquellas cimas que otros escalar\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abordo del tractor viv\u00edamos seg\u00fan el tiempo terrestre, y a las 22 horas exactamente envi\u00e1bamos el \u00faltimo mensaje por radio a la Base y termin\u00e1bamos nuestro trabajo. Afuera, las rocas segu\u00edan ardiendo bajo un sol casi vertical; para nosotros era de noche hasta que nos despert\u00e1bamos de nuevo, tras ocho horas de sue\u00f1o. Entonces uno de nosotros preparaba el desayuno, se o\u00eda un gran zumbido de afeitadoras el\u00e9ctricas, y alguien conectaba la radio que nos un\u00eda a la Tierra. Realmente, cuando el olor de las salchichas coci\u00e9ndose comenzaba a llenar la cabina, a uno le resultaba dif\u00edcil creer que no hab\u00edamos regresado a nuestro planeta: Todo era tan normal, tan familiar, excepto la disminuci\u00f3n de nuestro peso y la lentitud con que ca\u00edan todos los objetos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era mi turno de preparar el desayuno en el \u00e1ngulo de la cabina principal que serv\u00eda como cocina. Pese a los a\u00f1os transcurridos, recuerdo con extrema claridad aquel momento, porque la radio acababa de transmitir una de mis canciones preferidas, la vieja tonada gala David de las Rocas Blancas. Nuestro conductor estaba ya fuera, embutido en su traje espacial, inspeccionando los veh\u00edculos oruga. Mi asistente, Louis Garnett, en la cabina de control, escrib\u00eda algo relativo al trabajo del d\u00eda anterior en el diario de a bordo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como cualquier ama de casa terrestre, mientras esperaba a que las salchichas se cocieran en la sart\u00e9n dej\u00e9 que mi mirada vagase sobre las monta\u00f1osas paredes que cercaban el horizonte por la parte sur, prolong\u00e1ndose hasta perderse de vista por el este y por el oeste. Parec\u00edan no estar a m\u00e1s de tres kil\u00f3metros del tractor, pero sab\u00eda que la m\u00e1s pr\u00f3xima estaba a treinta kil\u00f3metros. En la Luna, por supuesto, las im\u00e1genes no pierden nitidez con la distancia, no hay ninguna atm\u00f3sfera que aten\u00fae, difumine o incluso transfigure los objetos lejanos, como ocurre en la Tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquellas monta\u00f1as se elevaban hasta tres mil metros, surgiendo abruptas de la llanura como si alguna erupci\u00f3n subterr\u00e1nea las hubiera hecho emerger a trav\u00e9s de la corteza en fusi\u00f3n. No se pod\u00eda ver la base ni siquiera de la m\u00e1s pr\u00f3xima, debido a la acusada curvatura de la superficie, ya que la Luna es un mundo muy peque\u00f1o y el horizonte no estaba a m\u00e1s de tres kil\u00f3metros del lugar donde yo me hallaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Levant\u00e9 los ojos hacia los picos que ning\u00fan hombre hab\u00eda escalado nunca, aquellos picos que, antes del nacimiento de la vida sobre la Tierra, hab\u00edan contemplado c\u00f3mo se retiraba el oc\u00e9ano, llev\u00e1ndose hacia su tumba la esperanza y las promesas de un mundo. El sol golpeaba los farallones con un resplandor que cegaba los ojos, mientras que, un poco m\u00e1s arriba, las estrellas brillaban fijas en un cielo m\u00e1s negro que la m\u00e1s oscura medianoche de invierno en la Tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iba a girarme, cuando mi mirada fue atra\u00edda por un destello met\u00e1lico casi en la cima de uno de los grandes promontorios que avanzaba hacia el mar, cincuenta kil\u00f3metros al oeste. Era un punto de luz peque\u00f1\u00edsimo carente de dimensiones, como si una estrella hubiera sido arrancada del cielo por alguno de aquellos crueles picos, e imagin\u00e9 que una roca excepcionalmente lisa captaba la luz del sol y me la reflejaba directamente a los ojos. Era algo que suced\u00eda a menudo. Cuando la Luna entra en el segundo cuarto, los observadores de la Tierra pueden ver a veces las grandes cadenas monta\u00f1osas del Oceanus Procellarum, el Oc\u00e9ano de las Tormentas, arder con una iridiscencia blancoazulada debida al reflejo del sol en sus laderas. Pero