{"id":17385,"date":"2026-05-31T22:19:07","date_gmt":"2026-06-01T04:19:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17385"},"modified":"2026-06-01T22:34:08","modified_gmt":"2026-06-02T04:34:08","slug":"casa-vecindad-cuento-manuel-payno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/casa-vecindad-cuento-manuel-payno\/","title":{"rendered":"La casa de vecindad"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento es, m\u00e1s precisamente, un cuadro de costumbres: una narraci\u00f3n que se propone retratar con claridad a ciertos personajes de una sociedad. Su autor es <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Manuel_Payno\" target=\"_blank\">Manuel Payno<\/a> (1820-1892), escritor, periodista, diplom\u00e1tico y pol\u00edtico mexicano. Generaciones enteras de alumnos de escuela p\u00fablica fueron obligadas a leer su novela <em>Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo<\/em>, que no est\u00e1 nada mal, por cierto. Pero esa atenci\u00f3n a una sola obra ha oscurecido gran parte del resto de su trabajo literario y <a href=\"https:\/\/sigloxix.iib.unam.mx\/manuel-payno\/\" target=\"_blank\">period\u00edstico<\/a>, que es abundante, de gran inter\u00e9s, con una capacidad extraordinaria para representar el habla popular y, en muchas ocasiones, un humor \u00e1cido y cr\u00edtico. As\u00ed ocurre en \u00abLa casa de vecindad\u00bb: la historia de una pareja de clase media cuando no logra seguir manteniendo sus pretensiones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLa casa de vecindad\u00bb se public\u00f3 en 1842 en la revista <em>El Siglo XIX<\/em>, donde Payno firmaba sus art\u00edculos con el seud\u00f3nimo \u00abYo\u00bb (por eso el texto termina con esa palabra). Despu\u00e9s fue recogido en el libro <em>Costumbres mexicanas <\/em>(1998).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por cierto, en <a href=\"http:\/\/www.elem.mx\/autor\/datos\/3152\" target=\"_blank\">esta p\u00e1gina sobre Payno<\/a> se puede escuchar una muy buena versi\u00f3n en audio de <em>Los bandidos del R\u00edo Fr\u00edo<\/em>. An\u00edmense y (en su caso) dejen atr\u00e1s un trauma de su infancia o adolescencia. (Tambi\u00e9n pueden probar con su novela <em>El fistol del Diablo<\/em>.)<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17386\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/casa-vecindad-cuento-manuel-payno\/paynomanuel\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923.jpg\" data-orig-size=\"750,1126\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Manuel Payno\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923-682x1024.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923.jpg\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"1126\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17386\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923.jpg 750w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923-682x1024.jpg 682w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923-266x400.jpg 266w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923-533x800.jpg 533w\" sizes=\"auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA CASA DE VECINDAD<br \/>\nManuel Payno<\/strong><\/p>\n<p>Esas se\u00f1oras que andan siempre en soberbios land\u00f3s, que van a la comedia, a la \u00f3pera, a las tertulias, deben tener una vida muy agitada. El vivir en una gran casa amueblada lujosamente, el ver la luz al trav\u00e9s de vidrios verdes, el alumbrarse con esperma, el pisar alfombras, el descansar en doradas camas, como que ofende a la miseria de esos pobres que se ven por las calles y apenas tienen unos miserables harapos con que cubrirse. La conciencia no puede estar tranquila. La vida, la vida media es lo que hay: se goza de calma, de tranquilidad: una modesta casita, un ajuar de la calle de la Canoa, pocos criados, y 50, 80, 100 pesos seguros para el puchero, constituyen la felicidad de una familia. Tales eran las razones que con tono melanc\u00f3lico dec\u00eda yo a mi querida Adelaida, razones que encierran a poco que el lector fije su atenci\u00f3n, la m\u00e1s profunda filosof\u00eda, pero de esa filosof\u00eda a que apela el jugador cuando pierde, el pol\u00edtico cuando cae, y el enamorado cuando lo desprecian; de esa filosof\u00eda que nos enga\u00f1a a nosotros mismos, y que constituye una lucha entre los labios y el coraz\u00f3n. Pero con sinceridad o sin ella, yo estaba en el caso de predicar las ventajas de la median\u00eda a mi Adelaida, porque mi posici\u00f3n por una de tantas vueltas que da este p\u00edcaro mundo, me pon\u00eda en necesidad de renunciar a la casa sola, a los vidrios de colores, a los sof\u00e1s de cerda y a decidirme a entrar a esa vida media tan ventajosa y tan dulce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfHas escuchado, Adelaida?