{"id":17397,"date":"2026-06-04T13:56:41","date_gmt":"2026-06-04T19:56:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17397"},"modified":"2026-06-04T13:56:41","modified_gmt":"2026-06-04T19:56:41","slug":"pais-aventuras-cuento-carlos-martin-briceno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/pais-aventuras-cuento-carlos-martin-briceno\/","title":{"rendered":"El Pa\u00eds de las Aventuras"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento tremendo en el sentido m\u00e1s puro y visceral de la palabra: <em>causa espanto<\/em>, y lo causa empleando recursos muy sutiles, a partir de una situaci\u00f3n aparentemente banal y sin incluir ning\u00fan elemento sobrenatural. Su autor es el escritor mexicano Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o (M\u00e9rida, 1966), quien es el ganador de numerosos premios literarios, incluyendo el Premio Nacional de Literatura Jos\u00e9 Fuentes Mares 2018, el Premio Internacional de Cuentos Max Aub 2012, el Premio Nacional Beatriz Espejo 2003 y el Premio UADY 2004, adem\u00e1s de una menci\u00f3n de honor en el Premio Nacional de Cuento San Luis Potos\u00ed-INBA (hoy conocido como Premio Nacional de Cuento Amparo D\u00e1vila). Brice\u00f1o es autor de los cuentarios <em>Los m\u00e1rtires del Freeway y otras historias<\/em> (2006\/2008), <em>Ca\u00edda libre<\/em> (2010), <em>Montezuma&#8217;s Revenge y otros deleites<\/em> (2014), De la vasta piel (2017), <em>Toda felicidad nos cuesta muertos<\/em> (2020), <em>El reino de la desesperanza<\/em> (2024) y <em>Los secretos vivos<\/em> (2025), del que proviene \u00abEl Pa\u00eds de las Aventuras\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s de su trabajo como cuentista, Brice\u00f1o ha publicado la novela <em>La muerte del Ruise\u00f1or<\/em> (2017), <em>Viaje al centro de las letras<\/em> (2018) y <em>Cocina yucateca. Cr\u00f3nicas de infancia y recetas de mi madre<\/em> (2024). Es colaborador habitual de los suplementos culturales <em>Laberinto<\/em> de <em>Milenio Diario<\/em> y <em>Confabulario<\/em> de <em>El Universal<\/em> y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17398\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/pais-aventuras-cuento-carlos-martin-briceno\/carlosmartinbriceno1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1.webp\" data-orig-size=\"1024,693\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1.webp\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1.webp\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"693\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17398\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1.webp 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1-300x203.webp 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1-591x400.webp 591w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1-800x541.webp 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL PA\u00cdS DE LAS AVENTURAS<br \/>\nCarlos Mart\u00edn Brice\u00f1o<\/strong><\/p>\n<p>Antes de comenzar \u201cPozos profundos\u201d el hombre cierra el libro y se levanta para cerciorarse de que todo va bien. Ha tra\u00eddo, como cada s\u00e1bado, a su hijo al centro comercial porque aqu\u00ed puede dejarlo durante horas dentro de ese grotesco castillo inflable mientras que \u00e9l se dedica a leer con tranquilidad o a escribir en su <em>laptop<\/em>. Es media ma\u00f1ana, afuera el verano avanza derriti\u00e9ndolo todo: el term\u00f3metro marca cerca de cuarenta grados a la sombra, as\u00ed que el sitio est\u00e1 repleto de familias que deambulan alegremente comiendo chucher\u00edas, admirando los autom\u00f3viles \u00faltimo modelo que se exhiben alrededor de la fuente central, disfrutando del aire acondicionado, aunque sin comprar nada de lo que muestran los aparadores de las lujosas tiendas. Hasta hace unos instantes, a pesar del melanc\u00f3lico saxof\u00f3n de Kenny G., ideal para promover zapatos y bolsos, el hombre se encontraba c\u00f3modamente sentado en un sof\u00e1 minimalista de l\u00edneas elegantes forrado en cuero blanco, absorto en un volumen de relatos de la canadiense Alice Munro. En cierto momento suspendi\u00f3 la lectura para buscar al peque\u00f1o con la mirada y lo ganaron los nervios al darse cuenta de que ni siquiera recordaba c\u00f3mo iba vestido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfVen\u00eda con la camiseta