{"id":2400,"date":"2009-03-21T09:09:06","date_gmt":"2009-03-21T15:09:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=2400"},"modified":"2017-11-25T18:28:41","modified_gmt":"2017-11-26T00:28:41","slug":"patriotismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/patriotismo\/","title":{"rendered":"Patriotismo"},"content":{"rendered":"<p>He aqu\u00ed un cuento del gran Yukio Mishima (1925-1970), famoso por el suicidio ritual con el que termin\u00f3 su vida pero tambi\u00e9n por varios libros extraordinarios (<em>El pabell\u00f3n de oro, Nieve de primavera, Confesiones de una m\u00e1scara, Caballos desbocados, El marino que perdi\u00f3 la gracia del mar&#8230;<\/em>)<\/p>\n<p>Considerado uno de los autores centrales del Jap\u00f3n de la segunda mitad del siglo XX, este cuento era, al parecer, su favorito, porque trata justamente el tema de una muerte heroica por medio del <em>seppuku<\/em>, conocido tambi\u00e9n como <em>hara-kiri<\/em>. Puede no ser el mejor del escritor, famoso durante su vida por numerosas extravagancias, pero la preferencia, seg\u00fan podemos ver ahora, se\u00f1alaba al menos que Mishima estaba realmente preocupado por encontrar alg\u00fan punto de contacto entre su oficio de artista y la idea de la muerte honorable que lo fascinaba. Por otra parte, el cuento es ejemplar al describir la psicolog\u00eda de los personajes &#8211;que probablemente resultar\u00e1 extra\u00f1a a muchos lectores&#8211; y las descripciones del suicidio del oficial (y de lo que \u00e9l mismo experimenta) son una obra maestra.<\/p>\n<p>Antes del texto (pero recomiendo leer primero el texto), he aqu\u00ed tambi\u00e9n el cortometraje de media hora basado en \u00abPatriotismo\u00bb, y titulado en sus versiones internacionales como <em>El rito del amor y de la muerte<\/em>, que Yukio Mishima dirigi\u00f3, produjo y escribi\u00f3 en 1965. Mishima tambi\u00e9n interpreta el papel principal; el de la esposa del oficial es interpretado por Yoshiko Tsuruoka. A la muerte del escritor en 1970, su viuda, Yoko, pidi\u00f3 que todas las copias existentes del corto fuesen destruidas pero permiti\u00f3 la conservaci\u00f3n del negativo, que permiti\u00f3 recobrar la pel\u00edcula cuando Yoko falleci\u00f3. Esta versi\u00f3n est\u00e1 subtitulada en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/XGDryiOabek?rel=0\" frameborder=\"0\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Ahora s\u00ed, el texto. <\/p>\n<p><strong>PATRIOTISMO<br \/>\nYukio Mishima<\/strong><\/p>\n<p>I<br \/>\nEl veintiocho de febrero de 1936, al tercer d\u00eda del incidente del 26 de febrero, el teniente Shinji Takeyama, del batall\u00f3n de transportes, profundamente perturbado al saber que sus colegas m\u00e1s cercanos estaban en connivencia con los amotinados, e indignado ante la inminente perspectiva del ataque de las tropas imperiales contra tropas imperiales, tom\u00f3 su espada de oficial y ceremoniosamente se vaci\u00f3 las entra\u00f1as en la habitaci\u00f3n de ocho tatami de su residencia privada en la sexta manzana de Aoba-cho, en el distrito Yotsuya. Su esposa, Reiko, lo sigui\u00f3 clav\u00e1ndose un pu\u00f1al hasta morir.<\/p>\n<p>La nota de despedida del teniente consist\u00eda en una sola frase: \u00ab\u00a1Vivan las Fuerzas Imperiales!\u00bb La de su esposa, luego de implorar el perd\u00f3n de sus padres por precederlos en el camino a la tumba, conclu\u00eda: \u00abHa llegado el d\u00eda para la mujer de un soldado\u00bb. Los \u00faltimos momentos de esta heroica y abnegada pareja hubieran hecho llorar a los dioses. Es menester destacar que la edad del teniente era de treinta y un a\u00f1os; la de su esposa, veintitr\u00e9s.<\/p>\n<p>Hac\u00eda s\u00f3lo dieciocho meses que se hab\u00edan casado.<\/p>\n<p>II<br \/>\nLos que contemplaron el retrato conmemorativo del novio y de la novia no dejaron de admirar, quiz\u00e1s tanto como quienes hab\u00edan asistido a la boda, el elegante porte de la pareja.<\/p>\n<p>El teniente, de pie junto a su esposa, estaba majestuoso en su uniforme militar. Su mano derecha descansaba sobre el pu\u00f1o de la espada y con la izquierda sosten\u00eda la gorra de oficial. Su expresi\u00f3n severa traduc\u00eda claramente la integridad de su juventud.<\/p>\n<p>En cuanto a la belleza de la novia, envuelta en sus blancas vestiduras, ser\u00eda dif\u00edcil encontrar las palabras adecuadas para describirla. Hab\u00eda sensualidad y refinamiento en sus ojos, en las finas cejas y en los labios llenos. Una mano, t\u00edmidamente asomada a la manga del vestido, sosten\u00eda un abanico, y las puntas de los dedos, agrupados delicadamente, eran como el capullo de una flor de luna.<\/p>\n<p>Luego de consumado el suicidio, muchos tomaron la fotograf\u00eda y se entregaron a tristes reflexiones acerca de las maldiciones que suelen recaer sobre las uniones sin tacha. Quiz\u00e1s fuera s\u00f3lo efecto de la imaginaci\u00f3n, pero, al observar el retrato, parec\u00eda casi que los dos j\u00f3venes, ante el biombo dorado, contemplaran, con absoluta claridad, la muerte que los aguardaba.<\/p>\n<p>Gracias a los buenos oficios de su mediador, el teniente general Ozeki, hab\u00edan podido instalarse en su nuevo hogar de Aoba-cho, en Yotsuya. En realidad aquel nuevo hogar no era sino una vieja casona alquilada, de tres dormitorios y con un peque\u00f1o jard\u00edn detr\u00e1s. Utilizaban la habitaci\u00f3n del piso superior, de ocho tatami, como dormitorio y habitaci\u00f3n de hu\u00e9sped, pues el resto de la casa no recib\u00eda la luz del sol.<br \/>\nNo ten\u00edan sirvientes y Reiko cuidaba del hogar en ausencia de su marido.<\/p>\n<p>El viaje de boda qued\u00f3 postergado por coincidir con una \u00e9poca de emergencia nacional. El teniente y su esposa pasaron la primera noche de casados en la vieja casa. Muy tieso, sentado sobre el piso y con su espada frente a \u00e9l, Shinji hab\u00eda hecho escuchar a su esposa un discurso de corte militar antes de llevarla al lecho nupcial. Una mujer que contra\u00eda matrimonio con un soldado deb\u00eda saber y aceptar sin vacilaciones el hecho de que la muerte de su marido podr\u00eda llegar en cualquier momento. Quiz\u00e1s al d\u00eda siguiente. No importaba cu\u00e1ndo. \u00bfEstaba ella conforme con aceptarlo? Reiko se puso de pie y, abriendo la vitrina, tom\u00f3 de ella su m\u00e1s preciado bien, un pu\u00f1al regalado por su madre. Se comprendieron perfectamente sin necesidad de palabras y el teniente no puso nunca m\u00e1s a prueba la resoluci\u00f3n de su mujer.<\/p>\n<p>Durante los primeros meses que siguieron a la boda, la belleza de Reiko se hizo cada d\u00eda m\u00e1s radiante. Brillaba, serena, como la luna despu\u00e9s de la lluvia.<\/p>\n<p>Como ambos estaban dotados de cuerpos sanos y vigorosos, su relaci\u00f3n era apasionada y no se limitaba a las horas de la noche. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, al volver a su hogar directamente del campo de maniobras, y a\u00fan con el uniforme salpicado de barro, el teniente hab\u00eda pose\u00eddo a su mujer en el suelo, apenas abierta la puerta de la casa. Reiko le correspond\u00eda con el mismo ardor. En aproximadamente un mes, contando con la noche de bodas, Reiko conoci\u00f3 la absoluta felicidad, y el teniente, al comprobarlo, se sinti\u00f3 tambi\u00e9n muy feliz.