\u2026 la vida retirada, una modesta casita. Ponte tu t\u00e1palo y vamos a buscarla esta misma tarde, pues los escribanos, jueces, procuradores, ministro ejecutor y toda la dem\u00e1s honrad\u00edsima gente de esa clase, vendr\u00e1n ma\u00f1ana, y\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adelaida obedeci\u00f3, ech\u00f3 una trist\u00edsima mirada sobre los muebles, floreros y cuadros que adornaban la sala, y bajamos la escalera provistos s\u00f3lo de esas saludables reflexiones. Anduvimos muchas calles, y es excusado decir que dondequiera que ve\u00edamos un papel amarrado a los hierros de un balc\u00f3n (se\u00f1a de que la casa estaba vac\u00eda), entr\u00e1bamos y nos inform\u00e1bamos del precio, piezas que ten\u00eda y dem\u00e1s. Rara anomal\u00eda las mujeres que se casan con el primero que se les presenta, y se echan indistintamente al cuello una cadena de oro, de plata, de cobre o de hierro, las mujeres, digo, que juegan con tanta serenidad el arriesgado albur del matrimonio, son las m\u00e1s dif\u00edciles de contentar cuando se trata de variar de habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esta casa es alegre; pero los balcones dan al norte, y el invierno no se puede tolerar. La otra est\u00e1 situada al oriente y el temperamento debe ser hermoso; pero no puede aguantarse que el aguador y el carbonero entren por la sala. La de m\u00e1s all\u00e1 tiene escalones para bajar a la cocina, la cintura se enferma con esto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi Adelaida era ni m\u00e1s ni menos como todas las de su sexo en este punto; as\u00ed es que sudamos la gota tan gorda, y no pudimos encontrar vivienda proporcionada. La necesidad urg\u00eda, y no quedaba m\u00e1s camino que mudarse a un mes\u00f3n<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Adelaida, en aquel balc\u00f3n hay papel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es verdad, pero la calle es muy fea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nada de eso, paloma m\u00eda; solitaria es lo \u00fanico, mas conviene a nuestra situaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero los ladrones de noche\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No saldremos de noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero el ca\u00f1o\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En cuanto tenga yo dinero mandar\u00e9 al mayorazgo a hacer una atarjea en la calle. Subamos, Adelaida, pues si ma\u00f1ana no nos hemos mudado, los escribanos\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Dios m\u00edo! \u2014murmur\u00f3 Adelaida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Subimos una escalera de dos tramos y muy tendida. Cabal: la escalera no puede ser mejor; est\u00e1 al aire, pero con un paragua; y luego, no todo ha de ser a medida del deseo. A la izquierda hab\u00eda un port\u00f3n pintado de encarnado: \u00a1qu\u00e9 bonito! Seguimos adelante. Su corredor con un macetero, una sala con dos balcones a la calle, asistencia, una recamarita que ni mandada hacer para un matrimonio sin hijos, comedor habitado de despensa y ba\u00f1o, cocina con una hornilla; pero como la familia es reducida y la comida ha de ser sobria, excepto el d\u00eda de San Cipriano, que es el santo de mi nombre, o el de Santa Adelaida; vamos, ni mandada hacer la tal casa; y nos entusiasm\u00f3 hasta el punto de resultar de nuestras comparaciones que era mucho mejor que las de los m\u00e1s h\u00e1biles agiotistas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La noche siguiente a este d\u00eda est\u00e1bamos mi mujer y yo instalados en la nueva casa, y platic\u00e1bamos afirm\u00e1ndonos en la idea de que la industria del pa\u00eds estaba muy adelantada, puesto que los sillones de tule eran m\u00e1s c\u00f3modos que las sillas de cerda sin brazos y cuyo respaldo lastima; las camas pintadas de verde eran, adem\u00e1s de bonitas, c\u00f3modas, pues ciertos insectos no se criaban con la abundancia que en las de madera fina. Las paredes de la casa eran blancas, y a la verdad, dec\u00eda Adelaida que estaban mucho mejor, pues las ara\u00f1as, alacranes y otros animalejos se ve\u00edan bien, cosa que no suced\u00eda en nuestra antigua casa entapizada de papel pintado con un color diplom\u00e1tico o ministerial. \u00a1Qu\u00e9 construcci\u00f3n tan linda de bracero, qu\u00e9 alegr\u00eda en las piezas, qu\u00e9 buena ventilaci\u00f3n, qu\u00e9 excelente vecindad! Embriagados