{"id":274,"date":"2008-01-20T07:36:53","date_gmt":"2008-01-20T13:36:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=317"},"modified":"2025-09-08T19:46:34","modified_gmt":"2025-09-09T01:46:34","slug":"el-nadador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-nadador\/","title":{"rendered":"El nadador"},"content":{"rendered":"<p>John Cheever (1912-1982) fue uno de los grandes narradores estadounidenses del siglo XX: un novelista y sobre todo un cuentista extraordinario, que no abandon\u00f3 las narraciones breves ni siquiera cuando su \u00absaga\u00bb de la familia Wapshot se convirti\u00f3 en una de las m\u00e1s celebradas series novelescas de su tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La primera aparici\u00f3n en libro de \u00abEl nadador\u00bb (una historia aut\u00e9nticamente cl\u00e1sica, llevada al cine en los a\u00f1os sesenta y antologada muchas veces) fue en la colecci\u00f3n <em>The Brigadier and the Golf Widow<\/em> (1964). Se recomienda observar con atenci\u00f3n los detalles del viaje del protagonista.<\/p>\n<figure id=\"attachment_17059\" aria-describedby=\"caption-attachment-17059\" style=\"width: 1240px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17059\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-nadador\/cheever-k5md-1240x698abc\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc.webp\" data-orig-size=\"1240,698\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"cheever-k5MD&amp;#8211;1240&amp;#215;698@abc\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;John Cheever (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.abc.es\/cultura\/cultural\/abci-cartas-besos-y-orgasmos-john-cheever-201802010105_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fcultura%2Fcultural%2Fabci-cartas-besos-y-orgasmos-john-cheever-201802010105_noticia.html&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc-1024x576.webp\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc.webp\" alt=\"\" width=\"1240\" height=\"698\" class=\"size-full wp-image-17059\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc.webp 1240w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc-300x169.webp 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc-1024x576.webp 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc-600x338.webp 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1240px) 100vw, 1240px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17059\" class=\"wp-caption-text\">John Cheever (<a href=\"https:\/\/www.abc.es\/cultura\/cultural\/abci-cartas-besos-y-orgasmos-john-cheever-201802010105_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fcultura%2Fcultural%2Fabci-cartas-besos-y-orgasmos-john-cheever-201802010105_noticia.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL NADADOR<br \/>\nJohn Cheever<\/strong><\/p>\n<p>Era uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan \u00abAnoche beb\u00ed demasiado\u00bb. Quiz\u00e1 uno oy\u00f3 la frase murmurada por los feligreses que salen de la iglesia, o la escuch\u00f3 de labios del propio sacerdote, que se debate con su casulla en el <em>vestiarium<\/em>, o en las pistas de golf y de tenis, o en la reserva natural donde el jefe del grupo Audubon sufre el terrible malestar del d\u00eda siguiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Beb\u00ed demasiado &#8211;dijo Donald Westerhazy.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Todos bebimos demasiado &#8211;dijo Lucinda Merrill.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Seguramente fue el vino &#8211;dijo Helen Westerhazy&#8211;. Beb\u00ed demasiado clarete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto suced\u00eda al borde de la piscina de los Westerhazy. La piscina, alimentada por un pozo artesiano que ten\u00eda elevado contenido de hierro, mostraba un matiz verde claro. El tiempo era excelente. Hacia el oeste se dibujaba un macizo de c\u00famulos, desde lejos tan parecido a una ciudad &#8211;vistos desde la proa de un barco que se acercaba&#8211; que incluso hubiera podido asign\u00e1rsele nombre. Lisboa. Hackensack. El sol calentaba fuerte. Neddy Merrill estaba sentado al borde del agua verdosa, una mano sumergida, la otra sosteniendo un vaso de ginebra. Era un hombre esbelto &#8211;parec\u00eda tener la especial esbeltez de la juventud&#8211; y, si bien no era joven ni mucho menos, esa ma\u00f1ana se hab\u00eda deslizado por su baranda y hab\u00eda descargado una palmada sobre el trasero de bronce de Afrodita, que estaba sobre la mesa del vest\u00edbulo, mientras se enfilaba hacia el olor del caf\u00e9 en su comedor. Pod\u00eda hab\u00e9rsele comparado con un d\u00eda estival, y si bien no ten\u00eda raqueta de tenis ni bolso de marinero, suscitaba una definida impresi\u00f3n de juventud, deporte y buen tiempo. Hab\u00eda estado nadando, y ahora respiraba estertorosa, profundamente, como si pudiese absorber con sus pulmones los componentes de ese momento, el calor del sol, la intensidad de su propio placer. Parec\u00eda