{"id":23,"date":"2005-12-09T12:34:43","date_gmt":"2005-12-09T18:34:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=40"},"modified":"2016-10-26T10:25:04","modified_gmt":"2016-10-26T15:25:04","slug":"fragmentos-de-hans-christian-andersen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/fragmentos-de-hans-christian-andersen\/","title":{"rendered":"Fragmentos de Hans Christian Andersen"},"content":{"rendered":"<p><em>Escrib\u00ed este ensayo para la revista <\/em>Biblioteca de M\u00e9xico<em>, a prop\u00f3sito del bicentenario de Andersen en 2005:<\/em><\/p>\n<div align=center><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/13hanschristian.jpg\" alt=\"La estatua de HCA en el Parque Central de Nueva York\" \/><\/div>\n<p><strong>El impulso (primera versi\u00f3n)<\/strong><br \/>\nSe cuenta que Hans Andersen, zapatero, llor\u00f3 en una ocasi\u00f3n al conocer a un estudiante joven y vivaz. A Hans Christian, su hijo, le explic\u00f3 que \u00e9l \u201cdeb\u00eda haber sido\u201d como aquel muchacho, en vez de un artesano humilde y m\u00edsero en Odense, el pueblo donde viv\u00eda la familia. Pero Dinamarca entera estaba en crisis &#8211;eran los \u00faltimos a\u00f1os de las Guerras Napole\u00f3nicas&#8211; y Andersen padre termin\u00f3, en 1815, por dejar hasta su oficio y enrolarse en el ej\u00e9rcito: el hijo de un granjero le pag\u00f3 para que tomara su sitio y lo librara as\u00ed del servicio militar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La compa\u00f1\u00eda de Andersen padre no tuvo tiempo de pelear de veras, pues Napole\u00f3n fue derrotado ese mismo a\u00f1o, pero el hombre volvi\u00f3 a Odense quebrantado por las privaciones de la vida en campa\u00f1a y muri\u00f3 luego de una enfermedad prolongada. La madre &#8211;Anne Marie Andersdatter, iletrada y carente de recursos&#8211; se esforz\u00f3 por mantenerse junto con su hijo: se dedic\u00f3 a lavar ajeno, volvi\u00f3 a casarse y, decepcionada por las pobres calificaciones de Hans en la escuela, lo puso a trabajar. \u00c9l, por su parte, intent\u00f3 una fuga como la que nunca logr\u00f3 su padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era, en cierto modo, su herencia: el zapatero, autodidacta, hab\u00eda procurado instruirlo mediante la lectura de la <em>Biblia<\/em>, de <em>Las mil y una noches<\/em>, de las comedias de Ludvig Holberg; tambi\u00e9n le hab\u00eda ayudado a construir un teatrino, para jugar con marionetas (Anne Marie pens\u00f3 por un tiempo en volverlo aprendiz de sastre, por su habilidad para hacer los vestidos de sus mu\u00f1ecos), y lo hab\u00eda llevado a ver actores de verdad: nada menos que el Teatro Real de Dinamarca, llegado al escenario de Odense, el \u00fanico en todo el pa\u00eds fuera de la capital.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo esto hab\u00eda fascinado al peque\u00f1o Hans, cuyo talante era imaginativo y muy impresionable, y quien se decidi\u00f3 por las artes y por el camino que le conocemos: su partida a Copenhague, las intentonas sobre el escenario, las privaciones y las humillaciones sufridas por su fealdad y su afeminamiento, el modo milagroso en el que logr\u00f3 abrirse paso en la burgues\u00eda de la ciudad y obtener patrocinios para su educaci\u00f3n, la busca constante de favores y conocencias que le permitieran continuar su trabajo literario. Pero a esa historia sabida \u2013al ascenso social y la incomodidad del descastado, que tambi\u00e9n son las de la Sirenita y el Patito Feo y muchos otros personajes del