{"id":17369,"date":"2026-04-29T13:48:27","date_gmt":"2026-04-29T19:48:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17369"},"modified":"2026-04-29T13:48:51","modified_gmt":"2026-04-29T19:48:51","slug":"color-hielo-cuento-katya-adaui","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/color-hielo-cuento-katya-adaui\/","title":{"rendered":"El color del hielo"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento de la escritora peruana <a href=\"https:\/\/www.hablemosescritoras.com\/writers\/1047\" target=\"_blank\">Katya Adaui<\/a> (Lima, 1977). En \u00e9l, la amistad de un grupo de j\u00f3venes se pone a prueba en un viaje extra\u00f1o y violento. Adaui es autora de los libros de cuentos <em>Un accidente llamado familia<\/em> (2007), <em>Algo se nos ha escapado<\/em> (2013), <em>Nunca sabr\u00e9 lo que entiendo<\/em> (2014), <em>Aqu\u00ed hay icebergs<\/em> (2017, del que proviene \u00abEl color del hielo\u00bb) y <em>Geograf\u00eda de la oscuridad <\/em>(2023, Premio Nacional de Literatura de Per\u00fa), y de las novelas <em>Nunca sabr\u00e9 lo que entiendo<\/em> (2014) y <em>Qui\u00e9nes somos ahora<\/em> (2023). Tambi\u00e9n es autora de libros infantiles, entre ellos, <em>Otra cosa<\/em> (Premio White Ravens, Premio Fundaci\u00f3n Cuatrogatos y seleccionado por la Feria Infantil del Libro de Bolonia, 2023). En 2024, su libro <em>Un nombre para tu isla <\/em>fue seleccionado como uno de los cinco finalistas del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17373\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/color-hielo-cuento-katya-adaui\/katya-adaui-por-isabel-wagemann\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann.jpg\" data-orig-size=\"1600,1200\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann-1024x768.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann.jpg\" alt=\"\" width=\"1600\" height=\"1200\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17373\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann.jpg 1600w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann-640x480.jpg 640w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann-533x400.jpg 533w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann-800x600.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 1600px) 100vw, 1600px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL COLOR DEL HIELO<br \/>\nKatya Adaui<\/strong><br \/>\nLe\u00f3n dijo: Nos vamos a Ticlio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dije: Nunca nos hemos ido tan lejos. Y me arrepent\u00ed enseguida. No ser\u00eda otra vez el cobarde del grupo. Si alguien desea conocer la nieve, viaja a Ticlio, es lo m\u00e1s cerca que estamos de Suecia, dec\u00eda mi padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En diez minutos los espero aqu\u00ed. Traigan lo que quieran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane regres\u00f3 puntual, como yo. Sosten\u00eda una cosa negra entre las manos, \u00bfalgo muerto? La exhibi\u00f3. Es de fogueo, dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00eda un juguete, con las piezas mal encajadas, de pl\u00e1stico chino. Lo \u00fanico decente era la empu\u00f1adura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dije: Es una porquer\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane: M\u00e1s respeto porque mi t\u00eda me apunt\u00f3 con esta vaina cuando ten\u00eda diez. Sonre\u00eda mientras me apuntaba. Me temblaba todo, no saben. \u00cdbamos en su auto, la cerraban, les apuntaba a los choferes: Ahora s\u00ed te jodiste, ahora s\u00ed te mueres, basura. Despu\u00e9s se re\u00eda, en este pa\u00eds as\u00ed funcionan las cosas, sobrino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n: Y ten\u00eda raz\u00f3n tu t\u00eda. Yo traje las cervezas de mi viejo. Hay que reponerlas, la \u00faltima vez casi\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo: A ver, Juane, d\u00e1mela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sent\u00e9 atr\u00e1s, con la pistola y las cervezas. Siempre he sabido cu\u00e1l es mi lugar. Soy quien observa todo desde el asiento de atr\u00e1s.<br \/>\n<br \/>&nbsp;<br \/>\nLe robamos el auto al padre de Le\u00f3n. El padre viaja en micro a provincias los fines de semana. \u00bfQu\u00e9 negocios har\u00e1? Todos ponemos dinero para la gasolina \u2014lo robo de un frasco de jabones. Huele a limpio el dinero de mi madre\u2014. La carretera. Lo \u00fanico cambiante es la frecuencia de personas pretendiendo atravesarla sin puentes. A toda hora los conductores deben mantener encendidos los faros delanteros. Nosotros amamos y odiamos la carretera. Crecimos aprendiendo de ella. La vemos al despertar asom\u00e1ndose entre las cortinas, sin paisaje. La vemos al regresar a nuestras casas, con su horizonte de largas puestas de sol. O interrumpida a cualquier hora por la neblina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fuimos