que todo conflu\u00eda hacia el interior de su pecho. Su propia casa se levantaba en Bullet Park, unos trece kil\u00f3metros hacia el sur, donde sus cuatro hermosas hijas seguramente ya hab\u00edan almorzado y quiz\u00e1 ahora jugaban a tenis. Entonces, se le ocurri\u00f3 que dirigi\u00e9ndose hacia el suroeste pod\u00eda llegar a su casa por el agua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su vida no lo limitaba, y el placer que extra\u00eda de esta observaci\u00f3n no pod\u00eda explicarse por su sugerencia de evasi\u00f3n. Le parec\u00eda ver, con el ojo de un cart\u00f3grafo, esa hilera de piscinas, esa corriente casi subterr\u00e1nea que recorr\u00eda el condado. Hab\u00eda realizado un descubrimiento, un aporte a la geograf\u00eda moderna; en homenaje a su esposa, llamar\u00eda Lucinda a este curso de agua. No le agradaban las bromas pesadas y no era tonto, pero sin duda era original y ten\u00eda una indefinida y modesta idea de s\u00ed mismo como una figura legendaria. Era un d\u00eda hermoso y se le ocurri\u00f3 que nadar largo rato pod\u00eda ensanchar y exaltar su belleza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se quit\u00f3 el su\u00e9ter que colgaba de sus hombros y se zambull\u00f3. Sent\u00eda un inexplicable desprecio hacia los hombres que no se arrojaban a la piscina. Us\u00f3 una brazada corta, respirando con cada movimiento del brazo o cada cuatro brazadas y contando en un rinc\u00f3n muy lejano de la mente el uno-dos, uno-dos de la patada nerviosa. No era una brazada \u00fatil para las distancias largas, pero la domesticaci\u00f3n de la nataci\u00f3n hab\u00eda impuesto ciertas costumbres a este deporte, y en el rinc\u00f3n del mundo al que \u00e9l pertenec\u00eda, el estilo crol era usual. Parec\u00eda que verse abrazado y sostenido por el agua verde claro era no tanto un placer como la recuperaci\u00f3n de una condici\u00f3n natural, y \u00e9l habr\u00eda deseado nadar sin pantaloncitos, pero en vista de su propio proyecto eso no era posible. Se alz\u00f3 sobre el reborde del extremo opuesto &#8211;nunca usaba la escalerilla&#8211; y comenz\u00f3 a atravesar el jard\u00edn. Cuando Lucinda pregunt\u00f3 ad\u00f3nde iba, \u00e9l dijo que volv\u00eda nadando a casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los \u00fanicos mapas y planos eran los que pod\u00eda recordar o sencillamente imaginar, pero eran bastante claros. Primero estaban los Graham, los Hammer, los Lear, los Howland y los Crosscup. Despu\u00e9s, cruzaba la calle Ditmar y llegaba a la propiedad de los Bunker, y despu\u00e9s de recorrer un breve trayecto llegaba a los Levy, los Welcher y la piscina p\u00fablica de Lancaster. Despu\u00e9s estaban los Halloran, los Sachs, los Biswanger, Shirley Adams, los Gilmartin y los Clyde. El d\u00eda era hermoso, y que \u00e9l viviera en un mundo tan generosamente abastecido de agua parec\u00eda un acto de clemencia, una suerte de beneficencia. Sent\u00eda exultante el coraz\u00f3n y atraves\u00f3 corriendo el pasto. Volver a casa siguiendo un camino diferente le infund\u00eda la sensaci\u00f3n de que era un peregrino, un explorador, un hombre que ten\u00eda un destino; y adem\u00e1s sab\u00eda que a lo largo del camino hallar\u00eda amigos: los amigos guarnecer\u00edan las orillas del r\u00edo Lucinda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Atraves\u00f3 un seto que separaba la propiedad de los Westerhazy de la que ocupaban los Graham, camin\u00f3 bajo unos manzanos floridos, dej\u00f3 tras el cobertizo que albergaba la bomba y el filtro, y sali\u00f3 a la piscina de los Graham.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Caramba, Neddy &#8211;dijo la se\u00f1ora Graham&#8211;, qu\u00e9 sorpresa maravillosa. Toda la ma\u00f1ana he tratado de hablar con usted por tel\u00e9fono. Venga, s\u00edrvase una copa&#8211; comprendi\u00f3 entonces, como les ocurre a todos los exploradores, que tendr\u00eda que manejar con cautela las costumbres y las tradiciones hospitalarias de los nativos si quer\u00eda llegar a buen destino. No quer\u00eda mentir ni mostrarse grosero con los Graham, y tampoco dispon\u00eda de tiempo para demorarse all\u00ed. Nad\u00f3 la piscina de un extremo al otro, se reuni\u00f3 con ellos al sol y pocos minutos despu\u00e9s lo salv\u00f3 la llegada de dos autom\u00f3viles colmados de amigos que ven\u00edan de Connecticut. Mientras todos formaban grupos bulliciosos \u00e9l pudo alejarse discretamente. Descendi\u00f3 por la fachada de la casa de los Graham, pas\u00f3 un seto espinoso y cruz\u00f3 una parcela vac\u00eda para llegar a la propiedad de los Hammer. La se\u00f1ora Hammer apart\u00f3 los ojos de sus rosas, lo vio nadar, pero no pudo identificarlo bien. Los Lear lo oyeron chapotear frente a las ventanas abiertas de su sala. Los Howland y los Crosscup no estaban en casa. Despu\u00e9s de salir del jard\u00edn de los Howland, cruz\u00f3 la calle Ditmar y comenz\u00f3 a acercarse a la casa de los Bunker; aun a esa distancia pod\u00eda