{"id":249,"date":"2007-10-20T11:01:43","date_gmt":"2007-10-20T16:01:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=280"},"modified":"2025-09-07T22:58:57","modified_gmt":"2025-09-08T04:58:57","slug":"el-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-invisible\/","title":{"rendered":"El invisible"},"content":{"rendered":"<p>El relato que sigue pertenece al libro <em>La voces de Marrakesh <\/em>(1967) de Elias Canetti (1905-1994), y es ejemplo de un extremo curioso de la narrativa: la \u00abhistoria sin ficci\u00f3n\u00bb (desde luego el nombre es parad\u00f3jico), distinta de la cr\u00f3nica porque parte de la observaci\u00f3n estricta de la realidad pero se permite recrearla, vestirla, alterarla al convertirla en veh\u00edculo de los pensamientos de quien la observa. (Canetti visit\u00f3 la ciudad de Marrakesh en 1954, y de sus observaciones surgen los catorce textos del libro.)<\/p>\n<figure id=\"attachment_17052\" aria-describedby=\"caption-attachment-17052\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17052\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-invisible\/ventura-canetti-illo\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO.jpg\" data-orig-size=\"900,1071\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"VENTURA-Canetti-ILLO\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Elias Canetti seg\u00fan Andrea Ventura (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.thenation.com\/article\/culture\/elias-canetti-joshua-cohen-cosmopolitan\/&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO-861x1024.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"1071\" class=\"size-full wp-image-17052\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO.jpg 900w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO-252x300.jpg 252w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO-861x1024.jpg 861w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO-336x400.jpg 336w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17052\" class=\"wp-caption-text\">Elias Canetti seg\u00fan Andrea Ventura (<a href=\"https:\/\/www.thenation.com\/article\/culture\/elias-canetti-joshua-cohen-cosmopolitan\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL INVISIBLE<br \/>\nElias Canetti<\/strong><\/p>\n<p>Paseaba, al ocaso de la tarde, por la plaza mayor del centro de la ciudad, y lo que all\u00ed buscaba no era su vistosidad y su viveza, con ellas ya contaba, buscaba un peque\u00f1o bulto marr\u00f3n en el suelo que no s\u00f3lo se reduc\u00eda a una voz, sino a un sonido \u00fanico. Era un profundo, prolongado \u00aba &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a\u00bb. Ni disminu\u00eda ni aumentaba, pero jam\u00e1s cesaba y en todo momento era perceptible sobre los miles de clamores y vocer\u00edo de la plaza. Era el sonido m\u00e1s persistente del Xema\u00e1 El Fn\u00e1, el que a lo largo de toda una noche, y noche tras noche, permanec\u00eda igual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo o\u00eda ya desde la lejan\u00eda. Cierta desaz\u00f3n, a la que no era capaz de dar una interpretaci\u00f3n correcta, me llevaba all\u00ed. Hab\u00eda paseado por la plaza en toda ocasi\u00f3n; tantas cosas me atra\u00edan en ella que jam\u00e1s dud\u00e9 no volver a encontrar el bulto aqu\u00e9l con todo cuanto le era propio. S\u00f3lo por esa voz, que hab\u00eda venido a reducirse a un sonido \u00fanico, sent\u00eda cierto temor. Se encontraba en la frontera de lo vivo; la vida que generaba no consist\u00eda en otra cosa m\u00e1s que en ese sonido. Por mi parte, escuchaba ansioso y amedrentado y para entonces alcanzaba un punto preciso en mi camino, justo el mismo sitio, donde de s\u00fabito o\u00eda algo as\u00ed como el zumbido de un insecto: \u00aba-a-a-a-a-a-a- a\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sent\u00eda c\u00f3mo una calma inaprehensible se expand\u00eda a lo largo de mi cuerpo, y en tanto mi paso hab\u00eda sido hasta el momento algo lento e inseguro, avanzaba ahora, de repente, con resoluci\u00f3n, derecho hacia el sonido. Yo sab\u00eda de d\u00f3nde proven\u00eda. Conoc\u00eda el hatillo marr\u00f3n en el suelo, del que no hab\u00eda visto m\u00e1s que un oscuro y tosco pedazo de tela. Jam\u00e1s vi la boca de la que proven\u00eda el \u00aba &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a &#8211; a\u00bb; jam\u00e1s el ojo, jam\u00e1s las mejillas; ni una sola parte del rostro. No habr\u00eda podido afirmar si ese rostro era el de un ciego o si ve\u00eda, por el contrario. La sucia tela marr\u00f3n era como una capucha totalmente calada que lo cubr\u00eda todo. La criatura \u2014alguna hab\u00eda de ser\u2014 se acurrucaba en el suelo y curvaba la espalda bajo la tela. Poca criatura hab\u00eda all\u00ed; parec\u00eda ligera y d\u00e9bil, y eso era todo cuanto se pod\u00eda conjeturar. No supe lo grande