{"id":17410,"date":"2026-06-23T22:31:03","date_gmt":"2026-06-24T04:31:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17410"},"modified":"2026-06-23T22:31:03","modified_gmt":"2026-06-24T04:31:03","slug":"por-entre-piedras-aguas-lloran-monique-malcher-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/por-entre-piedras-aguas-lloran-monique-malcher-cuento\/","title":{"rendered":"Por entre las piedras las aguas lloran"},"content":{"rendered":"<p>La escritora brasile\u00f1a <a href=\"https:\/\/pt.wikipedia.org\/wiki\/Monique_Malcher\">Monique Malcher<\/a> (Santar\u00e9m, 1988) es tambi\u00e9n periodista, antrop\u00f3loga y artista visual. En 2021, su libro <em>Flor de Gume<\/em> (2020) gan\u00f3 el Premio Jabuti en la categor\u00eda de cuento; en 2025 el libro apareci\u00f3 en M\u00e9xico con el t\u00edtulo de <em>Flor de Filo<\/em>, en traducci\u00f3n de Sukemi Berm\u00fadez Callejas, y de esa traducci\u00f3n proviene \u00abPor entre las piedras las aguas lloran\u00bb. Esta narraci\u00f3n, escrita en un estilo l\u00edrica y contemplativo que caracteriza a todo el libro, habla sin embargo de una violencia persistente y dolorosa, que no se soluciona pero tampoco se olvida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una nota: <em>igarap\u00e9<\/em> es la forma tradicional amaz\u00f3nica de nombrar a los riachuelos o arroyos.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17411\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/por-entre-piedras-aguas-lloran-monique-malcher-cuento\/moniquemalcher\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher.webp\" data-orig-size=\"860,1075\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"MoniqueMalcher\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher-819x1024.webp\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher.webp\" alt=\"\" width=\"860\" height=\"1075\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17411\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher.webp 860w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher-240x300.webp 240w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher-819x1024.webp 819w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher-320x400.webp 320w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher-640x800.webp 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 860px) 100vw, 860px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>POR ENTRE LAS PIEDRAS LAS AGUAS LLORAN<br \/>\nMonique Malcher<\/strong><\/p>\n<p>No voy a morir, voy a matar. La escopeta en la mano pesaba menos que las ganas de no empu\u00f1arla. Mientras arreglaba las botellas ca\u00eddas, me mostraba la espalda y mi mirada se encend\u00eda en la oscuridad de los dolores. Mis m\u00fasculos, todav\u00eda tan peque\u00f1os, se iban acostumbrando sin temblar. Ajust\u00e9 el arma y sent\u00ed que tiraba en su cabeza, sin fallar, y los p\u00e1jaros volaban en bandada por el susto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfVas a tirar o no? \u00bfHija? \u2014mientras hablaba suave, intent\u00f3 mostrar un cari\u00f1o que nunca tuvo\u2014 Tienes que saber defenderte, ni\u00f1a \u2014ri\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llor\u00e9 mucho. Aquel d\u00eda, \u00e9l me presion\u00f3. Tener el poder de matar sin necesidad era algo que satisfac\u00eda mucho su ego. Mat\u00e9 un armadillo, comimos el animal asado, fue la peor comida que he tenido, no por el armadillo, sino por todo lo que significaba. Engull\u00eda mi rabia a cada pedazo del animal que entraba en mi boca. Ten\u00eda nueve a\u00f1os y nunca me hab\u00edan introducido al tema muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esa \u00e9poca, mi pap\u00e1 viv\u00eda del dinero de una se\u00f1ora rica, que cre\u00eda locamente en \u00e9l. Despu\u00e9s vinieron otras \u00e9pocas en que la fuente se sec\u00f3. Con el dinero de la se\u00f1ora, \u00e9l, como magn\u00edfico estafador-emprendedor, compr\u00f3 una peque\u00f1a finca en Ponta de Pedras, una ciudad peque\u00f1a y muy bonita en el interior de Par\u00e1. No ten\u00eda agua entubada todav\u00eda, tampoco ten\u00eda prisa, era un lugar a donde \u00e9l s\u00f3lo iba el fin de semana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nada de lo que consegu\u00eda duraba mucho, siempre prestaba dinero y no pagaba o enga\u00f1aba a la hija de alguien. Yo siempre estaba conociendo lugares diferentes y pasando por los m\u00e1s diversos tipos de situaciones, algunas muy peligrosas. Era un hombre que ten\u00eda su simpat\u00eda, no era guapo, pero era comunicativo. Siempre eleg\u00eda involucrarse con mujeres viejas o que ten\u00edan hijos y daba la impresi\u00f3n de disminuirme frente a ellas. Sab\u00eda crear el abismo para evitar su propia ruina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando viaj\u00e1bamos, le gustaba contar la historia de cuando su padrastro puso una pistola en la boca de su abuelita. Lloraba un poquito, pero era f\u00e1cil darse cuenta de que le daba placer detallar c\u00f3mo qued\u00f3 paralizada. Por lo general, contaba esas historias despu\u00e9s de que me hac\u00eda algo malo a m\u00ed y a mam\u00e1, como si tuvi\u00e9ramos que sentir pena por \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jo\u00e3o. Nunca pude salir con un hombre que se llamara igual. Mi pap\u00e1 era de esas personas que siempre repet\u00eda sus historias de infancia. \u00abNunca olvidar\u00e9 las veces que mi padrastro me golpeaba en el igarap\u00e9. \u00bfC\u00f3mo era capaz?