{"id":221,"date":"2007-08-10T11:10:27","date_gmt":"2007-08-10T16:10:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=239"},"modified":"2016-10-26T10:24:24","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:24","slug":"la-fugacritica-de-nk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-fugacritica-de-nk\/","title":{"rendered":"La fuga\/cr\u00edtica de N.K."},"content":{"rendered":"<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/2007\/08\/kimball.jpg\" alt=\"Memorias de una madame americana\" \/><br \/>\n<em>Nell Kimball, <\/em>Memorias de una madame americana<em>.<br \/>\nM\u00e9xico, Sexto Piso, 2006. 412 pp.<\/em><\/div>\n<p><em>[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][Esta rese\u00f1a est\u00e1 publicada en el n\u00famero de agosto-octubre de la revista <\/em>Replicante<em>]<\/em><\/p>\n<p>Es posible que la mujer tras el seud\u00f3nimo de \u201cNell Kimball\u201d \u2013habr\u00eda trabajado con el nombre de batalla de <em>Goldie<\/em> y habr\u00eda pasado de prostituta primeriza en 1867 a due\u00f1a de su propia \u201ccasa de trato\u201d en 1917; habr\u00eda escrito su autobiograf\u00eda hacia 1932, y habr\u00eda muerto mucho antes de la publicaci\u00f3n de \u00e9sta, en 1970\u2013 no haya existido.<!--more--><br \/>\nEn efecto, existen evidencias de que Stephen Longstreet (seud\u00f3nimo de Chauncey Weiner, 1907-2002), el escritor que aparece como editor y prologuista de las <em>Memorias de una madame americana<\/em>, pudo haber sido el autor de todo el texto, y encima haber parafraseado, entre otros, muchos pasajes de <em>Pandillas de Nueva York. Una historia informal del bajo mundo <\/em>(1927) de Herbert Asbury (1889-1963), el libro de \u201chistoria popular\u201d a partir del que Borges imagin\u00f3 un cuento de <em>Historia universal de la infamia<\/em> y Scorsese dirigi\u00f3, por supuesto, <em>Pandillas de Nueva York<\/em>.<br \/>\n\u00c9stas y varias otras dudas sobre la autor\u00eda del texto, sin embargo, han oscurecido un hecho crucial. No importa en absoluto si el libro fue escrito por Longstreet, si es una par\u00e1frasis o un robo. No tiene sentido discutir las causas del enojo de los te\u00f3ricos (por lo dem\u00e1s, Kimball no deja de ser citada en Internet, en estudios de g\u00e9nero y en ensayos literarios) ni esgrimir otros casos de autor\u00eda difusa en las historias de la literatura, desde <em>El p\u00e1jaro pintado<\/em> de Jerzy Kosinski hasta las obras de Shakespeare, pasando por Lautr\u00e9amont y su enciclopedia. Tampoco hace falta notar que la parte m\u00e1s inc\u00f3moda del relato de Nell Kimball no es su semejanza con otros textos sino que su autora, de haber existido, fue mujer, prostituta, pobre, autodidacta y, encima, l\u00facida: descre\u00edda de las ilusiones de la religi\u00f3n, el amor, la pol\u00edtica y el \u201cpapel natural\u201d de las mujeres.<br \/>\nSupongamos que, dudas o imposturas aparte, las <em>Memorias <\/em>pueden considerarse una ficci\u00f3n, una mera novela: deberemos reconocer que el libro merece algo mejor que la supresi\u00f3n o el ninguneo malicioso porque es una novela tremenda, sabia, hermosa a pesar de su tosquedad o incluso a causa de ella.<br \/>\nPersonaje o persona \u2013no importa\u2013, Nell Kimball, quien se declara anciana al comenzar la redacci\u00f3n de sus memorias, es desde el comienzo una observadora atenta y desapasionada: niega que el entorno rural en el que se cri\u00f3 haya sido id\u00edlico, y en cambio lo reduce a \u201cesti\u00e9rcol, hedor, una lucha continua por mantenerse miserablemente vivos\u201d; describe su rechazo a resignarse, como lo hizo su madre, a una rutina ciega de labores extenuantes y sexo decente (d\u00f3cil y culposo) con su marido mojigato; critica a su padre, como m\u00e1s tarde a algunos pol\u00edticos de los que conocer\u00e1 en los burdeles, de modo dur\u00edsimo y certero:<\/p>\n<blockquote><p>Llegu\u00e9 a no sentir compasi\u00f3n por \u00e9l. Como la mayor\u00eda de los fan\u00e1ticos (\u2026) no ten\u00eda en absoluto virtudes cristianas de esperanza y amor. Nada de piedad, nada de amor a la gente como hermanos, nada de compasi\u00f3n (\u2026) Odiaba a los protestantes, jud\u00edos, negros, todos los dem\u00e1s credos (\u2026) Y sent\u00eda que estaba condenado. Era lujurioso y libidinoso y en todo el tiempo que lo conoc\u00ed nunca dijo una palabra amable o algo divertido.