{"id":171,"date":"2007-03-10T02:22:58","date_gmt":"2007-03-10T08:22:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=181"},"modified":"2016-10-26T10:24:29","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:29","slug":"las-muchachas-perdidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/las-muchachas-perdidas\/","title":{"rendered":"Las muchachas perdidas"},"content":{"rendered":"<div>\n<img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/SlipcaseLostGirls.jpg\" alt=\"Lost Girls\" \/><\/p>\n<p><em>Alan Moore y Melinda Gebbie, <\/em>Lost Girls<em>.<br \/>\n3 tomos. Marietta, Top Shelf, 2006.<\/em><\/div>\n<p><em>Este texto es una versi\u00f3n ampliada del que se public\u00f3, sobre el mismo tema, en el \u00faltimo n\u00famero de la revista<\/em> Replicante. <em>Agradezco a Chris Staros, de Top Shelf, por las im\u00e1genes, y advierto que todas las que siguen en esta nota son (como se dice en estos tiempos) \u00abexpl\u00edcitas\u00bb; por lo tanto, invito a quien pudiera ofenderse al verlas a no seguir leyendo.<\/em><\/p>\n<div>*   *   *<\/div>\n<p>Las historietas pornogr\u00e1ficas \u2013que tantos juzgan \u201clo peor que hay\u201d pero en todas partes disponen de sus lectores culposos, agachones, fieles\u2013 ostentan las marcas vergonzosas de la vulgaridad. Censuradas con tiras negras o estrellitas blancas, a veces encerradas en bolsas de pl\u00e1stico, sus portadas acostumbran, encima, estar mal dise\u00f1adas y peor impresas y mostrar, como sus reclamos del deseo, una de estas posibilidades: im\u00e1genes claramente de archivo, o bien malos pastiches del <em>hentai<\/em> japon\u00e9s o de cualquier otra tradici\u00f3n de pacotilla, o bien modelos que parecen m\u00e1s interesados en acabar pronto la sesi\u00f3n fotogr\u00e1fica que en cuidar sus cuerpos, asumir la pose o por lo menos fingir que hay algo de placer en lo que est\u00e1n haciendo. En gran parte del occidente \u2013esa que todav\u00eda considera \u201cavanzada\u201d (o reprensible) la educaci\u00f3n sexual\u2013 el porno se contagia del temor y la santurroner\u00eda de sus detractores y, adem\u00e1s de basto, parece querer ser feo: esto que est\u00e1 prohibido, parece decir, y que de todos modos est\u00e1s haciendo y que te encanta, adem\u00e1s es horrible; paga, averg\u00fc\u00e9nzate, res\u00edgnate.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/LostGirlsBook3.Title.jpg\" alt=\"Lost Girls. P\u00e1gina de titulo del tomo 3\" \/><\/div>\n<p>Lo que antecede implica, desde luego, una paradoja: la Real Academia (al igual que muchas personas) recuerda que la palabra <em>pornograf\u00eda <\/em>contiene el t\u00e9rmino griego que significa \u201cprostituci\u00f3n\u201d, pero tambi\u00e9n propone una definici\u00f3n alterna a partir de su obscenidad, su capacidad de ofender el pudor y el recato, sin mencionar en absoluto el sexo. Y si los dos \u00faltimos siglos de la historia de las artes abundan en ejemplos de esa otra pornograf\u00eda: de obras que han ofendido y escandalizado, muchas de ellas son obras maestras: <em>La balsa de la \u2018Medusa\u2019 <\/em>de G\u00e9ricault y el <em>Guernica <\/em>de Picasso \u2013terribles en sus visiones de la muerte y la violencia\u2013 son s\u00f3lo dos ejemplos entre centenares.