escritor\u2013 debe agreg\u00e1rsele este matiz:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El primer libro publicado de Andersen, <em>Intentos juveniles <\/em>(1822), fue un arranque en falso como los de muchos otros autores. Era una serie de textos que homenajeaban \u2013o plagiaban\u2013 a B. S. Ingemann y otros escritores de la naciente \u201cEdad de Oro\u201d de las letras danesas, pero estaba firmado con el seud\u00f3nimo William Christian Walter, que era nombre de pretensiones elevad\u00edsimas. William en honor de Shakespeare y Walter por Walter Scott: dos descubrimientos literarios que Andersen no habr\u00eda podido hacer nunca sin el impulso, rencoroso y frustrado, de su padre, quien por el contrario hab\u00eda desaparecido por entero del \u201cnombre art\u00edstico\u201d de su hijo. Una posible interpretaci\u00f3n es que \u00e9ste deb\u00eda (re) descubrirse por medio del muerto, como le ocurre a la protagonista de <em>El ni\u00f1o en la tumba<\/em>, una de sus ficciones m\u00e1s sentidas y perturbadoras. El origen no pod\u00eda separarse del destino y Hans Christian Andersen ser\u00eda siempre, aun en sus momentos de mayor vanidad, aun en los salones de los reyes y los notables, el habitante de Odense.<\/p>\n<div align=center><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/hcandersen.jpg\" alt=\"Un retrato de los muchos que Andersen se hizo tomar\" \/><\/div>\n<p><strong>La vida literaria<\/strong><br \/>\nEn <em>El cuento de mi vida <\/em>(1855), Andersen recuerda su proyecto de ir a buscar fortuna en Copenhague y relata:<\/p>\n<blockquote><p>\u2014\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de ti all\u00e1? \u2014pregunt\u00f3 mi madre.<br \/>\n\u2014Me volver\u00e9 famoso \u2014respond\u00ed, y le dije lo que hab\u00eda le\u00eddo sobre hombres notables venidos de hogares pobres\u2014. Primero, tienes que pasar por una cantidad terrible de adversidades \u2014le dije\u2014 y entonces te vuelves famoso.<br \/>\nEl que me conduc\u00eda era un impulso inexplicable. Llor\u00e9, supliqu\u00e9, y finalmente mi madre cedi\u00f3, pero primero mand\u00f3 a buscar a (\u2026) una supuesta \u201cmujer sabia\u201d (\u2026) y la puso a leerme el futuro en un mazo de cartas y en restos de caf\u00e9.<br \/>\n\u2014Tu hijo ser\u00e1 un gran hombre \u2014dijo la vieja gitana\u2014, y en su honor todo Odense quedar\u00e1 iluminado alg\u00fan d\u00eda.<br \/>\nMi madre llor\u00f3 al o\u00edr esto, y ya no tuvo nada en contra de que yo me fuera de la casa.<\/p><\/blockquote>\n<p>La estampa podr\u00eda ser el otro lado de la historia, tan f\u00e9rtil para el psicoan\u00e1lisis, del ni\u00f1o pobre que triunfa en el mundo de la riqueza y los adultos. \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda pasado si la gitana hubiese desaconsejado la partida? \u00bfLo habr\u00edan dejado ir su madre y lo que quedaba de su familia? \u00bfHasta d\u00f3nde ser\u00e1 \u00e9ste, como la llegada del Teatro Real a Odense, un aviso providencial para la vida de Andersen y para la literatura de occidente?