{"id":17003,"date":"2025-09-01T19:08:52","date_gmt":"2025-09-02T01:08:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=17003"},"modified":"2025-09-01T19:08:52","modified_gmt":"2025-09-02T01:08:52","slug":"cuento-cecilia-eudave-7-minutos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cuento-cecilia-eudave-7-minutos\/","title":{"rendered":"7 minutos"},"content":{"rendered":"<p>La escritora mexicana Cecilia Eudave (Guadalajara, 1968) es narradora y ensayista. Entre sus publicaciones de narrativa est\u00e1n <em>Registro de imposibles<\/em>, \u00a0<em>Bestiaria vida <\/em>(premio de novela Juan Garc\u00eda Ponce), <em>T\u00e9cnicamente humanos y otras historias extraviadas<\/em>, <em>Para viajeros improbables<\/em> y <em>Microcolapsos<\/em>. Sus libros m\u00e1s recientes son el libro de cuentos <em>Al final del miedo<\/em> (2021), del que proviene el cuento que aqu\u00ed se presenta, y la novela <em>El verano de la serpiente<\/em> (2022). Ha escrito tambi\u00e9n cuentos infantiles con t\u00edtulos como <em>Pap\u00e1 Oso y Bobot<\/em>, y novela para j\u00f3venes. Su obra ha sido traducida a varios idiomas, y se apareja a una importante actividad como acad\u00e9mica, con residencias en Corea del Sur, Francia y Espa\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cecilia Eudave es una de las estudiosas y practicantes m\u00e1s destacadas en M\u00e9xico de lo que ella misma llama narrativa de lo ins\u00f3lito. En \u00ab7 minutos\u00bb, un encuentro inesperado produce dos experiencias enigm\u00e1ticas, entrelazadas, en las que lo m\u00e1s pat\u00e9tico de la vida real da lugar a un descubrimiento trascendente. Y viceversa.<\/p>\n<figure id=\"attachment_17004\" aria-describedby=\"caption-attachment-17004\" style=\"width: 960px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"17004\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cuento-cecilia-eudave-7-minutos\/ceciliaeudave\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave.jpg\" data-orig-size=\"960,960\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Cecilia Eudave\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Cecilia Eudave (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.scenicrights.com\/es\/author\/cecilia-eudave\/&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave.jpg\" alt=\"\" width=\"960\" height=\"960\" class=\"size-full wp-image-17004\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave.jpg 960w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave-400x400.jpg 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17004\" class=\"wp-caption-text\">Cecilia Eudave (<a href=\"https:\/\/www.scenicrights.com\/es\/author\/cecilia-eudave\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>7 MINUTOS<br \/>\nCecilia Eudave<\/strong><\/p>\n<h4>I<\/h4>\n<p>Jorge miraba la pantalla del ordenador sin decidirse a abrir ning\u00fan archivo. Absorto, como si con ello estuviera haciendo realmente algo. Descubri\u00f3, de repente, un hueco en su cabeza, en su est\u00f3mago (no hab\u00eda desayunado) y con ello todo el vac\u00edo extracurricular de su existencia. Casado y cansado. Sin hijos. No supo si agradecer esto o no, pero de algo estaba seguro, un chiquillo lacrim\u00f3geno corriendo por ese departamento de sesenta y seis metros cuadrados no era opci\u00f3n para alegrarle la vida a nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le apeteci\u00f3 hacerse un caf\u00e9, fumarse un cigarro y dejar que las horas siguieran su curso habitual: esfumarse sin tomarlo en cuenta. El enfado no se hizo esperar cuando not\u00f3 que le quedaba s\u00f3lo un cigarrillo, ech\u00f3 un ojo a su reloj, eran las 10:40. Demasiado temprano para una copita, demasiado. \u201cY \u00bfsi leo algo?