sent\u00eda la curiosidad de saber qu\u00e9 tipo de roca pod\u00eda brillar all\u00e1 arriba con tanta intensidad, de modo que sub\u00ed a la torreta de observaci\u00f3n y orient\u00e9 nuestro telescopio hacia el oeste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que vi fue suficiente para despertar mi inter\u00e9s. Los picos monta\u00f1osos, claros y n\u00edtidos en mi campo de visi\u00f3n, parec\u00edan no estar a m\u00e1s de ochocientos metros de distancia, pero el objeto que reflejaba la luz del sol era a\u00fan demasiado peque\u00f1o para poder ser identificado. Sin embargo, aunque no pudiera distinguirlo claramente, s\u00ed pod\u00eda darme cuenta de que estaba provisto de una cierta simetr\u00eda, y la base sobre la que se hallaba parec\u00eda extra\u00f1amente plana. Estuve observando durante un buen rato aquel brillante enigma, aguzando mi vista en el espacio, hasta que un olor a quemado proveniente de la cocina me inform\u00f3 que las salchichas del desayuno hab\u00edan hecho un viaje de casi cuatrocientos mil kil\u00f3metros para nada.<\/p>\n<p>Mientras avanz\u00e1bamos a trav\u00e9s del Mare Crisium, aquella ma\u00f1ana, con las monta\u00f1as irgui\u00e9ndose a occidente, discutimos sobre el caso, y continuamos discutiendo a trav\u00e9s de la radio cuando salimos a realizar nuestras prospecciones. Mis compa\u00f1eros sosten\u00edan que hab\u00eda sido probado sin la menor sombra de duda que jam\u00e1s hab\u00eda existido ninguna forma de vida inteligente en la Luna. Las \u00fanicas cosas vivas que hab\u00edan llegado a existir eran algunas plantas primitivas, y sus antecesoras, tan s\u00f3lo un poco menos degeneradas. Esto lo sab\u00eda yo tan bien como todos, pero hay ocasiones en las que un cient\u00edfico no debe temer al rid\u00edculo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Escuchen &#8211;dije firmemente&#8211;, quiero subir hasta all\u00ed arriba, aunque s\u00f3lo sea para tranquilizar mi conciencia. Esta monta\u00f1a tiene menos de cuatro mil metros, lo que equivale a setecientos con gravedad terrestre, y puedo hac\u00e9rmela en una veintena de horas. Siempre he deseado escalar una de esas colinas, y aqu\u00ed tengo un buen pretexto para hacerlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Si no te partes el cuello &#8211;dijo Garnett&#8211;, vas a ser el hazmerre\u00edr de la expedici\u00f3n cuando regresemos a la Base. De ahora en adelante, esta monta\u00f1a se llamar\u00e1 seguramente la Locura de Wilson.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No me partir\u00e9 el cuello &#8211;dije con firmeza&#8211;. \u00bfQui\u00e9n fue el primero que escal\u00f3 Pico y Helicon?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfPero no eras un poco m\u00e1s joven por aquel entonces? &#8211;pregunt\u00f3 suavemente Louis.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Una raz\u00f3n de m\u00e1s para ir &#8211;dije muy dignamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella noche nos acostamos pronto, tras conducir el tractor hasta unos quinientos metros del promontorio. Garnett vendr\u00eda conmigo al d\u00eda siguiente; era un buen escalador y hab\u00eda participado conmigo en otras expediciones semejantes. Nuestro conductor se sinti\u00f3 muy feliz de quedarse guardando el veh\u00edculo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A primera vista, aquellas paredes parec\u00edan pr\u00e1cticamente inescalables, pero cualquiera que tuviera un poco de experiencia sab\u00eda que la escalada no presenta serias dificultades en un mundo donde el peso queda reducido a una sexta parte. El aut\u00e9ntico peligro del alpinismo lunar reside en el exceso de confianza: una ca\u00edda desde cien metros en la Luna es tan mortal como una ca\u00edda desde quince metros en la Tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hicimos nuestro primer alto en una cornisa a unos mil quinientos metros de la llanura. La escalada no hab\u00eda sido dif\u00edcil, pero el esfuerzo al que no estaba acostumbrado hab\u00eda envarado mis miembros, y me sent\u00eda feliz de poder descansar un