{"id":264,"date":"2007-12-11T00:35:27","date_gmt":"2007-12-11T06:35:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=302"},"modified":"2016-10-26T10:24:13","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:13","slug":"sobre-stanislaw-lem","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/sobre-stanislaw-lem\/","title":{"rendered":"Sobre Stanislaw Lem"},"content":{"rendered":"<p><em>He aqu\u00ed el segundo de los textos prometidos: es una fusi\u00f3n de dos notas necrol\u00f3gicas que escrib\u00ed sobre Stanislaw Lem el a\u00f1o pasado, al anunciarse su muerte; ambas fueron publicadas en diarios mexicanos y circulan por la red, pero esta nueva versi\u00f3n me permite revisarlas y hacer una nota un poco m\u00e1s rica y extensa, para que quede aqu\u00ed una constancia m\u00e1s justa de mi admiraci\u00f3n por este gran escritor. Espero que les pueda interesar.<\/em><\/p>\n<div><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/2007\/12\/stanislaw.jpg\" alt=\"Stanislaw Lem y la m\u00e1quina\" \/><\/p>\n<p>+   +   +<\/p><\/div>\n<p><!--more-->1. Hace muchos a\u00f1os, el inventor Trurl cre\u00f3 una m\u00e1quina que pod\u00eda fabricar todo aquello cuyo nombre empezara con la letra N: narguiles, narices, necesers de n\u00e1car. Todo fue bien hasta que Clapaucio, amigo y rival de Trurl, ret\u00f3 a la m\u00e1quina \u2014entre declaraciones muy sarc\u00e1sticas\u2014 a que fabricara la Nada. A ver si de verdad pod\u00eda, dijo. Ofendida, la m\u00e1quina obedeci\u00f3, y la Nada (informe, terrible) comenz\u00f3 a tragarse al universo entero. La m\u00e1quina dej\u00f3 de fabricar la Nada s\u00f3lo hasta que Clapaucio se arrepinti\u00f3 de su grosero escepticismo, y entonces ya era tarde: el cosmos estaba lleno de agujeros, de vastas zonas oscuras, y muchas cosas maravillosas como las <em>pimas<\/em>, las <em>murqu\u00edas<\/em> y otras cuyos nombres no empiezan con N, y que la m\u00e1quina por tanto no pod\u00eda recrear, se hab\u00edan perdido para siempre.<br \/>\nLo anterior es el resumen de un cuento: \u00abC\u00f3mo se salv\u00f3 el mundo\u00bb, publicado en el libro <em>F\u00e1bulas de robots<\/em> (1965) de Stanislaw Lem. El lector no dejar\u00e1 de observar que la historia podr\u00eda titularse, tambi\u00e9n, \u00abC\u00f3mo se estrope\u00f3 el mundo\u00bb: la estupidez es la causa de la cat\u00e1strofe, y s\u00f3lo cuando el da\u00f1o es irreparable llegan la \u00abconciencia\u00bb y los lamentos de Clapaucio.<br \/>\nComo la realidad no ha carecido, nunca, de episodios similares, la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 clase de artista fue Lem puede ser problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>2. Siempre hay quien cuestiona cualquier elogio de un autor al que se haya marcado como creador de libros \u00abpoco serios\u00bb, \u00abde entretenimiento\u00bb, \u00abde masas\u00bb. No es de extra\u00f1ar: en semejantes juicios, el talento literario no cuenta en absoluto, porque las marcas de los prejuicios no conocen excepciones. Cuando mucho, a los autores as\u00ed se\u00f1alados se les perdonar\u00e1 si sus libros efectivamente son lo que se espera de ellos: si se venden mucho y son de lectura suave, calmosa y llena de \u00abcontenidos\u00bb inspiradores o excitantes.