\u201d No, eso era cosa de su mujer. Luego se detuvo meditativo. De un tiempo a la fecha ya no usaba el nombre de pila de su esposa para referirse a ella cuando estaba solo o en medio de sus pensamientos. Dej\u00f3 de ser Luisa y se convirti\u00f3 en su mujer, su esposa, mi se\u00f1ora o simplemente: ella. Esa reflexi\u00f3n le sac\u00f3 un suspiro, se recarg\u00f3 sobre el respaldo de su asiento y volvi\u00f3 a mirar fijamente la pantalla del ordenador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Realmente le gustaba la fotograf\u00eda que ten\u00eda por salvapantallas, la tom\u00f3 hace varios a\u00f1os, quiz\u00e1 antes de casarse con \u201cLuisa\u201d \u2013le cost\u00f3 trabajo pensarla con nombre\u2013 all\u00e1, en aquel viejo barrio donde por casualidad fue a hacer un trabajo, algo para una revista de arquitectura, si mal no recordaba. El edificio no era gran cosa, pero las ventanas pose\u00edan terminados <em>art deco<\/em> que lo hac\u00edan distinguirse del resto. Sobre cada ventana principal se hab\u00eda incrustado un mascar\u00f3n tipo prehisp\u00e1nico, imitaci\u00f3n bien lograda de los que hay en Palacio de Bellas Artes. Por consiguiente, las respectivas l\u00edneas, que enmarcaban las ventanas, le daban un aire de marco distinguido. Quiz\u00e1 la intenci\u00f3n del arquitecto \u2014cuyo nombre no recuerda ahora, pero seguro era importante\u2014, lo pens\u00f3 como detalle exc\u00e9ntrico para los due\u00f1os de los lujosos departamentos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Observ\u00f3 la fotograf\u00eda, le gustaba bastante. Sin embargo, no fue la que eligieron para acompa\u00f1ar el reportaje, a pesar de que a Jorge le pareci\u00f3 la m\u00e1s lograda, por el juego de luces tan natural que se filtr\u00f3, ba\u00f1ando con un halo casi irreal, la escena. El \u00e1rbol gigantesco de un costado, la esquina redonda del edificio erguido con mucho garbo, y las ventanas del costado derecho e izquierdo orgullosas de sus mascarones ind\u00edgenas estilizados. Era una foto perfecta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y los idiotas de dise\u00f1o se fueron por las m\u00e1s comerciales\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con orgullo lanz\u00f3 una bocanada de humo que al chocar con la pantalla la llen\u00f3 de vaho. Se apresur\u00f3 a limpiarla y fue cuando la not\u00f3. Al principio le pareci\u00f3 una mancha producto de un juego azaroso de luces involuntario. Pero no. Jorge se acerc\u00f3 mucho para borrar ese posible dedazo, que ahora le parec\u00eda una persona, que adem\u00e1s se hizo hacia atr\u00e1s al ver el enorme ojo aproximarse a la ventana. Jorge hizo lo mismo y cerr\u00f3, como si se protegiera de aquella visi\u00f3n, el ordenador port\u00e1til. Se levant\u00f3 de un salto de la silla y camin\u00f3 un poco por la habitaci\u00f3n. Cheque\u00f3 la hora: 10:42. Demasiado tarde para estar a\u00fan con rastros de sue\u00f1o, demasiado temprano para tenerlo. Subi\u00f3 el volumen de la m\u00fasica como si con ello ocultara ese ligero temor que se le col\u00f3 por el cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014C\u00e1lmate Jorge\u2026 c\u00e1lmate. Es cosa de este encierro. Sal a caminar un poco, rel\u00e1jate. Esto es producto de tu imaginaci\u00f3n\u2026 un enga\u00f1o \u00f3ptico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se rasc\u00f3 la cabeza. Suspir\u00f3 sonriendo para recuperar el control, \u00e9l es un hombre de certezas y por lo mismo no se iba a permitir un desliz en ese asunto, por dem\u00e1s absurdo. No hab\u00eda ninguna persona en una de las ventanas de la fotograf\u00eda de su salvapatallas. Y con determinaci\u00f3n abri\u00f3 la port\u00e1til para comprobarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Error.