{"id":211,"date":"2007-07-10T12:15:31","date_gmt":"2007-07-10T18:15:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=230"},"modified":"2025-09-07T22:48:27","modified_gmt":"2025-09-08T04:48:27","slug":"dos-cuentos-de-ricardo-bernal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/dos-cuentos-de-ricardo-bernal\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Ricardo Bernal"},"content":{"rendered":"<p>Dos relatos extra\u00f1os de <a href=\"http:\/\/www.editorialenlinea.com\/horrorcain\/01cont\/semb\/biogra1.html\">Ricardo Bernal<\/a> (1962), excelente y elusivo narrador mexicano: uno de nuestros aut\u00e9nticos \u00abraros\u00bb. Ambos textos aparecieron publicados en el libro <em>Lady Clic<\/em> (2002).<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13189\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/dos-cuentos-de-ricardo-bernal\/bernal_7\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7.jpg\" data-orig-size=\"600,450\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Ricardo Bernal\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"450\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13189\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7.jpg 600w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>MADRE AMOROSA<br \/>\nRicardo Bernal<\/strong><\/p>\n<p><strong>I)<\/strong><\/p>\n<p>Ella tiene una vela en las manos, se cree un barco de vela. Ella es un tri\u00e1ngulo is\u00f3sceles y recorre la alcoba de un lado a otro al comp\u00e1s de la m\u00fasica de las esferas. Ella se acerca a una cuna estilo g\u00f3tico y alumbra con la vela a su beb\u00e9: un peque\u00f1o rombo anaranjado que duerme apaciblemente balbuceando dulces sue\u00f1os de qu\u00edmica inorg\u00e1nica. Ella es verde. Ella es piscis y su astr\u00f3logo de cabecera es capricornio. Ella est\u00e1 despeinada y ojerosa. Ella no tiene nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella deja la vela en una mesa y toma entre sus brazos al bebito. El bebito es una espina en el coraz\u00f3n met\u00e1lico de la madre y el coraz\u00f3n met\u00e1lico de la madre es el villano en las historias que sue\u00f1a el bebito. Un pterod\u00e1ctilo de cuerda vuela alrededor, por lo que Ella abre la boca y guarda en sus adentros al peque\u00f1o rombo anaranjado. De pronto aparecen en este cuento las siguientes expresiones: \u201cbebito-espina\u201d, \u201cbebito-rombo anaranjado\u201d, \u201cbebito-pez que da vueltas en la pecera de mi vientre\u201d.<\/p>\n<p><strong>II)<\/strong><\/p>\n<p>Ella toma un pincel de la mesa y con el \u00f3leo fermentado que brota de los sue\u00f1os de su hijo pinta una ventana en el muro. Ella abre la ventana y mira hacia afuera: en el jard\u00edn el oto\u00f1o busca su sombrero y el martes juega a las damas chinas con el mi\u00e9rcoles. En el jard\u00edn se aburren las estatuas y arriba de todo se pudre un enorme sol idiota. Desde el interior de su madre, el peque\u00f1o rombo anaranjado dice algo (nadie sabe qu\u00e9, y quien esto escribe no pone mucha atenci\u00f3n en lo que dicen los bebitos). Afuera el sol idiota se infla y se infla y se infla y se infla. Ella es un tri\u00e1ngulo is\u00f3sceles y le gui\u00f1a un ojo al sol idiota quien sonr\u00ede como un idiota y peina sus relamidos rayos con un torpe movimiento idiota. Desde la ventana, Ella inclina la cabeza al sol idiota, quien tambi\u00e9n inclina la cabeza mostrando las siete marcas de sus siete trepanaciones. Ella sonr\u00ede. De pronto el sol idiota revienta, salpicando de luz roja las mejillas de todos los planetas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llega la se\u00f1ora Noche bostezando y sacudiendo las telara\u00f1as de sus hombros; hace gestos, abre su bolso y les reparte estrellas a todos los personajes de este cuento. El bebito rombo anaranjado se asoma por la boca de su madre y toma una estrella violeta de filos resplandecientes&#8230; Ella, adem\u00e1s de ser un tri\u00e1ngulo is\u00f3sceles, es una madre feliz de ser madre.