{"id":17313,"date":"2026-02-05T15:42:25","date_gmt":"2026-02-05T21:42:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17313"},"modified":"2026-02-05T15:42:25","modified_gmt":"2026-02-05T21:42:25","slug":"hombres-espinados-luis-antonio-canche-briceno-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/hombres-espinados-luis-antonio-canche-briceno-cuento\/","title":{"rendered":"Los hombres espinados"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento en el que lo terrible, lo francamente inexplicable, se desliza a la realidad desde un pasado m\u00edtico. La descripci\u00f3n puede sonar familiar, pero la historia tiene un escenario muy diferente del de muchas historias fant\u00e1sticas de influencia europea. Su autor es el mexicano Luis Antonio Canch\u00e9 Brice\u00f1o (1977).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacido en M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, Canch\u00e9 creci\u00f3 en Chumayel, donde aprendi\u00f3 a hablar la lengua maya, en la que escribe para luego traducir al castellano. Es Licenciado en Ense\u00f1anza de las Matem\u00e1ticas por parte de Facultad de Matem\u00e1ticas de la UADY. El libro <em>K\u2019i\u2019ixib m\u00e1ako\u2019ob\/ Los hombres espinados<\/em>, del que proviene el presente cuento, obtuvo el Premio de Literaturas Ind\u00edgenas de Am\u00e9rica (PLIA) en el marco de la FIL de Guadalajara en 2022. En 2024, Canch\u00e9 obtuvo el premio de cuento en lenguas originarias \u201cTetseebo\u201d, otorgado por el Centro Cultural Tijuana, y tambi\u00e9n fue ganador del Primer premio de Literatura en Lenguas Ind\u00edgenas del Estado de Guerrero 2025 en la categor\u00eda abierta en el g\u00e9nero de poes\u00eda. Otros de sus libros publicados son <em>Tsikbalo\u2019ob ucha\u2019an tin kaajal\/ Historias que han sucedido en mi pueblo<\/em> (2008), <em>Chumayel entre voces y recuerdos<\/em> (2021), <em>U yuumilo\u2019ob kal\u00e1ant m\u00faul\/ Los cuidadores del cerro<\/em> (2025) y <em>U k\u2019iinilo\u2019ob tomojchi\u2019 \/ D\u00edas de mal presagio<\/em> (2025).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo tuve el gusto de escribir el pr\u00f3logo de <em>Los hombres espinados<\/em>. Dije: \u00abCon un tono sosegado, que por lo mismo puede volver a\u00fan m\u00e1s tremendos los hechos de violencia o las emociones fuertes, <em>Los hombres espinados<\/em> muestra la desolaci\u00f3n del presente y, al mismo tiempo, la esperanza de quienes viven en \u00e9l, entendida como una posibilidad de cambio. De cualquier tipo de cambio.\u00bb Y sigo creyendo lo mismo. Ustedes pueden juzgar por su propia cuenta leyendo el libro completo, que <a href=\"https:\/\/editorial.udg.mx\/gpd-ki-ixbi-maako-ob-los-hombres-espinados-9786075816821-68faaff8d9849.html\" target=\"_blank\">se puede descargar gratis aqu\u00ed<\/a> y contiene todos los cuentos tanto en maya como en castellano.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17318\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/hombres-espinados-luis-antonio-canche-briceno-cuento\/luisantoniocanche\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875.jpg\" data-orig-size=\"934,862\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;1.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;X-T20&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1762973653&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;23&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;250&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.008&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Luis Antonio Canch\u00e9\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-1024x683.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875.jpg\" alt=\"\" width=\"934\" height=\"862\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17318\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875.jpg 934w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875-300x277.