<\/p>\n<p>El cuerpo de Reiko era blanco y puro, y de sus pechos turgentes emanaba un rechazo firme y casto que, cuando gozaba, se mudaba en la mas \u00edntima y acogedora tibieza. Aun en los momentos de mayor intimidad se manten\u00edan extraordinariamente serios. Conservaban sus corazones sobrios y austeros en medio de las m\u00e1s embriagadoras demostraciones de pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>El teniente recordaba a su mujer durante el d\u00eda en los cortos periodos de descanso entre su entrenamiento y su retorno al hogar, y Reiko no olvidaba a su marido en ning\u00fan momento. Cuando estaban separados, les bastaba con mirar solamente la fotograf\u00eda de su casamiento para ratificar una vez m\u00e1s su felicidad. A Reiko no le sorprend\u00eda en lo mas m\u00ednimo que un hombre que hab\u00eda sido un extra\u00f1o hasta algunos meses atr\u00e1s se hubiese convertido en el sol alrededor del cual giraban su vida y su mundo.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n ten\u00eda una base moral y segu\u00eda fielmente el mandato de los Principios de la Educaci\u00f3n en los que se estipula que \u00abla armon\u00eda reinar\u00e1 entre el marido y la mujer\u00bb. Reiko no encontr\u00f3 jam\u00e1s la ocasi\u00f3n de contradecir a su marido, y el teniente no tuvo motivo alguno para re\u00f1ir a su mujer.<\/p>\n<p>En el nicho, debajo de la escalera, junto a la tablilla del Gran Santuario Ise, hab\u00edan colocado fotograf\u00edas de sus Majestades Imperiales, y cada ma\u00f1ana, antes de partir hacia sus obligaciones, el teniente y su mujer se deten\u00edan frente a ese lugar santificado y juntos se inclinaban en una profunda reverencia.<\/p>\n<p>La ofrenda de agua se renovaba cada ma\u00f1ana y la rama sagrada de sakasi estaba siempre verde y fresca. Sus vidas se deslizaban bajo la solemne protecci\u00f3n de los dioses y estaban colmadas de una felicidad intensa que hac\u00eda vibrar cada fibra de sus cuerpos.<\/p>\n<p>III<br \/>\nAun cuando la casa de Saito, Se\u00f1or del Sello Privado, se hallaba en la vecindad, nadie escuch\u00f3 all\u00ed el tiroteo de la ma\u00f1ana del 26 de febrero. Aquel fue un ruidoso toque de atenci\u00f3n en el amanecer nevado e interrumpi\u00f3 bruscamente el sue\u00f1o del teniente. Salt\u00f3 inmediatamente de la cama y, sin pronunciar palabra, visti\u00f3 el uniforme, se ajust\u00f3 la espada que le tend\u00eda su mujer y se precipit\u00f3 hacia la calle cubierta de nieve en el oscuro amanecer. No regres\u00f3 a su hogar hasta la noche del d\u00eda veintiocho.<\/p>\n<p>Algo m\u00e1s tarde, Reiko escuch\u00f3 por la radio las noticias sobre aquella s\u00fabita erupci\u00f3n de violencia. Vivi\u00f3 los dos d\u00edas siguientes en completa y tranquila soledad tras las puertas cerradas.<\/p>\n<p>Reiko hab\u00eda le\u00eddo la presencia de la muerte en el rostro de su marido al marcharse a toda prisa bajo la nieve. Si Shinji no regresaba, su propia decisi\u00f3n era tambi\u00e9n muy firme. Morir\u00eda con \u00e9l.<\/p>\n<p>Se dedic\u00f3, entonces, a ordenar sus pertenencias personales. Eligi\u00f3 su mejor conjunto de kimonos como recuerdo para sus amigas de colegio y escribi\u00f3 un nombre y una direcci\u00f3n sobre el r\u00edgido papel en el que los hab\u00eda doblado uno por uno.<\/p>\n<p>Como su marido le recordaba constantemente que no hay que pensar en el ma\u00f1ana, Reiko ni siquiera hab\u00eda escrito un diario, y se encontraba, ahora, en la imposibilidad de releer los pasajes en los que hubiera dado testimonio de su felicidad. Sobre la radio se destacaban un perrito de porcelana, un conejo, una ardilla, un oso y un zorro. Tampoco faltaban all\u00ed un jarr\u00f3n y un recipiente para el agua. Estos objetos constitu\u00edan la \u00fanica colecci\u00f3n de Reiko. Sin embargo, de nada servir\u00eda regalarlos como recuerdos. Tampoco ser\u00eda apropiado pedir espec\u00edficamente que fueran incluidos en su ata\u00fad. Mientras estos objetos desfilaban por su mente, Reiko tuvo la sensaci\u00f3n de que los animalitos parec\u00edan cada vez m\u00e1s tristes y desamparados.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 la ardilla en su mano y la observ\u00f3. Fue entonces cuando, con sus pensamientos puestos en un reino mucho m\u00e1s alejado que estos afectos infantiles, vio en la lontananza los principios, vitales como el sol, que personificaba su marido. Estaba pronta y feliz de terminar sus d\u00edas en compa\u00f1\u00eda de aquel hombre deslumbrante, pero en ese momento de soledad se permiti\u00f3 refugiarse con el inocente afecto por aquellas bagatelas. Ya hab\u00eda pasado el tiempo en que realmente las hab\u00eda amado.<\/p>\n<p>Ahora solamente acariciaba su recuerdo y el lugar que ocuparan en su coraz\u00f3n se hab\u00eda colmado definitivamente con pasiones m\u00e1s intensas.<\/p>\n<p>Reiko jam\u00e1s hab\u00eda supuesto que las turbadoras emociones de la carne fueran s\u00f3lo un placer. La baja temperatura de febrero y el contacto con la g\u00e9lida porcelana de la ardilla hab\u00edan entumecido sus dedos. Sin embargo, bajo los dibujos sim\u00e9tricos de su acicalado kimono meisen pod\u00eda sentir, cuando recordaba los poderosos brazos del teniente, una c\u00e1lida humedad que, desde su piel, desafiaba al fr\u00edo.<\/p>\n<p>No experimentaba absolutamente ning\u00fan temor por la muerte que rondaba en la cercan\u00eda. Mientras esperaba sola en su casa, Reiko no dudaba que la angustia y la congoja que estar\u00eda experimentando su marido en aquellos momentos la llevar\u00edan, con tanta certeza como su intensa pasi\u00f3n, a una muerte agradable. Sent\u00eda en lo m\u00e1s hondo que su cuerpo podr\u00eda disolverse con facilidad y convertirse en una sola cosa con el pensamiento de su marido.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de las informaciones de la radio, escuch\u00f3 los nombres de varios colegas de su marido mencionados entre los insurgentes. \u00c9stas eran noticias de muerte. Se preguntaba ansiosamente, a medida que la situaci\u00f3n se hac\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil, por qu\u00e9 no se emit\u00eda una Ordenanza Imperial. El movimiento, que en un principio hab\u00eda parecido ser un intento de restaurar el honor nacional, se hab\u00eda convertido gradualmente en algo llamado mot\u00edn. El regimiento no hab\u00eda dado ning\u00fan comunicado y se supon\u00eda que, en cualquier momento, podr\u00eda comenzar la lucha en las calles a\u00fan cubiertas de nieve.<\/p>\n<p>El veintiocho, a la ca\u00edda del sol, furiosos golpes estremecieron a Reiko. Baj\u00f3 precipitadamente las escaleras, y mientras, con dedos inexpertos, tiraba del pasador, la silueta apenas delineada tras los vidrios cubiertos de escarcha, no emit\u00eda sonido alguno. Sin embargo, no dud\u00f3 de la presencia de su marido. Nunca antes hab\u00eda tenido tanta dificultad en abrir la puerta .Cuando finalmente pudo lograrlo, se encontr\u00f3 frente al teniente enfundado en un capote color kaki y con las botas de campa\u00f1a salpicadas de barro.<\/p>\n<p>Reiko no comprendi\u00f3 por qu\u00e9 Shinji cerr\u00f3 la puerta y corri\u00f3 nuevamente el pasador.<\/p>\n<p>-Bienvenido a casa -la joven ejecuta una profunda reverencia a la cual su marido no responde. Se hab\u00eda quitado la espada y comenzaba a desembarazarse del capote. Ella quiso ayudarlo. La chaqueta, que estaba fr\u00eda y h\u00fameda y hab\u00eda perdido el olor a esti\u00e9rcol que ten\u00eda normalmente cuando se la expon\u00eda al sol, le pesaba en el brazo. La colg\u00f3 de una percha y sosteniendo la espada y el cintur\u00f3n de cuero entre sus mangas, esper\u00f3 a que su marido se quitase las botas. Luego, lo sigui\u00f3 hasta el cuarto de estar: la habitaci\u00f3n de seis tatami.