o\u00edrse el bullicio de una fiesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El agua refractaba el sonido de las voces y las risas y parec\u00eda suspenderlo en el aire. La piscina de los Bunker estaba sobre una elevaci\u00f3n, y \u00e9l ascendi\u00f3 unos pelda\u00f1os y sali\u00f3 a una terraza, donde beb\u00edan veinticinco o treinta hombres y mujeres. La \u00fanica persona que estaba en el agua era Rusty Towers, que flotaba sobre un colch\u00f3n de goma. \u00a1Oh, qu\u00e9 bonitas y lujuriosas eran las orillas del r\u00edo Lucinda! Hombres y mujeres pr\u00f3speros se reun\u00edan alrededor de las aguas color zafiro, mientras los camareros de chaqueta blanca distribu\u00edan ginebra fr\u00eda. En el cielo, un avi\u00f3n de Haviland, un aparato rojo de entrenamiento, describ\u00eda sin cesar c\u00edrculos en el cielo mostrando parte del regocijo de un ni\u00f1o que se mece. Ned sinti\u00f3 un afecto transitorio por la escena, una ternura dirigida hacia los que estaban all\u00ed reunidos, como si se tratara de algo que \u00e9l pudiera tocar. Oy\u00f3 a distancia el retumbo del trueno. Apenas Enid Bunker lo vio comenz\u00f3 a gritar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Oh, vean qui\u00e9n ha venido! \u00a1Qu\u00e9 sorpresa tan maravillosa! Cuando Lucinda me dijo que usted no pod\u00eda venir, sent\u00ed que me mor\u00eda&#8211; se abri\u00f3 paso entre la gente para llegar a \u00e9l, y cuando terminaron de besarse lo llev\u00f3 al bar, pero avanzaron con paso lento, porque ella se detuvo para besar a ocho o diez mujeres y estrechar las manos del mismo n\u00famero de hombres. Un barman sonriente a quien Neddy hab\u00eda visto en cien reuniones parecidas le entreg\u00f3 una ginebra con agua t\u00f3nica, y Neddy permaneci\u00f3 de pie un momento frente al bar, evitando mezclarse en conversaciones que pod\u00edan retrasar su viaje. Cuando temi\u00f3 verse envuelto, se zambull\u00f3 y nad\u00f3 cerca del borde, para evitar un choque con el flotador de Rusty. En el extremo opuesto de la piscina dej\u00f3 atr\u00e1s a los Tomlinson, a quienes dirigi\u00f3 una amplia sonrisa, y se alej\u00f3 trotando por el sendero del jard\u00edn. La grava le lastimaba los pies, pero \u00e9se era el \u00fanico motivo de desagrado. La fiesta se manten\u00eda confinada a los terrenos contiguos a la piscina, y cuando ya estaba acerc\u00e1ndose a la casa oy\u00f3 atenuarse el sonido brillante y acuoso de las voces, oy\u00f3 el ruido de un receptor de radio que proven\u00eda de la cocina de los Bunker, donde alguien estaba escuchando la retransmisi\u00f3n de un partido de b\u00e9isbol. Una tarde de domingo. Se desliz\u00f3 entre los autom\u00f3viles estacionados y descendi\u00f3 por los l\u00edmites cubiertos de pasto del sendero, en direcci\u00f3n a la calle Alewives. No deseaba que nadie lo viera en el camino, con sus pantaloncitos de ba\u00f1o pero no hab\u00eda tr\u00e1nsito, y Neddy recorri\u00f3 la reducida distancia que lo separaba del sendero de los Levy, donde hab\u00eda un letrero indicando: PROPIEDAD PRIVADA, y un recipiente para <em>The New York Times<\/em>. Todas las puertas y ventanas de la espaciosa casa estaban abiertas, pero no hab\u00eda signos de vida, ni siquiera el ladrido de un perro. Dio la vuelta a la casa, buscando la piscina, y se dio cuenta de que los Levy hab\u00edan salido poco antes. Hab\u00edan dejado vasos, botellas y platitos de man\u00edes sobre una mesa instalada hacia el fondo, donde hab\u00eda un vestuario o mirador adornado con farolitos japoneses. Despu\u00e9s de atravesar a nado la piscina, consigui\u00f3 un vaso y se sirvi\u00f3 una copa. Era la cuarta o la quinta copa, y ya hab\u00eda nadado casi la mitad de la longitud del r\u00edo Lucinda. Se sent\u00eda cansado y limpio, y en ese momento lo complac\u00eda estar solo; en realidad, todo lo complac\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Habr\u00eda tormenta. El grupo de c\u00famulos &#8211;esa ciudad&#8211; se hab\u00eda elevado y ensombrecido, y mientras estaba all\u00ed, sentado, oy\u00f3 de nuevo la percusi\u00f3n del trueno. El avi\u00f3n de entrenamiento de Haviland continuaba describiendo c\u00edrculos en el cielo. Ned crey\u00f3 que casi pod\u00eda o\u00edr la risa del piloto, complacido con la tarde, pero cuando se descarg\u00f3 otra cascada de truenos, reanud\u00f3 la marcha hacia su hogar. Son\u00f3 el silbato de un tren, y se pregunt\u00f3 qu\u00e9 hora ser\u00eda. \u00bfLas cuatro? \u00bfLas cinco? Pens\u00f3 en la estaci\u00f3n provinciana a esa hora, el lugar donde un camarero, con el traje de etiqueta disimulado por un impermeable, un enano con flores envueltas en papel de diario y una mujer que hab\u00eda estado llorando esperaban el tren local. De pronto comenz\u00f3 a oscurecer; era el momento en que las aves de cabeza de alfiler parecen organizar su canto anunciando con un sonido agudo y reconocible la llegada de la tormenta. A su espalda se oy\u00f3 el ruido leve del agua que ca\u00eda de la copa de un