con estas dulces y mentirosas reflexiones, hijas de la necesidad, nos fuimos a acostar; a poco rato mi esposa suspiraba, tos\u00eda, se sonaba; y yo, no sabiendo a qu\u00e9 atribuir esa batahola, le dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Adelaida, \u00bfqu\u00e9 tienes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Algo tienes, d\u00edmelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La verdad, tengo miedo; he o\u00eddo pasos en la azotea, y\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son los gatos, querida: du\u00e9rmete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El di\u00e1logo ces\u00f3 un momento, mas luego continu\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puedo dormir, Cipriano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9, hija m\u00eda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los ratones hacen un ruido furioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En efecto, ma\u00f1ana compraremos una ratonera, o buscaremos un gato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Las pulgas est\u00e1n insufribles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tambi\u00e9n es cierto, pero es casa nueva, ma\u00f1ana cuida de que se barra bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, lo har\u00e9, y evitaremos ese mal; pero las puertas de los balcones est\u00e1n tan mal hechas, que un buey puede entrar por cada hendidura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No hay cuidado, Adelaida: en cuanto llueva esponja la madera y ver\u00e1s c\u00f3mo quedan buenas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esta y otras conversaciones de ese tenor nos entretuvimos alg\u00fan tiempo; pero al fin rezamos dos credos para ahuyentar las tentaciones, y nos dimos la buena noche. Infernal fue por cierto: un terrible aguacero que se colaba por una gotera que parec\u00eda hecha a prop\u00f3sito en l\u00ednea recta a nuestro lecho conyugal, nos despert\u00f3 sobresaltados, o empapados por mejor decir. Adelaida no pudo contenerse, y con las l\u00e1grimas en los ojos me dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me va a dar una fiebre, pues estaba yo sudando a mares.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No te asustes, Adelaida: en Rusia se acostumbra meterse en un temascal, salir de all\u00ed y arrojarse en el agua helada. Pero con cien de a caballo que tienes mucha justicia: la almohada, las s\u00e1banas, el colch\u00f3n, mi camisa, todo est\u00e1 empapado. Protesto a fe de Cipriano, que en cuanto Dios eche su luz al mundo, voy a decirle sentencias al maldito casero. Sea por Dios, hija, lev\u00e1ntate y arrimemos esta cama, y\u2026 Vaya, si todo est\u00e1 hecho una sopa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto es mano de volverse loco, y apelo tambi\u00e9n como en lo de la filosof\u00eda al lector. Si ha despertado de un sue\u00f1o apacible nadando en agua, y ha visto que no le queda m\u00e1s arbitrio que pasar la noche como un perico, fig\u00farese mi aflicci\u00f3n que era doble, pues que ten\u00eda yo que sufrir tambi\u00e9n las penas de mi adorada mitad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaneci\u00f3 el d\u00eda y nosotros p\u00e1lidos, ojerudos de la p\u00e9sima noche: la primer diligencia que hicimos, fue poner a secar en el macetero el colch\u00f3n, las s\u00e1banas y las almohadas, y nos pusimos a desayunar, ya no filosofando, sino maldiciendo la hora infausta en que nos hab\u00edamos mudado a una casa de vecindad; mas en fin, siquiera las vecinas parecen buenas. Comenz\u00e1bamos a hacer la apolog\u00eda de las vecinas, cuando tocaron el port\u00f3n: abr\u00ed, y era una muchachona de enaguas de mascadas, camisa bordada de chaquira negra y zapatos azules; detr\u00e1s de ella sub\u00eda una vieja enlutada, trigue\u00f1a y de recios zapatones; enseguida un cojo con sus muletas, enorme sombrero poblano y dos muchachos sobrinos suyos; luego un ciego m\u00fasico de esclavina parda, y luego un viejecito de calz\u00f3n corto, sombrero tendido y capot\u00f3n negro, que si no era sacrist\u00e1n, era mandatario de alguna cofrad\u00eda o portero de un convento de monjas. Todos eran vecinos y vecinas que iban a dar el parabi\u00e9n a mi mujer de la casa nueva. \u00a1Santo Dios!, poco me falt\u00f3 para ver tan abundante e improvisada concurrencia. Pero no hubo remedio, pasaron a la sala, se sentaron, se les dio cigarro y conversaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo me llamo Barbarita \u2014dijo la muchachona de zapatos azules\u2014: soy casada; pero como mi marido es sargento y est\u00e1 fuera de aqu\u00ed, me sostiene un primo que es portero de una partida de juego de la Alcaicer\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abBueno va el negocio\u00bb, dije para mis adentros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y usted \u00bfc\u00f3mo se llama? \u2014continu\u00f3 la prima del portero, dirigi\u00e9ndose a mi mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me llamo Mar\u00eda Adelaida Camporredondo, para servir a usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y este se\u00f1or \u00bfqu\u00e9 es de usted?