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875-433x400.jpg 433w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875-800x738.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 934px) 100vw, 934px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LOS HOMBRES ESPINADOS<br \/>\nLuis Antonio Canch\u00e9 Brice\u00f1o<\/strong><\/p>\n<div align=\"right\"><em>Para mi amigo Fidencio Brice\u00f1o Chel<\/em><br \/>\n<br \/>&nbsp;<br \/>&nbsp;<br \/>\nAmortajaron al difunto con su cobertor y esa noche,<br \/>\nmientras lo velaban cada uno de los presentes<br \/>\nle ayud\u00f3 a descargar sus pecados<\/em><br \/>\n<strong>Ana Patricia Mart\u00ednez Huchim, <em>Se presagi\u00f3 Maco<\/em><\/strong><\/div>\n<p>&nbsp;<br \/>&nbsp;<br \/>\nEl que camina de noche por el monte de Hubil\u00fa, perturba a los cuidadores y protectores de la milpa. En los senderos, se pueden aparecer gigantescas serpientes venenosas que levantan el vuelo y aletean en la oscuridad. Se han dado casos de campesinos que han muerto atacados por la espalda a causa de su letal picadura. Tambi\u00e9n se escucha el canto de las aves que presagian la muerte o ruidos emitidos por los conocidos malos vientos. Todo esto Dosio lo sab\u00eda, pero, aun as\u00ed, una de esas tardes decidi\u00f3 quedarse hasta casi entrada la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dosio era un milpero de tez morena, corpulento y alto, que viv\u00eda con su esposa Mar\u00eda en el poblado de Hubil\u00fa. Una de sus costumbres al ir a la milpa era respetar los horarios matutinos y no esperar a que oscureciera. Pertenec\u00eda a los pocos campesinos de anta\u00f1o que a\u00fan hac\u00edan su milpa, vest\u00eda ropa de manta y calzaba huaraches elaborados con hule de llanta y una soga que se enmara\u00f1aba en los pies para sujetarlos. Su esposa siempre le dec\u00eda que ya dejara esos huaraches desgastados, que pod\u00eda correr el riesgo de que se le clavara alguna astilla en los pies. Pero Dosio alegaba que no los cambiar\u00eda por ser un grato recuerdo de su abuelo. \u00c9stos hab\u00edan sido los \u00faltimos huaraches que el abuelo fabricara antes de morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda a Dosio se le hizo demasiado tarde, se qued\u00f3 a colgar sus semillas a la luz de la luna, pues quer\u00eda comprobar aquella creencia de que las semillas almacenadas en luna llena produc\u00edan abundantes cosechas. En los \u00faltimos a\u00f1os no le hab\u00eda ido tan bien, apenas comenzaban a espigar los elotes en la milpa se marchitaban. Esa noche que se qued\u00f3 en la milpa, Dosio observ\u00f3 que se hab\u00edan formado unos nubarrones negros en el cielo, cargados, como a punto de estallar. En breves instantes, comenz\u00f3 un fuerte aguacero. En los alrededores del monte, se escuchaban caer \u00e1rboles quemados por los latigazos el\u00e9ctricos de los rel\u00e1mpagos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dosio se resguard\u00f3 en el pasel que ten\u00eda construido en medio de la milpa, un peque\u00f1o tinglado elaborado con maderas y huano, lugar que tambi\u00e9n le sirvi\u00f3 para colgar sus semillas. Apenas dej\u00f3 de llover, Dosio se quit\u00f3 el sombrero y se persign\u00f3 para tomar su camino de regreso. Unos rel\u00e1mpagos aun destellaban entre el espeso monte. A Dosio le causaba miedo estar en el monte bajo lluvia y truenos, as\u00ed que aliger\u00f3 el paso por si llov\u00eda de nuevo. Ya hab\u00eda recorrido un buen tramo, pero al pasar cerca de una milpa abandonada, escuch\u00f3 un ruido semejante al que hacen los campesinos cuando cortan la madera para hacer le\u00f1a. Pens\u00f3 que alguien se pod\u00eda haber quedado hasta muy tarde al igual que \u00e9l. Aprovechar\u00eda para no regresar solo hasta el pueblo. Como a\u00fan le quedaba agua en su calabazo y un poco de pozole, se lo podr\u00eda ofrecer a modo de agradecimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso estaba pensando al desviarse un poco del camino para internarse por un