de Snoopy que se empe\u00f1a en usar siempre? \u00bfO trajo alguna de esas calurosas playeras Lacoste que su exmujer le hab\u00eda obligado a comprar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desv\u00eda la mirada y cree descubrir a su hijo agazapado en una esquina del armatoste y le hace se\u00f1as para que se acerque, pero el peque\u00f1o desaparece con rapidez entre los intrincados pasadizos del inflable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No ha cumplido ni cuatro a\u00f1os y ya comienza a joder con sus primeras travesuras, piensa, irritado por haber interrumpido su lectura, ansioso de regresar a los cuentos de la Premio Nobel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los gritos de una pareja que discute sin pudor frente a todo mundo le hacen pensar que, despu\u00e9s de todo, no es tan malo estar solo. De lunes a viernes puede dedicarse a hacer lo que se le venga en gana y solo los s\u00e1bados, cuando asume otra vez el papel de padre, debe despertarse temprano, aguantar los berrinches del peque\u00f1\u00edn y soportar las recriminaciones de su exmujer:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Cuidadito y le pase algo! Nunca te tuve confianza, lo \u00fanico que te interesa son tus est\u00fapidos libros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Suele entreg\u00e1rselo reticente, como si \u00e9l fuese una alima\u00f1a a la que es preferible evitar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Pensar que lo primero que exigi\u00f3 fue el derecho a convivir semanalmente con Santiago!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diez meses despu\u00e9s del divorcio, ganas no le faltan de dejar plantada a su exmujer para ir a echarse unos tragos con sus amigos del taller literario, \u00e9sos a los que envidia tanto por su libertad para hacer con su vida lo que se les antoje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPor qu\u00e9 carajos tiene que cuidarle el sue\u00f1o sabatino al infante mientras que ella se va de paseo y a coger sabr\u00e1 Dios con qui\u00e9n? \u00bfHasta divorciado tiene que seguir siendo su pendejo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vuelve al libro. La prosa amable, precisa, r\u00edtmica de la Munro hipnotiza, lo transporta lejos del desesperante griter\u00edo infantil, catapult\u00e1ndolo hasta la ocre campi\u00f1a canadiense, a una soleada tarde de picnic familiar en un parque natural salpicado de grietas y pozos profundos. Ahora sabe por qu\u00e9 la autora titul\u00f3 el cuento as\u00ed. Ha llegado a la parte en que el hijo menor, un chamaco de la edad del suyo, cae a una hondonada y se quiebra ambas piernas. El padre debe sacarlo sobre sus hombros mientras escucha los lamentos del herido ahogados por los reproches y las amenazas de la esposa. En ese momento el hombre abandona la lectura. La escena del accidente, descrita de manera tan v\u00edvida, lo ha impactado. Siente al mismo tiempo envidia y admiraci\u00f3n por la autora. \u00bfSer\u00e1 capaz de escribir as\u00ed alg\u00fan d\u00eda? Despega la vista del libro y otra vez, entre tanto rapaz que brinca y brinca, no encuentra al suyo. Se pone de pie. Para esta hora el centro comercial se encuentra mucho m\u00e1s concurrido. El olor a palomitas de ma\u00edz que se propaga desde la dulcer\u00eda del cine le despierta el apetito. Mira su reloj y se da cuenta de que ya pasan de las doce. Ni \u00e9l ni Santiago han comido nada. Ya es hora de sacarlo. Un grupo de madres espera con sus hijos a la entrada del castillo, aguardando turno. Mientras se acerca, una inexplicable oleada de temor comienza a invadirlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfY si le pas\u00f3 algo? \u00a1Carajo! \u00bfC\u00f3mo estaba vestido Santiago? \u00bfDe qu\u00e9 color era su playera?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPor qu\u00e9 no es capaz de recordar estas tonter\u00edas, pero s\u00ed tiene en mente la larga lista de nombres de las novelas y autores que se ha propuesto leer?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfSer\u00e1, como dice su ex, que desde su renuncia al trabajo en aquella compa\u00f1\u00eda cervecera para dedicarse de lleno a la literatura ya no le importa nada que no sean las letras?