<\/p>\n<p>Bajo la clara luz de la l\u00e1mpara, el rostro barbudo y agotado de su marido era casi irreconocible. Las mejillas hundidas hab\u00edan perdido su brillo y elasticidad.<\/p>\n<p>En circunstancias normales hubiera cambiado su ropa por otra de casa, y la hubiera urgido a servir la comida de inmediato. En cambio, aquella noche se sent\u00f3 frente a la mesa vistiendo el uniforme y con la cabeza hundida sobre el pecho.<\/p>\n<p>Reiko se abstuvo de preguntar si deb\u00eda preparar la comida.<\/p>\n<p>-Yo no sab\u00eda nada -dijo el hombre al cabo de un silencio-. No me pidieron que me uniera a ellos. Quiz\u00e1s no lo hicieron al saberme reci\u00e9n casado. Kano, Homma y, tambi\u00e9n, Yamaguchi.<\/p>\n<p>Reiko evoc\u00f3 los rostros de los alegres oficiales j\u00f3venes, amigos de su marido, que hab\u00edan ido a aquella casa en calidad de invitados.<\/p>\n<p>-Quiz\u00e1s ma\u00f1ana se publique una Ordenanza Imperial. Supongo que ser\u00e1n juzgados como rebeldes. Estar\u00e9 a cargo de la unidad con \u00f3rdenes de atacarlos&#8230; No puedo hacerlo. Ser\u00eda simplemente imposible -guard\u00f3 un corto silencio-. Me han dispensado de las guardias y estoy autorizado para volver a casa por una noche. Ma\u00f1ana, a primera hora, deber\u00e9 unirme al ataque sin proferir una r\u00e9plica. No puedo hacerlo, Reiko&#8230;<\/p>\n<p>Reiko estaba sentada, muy tiesa, con los ojos bajos.<\/p>\n<p>Comprend\u00eda muy claramente que su marido hablaba en t\u00e9rminos de muerte. El teniente estaba resuelto y, aun cuando todav\u00eda planteaba el dilema, en su mente ya no cab\u00edan vacilaciones.<\/p>\n<p>Sin embargo, en el silencio que se estableci\u00f3 entre ambos, todo qued\u00f3 claro con la misma transparencia de un cauce alimentado por el deshielo.<\/p>\n<p>Ya en su casa despu\u00e9s de la larga prueba de dos d\u00edas y contemplando el rostro de su hermosa mujer, el teniente experiment\u00f3, por primera vez, una verdadera paz interior. Hab\u00eda intuido de inmediato que su mujer conoc\u00eda la resoluci\u00f3n que ocultaban sus palabras.<\/p>\n<p>-Bien, entonces&#8230; -el teniente abri\u00f3, grandes, los ojos. Pese al cansancio, su mirada era fuerte y transparente y no la apart\u00f3 de su esposa-. Esta noche me abrir\u00e9 el est\u00f3mago.<\/p>\n<p>Reiko no vacil\u00f3.<\/p>\n<p>-Estoy preparada -dijo-, perm\u00edteme acompa\u00f1arte.<\/p>\n<p>El teniente se sinti\u00f3 casi hipnotizado por la mirada implorante de su esposa. Sus palabras comenzaron a fluir r\u00e1pida y f\u00e1cilmente, como expresadas en delirio.<\/p>\n<p>Otorg\u00f3 su aprobaci\u00f3n a aquella empresa vital en una forma descuidada y negligente que parec\u00eda escapar a su entendimiento.<\/p>\n<p>-Bien. Nos iremos juntos. Pero, antes, quiero que seas testigo de mi muerte.<\/p>\n<p>Ya de acuerdo, sus corazones se vieron inundados por una repentina felicidad.<\/p>\n<p>Reiko estaba profundamente conmovida por la confianza que depositaba en ella su marido. Era vital para el teniente que no se cometieran irregularidades en su muerte. Por esta raz\u00f3n era necesario un testigo. Y el haber elegido para tal fin a su mujer, demostraba una profunda y absoluta confianza. En segundo lugar, y esto era aun m\u00e1s importante, aunque hab\u00eda rogado a Reiko que muriera con \u00e9l, ni siquiera intentaba matar a su esposa primero, sino que dejaba aquel momento librado al criterio de ella, para cuando \u00e9l ya no estuviera all\u00ed, verific\u00e1ndolo todo. Si el teniente hubiera abrigado la menor sospecha, cumpliendo el pacto de los suicidas, hubiera preferido matarla primero.<\/p>\n<p>Cuando Reiko dijo: \u00abPerm\u00edteme acompa\u00f1arte\u00bb, el teniente apreci\u00f3 en estas palabras el fruto final de las ense\u00f1anzas impartidas a su mujer desde la noche del casamiento. La hab\u00eda educado en forma tal que, llegado el momento, respond\u00eda en los exactos t\u00e9rminos que correspond\u00edan. Era \u00e9ste un halago a la confianza en s\u00ed mismo que alimentaba Shinji&#8230; No era ni tan rom\u00e1ntico ni tan presuntuoso como para creer que esas palabras eran dichas espont\u00e1neamente, s\u00f3lo por amor.<\/p>\n<p>Sus corazones estaban tan inundados de felicidad, que no pod\u00edan dejar de sonre\u00edr. Reiko se sent\u00eda nuevamente en la noche de bodas. Ante sus ojos no exist\u00edan ni el dolor ni la muerte. S\u00f3lo cre\u00eda ver un ilimitado espacio abierto hacia vastos horizontes.<\/p>\n<p>-El agua est\u00e1 caliente. \u00bfTe dar\u00e1s un ba\u00f1o ahora?<\/p>\n<p>-S\u00ed, por supuesto.<\/p>\n<p>-\u00bfY la comida&#8230;?<\/p>\n<p>Las palabras fueron pronunciadas en un tono tan tranquilo y dom\u00e9stico, que, por una fracci\u00f3n de segundo, el teniente crey\u00f3 haber sido juguete de una alucinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-No creo que sea necesario. \u00bfPodr\u00e1s calentar un poco de sake?<\/p>\n<p>-Como quieras.<\/p>\n<p>Reiko se levant\u00f3 y al tomar del ropero un vestido tanzan para despu\u00e9s del ba\u00f1o, atrajo deliberadamente la atenci\u00f3n de su marido sobre los cajones vac\u00edos. El teniente observ\u00f3 el interior del mueble. Ley\u00f3 las direcciones sobre los regalos recordatorios. No hubo pena en \u00e9l frente a la heroica determinaci\u00f3n de Reiko. Como un marido a quien su joven esposa ense\u00f1a con orgullo sus compras pueriles, el teniente, inundado de afecto, abraz\u00f3 a su mujer cari\u00f1osamente por la espalda y le bes\u00f3 el cuello.<\/p>\n<p>Reiko sinti\u00f3 la aspereza de aquel rostro sin afeitar. Esta sensaci\u00f3n encerraba para ella toda la alegr\u00eda del mundo, y ahora -sintiendo que iba a perderla para siempre- conten\u00eda una frescura mas all\u00e1 de toda experiencia. Cada momento parec\u00eda contener una infinita fuerza vital. Los sentidos se despertaron en todo su cuerpo.<\/p>\n<p>Aceptando las caricias de Shinji, Reiko se alz\u00f3 sobre la punta de los pies y dej\u00f3 que aquella vitalidad atravesara su cuerpo.<\/p>\n<p>-Primero, el ba\u00f1o, y luego, despu\u00e9s de tomar sake&#8230; Prepara las camas arriba, \u00bfquieres?<\/p>\n<p>El teniente susurr\u00f3 algo en el o\u00eddo de su mujer, y ella asinti\u00f3 silenciosamente.<\/p>\n<p>El teniente se quit\u00f3 apresuradamente el uniforme y se dirigi\u00f3 al ba\u00f1o.<\/p>\n<p>Al escuchar el suave rugido del agua, Reiko llev\u00f3 carb\u00f3n hasta el cuarto de estar y empez\u00f3 a calentar el sake.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 el tanzen, un faj\u00edn y su ropa interior. Se dirigi\u00f3 al ba\u00f1o para controlar el calor del agua. En medio de una nube de vapor, el teniente se afeitaba con las piernas cruzadas en el suelo. Ella pudo distinguir los m\u00fasculos de su fuerte espalda h\u00fameda que respond\u00edan a los movimientos de sus brazos.<\/p>\n<p>Nada suger\u00eda alg\u00fan acontecimiento anormal. Reiko se ocupaba diligentemente de sus tareas y preparaba platos improvisados.<\/p>\n<p>Sus manos no temblaban y se mostraba m\u00e1s eficiente y desenvuelta que de costumbre. De tanto en tanto sent\u00eda extra\u00f1as palpitaciones en el centro del pecho, pero eran como luces distantes. Ten\u00edan un momento de gran intensidad y luego se desvanec\u00edan sin dejar huellas. Omitiendo esto, no parec\u00eda ocurrir nada fuera de lo habitual.