roble, como si all\u00ed hubiesen abierto un grifo. Despu\u00e9s, el ruido de fuentes se repiti\u00f3 en las coronas de todos los \u00e1rboles altos. \u00bfPor qu\u00e9 le agradaban las tormentas? \u00bfQu\u00e9 sentido ten\u00eda su excitaci\u00f3n cuando la puerta se abr\u00eda bruscamente y el viento de lluvia se abalanzaba impetuoso escaleras arriba? \u00bfPor qu\u00e9 la sencilla tarea de cerrar las ventanas de una vieja casa parec\u00eda apropiada y urgente? \u00bfPor qu\u00e9 las primeras notas cristalinas de un viento de tormenta ten\u00edan para \u00e9l el sonido inequ\u00edvoco de las buenas nuevas, una sugerencia de alegr\u00eda y buen \u00e1nimo? Despu\u00e9s, hubo una explosi\u00f3n, olor de cordita, y la lluvia flagel\u00f3 los farolitos japoneses que la se\u00f1ora Levy hab\u00eda comprado en Kioto el a\u00f1o anterior, \u00bfo quiz\u00e1 era incluso un a\u00f1o antes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Permaneci\u00f3 en el jard\u00edn de los Levy hasta que pas\u00f3 la tormenta. La lluvia hab\u00eda refrescado el aire, y \u00e9l temblaba. La fuerza del viento hab\u00eda despejado de sus hojas rojas y amarillas a un arce y las hab\u00eda dispersado sobre el pasto y el agua. Como era mediados del verano seguramente el \u00e1rbol se agostar\u00eda, y sin embargo Ned sinti\u00f3 una extra\u00f1a tristeza ante ese signo oto\u00f1al. Flexion\u00f3 los hombros, vaci\u00f3 el vaso y camin\u00f3 hacia la piscina de los Welcher. Para llegar necesitaba cruzar la pista de equitaci\u00f3n de los Lindley, y lo sorprendi\u00f3 descubrir que el pasto estaba alto y todas las vallas aparec\u00edan desarmadas. Se pregunt\u00f3 si los Lindley hab\u00edan vendido sus caballos o se hab\u00edan ausentado todo el verano y hab\u00edan dejado en una pensi\u00f3n los animales. Le pareci\u00f3 recordar haber o\u00eddo algo acerca de los Lindley y sus caballos, pero el recuerdo no era claro. Continu\u00f3 caminando, descalzo sobre el pasto h\u00famedo, hacia la casa de los Welcher, donde descubri\u00f3 que la piscina estaba seca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ausencia de este eslab\u00f3n en su cadena acu\u00e1tica lo decepcion\u00f3 de un modo absurdo, y se sinti\u00f3 como un explorador que busca una fuente torrencial y encuentra un arroyo seco. Se sinti\u00f3 desilusionado y desconcertado. Era costumbre salir durante el verano, pero nadie vaciaba nunca sus piscinas. Era evidente que los Welcher se hab\u00edan marchado. Los muebles de la piscina estaban plegados, apilados y cubiertos con fundas. El vestuario estaba cerrado con llave. Todas las ventanas de la casa estaban cerradas, y cuando dio la vuelta a la vivienda en busca del sendero que conduc\u00eda a la salida vio un cartel que indicaba EN VENTA clavado a un \u00e1rbol. \u00bfCu\u00e1ndo hab\u00eda o\u00eddo hablar por \u00faltima vez de los Welcher\u2026?; es decir, \u00bfcu\u00e1ndo hab\u00eda sido la \u00faltima vez que \u00e9l y Lucinda hab\u00edan rechazado una invitaci\u00f3n a cenar con ellos? Le parec\u00eda que hac\u00eda apenas una semana, poco m\u00e1s o menos. \u00bfLa memoria le estaba fallando, o la hab\u00eda disciplinado tanto en la representaci\u00f3n de los hechos ingratos que hab\u00eda deteriorado su propio sentido de la verdad? Ahora, oy\u00f3 a lo lejos el ruido de un encuentro de tenis. El hecho lo reanim\u00f3, disip\u00f3 sus aprensiones y pudo mirar con indiferencia el cielo nublado y el aire fr\u00edo. Era el d\u00eda que Neddy Merrill atravesaba nadando el condado. \u00a1El mismo d\u00eda! Atac\u00f3 ahora el trecho m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n<p>Si ese d\u00eda uno hubiera salido a pasear para gozar de la tarde dominical quiz\u00e1 lo hubiera visto, casi desnudo, de pie al borde la Ruta 424, esperando la oportunidad de cruzar. Quiz\u00e1 uno se preguntar\u00eda si era la v\u00edctima de una broma pesada, si su autom\u00f3vil hab\u00eda sufrido su desperfecto o si se trataba sencillamente de un loco. De pie, descalzo, sobre los mont\u00edculos al costado de la autopista &#8211;latas de cerveza, trapos viejos y c\u00e1maras reventadas&#8211; expuesto a todas las burlas, ofrec\u00eda un espect\u00e1culo lamentable. Al comenzar, sab\u00eda que ese trecho era parte de su trayecto &#8211;hab\u00eda estado en sus mapas&#8211;, pero al enfrentarse a las hileras del tr\u00e1nsito que serpeaban a trav\u00e9s de la luz estival, descubri\u00f3 que no estaba preparado. Provoc\u00f3 risas y burlas, le arrojaron un envase de cerveza, y no pod\u00eda afrontar la situaci\u00f3n con dignidad ni humor. Hubiera podido regresar, volver a casa de los Westerhazy, donde Lucinda sin duda continuaba sentada al sol. No hab\u00eda firmado nada, jurado ni prometido nada, ni siquiera a s\u00ed mismo. \u00bfPor qu\u00e9, creyendo, como era el caso, que todas las formas de obstinaci\u00f3n humana eran asequibles al sentido com\u00fan, no pod\u00eda regresar? \u00bfPor qu\u00e9 estaba decidido a terminar su viaje aunque