sendero que lo llevara hasta aquella milpa abandonada, las luces de los rel\u00e1mpagos iluminaban el cielo y parte del camino. A como diera lugar quer\u00eda llegar hasta el sitio del bullicio. Conforme avanzaba, cada vez se escuchaba m\u00e1s fuerte el sonido de un hacha afilada incrust\u00e1ndose en la madera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto lleg\u00f3, se sorprendi\u00f3 al ver a un grupo de seres gigantes, ten\u00edan los ojos completamente blancos que se iluminaban entre la oscuridad, como el parpadeo de las luci\u00e9rnagas en la maleza, aquellos seres ten\u00edan jorobas y sus brazos estaban cubiertos de una especie de espinas muy puntiagudas, en lugar de manos, ten\u00edan enormes aguijones muy filosos que hac\u00edan un sonido lastimero. Lo que Dosio hab\u00eda escuchado en el monte no era el corte de la madera, sino el sonido que aquellos seres realizaban con sus aguijones pues se miraban desesperados escarbando en la tierra como si estuvieran buscando algo, cortando de un tajo los matorrales a su alrededor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Dosio se dio cuenta de lo que acontec\u00eda, se qued\u00f3 sin fuerzas. Aquellos hombres espinados notaron su presencia y se quedaron parados como estatuas, observ\u00e1ndolo, haciendo una especie de ritual de aplauso en forma amenazante. A Dosio le comenzaron a zumbar los o\u00eddos. Un ruido latente le perforaba la cabeza hasta que perdi\u00f3 la conciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despert\u00f3 acostado en su hamaca. Le parec\u00eda escuchar a su esposa murmurar algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mar\u00eda, tengo mucha sed, por favor, tr\u00e1eme harta agua \u2014dijo Dosio con un leve quejido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 manera de hablar! Seguramente ayer te fuiste de parranda con tus amigos. Toda la noche te la pasaste quej\u00e1ndote. Hasta fiebre te dio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su esposa se acost\u00f3 a su lado. Dosio aprovech\u00f3 para contarle todo lo que le hab\u00eda sucedido a su regreso de la milpa. Mar\u00eda escuchaba atenta, esperando que regresara su vecina, a quien le hab\u00eda pedido el favor de que fuera en busca del curandero del pueblo. La fiebre era demasiado alta y no se le pasaba. Para su mala suerte, el curandero se hab\u00eda trasladado a un rancho en los pueblos aleda\u00f1os para llevar a cabo los rituales de petici\u00f3n de lluvia. Tardar\u00eda una semana en regresar. Optaron entonces por emplear remedios caseros para bajarle la fiebre. Mar\u00eda record\u00f3 que para eso sirven los pa\u00f1os de hojas de naranja sancochada, se lo pon\u00edan en la frente y en el est\u00f3mago.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasaron varios d\u00edas m\u00e1s. La calentura y los dolores desaparec\u00edan por momentos, pero solo para regresar con m\u00e1s fuerza. Dosio se revolcaba en su hamaca y no dejaba de quejarse. Deliraba y hablaba acerca de los hombres espinados que hab\u00eda visto en el monte. La casa donde viv\u00edan era de techo de huano con un bajareque de madera alrededor. Por las noches, cuando Dosio despertaba, entreve\u00eda la sombra de aquellos hombres espinados entre el bajareque o escuchaba sus pasos en el caballete de l\u00e1mina en el techo. Le parec\u00eda que lo observaban, como si lo custodiaran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pas\u00f3 una semana, la calentura por fin dio tregua. Dosio regres\u00f3 a sus labores de la milpa poco a poco. Despu\u00e9s de unos d\u00edas, observ\u00f3 que le fueron saliendo una especie de granos que comenzaron a cambiar a forma de espinillas que, luego fue cubriendo la piel, al principio no le dio importancia, pero al ver que las espinillas comenzaron a tomar forma de espinas y se le fueron extendiendo en todo su cuerpo, comenz\u00f3 su preocupaci\u00f3n. Por su mente deambulaba el hecho de haberse quedado a desafiar la