{"id":27,"date":"2005-12-20T01:36:12","date_gmt":"2005-12-20T07:36:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=41"},"modified":"2025-09-07T19:31:57","modified_gmt":"2025-09-08T01:31:57","slug":"como-halle-al-superhombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/como-halle-al-superhombre\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo hall\u00e9 al superhombre"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), el autor de <em>El hombre que fue Jueves<\/em>, de <em>El napol\u00e9on de Notting Hill<\/em>, de las historias del Padre Brown. Esta traducci\u00f3n circula por la red sin cr\u00e9dito y est\u00e1 ligeramente revisada para esta publicaci\u00f3n.<\/p>\n<div align=center><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/gilbert.jpg\" alt=\"Ilustraci\u00f3n de Strickland para Vanity Fair\" \/><\/div>\n<p>&nbsp;<br \/>\n<strong>C\u00d3MO HALL\u00c9 AL SUPERHOMBRE<\/strong><br \/>\n<strong>G. K. Chesterton<\/strong><\/p>\n<p>Los lectores de Bernard Shaw y de otros escritores de vanguardia tal vez est\u00e9n interesados en saber que el Superhombre ha sido hallado. Yo lo encontr\u00e9; vive en South Croydon. Mi \u00e9xito es un gran golpe para Shaw, que ha estado siguiendo una pista falsa y ahora busca a la criatura en Blackpool; y en cuanto a la idea del se\u00f1or Wells de extraerlo del aire en su propio laboratorio, siempre cre\u00ed que estaba condenada al fracaso. Le aseguro a Wells que el Superhombre de Croydon naci\u00f3 de la manera ordinaria, aunque \u00e9l mismo, por supuesto, es cualquier cosa menos ordinario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus padres, por cierto, no son indignos del maravilloso ser que han dado al mundo. El nombre de Lady Hypathia Smythe-Brown (ahora Lady Hypathia Hagg) nunca ser\u00e1 olvidado en East End, donde ella hiciera tan espl\u00e9ndido trabajo social. Su grito de guerra: \u00ab\u00a1Salven a los ni\u00f1os!\u00bb, denunciaba la cruel negligencia que compromete la vista de los peque\u00f1os al permitirles usar juguetes de colores violentos. Ella citaba incontestables estad\u00edsticas que probaban que los ni\u00f1os a los que se les permit\u00eda mirar colores como violeta o bermell\u00f3n a menudo sufr\u00edan de visi\u00f3n deficiente en su ancianidad; y fue debido a su incesante cruzada que la pestilencia de las herramientas Monkey-on-the-Stick fue casi eliminada de Hoxton.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La comprometida reformadora recorr\u00eda las calles incansablemente, llev\u00e1ndose los juguetes de los chicos pobres, quienes a menudo recib\u00edan con l\u00e1grimas esta demostraci\u00f3n de bondad. Sus buenas acciones fueron interrumpidas, en parte, por un nuevo inter\u00e9s en el credo de Zaratustra, y en parte por haber recibido un salvaje golpe dado con un paraguas. \u00c9ste le fue infligido por una vendedora de manzanas, una irlandesa libertina que, retornando de alguna org\u00eda a su destartalado departamento, hall\u00f3 a Lady Hypatia en su dormitorio, llev\u00e1ndose cierto \u00f3leo que, por decir lo menos, realmente no era edificante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces esta celta ignorante y parcialmente intoxicada le propin\u00f3 a la reformadora social un fuerte golpe, a\u00f1adiendo al mismo una absurda acusaci\u00f3n de robo. La mente exquisitamente balanceada de la dama recibi\u00f3 una conmoci\u00f3n, y fue durante el breve per\u00edodo que \u00e9sta la afligi\u00f3 que se cas\u00f3 con el se\u00f1or Hagg.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Del doctor Hagg mismo creo que es innecesario hablar. Cualquiera m\u00ednimamente familiarizado con aquellos atrevidos experimentos en Eugenesia Neoindividualista que son hoy el inter\u00e9s exclusivo de la democracia inglesa deber\u00eda conocer su nombre, as\u00ed como a menudo encomendarlo a la protecci\u00f3n personal de un Poder Impersonal. Temprano en su vida logr\u00f3 esa despiadada comprensi\u00f3n de la historia de las religiones que se obtiene trabajando desde la adolescencia como ingeniero el\u00e9ctrico. M\u00e1s tarde se convirti\u00f3 en uno de nuestros mayores ge\u00f3logos, y adquiri\u00f3 esa valiente y brillante visi\u00f3n en el futuro del socialismo que s\u00f3lo la geolog\u00eda puede dar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A primera vista parecer\u00eda haber algo as\u00ed como una desavenencia, una tenue pero perceptible fisura, entre sus ideas y las de su aristocr\u00e1tica esposa. Ella estaba a favor (para usar su propio y poderoso epigrama) de proteger a los pobres de s\u00ed mismos, mientras que \u00e9l declaraba sin pena, usando una nueva y conmocionante met\u00e1fora, que los m\u00e1s d\u00e9biles deben irse a pique. Eventualmente, de todos modos, la pareja percibi\u00f3 una comuni\u00f3n esencial en el car\u00e1cter inconfundiblemente moderno de ambas visiones, y en esta luminosa y comprehensiva expresi\u00f3n sus almas hallaron paz. El resultado es que esta uni\u00f3n de los dos tipos m\u00e1s elevados de nuestra civilizaci\u00f3n, la dama elegante y el m\u00e9dico cualquier cosa menos vulgar, ha sido bendecida por el nacimiento del Superhombre, el ser que todos los trabajadores de Battersea esperan d\u00eda y noche con impaciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hall\u00e9 la casa del doctor y de Lady Hypatia Hagg sin demasiada dificultad; est\u00e1 