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi esposo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Buen mozo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias, se\u00f1ora \u2014dije yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY no ha tenido usted ni\u00f1os?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza!\u2026 \u00bfen qu\u00e9 piensa usted?, pues yo, cada a\u00f1o uno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ay de m\u00ed! \u2014dijo la vieja enlutada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 suspira, do\u00f1a Tiburcia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No he de suspirar, Barbarita, si recuerdo a mi defunto Ger\u00f3nimo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Busque un primo y qu\u00edtese de ruidos \u2014dijo Barbarita\u2014: yo soy muy franca, do\u00f1a Adelaidita, tapat\u00eda al fin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfConque es usted viuda? \u2014dije yo a do\u00f1a Tiburcia, para atajar la conversaci\u00f3n de la lenguaraz tapat\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, se\u00f1or, y tan bueno que era el probe de mi Ger\u00f3nimo, estaba impliado con Nior Jim\u00e9nez en repartir el Tel\u00e9grafo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como que yo lo conoc\u00ed \u2014interrumpi\u00f3 el viejo mandatario\u2014, y s\u00f3lo la madre abadesa de la Encarnaci\u00f3n le ganar\u00e1 en honradez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todito lo que ganaba lo traiba a su familia, y nadita gastaba con otras en la calle, s\u00f3lo que beb\u00eda su traguito de cuando en cuando, pero no cosa de caerse. \u00a1Probecita!, si el dotor que lo cur\u00f3 no hubiera sido tan burro; pero bien me lo dijo el padre fray Jos\u00e9, \u00a1ah, ah!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La vieja se ech\u00f3 a llorar, la tapat\u00eda se ech\u00f3 a reir y yo me mord\u00eda los labios de c\u00f3lera; pero fue necesario escuchar la vida y milagros de todas las vecinas, qui\u00e9nes eran sus maridos, sus novios, qu\u00e9 oficio ten\u00edan y a la hora que entraban y sal\u00edan; hasta que al fin las visitas se retiraron ofreciendo a mi mujer sus bienes, sus auxilios y su amistad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lleg\u00f3 la noche, y rendidos de fatiga nos acostamos, oyendo siempre el roer de los ratones y el galanteo rumboso de centenares de gatos; mas no par\u00f3 aqu\u00ed, que eso hubiera sido nada. Como a las dos o tres de la ma\u00f1ana me despertaron unas carreras en la azotea. Al principio juzgu\u00e9 que era aprensi\u00f3n; pero el latir del coraz\u00f3n de Adelaida y el favor con que invocaba a San Dimas, me convenci\u00f3 de que eran ladrones. Me levant\u00e9, tom\u00e9 mi espada, abr\u00ed el balc\u00f3n y comenc\u00e9 a gritar con todas mis fuerzas;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Sereno!, \u00a1sereno!, \u00a1patrulla!, ladrones, ladrones en la azotea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toc\u00f3 su pito el sereno de la esquina, y despu\u00e9s de media hora se juntaron tres serenos, una patrulla de diez o doce l\u00e9peros, a cuya cabeza ven\u00eda el maestro barbero en uso de las prerrogativas de su empleo de alcalde auxiliar o juez de paz del cuartel, y todos subimos a la azotea sin que faltara el brioso mandatario con una carabina largu\u00edsima y mohosa; y el ciego, aunque no subi\u00f3 a la azotea, cuid\u00f3 de estar con su esclavina parda y su bandol\u00f3n debajo del brazo consolando a mi mujer en su desgracia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 gresca, qu\u00e9 alboroto!, por all\u00ed van: \u00a1fuego!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya cay\u00f3, por aquel corredor se descuelga: \u00a1maldito, ya te conozco!