<br \/>\n\u201cLeer\u201d as\u00ed la obra de Lem es no leerla en absoluto, es leerla con las anteojeras de la estupidez, pero hay quienes lo intentan: el escritor polaco ha sido etiquetado, casi siempre, como autor de <em>science fiction<\/em>, de narraciones especulativas basadas en los avances de la tecnolog\u00eda, lo que entre nosotros significa \u2014por lo com\u00fan\u2014 un escritor \u00abmenor\u00bb, de \u00absubg\u00e9neros\u00bb. Por otra parte, el cuento ya mencionado, como el resto de la obra de Lem, da a pensar: propone un reflejo muy revelador de la condici\u00f3n humana, y adem\u00e1s est\u00e1 escrito con gran maestr\u00eda verbal, con el tan mencionado \u2013pero dificil\u00edsimo\u2013 dominio pleno del lenguaje.<br \/>\nEs posible, pues, escribir de lo que escribe Lem \u2014robots, planetas vivientes, viajes por el espacio profundo, los l\u00edmites de la comprensi\u00f3n y la experiencia humanas\u2014 y escribir literatura.<br \/>\nPor otro lado, ning\u00fan lector de Jonathan Swift (digamos; o de Kafka, o de Borges) se sorprender\u00eda de que lo fant\u00e1stico pudiera ser a la vez el material de visiones fascinantes y el veh\u00edculo de grandes ideas. Y Lem \u2014uno de los grandes escritores del siglo XX\u2014 est\u00e1 a su manera a la misma altura de todos esos otros.<\/p>\n<p>3. Lem naci\u00f3 en la ciudad de Lwow, entonces perteneciente a Polonia (hoy es parte del territorio de Ucrania), en 1921: era, por tanto, casi de la misma edad que <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Wis%C5%82awa_Szymborska\">Wislawa Szymborska<\/a>, y s\u00f3lo un poco menor que <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Czeslaw_Milosz\">Czeslaw Milosz<\/a>. Como ellos, Lem (quien estudi\u00f3 ciencias y estuvo a punto de graduarse como m\u00e9dico) vivi\u00f3 el tiempo vertiginoso de entreguerras, la propia Segunda Guerra y sus resultas: pudo evitar la deportaci\u00f3n nazi gracias a papeles falsos que ocultaban su origen jud\u00edo, y luego debi\u00f3 enfrentar a la censura polaca \u2014la Oficina Central de Control de Publicaciones y Espect\u00e1culos, de triste memoria\u2014, la cual determin\u00f3 que su primera novela, <em>El hospital de la transfiguraci\u00f3n<\/em> (comenzada en 1948), permaneciese in\u00e9dita durante a\u00f1os.<br \/>\nSus primeros trabajos dentro de la ficci\u00f3n especulativa: libros como <em>Los astronautas<\/em> o <em>La nebulosa de Magallanes<\/em> (1951), son los m\u00e1s cercanos a nuestra idea habitual de la science fiction: loas optimistas al progreso de la tecnolog\u00eda y a la perfectibilidad del ser humano, s\u00f3lo que en los t\u00e9rminos del socialismo realmente existente. Pero Lem termin\u00f3 por desencantarse, y como otros grandes fabuladores y satiristas del este de Europa \u2014Slawomir Mrozek, Jan Svankmajer, Kafka mismo\u2014 comenz\u00f3 a usar el rigor de su imaginaci\u00f3n para cuestionar y no para elogiar los caminos que hab\u00edan tomado sus pa\u00edses&#8230; y los que hemos tomado como especie. \u00c9ste es el centro verdadero de su obra, vestida siempre con numerosas maravillas pero guiada por una visi\u00f3n l\u00facida, implacable, de nuestras debilidades y nuestra estatura humana. Una y otra vez sus personajes miran la infinitud del cosmos, la plenitud del mundo, y al verse abrumados por ellas advierten el peligro de lo enorme: de existir en un universo que no est\u00e1 hecho para nosotros, y en el que casi todos nos limitamos a vegetar, confinados en los terrenos estrechos de la costumbre, el abandono, las aspiraciones m\u00e1s mediocres.<br \/>\nOcurre as\u00ed en <em>La investigaci\u00f3n<\/em> (1959), <em>Memorias encontradas en una ba\u00f1era<\/em> (1961), <em>El invencible<\/em> (1964), <em>Cuentos del piloto Pirx<\/em> (1968), <em>Congreso de futurolog\u00eda<\/em> (1971), <em>Fiasco<\/em> (1987)&#8230; y, se\u00f1aladamente, en la novela <em>Solaris<\/em> (1961), la m\u00e1s famosa de cuantas Lem escribi\u00f3.