{"id":181,"date":"2007-04-10T04:33:43","date_gmt":"2007-04-10T10:33:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=172"},"modified":"2016-10-26T10:24:28","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:28","slug":"los-ultimos-paseantes-vertigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-ultimos-paseantes-vertigo\/","title":{"rendered":"Los \u00faltimos paseantes: V\u00e9rtigo"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\">&nbsp;<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/vertigo.jpg\" alt=\"Cell\" \/><br \/>\n<br \/><em>W. G. Sebald, <\/em>V\u00e9rtigo<em>.<br \/> Barcelona, Debate, 2002.<\/em><\/div>\n<p>Muerto en 2001, cuando comenzaba a ser considerado uno de los grandes novelistas de occidente, Winfred Georg Sebald naci\u00f3 en 1944 en un pueblito alem\u00e1n que aparece constantemente en sus novelas, pero s\u00f3lo identificado con la letra <em>W<\/em>.<!--more--> El misterio del sitio real, y de cuanto lo rodea en los libros de Sebald, se ahonda porque el personaje que lo visita o lo recuerda &#8211;y cuyo nombre es tambi\u00e9n W. G. Sebald&#8211; se dedica, a lo largo de casi toda la obra del escritor, a referir historias aparentemente autobiogr\u00e1ficas, llenas de referencias a hechos del pasado que se enuncian con enorme seguridad pero, de pronto, pasan de la descripci\u00f3n a la reminiscencia o al delirio; adem\u00e1s, las historias vienen ilustradas con numerosas fotograf\u00edas y recortes de origen incierto: un pasaporte parcialmente censurado, un diagrama indescifrable, la fotograf\u00eda de una tumba m\u00faltiple en la que apenas pueden leerse los nombres&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D\u00f3nde acaba la realidad y d\u00f3nde comienza la ficci\u00f3n es una pregunta habitual entre los lectores de ahora, pero la respuesta acostumbra ser trivial: la mayor\u00eda de los libros que la plantean entienden la novela como sucursal del periodismo amarillo o cuando mucho del art\u00edculo de opini\u00f3n. En cambio, Sebald coloca en el centro de todos sus textos &#8211;y en especial de <em>V\u00e9rtigo<\/em>&#8212; el hecho ineliduble (para muchos intolerable) de que la realidad <em>objetiva<\/em>, si tal cosa existe, est\u00e1 perpetuamente fuera de nuestro alcance. Disponemos de la \u00abevidencia\u00bb de nuestros sentidos, pero adem\u00e1s de ser insuficiente est\u00e1 subordinada a innumerables influencias externas, a las que se agregan (para peor) las distorsiones de los prejuicios y la distracci\u00f3n y luego los vaivenes del alma, las veleidades del horror y de la belleza. Un gran tema de <em>V\u00e9rtigo<\/em> es la inestabilidad del mundo en que existimos y las alteraciones que pueden asomar en \u00e9l (en nuestra imagen de \u00e9l, en nuestra vida en \u00e9l) cuando menos se espera: el conjunto de los trastornos del esp\u00edritu, nacidos de la memoria y del encuentro con las cosas, que pueden transformar el paseo m\u00e1s sosegado en un viaje de descubrimiento de la fragilidad humana, tan imposible de vencer &#8211;tan <em>real<\/em>&#8212; que procuramos negarla casi en todo momento o encubrirla de maneras innumerables.<\/p>\n<blockquote><p>Saliendo del edificio del consulado, con el documento de mi libertad de movimientos reci\u00e9n expedido en la cartera, decid\u00ed caminar un par de horas por las calles de Mil\u00e1n antes de seguir viajando, aunque por supuesto hubiera podido pensar que un proyecto de semejantes caracter\u00edsticas en una ciudad tal, atestada del tr\u00e1fico m\u00e1s espantoso, no suele conducir a nada m\u00e1s que a un vagar desabrido y una tortura interminable. Aquel 4 de agosto de 1987, baj\u00e9 la Via Moscova pasando por S. Angelo, atraves\u00e9 los Giardini Pubblici recorriendo la Via Palestro hasta adentrarme en la Via Marina; por la Via Senato y la Via della Spiga a trav\u00e9s de la Via Ges\u00fa, anduve un trecho a lo largo de la Via Monte Napoleone, de la Via Alessandro Manzoni, por la que finalmente llegu\u00e9 a la Piazza della Scala, desde donde me dirig\u00ed a la plaza de la Catedral. En el interior de la catedral, permanec\u00ed un tiempo sentado, me desat\u00e9 los cordones de los zapatos y recuerdo con una claridad a\u00fan intacta que de golpe ya no sab\u00eda d\u00f3nde estaba. Pese a un esfuerzo \u00edmprobo por rendirme cuentas sobre el transcurso de los \u00faltimos d\u00edas que me hab\u00edan tra\u00eddo hasta aqu\u00ed, de repente ya no era capaz de decir si segu\u00eda formando parte del mundo de los vivos o ya me hallaba detenido en alg\u00fan otro lugar. Esta par\u00e1lisis de mi memoria tampoco cambi\u00f3 cuando sub\u00ed a la galer\u00eda m\u00e1s alta de la catedral, desde donde, bajo una sensaci\u00f3n peri\u00f3dica de v\u00e9rtigo, examin\u00e9 el panorama oscurecido por el vapor que pesaba sobre la ciudad que se me