<\/p>\n<p><strong>III)<\/strong><\/p>\n<p>El padre del peque\u00f1o rombo anaranjado es un calamar gigante de los mares del Polo Sur quien en sus ratos libres se dedica a escribir ocho novelas policiales al mismo tiempo. Pocas semanas antes de que naciera su hijo, se fue de juerga con sus amigotes los delfines y desde entonces no ha regresado (nadie sabe d\u00f3nde est\u00e1, y quien esto escribe no tiene ganas de ponerse a buscarlo).<\/p>\n<p><strong>IV)<\/strong><\/p>\n<p>Ella cierra la ventana, toma una brocha de la mesa y pinta el muro de blanco: la ventana desaparece. Ella saca al bebito de su boca y lo acomoda en la cuna, la estrella violeta de filos resplandecientes tambi\u00e9n desaparece. A lo lejos, el Gato Jazz toca su saxof\u00f3n de piedra y Ella canta canciones tristes para acompa\u00f1ar los sue\u00f1os de su peque\u00f1o rombo anaranjado. La indecisa llama de la vela alumbra la escena: es tanta la ternura que \u00e9sta se escurre por los renglones de todo el cuento, haciendo suspirar a sus lectores\u2026 Ella es un tri\u00e1ngulo is\u00f3sceles que llora de melancol\u00eda.<\/p>\n<p><strong>V)<\/strong><\/p>\n<p>Todo lo anterior es mentira. Ella no tiene una vela en las manos, ni es un tri\u00e1ngulo is\u00f3sceles y su beb\u00e9 no es ning\u00fan rombo anaranjado. Ella no es verde. Ning\u00fan pterod\u00e1ctilo de cuerda vuela alrededor y no hay ning\u00fan sol idiota que se infle y se reviente. El calamar gigante de los mares del Polo Sur no existe, y en sus ratos libres no se dedica a escribir ocho novelas policiacas al mismo tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quien esto escribe se ha quedado pensativo. Yo lo miro desde el otro lado de la mesa: bebe caf\u00e9, se rasca su enorme nariz, tacha, arroja al piso cuartillas arrugadas\u2026 pero no se le ocurre nada. Aburrida de tanto contemplarlo sin que me haga caso, decido irme a dormir y dejarlo a solas con su cuento. Quiz\u00e1 m\u00e1s tarde, o ma\u00f1ana temprano, el golpetear de su m\u00e1quina de escribir se confunda con el dulce aguacero de mis sue\u00f1os\u2026 \u00a1Pobre! Nunca sabr\u00e1 lo que sue\u00f1a su musa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Buenas noches.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>LA VENGANZA DEL ANIMAL<br \/>\nRicardo Bernal<\/strong><\/p>\n<p>Imagino al Demonio de Tasmania ech\u00e1ndole talco a sus zapatos nuevos. Se lava los dientes, anuda su corbata color perla y se pone el reglamentario saco azul. Luego se mira en el espejo: tendr\u00e9 \u00e9xito, alcanzar\u00e9 todas mis metas, ser\u00e9 un triunfador. El departamento donde vive es muy peque\u00f1o. En los muebles hay carpetas tejidas debajo de los animalitos de cristal y encima del viejo televisor hay un aparato reci\u00e9n comprado y una videocasetera. Tambi\u00e9n hay un servibar lleno de botellas y en las paredes cuelgan retratos de abuelos tiesos y engominados. El Demonio de Tasmania s\u00f3lo tiene dos libros: <em>El Vendedor m\u00e1s Grande del Mundo<\/em> y el <em>Manual del Perfecto Hombre Cuadrado<\/em>. No cree en el destino, no le gusta la poes\u00eda, no le gusta la m\u00fasica y ni siquiera sabe cu\u00e1l es su signo del zodiaco. El Demonio de Tasmania usa calcetines de rombos, sus u\u00f1as son cortas y se est\u00e1 quedando calvo. Lo imagino cerrando con llave su departamento. Toma tres camiones para llegar a Coyoac\u00e1n y camina hacia el Sanborns, donde gracias a su don de mando e impecable apariencia, consigui\u00f3 el codiciado puesto de capit\u00e1n de meseros; empleado del mes desde hace diez meses y quiz\u00e1, es su sue\u00f1o dorado, pr\u00f3ximo subgerente del restaurante.