{"id":258,"date":"2007-11-20T16:29:15","date_gmt":"2007-11-20T22:29:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=296"},"modified":"2016-10-26T10:24:15","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:15","slug":"registro-de-imposibles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/registro-de-imposibles\/","title":{"rendered":"Registro de imposibles"},"content":{"rendered":"<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/2007\/11\/elartedeensenar.gif\" alt=\"El arte de ense\u00f1ar a escribir\" \/><\/p>\n<p><em>Mario Bellatin (coord.), <\/em>El arte de ense\u00f1ar a escribir<em>.<br \/>\nM\u00e9xico, FCE, 2007.<\/em><\/p>\n[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][Antes de la rese\u00f1a: gracias a todos los que dejaron mensajes y buenos deseos durante el rato que he pasado enfermo.]<\/div>\n<p><!--more-->Hay quienes desconf\u00edan de los profesores, talleres y escuelas de creaci\u00f3n literaria, que en M\u00e9xico se han multiplicado en las \u00faltimas d\u00e9cadas con base en el ejemplo de un pu\u00f1ado de precursores, como el grupo Mester de Juan Jos\u00e9 Arreola y la escuela de la Sociedad General de Escritores de M\u00e9xico. Y en muchos casos la desconfianza no es injusta: abundan quienes reducen todo a la artesan\u00eda (a \u201cla oraci\u00f3n peinada y el gerundio bueno\u201d, escribe Jos\u00e9 Manuel Prieto), pero m\u00e1s a\u00fan los profesores desprovistos de todo conocimiento, los gur\u00fas de medio pelo \u2013esos que premian a los alumnos que m\u00e1s los adoren\u2013 y los que se especializan en el halago desmedido de cuanto se les da a leer: el tallereo como terapia de grupo.<br \/>\nContra todos esos est\u00e1 tambi\u00e9n <em>El arte de ense\u00f1ar a escribir<\/em>, resumen del proyecto de la Escuela Din\u00e1mica de Escritores (EDDE) que dirige y fund\u00f3 Mario Bellatin, pero algunos lectores se distraer\u00e1n con su discurso parad\u00f3jico. Bellatin escribe en su introducci\u00f3n una negaci\u00f3n tajante: \u201cNo se debe, no se puede ense\u00f1ar a ser escritor\u201d, y tras ella vienen textos de muchos de los maestros y una descripci\u00f3n detallada de los cursos; \u00e9stos se llevan a cabo en un espacio que describe como \u201cuna escuela vac\u00eda en la que no existen programas de estudio [\u2026] una gran instalaci\u00f3n, que empez\u00f3 y sigue fluyendo en el tiempo y en el espacio\u201d; los maestros observan aqu\u00ed y all\u00e1 que de la EDDE podr\u00edan surgir autores relevantes de una nueva generaci\u00f3n\u2026<br \/>\nNo hay paradoja, sin embargo, si se considera el hecho, inc\u00f3modo pero innegable, de que Bellatin tiene raz\u00f3n: se pueden divulgar las formas y las t\u00e9cnicas literarias, pero los maestros que realmente valen (y hay algunos) saben que tan s\u00f3lo acompa\u00f1an, durante cierto tiempo, a quienes aspiran a practicar la escritura. Lo que logren esos disc\u00edpulos \u2013si algo logran\u2013 depender\u00e1 tan s\u00f3lo de cada uno de ellos, y lo mejor que puede pasarles es tener, mientras no est\u00e9n librados a sus propias fuerzas, experiencias tan amplias y enriquecedoras como sea posible. Para lograr este fin, la EDDE opta por eliminar el trabajo de taller (!) y concentrarse en el intercambio de quienes se inscriben en ella con creadores y expertos de diferentes disciplinas. \u00c9stos divulgan lo que saben, conversan de temas particulares u obras y autores precisos y ofrecen atisbos diversos del trabajo creativo: ya escribir\u00e1n despu\u00e9s los alumnos, solos y por su cuenta, con ayuda de lo aprendido pero m\u00e1s all\u00e1 de todo alcance o inter\u00e9s de la propia EDDE.<br \/>\nEmpe\u00f1os semejantes, dedicados a propiciar experiencias y procesos y no a dar \u201cresultados\u201d, han desafiado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n las ideas preconcebidas sobre el arte en occidente. Un solo ejemplo: el trabajo teatral del director polaco Jerzy Grotowski en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, mucho despu\u00e9s de haber abandonado toda intenci\u00f3n de realizar puestas en escena, que se volc\u00f3 en la investigaci\u00f3n con un grupo cada vez m\u00e1s reducido de <em>actantes<\/em> y, al final, pr\u00e1cticamente con uno solo: Thomas Richards. Nunca ha habido un montaje donde Richards \u201cmuestre todo lo que consigui\u00f3\u201d y los documentos existentes sugerir\u00e1n al lego no \u201cteatro\u201d en ning\u00fan sentido habitual sino rito, juego, o bien arte convertido en su propia justificaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier expectativa ajena. La EDDE es un poco menos radical: la actividad de maestros y alumnos, como puede verse en el libro, sigue inserta de muchas formas en la tradici\u00f3n y en los modos comunes de la producci\u00f3n cultural. Pero no importa: de modo semejante a la obra narrativa del propio Mario Bellatin, que en los \u00faltimos a\u00f1os ya no puede entenderse como formada por libros aut\u00f3nomos y sugiere una serie de aproximaciones sucesivas a varios <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=253\">l\u00edmites del discurso novelesco<\/a>, <em>El arte de ense\u00f1ar a escribir<\/em> no deja de ser una provocaci\u00f3n, que puede irritar o complacer pero se\u00f1ala claramente varias inc\u00f3gnitas y oscuridades de nuestras ideas sobre la ense\u00f1anza, sus posibilidades y su relaci\u00f3n con la creaci\u00f3n art\u00edstica.<br \/>\nAparte de programas y explicaciones, lo escrito por los maestros es diverso: testimonios, apreciaciones, ejercicios de estilo. Algunos textos son notables, y al menos un proceso descrito deber\u00eda conocerse en todo taller y escuela, siquiera como met\u00e1fora de la dificultad y el rigor necesarios \u2013y que tanto desprecian los maestros y alumnos mediocres\u2013 en el trabajo de la escritura. Es el propuesto por el artista Aldo Chaparro: crear una esfera perfecta de poliuretano, tarea simple en apariencia pero que debe hacerse con serenidad y cuidado y sirve a varios fines: imposibilitar que los alumnos se apoyen \u201cen la percepci\u00f3n personal de un tema, para as\u00ed justificar un mal resultado\u201d; incitarlos a \u201cponer toda su energ\u00eda en el proceso y a reconocer sus aciertos\u201d, en vez de escudarse en \u201cla b\u00fasqueda de originalidad\u201d, y ayudarlos a reconocer sus fortalezas y debilidades. M\u00e1s de un pope de la especialidad no ha pasado jam\u00e1s por semejante labor de descubrimiento.[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Bellatin (coord.), El arte de ense\u00f1ar a escribir. M\u00e9xico, FCE, 2007. 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