{"id":2798,"date":"2009-04-12T18:16:36","date_gmt":"2009-04-12T23:16:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=2798"},"modified":"2016-10-26T10:23:08","modified_gmt":"2016-10-26T15:23:08","slug":"las-historias-son-herramientas-multiusos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/las-historias-son-herramientas-multiusos\/","title":{"rendered":"Las historias son herramientas multiusos"},"content":{"rendered":"<p><strong>&nbsp;<br \/><em>M\u00f3nica Lav\u00edn, <\/em>La corredora de Cuemanco y el aficionado a Schubert<em>. M\u00e9xico, Punto de Lectura, 2009<\/em> <\/strong><\/p>\n<p><em>[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][Nota: quedo a  deber la imagen por el momento]<\/em><\/p>\n<p>Ser\u00e1 lo que sea nuestra \u00e9poca: seremos no lectores en un tiempo que ya no se lee sino que se ve o que, incluso, ni siquiera se mira. Pero nos siguen encantando las historias.<\/p>\n<p>No nos damos cuenta siempre porque entre nosotros y esta idea se atraviesa ese clich\u00e9 agradable y absurdo que repetimos todo el tiempo, aquel de que \u201cla realidad supera a la ficci\u00f3n\u201d. Es como decir que las peras le ganan a los n\u00fameros ar\u00e1bigos, o como si la imaginaci\u00f3n y las obras de la imaginaci\u00f3n estuvieran compitiendo en los cien metros planos contra el universo del que forman parte, pero nosotros repetimos el lugar com\u00fan, nos alegramos al pensar que tenemos raz\u00f3n al desconfiar del arte, pensamos que no nos hace falta porque existimos en la realidad y se nos olvida que no entender\u00edamos la realidad si no tuvi\u00e9ramos la ficci\u00f3n: que las historias que nos inventamos son una herramienta para reducir a un tama\u00f1o humano la plenitud del mundo, esa que no podemos abarcar. <\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n se nos olvida que esto pasa tanto con las historias espectaculares y de alcances enormes como con las que se tratan, simplemente, de la vida: que tambi\u00e9n en cada uno de nosotros hay abismos insondables, impulsos y deseos cuyo sentido jam\u00e1s estar\u00e1 a nuestro alcance y podemos vislumbrar, conjeturar, imaginar \u00fanicamente con la ayuda de las historias. Cada una \u2013sea cuento, novela, obra de teatro o cualquier otra cosa\u2013 es la relaci\u00f3n de algo que se transforma en el tiempo: en el peor de los casos, aun si no consigue reparar los horrores y las estupideces que cometemos cada d\u00eda, puede permitir que las veamos con m\u00e1s claridad, sin la urgencia de vivirlas en el instante: ya sabemos que siempre entendemos mejor lo que ya no puede cambiarse.<\/p>\n<p><em>La corredora de Cuemanco y el aficionado a Schubert<\/em> de M\u00f3nica Lav\u00edn es el nuevo libro de una escritora que siempre ha cre\u00eddo, y muy firmemente, no s\u00f3lo en la capacidad de las palabras para penetrar el misterio de los simples seres humanos, sino tambi\u00e9n en el m\u00e9rito de hacer semejantes excursiones hacia lo aparentemente cotidiano: lo real-real en vez de lo real-maravilloso, o (peor todav\u00eda) lo real-pol\u00edtico, lo real-medi\u00e1tico, lo real-artificial. Los catorce cuentos que se re\u00fanen aqu\u00ed, de variada extensi\u00f3n y tonos y escenarios, son todos observaciones de detalles muy precisos y finos de nuestra propia realidad, de la ciudad que nos rodea y de las penas, las alegr\u00edas, las esperanzas m\u00e1s \u00edntimas a las que nos reduce: las que resisten los vaivenes de la pol\u00edtica y las locuras de nuestros jefes y santones porque no dependen de las modas y sobreviven a todas ellas. Los encuentros cotidianos, los afectos y los desamores, los abandonos, las reacciones s\u00fabitas y las que se acumulan durante vidas enteras, para desbordarse cuando menos se espera y del modo m\u00e1s extra\u00f1o: todo eso est\u00e1 aqu\u00ed como en la vida de cualquiera, pero lo que importante no es la rareza o la banalidad de las situaciones sino la minuciosidad y el tino con el que cada tema y cada personaje, sin importar su facha de pr\u00f3ximo y f\u00e1cil de comprender, acaba revelando, cuando el texto lo pone a examen, algo nuevo: algo distinto que no le hab\u00edamos visto simplemente porque todo el tiempo hab\u00eda estado ante nuestras narices. Desde luego, hay muchos libros que intentan esto, siempre; pero no s\u00f3lo lo consiguen muy pocos, sino que cuanto descubrimos en lo evidente se nos olvida con facilidad. Las historias son, en segundo lugar, herramientas de esa memoria humana que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de nosotros y que nos tiene infinita paciencia.