que era, pues jam\u00e1s la vi de pie. Lo que hab\u00eda en el suelo se manten\u00eda tan agazapado que aun tropezando involuntariamente con \u00e9l no habr\u00eda cesado por ello el sonido. Nunca lo vi venir, jam\u00e1s lo vi partir; no sab\u00eda si era transportado y depositado all\u00ed o si caminaba por sus propias piernas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El lugar que hab\u00eda escogido no estaba en absoluto resguardado. Era la parte m\u00e1s abierta de la plaza, de un incesante ir y venir en torno al montoncillo marr\u00f3n. En atardeceres concurridos se esfumaba entre las piernas de la gente, y aunque yo sab\u00eda con exactitud d\u00f3nde estaba, y o\u00eda continuamente su voz, me costaba trabajo encontrarlo. Pero entonces la multitud se dispersaba y el bulto permanec\u00eda en su lugar, como si a su alrededor, a lo largo y a lo ancho la plaza estuviese ya vac\u00eda. Entonces quedaba en la oscuridad como una vieja y mugrienta, abandonada, prenda de vestir de la que alguien quer\u00eda desprenderse y hubiese dejado caer a hurtadillas entre la multitud para no llamar la atenci\u00f3n. Pero ahora ya hab\u00eda desaparecido la gente y all\u00ed quedaba solo el bulto. No esper\u00e9 a que se levantase por s\u00ed mismo o fuese recogido. Me perd\u00ed en la oscuridad con una ahogada sensaci\u00f3n de impotencia y orgullo a su vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La impotencia me era propia: Sab\u00eda que jam\u00e1s tratar\u00eda de hacer algo por llegar al fondo del enigma. Sent\u00eda horror ante su presencia; y puesto que no sab\u00eda otorgarle otra realidad, lo dejaba reposar all\u00ed sobre el suelo. Cuando me aproximaba, cuidaba de no tropezar con \u00e9l, como si acaso pudiese da\u00f1arlo o ponerlo en peligro. All\u00ed estaba todas las noches; y cada noche se paraba mi coraz\u00f3n apenas escuchaba por vez primera el sonido, y de nuevo se paralizaba cuando divisaba el bulto. Su camino de ida y vuelta me resultaba m\u00e1s sagrado a\u00fan que el m\u00edo propio. Jam\u00e1s le segu\u00ed el rastro y no s\u00e9 d\u00f3nde se perd\u00eda el resto de la noche y de la ma\u00f1ana siguiente. Se trataba de algo excepcional, y quiz\u00e1s se ten\u00eda a s\u00ed mismo por tal. A veces ca\u00eda en la tentaci\u00f3n de tocar con un dedo muy suavemente la capucha marr\u00f3n \u2014esto lo notar\u00eda sin duda\u2014, y quiz\u00e1s poseyese un segundo sonido con el que responder. Pero esta aspiraci\u00f3n se desvanec\u00eda r\u00e1pidamente en mi impotencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dije que en mi huida todav\u00eda me asaltaba otro sentimiento: el orgullo. Me sent\u00eda orgulloso del fardo porque viv\u00eda. Lo que pensase mientras respiraba profundamente hundido entre los dem\u00e1s, jam\u00e1s lo podr\u00e9 saber. El significado de su salmodia me resultaba tan oscuro como su entera presencia. Pero viv\u00eda, y cada d\u00eda, a su hora precisa, estaba de nuevo all\u00ed. Jam\u00e1s vi que recogiese las monedas que le arrojaban; poco era lo que se le echaba; nunca hab\u00eda m\u00e1s de dos o tres monedas. Quiz\u00e1s no hubiese llegado a tanta miseria como para tener que recogerlas. Tal vez no ten\u00eda lengua para pronunciar la \u00abl\u00bb de \u00abAl\u00e1\u00bb, y el nombre de Dios lo reduc\u00eda a un \u00aba &#8211; a-a-a-a-a-a- a\u00bb. Pero viv\u00eda sin embargo, y con un celo y una tenacidad sin par repet\u00eda su \u00fanico acento; y as\u00ed durante horas y horas, hasta que se convert\u00eda en el \u00fanico sonido de toda la ancha plaza, en clamor que acallaba todas las otras voces.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un \u00abrelato sin ficci\u00f3n\u00bb de Elias Canetti (1905-1994).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17052,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,160,169,25,191,276,26,350,2855],"class_list":["post-249","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-invisible","tag-elias-canetti","tag-escritores","tag-escritores-en-lengua-alemana","tag-historia-sin-ficcion","tag-historia-y-testimonio","tag-las-voces-de-marrakesh","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/10\/VENTURA-Canetti-ILLO.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-41","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/249","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=249"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/249\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17054,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/249\/revisions\/17054"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17052"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=249"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=249"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=249"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}