<\/p>\n<p>No hubo clases de piano pues a la maestra le amputaron las manos, pobrecita, as\u00ed que salimos como pollos hu\u00e9rfanos a la calle. Las campanas de las iglesias sonaban para despertar a nuestros \u00e1ngeles, tarde libre, mira las nubes, al rato va a llover. \u00c9ramos los de siempre: Venus, Victoria, Celso y yo. Salimos despacio, con nuestros morrales repletos de sue\u00f1os inmaculados y las alas limpias; con libros de Girondo, Simic y Philip K. Dick en las enormes bolsas de nuestras gabardinas. Yo llevaba adem\u00e1s al animal: as\u00ed le dec\u00edamos a ese peque\u00f1o tarot, obsequio de Mam\u00e1 Lila, que se hab\u00eda ido gastando de tanto recibir influencias planetarias y visitas de emisarios celestes. Por eso la pregunta de Venus \u00bfMe tiras el tarot?, hizo que el animal abriera sus inexistentes ojos; voy a convocar a los astros, voy a descifrar las indescifrables leyes k\u00e1rmicas que rigen a esta ni\u00f1ita. Claro que s\u00ed, le contest\u00e9 a Venus contemplando la quietud oce\u00e1nica de su mirada y la aureola que iluminaba su rapado cr\u00e1neo. Pero primero v\u00e1monos de aqu\u00ed, propuso el jefe Celso quien acababa de regresar de la alta selva y estaba acostumbrado a recorrer las veredas en compa\u00f1\u00eda de \u00e1ngeles encapuchados y armados hasta los dientes para derrocar al mal gobierno. \u00bfA d\u00f3nde vamos? \u00bfAl cine? A excepci\u00f3n de Victoria, todos \u00e9ramos pobres, as\u00ed que decidimos enfilar nuestros pasos rumbo a Coyoac\u00e1n: perder el tiempo, matar las horas, cuatro sombras largas toreando camiones en Divisi\u00f3n del Norte, ocho tenis rebotando en las piedras, cuatro personajes de Plaza S\u00e9samo rumbo a un incierto destino c\u00f3smico\u2026 En aquellos tiempos, Venus quer\u00eda ser astronauta, volar al planeta que le daba nombre y derretir ah\u00ed los \u00e1cidos sue\u00f1os que tuvo cuando ni\u00f1a. Victoria, por su parte, quer\u00eda ser escritora sin saber que ya lo era. A veces buce\u00e1bamos en sus cuentos y descubr\u00edamos peces, palabras de luz nadando en los laber\u00ednticos y fosforescentes p\u00e1rrafos. Porque Victoria se extravi\u00f3 en un bosque prohibido y regres\u00f3 cabalgando un pegaso, convertida en duende y con la piel completamente verde, aunque ella nos aseguraba que el culpable hab\u00eda sido el sol de Bacalar. Yo, en cambio, viv\u00eda en el desierto. Era amigo de cactus y coyotes, y un fantasma tolteca me hab\u00eda ense\u00f1ado a descifrar las formas de la arena. El tarot era mi aliado, ronroneaba vivo entre mis manos y cuando extend\u00eda las cartas para formar un mandala o la cruz celta, juro que la m\u00fasica de las esferas se convert\u00eda en el dulce aullido de la eternidad. Llegamos a Coyoac\u00e1n. Cruzamos lagunas de palomas y saludamos a Moy, el mimo parlante. En el Parnaso, los se\u00f1ordones le\u00edan a Bufalino, le\u00edan a Kundera o comentaban pel\u00edculas de Tarkovski mientras beb\u00edan litros de caf\u00e9 car\u00edsimo y requemado. \u00bfYa vieron <em>Batman Forever<\/em>?, les preguntamos, y ellos se nos quedaron viendo como si fu\u00e9ramos retrasados mentales. Entonces entramos al reino multicolor de las carcajadas. Compartimos nuestra tarde con perros flacos y vagabundos milenarios mientras arriba, en el cielo, los ej\u00e9rcitos de la lluvia pasaban lista. De pronto comenz\u00f3 la guerra: primero fueron unas pocas gotas que sucumbieron a la sed del pavimento, peones sacrificados por el rencoroso dios que invent\u00f3 el agua. Poco despu\u00e9s los alfiles y las torres; el chubasco, el aguacero, la tormenta a cubetadas sobre el paraguas violeta de Saint Germain que no pod\u00eda cubrirnos a los cuatro. Varios personajes de David Lynch danzaban en trance bajo la lluvia. Sus bocas emit\u00edan graznidos y sus afiladas manos de faquir lanzaban piedras hacia el cielo: que llueva, que llueva, la virgen de la cueva. Corrimos a la librer\u00eda sacudi\u00e9ndonos el agua y la mala suerte. Ah\u00ed vimos postales, libros de magia blanca y magia negra. Ah\u00ed hojeamos algunos c\u00f3mics: <em>Las aventuras er\u00f3ticas de Wozzek, el perro individual, El Senador Dupont visita Sarajevo, Psiquiatram\u00e1n contra el Mono Gram\u00e1tico y los Hijos del Limo<\/em>. El agua se encharcaba dentro de nuestros tenis para luego evaporarse en tufos agridulces. \u00bfPor qu\u00e9 en el Parnaso no venden libros de Clive Barker?, pregunt\u00f3 Victoria, y los se\u00f1ordones, alarmados, ocultaron su asco enfocando sus redondas gafas en las p\u00e1ginas culturales de <em>La Jornada<\/em>. Muri\u00f3 Cior\u00e1n. \u00bfY ese qui\u00e9n es?, pregunt\u00e9 yo; fue entonces cuando los se\u00f1ordones nos echaron a patadas de la librer\u00eda. Muy mojados llegamos a Sanborns. El Demonio de Tasmania recorr\u00eda sus dominios con pasos firmes y mirada de halc\u00f3n. Un men\u00fa estilo colonial con precios de tres o cuatro cifras aguardaba debajo de su brazo. El restaurante estaba a reventar: refugiados de la guerra que sacud\u00edan sus destartalados paraguas junto a las mesas. \u00bfCu\u00e1ntas personas?, nos pregunt\u00f3 cordial el Demonio de Tasmania. Uno, dos, tres, cuatro; somos cuatro, dijo Celso. \u00bfFumar o no fumar? Es igual. Por aqu\u00ed, y lo seguimos a trav\u00e9s de las conversaciones y las risas de los distinguidos comensales. Una mesa bien iluminada, pinturas del siglo XVIII en las paredes, ruido moderado y el movimiento eficaz de las meseras, preocupadas por ganarse una buena propina, pero m\u00e1s preocupadas a\u00fan por cumplir correctamente con el deber ante los ojos de su estricto capataz el Demonio de Tasmania. Y vimos el men\u00fa concienzudamente, aunque de entrada sab\u00edamos que s\u00f3lo \u00edbamos a tomar caf\u00e9. Cuando sea rico voy a pedir un c\u00f3ctel grande de camarones, dije yo; cuando consiga trabajo voy a pedir una carne a la tampique\u00f1a, repuso Venus. Y llegaron los caf\u00e9s y los probamos en silencio. Las cucharitas estaban quietas encima de la mesa, el calor evaporaba el agua de nuestros cuerpos, mientras all\u00e1 afuera la lluvia segu\u00eda trastornando el sopor de las flores. \u00bfEntonces qu\u00e9?, pregunt\u00f3 Venus, y todos se me quedaron viendo como si estuviera a punto de contarles un chisme de los gordos, de esos que se paladean a solas mientras el gato Chester nos presta su sonrisa de Gioconda\u2026 \u00bfEntonces qu\u00e9 de qu\u00e9?, le dije fingiendo no saber, fingiendo estar pensando en otra cosa, como si el ansioso animal no estuviera a punto de salirse de la negra bolsa de cuero donde lo guardaba; como