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin dejar de mirar hacia todos lados rodea el castillo de juegos, se asoma a las ventanas, llama en voz alta al hijo, varias personas se le quedan mirando con extra\u00f1eza. Un guardia corpulento de uniforme gris lo observa desde lejos. Parece adivinar su inquietud, pero no se atreve a intervenir. Ansioso, el hombre se acerca a la encargada de cuidar a los ni\u00f1os, una joven menuda de ojos ligeramente rasgados y pelo rojo encendido, cortado al rape, que habla sin cesar por un tel\u00e9fono m\u00f3vil. Se le queda mirando fijamente, su facha le recuerda a Naoko, la protagonista de <em>Tokio blues<\/em>, novela del famoso japon\u00e9s que ley\u00f3 hace poco. Suelta un sonoro buenos d\u00edas, pero la muchacha lo ignora. Lo mismo le hac\u00eda su exmujer; se la viv\u00eda en el celular por supuestas negociaciones de trabajo, hasta que descubri\u00f3 que hablaba con el nuevo esposo de su prima. \u00a1Sabr\u00e1 Dios con cu\u00e1ntos anduvo la cabrona! Finalmente, cuando cae en la cuenta de que la muchacha no va a soltar nunca el celular, la interrumpe:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1orita, \u00bfpuede ayudarme? No encuentro a mi hijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La joven, sin despegar el tel\u00e9fono de su oreja, hace con los dedos \u00edndice y pulgar una se\u00f1al que el hombre interpreta como un \u201cperm\u00edtame\u201d, que lo desespera todav\u00eda m\u00e1s. \u00bfNo se percatar\u00e1 de la gravedad de la situaci\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Instantes despu\u00e9s ella cuelga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se alarme, de seguro est\u00e1 all\u00e1 adentro, nadie sale sin que yo me d\u00e9 cuenta \u2014dice\u2014. \u00bfC\u00f3mo se llama?, \u00bfcu\u00e1ntos a\u00f1os tiene?, \u00bfc\u00f3mo viene vestido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Santiago. Trae una playera azul\u2026 o verde. La verdad no lo recuerdo. Es un ni\u00f1o delgado, tiene el pelo negro y rizado. Va a cumplir cuatro a\u00f1os en diciembre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella lo mira con l\u00e1stima. \u201cOtro de esos despistados a los que les vale madre el hijo.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfReconoce sus zapatos? \u2014La chica se\u00f1ala con el \u00edndice un exhibidor met\u00e1lico donde descansa una veintena de sandalias y tenis diminutos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Todos se parecen! \u00bfC\u00f3mo diablos piensa que voy a encontrar los zapatos que tra\u00eda el enano?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No obstante, echa una r\u00e1pida ojeada al mueble, solo para confirmar que es incapaz de distinguir los de su hijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La muchacha se da por vencida:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se angustie, esp\u00e9reme aqu\u00ed, voy a entrar a buscarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras la encargada se encuentra en el interior del inflable, el hombre comienza a sudar, sus palpitaciones card\u00edacas suben de intensidad, aprieta con fuerza el libro de la Munro entre las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEstar\u00e1 bien? \u00a1Puta madre! Si se accidenta, Mercedes no me lo perdonar\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vuelve a atormentarlo el recuerdo de aquella ocasi\u00f3n en que Santiago, por sus \u201cmalditas distracciones\u201d, como suele decirle su ex, acab\u00f3 en el hospital y por poco pierde un par de dedos. Solo porque las falanges del ni\u00f1o eran diminutas la cosa no pas\u00f3 a mayores. Nunca volver\u00eda a cerrar la puerta del auto sin cerciorarse de que nadie tuviera las manos puestas en ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aparecer\u00e1, no se inquiete \u2014la gruesa voz del guardia, que se ha aproximado, lo trae de vuelta a la realidad\u2014. El domingo pas\u00f3 lo mismo, una ni\u00f1a sali\u00f3 sin que la cuidadora se fijara, la encontraron en el segundo piso, entretenid\u00edsima en la tienda de videojuegos. Nadie se explica c\u00f3mo lleg\u00f3 hasta all\u00ed. Aqu\u00ed entre nos, ese castillo es un peligro, es muy grande, inseguro; ya se lo dije al gerente, tiene demasiados recovecos y meten a un mont\u00f3n de chamacos al mismo tiempo. Todo por atraer m\u00e1s compradores a la plaza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lejos