{"id":24,"date":"2005-12-10T00:15:38","date_gmt":"2005-12-10T06:15:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=32"},"modified":"2016-10-26T10:25:04","modified_gmt":"2016-10-26T15:25:04","slug":"la-imaginacion-en-mexico-jaque-perpetuo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-imaginacion-en-mexico-jaque-perpetuo\/","title":{"rendered":"La imaginaci\u00f3n en M\u00e9xico: Jaque perpetuo"},"content":{"rendered":"<div><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.edicionesera.com.mx\/IMAGENES%20copy\/jaque.gif\" alt=\"Jaque perpetuo\" \/><\/p>\n<p><em>Gonzalo Lizardo, <\/em>Jaque perpetuo<em>.<br \/>\nM\u00e9xico, Era, 2005.<\/em><\/div>\n<p>En los a\u00f1os noventa, daba la impresi\u00f3n de que iba a producirse un cambio interesante en la literatura local. Por primera vez desde principios de siglo, la narrativa mexicana no parec\u00eda obsesionada con la \u00abrealidad nacional\u00bb como valor  supremo y algunas novedades (<em>La mano derecha<\/em> de Pablo Soler Frost, <em>Auliya<\/em> de Ver\u00f3nica Murgu\u00eda, <em>La catedral de los ahogados<\/em> de Ignacio Padilla, <em>La ruta del hielo y la sal<\/em> de Jos\u00e9 Luis Z\u00e1rate, entre muchos otros) lograban ser apreciadas a pesar de tener preocupaciones distintas a las del realismo m\u00e1s rutinario.<!--more--><br \/>\nLa mayor\u00eda de esos libros \u00abapostaba por el exotismo\u00bb, es decir, sus escenarios y personajes no eran mexicanos, y no se interesaban por asuntos de la historia o la pol\u00edtica, pero esta tendencia bien visible llevaba aparejada otra, todav\u00eda m\u00e1s importante: como muy pocos escritores en las generaciones previas (Emiliano Gonz\u00e1lez, por ejemplo, o Jordi Garc\u00eda Bergua), esa nueva hornada de autores se interesaba por la imaginaci\u00f3n: por ampliar el territorio de lo \u00abnatural\u00bb o lo \u00abapropiado\u00bb en las letras del pa\u00eds mediante invenciones m\u00e1s ricas y variadas que las habituales, nutridas de influencias m\u00e1s amplias, con nuevos alcances. Algunos, como Z\u00e1rate y Murgu\u00eda, estaban francamente interesados en subg\u00e9neros de lo fant\u00e1stico, y dieron algunas de las mejores (aunque no siempre fueran reconocidas como tales) historias del fin de siglo mexicano; otros, aun sin inclinarse por vertientes de las consideradas \u00abimpropias\u00bb seg\u00fan el <em>establishment<\/em> de la cr\u00edtica, de todas formas marcaban su distancia respecto de sus precursores inmediatos.<br \/>\nAhora, al cabo de una d\u00e9cada, es triste constatar que las esperanzas de todos esos libros quedaron, en buena medida, sin cumplirse. No es que los autores hayan dejado de producir ni (en la mayor\u00eda de los casos, por lo menos) que su calidad haya disminuido. Pero la \u00abapertura\u00bb de la percepci\u00f3n general hacia su trabajo no tuvo lugar, y en vez de renovar la narrativa mexicana los escritores que se dieron a conocer en aquellos a\u00f1os quedaron, como algunos de sus mejores precursores, fuera del \u00abcanon\u00bb ya existente &#8211;nuevamente en los m\u00e1rgenes de los exc\u00e9ntricos o de los intolerables&#8211;, o integrados, lo quisiesen o no, en la <em>gran tradici\u00f3n<\/em>, fuera asumi\u00e9ndose \u00abherederos\u00bb de antecesores fuertes (como hizo el grupo del Crack) o dedic\u00e1ndose a las vertientes puestas m\u00e1s de moda por la globalizaci\u00f3n del mercado editorial en lengua espa\u00f1ola.<br \/>\nSe siguen escribiendo libros fuera de lo \u00abnormal\u00bb, empe\u00f1ados en b\u00fasquedas personales, pero la mayor\u00eda est\u00e1 contagiada del desencanto del comienzo del siglo y de la propia experiencia ya descrita. Un ejemplo de los m\u00e1s interesantes &#8211;pues se trata de un libro de gran calidad, sumamente trabajado&#8211; es el de <em>Jaque perpetuo<\/em>, novela en siete cuentos de  Gonzalo Lizardo.