a distintos colegios. Nos hab\u00edamos conocido un febrero durante las vacaciones. Le\u00f3n cumplir\u00eda nueve y su familia le organiz\u00f3 una parrillada en el nuevo barrio. Nuestros padres se palmean las espaldas, se hacen peque\u00f1os favores. Nos tienen los domingos. Los s\u00e1bados son nuestros, como antes las tardes en casa de Le\u00f3n, despu\u00e9s de almorzar. Jug\u00e1bamos fulbito con piedras y los arcos eran nuestros cuadernos cada vez m\u00e1s desplumados. \u00a1Goool! Perder la pelota, una desgracia. Por eso nuestra actitud hacia las piedras. Pod\u00edamos reemplazarlas por otras m\u00e1s espectaculares. P\u00e9rdidas indoloras. Y si el agua estaba involucrada, la calle era el carnaval. Dales a los ni\u00f1os un poco de agua y se inventar\u00e1n un oc\u00e9ano. Nuestro juego favorito, \u201cmatagente\u201d. Revent\u00e1bamos las pelotas contra las espaldas de las feas; nosotros \u00e9ramos tambi\u00e9n bastante feos, feos en desarrollo, con granos a punto de reventar y todo eso. Dijimos<br \/>\nuna norma en voz alta: Solo puedes mirar a tu chica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta ahora la hemos respetado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo hac\u00eda el tacle m\u00e1s alto. Un tacle preciso supera al que escupe o al que orina m\u00e1s lejos, es la regla. Le\u00f3n y Juane todav\u00eda me convencen:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Oye, est\u00e1 muy blanca esa pared.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mis suelas estampan grafitis disparejos, hasta que alguien no lo soporta m\u00e1s y les pinta varias capas encima. Una vez me descubrieron. Fue espantoso. Me regaron con manguera. Necio por la humillaci\u00f3n, segu\u00ed pateando la pared de la casa como si esa familia fuera el enemigo. Era una \u00e9poca en que llor\u00e1bamos poco y sent\u00edamos mucho. Aventurarnos, volver, nuestra din\u00e1mica. \u00bfC\u00f3mo har\u00edamos para vivir en otra parte, acostumbrados como est\u00e1bamos a las repeticiones? Es malo acostumbrarse. No importa qu\u00e9 edad tengas, el aburrimiento te dopa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La exigencia de hacer algo para ser alguien. Estamos hartos de los gritos. No hay silencio. Hartos de dispararles a los mismos tipos en la computadora, hartos de las r\u00e1fagas infinitas, de quedarnos sin vidas ni municiones, del todos contra todos. A veces leer me tranquiliza. Pero siempre un libro se termina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Digo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfY si hacemos como tu t\u00eda, Juane? Si un carro nos cierra, le apuntamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le decimos: Cierra el hocico, carajo, pero nos falta m\u00fasica para eso. \u00bfSaben? A mi viejo le da igual que la radio no funcione, \u00bfc\u00f3mo puede vivir sin m\u00fasica? Dice que le bastan las voces en su cabeza. \u00a1Loco!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane golpete\u00f3 el tablero malogrado: Y el indicador de kil\u00f3metros es otro loco, qu\u00e9 suerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n jam\u00e1s nos permitir\u00e1 manejar el auto de su padre. Sabe lo que hace. Somos distra\u00eddos. Aqu\u00ed vienen los altares de camino, distanciados entre s\u00ed, multiplicados. Se\u00f1alo uno, sin decir nada. Es Le\u00f3n quien dice:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese es enooorme, parece una casa. \u00bfY los puentes? Se los ped\u00edan a cada alcalde y ahora que los tienen, nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfMorir como un perro? \u00a1Imb\u00e9ciles!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La voz de Juane. Los altares de camino me intrigan, son una ciudad a escala que une a los muertos con los vivos. Tom\u00e9 las latas de cerveza, fui abri\u00e9ndolas. \u00bfQuieres? Toma. Observ\u00e9 la pistola descansando a mi lado. De chico habr\u00eda matado por este juguete. Las cervezas en la carretera me anestesian congel\u00e1ndome, como el aire que parece zumbar solitario en el asiento de atr\u00e1s. Agarr\u00e9 la pistola y apunt\u00e9 a un poste, pum, de la boca para afuera, a otro poste, pum, parec\u00edan hombres derrotados, pum, a muchos postes m\u00e1s. Los autos, los micros, las motos, los triciclos, respetaban las distancias con obstinaci\u00f3n. Era exasperante. Necesit\u00e1bamos algo extraordinario: el despiste de un container, un desfile de ovejas, una caja resbal\u00e1ndose desde una tolva, granizo. Como si reci\u00e9n ante la interrupci\u00f3n de la cartograf\u00eda alguno de nosotros dijera:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acabo de sentir que el viaje ha comenzado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane dijo que nos hab\u00edamos olvidado de llevar algo para comer. Cierto, mi est\u00f3mago gru\u00f1\u00eda. Le\u00f3n