{"id":17108,"date":"2011-07-24T23:20:15","date_gmt":"2011-07-25T04:20:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17108"},"modified":"2025-10-18T00:03:40","modified_gmt":"2025-10-18T06:03:40","slug":"muerta-cuento-carmen-laforet","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/muerta-cuento-carmen-laforet\/","title":{"rendered":"La muerta"},"content":{"rendered":"<p>La escritora espa\u00f1ola <a href=\"https:\/\/www.sweetparanoia.com\/carmen-laforet\/\" target=\"_blank\">Carmen Laforet<\/a> (1921-2004) es conocida especialmente por su novela <em>Nada<\/em> (1944), en la que la perspectiva de una mujer en plena dictadura de Francisco Franco revela una vida opresiva y frustrante. Sin embargo, los mismos temas y preocupaciones est\u00e1n en sus cuentos, de los que \u00e9ste, publicado en el libro del mismo t\u00edtulo en 1952, es un gran ejemplo. En este caso, la perspectiva es masculina; no cambia la diferencia entre los grandes sucesos que creen vivir los personajes y sus peque\u00f1\u00edsimas consecuencias.<\/p>\n<figure id=\"attachment_17110\" aria-describedby=\"caption-attachment-17110\" style=\"width: 957px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17110\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/muerta-cuento-carmen-laforet\/carmen-laforet-1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1.jpg\" data-orig-size=\"957,700\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Carmen-Laforet-1\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Carmen Laforet (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.sweetparanoia.com\/carmen-laforet\/&quot; target=_blank&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1.jpg\" alt=\"\" width=\"957\" height=\"700\" class=\"size-full wp-image-17110\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1.jpg 957w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1-300x219.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1-547x400.jpg 547w\" sizes=\"auto, (max-width: 957px) 100vw, 957px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17110\" class=\"wp-caption-text\">Carmen Laforet (<a href=\"https:\/\/www.sweetparanoia.com\/carmen-laforet\/\" target=_blank>fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA MUERTA<br \/>\nCarmen Laforet<\/strong><br \/>\nEl se\u00f1or Paco no era un sentimental. Era un buen hombre al que le gustaba beber, en compa\u00f1\u00eda de amigos, algunos traguitos de vino al salir del trabajo y que solo se emborrachaba en las fiestas grandes, cuando hab\u00eda motivo para ello. Era alegre, con una cara fea y simp\u00e1tica. Debajo de la boina le asomaban unos cabellos blancos, y sobre la bufanda una nariz redonda y colorada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al entrar en la casa esta nariz qued\u00f3 un momento en suspenso, en actitud de olfatear, mientras el se\u00f1or Paco, que se acababa de quitar la bufanda, abr\u00eda la boca, con cierto asombro. Luego reaccion\u00f3. Se quit\u00f3 el abrigo viejo, en una de las mangas le hab\u00edan cosido sus hijas una tira negra de luto, y lo colg\u00f3 en el perchero que adornaba el pasillo desde hac\u00eda treinta a\u00f1os. El se\u00f1or Paco se frot\u00f3 las manos, y luego hizo algo totalmente fuera de sus costumbres. Suspir\u00f3 profundamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda sentido a su muerta. La hab\u00eda sentido, all\u00ed, en el calado corredor de la casa, en el rayo de sol que por el ventanuco se colaba hasta los ladrillos rojos que pavimentaban el pasillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda notado la presencia de su mujer, como si ella viviese. Como si estuviese esper\u00e1ndolo en la c\u00e1lida cocina, reci\u00e9n encalada, tal como suced\u00eda en los primeros a\u00f1os de su matrimonio\u2026 Despu\u00e9s las cosas hab\u00edan cambiado. El se\u00f1or Paco hab\u00eda sido muy desgraciado y nadie podr\u00eda reprocharle unos traguitos de vino