eso amenazara su propia vida? \u00bfEn qu\u00e9 momento esa travesura, esa broma, esa suerte de pirueta hab\u00eda cobrado gravedad? No pod\u00eda volver, ni siquiera pod\u00eda recordar claramente el agua verdosa de los Westerhazy, la sensaci\u00f3n de inhalar los componentes del d\u00eda, las voces amistosas y descansadas que afirmaban que ellos hab\u00edan bebido demasiado. Despu\u00e9s de m\u00e1s o menos una hora hab\u00eda recorrido una distancia que imposibilitaba el regreso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un anciano que ven\u00eda por la autopista a veinticinco kil\u00f3metros por hora le permiti\u00f3 llegar al medio de la calzada, donde hab\u00eda un refugio cubierto de pasto. All\u00ed se vio expuesto a las burlas del tr\u00e1nsito que iba hacia el norte, pero despu\u00e9s de diez o quince minutos pudo cruzar. Desde all\u00ed, ten\u00eda un breve trecho hasta el Centro de Recreaci\u00f3n, que estaba a la salida del pueblo de Lancaster, donde hab\u00eda unas canchas de balonmano y una piscina p\u00fablica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El efecto del agua en las voces, la ilusi\u00f3n de brillo y expectativa era la misma que en la piscina de los Bunker, pero aqu\u00ed los sonidos eran m\u00e1s estridentes, m\u00e1s \u00e1speros y m\u00e1s agudos, y apenas entr\u00f3 en el recinto atestado tropez\u00f3 con la reglamentaci\u00f3n \u201cTODOS LOS BA\u00d1ISTAS DEBEN DARSE UNA DUCHA ANTES DE USAR LA PISCINA. TODOS LOS BA\u00d1ISTAS DEBEN USAR LA PLACA DE IDENTIFICACI\u00d3N\u201d. Se dio una ducha, se lav\u00f3 los pies en una soluci\u00f3n turbia y acre y se acerc\u00f3 al borde del agua. Hed\u00eda a cloro y le pareci\u00f3 un fregadero. Un par de salvavidas apostados en un par de torrecillas tocaban silbatos policiales, aparentemente con intervalos regulares, y agred\u00edan a los ba\u00f1istas por un sistema de altavoces. Neddy record\u00f3 a\u00f1orante el agua color zafiro de los Bunker, y pens\u00f3 que pod\u00eda contaminarse &#8211;perjudicar su propio bienestar y su encanto&#8211; nadando en ese lodazal, pero record\u00f3 que era un explorador, un peregrino, y que se trataba sencillamente de un recodo de aguas estancadas del r\u00edo Lucinda. Se zambull\u00f3, arrugando el rostro con desagrado, en el agua clorada y tuvo que nadar con la cabeza sobre el agua para evitar choques, pero aun as\u00ed lo empujaron, lo salpicaron y zarandearon. Cuando lleg\u00f3 al extremo menos profundo, ambos salvavidas estaban grit\u00e1ndole:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Eh, usted, el que no tiene placa de identificaci\u00f3n, salga del agua!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed lo hizo, pero no pod\u00edan perseguirlo, y atraves\u00f3 el hedor de aceite bronceador y cloro, dej\u00f3 atr\u00e1s la empalizada y fue a las pistas de balonmano. Despu\u00e9s de cruzar el camino entr\u00f3 en el sector arbolado de la propiedad de los Halloran. No se hab\u00eda desbrozado el bosque, y el suelo fue traicionero y dif\u00edcil hasta que lleg\u00f3 al jard\u00edn y el seto de hayas recortadas que rodeaban la piscina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los Halloran eran amigos, y una pareja anciana muy adinerada que parec\u00eda regodearse con la sospecha de que pod\u00edan ser comunistas. Eran entusiastas reformadores, pero no comunistas, y sin embargo cuando se los acusaba de subversi\u00f3n, como a veces ocurr\u00eda, el incidente parec\u00eda complacerlos y excitarlos. El seto de hayas era amarillo, y nadie supuso que estaba agostado, como el arce de los Levy. Dijo \u201cHola, hola\u201d, para avisar a los Halloran que se acercaba, para moderar su invasi\u00f3n de la intimidad del matrimonio. Por razones que el propio Neddy nunca hab\u00eda llegado a entender, los Halloran no usaban trajes de ba\u00f1o. A decir verdad, no eran necesarias las explicaciones. Su desnudez era un detalle de la inflexible adhesi\u00f3n a la reforma, y antes de pasar la abertura del seto Neddy se despoj\u00f3 cort\u00e9smente de sus pantaloncitos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Halloran, una mujer robusta de cabellos blancos y rostro sereno, estaba leyendo el <em>Times<\/em>. El se\u00f1or Halloran estaba extrayendo del agua hojas de haya con una barredera. No parecieron sorprendidos ni desagradados de verlo. La piscina de los Halloran era quiz\u00e1 la m\u00e1s antigua de la regi\u00f3n, un rect\u00e1ngulo de lajas alimentado por un arroyo. No ten\u00eda filtro ni bomba, y sus aguas mostraban el oro opaco del arroyo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Estoy nadando a trav\u00e9s del condado &#8211;dijo Ned.