manejaba con una sola mano. La carretera, sin sem\u00e1foros, dispuesta como un premio: las zonas residenciales y comerciales se espaciar\u00edan cada vez m\u00e1s. V\u00eda libre \u2014en verano estar\u00edamos horas sin poder movernos\u2014. Arriba, como circuitos de humo, densas nubes. Un d\u00eda que es de noche, pens\u00e9. Irregulares techos sosten\u00edan toros de fuegos artificiales. Si estallan por error vuelan euf\u00f3ricos, rebotan en los techos, apuntan con sus cuernos, con todo su cuerpo vigoroso, esqueleto y masa, hasta embestir con la cabeza puntiaguda y humeante. Los muros de la carretera, un principio y un final, con pintas de candidatos a alcaldes. Muchos apellidos no me sonaban familiares; sus promesas, s\u00ed. Otros muros ten\u00edan amenazantes citas b\u00edblicas, firmadas con vers\u00edculos. En alg\u00fan lugar, entre la carretera y un puente, un descubrimiento anim\u00f3 mi ruta. Solo yo observ\u00e9 la frase en la pared:<\/p>\n<div align=center><em>Los \u00fanicos privilegiados son los ni\u00f1os.<\/em><\/div>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Incluso gir\u00e9 la cabeza sigui\u00e9ndola. La infancia. Mi madre dec\u00eda: Superar la infancia es sobrevivir al peor de los tsunamis. Yo no la entend\u00eda. \u00bfQu\u00e9 le habr\u00eda pasado? Si romp\u00eda un vaso, lanzaba los vidrios al tacho sin envolverlos. Mam\u00e1, el basurero se cortar\u00e1 las manos. El riesgo es parte de su trabajo, respond\u00eda. Su cuadro favorito: \u201cDestrucci\u00f3n de Pompeya\u201d. La copia sigue en la sala de casa. Por el reflejo de la luz en el agua, las horas quietas del mar, yo lo cre\u00eda un reino perdido, la Atl\u00e1ntida o algo as\u00ed. Vi la destrucci\u00f3n cuando supe el t\u00edtulo. Mi madre es la \u00faltima taqu\u00edgrafa de su trabajo, es secretaria de gerencia en un banco. En su agenda, los nombres, las direcciones, los pendientes y \u2014qu\u00e9 s\u00e9 yo\u2014 son signos que nadie m\u00e1s comprende. Los secretos nos hacen interesantes. Yo rob\u00e9 una foto de una exposici\u00f3n. La imagen de una mujer leyendo. Colgaba de un clavo, parec\u00eda tan f\u00e1cil. Camin\u00e9 hacia la entrada, los polic\u00edas miraban videos sin audio en la computadora. Me alej\u00e9 como un ladr\u00f3n profesional, llev\u00e1ndola en la mano. La foto me acompa\u00f1a todav\u00eda, una vez le cont\u00e9 a una chica del robo de la foto y me bes\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane me pidi\u00f3 otra cerveza. Le abr\u00ed una lata. Le\u00f3n dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEscucharon que es el invierno m\u00e1s fr\u00edo en treinta a\u00f1os?, y nosotros y\u00e9ndonos a Ticlio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dije que muchos se atrincheraban con este fr\u00edo, qu\u00e9 aburrido todo, mejor invernar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n: C\u00f3mo exageran, el problema es el cielo gris, este cielo de tormenta sin tormenta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo: El otro d\u00eda le\u00ed que los pa\u00edses m\u00e1s felices del mundo son los que tienen la m\u00e1s alta tasa de suicidios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane sigui\u00f3 sorbiendo de su lata: No tiene sentido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dije: Pero no hay relaci\u00f3n entre una ciudad donde siempre llueve y el suicidio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQui\u00e9n querr\u00eda matarse si es feliz?, dijo Juane. La cerveza, ahora mismo, es lo \u00fanico que me hace feliz. Re\u00edmos. Comenz\u00f3 a eructar: A, B, C, D, E, F, G, H. Lo seguimos. Ya nos cuesta completar el abecedario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando debes esforzarte, algo se ha perdido o no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasamos por debajo de otro puente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfAlguien se habr\u00e1 lanzado desde ac\u00e1?, dijo Le\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No lo creo, Le\u00f3n filosofando, dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c1breme otra cerveza y no jodas. De un tacle te la abro, vas a ver.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muy vivo te crees, \u00bfno? Los ojos de Le\u00f3n sonre\u00edan en el espejo retrovisor. Su voz continu\u00f3 arrogante: Todo el d\u00eda leyendo, \u00bfpara qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para saber que en Tokio hay salas de aburrimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane dijo: El aburrimiento es igual en cualquier parte. Si pudiera viajar confirmar\u00eda que todo el planeta duerme en camas. Mira, aunque la cama sea hielo forrado con piel de foca, es una cama. \u00bfC\u00f3mo se viralizaron las camas antes de Internet?, siempre me lo pregunto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juane, se nota que est\u00e1s aburrido, viajando justamente migraban las ideas, le dije. Por el bien de las focas, c\u00e1llate.