de apaciguarlo, la confidencia lo intranquiliza a\u00fan m\u00e1s. Con frases torpes agradece al guardia su inter\u00e9s y vuelve a poner la vista en la entrada del inflable. En ese momento aparece la encargada, lleva de la mano a un peque\u00f1o que llora escandalosamente. Algunas personas se arremolinan alrededor de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Est\u00e1 sangrando por la nariz! \u2014grita alguien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con el coraz\u00f3n a punto de salir del t\u00f3rax, el hombre se abre paso entre la gente y se acerca, pero cae de nuevo en la desesperaci\u00f3n al notar que, pese al gran parecido con su hijo, el herido no es Santiago. Una mujer obesa se lleva al chamaquito en brazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1\u00bfY mi hijo?! \u2014consternado, se dirige a la muchacha de pelo rojo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La joven permanece unos segundos en silencio, pero al cabo, aunque amable, asegura con firmeza que adentro no hay ning\u00fan ni\u00f1o que se llame Santiago ni que concuerde con la edad y descripci\u00f3n que \u00e9l ha dado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Debe de haber una equivocaci\u00f3n \u2014sentencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre siente calor en su rostro, arquea las cejas, le zumban los o\u00eddos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1\u00bfC\u00f3mo que no est\u00e1 all\u00ed adentro?! \u2014Su voz retumba por encima del fondo musical. Algunas personas lo observan. La joven permanece serena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No insista, se\u00f1or. \u00bfEst\u00e1 seguro de que lo dej\u00f3 aqu\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces grita \u00a1a un lado! al tiempo que empuja a la muchacha con violencia y de un salto intenta entrar al inflable, pero el guardia, que ha estado al pendiente de todo, se interpone. En la mano lleva un bast\u00f3n el\u00e9ctrico que blande amenazadoramente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tranquil\u00edcese, se\u00f1or, puede ocasionar un accidente\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Necesito entrar a buscarlo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya le dijo la se\u00f1orita que no est\u00e1\u2026 \u00a1No me obligue a utilizarlo! \u2014el guardia alza la voz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1D\u00e9jame pasar!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los alrededores del castillo comienzan a llenarse de padres que vociferan:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Det\u00e9nganlo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Es un loco!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No puede hacer eso!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los gritos y las exigencias se multiplican, retumbando en los o\u00eddos del guardia, que no se anima a utilizar el bast\u00f3n. Pero cuando el hombre se le arroja encima, no tiene m\u00e1s opci\u00f3n y lanza una descarga que paraliza al otro. Un murmullo de aprobaci\u00f3n recorre el recinto.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando recobra el sentido, ya lo han esposado. Lo llevan hasta las oficinas administrativas, oblig\u00e1ndolo a sentarse en una silla de aluminio frente al gerente, al guardia que lo noque\u00f3 y a un polic\u00eda robusto y moreno de barba toscamente recortada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuede hablar? \u00bfEst\u00e1 usted bien?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Emite unos balbuceos, no acierta a responder. Hace un esfuerzo para coordinar su mente con la lengua. Cuando por fin lo consigue, pregunta por su hijo. Los tres se miran con desconcierto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alto, blanco, de bigotes y pelo gris\u00e1ceos, el gerente de la plaza toma la palabra. Viste una camisa azul cielo de mangas largas, pantalones de pana y mocasines. Huele a lavanda. Con gran cuidado dice que lamenta mucho haber tenido que usar la fuerza para detenerlo. Sin embargo, para la administraci\u00f3n de la plaza la seguridad de los ni\u00f1os est\u00e1 por encima de cualquier cosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque aturdido, el hombre vocifera iracundo que va a demandarlos y que no se ir\u00e1 a