poco. Visto desde all\u00ed, el tractor parec\u00eda un min\u00fasculo insecto met\u00e1lico al pie de la pared. Por radio comunicamos nuestro avance al conductor antes de proseguir la escalada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dentro de nuestros trajes la temperatura era agradablemente fresca, puesto que el sistema de refrigeraci\u00f3n anulaba los efectos del ardiente sol y eliminaba al exterior los desechos de nuestra transpiraci\u00f3n. Habl\u00e1bamos raramente, salvo que debi\u00e9ramos intercambiar instrucciones o discutir acerca del mejor camino a seguir. No sab\u00eda lo que estar\u00eda pensando Garnett, seguramente que era la empresa m\u00e1s absurda en la que se hab\u00eda embarcado. Yo no pod\u00eda dejar de darle la raz\u00f3n, al menos en parte, pero el placer de la escalada, la seguridad de que nunca ning\u00fan hombre hab\u00eda llegado antes hasta all\u00ed, y la exaltante visi\u00f3n del paisaje, eran para m\u00ed una recompensa suficiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No recuerdo haber experimentado ninguna excitaci\u00f3n especial al hallarnos ante la pared rocosa que hab\u00eda examinado a trav\u00e9s del telescopio el d\u00eda antes, desde una distancia de cincuenta kil\u00f3metros. Se extend\u00eda hasta una veintena de metros por encima de nosotros y all\u00e1, en aquella explanada, se hallaba el objeto que me hab\u00eda atra\u00eddo a trav\u00e9s de toda aquella extensi\u00f3n des\u00e9rtica. Casi con toda seguridad no era m\u00e1s que un bloque de roca nacido en alguna \u00e9poca pasada a consecuencia del impacto de un meteorito, con los planos de estratificaci\u00f3n pulidos y brillantes a\u00fan en la inmovilidad eterna e inmutable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La roca no ten\u00eda apoyos, de modo que tuvimos que usar un garfio. Mis cansados brazos parecieron recuperar una nueva fuerza cuando lanc\u00e9 el anda de tres puntas haci\u00e9ndola girar sobre mi cabeza. La primera vez fall\u00f3 su presa, y cay\u00f3 lentamente cuando tironeamos de ella para comprobar su solidez. Al tercer intento las p\u00faas se sujetaron s\u00f3lidamente, y ni siquiera el peso combinado de nuestros dos cuerpos consigui\u00f3 moverla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Garnett me lanz\u00f3 una ansiosa mirada. Hubiera podido decirle que deseaba subir yo primero, pero me limit\u00e9 a sonre\u00edr a trav\u00e9s del cristal del casco y agit\u00e9 la cabeza. Luego, lentamente, sin prisas, inici\u00e9 el \u00faltimo tramo de la ascensi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A\u00fan enfundado en el traje espacial, pesaba tan s\u00f3lo veinte kilos, por lo que sub\u00ed a pulso, sin enroscar la cuerda entre mis piernas ni ayudarme con los pies contra la pared. Cuando alcanc\u00e9 el borde me detuve un instante para saludar con la mano a mi compa\u00f1ero, luego di el \u00faltimo tir\u00f3n, me ic\u00e9 de pie sobre la plataforma, y contempl\u00e9 lo que hab\u00eda ante m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta aquel momento estaba casi convencido de que no iba a descubrir nada extra\u00f1o o ins\u00f3lito all\u00ed. Casi, pero no completamente, y era esa torturante duda la que me hab\u00eda empujado hasta all\u00ed. Bueno, la duda hab\u00eda sido disipada, pero la tortura apenas acababa de empezar.<br \/>\nMe encontraba en una explanada de unos treinta metros de profundidad. En alguna ocasi\u00f3n hab\u00eda sido lisa, demasiado lisa para ser natural, pero los impactos de los meteoritos hab\u00edan mordido y cribado su superficie a trav\u00e9s de incontables eones. Y hab\u00eda sido nivelada para poder sostener una estructura transl\u00facida, burdamente piramidal, de dos veces la altura de un hombre, encajada en la roca como una gigantesca gema facetada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Probablemente no experiment\u00e9 ninguna sensaci\u00f3n durante los primeros segundos. Luego, inexplicablemente, sent\u00ed una extra\u00f1a alegr\u00eda. Porque yo amaba la Luna, y ahora sab\u00eda que el musgo que trepaba en Aristarco