<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Casi se desmaya, si no fuera porque el latido de su coraz\u00f3n no le dej\u00f3 otra alternativa que estar de pie escuchando c\u00f3mo se le aceleraba, de manera arr\u00edtmica y atroz, ensordeci\u00e9ndolo e impidiendo cualquier otra reacci\u00f3n que la de la rigidez. En ese estado, no s\u00f3lo confirm\u00f3 su certeza, sino que la persona result\u00f3 ser una mujer que ahora asomaba medio cuerpo por la ventana buscando algo. Se puso l\u00edvido, logr\u00f3 apoyarse en la mesa y se sent\u00f3. Entre una nebulosa visi\u00f3n y su o\u00eddo casi ensordecido por el coraz\u00f3n acelerado, pudo escuchar ella le hablaba. Mas bien eran gritos, y ven\u00edan sin lugar a dudas de su ordenador. Las n\u00e1useas no se hicieron esperar y vomit\u00f3 de lado. La mujer se llev\u00f3 la mano a la cara sorprendida del espect\u00e1culo. No s\u00e9 c\u00f3mo se ver\u00eda aquello desde la posici\u00f3n en la que se encontraba, digo, era una ventana situada a media altura del edificio. Quiz\u00e1 la perspectiva de la mujer hacia \u00e9l era de abajo hacia arriba, en todo caso muy de frente si \u00e9ste estaba sentado, por ello, a la hora de volver el est\u00f3mago, ella debi\u00f3 ver s\u00f3lo una ola de bilis amarilla, una cascada mal oliente, sorpresiva. Lo cual la oblig\u00f3 a guardar silencio, a refugiarse en la ventana hasta que pasara esa tormenta ins\u00f3lita. Esa lluvia \u00e1cida, espesa y con los estragos de una noche de juerga solitaria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella, esper\u00f3 a que Jorge volviera a tomar color, pues se puso tan transparente que todas las venas se le traslucieron por la fina piel blanca. Este espect\u00e1culo a la mujer le pareci\u00f3 fascinante y no pudo reprimir un \u201c\u00a1oooooooh!\u201d. Tal vez el \u00e1ngulo desde donde ella miraba a Jorge, que llen\u00f3, seguro todo su campo de visi\u00f3n con una piel llena de venas verdes, rojas y azuladas, le record\u00f3 muy posiblemente un paisaje gal\u00e1ctico. Los poros de la piel, los vellos, el sudor fr\u00edo completaban el cuadro de un universo que se filtraba por los ojos de la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEres Dios?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge, recuperando la compostura, pas\u00f3 su mano por el rostro para asegurarse de que a\u00fan estaba vivo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDios?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se sorprendi\u00f3 contest\u00e1ndole.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, Dios. \u00bfPor fin he muerto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMuerto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella debi\u00f3 pensar que para ser un dios estaba un poco descolocado y adem\u00e1s repet\u00eda todo lo que dec\u00eda sin contestar absolutamente nada sabio para sacarla de su asombro. Porque, no todos los d\u00edas alguien se levanta y frente a su ventana aparece un ser descomunal, m\u00e1s bien un rostro descomunal que es cielo y tierra, a su alrededor. Sacando conclusiones de lo aprendido en a\u00f1os, resumiendo su catecismo vital, acompa\u00f1ado de las lecciones intravenosas de su cat\u00f3lica familia, y sin m\u00e1s alternativa que explicaran aquella visi\u00f3n, se dijo: eso debe ser Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge observ\u00f3 el reloj de la pared: 10:44.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Las p\u00edldoras para el insomnio nunca me han causado este efecto, debo estar alucinando, pero si tengo a\u00f1os tom\u00e1ndolas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMe llevar\u00e1s a alg\u00fan lado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00f3 aire, iba a cerrar la port\u00e1til, ella lo detuvo con voz lastimera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No por favor, la oscuridad no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge respir\u00f3 m\u00e1s profundo y sin m\u00e1s decidi\u00f3 conversar. Total, loco estaba, seguro\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No soy Dios, me llamo Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella no pareci\u00f3 molestarse, ni mostr\u00f3 ning\u00fan signo de abatimiento, m\u00e1s bien se mostr\u00f3 aliviada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, San Jorge\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No soy santo, soy Jorge a secas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como quieras, dime y \u00bfahora qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 de qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1l es el siguiente paso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo s\u00e9 a qu\u00e9 te refieres?