<br \/>\n\u00bfSer\u00eda posible, entonces, que la pornograf\u00eda sexual pudiera ser bella sin dejar de ser pornograf\u00eda, sin asimilarse a la categor\u00eda menos problem\u00e1tica de lo er\u00f3tico? Si la respuesta fuera afirmativa, entonces la representaci\u00f3n del sexo podr\u00eda mantener su car\u00e1cter injurioso, subversivo, sin condescender a la fealdad que nace de la culpa. La distinci\u00f3n es tenue, como se ve, pero Alan Moore, el gran historietista brit\u00e1nico, ha intentado dibujarla m\u00e1s claramente \u2013crear \u201cbella pornograf\u00eda\u201d\u2013 en su \u00faltimo libro: <em>Las muchachas perdidas<\/em> (<em>Lost Girls<\/em>, 2006).<br \/>\nMoore, conocido como escritor de varias de las \u201cnovelas gr\u00e1ficas\u201d m\u00e1s relevantes del siglo XX \u2013y por su cr\u00edtica acerba de las versiones f\u00edlmicas de varias de ellas\u2013, ha insistido en que este trabajo, hecho en colaboraci\u00f3n con la pintora Melinda Gebbie, es efectivamente pornogr\u00e1fico, y durante los meses anteriores al lanzamiento del libro, publicado por la editora independiente Top Shelf Comix, sus declaraciones provocaron una controversia estimable en el medio de la historieta en ingl\u00e9s, que a\u00fan se distingue \u2013pese a los esfuerzos de numerosos creadores\u2013 por su puritanismo. Es de celebrar que, en el contexto del retroceso de los pol\u00edticos conservadores en Estados Unidos e Inglaterra, el asunto no haya desembocado en censura abierta, como la que tuvo lugar en varias editoriales estadounidenses tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001; si bien el libro no se convirti\u00f3 en una <em>cause c\u00e9l\u00e8bre<\/em>, resulta m\u00e1s f\u00e1cil leerlo sin atender a la publicidad y descubrir que, efectivamente, propone la belleza del sexo expl\u00edcito \u2013y literalmente en todas sus permutaciones\u2013 mediante una historia que gira alrededor de la propia sexualidad y de su relaci\u00f3n con el arte y la historia humanos.<\/p>\n<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/LostGirls.07.06.jpg\" alt=\"Lost Girls. El tornado, desde el punto de vista de Dorothy\" \/><\/div>\n<p>Al igual que en las novelas de la serie <em>La liga extraordinaria <\/em>(<em>The League of Extraordinary Gentlemen<\/em>, comenzada en 1999), Moore recurre en <em>Las muchachas perdidas <\/em>a personajes literarios, cuyas aventuras contin\u00faa; pero en vez de aventuras a la Edgar Rice Burroughs o a la Sax Rohmer, las tres protagonistas de esta novela \u2013nada menos que la Alicia de Lewis Carroll, la Wendy de J. M. Barrie y la Dorothy de L. Frank Baum\u2013 se hallan en un mundo a la vez m\u00e1s sereno y m\u00e1s tenso: reunidas en un hotel austriaco, en v\u00edsperas de la Primera Guerra Mundial, empiezan a contarse las vidas extraordinarias de sus libros, reinterpret\u00e1ndolas como historias de sus respectivos despertares sexuales y buscando en ellas un sentido para sus frustraciones, sus apetencias y sus vidas enteras.<br \/>\nLos encuentros sexuales, dibujados sin ninguna de las exageraciones de la pornograf\u00eda vulgar, son tambi\u00e9n despojados de cualquier miedo y connotaci\u00f3n vergonzosa: ninguna de semejantes censuras \u2013afirma el libro una y otra vez\u2013 parece sensata mientras el mundo entero mira sin parpadear la llegada de una guerra espantosa.