ning\u00fan lado mientras no aparezca su hijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gerente vuelve a tomar la palabra y con una paciencia que por la expresi\u00f3n de su rostro al polic\u00eda se le antoja excesiva, explica que recientemente instalaron c\u00e1maras en el centro comercial y que hace unos minutos, al revisarlas en presencia de la autoridad \u2014se\u00f1ala con un movimiento de cabeza al uniformado que se juega la nariz\u2014, constataron que se le ve a \u00e9l llegar muy temprano, solo, llevando \u00fanicamente un libro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estoy dispuesto a no levantar cargos contra usted \u2014agrega\u2014, siempre y cuando se retire en paz y, por favor, tenga la bondad de no regresar al <em>mall<\/em>. En caso contrario no me va a quedar m\u00e1s remedio que entregarlo a la autoridad para que se haga cargo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tipo est\u00e1 confundido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfC\u00f3mo que entr\u00f3 solo? \u00bfY Santiago? \u00bfC\u00f3mo pueden ser tan hijos de puta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Exige que llamen a su exesposa. Los hombres se hablan en voz baja. Cuchichean. Finalmente marcan al n\u00famero que les pide. Nadie contesta. Lo intentan de nuevo. Tampoco obtienen respuesta. Abren el micr\u00f3fono para que escuche: \u201cEl n\u00famero que usted marc\u00f3 no existe, favor de verificarlo.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No existe! \u2014exclama el hombre, elevando la mirada al techo. En su frente aparecen algunas arrugas al tiempo que su rostro se ensombrece.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los dem\u00e1s se miran entre s\u00ed, extra\u00f1ados. En segundos ha pasado de la furia al abatimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Resignado, como si no hubiera nadie m\u00e1s en esa oficina blanca, tan profusamente iluminada que parece sala de hospital, el hombre agacha la cabeza, cierra los ojos, hurga en su memoria y escarba en ese territorio del que cada vez parece saber menos por causa de los antidepresivos, y regresa, una vez m\u00e1s, a la aciaga hora en que su exmujer fue internada en la cl\u00ednica por culpa suya; al amargo momento del sepelio en que, desolado, a punto del derrumbe, entreg\u00f3 como aut\u00f3mata el cuerpo de su hijo al fuego crematorio; a la ma\u00f1ana fat\u00eddica en que, sin autorizaci\u00f3n de la madre, decidi\u00f3 llevar a Santiago al Pa\u00eds de las Aventuras, aquella feria situada en las afueras de la ciudad, para que experimentara \u201cla emoci\u00f3n de desafiar la gravedad\u201d en esos novedosos y coloridos trampolines donde el peque\u00f1o, en un instante de euforia, salt\u00f3 con tanta enjundia que cay\u00f3 de cabeza sobre el pavimento y se desnuc\u00f3 ante sus ojos sin que \u00e9l pudiera hacer absolutamente nada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de horror, pero no sobrenatural, del mexicano Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o (1966).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17398,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Un nuevo cuento en Las Historias: \"El Pa\u00eds de las Aventuras\" de Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o. Es una historia tremenda: literalmente, causa espanto.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3549,22,2343,3548,198,2855,467],"class_list":["post-17397","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-carlos-martin-briceno","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-pais-de-las-aventuras","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/carlosmartinbriceno1.webp","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4wB","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17397","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17397"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17397\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17401,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17397\/revisions\/17401"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17398"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17397"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17397"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17397"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}