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No eres dios, me qued\u00f3 claro, pero en todo caso eres, \u00bfun \u00e1ngel, tal vez? Me tienes que llevar hacia la luz\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1l luz?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La eterna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A ver, no pagu\u00e9 un dineral en un curso de Tanatolog\u00eda para aceptar mi muerte temprana, porque ese era mi destino, dejar esta tierra, jodida por cierto, para ir a un nuevo entorno. Ll\u00e1malo cielo, para\u00edso, o como quieras, yo eleg\u00ed nombrarlo: la luz. Ah\u00ed estar\u00eda en paz y total armon\u00eda energ\u00e9tica. Se me asegur\u00f3 que alguien estar\u00eda esper\u00e1ndome del otro lado para guiarme\u2026 Es donde entras t\u00fa. Porque no veo a nadie m\u00e1s a mi alrededor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge trat\u00f3 de recordar en medio de aquella conversaci\u00f3n si hab\u00eda alg\u00fan antecedente de esquizofrenia en su familia. Pues no, padec\u00edan del colon y reumatismo, pero de la cabeza para nada\u2026 Luego est\u00e1 eso del abuso de las drogas\u2026 tampoco, fue muy moderado en su juventud y ahora un porro de vez en vez, cuando la cosa es social y ya entrados en confianza. El alcohol\u2026 s\u00ed bebe, pero como para llegar al grado de ver gente\u2026 As\u00ed que trat\u00f3 de tomar aquello como algo sobrenatural \u2014dicen que esas cosas pasan\u2014 y enfrentarlo as\u00ed\u2026naturalmente. Aunque esa aparici\u00f3n podr\u00eda deberse a otra cosa:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eres un virus, de esos tan evolucionados que ya hasta hablan. Hace poco le\u00ed un art\u00edculo sobre el tema.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Te aseguro que no soy virus.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y yo te aseguro que no soy ning\u00fan dios, en todo caso un <em>loser<\/em>, y d\u00e9jame decirte que en ese rubro me destaco: nada extraordinario como fot\u00f3grafo, despreciable como marido, una peste de las que le piden prestados a todos su amigos porque nunca trae dinero en la bolsa, un ego\u00edsta que no tiene hijos porque el mundo le parece un asco, huev\u00f3n porque no me busco un trabajo decente, y mantenido porque la que lleva las riendas de la casa es mi mujer, y deb\u00ed decir Luisa, pero para ser honestos, ya que seguro perd\u00ed la cordura, la detesto desde hace un par de a\u00f1os. Ya no cogemos, ni hacemos nada juntos que no sea gritarnos o quedarnos callados con todo ese odio que nos hemos agenciado desde qui\u00e9n sabe cu\u00e1ndo. Pero como ella no me va a dejar, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9, y yo no quiero ser el malo de la pel\u00edcula, adem\u00e1s no tengo ni en qu\u00e9 caerme muerto, pues aqu\u00ed estamos jugando a la casita y al matrimonio. Como puedes ver, soy todo, menos un dios. As\u00ed que si no te molesta llamarme Jorge y decirme qu\u00e9 haces en mi ordenador, perturbando mi modesto pero rutinario d\u00eda de hueva, te puedes ir esfumado de mi vida. Y me voy a servir un whisky, o lo que halla en esta pocilga donde vivo\u2026 y me vale madre que sean las \u2014mir\u00f3 su reloj\u2014 10:46 de la ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicho esto se puso en pie. No sin antes observar c\u00f3mo la cara de la mujer se ensombrec\u00eda. Fue en ese momento, que a Jorge le pareci\u00f3 muy bonita en esa bata de tafeta verde, se pod\u00eda adivinar un lindo cuerpo, no m\u00e1s de treinta y cinco a\u00f1os, supuso. Si otras fueran las circunstancias y \u00e9l no fuera Jorge, ni estuviera tan seguro de serlo, le habr\u00eda invitado a salir. \u201c\u00bfSalir?