y Erat\u00f3stenes no era la \u00fanica forma de vida que hab\u00eda producido cuando era joven. Los antiguos y desacreditados sue\u00f1os de los primeros exploradores eran ciertos. Despu\u00e9s de todo hab\u00eda existido una civilizaci\u00f3n lunar, y yo hab\u00eda sido el primero en descubrirla. El hecho de haber llegado con un mill\u00f3n de a\u00f1os de retraso no me preocupaba; ten\u00eda bastante con haber llegado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi cerebro comenzaba a funcionar de nuevo normalmente, analizando, planteando preguntas. \u00bfQu\u00e9 era aquella construcci\u00f3n? \u00bfUn santuario&#8230; o alguna otra cosa que en mi lengua no ten\u00eda nombre? Si era una construcci\u00f3n habitable, \u00bfpor qu\u00e9 la hab\u00edan edificado en aquel lugar casi inaccesible? Me pregunt\u00e9 si se tratar\u00eda de un templo, e imagin\u00e9 ver a los adeptos de alguna extra\u00f1a regi\u00f3n invocando a sus divinidades para que les salvaran la vida mientras la Luna declinaba con la muerte de sus oc\u00e9anos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Avanc\u00e9 unos pasos para examinar m\u00e1s de cerca el objeto, pero la cautela me impidi\u00f3 acercarme demasiado. Entend\u00eda un poco de arqueolog\u00eda, e intent\u00e9 establecer el nivel de la civilizaci\u00f3n que hab\u00eda aplanado aquella monta\u00f1a y erigido aquellas superficies resplandecientes que me cegaban a\u00fan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pens\u00e9 que los egipcios hubieran estado en condiciones de erigir una construcci\u00f3n como aqu\u00e9lla, siempre que sus operarios dispusieran del extra\u00f1o material que aquellos arquitectos a\u00fan m\u00e1s antiguos hab\u00edan utilizado. Debido a que el objeto era relativamente peque\u00f1o, no se me ocurri\u00f3 pensar que probablemente estaba examinando el producto de una raza m\u00e1s avanzada que la nuestra. La idea de que en la Luna hubieran existido seres inteligentes era ya bastante dif\u00edcil de asimilar, y mi orgullo se negaba a dar el \u00faltimo y m\u00e1s humillante paso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y luego observ\u00e9 algo que hizo que los cabellos se me erizaran en la nuca, algo tan trivial e inocuo que quiz\u00e1 cualquier otro nunca lo hubiera visto. Ya he dicho que la explanada hab\u00eda sido torturada por la ca\u00edda de los meteoritos, de tal modo que estaba recubierta de una espesa capa de polvo c\u00f3smico, ese polvo que se extiende como un manto por la superficie de todos los mundos en los que no existen vientos que puedan turbarlo. Sin embargo, tanto el polvo como las se\u00f1ales dejadas por los meteoritos terminaban bruscamente en el borde de un amplio c\u00edrculo en el centro del cual se hallaba la pir\u00e1mide, como si un muro invisible la protegiera de las inclemencias del tiempo y del lento pero incesante bombardeo del espacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sent\u00ed que alguien estaba gritando en mis auriculares, y finalmente me di cuenta de que Garnett me estaba llamando desde hac\u00eda rato. Avanc\u00e9 con paso vacilante hacia el borde de la explanada y le hice se\u00f1as de que subiera, porque no me sent\u00eda muy seguro de ser capaz de hablar. Luego me gir\u00e9 de nuevo hacia el c\u00edrculo en el polvo. Me inclin\u00e9 y tom\u00e9 un fragmento de roca, y lo lanc\u00e9, sin excesiva fuerza, hacia el brillante enigma. Si la piedra hubiera desaparecido al chocar contra aquella invisible barrera no me hubiera sorprendido, pero se limit\u00f3 a caer al suelo, como si hubiera chocado contra una superficie curva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora sab\u00eda que el objeto que ten\u00eda ante m\u00ed no pod\u00eda ser comparado con ninguna obra de mis antepasados. No era una construcci\u00f3n sino una m\u00e1quina, que se proteg\u00eda a s\u00ed misma a trav\u00e9s de unas fuerzas que hab\u00edan desafiado la eternidad. Aquellas fuerzas, cualesquiera que fuesen, segu\u00edan funcionando a\u00fan, y quiz\u00e1s yo me hab\u00eda acercado demasiado a ellas. Pens\u00e9 