{"id":17229,"date":"2025-12-19T18:13:00","date_gmt":"2025-12-20T00:13:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17229"},"modified":"2025-12-19T18:13:00","modified_gmt":"2025-12-20T00:13:00","slug":"oyente-cuento-maria-gorodentseva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/oyente-cuento-maria-gorodentseva\/","title":{"rendered":"El Oyente"},"content":{"rendered":"<p>Una sorpresa del concurso de aniversario de Las Historias fue la aparici\u00f3n entre su finalistas de una joven escritora rusa: Mar\u00eda Gorodentseva (Mosc\u00fa, 1994), narradora y traductora, quien cuenta con varias publicaciones en revistas digitales y en antolog\u00edas de cuentos, tanto dentro como fuera de su propio pa\u00eds. Su cuento, \u00abEl Oyente\u00bb, imita \u2013a la manera de los escritores del movimiento rom\u00e1ntico\u2013 la forma de las m\u00e1s antiguas historias orales, tray\u00e9ndola al presente.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17230\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/oyente-cuento-maria-gorodentseva\/maria-gorodentseva_foto\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968.jpg\" data-orig-size=\"853,924\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Maria Gorodentseva\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-683x1024.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968.jpg\" alt=\"\" width=\"853\" height=\"924\" class=\"aligncenter size-full wp-image-17230\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968.jpg 853w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968-277x300.jpg 277w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968-369x400.jpg 369w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968-739x800.jpg 739w\" sizes=\"auto, (max-width: 853px) 100vw, 853px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL OYENTE<br \/>\nMaria Gorodentseva<\/strong><\/p>\n<p>Hab\u00eda una vez un pueblo en los Andes, rodeado por todas partes de una gran cordillera. All\u00ed viv\u00eda gente que desconoc\u00eda lo que era un \u201csupermercado\u201d, un \u201chospital\u201d, un \u201chotel\u201d o una \u201cuniversidad\u201d, pero que todav\u00eda conservaba una profunda conexi\u00f3n con la naturaleza y que guardaba los saberes ancestrales de sus antepasados. Con sus propias manos, constru\u00edan sus casas y obten\u00edan alimento. Con esas mismas manos, acog\u00edan a los reci\u00e9n nacidos en este mundo y desped\u00edan a los ancianos hacia el otro. Para los habitantes de las megal\u00f3polis, para los prisioneros de la jungla de cemento, que solo ven pastos verdes en im\u00e1genes, una vida as\u00ed es un sue\u00f1o. Sin embargo, para los pobladores de esa zona, era una verdadera prueba, porque, aunque el pueblo era peque\u00f1o, las pasiones all\u00ed eran serias y ard\u00edan con gran fuerza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por el aburrimiento y la ociosidad (porque all\u00ed no nac\u00eda ni mor\u00eda gente a diario, y las viviendas que constru\u00edan una vez eran bien s\u00f3lidas, para toda la vida), aquella gente robaba, violaba y mataba. Se hac\u00edan maldades unos a otros, difund\u00edan chismes y tramaban todo tipo de intrigas.<br \/>\nAl cometer un delito \u2014peque\u00f1o o grande\u2014, los habitantes de ese pueblo se sent\u00edan p\u00e9simamente. Todo su interior se desgarraba en pedazos. Quer\u00edan encontrar un hombro sobre el que llorar para sentirse aliviados, porque, como es sabido, el ser humano es una criatura abierta e incapaz de guardarse todo dentro de s\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la ciudad, si algo atormenta a las personas, se lo cuentan a sus amigos. Pero en ese pueblo, \u00bfacaso pod\u00edan existir amigos? \u00bfAcaso pod\u00eda una mujer confesarle a una conocida que hab\u00eda seducido al marido de su vecina, o un hombre contarle a su compa\u00f1ero que hab\u00eda robado una oveja del reba\u00f1o ajeno? \u00a1Imposible! En aquel pueblo todos estaban emparentados de alg\u00fan u otro modo. \u00bfIr a la iglesia del pueblo a confesarse? \u00a1Tampoco era una opci\u00f3n! Desde los tiempos de la conquista, los moradores de aquel lugar guardaban rencor a los sacerdotes forasteros; no confiaban en aquellos curas de sotanas grasientas. Y como tampoco all\u00ed hab\u00edan o\u00eddo nunca hablar de los \u201cpsic\u00f3logos\u201d, los habitantes se desahogaban con el Oyente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A unos trescientos metros, al noreste del pueblo, se alzaba una monta\u00f1a, cuyo saliente rocoso recordaba much\u00edsimo a un pabell\u00f3n auricular, por lo que desde tiempos antiguos los lugare\u00f1os lo apodaron el Oyente. Seguramente ser\u00eda interesante saber c\u00f3mo se nombraba a s\u00ed mismo aquel saliente, pero \u00bfqui\u00e9n iba a pregunt\u00e1rselo? Su destino era colgar silenciosamente de la monta\u00f1a y no molestar a nadie. As\u00ed permaneci\u00f3, tranquilo e imperturbable, durante millones de a\u00f1os, hasta que los primeros hombres aparecieron en aquella zona y empezaron a visitarlo para susurrarle sus