\u201d Por dios, si es una aparici\u00f3n salida de los anales de su m\u00e1s depravado inconsciente, porque, \u00bfqu\u00e9 otra cosa pod\u00eda ser aquello?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Soy Raquel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00f3lo quer\u00eda que lo supieras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, pues yo soy Jorge. Ni santo ni dios. \u00bfDe acuerdo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvi\u00f3 a aproximar su enorme ojo a la pantalla lo suficiente para distinguir las facciones de ella. Raquel se dej\u00f3 observar con cierto abatimiento, resignada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTe puedo pedir un favor?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, no me pidas nada. Porque no existes y yo no hago favores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me queda menos de un minuto, segundos quiz\u00e1\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo lo sabes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo s\u00e9, simplemente lo s\u00e9. A lo mejor eso es la muerte\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Conciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ahora todo est\u00e1 tan claro: est\u00e1s completamente sola cuando llega la muerte y lo \u00fanico que ves es el rostro de un extra\u00f1o\u2026Ni luz ni cielo ni para\u00edso&#8230; s\u00f3lo un extra\u00f1o con una vida ins\u00edpida e in\u00fatil como la propia\u2026 No hay m\u00e1s, no habr\u00e1 m\u00e1s\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A Jorge le doli\u00f3 que Raquel hablara as\u00ed de su vida, tan directa y planamente. Si bien era cierto aquello, no ten\u00eda, esa mujer aparecida de la nada, ning\u00fan derecho a restregarle en la cara su m\u00e1s que mediocre existencia. En eso pens\u00f3 mientras observaba c\u00f3mo Raquel iba evapor\u00e1ndose, esfum\u00e1ndose ante los ojos enrojecidos de Jorge. Instintivamente quiso introducir su mano y detener el proceso, cuando sus dedos chocaron contra la pantalla, s\u00f3lo alcanz\u00f3 a retener las \u00faltimas palabras de ella:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No hay m\u00e1s\u2026no habr\u00e1 m\u00e1s\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego desapareci\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Basta. Me bebo algo y me vale que sean las\u2026 10:47 de la ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00f3 la primera botella que encontr\u00f3, se sirvi\u00f3 y lo bebi\u00f3 de golpe. El tequila le revitaliz\u00f3 completamente y lo llen\u00f3 de un deseo ardiente por descubrir si aquello fue un fen\u00f3meno de su imaginaci\u00f3n podrida e in\u00fatil o \u00bfqu\u00e9? Escudri\u00f1\u00f3 con sumo cuidado la fotograf\u00eda. Luego corri\u00f3 por una lupa por si la mujer se hubiera internado en la habitaci\u00f3n, quiso mirar hacia dentro, s\u00f3lo se le devolv\u00eda la imagen de una oscuridad plana. Puso su port\u00e1til en diversas posiciones para obtener alg\u00fan \u00e1ngulo que le permitiera ver el interior de cualquiera de las ventanas, nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se ha marchado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dijo en voz alta mientras algo se le ator\u00f3, un malestar, un inmundo malestar que no sab\u00eda por qu\u00e9 le aprisionaba el pecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ahora me voy a poner como un imb\u00e9cil sentimental. A ver, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda hacer yo por una mujer\u2026 imaginaria que me cre\u00eda dios? \u00bfQu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se tom\u00f3 otro tequila sin quitar la vista de la pantalla. Secretamente deseaba volverla a ver\u2026<\/p>\n<h4>II<\/h4>\n<p>\u2014\u00bfMe puedes pasar a Raquel?