<\/p>\n<p>Mientras se afeitaba en el ba\u00f1o, el teniente sinti\u00f3 que su cuerpo tibio se libraba milagrosamente de la desesperada fatiga de aquellos d\u00edas de incertidumbre y se llenaba de una agradable expectativa pese a la muerte que lo aguardaba. Pod\u00eda o\u00edr vagamente los ruidos habituales con que su mujer cumpl\u00eda sus quehaceres, y un saludable deseo f\u00edsico, postergado durante dos d\u00edas, se present\u00f3 nuevamente.<br \/>\nEl teniente confiaba en que no hab\u00eda habido impureza en el goce experimentado mientras resolv\u00edan morir.<br \/>\nAmbos hab\u00edan sentido en aquel momento, aun cuando no de una manera clara y consciente, que esos placeres permisibles estaban nuevamente bajo la protecci\u00f3n del Bien y del Poder Divino. Los proteg\u00eda una moralidad total e intachable. Al mirarse a los ojos descubrieron en su interior una muerte honorable, estaban de nuevo a salvo tras las paredes de acero que nadie podr\u00eda destruir, enfundados en la impenetrable coraza de la Belleza y la Verdad.<\/p>\n<p>El teniente pod\u00eda entonces considerar su patriotismo y las urgencias de su carne como un todo.<br \/>\nAcerc\u00f3 m\u00e1s aun la cara al oscuro y agrietado espejo de pared y se afeit\u00f3 cuidadosamente. Aquel era el rostro que presentar\u00eda a la muerte y era importante que no tuviera imperfecciones. Sus mejillas, reci\u00e9n afeitadas, irradiaban nuevamente el brillo de la juventud y parec\u00edan iluminar la opacidad del espejo. Sinti\u00f3 que hab\u00eda cierta elegancia en la asociaci\u00f3n de la muerte con aquella cara sana y radiante.<\/p>\n<p>Ser\u00eda su rostro de difunto. En realidad ya hab\u00eda dejado a medias de pertenecerle para convertirse en el busto de un soldado muerto. A t\u00edtulo de experimento, cerr\u00f3 fuertemente los ojos y todo qued\u00f3 envuelto en la oscuridad. Ya no era una criatura viviente.<\/p>\n<p>Al salir del ba\u00f1o, con un tenue reflejo azulado bajo la tersa piel de las mejillas, se sent\u00f3 junto al brasero de carb\u00f3n. Advirti\u00f3 que, pese a hallarse ocupada, Reiko hab\u00eda encontrado el tiempo necesario para retocar su cara. Su rostro estaba fresco y sus labios h\u00famedos. Era imposible encontrar en ella el menor rastro de tristeza, y al observar aquella demostraci\u00f3n de la personalidad apasionada de su mujer, el teniente pens\u00f3 que hab\u00eda elegido la esposa que le correspond\u00eda.<\/p>\n<p>Tan pronto como hubo vaciado su taza de sake, se la ofreci\u00f3 a Reiko, quien nunca lo hab\u00eda probado. La joven bebi\u00f3 un sorbo, t\u00edmidamente.<\/p>\n<p>-Ven aqu\u00ed-dijo el teniente.<\/p>\n<p>Reiko se acerc\u00f3 a su marido, y mientras \u00e9l la abrazaba ella se sinti\u00f3 profundamente conmovida, como si la tristeza, la alegr\u00eda y el poderoso sake se mezclaran dentro de ella.<\/p>\n<p>El teniente contemplo las facciones de su esposa. Era el \u00faltimo rostro que ver\u00eda en este mundo. Lo estudi\u00f3 minuciosamente con los ojos de un viajero despidi\u00e9ndose de espl\u00e9ndidos paisajes.<\/p>\n<p>Reiko ten\u00eda una cara de rasgos regulares, sin ser fr\u00edos, y de labios suaves. El teniente, que no se cansaba de contemplarla, la bes\u00f3 en la boca. Y repentinamente, sin que se alterara su belleza por el llanto, las l\u00e1grimas comenzaron a brotar lentamente bajo las largas pesta\u00f1as y corrieron como hilos brillantes por sus mejillas.<br \/>\nLuego Shinji quiso subir al dormitorio, pero ella le suplic\u00f3 que le diera tiempo a tomar su ba\u00f1o. El teniente subi\u00f3, pues, solo, y se acost\u00f3 con los brazos y las piernas abiertas en la habitaci\u00f3n entibiada por la estufa de gas. El tiempo que transcurri\u00f3 esperando a su mujer no fue m\u00e1s largo de lo habitual.<\/p>\n<p>Coloc\u00f3 las manos bajo la cabeza y observ\u00f3 las vigas del techo. \u00bfEsperaba la muerte? \u00bfUn salvaje \u00e9xtasis de los sentidos? Ambas cosas parec\u00edan sobreponerse, como si el objeto del deseo f\u00edsico fuera la muerte propia.<br \/>\nEl teniente nunca hab\u00eda gozado de una libertad tan absoluta.<\/p>\n<p>Un coche fren\u00f3 y pudo escuchar el chirrido de las ruedas patinando sobre la nieve apilada en los bordes de la calle. La bocina repercuti\u00f3 en las paredes cercanas. Al percibir esos ruidos, Shinji pens\u00f3 que aquella casa se levantaba como una isla solitaria en el oc\u00e9ano de una sociedad ocupada incansablemente en los mismos asuntos de siempre. A su alrededor se extend\u00eda desordenadamente el pa\u00eds por el cual estaba sufriendo y a punto de dar la vida. No sab\u00eda ni le importaba si aquella gran naci\u00f3n reconocer\u00eda su sacrificio. En su campo de batalla no exist\u00eda la gloria. Era la trinchera del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Los pasos de Reiko resonaron en la escalera. Cruj\u00edan los empinados escalones de la antigua morada y estos sonidos inundaron al teniente de gratos recuerdos. En cuantas ocasiones los hab\u00eda escuchado desde la cama. Al reflexionar en que ya no volver\u00eda a percibirlos, se concentr\u00f3 en ellos tratando de que cada rinc\u00f3n de aquel tiempo precioso se colmara con el ruido de las suaves pisadas de la vieja escalera. Tales instantes parecieron transformarse en joyas rutilantes de luz interior.<\/p>\n<p>Reiko tenia un faj\u00edn sobre el yukata y su rojo estaba atenuado por la media luz. El teniente quiso asirla y la mano de Reiko corri\u00f3 en su ayuda. El faj\u00edn cay\u00f3 al suelo.<\/p>\n<p>Ella estaba de pie frente a \u00e9l, vistiendo su yukata.<\/p>\n<p>El hombre hundi\u00f3 las manos en las aberturas laterales bajo las mangas y la abraz\u00f3 intensamente. El roce de sus dedos sobre la piel desnuda, sentir que las axilas se cerraban suavemente sobre sus manos, encendi\u00f3 aun m\u00e1s su pasi\u00f3n y, pocos instantes m\u00e1s tarde, ambos yac\u00edan desnudos frente al brillante fuego de la estufa.<\/p>\n<p>No pronunciaron palabra alguna, pero sus cuerpos y sus corazones se inflamaron al saber que aquel ser\u00eda el \u00faltimo encuentro. Era como si las palabras \u00ab\u00daLTIMA VEZ\u00bb hubieran sido estampadas con pinceladas invisibles sobre cada cent\u00edmetro de sus cuerpos.<\/p>\n<p>El teniente atrajo a su mujer y la bes\u00f3 con vehemencia. Sus lenguas exploraron las bocas, adentr\u00e1ndose en su interior suave y h\u00famedo, y fue como si las a\u00fan desconocidas agon\u00edas de la muerte templaran sus sentidos como el acero al rojo vivo. Los lejanos dolores finales hab\u00edan refinado su percepci\u00f3n amorosa.<\/p>\n<p>-Es la ultima vez que voy a verte -murmur\u00f3 el teniente-. D\u00e9jame mirar&#8230; -y tomando la l\u00e1mpara en su mano, dirigi\u00f3 un haz de luz sobre el cuerpo extendido de Reiko.<\/p>\n<p>Ella hab\u00eda cerrado los ojos. La luz de la l\u00e1mpara destacaba la majestuosidad de su carne blanca. El teniente con un dejo de egocentrismo, se alegr\u00f3 pensando en que jam\u00e1s ver\u00eda esa belleza derrumb\u00e1ndose frente a la muerte.<\/p>\n<p>El teniente contempl\u00f3 sin apuro aquel inolvidable espect\u00e1culo. Acariciaba la sedosa cabellera, palmeaba suavemente el bello rostro y besaba todos los puntos donde se deten\u00eda su mirada. La frente alta ten\u00eda una serena frescura, los ojos cerrados se orlaban de largas pesta\u00f1as bajo las cejas finamente dibujadas y el brillo de los dientes se entreve\u00eda por los labios llenos y regulares&#8230; Todo ello configuraba en la mente del teniente la visi\u00f3n de una m\u00e1scara mortuoria verdaderamente radiante y una y otra vez apret\u00f3 sus labios contra la blanca garganta donde la mano de Reiko no tardar\u00eda en descargar su certero golpe. El cuello enrojeci\u00f3 bajo los besos y volviendo suavemente a los labios de su amada, apoy\u00f3 su boca sobre ellos con el fluctuante movimiento de un peque\u00f1o bote. Cerrando los ojos, el mundo se convertir\u00e1, as\u00ed, en una mecedora.