y algunas aventurillas que le costaron, es verdad, sus buenos cuartos\u2026 Nadie podr\u00eda reproch\u00e1rselo con una mujer enferma siempre y dos hijas alborotadas y mal habladas como demonios. Nadie se lo hab\u00eda reprochado jam\u00e1s. Ni la pobre Mar\u00eda, su difunta, ni su propia conciencia. Cuando las lenguas de sus hijas se desataron en alguna ocasi\u00f3n m\u00e1s de lo debido, la misma Mar\u00eda hab\u00eda intervenido desde su cama o desde su sill\u00f3n para callarlas, suavemente, pero con firmeza. En la soledad de la alcoba, cuando algunas noches hab\u00eda estado \u00e9l, malhumorado, inquieto, revolvi\u00e9ndose en la cama. Mar\u00eda misma lo hab\u00eda compadecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alguna vez, la verdad, hab\u00eda \u00e9l especulado con la muerte de su mujer. Y esto lo sent\u00eda ahora. Pero\u2026 \u00a1Hab\u00eda estado desahuciada tantas veces!\u2026 Se avergonzaba de pensarlo, pero no pudo menos de hacer proyectos, en una ocasi\u00f3n, con una viuda de buenas carnes, que viv\u00eda en la vecindad, y que le dejaba sin respiraci\u00f3n cuando le soltaba una risa para contestar a sus piropos\u2026 Esto fue en \u00e9poca en que Mar\u00eda estaba paral\u00edtica\u2026 \u00abCosa progresiva -dec\u00edan los m\u00e9dicos-, llegar\u00e1 el d\u00eda en que la par\u00e1lisis ataque al coraz\u00f3n y entonces\u2026 hay que estar preparados.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Paco estuvo preparado. Ya lo hab\u00eda estado cuando la hidropes\u00eda, cuando el tumor en el pecho, cuando\u2026 La vida de Mar\u00eda en los \u00faltimos veinte a\u00f1os hab\u00eda sido un ir de una enfermedad mala a otra peor\u2026 Y ella tan contenta. \u00a1Con tal de tener sus medicinas! Y hasta sin eso; porque a la hija casada hab\u00eda llegado a darle el dinero de sus medicinas, muchas veces para comprarle cosas a los ni\u00f1os\u2026 Pero lo que era seguro es que, sufrir, lo que dec\u00edan los m\u00e9dicos que estaba sufriendo\u2026 no, Mar\u00eda no notaba aquellos padecimientos. Nunca se quej\u00f3. Y cuando uno sufre, se queja. Eso lo sabe todo el mundo\u2026 Entre una enfermedad y otra, ayudaba torpemente a las hijas a poner orden en aquella casa descuidada, donde, continuamente, resonaban gritos y discusiones entre las dos hermanas, que no se pod\u00edan ver\u2026 Esto s\u00ed mortificaba a la pobre, aquellas discusiones que eran el esc\u00e1ndalo de la vecindad, y nunca, ni en su agon\u00eda, pudo gozar de paz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Paco, durante los tres a\u00f1os de la par\u00e1lisis de su mujer, hab\u00eda tenido aquellos secretos proyectos respecto a la vecina viuda. Pensaba echar a las hijas como fuera y quedarse con el piso\u2026 No faltaba m\u00e1s\u2026 Y luego, a vivir\u2026 Alguna compensaci\u00f3n ten\u00eda que ofrecerle el destino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos los d\u00edas acechaba la cara p\u00e1lida y risue\u00f1a de Mar\u00eda, que hundida en su sill\u00f3n, en un rinc\u00f3n de la cocina, ten\u00eda sobre las rodillas paral\u00edticas al nieto m\u00e1s peque\u00f1o, o cos\u00eda, con sus manos aun h\u00e1biles, sin dar importancia a aquello que el se\u00f1or Paco le pon\u00eda de tan mal humor: Que la cocina estuviese sucia, con las paredes negras de no limpiarse en a\u00f1os, y el aire lleno de humo y de olor a aceite malo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mar\u00eda levantaba hacia \u00e9l sus ojos suaves, aquella boca p\u00e1lida donde siempre flotaba la misteriosa e irritante sonrisa, y el se\u00f1or Paco desviaba los ojos; \u00e9l notaba que ella le compadec\u00eda, como si le adivinase los pensamientos, y desviaba los ojos. Pod\u00eda compadecerle todo lo que quisiera; pero el caso es que no se mor\u00eda nunca; aunque para la vida que llevaba, como dec\u00eda \u00e9l a sus amigos, cuando el vino le soltaba la lengua, para la vida que llevaba la pobre mujer, mejor estar\u00eda ya descansando\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda el se\u00f1or Paco sinti\u00f3 derrumbarse todos sus proyectos. Al volver del trabajo, cuando abri\u00f3 la puerta de la cocina, encontr\u00f3 a la mujer de pie, como si tal cosa, fregando cacharros. La sonrisa con que le recibi\u00f3 fue un poco t\u00edmida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfSabes?\u2026 Esta ma\u00f1ana vi que me pod\u00eda levantar sola, que pod\u00eda andar\u2026 Me alegr\u00e9 por las chicas\u2026 \u00a1Tienen tanto trabajo las pobres!\u2026 Parece que tambi\u00e9n ha salido de esta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Paco no dijo nada. No pudo manifestar ninguna clase de alegr\u00eda ni de asombro. Por otra parte, tampoco hac\u00eda falta. Las hijas, el yerno y hasta los nietos, tomaban la curaci\u00f3n de la paral\u00edtica como la cosa m\u00e1s natural. Discut\u00edan lo mismo, cuando la madre estaba en pie y les ayudaba en la medida de sus fuerzas que cuando estaba sentada en un sill\u00f3n de hule.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al se\u00f1or Paco con la imposibilidad de realizar el nuevo matrimonio que so\u00f1aba se le pas\u00f3 el enamoramiento por la viuda frescachona y, en verdad, cuando, al fin, Mar\u00eda cay\u00f3 enferma de muerte, \u00e9l no ten\u00eda ning\u00fan deseo del desenlace. Lo que le sucedi\u00f3 fue que hasta el \u00faltimo minuto estuvo sin creerlo. Lo mismo les suced\u00eda a las hijas, que estaban acostumbradas a tener a\u00f1os y a\u00f1os a una madre agonizante. La noche antes de morir, sin poder ya incorporarse en la cama, Mar\u00eda hilvanaba torpemente el trajecillo de un nieto\u2026 Y, como de costumbre, no pudo hacer nada para impedir las discusiones habituales de la familia, en su \u00faltimo d\u00eda en la tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Paco se port\u00f3 decentemente en su entierro, con una cara afligida. Pero al volver del cementerio ya la hab\u00eda olvidado. \u00a1Era tan poca cosa all\u00ed aquella mujer menuda y silenciosa!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00edan pasado ya m\u00e1s de tres semanas que estaba bajo la tierra. Y loo ahora, sin venir a cuento, el se\u00f1or Paco la sent\u00eda. Llevaba varios d\u00edas sinti\u00e9ndola al entrar en la casa, y no pod\u00eda decir por qu\u00e9. La recordaba como cuando era joven, y \u00e9l hab\u00eda estado orgulloso de ella, que era limpia y ordenada como ninguna; con aquel cabello negro anudado en un mo\u00f1o, siempre brillante, y aquellos dientes blanqu\u00edsimos. Y aquel olor de limpieza, de buenos guisos que ten\u00eda su cocina, que ella misma encalaba cada s\u00e1bado, y aquella tranquilidad, aquel silencio que ella parec\u00eda poner en dondequiera que entraba\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquel d\u00eda cay\u00f3 el se\u00f1or Paco en la cuenta de que era por eso\u2026 Aquel silencio\u2026 Hac\u00eda tres semanas que las hijas no discut\u00edan. Ellas tambi\u00e9n, quiz\u00e1, sent\u00edan a la muerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pero no\u2026 -el se\u00f1or Paco se son\u00f3 ruidosamente- no\u2026 eso son cosas de viejo, de lo viejo que est\u00e1 uno ya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, era indudable que las hijas no discut\u00edan. Era indudable que en vez de dejar las cosas por hacer, pretextando cada una que aquel trabajo urgente le pertenec\u00eda a la otra, en vez de eso, se repart\u00edan las labores, y la casa marchaba mejor. El se\u00f1or Paco quiz\u00e1 por esto, o quiz\u00e1s porque se iba haciendo viejo, como \u00e9l pensaba, estaba m\u00e1s en la casa, y hasta se hab\u00eda aficionado algo a uno de los nietos. Dio unos pasos por el corredor, sinti\u00f3 el calor de la mancha de sol en la nariz y en la nuca, al atravesarla, y empuj\u00f3 la puerta de la cocina, quedando unos momentos deslumbrado en el umbral.