<br \/>\nEn <em>Vac\u00edo perfecto<\/em>, una colecci\u00f3n de rese\u00f1as de libros inexistentes, Stanislaw Lem describe una novela que vuelve cierta, literalmente, la idea pretenciosa de la novela \u00abtotal\u00bb: escrita con ayuda de una computadora, <em>Gigamesh<\/em> contiene, en diversas claves, referencias a <em>todo<\/em>, a toda la cultura y la literatura y el resto de los saberes humanos, y tan densas y abundantes que, a su lado, el <em>Finnegans wake<\/em> de Joyce parece un cuento infantil. El mismo v\u00e9rtigo que se intuye al leer sobre ese libro, la misma trepidaci\u00f3n ante lo inagotable, se siente al leer <em>Jaque perpetuo<\/em>, que est\u00e1 lejos de la absoluta totalidad pero que mezcla, en una serie de narraciones situadas en diferentes tiempos y lugares, a los mismos personajes, todos provistos de nombres sonoros y llenos de s\u00edmbolos &#8211;Rael Leary, Morelli, Helena, Eva&#8211; y todos dedicados a indagar los l\u00edmites de la percepci\u00f3n y de la existencia. Una obsesi\u00f3n paranoica desemboca en el derrumbe de una identidad; una psicosis revela el tedio terminal del mundo; una \u00f3pera perdida sobre Zaratustra se convierte en la clave de una muerte&#8230;, y en cada caso, aunque los mismos personajes no lo noten, sus naturalezas y sus preocupaciones se vuelven una suerte de emblema de numerosas referencias literarias, filos\u00f3ficas, musicales.<br \/>\nEl peso de tanta informaci\u00f3n es intolerable, y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n destruye a los personajes o los fuerza a contemplar el agotamiento final de sus culturas, o de sus vidas, por el exceso de conocimiento. La \u00fanica opci\u00f3n es la que ellos toman constantemente sin darse cuenta, de la mano de su autor: el olvido de su pasado, el comenzar nuevamente de cero&#8230; Sus ires y venires por el tiempo, sin recuerdos aparentes de sus vidas apenas unas p\u00e1ginas antes, dan a pensar en las implicaciones de la \u00abangustia de las influencias\u00bb que para Harold Bloom sirve como mito de la ca\u00edda, del desgaste imparable y constante de occidente. No ser\u00e1 posible escapar de ella mientras sigamos existiendo, pero \u00bfqu\u00e9 significa esto? \u00bfSe refiere a la existencia de la historia, de la cultura, de la especie?<br \/>\nEn todo caso, el hecho de que las aventuras de cada fragmento est\u00e9n <em>escritas<\/em>: consignadas, convertidas en memoria, condena a las criaturas de Lizardo. O al menos a nosotros. No es posible escapar del pasado, practicarse la lobotom\u00eda, creer que es posible la lectura (la escritura, la existencia) como en el principio, como en el \u00abardiente amanecer del mundo\u00bb. Y entonces queda la contemplaci\u00f3n, perpleja, de lo que ya est\u00e1 sobre nosotros, o peor todav\u00eda, el tedio, esa emoci\u00f3n tan c\u00f3moda y tan triste.<br \/>\nLa rese\u00f1a, no muy entusiasta, de un libro que me es cercano (no digo qui\u00e9n la escribi\u00f3 porque no ven\u00eda firmada) terminaba con estas palabras: \u00abmejora cuando se olvida de su creacionismo (<em>sic<\/em>) y se pone a contar historias\u00bb. Un libro, sorpresa, puede tener <em>demasiada <\/em>imaginaci\u00f3n. Creo que, tal como est\u00e1 el grueso de la cr\u00edtica en M\u00e9xico, semejante juicio sumario es un elogio, y creo que tambi\u00e9n puede hac\u00e9rsele a <em>Jaque perpetuo<\/em>: aunque llega a las mismas conclusiones que una generaci\u00f3n entera, lo hace con una originalidad que la mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neos no alcanzar\u00e1 nunca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gonzalo Lizardo, Jaque perpetuo. M\u00e9xico, Era, 2005. En los a\u00f1os noventa, daba la impresi\u00f3n de que iba a producirse un cambio interesante en la literatura local. 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