<\/p>\n<p>La boca del teniente segu\u00eda fielmente el recorrido de sus ojos. Los pechos altos y turgentes, terminados como capullos de cerezo silvestre, se endurec\u00edan al contacto de sus labios. Los brazos emerg\u00edan malsanamente a ambos lados, afin\u00e1ndose hacia las mu\u00f1ecas, pero sin perder su redondez ni simetr\u00eda.<br \/>\nLos dedos delicados eran aquellos que hab\u00edan sostenido el abanico durante la ceremonia nupcial. A medida que el teniente los besaba, se retra\u00edan como avergonzados. El hueco natural de esa curva entre el pecho y el est\u00f3mago ten\u00eda en sus l\u00edneas no s\u00f3lo la sugesti\u00f3n de la tersura, sino la fuerza de la elasticidad y anunciaba las ricas curvas que se extend\u00edan hasta las caderas. La riqueza y la blancura del vientre y las caderas eran como la leche contenida en un recipiente amplio. El hoyo sombreado del ombligo pod\u00eda haber sido la huella de una gota de agua reci\u00e9n ca\u00edda all\u00ed. Donde las sombras se hac\u00edan m\u00e1s intensas, el vello crec\u00eda apretado, dulce y sensible, y a medida que la excitaci\u00f3n aumentaba en aquel cuerpo que hab\u00eda dejado de mostrarse pasivo, un aroma de flores ardientes se hacia cada vez m\u00e1s penetrante.<br \/>\nReiko habl\u00f3, por fin, con voz tr\u00e9mula:<\/p>\n<p>-Mu\u00e9strame&#8230; D\u00e9jame mirar por \u00faltima vez&#8230;<\/p>\n<p>Shinji no hab\u00eda escuchado nunca de labios de su mujer un ruego tan firme y definido. Era como si su modestia ya no pod\u00eda ocultar algo que, ahora, se libraba de las trabas que la oprim\u00edan. El teniente se recost\u00f3 sumisamente para someterse a los requerimientos de su mujer. Ella alz\u00f3 \u00e1gilmente su cuerpo blanco y tembloroso y ardiendo en un inocente deseo de devolverle todo cuanto hab\u00eda hecho por ella, puso los dedos sobre los ojos de Shinji y los cerr\u00f3 suavemente.<\/p>\n<p>Repentinamente inundada de ternura, con las mejillas encendidas por el v\u00e9rtigo de la emoci\u00f3n, Reiko abraz\u00f3 la cabeza rapada del teniente y el pelo afeitado lastim\u00f3 su pecho. Aflojando el abrazo, contempl\u00f3 luego el rostro varonil de su marido. Las cejas severas, los ojos cerrados, el espl\u00e9ndido puente de la nariz, los labios bien dibujados y firmes. Reiko comenz\u00f3 a besarlos, se detuvo en la ancha base del cuello, en los hombros fuertes y erguidos, en el pecho poderoso con sus c\u00edrculos gemelos semejantes a escudos de \u00e1speros pezones. Un olor dulce y melanc\u00f3lico se desprend\u00eda de las axilas profundamente sombreadas por la carne abundante del pecho y de los hombros. En cierto modo, la esencia de la muerte joven estaba contenida en aquella dulzura. La piel desnuda del teniente reluc\u00eda como un campo de cebada y pod\u00eda observar los m\u00fasculos en relieve convergiendo sobre el abdomen alrededor del ombligo peque\u00f1o y modesto.<\/p>\n<p>Al mirar el est\u00f3mago firme y joven, p\u00fadicamente cubierto por un vello vigoroso, Reiko pens\u00f3 que pronto iba a ser cruelmente lacerado por la espada y, reclinando la cabeza, rompi\u00f3 en sollozos y lo cubri\u00f3 con sus besos.<br \/>\nAl sentir las l\u00e1grimas de su mujer, el teniente se sinti\u00f3 capaz de afrontar valerosamente las m\u00e1s crueles agon\u00edas del suicidio. Resulta f\u00e1cil imaginar a qu\u00e9 \u00e9xtasis llegaron despu\u00e9s de aquellos tiernos intercambios. El teniente se incorpor\u00f3 y rode\u00f3 con un potente abrazo a su mujer, cuyo cuerpo estaba exhausto luego de tantas l\u00e1grimas y aflicciones. Juntaron sus caras apasionadamente, restregando las mejillas. El cuerpo de Reiko temblaba. Sus pechos h\u00famedos estaban fuertemente apretados y cada mil\u00edmetro de aquellos cuerpos j\u00f3venes y hermosos se hab\u00edan compenetrado tanto con el otro que parec\u00eda imposible que se separaran jam\u00e1s.<br \/>\nReiko grit\u00f3.<\/p>\n<p>Desde las altura se sumergieron en el abismo, y, de all\u00ed, una vez m\u00e1s hasta embriagantes alturas. El teniente jadeaba como el portador de un estandarte&#8230;<\/p>\n<p>Al terminarse su ciclo, surg\u00eda inmediatamente una nueva ola de placer y, juntos, sin muestras de fatiga, se elevaron nuevamente hasta la cima misma de un nuevo movimiento jadeante.<\/p>\n<p>IV<br \/>\nCuando Shinji se volvi\u00f3 finalmente no fue por cansancio. No quer\u00eda agotar la considerable fuerza f\u00edsica que necesitar\u00eda para llevar a cabo el suicidio. Adem\u00e1s, hubiera lamentado enturbiar la dulzura de aquellos \u00faltimos momentos abusando de esos goces.<\/p>\n<p>Reiko, con su habitual complacencia, sigui\u00f3 el ejemplo de su marido. Los dos yac\u00edan desnudos, con los dedos entrelazados, mirando fijamente el oscuro cielo raso. La habitaci\u00f3n estaba caldeada por la estufa y en la noche silenciosa no se escuchaba el trafico callejero. Ni siquiera llegaba hasta ellos el fragor de los trenes y autobuses de la estaci\u00f3n Yotsuya, que se perd\u00eda en el parque densamente arbolado frente a la ancha carretera que bordea el Palacio Akasaka. Resultaba dif\u00edcil pensar en la tensi\u00f3n existente en el barrio donde las dos facciones del Ejercito Imperial se preparaban para la lucha.<\/p>\n<p>Deleit\u00e1ndose en su propio calor, los j\u00f3venes rememoraron en silencio los \u00e9xtasis recientes. Revivieron cada momento de la pasada experiencia, recordaron el gusto de los besos nunca agotados, el contacto de la piel desnuda, tanta embriagante felicidad .Pero ya entonces, el rostro de la muerte acechaba desde las vigas del techo. Aquellos hab\u00edan sido los \u00faltimos placeres de los que sus cuerpos no disfrutar\u00edan nunca m\u00e1s. Ambos pensaron que, aun cuando vivieran hasta una edad avanzada, no volver\u00edan a disfrutar de un goce tan intenso.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se desprender\u00edan sus dedos entrelazados. Hasta los dibujos de las oscuras vetas de la madera, desaparecer\u00edan pronto. Era posible detectar el avance de la muerte. En aquel momento ya no cab\u00edan dudas. Era menester tener el coraje necesario, salirle al encuentro y atraparla.<\/p>\n<p>-Podemos prepararnos -dijo el teniente.<\/p>\n<p>La determinaci\u00f3n que encerraban sus palabras era inconfundible, pero tampoco hab\u00eda habido nunca tan c\u00e1lidas y tiernas inflexiones en su voz.<\/p>\n<p>Varias tareas los aguardaban. El teniente, que no hab\u00eda ayudado nunca a guardar las camas, empuj\u00f3 la puerta corrediza del armario, alz\u00f3 el colch\u00f3n y lo deposit\u00f3 dentro de \u00e9l.<\/p>\n<p>Reiko apag\u00f3 la estufa y la luz. En ausencia del teniente lo hab\u00eda aseado todo cuidadosamente, y ahora aquella habitaci\u00f3n de ocho tatami presentaba la apariencia de una sala lista para recibir a importantes invitados.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed bebieron Kano y Homma y Noguchi&#8230;<\/p>\n<p>-S\u00ed, eran todos grandes bebedores.<\/p>\n<p>-Nos reuniremos pronto con ellos en el otro mundo. Se burlar\u00e1n de nosotros cuando adviertan que te llevo conmigo.