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cocina estaba blanca y reluciente como en los primeros tiempos de su matrimonio. En la mesa estaban puestos los platos. El yerno estaba comiendo y, cosa nunca vista, lo atend\u00eda la hija soltera, mientras la hermana se ocupaba de los dos mocosos peque\u00f1os\u2026 Aquello era tan raro que le hizo carraspear.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Esto parece otra cosa. \u00bfEh, se\u00f1or Paco?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El yerno estaba satisfecho de aquellas paredes blancas oliendo a cal. El se\u00f1or Paco mir\u00f3 a sus hijas. Le parec\u00eda que hac\u00eda a\u00f1os que no las miraba. Sin saber por qu\u00e9 dijo que se le estaban pareciendo ahora a la madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Ya quisieran. La se\u00f1ora Mar\u00eda era una santa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta idea entr\u00f3 en la cabeza del se\u00f1or Paco, mientras iba consumiendo su sopa, lenta y silenciosamente. La idea apuntada por el yerno de que la muerta hab\u00eda sido una santa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-La verdad, padre -dijo de pronto una de las hijas-, que a veces no sabe uno c\u00f3mo viven algunas personas. La pobre madre no hizo m\u00e1s que sufrir y aguantar todo\u2026 Yo quisiera saber de qu\u00e9 le sirvi\u00f3 vivir as\u00ed para morirse sin tener ning\u00fan gusto\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de esto, nada. El se\u00f1or Paco no ten\u00eda ganas de contestar, ni nadie\u2026 Pero parec\u00eda que en la cocina clara hubiese como una respuesta, como una sonrisa, algo\u2026 Otra vez suspir\u00f3 el se\u00f1or Paco, honda, sentidamente, despu\u00e9s de limpiarse los labios con la servilleta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras se pon\u00eda el abrigo, para irse a la calle de nuevo; las hijas cuchichearon sobre \u00e9l, en la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfTe has fijado en el padre?\u2026 se est\u00e1 volviendo viejo. \u00bfTe fijaste c\u00f3mo se qued\u00f3, as\u00ed, alelado, despu\u00e9s de comer? Ni se dio cuenta cuando Pepe sali\u00f3\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Paco las estaba oyendo. S\u00ed, \u00e9l tampoco sab\u00eda bien lo que le pasaba. Pero no pod\u00eda librarse de la evidencia. Estaba sintiendo de nuevo a la muerta, junto a \u00e9l. No ten\u00eda esto nada de terrible. Era algo c\u00e1lido, infinitamente consolador. Algo inexpresable. Ahora mismo, mientras se enrollaba al cuello la bufanda, era como si las manos de ella se la atasen amorosamente\u2026 Como en otros tiempos\u2026 Quiz\u00e1 para eso hab\u00eda vivido y muerto ella, as\u00ed, doliente y risue\u00f1a, insignificante y magn\u00edfica. Santa\u2026 para poder volver a todo, y a todos consolarles despu\u00e9s de muerta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La espa\u00f1ola Carmen Laforet (1921-2004) cuenta una historia sobre cambios y frustraciones.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17110,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"La muerta","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3502,22,2343,185,193,3503,2855],"class_list":["post-17108","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-carmen-laforet","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-espanoles","tag-la-muerta","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/Carmen-Laforet-1.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4rW","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17108"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17108\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17112,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17108\/revisions\/17112"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17110"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}