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por otro lado, lo m\u00e1s razonable es dudar de la historia entera y atribuirla al narcisismo del escritor, quien dependi\u00f3 casi toda su vida del favor de otros y no perd\u00eda ocasi\u00f3n de promover su trabajo, su figura de literato y lo extraordinario de ambas. Pero esta cualidad agradar\u00e1 tambi\u00e9n a los psicoanalistas, porque es un atisbo de una personalidad m\u00e1s compleja que la del mero <em>entertainer<\/em> (Harold Bloom, en un ensayo, da a esta imagen falsa la cara de Danny Kaye, quien interpret\u00f3 a Andersen en una blanda pel\u00edcula de Hollywood) dedicado a distraer a los ni\u00f1os y contar mentiras inocuas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por ejemplo, un rasgo de los estudios andersenianos del que a\u00fan se habla poco \u2013y menos entre nosotros\u2013 tiene que ver con el trajinar del escritor en la vida literaria de Dinamarca, no menos cosmopolita, d\u00edscola ni maldiciente que la de cualquier otro lugar de Europa. En ella hay, como es de suponer, no s\u00f3lo sinsabores de melodrama, sino tambi\u00e9n otros conflictos. Obs\u00e9rvese, digamos, el fragmento que sigue: proviene de \u201cRese\u00f1a\u201d, un poema que Andersen escribi\u00f3 en 1830, cuando ten\u00eda 25 a\u00f1os y deb\u00eda, como el resto de su generaci\u00f3n, \u201cromper lanzas\u201d contra autores y comentaristas adversos:<\/p>\n<blockquote><p>El sol de la tarde colorea tierra y mar con tonos de rosa,<br \/>\npero \u00a1ah!, la monoton\u00eda llega de inmediato, al igual que mi c\u00f3lera.<br \/>\nSea lo que sea, el sol no es muy original:<br \/>\ntodo el tiempo sale por el este, se pone en el oeste, \u00a1por favor!<br \/>\nEntonces aparecen las estrellas de la noche, pero \u00a1demonios!,<br \/>\nbrillan pero son fr\u00edas, no dan calor ni tienen vienen coloreadas.<br \/>\nCanta un ruise\u00f1or, diestramente (\u2026)<br \/>\n[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][pero] \u00bfpor qu\u00e9 no canta de d\u00eda? (\u2026)<br \/>\nLas olas crecen pero demasiado: necesitan moderaci\u00f3n;<br \/>\nla escena tiene un toque de genio pero le falta mi aprobaci\u00f3n.<\/p><\/blockquote>\n<p>Andersen no vio, no pod\u00eda ver, que aquellos comentarios que tanto le disgustaban ser\u00edan los m\u00e1s interesantes de cuantos se han escrito sobre \u00e9l. A partir de 1840 (como ha dicho el andersenista Johan de Mylius) \u201clos cr\u00edticos hacen fila para alabar el trabajo del poeta, quien ya ha establecido su nombre y probado su habilidad\u201d con textos muy superiores a \u201cRese\u00f1a\u201d, pero Andersen persisti\u00f3 en su obsesi\u00f3n por el reconocimiento hasta el final de su vida. Hay muchas an\u00e9cdotas sobre su b\u00fasqueda de los famosos y su contagio: Andersen escribi\u00f3 sobre su encuentro de iguales con Dickens, pero no sobre las cinco semanas que pas\u00f3 en la casa del escritor ingl\u00e9s, interpretando muy libremente un ofrecimiento de hospitalidad.<\/p>\n<div align=center><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/andersen1.jpg\" alt=\"Recorte de papel hecho por Andersen\" \/><\/div>\n<p><strong>El impulso (segunda versi\u00f3n)<\/strong><br \/>\nEl romanticismo, que en el resto de Europa marc\u00f3 de forma incontestable la literatura al comienzo del siglo XIX, est\u00e1 disminuido en Dinamarca \u2013al menos, desde el punto de vista de nosotros, lectores ab\u00falicos del siglo XXI\u2013 por el mismo Andersen y por S\u00f8ren Kierkegaard, tal vez los dos daneses m\u00e1s eminentes; gracias al trabajo de ambos, la \u201cEdad de Oro\u201d es m\u00e1s un signo de sus propias originalidades que de acuerdo con cualquier otra de las grandes figuras y escuelas de su tiempo. Pero hay, como en el episodio que antecede, una ra\u00edz com\u00fan y m\u00e1s antigua de Andersen y los rom\u00e1nticos: su mundo no es cristiano (al contrario del de Kierkegaard), y no est\u00e1 subordinado a las pretensiones y apetencias del racionalismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus im\u00e1genes centrales \u2013sus mitos\u2013 son paganas y animistas; sobre todo, de una forma de animismo popular entre los hombres y mujeres de la Europa del medievo y de \u00e9pocas a\u00fan m\u00e1s tempranas. Para Andersen, al contrario de lo que creyeron los escritores y fil\u00f3sofos de la Ilustraci\u00f3n, el universo y la naturaleza no pueden ser patrimonio de lo humano; no le pertenecen, no pueden controlarse ni domarse, porque la especie humana es s\u00f3lo una m\u00e1s en un cosmos donde todas las cosas est\u00e1n provistas de conciencia, de voluntad y de instinto. Por esto, en los cuentos, hablan los animales y tambi\u00e9n los objetos de uso diario, conspiran los adornos de porcelana, aguantan y mueren los imperturbables soldaditos de plomo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay \u00e1ngeles, hay devoci\u00f3n por el Ni\u00f1o Jes\u00fas, hay un cielo en ocasiones, pero los juicios de las potencias celestiales son tan contundentes y terribles como los de los antiguos dioses del rayo y de las aguas, y no siempre tienen justificaci\u00f3n desde el punto de vista de la moral de su tiempo (ni del nuestro), que les queda chica o que no los alcanza cuando sus personajes y sus tramas se hunden en lo desconocido. As\u00ed, en <em>Las zapatillas rojas<\/em> la redenci\u00f3n s\u00f3lo puede llegar despu\u00e9s de que la ni\u00f1a, condenada por su trato con el mal, paga dej\u00e1ndose cortar ambos pies, que se quedan bailando dentro de los zapatos m\u00e1gicos. As\u00ed, <em>El coraz\u00f3n de una madre<\/em> plantea un dilema \u00e9tico que no puede resolverse sin p\u00e9rdida ni sufrimiento (\u00bfpuede el hijo muerto regresar, si el \u00fanico modo de hacerlo es que la madre se sacrifique en su lugar, dej\u00e1ndolo vivo pero hu\u00e9rfano y desamparado?), y aun en las historias m\u00e1s famosamente amables se asoma lo siniestro: la cara de los poderes que aguardan m\u00e1s all\u00e1 del c\u00edrculo de luz de las hogueras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esto podr\u00eda verse, tal vez, la otra parte de la experiencia formativa de Andersen, quien conoci\u00f3 textos cl\u00e1sicos pero tambi\u00e9n las consejas populares, y muchas veces terror\u00edficas, de los habitantes m\u00e1s humildes de Odense, y quien tuvo incluso su propio contacto, directo, con la locura en su abuelo paterno, un alelado que vagaba por las calles del pueblo y era, para los suyos, una fuente de pena y de verg\u00fcenza. Para el escritor, todos los hombres son como ese loco, o tal vez como ni\u00f1os, atados al vaiv\u00e9n de fuerzas que no comprenden y a las que tampoco importan demasiado; en eso, tal vez, est\u00e1 lo mejor y lo m\u00e1s perdurable de su recuperaci\u00f3n del mundo de la infancia, que s\u00f3lo cuando somos adultos podemos imaginar como un sitio de ignorancia y de pureza. Andersen no es, por supuesto, un escritor para ni\u00f1os en el sentido estrecho que damos hoy al t\u00e9rmino: est\u00e1 m\u00e1s cerca de Gogol que de Edward Lear y de V\u00edctor Hugo que de J. K. Rowling.