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfA qui\u00e9n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perd\u00f3n, a mi mujer\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Puso cara de ya met\u00ed la pata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Te traicion\u00f3 el subconsciente, \u00bfno?\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMe la vas a pasar o no?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La compa\u00f1era de trabajo de su esposa demor\u00f3 en contestar otra vez hasta que Jorge impaciente volvi\u00f3 a preguntar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me urge hablar con ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1 ocupada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es importante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una risa insolente y burlona lo sac\u00f3 de quicio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDe qu\u00e9 te r\u00edes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014T\u00fa, algo importante\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mira, dile, que cuando se desocupe me llame, porque su esposo, o sea yo, ve gente que dice estar muerta que adem\u00e1s lo cree un dios\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Colg\u00f3 enfurecido y se sirvi\u00f3 otro trago de tequila, por fin comenzaba a marearse. La computadora segu\u00eda inm\u00f3vil en la mesa, de vez en vez entraba en reposo, cosa que \u00e9l corrigi\u00f3 de inmediato modificando ese comando para que la imagen del salvapantallas no se desvaneciera y \u00e9l pudiera observar si Raquel se asomaba de nuevo. Hab\u00eda sido muy grosero con ella, no quiso en realidad serlo, caray, si tuviera otra oportunidad se dar\u00eda cuenta de que no es ni tan <em>loser<\/em> ni tan mal fot\u00f3grafo. A lo mejor no es buen marido, pero de cualquier manera \u00e9l es una buena persona que sabe escuchar, a veces \u2014record\u00f3 que la mand\u00f3 al carajo en medio de su angustia existencial\u2014, un buen hombre que s\u00f3lo necesita una raz\u00f3n para\u2026 serlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Son\u00f3 el tel\u00e9fono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dej\u00f3 sonar con insistencia. Seguro era su mujer alarmada porque ve gente muerta en el salvapantallas de su port\u00e1til. Por fin contest\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQue me llamaste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al escuchar su voz, Jorge sinti\u00f3 un alivio extremo, estaba vivo, estaba cuerdo, nunca la voz de su esposa le pareci\u00f3 tan dulce, tan pr\u00f3xima, hasta que sin permitirle decir nada de nada sobre la situaci\u00f3n que lo hab\u00eda varado lejos, muy lejos, comenz\u00f3 a gritonearle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mudito\u2026 Claro, como ya te cacharon\u2026 \u00bfQui\u00e9n es Raquel?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si me dejas hablar\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Para escuchar puras mentiras\u2026 Para que me digas que te dijeron dios\u2026 \u2014se le quebr\u00f3 la voz\u2014. Eres un c\u00ednico, hablas a mi trabajo para restregarme a la cara\u2026 no a m\u00ed, a una compa\u00f1era de trabajo, que tienes una\u2026 ni c\u00f3mo llamarla, que te tiene endiosado\u2026Nunca te cre\u00ed tan cruel\u2026 no quiero verte m\u00e1s\u2026 Lo tuyo y lo m\u00edo est\u00e1 podrido, o\u00edste, podrido\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Raquel\u2026 \u2014volvi\u00f3 a poner cara de ya la regu\u00e9 otra vez\u2014. Digo, no es lo que piensas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luisa le colg\u00f3 el