<\/p><\/blockquote>\n<p>Todo el libro es, en cierto sentido, una mirada a la fuga en la que Kimball convierte su vida: de su pueblo a un burdel en Saint Louis, del burdel a la casa chica que le pone un hombre de negocios, de all\u00ed a ser la esposa de un asaltabancos y luego la madame de su propio establecimiento, y de all\u00ed al vac\u00edo: su vida tras el retiro \u2013obligado por el cierre de su burdel en Storyville, la primera zona roja de Nueva Orle\u00e1ns y de los Estados Unidos\u2013 y su ruina final, de las que se dice muy poco. Kimball no planea demasiado esos movimientos ni cede al referirlos a la tentaci\u00f3n de otorgarles un sentido general \u2013de hecho, con frecuencia afirma despreciar los artificios novelescos\u2013, pero todos se deben a la tenacidad de su deseo de vivir y, m\u00e1s a\u00fan, de vivir como lo desea, sujeta a sus limitaciones pero sin dejarse reducir por la moral estrecha que es, como le prueban la raz\u00f3n y la mera existencia que la rodea, un enga\u00f1o monstruoso.<br \/>\nPor otra parte, su elecci\u00f3n de la prostituci\u00f3n como oficio es pragm\u00e1tica, en absoluto es un signo de rebeld\u00eda: el sexo est\u00e1 siempre en el texto, pero no como hilo conductor de episodios s\u00f3rdidos o picantes ni, peor todav\u00eda, de lirismos sentimentales &#8211;masturbaci\u00f3n de buen tono\u201d, los llama Kimball&#8211;, sino como tel\u00f3n de fondo de un examen imparcial, despiadado por su justicia y su profundidad, de varios lugares y momentos de la vida social de Occidente que muy rara vez han sido mostrados en detalle y sin descalificaciones \u201cedificantes\u201d. Sea producto de la experiencia directa, o de un arduo trabajo de copiar y pegar realizado por Longstreet, en esa cr\u00edtica se encuentra el mayor logro del libro \u2014o  la mayor rareza del pensamiento de Nell Kimball, madame venida a menos con un don extraordinario de recordaci\u00f3n. Desde el principio, en las historias s\u00f3rdidas y amargas de su parentela inmediata, y hasta la propia relaci\u00f3n de su melancol\u00eda y su cansancio, Nell Kimball es una gran cronista de la verdadera decadencia humana, que no tiene que ver con las reglas de iglesias y \u201cmayor\u00edas morales\u201d sino con el mero transcurso del tiempo. Ella y cuantos la rodean en un mundo imperfecto, ni el peor ni el mejor de los posibles pero s\u00ed cruel y, al final, invencible:<\/p>\n<blockquote><p>Cuando un hombre va con una puta, est\u00e1 lleno de esperanza de que algo de [sus fantas\u00edas] se vuelva realidad. No es as\u00ed. No se puede. Puede que lo exciten, que se la mamen, que se lo cojan, que le hagan muchas cosas, pero casi todo lo que tiene en su mente es un mundo imaginario. Es el trabajo de una buena chica en un prost\u00edbulo hacer que goce lo real de dos cuerpos, una serie de juegos, una estimulaci\u00f3n de sus terminaciones nerviosas y una efusi\u00f3n de esperma. Si esto suena poco rom\u00e1ntico, es porque en realidad el sexo no tiene nada de rom\u00e1ntico. Es real, se juega con cuerpos reales; es una exigencia de liberaci\u00f3n como el resorte de un reloj al que se ha dado cuerda. Es placer animal de gran deleite.<\/p><\/blockquote>\n<p>Un comentario al margen. Contra la costumbre de Sexto Piso, que en general ofrece versiones bien cuidadas, la traducci\u00f3n de este libro tiene un defecto molesto: no se decide entre el espa\u00f1ol peninsular y el mexicano, y hace convivir t\u00e9rminos de uno y de otro con poca fortuna.[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nell Kimball, Memorias de una madame americana. 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