hab\u00eda vuelto extra\u00f1a por completo. Donde la palabra Mil\u00e1n hubiese tenido que aparecer no despertaba sino un reflejo doloroso de incapacidad. Como una alegor\u00eda amenazante de la oscuridad que se expand\u00eda en mi interior, una pared inmensa de nubes al oeste ya usurpaba la mitad del cielo, extendiendo sus sombras sobre lo que parec\u00eda un interminable mar de casas. Se levant\u00f3 un fuerte viento y tuve que detenerme para poder mirar hacia abajo, donde la gente se mov\u00eda sobre la piazza con una extra\u00f1a inclinaci\u00f3n, como si cada uno de ellos se precipitara en pos de su fin. Corred presurosos ante el viento, se me pas\u00f3 por la cabeza, y al mismo tiempo me sobrevino el pensamiento salvador de que las ajetreadas figuras que all\u00ed abajo cruzaban el pavimento en todas las direcciones no pod\u00edan ser sino aut\u00e9nticos milaneses y milanesas.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos corrientes paralelas, y que jam\u00e1s se re\u00fanen de manera expl\u00edcita, forman la novela: los viajes del profesor Sebald, que poco a poco terminan por llevarlo hasta su pueblo natal, y los viajes de otros dos escritores, Stendhal y Kafka, enmascarados el primero en su nombre real (Henri Beyle) y el segundo en una narraci\u00f3n que se vuelve cada vez m\u00e1s on\u00edrica, m\u00e1s aparentemente irreal, sin falsear pese a ello un solo hecho de la biograf\u00eda del escritor. La memoria y la melancol\u00eda unen a estos tres personajes\/escritores\/personas\/m\u00e1scaras, que existen en diversos lugares y tiempos de una Europa descrita, en todos sus detalles naturales y humanos, con una exactitud y una riqueza impresionantes. Pero tambi\u00e9n los re\u00fane el hecho de que son paseantes: observadores <em>desde afuera<\/em> de una existencia en la que no se insertan del todo &#8211;al contrario de la mayor\u00eda de nosotros, que somos tan s\u00f3lo piezas diminutas de la m\u00e1quina social, existimos para cumplir nuestras funciones y no percibimos ni pensamos sino lo estrictamente necesario&#8211;. Esa dislocaci\u00f3n les permite comprender lo que ven de otra manera, y se\u00f1alar sus contradicciones m\u00e1s all\u00e1 de la oposici\u00f3n habitual entre realidad y representaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Susan Sontag, <a href=\"http:\/\/www.herreros.com.ar\/melanco\/sontag.htm\" target=\"_blank\">en relaci\u00f3n con <em>V\u00e9rtigo<\/em><\/a>, escribi\u00f3:<\/p>\n<blockquote><p>\u00bfEs todav\u00eda posible la grandeza literaria? Ante la decadencia implacable de la ambici\u00f3n literaria, la convergente ascensi\u00f3n del desgano, la verborrea y la crueldad insensible como asuntos normativos de la ficci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda en la actualidad un proyecto literario centrado en la nobleza? La obra de W. G. Sebald es una de las pocas respuestas disponibles a los lectores (&#8230;)<\/p><\/blockquote>\n<p>A juzgar por c\u00f3mo el desgano, la verborrea y la crueldad son virtudes elogiadas por la mayor\u00eda de nuestros lectores y cr\u00edticos, Sebald seguir\u00e1 siendo, entre nosotros, un autor exc\u00e9ntrico: no un \u00abraro\u00bb porque se le celebra, porque se le considera parte del canon y de las \u00abcorrientes principales\u00bb de la literatura, pero s\u00ed un talento tan inalcanzable como la realidad a la que decimos rendir culto. En todo caso, libros como \u00e9ste son de los pocos que podr\u00edan producir algo semejante al s\u00edndrome de Stendhal: el trance &#8211;vertiginoso, por supuesto&#8211; que algunas personas sufren cuando se saturan de la belleza del arte, a la vez <a href=\"http:\/\/www.letraslibres.com\/index.php?num=46&amp;sec=3&amp;art=10596\" target=\"_blank\">representaci\u00f3n y realidad<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; W. G. Sebald, V\u00e9rtigo. Barcelona, Debate, 2002. Muerto en 2001, cuando comenzaba a ser considerado uno de los grandes novelistas de occidente, Winfred Georg Sebald naci\u00f3 en 1944 en un pueblito alem\u00e1n que aparece constantemente en sus novelas, pero s\u00f3lo identificado con la letra W.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[14],"tags":[5,25,191,1821,2855,10,567,1813,1814],"class_list":["post-181","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-clasificar","tag-el-libro-del-mes","tag-escritores","tag-escritores-en-lengua-alemana","tag-libros","tag-literatura","tag-novela","tag-resenas","tag-vertigo","tag-w-g-sebald"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2V","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=181"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/181\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5981,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/181\/revisions\/5981"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}