<\/p>\n<p>Al bajar la escalera, el teniente se volvi\u00f3 para contemplar la limpia y tranquila habitaci\u00f3n iluminada por la l\u00e1mpara. En su mente flotaba el recuerdo de los j\u00f3venes oficiales que all\u00ed hab\u00edan bebido y bromeado inocentemente. Nunca hab\u00eda imaginado, entonces, que en aquella habitaci\u00f3n se abrir\u00eda el est\u00f3mago.<\/p>\n<p>El matrimonio se ocup\u00f3 despacio y serenamente de sus respectivos preparativos en las dos habitaciones de la planta baja. El teniente fue primero al retrete, y luego, al ba\u00f1o a lavarse. Mientras tanto, Reiko doblaba y guardaba la bata acolchada de su marido; ordenaba la t\u00fanica del uniforme, los pantalones y un taparrabos blanco reci\u00e9n cortado; dispon\u00eda unas hojas de papel sobre la mesa del comedor para las notas de despedida. Luego, tom\u00f3 la caja que conten\u00eda los instrumentos para escribir, y comenz\u00f3 a raspar la tableta para hacer tinta. Ya hab\u00eda decidido el contenido de su \u00faltima misiva.<\/p>\n<p>Los dedos de Reiko apretaron fuertemente las fr\u00edas letras doradas de la tableta y el agua del tintero se ti\u00f1\u00f3 inmediatamente como si una oscura nube hubiera pasado sobre \u00e9l. Todo aquello no era sino una solemne preparaci\u00f3n para la muerte. La rutina dom\u00e9stica o una forma de pasar el tiempo hasta que llegara el momento del enfrentamiento definitivo. Una inexplicable oscuridad brotaba del olor de la tinta al espesarse.<br \/>\nEl teniente sali\u00f3 del ba\u00f1o. Vest\u00eda el uniforme sobre la piel. Sin pronunciar una palabra, tom\u00f3 asiento frente a la mesa y, empu\u00f1ando el pincel, permaneci\u00f3 indeciso frente al papel que ten\u00eda delante.<\/p>\n<p>Reiko tom\u00f3 un kimono de seda blanca y, a su vez, entr\u00f3 en el ba\u00f1o. Cuando reapareci\u00f3 en la habitaci\u00f3n, ligeramente maquillada, la misiva ya estaba terminada. El teniente la hab\u00eda colocado bajo la l\u00e1mpara .Las gruesas pinceladas solo dec\u00edan:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Vivan las fuerzas imperiales! &#8211; Teniente del ej\u00e9rcito, Takeyama Shinji.\u00bb<\/p>\n<p>El teniente observ\u00f3 en silencio los controlados movimientos con que los dedos de su mujer manejaban el pincel.<\/p>\n<p>Con sus respectivas esquelas en la mano -la espada del teniente ajustada sobre su costado y la peque\u00f1a daga de Reiko dentro de la faja de su kimono blanco-, ambos permanecieron frente al santuario, rezando en silencio. Luego, apagaron todas las luces de la planta baja. Mientras sub\u00edan, el teniente volvi\u00f3 la cabeza y observ\u00f3 la llamativa silueta de su mujer que, toda vestida de blanco y los ojos bajos, iba tras \u00e9l.<br \/>\nAcomodaron las notas de despedida una junto a la otra en la alcoba de la planta baja.<\/p>\n<p>Por un momento pensaron en descolgar el pergamino, pero como hab\u00eda sido escrito por su mediador el teniente general Ozzeki y consist\u00eda en dos caracteres chinos que significaban \u00abSinceridad\u00bb, lo dejaron donde estaba. Pensaron que, aunque se manchara con sangre, el teniente general no se ofender\u00eda.<\/p>\n<p>Shinji tom\u00f3 asiento de espaldas a la habitaci\u00f3n y, muy erguido, coloc\u00f3 su espada frente a \u00e9l. Reiko se sent\u00f3 frente a \u00e9l, a un tatami de distancia. El toque de pintura en sus labios parec\u00eda aun m\u00e1s seductor sobre el severo fondo blanco.<\/p>\n<p>Se miraron intensamente a los ojos a trav\u00e9s de la distancia de un tatami que los separaba. La espada del teniente casi tocaba sus rodillas. Al verla, Reiko record\u00f3 la primera noche de casada, y se sinti\u00f3 abrumada de tristeza.<\/p>\n<p>Finalmente, el teniente habl\u00f3 con voz ronca:<\/p>\n<p>-Como no voy a tener qui\u00e9n me ayude, me har\u00e9 un corte profundo. Puede que sea desagradable. Por favor, no te asustes. La muerte es algo horrible de presenciar, en cualquier circunstancia. No debes dejarte atemorizar, \u00bfcomprendes?<\/p>\n<p>Reiko asinti\u00f3 con una profunda inclinaci\u00f3n de cabeza.<\/p>\n<p>Al mirar la figura esbelta de su mujer, el teniente experiment\u00f3 una extra\u00f1a excitaci\u00f3n. Estaba por llevar a cabo un acto que requer\u00eda toda su capacidad de soldado, algo que exig\u00eda una resoluci\u00f3n similar al coraje que se necesita para entrar en combate. Ser\u00eda una muerte no menos importante ni de menor calidad que si hubiera muerto en el frente de batalla.<\/p>\n<p>Por unos instantes el pensamiento llev\u00f3 al teniente a elaborar una rara fantas\u00eda. Una muerte solitaria en el campo de lucha, una muerte frente a los ojos de su hermosa esposa&#8230; Una dulzura sin l\u00edmites lo invadi\u00f3 al experimentar la sensaci\u00f3n de que iba a morir en aquellas dos dimensiones, conjugando la imposible uni\u00f3n de ambas.<\/p>\n<p>\u00abEste debe ser el pin\u00e1culo de la buena fortuna\u00bb, pens\u00f3. El hecho de que aquellos hermosos ojos observaran cada minuto de su muerte, equivaldr\u00eda a ser llevado al m\u00e1s all\u00e1 en alas de una brisa fragante y sutil.<br \/>\nPresent\u00eda en aquella circunstancia una suerte de merced especial, vedada a los dem\u00e1s, a \u00e9l solo dispensada. El teniente crey\u00f3 ver en su radiante esposa, ataviada como una novia, el compendio de todo lo amado por lo cual iba, ahora, a entregar la vida. La Casa Imperial, la Naci\u00f3n, la bandera del Ej\u00e9rcito. Todas ellas eran presencias que, como su esposa, lo observaban atentamente con ojos transparentes y firmes. Reiko tambi\u00e9n contemplaba a su marido que tan pronto habr\u00eda de morir, pensando que jam\u00e1s hab\u00eda visto algo tan maravilloso en el mundo.<\/p>\n<p>El uniforme siempre le sentaba bien, pero ahora, mientras se enfrentaba a la muerte con cejas severas y labios firmemente apretados, irradiaba lo que podr\u00eda llamarse una esplendorosa belleza varonil.<\/p>\n<p>-Es hora de partir -dijo, por fin.<\/p>\n<p>Reiko dobl\u00f3 su cuerpo hasta el suelo en una profunda reverencia. No pod\u00eda alzar el rostro. No quer\u00eda arruinar su maquillaje con las l\u00e1grimas que le resultaban imposibles de contener.<\/p>\n<p>Cuando finalmente alz\u00f3 la mirada, vio borrosamente, a trav\u00e9s de las l\u00e1grimas, que su marido hab\u00eda enroscado una venda blanca alrededor de su espada ahora desenvainada; s\u00f3lo dejaba en la punta doce o quince cent\u00edmetros de acero al desnudo.<\/p>\n<p>Apoyando la espada en el tatami que ten\u00eda frente a \u00e9l, el teniente se alz\u00f3 sobre las rodillas, se sent\u00f3 nuevamente con las piernas cruzadas y desabroch\u00f3 el cuello del uniforme. Sus ojos no ver\u00edan ya a su mujer. Lentamente, se desprendi\u00f3 uno por uno los botones chatos de metal. Observ\u00f3 primero su pecho oscuro y, luego, su est\u00f3mago. Desat\u00f3 el cintur\u00f3n y se desabroch\u00f3 los pantalones. Tom\u00f3 el taparrabos con ambas manos y lo tir\u00f3 hacia abajo para dejar m\u00e1s libre al est\u00f3mago. Luego empu\u00f1\u00f3 la espada con la venda blanca en su filo, mientras que, con la mano izquierda, masajeaba su abdomen. Conservaba la mirada baja.<br \/>\nPara verificar el filo, el teniente abri\u00f3 la parte izquierda del pantal\u00f3n, dejando parte del muslo a la vista, y desliz\u00f3 el filo sobre la piel. La sangre brot\u00f3 inmediatamente de la herida y varias gotas brillaron a la luz.<br \/>\nEra la primera vez que Reiko ve\u00eda la sangre de su marido y experiment\u00f3 violentas palpitaciones en el pecho. Observ\u00f3 el rostro del teniente y vio que estudiaba con calma su propia sangre. Pese a que aquel era un consuelo superficial, Reiko sinti\u00f3 cierto alivio.