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mandatario tiraba balazos al aire con su escopeta vieja; yo, juzgando ladr\u00f3n a una mocheta de la azotea, le daba sendas cuchilladas, y mi mujer lloraba y maldec\u00eda la menguada hora en que nos hab\u00edamos mudado a una casa de vecindad. Por fin, bajaron los serenos, la ronda, el mandatario y yo, y no vimos ni menos cogimos ladrones algunos que probablemente bajaron incorporados entre la democr\u00e1tica tropa del barbero. Eran las cinco y media de la ma\u00f1ana, y por consiguiente segunda desvelada. Ocho d\u00edas transcurrieron despu\u00e9s de este terrible acontecimiento, sin que hubiera m\u00e1s que notar sino las maldiciones que un vecino que llegaba a las diez y media echaba a la casera porque no le abr\u00eda la puerta, los ingratos ensayos filarm\u00f3nicos de un m\u00fasico de artiller\u00eda que tocaba el serpent\u00f3n desde las diez de la ma\u00f1ana hasta las doce de la noche, la batahola de un carpintero que hab\u00eda dado en la monoman\u00eda de aserrar cuanta tabla encontraba, y dos vidrios de una ventana que rompi\u00f3 un ingenioso muchacho por probar el alcance de su cerbatana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La novena tarde de mi residencia en la casa de vecindad, estaba yo recargado contra el barandal del corredor, contemplando indignado la crueldad de un muchacho que trataba de ahorcar a un perro, cuando sali\u00f3 de un cuarto una mujer con la camisa hecha tiras, la cabeza alborotada, y dando los m\u00e1s lastimeros gritos que he o\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Hija de mi vida, hija de mis entra\u00f1as, yo se lo dec\u00eda a usted do\u00f1a Barbarita, que ese condenado ing\u00fcente y tanta manencia se hab\u00eda de llevar a mi hija Doloritas al camposanto!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Consu\u00e9lese, vecinita \u2014le respondi\u00f3 Barbarita\u2014: Dios quijo llevarse a la muchacha, y ya sabe usted que achaques quere la muerte para llevarse al enfermo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah, ah!, do\u00f1a Barbarita, yo me muero de pesar: \u00a1tan linda, tan g\u00fcera que era mi muchachita, todita a mi compadre, y por eso la quer\u00eda yo m\u00e1s que a Polo\u00f1o y Rafel!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todas las vecinas acudieron a consolar a la madre; pero la madre chill\u00f3 hasta que Dios quiso, y me conmovi\u00f3 al fin, porque las l\u00e1grimas de una madre son capaces de enternecer a las piedras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La noche siguiente observ\u00e9 en el patio una porci\u00f3n de hombres de grandes sombreros con toquillas y chaquetas de plata, y envueltos unos en una manta y otros en un jorongo. El cuarto donde hab\u00eda muerto la criatura estaba iluminado, y el ciego desde su cuarto preludiaba en su bandol\u00f3n un jarabe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya caigo en la cuenta, velorio tenemos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diciendo esto, tocaron la puerta, y la misma madre que lloraba y se mesaba los cabellos la tarde anterior, se me present\u00f3 con unas enaguas de castor encarnado recamado de lentejuelas, un rebozo de seda riqu\u00edsimo y unos zapatos blancos. Estaba vestida de gala porque Dios ten\u00eda ya un angelito m\u00e1s en el cielo, y su compadre se hab\u00eda empe\u00f1ado en que le hiciera velorio a Doloritas. Nos convid\u00f3 con mucha insistencia. Pero de la manera m\u00e1s atenta nos excusamos de asistir a la funci\u00f3n, mas no de que nos quebraran la cabeza y nos quitaran el sue\u00f1o con el jarabe tapat\u00edo aforrado, artillero y espinado que bailaron toda la noche, y con el canto que ofend\u00eda los o\u00eddos, no de un angelito sino de pecadores aguerridos. Noche fue \u00e9sta m\u00e1s terrible a\u00fan que la de los ladrones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El d\u00eda que sigui\u00f3 al velorio, mi pobre Adelaida, extenuada, algo acalenturada, qued\u00f3 en la cama hasta las doce, y esto dio motivo a que terminara nuestra mansi\u00f3n en la casa de vecindad, y explicar\u00e9 por qu\u00e9, si el lector tiene una poca de paciencia. A las siete de la ma\u00f1ana tocaron fuertemente el consabido port\u00f3n encarnado: me par\u00e9 a abrir porque la criada se hab\u00eda marchado a la plaza, y me encontr\u00e9 con que era el ciego, que con su esclavina parda y su inseparable bandol\u00f3n debajo, ven\u00eda a pedirme un carboncito encendido para prender su lumbre. Le di el carb\u00f3n, deseando que con \u00e9l se prendiera su cuarto, su esclavina y su maldecido bandol\u00f3n. Me volv\u00ed a acostar. A poco, otro toquido: era do\u00f1a Barbarita que sub\u00eda a pedir a mi mujer una plancha y tantito almid\u00f3n. Le di la plancha y el almid\u00f3n, porque la tapat\u00eda cargaba cuchillo en la media y era muy franca, tapat\u00eda al fin. Apenas satisfice