<\/p>\n<p>Con el cuento como g\u00e9nero hay una incomprensi\u00f3n o ceguera parecida que la que pone en problemas a las historias cuando nos impide ver el aut\u00e9ntico esfuerzo y peligro de meterse en la realidad: el cuento se considera un g\u00e9nero en desventaja, postergado y superado por la novela. Pero estas historias son una confirmaci\u00f3n de que, modas aparte, el cuento sigue sirviendo al menos para producir el efecto extra\u00f1o y demoledor de quedarse en la cabeza del lector: de no terminar de decirlo todo y en cambio invitarnos (o forzarnos) a completar tras la lectura las conclusiones m\u00e1s peregrinas y temibles, las que mejor nos dibujan o nos ponen en aprietos. Por ejemplo, los lectores tendr\u00e1n que resolver solos los problemas de qu\u00e9 estaba escrito en la nota de la monja en \u201cLa chica de las medias\u201d; qu\u00e9 faltaba por decirse entre la madre y la hija en \u201cEl asa\u201d, y qu\u00e9 se esconde, si se esconde algo, en la conjunci\u00f3n de la fiesta posible y la muerte cierta en \u201cEl hilo rojo\u201d; la tradici\u00f3n de estas historias es la de Ch\u00e9jov o Hemingway, maestros en el arte de decir apenas y sugerirlo todo. Pero hay algo m\u00e1s:<\/p>\n<p>Una tercera ilusi\u00f3n de nuestra \u00e9poca es que la historias son criaturas suaves y mimosas que apenas necesitan nuestro esfuerzo para existir: que nos \u201catrapan\u201d y nos \u201ctransportan\u201d, decimos, como si lo hicieran por su gusto y no fueran cosas hechas de palabras, creadas por alguien y completadas por alguien m\u00e1s: una ilusi\u00f3n, un sue\u00f1o dirigido, un truco de magia. M\u00f3nica Lav\u00edn, en este libro, llena varias historias con referencias al acto de crear y de contar; leer \u00e9stas ser\u00eda como descubrir el truco a la mitad del acto de no ser porque todas, a la vez que rompen brevemente la ilusi\u00f3n de la historia, llaman la atenci\u00f3n sobre eso otro que no queremos ver: el modo en que cada narraci\u00f3n, para volver a lo que dije antes, es un tanteo con herramientas a veces insuficientes en la oscuridad de lo que existe, y por cada cosa que se llega a decir hay dos, o mil, que son siempre un enigma. Tantear es todo lo que podemos hacer: imaginar c\u00f3mo pensamos, imaginar causas y efectos, contar desde nuestra perspectiva para que nuestra estatura humana parezca la de todo lo dem\u00e1s. Saber esto ser\u00eda intolerable de no ser porque las palabras y los hechos se atemperan con el polvo de la perplejidad o la tristeza, y tambi\u00e9n se fortifican con un poco de iron\u00eda o de risa, que aligera las cargas m\u00e1s terribles. Las historias, nos dice este libro, son tambi\u00e9n, al fin, una herramienta de supervivencia\u2026<\/p>\n<p>Y por lo tanto no hay que tenerles miedo. Existen para que nos leamos en ellas y nos reconozcamos un poco mejor, un poco m\u00e1s finamente o con un poco m\u00e1s de dolor o de claridad, que a veces uno es otra. Siempre nos estamos quejando de que nuestra \u00e9poca no tiene v\u00edsceras, que est\u00e1 vuelta insensible y c\u00ednica; pero los buenos libros de historias son las entra\u00f1as de nuestra \u00e9poca. Y \u00e9ste es uno de muchos que podemos encontrar ahora mismo.[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este mes un libro de cuentos de M\u00f3nica Lav\u00edn, narradora mexicana.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1520],"tags":[1248,22,1247,5,1821,2855,899,1249,464,567],"class_list":["post-2798","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuaderno","tag-anton-chejov","tag-cuento","tag-el-cuento-y-la-novela","tag-el-libro-del-mes","tag-libros","tag-literatura","tag-monica-lavin","tag-poeticas","tag-raymond-carver","tag-resenas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-J8","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2798","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2798"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2798\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12854,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2798\/revisions\/12854"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2798"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2798"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2798"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}