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en ese momento pasamos junto a un mercado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n disminuy\u00f3 la velocidad. Lechugas, tomates, zanahorias, choclos, coles, equilibrados en altos mont\u00edculos sobre amplias mesas. Varios sacos permanec\u00edan en el piso \u2014no era necesario abrirlos\u2014, el mercado estaba muerto. Gallinas corr\u00edan locas, libres, ninguna hacia la carretera. Nadie les hab\u00eda ense\u00f1ado a evitarla. Su curiosidad se conformaba con picotear el mismo suelo raso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A ver, la pistola, pidi\u00f3 Le\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n apuntaba con la izquierda. Sigui\u00f3 manejando con la derecha, manteni\u00e9ndonos en el carril.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfCrees que esa vieja est\u00e1 contenta? Los ojos de Le\u00f3n me hablaban por el espejo retrovisor. Juane mir\u00f3 a Le\u00f3n. Un silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfCu\u00e1l?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La frutera. Esa, pues, la carepasa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo qu\u00e9 s\u00e9, no la conozco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni hablar es feliz, m\u00edrala bien. Si no quiere estar aqu\u00ed que no est\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cuerpo de Le\u00f3n se peg\u00f3 al asiento. Un pitido inclemente. Su brazo se recuperaba. Mis labios se mov\u00edan sin articular. Como si hubiera olvidado el lenguaje y sus efectos. Le\u00f3n me clav\u00f3 los ojos. En el espejo est\u00e1bamos juntos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quise gritar: \u00a1Frena, hijo de puta, me bajo! Solo que este zumbido y el temblor. Si hubiera podido abrir la puerta y saltar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No s\u00e9 t\u00fa, pero yo estoy aburrido. Aburrido de todo. Y yo, dijo Juane. Estoy cansado de estar cansado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo tambi\u00e9n, dije, pero \u00bfmatar? \u00bfQu\u00e9 mierda es esto? No exageres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Le\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las voces de mis amigos me parec\u00edan de fantasmas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfTe quieres bajar ac\u00e1?, d\u00edmelo en serio. \u00bfEso es lo que quieres? Te lo digo, salta si quieres, yo no voy a frenar. Ni por ti. Ni por nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El carro apestaba a p\u00f3lvora. El olor de los cohetes en Navidad. Toda la cuadra, una nube livianamente t\u00f3xica sobre \u00e1rboles, veredas, muros, casas. Te pueden destrozar los dedos, perseguir hasta la puerta, convertir tu pantal\u00f3n en una mecha vertical; era divertido el riesgo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni borrachos har\u00edan eso, dije. \u00bfQui\u00e9nes son ustedes? Quiero a mis amigos de vuelta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No, para nada estamos borrachos. Ese es el punto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00f3n le dio la pistola a Juane. Juane volte\u00f3 a verme, en sus ojos brillaba una resoluci\u00f3n sin sentido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9?, quise gritarle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La devolvi\u00f3 donde hab\u00eda estado, a mi lado. La observ\u00e9 apenas dos segundos. Le\u00f3n, ambas manos al frente, tim\u00f3n y carretera. Una mano de Juane colgaba, jugaba con el aire, el viento la empujaba hacia atr\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hacia m\u00ed. Ligera, incapaz de sostener. \u00bfCu\u00e1ndo hab\u00eda nacido esta complicidad? En el mar, en el hueco de una vara de fierro, en una red olvidada, los peces construyen, tienen una casa en cada proa hundida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nuestra amistad hab\u00eda sobrevivido a cualquier espacio. Mis amigos son un pedazo de hielo flotando en aguas oscuras. Yo no lo vi venir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Avanzamos paralelos a enormes pancartas, promet\u00edan sol todo el a\u00f1o. Preced\u00edan a restaurantes clausurados en invierno, a estrechas casas (un solo bloque de cemento sucio, paredes de tierra y cal). Pens\u00e9 en la mujer, si viv\u00eda era un misterio. Le\u00f3n sab\u00eda que la pistola era un arma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos lo sab\u00edan menos yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y si yo no dispar\u00e9, \u00bfpor qu\u00e9 la culpa? Esto es lo irreparable, me dije, y nace en un lugar muy remoto. Pens\u00e9 y pens\u00e9. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda ocurrirme? \u00bfQu\u00e9 se me escapaba? Dije por fin: Y si nos detiene la polic\u00eda, \u00bfqu\u00e9 diremos? \u00bfDe qui\u00e9n es la pistola?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para empezar, aqu\u00ed no hay patrulleros, \u00bfo t\u00fa los ves? Nadie nos sigue. No pasa nada.<br \/>\n<br \/>&nbsp;<br \/>\nBajamos del auto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En vez de nieve, hielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dejen las lunas abiertas, que no se empa\u00f1en.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfY las llaves?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D\u00e9jalas ah\u00ed. No pasa nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00edamos esperado a\u00f1os por este letrero. Y lo ten\u00edamos enfrente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era obsoleto. En China otro cruce ferroviario hab\u00eda superado a Ticlio en altura y call\u00e9 un \u201cya lo sab\u00eda\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo este hielo. De ni\u00f1o hab\u00eda apoyado la lengua en la base del freezer y se me hab\u00eda quedado pegada. Mi madre me jal\u00f3 la cabeza hacia atr\u00e1s. Tuve dolor de lengua, un dolor raro, supongo que muy pocos lo han sentido alguna vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algo de blanco s\u00ed centelleaba en los picos. Inalcanzable. El escandaloso azul de un cielo explosionando en la monta\u00f1a. Tirit\u00e1bamos. Soplamos dentro de nuestras manos, \u2014lo supe\u2014 calentarlas as\u00ed era ya un gesto en tr\u00e1nsito, lo \u00fanico que compart\u00edamos. Agradec\u00ed que ni Juan Enrique ni Le\u00f3n hablaran. Los turistas en su fila de ciempi\u00e9s. \u00bfLa tomas de nuevo?, salen tus dedos en la foto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El letrero segu\u00eda mintiendo y le cre\u00edan, las palabras se sosten\u00edan de palabras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 quieres?, me dije. Ellos nunca me har\u00edan esta pregunta \u2014continuaban soplando en sus manos de viejos entumecidos\u2014, ni mis padres. Ni nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sent\u00ed el impulso de volver al auto y tomar la pistola. Dispararle al hielo, una bala por cada uno de nosotros. Quebrarlo, patearlo. Zapatos como las cuchillas de los patinadores. Ver las piernas caer al agua helada, ver pasar pantalones sin cuerpos. Quienes caen a un agujero en el hielo intentan salir por un lugar distinto al del accidente. Es un error. El hielo m\u00e1s fuerte es el que soport\u00f3 todo el peso antes de romperse. Ni siquiera coincid\u00edamos en c\u00f3mo nos hab\u00edamos conocido. En una parrillada, s\u00ed. La hora, los detalles, el clima, el di\u00e1logo, \u00bfcu\u00e1les? Nos hab\u00edamos peleado por esto alguna vez. Puede ser tambi\u00e9n que yo no olvidase nunca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ellos tampoco se quedar\u00edan intactos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Baj\u00e9 la luna. Calent\u00e9 el motor. Corrieron hac\u00eda m\u00ed. Me miraron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dej\u00e9 de verlos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estir\u00e9 las piernas sin esfuerzo. Me imagin\u00e9 llegando por primera vez a la selva. El sol rompiendo las nubes y las nubes como brazos de ni\u00f1os alcanz\u00e1ndose en ronda. La vegetaci\u00f3n. \u00bfD\u00f3nde estoy ahora?, y los extra\u00f1os respondiendo cualquier cosa con tal de responder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un viaje improvisado se vuelve extra\u00f1o, y violento, en este cuento de la escritora peruana Katya Adaui (1977).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17373,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"En la antolog\u00eda de Las Historias, un cuento de la escritora peruana Katya Adaui: la historia de un viaje violento.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,3546,2343,185,199,3545,2855,467],"class_list":["post-17369","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-color-del-hielo","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-peruanos","tag-katya-adaui","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Katya-Adaui-por-Isabel-Wagemann.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4w9","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17369","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17369"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17369\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17376,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17369\/revisions\/17376"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17373"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17369"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17369"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17369"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}