si ninguno de los presentes supi\u00e9ramos que la Hora de la Verdad hab\u00eda llegado, puntual como la hoja de una guillotina. \u00bfEntonces qu\u00e9 con el tarot? \u00a1Ah claro\u2026 el tarot! Y as\u00ed comenz\u00f3 el rito: sacar al animal de su bolsa, extender el min\u00fasculo tapete donde se ir\u00e1n colocando las cartas. Hacer la sopa c\u00f3smica, el caos primordial donde se mezclan los arcanos mayores y los arcanos menores. A ver Venus, corta en tres con tu mano izquierda. Dedos temblorosos, ojos de animal acu\u00e1tico. La tirada m\u00e1s ortodoxa es la cruz celta, sobre todo si es la primera lectura. Coloca una carta aqu\u00ed, y Venus sac\u00f3 el dos de pent\u00e1culos al rev\u00e9s. Eres g\u00e9minis \u00bfverdad? \u00bfC\u00f3mo lo sabes? Porque t\u00fa me lo dijiste el otro d\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 tarado eres! Ahora pon una carta que cruce a la primera: la Sacerdotisa, el diez de bastos en la base, la Luna en el pasado reciente. El asombro y la sorpresa se instalaron con nosotros tomados de la mano. El tres de espadas en el destino, esto se est\u00e1 poniendo bueno. Victoria y Celso miraban las cartas respetuosamente. Celso pensaba en el siete de copas, su carta favorita: el hombre pasmado que ve castillos en el aire. Yo o\u00ed cuchicheos en la mesa de junto, las meseras pasaban y nos miraban de reojo. Venus sac\u00f3 otra carta: el as de copas, el Esp\u00edritu Santo montado en su paloma, el desenfrenado amor de Dios por todas y cada una de sus criaturas. Entonces ocurri\u00f3\u2026 Fue como un eclipse total, como la funesta noticia que arruina sin remedio un noche de bodas. Fue la voz del Demonio de Tasmania a doscientos metros de altura: recojan esas cartas inmediatamente. Nos quedamos inm\u00f3viles, nuestras cuatro miradas formaban un enorme signo de interrogaci\u00f3n. \u00bfPero por qu\u00e9? Porque aqu\u00ed no es sal\u00f3n de juegos. Pero esto no es un juego. No me importa, el reglamento lo prohibe. La discusi\u00f3n dur\u00f3 diez eternos minutos y de nada sirvieron amenazas ni s\u00faplicas. Es que usted no entiende. Los que no entienden son ustedes, guarden esas cartas, guarden esas cartas, guarden esas cartas, repet\u00eda el Demonio de Tasmania como un incorruptible robocop de pilas. Oiga se\u00f1or Capit\u00e1n, \u00bfno quiere que le tire el tarot?, aventur\u00e9 a decir como \u00faltimo recurso. El Demonio de Tasmania pel\u00f3 los ojos y me mir\u00f3 como si le estuviera proponiendo matrimonio. \u00a1Yo no creo en esas cosas! \u00bfY si no cree entonces por qu\u00e9 le da tanto miedo?, pregunt\u00f3 Victoria. \u00a1No tengo miedo! Si no guardan las cartas, llamar\u00e9 a seguridad para que los echen y punto. \u00bfQu\u00e9 pod\u00edamos hacer? El caf\u00e9 se hab\u00eda enfriado, los comensales de las mesas vecinas nos miraban como si fu\u00e9ramos los \u00faltimos habitantes de un zool\u00f3gico inconcebible. Guard\u00e9 el tarot silenciosamente. Pedimos la cuenta. Venus, Victoria, Celso y yo caminamos con pies de plomo rumbo a la salida, rumbo a la lluvia, rumbo a la nada metaf\u00edsica. Buenas noches Universo, que sue\u00f1es con los angelitos.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s volvimos a vernos. Luego me enter\u00e9 que Venus se hab\u00eda casado con un vendedor de seguros y que era madre de dos sonrosados querubines. Victoria recibi\u00f3 el premio Nobel de literatura, desde entonces se dedica a firmar aut\u00f3grafos y a dar conferencias. Celso desapareci\u00f3 en el tri\u00e1ngulo de las Bermudas, aunque ahora su estatua adorna casi todas las avenidas y parques de la ciudad. Yo, en cambio, me dedico a recorrer el mundo en una bicicleta sin ruedas. No he vuelto a tocar el tarot.