{"id":233,"date":"2007-09-10T09:00:27","date_gmt":"2007-09-10T14:00:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=253"},"modified":"2016-10-26T10:24:22","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:22","slug":"una-teoria-en-marcha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/una-teoria-en-marcha\/","title":{"rendered":"Una teor\u00eda en marcha (y un aviso)"},"content":{"rendered":"<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/2007\/09\/lamona.jpg\" alt=\"La jornada de la mona y el paciente\" \/><\/p>\n<p><em>Mario Bellatin, <\/em>La jornada de la mona y el paciente<em>.<br \/>\nOaxaca, Almad\u00eda, 2006.<\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-size:90%;color:#777777;\"><em>[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][He aqu\u00ed la segunda rese\u00f1a prometida, que se public\u00f3 en el n\u00famero de agosto de la revista <\/em>Replicante<em>. En cuanto al aviso: me encuentro en Guadalajara, y probablemente no podr\u00e9 siquiera asomarme al sitio durante una semana, pero volver\u00e9 con un par de novedades interesantes&#8230; Muchos saludos.]<\/em><\/span><\/div>\n<p>Empez\u00f3 a vislumbrarse, al menos, desde <em>El jard\u00edn de la se\u00f1ora Murakami <\/em>(2000), y qued\u00f3 totalmente claro con la publicaci\u00f3n de <em>Perros h\u00e9roes<\/em> (2003): la obra de Mario Bellatin comenz\u00f3 el siglo con un giro o, mejor dicho, con una complicaci\u00f3n adicional de su proyecto, que durante los a\u00f1os noventa pareci\u00f3 a muchos estar basado s\u00f3lo en ciertos temas tremendos, en ciertos personajes \u201cl\u00edmite\u201d.<br \/>\n<!--more--> Ahora, sus libros pueden leerse como fragmentos de una serie o estructura mayor, en vez de entregas aisladas o variaciones sobre elementos conocidos, y adem\u00e1s una estructura que no se subordina a una trama general (si lo hiciera, ser\u00eda una m\u00e1s de tantas \u201csagas\u201d novelescas) y que contempla y comenta, sobre todo, su propia creaci\u00f3n. No s\u00f3lo hay referencias a trabajos anteriores en los m\u00e1s nuevos, lo que no pasar\u00eda de ser un gesto trivial: adem\u00e1s, el centro del discurso en todos los libros, a pesar de levantarse en los mismos escenarios y figuras; en la misma noci\u00f3n del \u201ccaso\u201d (misterio y diagn\u00f3stico), en las mismas estrategias textuales, los deja atr\u00e1s para concentrarse en las resonancias de la propia creaci\u00f3n, en los tanteos de una voz que busca referir y que refiere su propia b\u00fasqueda.<br \/>\nEfectivamente, la t\u00e9cnica de fragmentaci\u00f3n (alusi\u00f3n, elusi\u00f3n, elisi\u00f3n) que se vio primero en sus tramas discontinuas, luego en su creciente reticencia a plantear siquiera una trama y por fin en su rechazo total de la plenitud fingida del desarrollo novelesco \u2013como lo hemos entendido durante el \u00faltimo par de siglos\u2013, ha dejado en los libros de Bellatin la impresi\u00f3n de un vac\u00edo creciente, imperfectamente disimulado (cuando no totalmente descubierto) por el texto. Igual que <em>Perros h\u00e9roes, Jacobo el mutante<\/em> (2002) o <em>Lecciones para una liebre muerta<\/em> (2005), <em>La jornada de la mona y el paciente<\/em> no es, como ya han implicado varios comentaristas, un libro dram\u00e1tico ni espectacular; su estoicismo, su rechazo de toda efusi\u00f3n sentimental, no es menor que el de <em>Sal\u00f3n de belleza<\/em> \u2013hasta hoy, el libro m\u00e1s inmediatamente visceral de cuantos ha escrito Bellatin\u2013 pero de ning\u00fan modo es tan redondo; la historia aparente, resumida en el t\u00edtulo, puede ofrecer la misma dislocaci\u00f3n de las expectativas del lector y los mismos enigmas que, por ejemplo, <em>Poeta ciego<\/em> (1998), pero no ofrecer\u00e1 jam\u00e1s las mismas recompensas: no hay una conclusi\u00f3n, no hay ni siquiera la vastedad de una pregunta, en el relato (supuestamente) autobiogr\u00e1fico, en las muertes insinuadas o presentidas, en la danza de las relaciones extra\u00f1as, en los fen\u00f3menos y sus rarezas. Esta novela, como las otras del \u00faltimo Bellatin, es una paradoja: posterga la satisfacci\u00f3n del que busca la trama hasta m\u00e1s all\u00e1 del final, y al mismo tiempo desde\u00f1a sus propias acrobacias formales: de pronto, entre un episodio indescifrable y una escena sin relaci\u00f3n alguna con \u00e9l pero cortante, dolorosa hasta su fin abrupto, aparece un aforismo: una reflexi\u00f3n sobre la novela y, tal vez, sobre esta novela, aunque no sea sobre los pasajes cercanos ni se diga con \u00e9nfasis.<br \/>\nPero el \u201ccaso\u201d del propio Bellatin en el contexto de la \u201cGran Historia\u201d del canon nacional es una paradoja desde hace mucho tiempo. Si la novela <em>Flores<\/em> (2002) gan\u00f3 el Premio Xavier Villaurrutia, a \u00e9l mismo se le sigue percibiendo como un narrador original\u00edsimo y exc\u00e9ntrico en un medio \u2013el nuestro\u2013 que habitualmente desaprueba la originalidad y ningunea a sus exc\u00e9ntricos. (Al mismo tiempo, y a veces hasta en la misma rese\u00f1a, se le acusa de tener poco inter\u00e9s en la tradici\u00f3n y de no llevar hasta el l\u00edmite la audacia de sus propuestas.)<br \/>\nPor mi parte, creo que es insuficiente leer los nuevos libros de Bellatin s\u00f3lo en relaci\u00f3n con los anteriores y s\u00f3lo en relaci\u00f3n con lo que no \u201cofrecen\u201d, con las costumbres de los lectores de su trabajo. Hay un impulso distinto en los \u00faltimos libros (y en especial en \u00e9ste), discutible si se quiere pero que exige ser considerado de otra forma, y est\u00e1 precisamente en las reflexiones que el autor\/m\u00e1scara\/narrador, siempre imposible de autentificar, introduce de pronto y que tienen que ver con la incomodidad de las estructuras, el silencio, la imposibilidad del orden de la escritura y de la escritura misma: todas las ideas se entrecruzan en el campo de la propia novela, de sus declaraciones y sus huecos.<br \/>\nQuien se tome la molestia de seguirlas, en este libro y en los vol\u00famenes que las rodean, podr\u00e1 constatar que suenan como inserciones: apariciones s\u00fabitas de un discurso distinto, dedicado a discutir la propia obra de Bellatin y sus numerosos puntos de contacto con lo otro \u2013lo indeci(di)ble\u2013, sus numerosos escepticismos. Creo que son parte de un discurso todav\u00eda inconcluso: mediante su pr\u00e1ctica, mediante las alturas y las simas de su pr\u00e1ctica, Mario Bellatin est\u00e1 escribiendo una teor\u00eda de los l\u00edmites de la novela.[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Bellatin, La jornada de la mona y el paciente. Oaxaca, Almad\u00eda, 2006. 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