\u00bb, dec\u00eda, casi lagrimeando. Y un d\u00eda en la finca hizo lo mismo conmigo y nunca m\u00e1s dej\u00f3 de hacerlo. Sent\u00eda mucho placer mientras lo hac\u00eda, se pod\u00eda ver c\u00f3mo se retorc\u00eda maravillado con mis gritos, que se mezclaban con la partida de futbol en la radio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de oscurecer, era necesario hacer un sendero que daba al igarap\u00e9, era la \u00fanica forma de ba\u00f1arse. Una caminaba de veinte minutos. Al regreso, llevaba dos baldes para lavar la loza y lavarme por la ma\u00f1ana. El igarap\u00e9 era triste, sent\u00eda que all\u00ed era un agujero con l\u00e1grimas de una mujer gigante que yo ve\u00eda en sue\u00f1os durante las noches que pasaba en la estancia. Ella me llamaba, quer\u00eda decirme algo al o\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando andaba en bicicleta, a la carrera por la callecita de arena y grava, parec\u00eda que ella me empujaba riendo, y yo sab\u00eda que nuestro coraz\u00f3n lloraba igual, dentro de la selva cerrada. Me frotaba con sebo de holanda para curar el dolor de piernas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al lado opuesto de la hoguera, mi padre, que avivaba el fuego, pensaba dominar la naturaleza, pero ella estaba dentro de mis entra\u00f1as, est\u00e1bamos en conversaci\u00f3n directa. Y la mujer gigante bailaba girando la falda en las brasas, soplando ideas y fuerzas que una ni\u00f1a jam\u00e1s deber\u00eda necesitar tener. En el igarap\u00e9 ella lloraba para producir el agua que me ba\u00f1aba a m\u00ed y a tantas ni\u00f1as no sab\u00edan hasta cu\u00e1ndo tendr\u00edan que vivir algo as\u00ed, \u00bfcu\u00e1nto tiempo aguantaba el dolor? Me zambull\u00eda, glu, glu, glu, tan triste e inundada de odio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era una ni\u00f1a que quer\u00eda cambiar el curso del mundo, al menos del m\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pap\u00e1 me llevaba a la estancia siempre que quer\u00eda castigar a mi madre, porque era su derecho estar conmigo, derecho escrito qui\u00e9n sabe por qui\u00e9n. Nunca me preguntaron si yo quer\u00eda estar con \u00e9l. Despu\u00e9s de un tiempo, yendo casi todos los fines de semana, conoc\u00ed a Luzia, una se\u00f1ora bajita, con olor a Pachuli, me recordaba a mi abuela, madre de mi madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luzia cantaba muy afinada. Com\u00edamos pescado con las manos y ella despiojaba mi cabeza. Ella ten\u00eda una hija, Dalila, tan cari\u00f1osa y graciosa, diferente de mis compa\u00f1eros de la escuela. Y yo amaba esa mitad de la finca tan profundamente con las bellezas en el r\u00edo. A veces, lloraba y Luzia me preguntaba:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3, peque\u00f1a? \u2014levantaba mi ment\u00f3n\u2014 No vale la pena llorar tanto \u2014me aconsejaba, con sentimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En mi pecho, una cadena de cuentas para protegerme. Un regalo bonito. Y, a veces, se regresaba riendo a su casa, algo adentro de mi coraz\u00f3n dec\u00eda que frente a casa me esperaban mi padre y un cintur\u00f3n. Azotaba la rabia que sent\u00eda por las mujeres en mi espalda, quedaba derrotada de rodillas, mirando la escopeta apoyada en la pared, quer\u00eda tomarla de nuevo, esta vez para acertar al animal correcto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vendi\u00f3 la finca y nunca m\u00e1s me sub\u00ed a una bicicleta, volv\u00ed al igarap\u00e9 o abrac\u00e9 a la se\u00f1orita Luzia. La muchacha del igarap\u00e9 lloraba, cosiendo su falda. El dolor se volvi\u00f3 una vela derriti\u00e9ndose en el plato y endureci\u00e9ndose al derramarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A mis diez a\u00f1os recib\u00ed una visita en sue\u00f1os. Salud\u00e9 a la primera mujer que llor\u00f3 en las aguas y la finca se hundi\u00f3 entre las piedras, que ten\u00edan puntas como lanzas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escritora brasile\u00f1a Monique Malcher (1988) cuenta una historia de recuerdos dolorosos y violentos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17411,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Lo nuevo en Las Historias es \"Por entre las piedras las aguas lloran\": un cuento sobre violencia y memoria de la escritora brasile\u00f1a Monique Malcher.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,188,1621,2855,3550,3552],"class_list":["post-17410","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-brasilenos","tag-escritores-en-portugues","tag-literatura","tag-monique-malcher","tag-por-entre-las-piedras-las-aguas-lloran"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/MoniqueMalcher.webp","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4wO","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17410","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17410"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17410\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17417,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17410\/revisions\/17417"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17411"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17410"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17410"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17410"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}