<\/p>\n<p>Imagino al Demonio de Tasmania regresando a su departamento despu\u00e9s de una ardua jornada de trabajo. Se quita los zapatos, afloja su corbata color perla y se echa un pedo. \u00a1Vaya d\u00eda! Hoy humill\u00f3 a tres meseras, hizo llorar de rabia a un cocinero y despidi\u00f3 a un lavaplatos analfabeta. El Demonio de Tasmania se prepara un whisky, enciende el televisor y coloca en la video su pel\u00edcula porno favorita: <em>El Enano y las siete Blancanieves<\/em>. Luego se prepara otro whisky y otro whisky y otro whisky hasta quedarse dormido. De pronto se desgajan los muros y por las grietas aparecen los arcanos mayores. Afuera, la Luna recorre el cielo en una silla de ruedas. El Mago arranca un rayo de las nubes y lo clava en medio de los ojos dormidos del Demonio de Tasmania: \u00a1toma peque\u00f1\u00edn, pesadillas para el resto de tus noches! La Rueda de la Fortuna tritura los animalitos de cristal, y ahora te aplastar\u00e9 los callos. El le\u00f3n escapa de las manos de la Fuerza y destroza los sillones con sus zarpas. El Diablo le llena de plastilina las cavidades del coraz\u00f3n mientras el Loco, armado con un popote, le sorbe el cerebro al Demonio de Tasmania quien no puede despertar, pues el \u00e1ngel de la Templanza le ha cosido los p\u00e1rpados con los hilos del arcoiris. La Justicia pesa el vac\u00edo con su balanza: nada igual a nada; v\u00e1monos de aqu\u00ed muchachos, este pobre individuo no tiene remedio. Los arcanos mayores salen en fila india del departamento. Antes de alejarse, la Muerte coloca una cucaracha viva debajo de la lengua del demonio de Tasmania: \u00e9ste es tu postre, polluelo, ojal\u00e1 lo disfrutes mucho.<br \/>\nImagino a los bomberos rompiendo la puerta dos semanas despu\u00e9s y encontrando el cad\u00e1ver podrido del Demonio de Tasmania. Pero s\u00e9 que la realidad ser\u00e1 otra y no necesito ning\u00fan tarot para adivinarla: ma\u00f1ana temprano, el Demonio de Tasmania llegar\u00e1 al Sanborns, puntual como siempre. Ser\u00e1 capit\u00e1n de meseros por el resto de su vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos cuentos extra\u00f1os de Ricardo Bernal (1962), elusivo narrador mexicano.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13189,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,25,186,198,3050,2855,360,362,3049,476,521],"class_list":["post-211","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-escritores","tag-escritores-raros","tag-escritores-mexicanos","tag-la-venganza-del-animal","tag-literatura","tag-literatura-fantastica","tag-literatura-mexicana","tag-madre-amorosa","tag-ricardo-bernal","tag-textos-que-no-estaban-en-la-red"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2007\/07\/bernal_7.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3p","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/211","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=211"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/211\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17051,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/211\/revisions\/17051"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13189"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=211"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=211"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=211"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}