esta imprudencia, cuando una muchachita vino a pedirme una cazuela prestada y una cuchara. Pero como la pretendienta era una mozuela y no cargaba pu\u00f1al ni era tapat\u00eda, le negu\u00e9 la cazuela y la ech\u00e9 a pasear. Para dar a mi mujer una prueba de confianza, unas vecinas enviaban a pedir un metate, otras una cabecita de ajo, o un jarrito, etc\u00e9tera. A unas complac\u00ed y a otras no; pero sudaba, renegaba de mi existencia, y estaba a punto de echarme del corredor abajo. Por remate de cuentas, do\u00f1a Tiburcia, la viuda del repartidor del Tel\u00e9grafo, mand\u00f3 por una poquita de sal; pero yo, exasperado ya, le dije a su enviada que le dijera a do\u00f1a Tiburcia que fuera en casa de todos los diablos a pedir sal, que bastante sal ten\u00eda yo encima para vivir en una casa de vecindad. La mensajera le dio a do\u00f1a Tiburcia de pe a pa el recado, y aqu\u00ed fue Troya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oiga usted, catr\u00edn \u2014me dijo desde la puerta de su cuarto\u2014. Si le mand\u00e9 pedir la sal, fue porque tengo confianza con su mujer de usted, no porque me falte con que comprarla \u2014y al decir esto me ense\u00f1aba una bolsa llena de cuartillas\u2014; pero usted es un roto sinverg\u00fcenza: l\u00e1stima que tenga esa cara blanca, y esa mujer tan bonita a quien mata de hambre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora, rep\u00f3rtese usted, \u00e9sas son cosas que usted no sabe y que las vecinas pueden creer\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por eso lo digo, para que sepan que es usted un hambriento, que nom\u00e1s da un peso en su casa, y quiere comer pichones. Si do\u00f1a Barbarita, la criada, me lo ha contado; y tambi\u00e9n me ha dicho que le deben un mes de salario, y que no tiene m\u00e1s que tres camisas que la probe de su mujer lava.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora, c\u00e1llese, o la llevar\u00e9 ante un alcalde y\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Para usted y para el alcalde tengo: baje si es hombre, yo le dar\u00e9 sal. Chispas echaba yo por los ojos de c\u00f3lera, e iba yo a bajar al reto descomunal, cuando do\u00f1a Barbarita la tapat\u00eda, con mucho salero, le plant\u00f3 a do\u00f1a Tiburcia un manazo en la boca, dici\u00e9ndole:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014C\u00e1llese la perra vieja, y no ofenda a un marido honrado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La vieja respondi\u00f3 con otro moquete a la invitaci\u00f3n de su compa\u00f1era, apelaron las dos a los cabellos, y se trab\u00f3 una lucha obstinada, tanto de obras como de palabras que no pueden describirse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por fin de mis desdichas, Adelaida sali\u00f3 y comprendi\u00f3 que la tapat\u00eda se peleaba por m\u00ed; y no impuesta del suceso de la sal, pens\u00f3 qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9 cosas y llor\u00f3, y me llam\u00f3 infiel, ingrato, mal caballero, etc\u00e9tera, pero yo, sin responderle palabra, la tom\u00e9 del brazo, salimos a la calle y nos dirigimos a un cuarto de la Soledad, donde hace tiempo vivimos en paz y con las comodidades posibles, ella y<\/p>\n<div align=right><em>Yo<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los problemas de la clase media que no asciende, sino todo lo contrario, aparecen en este cuento\/cr\u00f3nica del mexicano Manuel Payno (1820-1894).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17386,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Novedad en Las Historias: \"La casa de vecindad\", un cuento \u00e1cido y con mucho humor del mexicano Manuel Payno (1820-1892).","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,198,282,2855,3547,467],"class_list":["post-17385","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-humor","tag-literatura","tag-manuel-payno","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/PaynoManuel--e1780373681923.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4wp","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17385","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17385"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17385\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17396,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17385\/revisions\/17396"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17386"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17385"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17385"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17385"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}