noche en la milpa. Por las pinchadas que sent\u00eda en su cuerpo, no hallaba la forma de acomodarse a la hora de dormir. Cada vez que uno de esos granos le brotaba y se convert\u00eda en espina, le sal\u00eda una especie de l\u00edquido apestoso. Luego, con el paso de los d\u00edas, alrededor se formaban m\u00e1s p\u00fastulas con hedor a podrido. Mar\u00eda no sab\u00eda c\u00f3mo ayudar a su esposo quien hab\u00eda ca\u00eddo en su hamaca de nuevo, as\u00ed que decidi\u00f3 ir en busca de nuevo al curandero, pero le informaron que se hab\u00eda retrasado con algunos rituales, regresar\u00eda en unos cinco d\u00edas aproximadamente. Las noches se volv\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s insoportables. Dosio gritaba: \u201c\u00a1Ah\u00ed vienen los hombres espinados!\u201d y entre llantos ped\u00eda que le quitaran aquellas espinas del cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mar\u00eda, en su desesperaci\u00f3n y ante la espera de que regresara el curandero al pueblo, intent\u00f3 avistar una de esas noches a aquellos hombres espinados de los que Dosio hablaba, para confirmar si realmente exist\u00edan. Se mantuvo despierta mirando al techo hasta que la venci\u00f3 el sue\u00f1o. Entonces, comenz\u00f3 a escuchar que algo caminaba sobre la casa. Oy\u00f3 gritos y rasgu\u00f1os, y en ese instante al abrir los ojos observ\u00f3 entre el bajareque unas siluetas de unos hombres que saltaron del techo y salieron huyendo por la parte trasera de la casa. Mar\u00eda pas\u00f3 toda la noche con la incertidumbre y el temor de que regresaran; pero no baj\u00f3 la guardia. Se mantuvo al pendiente, en vela, hasta que el curandero regresara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mucha gente del pueblo iba a visitar a la pareja. Tratando de ayudar a Dosio, le llevaban brebajes elaborados con hierbas para ver si le mitigaban un poco los dolores musculares. Ya hab\u00edan pasado los cinco d\u00edas y el curandero por alguna raz\u00f3n se estaba demorando. Al sexto d\u00eda de que comenzara esa pesadilla, Dosio amaneci\u00f3 con una respiraci\u00f3n casi imperceptible, yac\u00eda moribundo en su hamaca hasta que de pronto sus manos quedaron completamente fr\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mar\u00eda ya daba por hecho que Dosio hab\u00eda fallecido, de pronto sinti\u00f3 de nuevo un hedor desagradable. Se pregunt\u00f3: \u201c\u00bfDe d\u00f3nde viene ese olor?\u201d. Si su esposo no hab\u00eda tenido herida grande alguna, s\u00f3lo algunas peque\u00f1as erupciones en la piel alrededor de los granos espinosos. Nada que pudiera causar aquel olor tan intenso a excremento y podredumbre. En la casa del difunto comenzaron a llegar las vecinas para ayudar con los preparativos del velorio, le comenzaron a hacer el rezo de las once v\u00edrgenes que se les hace a los convalecientes, con sus rebozos disimulaban el asco que les provocaba el f\u00e9tido olor que sal\u00eda del cuerpo de Dosio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras envolv\u00edan con una s\u00e1bana blanca el cuerpo de Dosio lleg\u00f3 el curandero de prisa. Estaba de vuelta en el pueblo luego del \u00e9xito en su misi\u00f3n logrando la aparici\u00f3n de las lluvias en los ranchos a donde hab\u00eda ido, luego de varios intentos de hacer los rituales, pues nunca le hab\u00eda pasado algo como tal, enseguida se enter\u00f3 de lo que estaba aconteciendo. Le pidi\u00f3 a Mar\u00eda que lo dejaran un momento a solas con Dosio para que lo revisara. El curandero le quit\u00f3 las s\u00e1banas y procedi\u00f3 directo a ver uno de los pies del milpero. Se dio cuenta de que en la planta de su pie hab\u00eda un peque\u00f1o agujero por donde entraban y sal\u00edan unos diminutos insectos voladores que acarreaban tierra para construir una especie de nido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Resulta ser que aquella noche en que Dosio regresaba de su milpa, comenz\u00f3 a caer una fuerte