<\/p>\n<p>4. Lem es conocido, fuera de Polonia, principalmente por la primera de las dos versiones f\u00edlmicas que se han hecho de <em>Solaris<\/em>; dirigida por Andrei Tarkovsky, la cinta es la \u00fanica tentativa, fuera de <em>2001<\/em> de Stanley Kubrick, de usar elementos del cine de ciencia ficci\u00f3n para trascender los l\u00edmites del g\u00e9nero mismo, y a pesar de su distancia de los c\u00e1nones de Hollywood es superior a la segunda versi\u00f3n, dirigida por Steven Soderbergh y en realidad una historia de amor insustancial aunque bellamente filmada. Pero quien pasa de cualquiera de ellas al libro siempre experimenta la misma sorpresa: si bien los elementos fundamentales de la trama son los mismos, el texto de Lem trata de algo distinto.<br \/>\nDurante d\u00e9cadas, un mundo distante llamado Solaris intriga a los cient\u00edficos: el oc\u00e9ano que lo cubre es un ser vivo, un \u201cplasma inteligente\u201d que se manifiesta y act\u00faa de formas inexplicables y, al cabo, indescifrables para la mentalidad humana: m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje y lo que llamamos conciencia. Un solo grupo de investigadores logra contacto (mental) con Solaris, pero los resultados son a\u00fan m\u00e1s terribles y misteriosos: cada uno es testigo de un \u00abmilagro cruel\u00bb cuando se le aparece, encarnado, alg\u00fan personaje de sus recuerdos m\u00e1s ocultos o sus fantas\u00edas m\u00e1s inconfesables. Nunca es posible llegar m\u00e1s all\u00e1 de este contacto, signo de algo que no se puede decir, y nader\u00edas burocr\u00e1ticas parecen destinadas a impedir investigaciones posteriores&#8230;<br \/>\nLa \u00abciencia ficci\u00f3n\u00bb tiene, seg\u00fan su definici\u00f3n original, un sentido triunfalista: en ella, el ser humano (y en especial el blanco, anglosaj\u00f3n y protestante) usa la ciencia, la raz\u00f3n y la t\u00e9cnica para dome\u00f1ar al universo entero y continuar hasta el infinito la avanzada del progreso. En cambio, <em>Solaris<\/em>, a pesar de incluir elementos de ese tipo de narraciones, es todo lo contrario: el mar viviente engendra por igual formas geom\u00e9tricas en su cuerpo l\u00edquido y \u2014literalmente\u2014 cuerpos humanos: actores de las fantas\u00edas ocultas o los recuerdos vergonzosos de quien lo observa, y jam\u00e1s es posible aprehender el sentido \u00faltimo de estas acciones. El conocimiento y la inteligencia humanos hallan una derrota y un l\u00edmite en el enfrentamiento con esta conciencia que no pasa por el lenguaje, que no tiene ninguna utilidad, contra la que no se puede pelear (para disgusto de todos los partidarios de guerras gal\u00e1cticas y espect\u00e1culos semejantes) y a cuyo alrededor dan vueltas, sin penetrarla nunca, todos los temores, ambiciones y mezquindades de nuestra especie.<\/p>\n<p>5. Lem no s\u00f3lo se distanci\u00f3 de la <em>Sci-Fi<\/em> estadunidense; m\u00e1s de una vez la critic\u00f3 duramente por su falta abismal \u2014salvo excepciones como la de Philip K. Dick, a quien Lem siempre admir\u00f3\u2014 de la menor calidad literaria. Al contrario de sus \u00abcolegas\u00bb, casi siempre redactores uncidos a las ideas y la moral dominantes, el escritor polaco se embarc\u00f3 en la escritura de historias especulativas a partir, siempre, de la reflexi\u00f3n sobre la ciencia misma, sobre el sentido de sus b\u00fasquedas y de la forma en la que sus hallazgos, por igual alentadores y espantosos, han terminado por dar forma a nuestra percepci\u00f3n del mundo, de la historia y de nuestro propio pensamiento. Y no s\u00f3lo