<br \/>\nPara insistir en su sentido libertario, el libro explora el presente amoroso de sus personajes \u2013el hotel est\u00e1 pleno de encuentros, parejas, grupos, \u201ctiernas actividades horizontales\u201d\u2013 y la historia misma de la pornograf\u00eda, que pasa por Beardsley y Schiele, por Wilde y Apollinaire, y se\u00f1ala una de las mayores contradicciones de la cultura que nos hemos construido: la hipocres\u00eda por la que negamos las expresiones corporales de la vida al tiempo que celebramos el poder y la violencia, como se puede ver en cualquier momento en nuestras artes y medios \u201caceptables\u201d. Pero m\u00e1s a\u00fan que las implicaciones del texto, y del tapiz hist\u00f3rico que Moore crea a partir de sus hero\u00ednas inexistentes, el libro destaca por la belleza de sus im\u00e1genes, ajena por igual a la de la pornograf\u00eda com\u00fanmente aceptada y a la blanda y llamativa simplicidad de tanto c\u00f3mic \u201cdecente\u201d. Gebbie, quien ha trabajado exclusivamente en historietas <em>underground <\/em>y en unos pocos trabajos ancilares con Moore, es lo contrario del dibujante machetero y eficiente: <em>Las muchachas perdidas <\/em>tard\u00f3 16 a\u00f1os en completarse \u2013a raz\u00f3n de tres d\u00edas por cuadro, para incorporar en cada uno de ellos alrededor de diez capas distintas de pintura, l\u00e1pices de colores y otros elementos\u2013, y cada p\u00e1gina, planeada en colaboraci\u00f3n estrecha con el escritor, es una peque\u00f1a obra maestra de composici\u00f3n y dise\u00f1o. El resultado incomodar\u00e1 a muchos: perfecto en su factura y a la vez visceral e inmediatamente comprensible, recordar\u00e1 a quien lo vea la simple belleza de los cuerpos, la alegr\u00eda \u2013sin temor, con placer\u2013 del contacto entre los cuerpos. \u00bfCu\u00e1ntas personas no dir\u00e1n que esta mera descripci\u00f3n es ya pornogr\u00e1fica?<\/p>\n<div>*   *   *<\/div>\n<p>Una \u00faltima nota sobre la recepci\u00f3n de la novela: incapaces de condenarla por su mera belleza, muchos comentaristas han negado que sea pornograf\u00eda, devolviendo la discusi\u00f3n a su principio. A Moore y Gebbie debe parecerles ir\u00f3nico que el mismo Neil Gaiman, el disc\u00edpulo m\u00e1s aventajado de Moore en el mundo del c\u00f3mic, haya escrito en una rese\u00f1a: \u00abSi el libro fall\u00f3 en algo para m\u00ed, fue [fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][porque] no es de los que se leen con una sola mano. Es demasiado cerebral y extra\u00f1o para apreciarlo o experimentarlo de modo visceral\u00bb. (Con todo su talento, Gaiman siempre ha sido el justo reverso de Moore en su actitud ante los tab\u00faes y los l\u00edmites de su arte.) Pero tal vez sea mejor que el destino de <em>Las muchachas perdidas<\/em> sea, por ahora, esa alabanza inc\u00f3moda: mientras dure, se\u00f1alar\u00e1 lo poco que hemos aprendido, como cultura(s), sobre nuestra propia sexualidad.<\/p>\n<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/LostGirlstxt.jpg\" alt=\"Una vi\u00f1eta de Lost Girls\" \/><\/div>\n<blockquote><p>Las pornograf\u00edas son los parques encantados donde las m\u00e1s ocultas y vulnerables de nuestras muchas identidades pueden jugar sin miedo. Son los palacios de lujo que todas las pol\u00edticas y ej\u00e9rcitos del mundo exterior jam\u00e1s podr\u00e1n manchar ni reducir a escombros. Son nuestros jardines secretos, en los que rutas seductoras de palabras e im\u00e1genes nos llevan a la puerta h\u00fameda y cegadora de nuestro placer, m\u00e1s all\u00e1 de la cual las cosas s\u00f3lo pueden expresarse en un lenguaje m\u00e1s all\u00e1 de la literatura; m\u00e1s all\u00e1 de las palabras.<em>&#8211;Alan Moore<\/em><\/p><\/blockquote>\n[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alan Moore y Melinda Gebbie, Lost Girls. 3 tomos. Marietta, Top Shelf, 2006. Este texto es una versi\u00f3n ampliada del que se public\u00f3, sobre el mismo tema, en el \u00faltimo n\u00famero de la revista Replicante. 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