lluvia con rel\u00e1mpagos, probablemente provocada por los rituales del curandero en los montes cercanos. Se desvi\u00f3 del camino que su abuelo siempre la hab\u00eda advertido seguir y entr\u00f3 a un monte abandonado muy l\u00f3brego, con demasiados tipos de espinos en el camino. Fue entonces cuando pis\u00f3 un espino de un \u00e1rbol de chuk\u00fam que atraves\u00f3 su huarache y se le incrust\u00f3 en el pie. Tres campesinos pasaron, lo vieron desmayado y lo cargaron de vuelta al pueblo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El curandero le explic\u00f3 a Mar\u00eda que este tipo de espinos son muy malignos cuando se te incrustan, aunque lo arranques se queda el filo del espino que es donde est\u00e1 el veneno. Poco a poco, el dolor comienza a recorrer todo tu cuerpo hasta que te alcanza la fiebre. Otro de los males que causan es que atraen a una especie de peque\u00f1os insectos que hacen sus nidos en la herida y agravan la infecci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El curandero hizo que llevaran a Dosio hasta su casa, los vecinos treparon el cuerpo en la jalma de un caballo, llevaron a Dosio con todo y s\u00e1banas envuelto. Cuando llegaron a casa del curandero y lo bajaron, lo acostaron en el suelo encima de un cobertor, el cuerpo de Dosio ya hab\u00eda tomado una postura distinta, estaba encogi\u00e9ndose. Enseguida el curandero despu\u00e9s de darles indicaciones a los vecinos que se retiraran, prepar\u00f3 algunas hojas con agua hirviendo y enseguida remoj\u00f3 el pie infectado de Dosio. Luego, sec\u00f3 el pie con un pa\u00f1o de tela y comenz\u00f3 a mojar la infecci\u00f3n con resina de chaya, hizo una oraci\u00f3n mientras extra\u00eda con sus dedos aquel espino venenoso, oprimi\u00f3 con sa\u00f1a la herida hasta que sali\u00f3 disparado un chorro de pus con sangre a la par con la punta fina del espino, el cual enseguida guard\u00f3 en un frasco de vidrio. Dosio en ese instante peg\u00f3 un grito. A\u00fan continuaba un poco adormilado, observando todo a su alrededor con la mirada perdida. Recobr\u00f3 la tranquilidad y suspir\u00f3 aliviado cuando frente a su mirada se atraves\u00f3 la silueta del curandero, hincado y completamente entregado al ritual de invocaci\u00f3n de sus santos que ten\u00eda sobre una mesa de madera en un rinc\u00f3n de la casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor mexicano Luis Antonio Canch\u00e9 Brice\u00f1o (1977) relata una historia donde lo cotidiano y lo mitol\u00f3gico se encuentran de forma inesperada.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17318,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Lo nuevo en Las Historias: \"Los hombres espinados\", un cuento fant\u00e1stico del mexicano Luis Antonio Canch\u00e9 Brice\u00f1o.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,1101,3540,2343,3536,3539,198,2855,2291,360,3538,3537],"class_list":["post-17313","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-descargas","tag-descargas-gratuitas","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-en-lengua-maya","tag-escritores-en-lenguas-originarias","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-los-hombres-espinados","tag-luis-antonio-canche-briceno"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/LuisAntonioCanche-e1770326434875.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4vf","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17313","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17313"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17313\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17322,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17313\/revisions\/17322"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17318"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17313"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17313"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17313"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}