<\/p>\n<p>Los ojos del hombre se fijaron en ella con una mirada penetrante como la de un halc\u00f3n. Colocando la espada frente a \u00e9l, se alz\u00f3 ligeramente sobre sus m\u00fasculos e inclin\u00f3 la parte superior del cuerpo sobre la punta de la espada. La excesiva tensi\u00f3n que presentaba la tela del uniforme, indicaba a las claras que estaba reuniendo todas sus fuerzas. Se propon\u00eda asestar un profundo golpe en la parte izquierda del est\u00f3mago y su grito agudo traspas\u00f3 el silencio de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pese al esfuerzo, el teniente tuvo la sensaci\u00f3n de que era otro quien hab\u00eda golpeado su est\u00f3mago como con una gruesa barra de hierro. Durante algunos segundos su cabeza gir\u00f3 vertiginosamente y no record\u00f3 cu\u00e1nto hab\u00eda sucedido. Los doce o quince cent\u00edmetros de punta desnuda hab\u00edan desaparecido completamente en su carne, y el vendaje blanco, fuertemente sujeto por su pu\u00f1o cerrado, le presionaba directamente el est\u00f3mago.<br \/>\nRecuper\u00f3 la conciencia. Pens\u00f3 que el filo deb\u00eda haber atravesado las paredes del abdomen. Su respiraci\u00f3n era dificultosa, el pecho le palpitaba violentamente y en alguna zona remota, aparentemente desligada de su persona, un dolor terrible e insoportable se alzaba en forma avasalladora como si la tierra se abriera para vomitar un cauce de rocas hirvientes. El dolor se acerc\u00f3, de pronto, a una velocidad vertiginosa. El teniente se mordi\u00f3 el labio inferior y sofoc\u00f3 un lamento instintivo.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEs esto el seppuku?\u00bb, pens\u00f3.<\/p>\n<p>Experimentaba una sensaci\u00f3n de caos total, como si el cielo se hubiera desplomado sobre \u00e9l y todo el universo girara como bajo el efecto de una enorme borrachera. Su fuerza de voluntad y coraje, que tan fuertes se manifestaran antes de la incisi\u00f3n, se hab\u00edan reducido, ahora, a una fibra de acero del grosor de un cabello. Lo asalt\u00f3 la inc\u00f3moda sensaci\u00f3n de que tendr\u00eda que avanzar asido a esa fibra con toda su desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Algo humedec\u00eda su pu\u00f1o y, bajando la mirada, vio que, tanto su mano como el pa\u00f1o que envolv\u00eda la hoja, estaban empapados en sangre. Tambi\u00e9n su taparrabos estaba te\u00f1ido de un rojo intenso. Le pareci\u00f3 incre\u00edble que en medio de aquella agon\u00eda, las cosas visibles pudieran ser todav\u00eda vistas y las cosas existentes, existir.<br \/>\nReiko luch\u00f3 por no correr al lado de su esposo al observar la mortal palidez que invad\u00eda sus rasgos despu\u00e9s de clavarse la espada. Sucediera lo que sucediera, su misi\u00f3n era la de observar. Ser testigo. Tal era la obligaci\u00f3n contra\u00edda con el hombre amado. Frente a ella, a un tatami de distancia, pod\u00eda ver c\u00f3mo su marido se mord\u00eda los labios para ahogar el dolor.<\/p>\n<p>Reiko no contaba con ning\u00fan medio para rescatarlo a \u00e9l.<\/p>\n<p>La transpiraci\u00f3n brillaba en su frente. Shinji cerr\u00f3 los ojos para abrirlos luego, nuevamente, como quien hace un experimento. Su mirada hab\u00eda perdido todo brillo y los suyos parec\u00edan los ojos inocentes y vac\u00edos de un animalito.<\/p>\n<p>La agon\u00eda que se desarrollaba frente a Reiko la quemaba como un implacable sol de verano, pero era algo totalmente alejado de la pena que parec\u00eda estar parti\u00e9ndola en dos.<\/p>\n<p>El dolor crec\u00eda con regularidad. Reiko sent\u00eda que su marido se hab\u00eda convertido en un ser de un mundo aparte, en un hombre \u00edntegramente disuelto en el dolor, en un prisionero en una jaula de sufrimiento, y mientras pensaba, comenz\u00f3 a sentir como si alguien hubiera levantado una cruel muralla de cristal entre ellos.<br \/>\nDesde su matrimonio, la existencia de su marido se hab\u00eda convertido en la suya propia, y cada respiraci\u00f3n de Shinji parec\u00eda pertenecer a Reiko. En cambio, ahora, mientras que la existencia de su marido en el dolor era una realidad viviente, Reiko no pod\u00eda encontrar en su pena ninguna prueba concluyente de su propia existencia.<\/p>\n<p>Usando solamente la mano derecha, el teniente comenz\u00f3 a cortarse el vientre de un lado a otro. Pero a medida que la hoja se enredaba en las entra\u00f1as, era rechazada hacia fuera por la blanda resistencia que encontraba all\u00ed. El teniente comprendi\u00f3 que ser\u00eda menester usar ambas manos para mantener la punta profundamente hundida en su cuerpo. Tir\u00f3 hacia un costado, pero el corte no se produjo con la facilidad que hab\u00eda esperado. Concentr\u00f3 toda la energ\u00eda de su cuerpo en la mano derecha y tir\u00f3 nuevamente. El corte se agrand\u00f3 ocho o diez cent\u00edmetros.<\/p>\n<p>El dolor se extendi\u00f3 como una campana que sonara en forma salvaje. O como mil campanas tocando al un\u00edsono con cada respiraci\u00f3n y con cada latido, estremeciendo todo su ser. El teniente no pod\u00eda contener los gemidos. Pero la hoja ya se hab\u00eda abierto camino hasta debajo del ombligo. Al advertirlo, Shinji sinti\u00f3 un renovado coraje.<\/p>\n<p>El volumen de la sangre no hab\u00eda dejado de aumentar y ahora manaba por la herida como originado por el latir del pulso. La estera estaba empapada de sangre que segu\u00eda renov\u00e1ndose con aquella que chorreaba de los pliegues del pantal\u00f3n kaki del teniente. Una salpicadura, semejante a un p\u00e1jaro, vol\u00f3 hacia Reiko y manch\u00f3 la falda de su kimono de seda blanca. Cuando el teniente pudo, por fin, desplazar la espada hacia el costado derecho, \u00e9sta ya cortaba superficialmente y era posible contemplar su punta desnuda resbal\u00e1ndose de sangre y grasa. Atacado s\u00fabitamente por terribles v\u00f3mitos, el teniente grit\u00f3 roncamente. Los v\u00f3mitos volvieron aun m\u00e1s horrendo el dolor, y el est\u00f3mago, que hasta aquel momento se hab\u00eda mantenido firme y compacto, explot\u00f3 de repente, dejando que las entra\u00f1as reventaran por la herida abierta. Ignorantes del sufrimiento de su due\u00f1o, las entra\u00f1as de Shinji causaban una impresi\u00f3n de salud y desagradable vitalidad que las hac\u00eda escurrirse blandamente y desparram\u00e1ndose sobre la estera. La cabeza del hombre se abati\u00f3, sus hombros se estremecieron y un fino hilo de saliva gote\u00f3 de su boca. Las insignias doradas brillaban a la luz.<\/p>\n<p>Todo estaba lleno de sangre. El teniente estaba empapado de ella hasta las rodillas, y ahora se sentaba en una posici\u00f3n encogida y desamparada con una mano en el piso. Un olor acre inundaba la habitaci\u00f3n. La cabeza del hombre colgaba en el vac\u00edo y su cuerpo se sacud\u00eda en interminables arcadas. La hoja de la espada, expulsada de sus entra\u00f1as, estaba totalmente expuesta y aun sostenida por la mano derecha del teniente.<\/p>\n<p>Ser\u00eda dif\u00edcil imaginar una visi\u00f3n m\u00e1s heroica que la del teniente reuniendo sus fuerzas y echando la cabeza hacia atr\u00e1s. La violencia del movimiento hizo que la cabeza del teniente chocara contra uno de los pilares de la alcoba.<\/p>\n<p>Hasta aquel momento, Reiko hab\u00eda permanecido sentada con la mirada baja, como encandilada por el flujo de la sangre que avanzaba hacia sus rodillas, pero el golpe la sorprendi\u00f3 y tuvo que alzar la vista.