se detuvo, como en <em>Solaris<\/em>, en los errores o las atrocidades del conocimiento. Adem\u00e1s, los cauces de la misma escritura, de la tradici\u00f3n y sus fracturas como huellas del pensamiento, llamaron su atenci\u00f3n en libros muy diversos: <em>Vac\u00edo perfecto<\/em> (1971), conjunto de rese\u00f1as de libros inexistentes, sigue la estela de Borges pero une sus juegos literarios con reflexiones puntuales sobre la forma en la que la raz\u00f3n percibe, o engendra, el orden de las cosas; el ya mencionado <em>F\u00e1bulas de robots<\/em> hace justamente lo que indica su t\u00edtulo y recrea mitos ancestrales, a los que dota de protagonistas mec\u00e1nicos.<br \/>\nEn toda su obra, adem\u00e1s, Lem demostr\u00f3 una cualidad inusitada: una capacidad genial para la invenci\u00f3n verbal y los juegos de palabras, que en espa\u00f1ol hemos podido leer gracias a excelentes traductoras como Jadwiga Maurizio y Agnieszka Kawecka. Hay que recordar los <em>compoteros<\/em>, a la vez ordenadores y fabricantes de mermelada; los <em>fatamorganas<\/em>, animales extraterrestres que atraen a los hombres con bares ilusorios; el <em>pajarolezna<\/em>, ave mec\u00e1nica del inventor que marcaba sus \u00e1tomos con un sello en forma de coraz\u00f3n.<br \/>\nStanislaw Lem muri\u00f3 en Cracovia, luego de una enfermedad prolongada, el 27 de marzo de 2006, y la incomprensi\u00f3n de que ha sido v\u00edctima su trabajo puede ceder el paso, con el tiempo, a la conciencia de que sus obras son, a la vez, el equivalente contempor\u00e1neo de la risa de Rabelais, o de las reflexiones sat\u00edricas de Voltaire: una mirada l\u00facida a los males de nuestra especie y a las trampas innumerables de la conciencia. Sus personajes quedan entre nosotros y miran la locura del mundo como Josef K. tendido ante la ley o como Lemuel Gulliver, de regreso de todo. Y nos demuestran a la vez lo absurdo y lo tremendo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He aqu\u00ed el segundo de los textos prometidos: es una fusi\u00f3n de dos notas necrol\u00f3gicas que escrib\u00ed sobre Stanislaw Lem el a\u00f1o pasado, al anunciarse su muerte; ambas fueron publicadas en diarios mexicanos y circulan por la red, pero esta nueva versi\u00f3n me permite revisarlas y hacer una nota un poco m\u00e1s rica y extensa,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[14],"tags":[50,99,107,22,24,25,200,220,238,316,319,354,2855,970,10,445,2856,457,504,506,509,510,512],"class_list":["post-264","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-clasificar","tag-andrei-tarkovsky","tag-ciencia-ficcion","tag-congreso-de-futurologia","tag-cuento","tag-ensayo","tag-escritores","tag-escritores-polacos","tag-fabulas-de-robots","tag-franz-kafka","tag-jonathan-swift","tag-jorge-luis-borges","tag-lenguaje","tag-literatura","tag-notas-recomendadas","tag-novela","tag-polonia","tag-publicaciones","tag-rabelais","tag-slawomir-mrozek","tag-solaris","tag-stanislaw-lem","tag-stanley-kubrick","tag-steven-soderbergh"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4g","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/264","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=264"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/264\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6091,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/264\/revisions\/6091"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=264"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=264"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=264"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}