en todas las radiaciones que el hombre hab\u00eda capturado y dominado en el transcurso del \u00faltimo siglo. Por lo que sab\u00eda, pod\u00eda hallarme incluso condenado para siempre, como si hubiera penetrado en la atm\u00f3sfera silenciosa y letal de una pila at\u00f3mica no aislada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recuerdo que me gir\u00e9 hacia Garnett, que se hab\u00eda reunido conmigo y permanec\u00eda inm\u00f3vil a mi lado. Me pareci\u00f3 tan absorto que no quise molestarle, y me dirig\u00ed hacia el borde de la explanada esforz\u00e1ndome en ordenar de nuevo mis pensamientos. All\u00ed, delante de m\u00ed, se extend\u00eda el Mare Crisium, extra\u00f1o y fascinante para casi toda la humanidad, pero conocido y tranquilizador para m\u00ed. Levant\u00e9 la mirada hacia la hoz de la Tierra que yac\u00eda en su cuna de estrellas, y me pregunt\u00e9 qu\u00e9 hab\u00edan ocultado sus nubes cuando aquellos desconocidos constructores hab\u00edan terminado su trabajo. \u00bfEra la humeante jungla del Carbon\u00edfero, la desierta orilla de los oc\u00e9anos sobre la que reptaban los primeros anfibios para conquistar la tierra firme&#8230;, o un per\u00edodo m\u00e1s anterior a\u00fan, el periodo de la soledad, antes de que la vida iniciara su desarrollo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No me pregunten por qu\u00e9 no intu\u00ed antes la verdad, que ahora parece tan obvia. En la excitaci\u00f3n del descubrimiento, me hab\u00eda convencido a m\u00ed mismo de que la aparici\u00f3n cristalina deb\u00eda de haber sido construida por una raza que hab\u00eda vivido en el remoto pasado lunar, pero de pronto, con una terrible fuerza, me traspas\u00f3 la certeza de que aquella raza era tan extranjera a la Luna como lo era yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el transcurso de veinte a\u00f1os de exploraciones no hab\u00edamos hallado ning\u00fan otro rastro de vida a excepci\u00f3n de algunas plantas degeneradas. Ninguna civilizaci\u00f3n lunar, a\u00fan moribunda, pod\u00eda dejar tan s\u00f3lo una \u00fanica prueba de su existencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volv\u00ed a mirar la resplandeciente pir\u00e1mide, y me pareci\u00f3 m\u00e1s extra\u00f1a que nunca a cualquier cosa perteneciente a la Luna. Y entonces, de golpe fue sacudido por un estallido de risa hist\u00e9rica, provocado por la excitaci\u00f3n y por la excesiva fatiga. Porque me hab\u00eda parecido que la pir\u00e1mide me dirig\u00eda la palabra y me dec\u00eda: \u201cLo siento, pero yo tampoco soy de aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Hemos necesitado veinte a\u00f1os para conseguir romper aquel invisible escudo y alcanzar la m\u00e1quina encerrada en aquellas paredes de cristal. Lo que no hemos podido comprender lo hemos destruido finalmente con la salvaje potencia de la energ\u00eda at\u00f3mica, y he podido ver los fragmentos de aquel hermoso y brillante objeto que descubriera all\u00ed, en la cima de la monta\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No significaban absolutamente nada. Los mecanismos de la pir\u00e1mide, suponiendo que lo sean, son fruto de una tecnolog\u00eda que se halla mucho m\u00e1s all\u00e1 de nuestro horizonte, quiz\u00e1s una tecnolog\u00eda de fuerzas paraf\u00edsicas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El misterio contin\u00faa atorment\u00e1ndonos cada vez m\u00e1s, ahora que hemos alcanzado otros planetas y sabemos que s\u00f3lo la Tierra ha sido cuna de vida inteligente en nuestro Sistema. Una civilizaci\u00f3n antiqu\u00edsima y desconocida perteneciente a nuestro mundo no podr\u00eda haberla construido, ya que el espesor del polvo mete\u00f3rico en la explanada nos ha permitido calcular su edad. Aquel polvo comenz\u00f3 a posarse antes de que la vida hiciera su aparici\u00f3n en la Tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando nuestro mundo alcanz\u00f3 la mitad de su edad actual, algo que ven\u00eda de las estrellas pas\u00f3 a trav\u00e9s del Sistema Solar, dej\u00f3 aquella huella de su paso, y prosigui\u00f3 su camino. Hasta que nosotros la destruimos, aquella m\u00e1quina cumpli\u00f3 su cometido. Y empiezo a intuir cu\u00e1l era.