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Vaya, no sab\u00eda que era posible &#8211;exclam\u00f3 la se\u00f1ora Halloran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bien, vengo de la casa de los Westerhazy &#8211;afirm\u00f3 Ned&#8211;. Unos seis kil\u00f3metros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dej\u00f3 los pantaloncitos en el extremo m\u00e1s hondo, camin\u00f3 hacia el extremo contrario y nad\u00f3 el largo de la piscina. Cuando sal\u00eda del agua oy\u00f3 la voz de la se\u00f1ora Halloran que dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Neddy, nos doli\u00f3 much\u00edsimo enterarnos de sus desgracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfMis desgracias? &#8211;pregunt\u00f3 Ned&#8211;. No s\u00e9 de qu\u00e9 habla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bien, o\u00edmos decir que vendi\u00f3 la casa y que sus pobres ni\u00f1as\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No recuerdo haber vendido la casa &#8211;dijo Ned&#8211;, y las ni\u00f1as est\u00e1n all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;S\u00ed &#8211;suspir\u00f3 la se\u00f1ora Halloran&#8211;. S\u00ed\u2026 &#8211;su voz impregn\u00f3 el aire de una desagradable melancol\u00eda y Ned habl\u00f3 con brusquedad:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Gracias por permitirme nadar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bien, que tenga un buen viaje &#8211;dijo la se\u00f1ora Halloran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s del seto, se puso los pantaloncitos y se los ajust\u00f3. Los sinti\u00f3 sueltos, y se pregunt\u00f3 si en el curso de una tarde pod\u00eda haber adelgazado. Ten\u00eda fr\u00edo y estaba cansado, y los Halloran desnudos y sus aguas oscuras lo hab\u00edan deprimido. El esfuerzo era excesivo para su resistencia, pero \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda haberlo previsto cuando se deslizaba por la baranda esa ma\u00f1ana y estaba sentado al sol, en casa de los Westerhazy? Ten\u00eda los brazos inertes. Sent\u00eda las piernas como de goma y le dol\u00edan las articulaciones. Lo peor era el fr\u00edo en los huesos y la sensaci\u00f3n de que quiz\u00e1 nunca volviera a sentir calor. Alrededor, ca\u00edan las hojas y Ned oli\u00f3 en el viento el humo de le\u00f1a. \u00bfQui\u00e9n estar\u00eda quemando le\u00f1a en esa \u00e9poca del a\u00f1o?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Necesitaba una copa. El whisky pod\u00eda calentarlo, reanimarlo, permitirle salvar la \u00faltima etapa de su trayecto, renovar su idea de que atravesar nadando el condado era un acto original y valiente. Los nadadores que atravesaban el canal beb\u00edan brandy. Necesitaba un estimulante. Cruz\u00f3 el prado que se extend\u00eda frente a la casa de los Halloran y descendi\u00f3 por un estrecho sendero hasta el lugar en que hab\u00edan levantado una casa para su \u00fanica hija, Helen, y su marido, Eric Sachs. La piscina de los Sachs era peque\u00f1a, y all\u00ed encontr\u00f3 a Helen y su marido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Oh, Neddy &#8211;exclam\u00f3 Helen&#8211;. \u00bfAlmorzaste en casa de mam\u00e1?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;En realidad, no &#8211;dijo Ned&#8211;. Pero en efecto vi a tus padres &#8211;le pareci\u00f3 que la explicaci\u00f3n bastaba&#8211;. Lamento much\u00edsimo interrumpirlos, pero tengo fr\u00edo y pienso que podr\u00edan ofrecerme un trago.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bien, me encantar\u00eda &#8211;dijo Helen&#8211;, pero despu\u00e9s de la operaci\u00f3n de Eric no tenemos bebidas en casa. Desde hace tres a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEstaba perdiendo la memoria y quiz\u00e1 su talento para disimular los hechos dolorosos lo induc\u00eda a olvidar que hab\u00eda vendido la casa, que sus hijas estaban en dificultades y que su amigo hab\u00eda sufrido una enfermedad? Su vista descendi\u00f3 del rostro al abdomen de Eric, donde vio tres p\u00e1lidas cicatrices de sutura, y dos ten\u00edan por lo menos treinta cent\u00edmetros de largo. El ombligo hab\u00eda desaparecido, y Neddy se pregunt\u00f3 qu\u00e9 pod\u00eda hacer a las tres de la madrugada la mano errabunda que pon\u00eda a prueba nuestras cualidades amatorias, con un vientre sin ombligo, desprovisto de nexo con el nacimiento. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer con esa brecha en la sucesi\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Estoy segura de que podr\u00e1s beber algo en casa de los Biswanger &#8211;dijo Helen&#8211;. Celebran una reuni\u00f3n enorme. Puedes o\u00edrlos desde aqu\u00ed. \u00a1Escucha!