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por otra parte, tambi\u00e9n hay bondad en el misterio: una dulzura extra\u00f1a, a veces de un esplendor intolerable por deslumbrante, que Andersen descubre en quienes sufren y que los dioses ven tambi\u00e9n, aqu\u00ed y all\u00e1. <em>El hada del sa\u00faco<\/em> entra y sale del cuento que el viejo escritor refiere al ni\u00f1o, y en el que se ve el transcurrir sereno, gustoso, levemente aburrido, de la vida del peque\u00f1o, o de los dos, o de millones. En <em>El compa\u00f1ero de viaje<\/em>, el joven Juan, pobre como tantos otros h\u00e9roes andersenianos, entrega sus \u00faltimas monedas para que dos ladrones no profanen una tumba, y la recompensa por su generosidad es el afecto de un amigo casi omnipotente, que act\u00faa sin que Juan lo sepa y le procura el bien enfrent\u00e1ndose contra fuerzas tremendas que nada tienen que ver con el Antiguo ni con el Nuevo Testamento. \u00bfQui\u00e9nes son estos seres que Andersen jam\u00e1s justifica? \u00bfPor qu\u00e9 otorgan protecci\u00f3n y conocimiento aqu\u00ed y no en otros cuentos? Qui\u00e9n sabe. \u00c9stas son las dos palabras que Andersen parece pronunciar con m\u00e1s variadas entonaciones, desde alivio hasta horror, mientras sus personajes avanzan por un universo vivo, eterno como lo humano nunca podr\u00e1 serlo.<\/p>\n<div align=center><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/mathiesen.jpg\" alt=\"Ilustraci\u00f3n de Axel Mathiesen\" \/><\/div>\n<p><strong>Los cuentos (enumeraci\u00f3n)<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Un total de 212 cuentos, de los que 156 se publicaron durante su vida, son la obra conocida de Hans Christian Andersen.<\/li>\n<li>De ellos, un pu\u00f1ado ha trascendido la propia autor\u00eda de quien los escribi\u00f3, y se recuerdan como parte de la cultura de occidente (o del inconsciente colectivo) y aun como frases hechas, verdades de forma ya inapelable:\n<ol>\n<li>a todos nos satisface que el emperador est\u00e9 desnudo, y<\/li>\n<li>nadie ignora que el patito puede ser, en verdad, un cisne.<\/li>\n<\/ol>\n<\/li>\n<li>El resto se encuentra en antolog\u00edas de acceso m\u00e1s o menos dif\u00edcil, en las que casi nunca se encontrar\u00e1n las cartas, los poemas, los libros de viaje y teatro: el trabajo olvidado de uno de los escritores m\u00e1s prol\u00edficos de su tiempo, y uno que siempre dese\u00f3 ser conocido como novelista y dramaturgo \u201cserio\u201d.<\/li>\n<li>A esta iron\u00eda primera (Andersen dedic\u00f3 mucho m\u00e1s tiempo a la escritura de esos textos menores que a sus cuentos) debe agregarse la del azar de su difusi\u00f3n por el mundo: el dan\u00e9s es una lengua de pocos hablantes, reconocida precisamente por Andersen y muy pocos m\u00e1s, y as\u00ed resulta que las traducciones de <em>El ruise\u00f1or, Nicolas\u00edn y Nicolas\u00f3n <\/em>o <em>La reina de las nieves <\/em>son la \u00fanica posibilidad de su conocimiento para la mayor\u00eda de sus lectores.<\/li>\n<li>Y un examen siquiera superficial de esas traducciones es pasmoso: a\u00fan m\u00e1s numerosas que las discrepancias entre los manuscritos del <em>Rey Lear<\/em>, o que los errores en las primeras ediciones del <em>Paradiso<\/em> de Lezama Lima, las adiciones, supresiones, interpolaciones, malas lecturas, transposiciones de sentido y hasta de palabras y p\u00e1rrafos son el \u00fanico rasgo constante de los Andersen en todas las lenguas y formatos.<\/li>\n<li>Unas veces los personajes o el narrador hablan de m\u00e1s para satisfacer apetencias de un momento o de una cultura (o de un estudio de mercado), o cambian los matices o pasan sobre ellos; otras, las m\u00e1s, hablan menos de lo que su autor original pretend\u00eda que hablaran.