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alrededor de cien mil millones de estrellas giran en el c\u00edrculo de la V\u00eda L\u00e1ctea, y, hace mucho tiempo, otras razas de los mundos pertenecientes a otros soles deben de haber alcanzado y superado el estadio en el que ahora nos hallamos nosotros. Piensen en una tal civilizaci\u00f3n, muy lejana en el tiempo, cuando la Creaci\u00f3n era a\u00fan tibia, due\u00f1a de un universo tan joven que la vida hab\u00eda surgido tan s\u00f3lo en una infinit\u00e9sima parte de mundos. La soledad de aquel mundo es algo imposible de imaginar, la soledad de los dioses que miran a trav\u00e9s del infinito y no hallan a nadie con quien compartir sus pensamientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Deben de haber explorado las galaxias como nosotros exploramos los mundos. Por todos lados hab\u00eda mundos, pero estaban vac\u00edos, o a lo sumo poblados de cosas que se arrastraban y eran incapaces de pensar. As\u00ed deb\u00eda de ser nuestra Tierra, con el humo de los volcanes ofuscando a\u00fan el cielo, cuando la primera nave de los pueblos del alba surgi\u00f3 de los abismos m\u00e1s all\u00e1 de Plut\u00f3n. Rebas\u00f3 los planetas exteriores apresados por el hielo, sabiendo que la vida no pod\u00eda formar parte de sus destinos. Alcanz\u00f3 y se detuvo en los planetas interiores, que se calentaban al fuego del Sol, esperando a que comenzara su historia.<br \/>\nAquellos exploradores deben de haber observado la Tierra, sobrevolando la estrecha franja entre los hielos y el fuego, llegando a la conclusi\u00f3n de que aqu\u00e9l deb\u00eda de ser el hijo predilecto del Sol. All\u00ed, en un remoto futuro, surgir\u00eda la inteligencia; pero ante ellos quedaban a\u00fan innumerables estrellas, y nunca regresar\u00edan por aquel mismo camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed pues, dejaron un centinela, uno de los millones que deben de existir esparcidos por todo el universo, vigilando los mundos en los cuales vibra la promesa de la vida. Era un faro que, a trav\u00e9s de todas las edades, se\u00f1alaba pacientemente que a\u00fan nadie lo hab\u00eda descubierto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quiz\u00e1s ahora comprendan por qu\u00e9 la pir\u00e1mide de cristal fue instalada en la Luna y no en la Tierra. A sus creadores no les importaban las razas que luchaban a\u00fan por salir del salvajismo. Nuestra civilizaci\u00f3n les pod\u00eda interesar tan s\u00f3lo si d\u00e1bamos prueba de nuestra capacidad de supervivencia, lanz\u00e1ndonos al espacio y escapando as\u00ed de la Tierra, nuestra cuna. Este es el desaf\u00edo que, antes o despu\u00e9s, se plantea a todas las razas inteligentes. Es un desaf\u00edo doble, porque depende de la conquista de la energ\u00eda at\u00f3mica y de la decisiva elecci\u00f3n entre la vida y la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una vez superado este punto cr\u00edtico, era tan s\u00f3lo cuesti\u00f3n de tiempo que descubri\u00e9ramos la pir\u00e1mide, y la forz\u00e1semos para ver lo que hab\u00eda dentro. Ahora ya no emite ninguna se\u00f1al, y aquellos encargados de su escucha deben de haber vuelto su atenci\u00f3n hacia la Tierra. Quiz\u00e1s acudan a ayudar a nuestra civilizaci\u00f3n, a\u00fan en su infancia. Pero deben de ser viejos, muy viejos, y a menudo los viejos son morbosamente celosos de los j\u00f3venes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora ya no puedo mirar la V\u00eda L\u00e1ctea sin preguntarme de cu\u00e1l de esas nebulosas estelares est\u00e1n acudiendo los emisarios. Si me permiten hacer una comparaci\u00f3n bastante vulgar, hemos tirado del aparato de alarma, y ahora no podemos hacer otra cosa m\u00e1s que esperar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No creo que tengamos que esperar mucho.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cl\u00e1sico de Arthur C. 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