<\/p>\n<p>El rostro del teniente no era el del hombre con vida. Los ojos estaban vac\u00edos, la piel l\u00edvida, las mejillas y los labios ten\u00edan el color de la tierra seca. S\u00f3lo la mano derecha se mov\u00eda aun sosteniendo laboriosamente la espada. Se agit\u00f3 convulsivamente en el aire, como la mano de un t\u00edtere, y luch\u00f3 por dirigir la punta de la espada hasta la base del cuello.<\/p>\n<p>Reiko contempl\u00f3 c\u00f3mo su marido intentaba este \u00faltimo, conmovedor y f\u00fatil esfuerzo. Brillando de sangre y grasa, la punta se descargaba una y otra vez sobre la garganta. Siempre fallaba. No le quedaban fuerzas para guiarla y s\u00f3lo chocaba contra las insignias del cuello del uniforme que se hab\u00eda cerrado nuevamente y proteg\u00eda la garganta.<\/p>\n<p>Reiko no soport\u00f3 aquella visi\u00f3n por m\u00e1s tiempo. Intent\u00f3 ir en ayuda de Shinji, pero le resultaba imposible ponerse en pie. Se arrastr\u00f3 de rodillas y su falda se ti\u00f1\u00f3 de un rojo intenso. Se coloc\u00f3 detr\u00e1s de su marido y lo ayud\u00f3 abriendo solamente el cuello del uniforme. La hoja vacilante tom\u00f3 finalmente contacto con la piel desnuda de la garganta. Reiko tuvo la sensaci\u00f3n de haber empujado a su marido hacia adelante.<br \/>\nNo fue as\u00ed. El teniente hab\u00eda dado una \u00faltima demostraci\u00f3n de fortaleza. Ech\u00f3 su cuerpo violentamente contra la hoja y el filo perfor\u00f3 su cuello, apareciendo luego por la nuca. El teniente permaneci\u00f3 inm\u00f3vil mientras un tremendo chorro de sangre lo inundaba todo.<\/p>\n<p>V<br \/>\nReiko descendi\u00f3 lentamente la escalera. Sus medias estaban resbalosas de sangre. En la habitaci\u00f3n superior reinaba ahora la m\u00e1s absoluta calma.<\/p>\n<p>Encendi\u00f3 las luces de la planta baja, verific\u00f3 los quemadores y la llave principal del gas. Ech\u00f3 agua sobre el carb\u00f3n humeante y semiapagado del brasero. Se detuvo frente al espejo de la habitaci\u00f3n de cuatro tatami, y medio alz\u00f3 su falda. Las manchas de sangre parec\u00edan un alegre dibujo estampado en la parte inferior de su kimono blanco. Al instalarse frente al espejo, sinti\u00f3 la fr\u00eda humedad de la sangre de su marido en los muslos y tuvo un estremecimiento. Se entretuvo largamente en el ba\u00f1o. Aplic\u00f3 una generosa capa de rouge sobre sus mejillas y tambi\u00e9n abundante pintura en los labios. Este maquillaje ya no estaba destinado a agradar a su marido. Se maquillaba para el mundo que estaba a punto de abandonar. Hab\u00eda algo espectacular y magn\u00edfico en los toques de su pincel. Al levantarse, advirti\u00f3 que la sangre hab\u00eda mojado la estera dispuesta frente al espejo. Reiko no lo tuvo ya en cuenta.<\/p>\n<p>La joven se detuvo al pisar el corredor de cemento que llevaba a la galer\u00eda. Su marido hab\u00eda cerrado el pestillo de la puerta la noche anterior en un acto de preparaci\u00f3n a la muerte, y durante un instante se sumi\u00f3 en la consideraci\u00f3n de un simple problema, \u00bfdejar\u00eda el cerrojo echado? De hacerlo as\u00ed, podr\u00edan transcurrir varios d\u00edas antes de que los vecinos advirtieran el suicidio. A Reiko no le agrad\u00f3 la idea de dos cad\u00e1veres descomponi\u00e9ndose antes de ser descubiertos. Despu\u00e9s de todo, ser\u00eda mejor dejar la puerta abierta&#8230;<br \/>\nAbri\u00f3 el cerrojo y dej\u00f3 la puerta de vidrios escarchados ligeramente entreabierta. El viento helado se col\u00f3 de inmediato en la habitaci\u00f3n. Nadie pasaba por la calle, era medianoche y las estrellas resplandec\u00edan tan fr\u00edas como el hielo.<\/p>\n<p>Reiko dej\u00f3 la puerta entornada y subi\u00f3 las escaleras. Durante varios minutos camin\u00f3 de un lado a otro. La sangre ya se hab\u00eda secado en sus medias .De pronto, un olor peculiar lleg\u00f3 hasta ella.<\/p>\n<p>El teniente yac\u00eda, boca abajo, en un mar de sangre. La punta de la espada, que sobresal\u00eda de su nuca, parec\u00eda haberse hecho m\u00e1s prominente aun. Reiko anduvo negligentemente entre la sangre y se sent\u00f3 al lado del cad\u00e1ver de su marido. Lo observ\u00f3 atentamente. Ten\u00eda la mejilla apoyada en la alfombra, los ojos estaban muy abiertos, como si algo hubiera despertado su atenci\u00f3n. Ella alz\u00f3 la cabeza, la apoy\u00f3 sobre su manga y, limpi\u00e1ndose la sangre de los labios, lo bes\u00f3 por ultima vez.<\/p>\n<p>Luego tom\u00f3 del armario una bata blanca y un cord\u00f3n. Para evitar que su falda se desordenara, envolvi\u00f3 la manta alrededor de su cintura y la sujet\u00f3 firmemente con el cord\u00f3n.<\/p>\n<p>Reiko se sent\u00f3 muy cerca de Shinji. Extrajo la daga de su faja, examin\u00f3 el brillo opaco de la hoja y la acerc\u00f3 a su lengua. El gusto del acero bru\u00f1ido era ligeramente dulce.<\/p>\n<p>Reiko no perdi\u00f3 tiempo. Pens\u00f3 que el dolor que la hab\u00eda separado de su marido moribundo iba a formar ahora parte de su propia experiencia. S\u00f3lo vislumbr\u00f3 ante s\u00ed el gozo de penetrar en un reino que el amado Shinji ya hab\u00eda hecho suyo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda percibido algo inexplicable en la fisonom\u00eda agonizante de su marido. Algo nuevo. Le ser\u00eda dado, pues, resolver el enigma.<\/p>\n<p>Reiko sinti\u00f3 que, por fin, tambi\u00e9n podr\u00eda participar de la verdadera y amarga dulzura del gran principio moral en que hab\u00eda cre\u00eddo el teniente.<\/p>\n<p>Empuj\u00f3 entonces la punta de la daga contra la base de su garganta. La empuj\u00f3 fuertemente. La herida result\u00f3 poco profunda. Le ard\u00eda la cabeza y sus manos temblaban de forma incontrolable. Forz\u00f3 la hoja hacia un costado y una sustancia caliente le anud\u00f3 la boca. Todo se ti\u00f1\u00f3 de rojo frente a sus ojos como el fluir de un r\u00edo de sangre. Reuni\u00f3 todas sus fuerzas y hundi\u00f3 aun m\u00e1s profundamente la daga en su garganta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Yukio Mishima (1925-1970), que anticipa su muerte violenta,<em>y<\/em> la pel\u00edcula basada en el mismo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13290,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[2860,111,22,2343,3042,197,6,7,1110,3045,2855,3044,3040,3043,1109,1128,16,1111,1108,3041],"class_list":["post-2400","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cine","tag-cortometraje","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-rito-del-amor-y-de-la-muerte","tag-escritores-japoneses","tag-general","tag-hallazgos","tag-hara-kiri","tag-largometraje","tag-literatura","tag-mishima-una-vida-en-cuatro-capitulos","tag-patriotismo","tag-paul-schrader","tag-seppuku","tag-textos-adaptados","tag-video","tag-yoshiko-tsuruoka","tag-yukio-mishima","tag-yukoku"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/03\/687.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-CI","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2400","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2400"}],"version-history":[{"count":22,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2400\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14163,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2400\/revisions\/14163"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13290"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2400"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2400"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2400"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}