<\/li>\n<li>Si alg\u00fan d\u00eda se pierden los archivos y las bibliotecas de la propia Dinamarca, los pale\u00f3grafos del futuro tendr\u00e1n mil versiones diferentes de donde escoger, y\n<ol>\n<li>se pasar\u00e1n la vida en la busca de una sola voluntad entre todas ellas o, por el contrario,<\/li>\n<li>llegar\u00e1n a la conclusi\u00f3n de que nunca hubo ning\u00fan Andersen: que, como Homero o como Vyasa, fue tan s\u00f3lo el nombre que un momento de la historia eligi\u00f3 para su tradici\u00f3n oral, informe y mutable.<\/li>\n<\/ol>\n<\/li>\n<li>Evidentemente, la belleza del texto en dan\u00e9s, que quienes lo leen consideran signo de una maestr\u00eda sin igual, se perder\u00e1 tras semejante cat\u00e1strofe.<\/li>\n<li>Es un peligro que corren todos los escritores (o una certeza que deben aceptar): los res\u00famenes y las adaptaciones tardan siempre m\u00e1s en llegar al olvido.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>Ni\u00f1os y adultos<\/strong><br \/>\nEn este a\u00f1o, que se cumpli\u00f3 el bicentenario de su nacimiento, Andersen llega hasta nosotros en un estado triste. Por un lado, sus cuentos nunca han sido m\u00e1s recortados, adaptados, endulzados para subordinarlos a un gusto \u00f1o\u00f1o, seg\u00fan la cual los ni\u00f1os son criaturas incapaces de comprender sino una fracci\u00f3n de lo que est\u00e1 al alcance de un ser humano \u201cnormal\u201d, adulto y productivo. El problema es, en el fondo, insoluble: la popularidad de Andersen en el pasado es signo de que algo dec\u00eda para lectores de todas las edades, y la popularidad actual de textos mucho m\u00e1s simples, mucho menos profundos \u2013incluyendo las versiones innumerables de Andersen \u201cpara ni\u00f1os\u201d, con vi\u00f1etas y bis\u00edlabos en 18 puntos\u2013, es signo de que la situaci\u00f3n es distinta ahora y aun los seres m\u00e1s productivos tienen dificultades con <em>El trompo y la pelota<\/em>, o <em>La sirenita<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay otro h\u00e1bito a\u00fan peor: las \u201cconclusiones espeluznantes\u201d que se extraen sobre la vida de cualquiera, siempre que sea c\u00e9lebre, y que en el caso de Andersen ha llevado a muchos de sus comentaristas \u2013en el fondo, menos interesados en el escritor que en su aniversario cerrado, y en aprovecharlo\u2013 a las mismas estaciones: la madre acaso prostituta, el padre acaso putativo, el ni\u00f1o acaso homosexual, el adulto tambi\u00e9n: miles de palabras sobre las decepciones amorosas y ninguna sobre los textos, salvo como fuente de pistas sobre la sordidez habitual, que nos permita reducir al creador a nuestra propia condici\u00f3n miserable, para mejor negar la existencia de sus dones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El que \u00e9stos puedan advertirse incluso as\u00ed: incluso en res\u00famenes morosos e interesados, aun a pesar de las lecturas ineptas y morbosas, es una prueba m\u00e1s del milagro constante y casi siempre ignorado. Hans Christian Andersen bien podr\u00eda trascendernos y encontrar, en otro momento, lectores m\u00e1s dignos.<\/p>\n<figure id=\"attachment_11835\" aria-describedby=\"caption-attachment-11835\" style=\"width: 594px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2005\/12\/Constantin_Hansen_1836_-_HC_Andersen.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11835\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/fragmentos-de-hans-christian-andersen\/constantin_hansen_1836_-_hc_andersen\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2005\/12\/Constantin_Hansen_1836_-_HC_Andersen.jpg\" data-orig-size=\"594,800\" data-comments-opened=\"1\" 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