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella alz\u00f3 la cabeza y desde el otro lado del camino, atravesando los prados, los jardines, los bosques, los campos, \u00e9l volvi\u00f3 a o\u00edr el sonido luminoso de las voces reflejadas en el agua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bien, me mojar\u00e9 &#8211;dijo Ned, dominado siempre por la idea de que no ten\u00eda modo de elegir su medio de viaje. Se zambull\u00f3 en el agua fr\u00eda de la piscina de los Sachs y jadeante, casi ahog\u00e1ndose, recorri\u00f3 la piscina de un extremo al otro&#8211;. Lucinda y yo deseamos much\u00edsimo verlos &#8211;dijo por encima del hombro, la cara vuelta hacia la propiedad de los Biswanger&#8211;. Lamentamos que haya pasado tanto tiempo y los llamaremos muy pronto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cruz\u00f3 algunos campos en direcci\u00f3n a los Biswanger y los sonidos de la fiesta. Se sentir\u00edan honrados de ofrecerle una copa, de buena gana le dar\u00edan de beber. Los Biswanger invitaban a cenar a Ned y Lucinda cuatro veces al a\u00f1o, con seis semanas de anticipaci\u00f3n. Siempre se ve\u00edan desairados, y sin embargo continuaban enviando sus invitaciones, renuentes a aceptar las realidades r\u00edgidas y antidemocr\u00e1ticas de su propia sociedad. Eran la clase de gente que discut\u00eda el precio de las cosas en los c\u00f3cteles, intercambiaba datos acerca de los precios durante la cena, y despu\u00e9s de cenar contaba chistes verdes a un p\u00fablico de ambos sexos. No pertenec\u00edan al grupo de Neddy, ni siquiera estaban incluidos en la lista que Lucinda utilizaba para enviar tarjetas de Navidad. Se acerc\u00f3 a la piscina con sentimientos de indiferencia, compasi\u00f3n y cierta incomodidad, pues parec\u00eda que estaba oscureciendo y eran los d\u00edas m\u00e1s largos del a\u00f1o. Cuando lleg\u00f3, encontr\u00f3 una fiesta ruidosa y con mucha gente. Grace Biswanger era el tipo de anfitriona que invitaba al due\u00f1o de la \u00f3ptica, al veterinario, al negociante de bienes ra\u00edces y al dentista. Nadie estaba nadando, y la luz del crep\u00fasculo reflejada en el agua de la piscina ten\u00eda un destello invernal. Hab\u00edan montado un bar, y Ned camin\u00f3 en esa direcci\u00f3n. Cuando Grace Biswanger lo vio se acerc\u00f3 a \u00e9l, no afectuosamente, como \u00e9l ten\u00eda derecho a esperar, sino en actitud belicosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Caramba, a esta fiesta viene todo el mundo &#8211;dijo en voz alta&#8211;, hasta los colados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella no pod\u00eda perjudicarlo socialmente\u2026, eso era indudable, y \u00e9l no se impresion\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;En mi calidad de colado &#8211;pregunt\u00f3 cort\u00e9smente&#8211;, \u00bfpuedo pedir una copa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Como guste &#8211;dijo ella&#8211;. No parece que preste mucha atenci\u00f3n a las invitaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le volvi\u00f3 la espalda y se reuni\u00f3 con varios invitados, y Ned se acerc\u00f3 al bar y pidi\u00f3 un whisky. El barman le sirvi\u00f3, pero lo hizo bruscamente. El suyo era un mundo en que los camareros representaban el term\u00f3metro social, y verse desairado por un barman que trabajaba por horas significaba que hab\u00eda sufrido cierta p\u00e9rdida de dignidad social. O quiz\u00e1 el hombre era nuevo y no estaba informado. Entonces, oy\u00f3 a sus espaldas la voz de Grace, que dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Se arruinaron de la noche a la ma\u00f1ana. Tienen solamente lo que ganan&#8230; y \u00e9l apareci\u00f3 borracho un domingo y nos pidi\u00f3 que le prest\u00e1semos cinco mil d\u00f3lares\u2026 &#8211;esa mujer siempre hablaba de dinero. Era peor que comer guisantes con cuchillo. Se zambull\u00f3 en la piscina, nad\u00f3 de un extremo al otro y se alej\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La piscina siguiente de su lista, la antepen\u00faltima, pertenec\u00eda a su antigua amante, Shirley Adams. Si lo hab\u00edan herido en la propiedad de los Biswanger, aqu\u00ed pod\u00eda curarse. El amor &#8211;en realidad, el combate sexual&#8211; era el supremo elixir, el gran anest\u00e9sico, la p\u00edldora de vivo color que renovar\u00eda la primavera de su andar, la alegr\u00eda de la vida en su coraz\u00f3n. Hab\u00edan tenido un <em>affaire<\/em> la semana pasada, el mes pasado, el a\u00f1o pasado. No lo lograba recordar. \u00c9l hab\u00eda interrumpido la relaci\u00f3n, pues era quien ten\u00eda la ventaja, y pas\u00f3 el port\u00f3n en la pared que rodeaba la piscina sin que su sentimiento fuese tan ponderado como la confianza en s\u00ed mismo. En cierto modo parec\u00eda que era su propia piscina, pues el amante, y sobre todo el amante il\u00edcito, goza de las posesiones. La vio all\u00ed, los cabellos color de bronce, pero su figura, al borde del agua luminosa y cer\u00falea, no evoc\u00f3 en \u00e9l recuerdos profundos. Pens\u00f3 que hab\u00eda sido un asunto superficial, aunque ella hab\u00eda llorado cuando lo dio por terminado. Parec\u00eda confundida de verlo, y Ned se pregunt\u00f3 si a\u00fan estaba lastimada. \u00bfQuiz\u00e1, Dios no lo permitiese, volver\u00eda a llorar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfQu\u00e9 deseas? &#8211;pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Estoy nadando a trav\u00e9s del condado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Santo Dios. \u00bfJam\u00e1s crecer\u00e1s?