vergonzosos secretos. Entonces su vida pac\u00edfica termin\u00f3 y comenzaron los tormentos constantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cada d\u00eda \u00e9l escuchaba decenas de historias sobre abortos e incestos, sobre llagas pestilentes y enfermedades ven\u00e9reas, sobre fratricidios y sacrificios. Nadie le contaba nada bueno, a pesar de que en el pueblo tambi\u00e9n se celebraban bodas y fiestas, hab\u00eda risas, alegr\u00eda y momentos gratos, pero esas historias no se confiaban al Oyente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los hombres le echaban descaradamente sus sucios secretos, como si el Oyente fuera un cubo de basura, y luego regresaban al pueblo con el coraz\u00f3n aliviado. Se sent\u00edan libres y limpios, y a ninguno de ellos jam\u00e1s se le ocurri\u00f3 agradecerle al silencioso saliente rocoso su ayuda. Ninguno pens\u00f3 nunca: \u201c\u00bfY qu\u00e9 siente el gigante de piedra despu\u00e9s de escuchar todas estas historias?\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se suele creer que un \u201ccoraz\u00f3n de piedra\u201d no duele ni sufre. \u00bfPero es as\u00ed? El Oyente lloraba y se quejaba; maldec\u00eda su destino y se enfurec\u00eda con la Madre Naturaleza por haberle creado de esa forma y haberlo obligado a escuchar, sin que \u00e9l quisiera, tantas historias repugnantes. Pero por mucho que derramaba l\u00e1grimas, nadie en el pueblo lo o\u00eda. Los seres humanos rara vez comprenden incluso a los de su propia especie, y entender la naturaleza y los problemas de una roca, ni pensarlo. Y como si nada, d\u00eda tras d\u00eda segu\u00edan acudiendo al Oyente para contarle sus historias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, todo tiene un final, y la monta\u00f1a en la que se alzaba el Oyente, que era su madre o tal vez hermana (hasta el d\u00eda de hoy a\u00fan se sabe muy poco sobre los v\u00ednculos de parentesco entre monta\u00f1as), se compadeci\u00f3 de \u00e9l. Y un d\u00eda \u2014era martes por la tarde\u2014, la monta\u00f1a tens\u00f3 sus vetas de piedra con todas sus fuerzas y comenz\u00f3 un desprendimiento de rocas de una potencia incre\u00edble. Algo similar, probablemente, ocurri\u00f3 en Pompeya, as\u00ed que es f\u00e1cil imaginar lo cansado y fastidiado que estaba el pobre Vesubio de las intrigas y disputas de los s\u00fabditos del Imperio romano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las piedras ca\u00edan y ca\u00edan, rodaban sobre la gente, derrumbaban cimientos y techos de casas. En cuesti\u00f3n de minutos el pueblo qued\u00f3 sepultado bajo un mont\u00f3n de rocas, sin que ninguno de los habitantes tuviera tiempo siquiera de lanzar un grito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el pa\u00eds donde se ubicaba aquel pueblo se declararon tres d\u00edas de duelo nacional. Y muchos compatriotas se lamentaban por los destinos rotos, ellos lloraban por los hombres y mujeres, ancianos y ni\u00f1os que hab\u00edan llevado una vida humilde y decente en un pueblo remoto en alg\u00fan lugar de los Andes, y que murieron de manera tan tr\u00e1gica. S\u00ed, muchos, pero no el saliente rocoso con forma de oreja humana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s del derrumbe de piedras, que hab\u00eda provocado su t\u00eda o quiz\u00e1 su abuela (repito: los lazos familiares entre monta\u00f1as siguen siendo un misterio), \u00e9l vivi\u00f3 una existencia tranquila y feliz, disfrutando de los fr\u00edos vientos andinos y de las fugaces caricias del sol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin hombres. Y sin sus malas historias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento a la manera de las antiguas historias de terror, por la narradora y traductora rusa Maria Gorodentseva (1994). Finalista del concurso especial de aniversario de Las Historias.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17230,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3476,3509,22,2343,3520,185,201,1026,2291,3519],"class_list":["post-17229","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-20-aniversario-de-las-historias","tag-concurso-de-aniversario-de-las-historias","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-oyente","tag-escritoras","tag-escritores-rusos","tag-literatura-de-horror","tag-literatura-de-imaginacion","tag-maria-gorodentseva"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Maria-Gorodentseva_foto-e1766189486968.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4tT","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17229","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17229"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17229\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17232,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17229\/revisions\/17232"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17230"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17229"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17229"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17229"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}