situada en una de las \u00faltimas y ya raleadas calles de Croydon, a la vista de una l\u00ednea de \u00e1lamos. Llegu\u00e9 a su puerta hacia el crep\u00fasculo, y parec\u00eda natural que mi extravagancia percibiera, en la oscuridad creciente, algo sombr\u00edo y monstruoso en las formas indistintas de aquella casa donde se albergaba una criatura m\u00e1s maravillosa que los hijos de los hombres. Cuando se me hizo pasar fui recibido con exquisita cortes\u00eda por Lady Hypatia y su esposo, pero encontr\u00e9 mucha mayor dificultad para poder ver al Superhombre, que ahora tiene alrededor de quince a\u00f1os y permanece en una habitaci\u00f3n apartada. Incluso mi conversaci\u00f3n con el padre y la madre no aclar\u00f3 mucho el car\u00e1cter de esa misteriosa criatura. Lady Hypatia, que tiene un rostro p\u00e1lido y conmovido, y viste esos impalpables y pat\u00e9ticos grises y verdes con los que ella ha dado brillo a tantos hogares en Hoxton, no parec\u00eda hablar de su v\u00e1stago ni con un poco de la crasa vanidad de una madre humana ordinaria. Me atrev\u00ed a preguntar si el Superhombre era bello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abUsted sabe, \u00e9l se mide con su propia vara\u00bb, respondi\u00f3 ella con un ligero suspiro. \u00abEn ese plano es m\u00e1s bello que Apolo. Visto desde nuestro plano inferior, por supuesto&#8230;\u00bb Y ella suspir\u00f3 otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuve entonces un impulso reprobable, y pregunt\u00e9 de pronto: \u00ab\u00bfTiene cabello?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubo un largo y dolorido silencio, y entonces el doctor Hagg dijo suavemente: \u00abTodo en su plano es diferente; lo que \u00e9l tiene no es&#8230; bueno, no, por supuesto, lo que llamar\u00edamos cabello&#8230; pero&#8230;\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00bfNo crees\u00bb, dijo su esposa muy delicadamente, \u00abno crees que realmente, a los fines de dirigirse al mero p\u00fablico, uno podr\u00eda llamarlo cabello?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abTal vez tienes raz\u00f3n\u00bb, dijo el doctor tras unos momentos de reflexi\u00f3n. \u00abEn relaci\u00f3n a un cabello as\u00ed uno deber\u00eda hablar en par\u00e1bolas\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abBueno, qu\u00e9 diablos es esto\u00bb, pregunt\u00e9 algo irritado. \u00abSi no es cabello \u00bfqu\u00e9 es? \u00bfSon plumas?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abNo son plumas, tal como entendemos las plumas\u00bb, respondi\u00f3 Hagg, con voz tremenda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La irritaci\u00f3n creci\u00f3 en m\u00ed. \u00ab\u00bfPuedo verlo, en cualquier caso?\u00bb, pregunt\u00e9. \u00abSoy un periodista, y no tengo ninguna motivaci\u00f3n terrenal, salvo la curiosidad y la vanidad personal. Me gustar\u00eda decir que estrech\u00e9 la mano del Superhombre\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El \u00e1nimo de ambos estaba por los suelos; permanec\u00edan de pie, inc\u00f3modos. \u00abBueno, por supuesto, usted sabe\u2026\u00bb, dijo Lady Hypatia, con esa tan encantadora sonrisa de las anfitrionas aristocr\u00e1ticas. \u00abUsted sabe que \u00e9l no podr\u00eda estrecharle la mano&#8230; Manos no, usted sabe&#8230; La estructura, por supuesto&#8230;\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rompiendo todas las convenciones sociales, me lanc\u00e9 hacia la puerta de la habitaci\u00f3n en la que pensaba que estaba la criatura incre\u00edble. Irrump\u00ed en ella; la habitaci\u00f3n estaba oscura. De enfrente de m\u00ed lleg\u00f3 un peque\u00f1o y triste aullido, y de detr\u00e1s de m\u00ed un doble chillido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00a1Ya lo hizo!\u00bb, solloz\u00f3 el doctor Hagg, hundiendo la frente calva en sus manos. \u00ab\u00a1Usted hizo que lo alcanzara una corriente de aire, y ahora est\u00e1 muerto!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al irme de Croydon esa noche vi hombres de negro llevando un ata\u00fad que no era de forma humana. El viento ululaba sobre m\u00ed, agitando los \u00e1lamos, que se inclinaban y cabeceaban como penachos de alg\u00fan funeral c\u00f3smico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abVerdaderamente\u00bb, dijo el doctor Hagg, \u00abes el universo entero llorando el que se malograra su m\u00e1s magn\u00edfico nacimiento\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero yo cre\u00ed percibir un tono burl\u00f3n en el agudo gemido del viento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor ingl\u00e9s Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) ofrece una historia fant\u00e1stica, o tal vez de horror.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13263,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,196,241,2855,1026,2291,360],"class_list":["post-27","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-ingleses","tag-g-k-chesterton","tag-literatura","tag-literatura-de-horror","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2005\/12\/chesterton-1.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-r","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17035,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27\/revisions\/17035"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13263"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}