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Si viniste a buscar dinero &#8211;dijo&#8211;, no te dar\u00e9 un centavo m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Podr\u00edas ofrecerme una bebida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Podr\u00eda, pero no lo har\u00e9. No estoy sola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bien, ya me voy.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se zambull\u00f3 y nad\u00f3 a lo largo de la piscina, pero cuando trat\u00f3 de alzarse con los brazos sobre el reborde descubri\u00f3 que ni los brazos ni los hombros le respond\u00edan, as\u00ed que chapote\u00f3 hasta la escalerilla y trep\u00f3 por ella. Mirando por encima del hombro vio, en el vestuario iluminado, la figura de un joven. Cuando sali\u00f3 al prado oscuro oli\u00f3 crisantemos y cal\u00e9ndulas &#8211;una tenaz fragancia oto\u00f1al&#8211; en el aire nocturno, un olor intenso como de gas. Alz\u00f3 la vista y vio que hab\u00edan salido las estrellas, pero \u00bfpor qu\u00e9 le parec\u00eda estar viendo a Andr\u00f3meda, Cefeo y Casiopea? \u00bfQu\u00e9 se hab\u00eda hecho de las constelaciones de mitad del verano? Se ech\u00f3 a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Probablemente era la primera vez que lloraba siendo adulto y en todo caso la primera vez en su vida que se sent\u00eda tan desdichado, con tanto fr\u00edo, tan cansado y desconcertado. No pod\u00eda entender la dureza del barman o la dureza de una amante que le hab\u00eda rogado de rodillas y hab\u00eda regado de l\u00e1grimas sus pantalones. Hab\u00eda nadado demasiado, hab\u00eda estado mucho tiempo en el agua, y ahora ten\u00eda irritadas la nariz y la garganta. Lo que necesitaba era una bebida, un poco de compa\u00f1\u00eda y ropas limpias y secas, y aunque hubiera podido acortar camino directamente, a trav\u00e9s de la calle, para llegar a su casa, sigui\u00f3 en direcci\u00f3n a la piscina de los Gilmartin. Aqu\u00ed, por primera vez en su vida, no se zambull\u00f3 y descendi\u00f3 los pelda\u00f1os hasta el agua helada y nad\u00f3 con una brazada irregular que quiz\u00e1 hab\u00eda aprendido cuando era ni\u00f1o. Se tambole\u00f3 de fatiga de camino hacia la propiedad de los Clyde, y chapote\u00f3 de un extremo al otro de la piscina, deteni\u00e9ndose de tanto en tanto a descansar con la mano aferrada al borde. Hab\u00eda cumplido su prop\u00f3sito, hab\u00eda recorrido a nado el condado, pero estaba tan aturdido por el agotamiento que no ve\u00eda claro su propio triunfo. Encorvado, aferr\u00e1ndose a los pilares del port\u00f3n en busca de apoyo, subi\u00f3 por el sendero de su propia casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El lugar estaba a oscuras. \u00bfEra tan tarde que todos se hab\u00edan acostado? \u00bfLucinda se hab\u00eda quedado a cenar en casa de los Westerhazy? \u00bfLas ni\u00f1as hab\u00edan ido a buscarla, o estaban en otro lugar? \u00bfO hab\u00edan convenido, como sol\u00edan hacer el domingo, rechazar todas las invitaciones y quedarse en casa? Prob\u00f3 las puertas del garaje para ver qu\u00e9 autom\u00f3viles hab\u00eda all\u00ed, pero las puertas estaban cerradas con llave y de los picaportes se desprendi\u00f3 \u00f3xido que le manch\u00f3 las manos. Se acerc\u00f3 a la casa y vio que la fuerza de la tormenta hab\u00eda desprendido uno de los ca\u00f1os de desag\u00fce. Colgaba sobre la puerta principal como la costilla de un paraguas; pero eso pod\u00eda arreglarse por la ma\u00f1ana. La casa estaba cerrada con llave, y \u00e9l pens\u00f3 que la est\u00fapida cocinera o la est\u00fapida criada seguramente hab\u00edan cerrado todo, hasta que record\u00f3 que hac\u00eda un tiempo que no empleaban criada ni cocinera. Grit\u00f3, golpe\u00f3 la puerta, trat\u00f3 de forzarla con el hombro y despu\u00e9s, mirando por las ventanas, vio que el lugar estaba vac\u00edo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de John Cheever (1912-1982), celebrado autor estadounidense del siglo XX.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17059,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,162,194,312,2855,2291,360],"class_list":["post-274","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-nadador","tag-escritores-estadounidenses","tag-john-cheever","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/01\/cheever-k5MD-1240x698@abc.webp","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4q","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/274","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=274"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/274\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17060,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/274\/revisions\/17060"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17059"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=274"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=274"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=274"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}