tel\u00e9fono. Jorge qued\u00f3 m\u00e1s varado, m\u00e1s lejos y extraviado de s\u00ed mismo. Sinti\u00f3 pena por su esposa que al colgar se notaba muy perturbada, con el llanto atorado en la garganta. Pero seguro ya estar\u00eda rodeada por varias de sus colegas que en fraternidad indisoluble la estar\u00edan consolando y hasta felicitando, pues por fin se dio cuenta de la nulidad de marido que ten\u00eda. Suspir\u00f3 resignado. Comenz\u00f3 a desenvolverse de nuevo en el espacio y tiempo donde se encontraba. Mir\u00f3 el min\u00fasculo departamento, atiborrado de cosas, pocas suyas, y se sent\u00f3 frente a su ordenador. Era mejor as\u00ed, ten\u00eda que aparecer Raquel para que \u00e9l se animara a dejar a Luisa y para que ella por fin dijera que todo estaba terminado: podrido, dijo, podrido. Claro, le hubiera gustado que Raquel fuera\u2026 no sab\u00eda qu\u00e9 le hubiera gustado que fuera. En todo caso, por lo menos una persona real que no pensara que estaba muerta\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y, \u00bfsi no lo est\u00e1? A lo mejor vive en esos departamentos. Quiz\u00e1 existe y \u00e9l cuando sac\u00f3 la foto hace varios a\u00f1os guard\u00f3 en lo m\u00e1s profundo de su memoria la imagen de Raquel. Alguna vez vio o ley\u00f3 algo as\u00ed, de c\u00f3mo la mente guarda cosas insospechadas en cajitas neuronales, por llamarlas de alg\u00fan modo. S\u00ed, tal vez mientras \u00e9l preparaba todo para tomar la fotograf\u00eda, ella se asom\u00f3 por la ventana y hasta lo salud\u00f3; ella vestida con esa bata de tafeta verde que dejaba adivinar un cuerpo maravilloso \u2014se sinti\u00f3 un poco fr\u00edvolo pensando en eso, pero la verdad que el cuerpo era algo para llamar la atenci\u00f3n\u2014; ella siendo amable, cordial, en cambio \u00e9l, habr\u00eda devuelto el saludo sin darle importancia para concentrarse en su trabajo. Est\u00fapido, quiz\u00e1 dej\u00f3 escapar al amor de su vida \u2014 o por lo menos un affaire fabuloso\u2014 por una impresi\u00f3n que dur\u00f3 7 minutos, lo recuerda bien, dej\u00f3 el lente abierto 7 minutos, los suficientes para ahora tener en su salvapantallas una fotograf\u00eda perfecta, que los idiotas de la revista de arquitectura no eligieron.<\/p>\n<h4>III<\/h4>\n<p>Tom\u00f3 su saco y sali\u00f3 del departamento llevado por una necesidad incomprensible de ir en busca de Raquel. Le pareci\u00f3 tan extra\u00f1o pronunciar su nombre con tanta intimidad. Era m\u00e1s pr\u00f3xima que su misma esposa. Deb\u00eda verla, comprobar que no era una alucinaci\u00f3n, un sue\u00f1o o, en el peor de los casos un deseo no resuelto y anclado muy dentro de su cabeza. Quer\u00eda que fuera real o por lo menos lo m\u00e1s real posible\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lleg\u00f3 hasta el viejo barrio y se par\u00f3 afuera del edificio. Con extra\u00f1eza not\u00f3 que todos los detalles de la fotograf\u00eda tomada hace varios a\u00f1os segu\u00edan ah\u00ed, inamovibles. \u201cEso no puede ser\u201d, pens\u00f3. Cruz\u00f3 la calle ansioso y a la vez molesto por no controlar esos impulsos nacidos de qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. Se par\u00f3 justo al lado de la puerta. Observ\u00f3 los n\u00fameros de los departamentos. Se sinti\u00f3 un idiota. No ten\u00eda la menor idea de en cu\u00e1l podr\u00eda estar Raquel. Volvi\u00f3 a cruzar la calle, detenidamente cont\u00f3 las ventanas e hizo una posible distribuci\u00f3n de los pisos en relaci\u00f3n con ellas. Dedujo que Raquel viv\u00eda en el 14. Regres\u00f3 frente a la puerta. Iba a timbrar. Se detuvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y, \u00bfqu\u00e9 le voy a decir? \u201cHola, soy Jorge, el del otro lado de la pantalla\u2026\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cerr\u00f3 los ojos y presion\u00f3 el timbre del departamento 14. Fueron tres toques cortos y despu\u00e9s uno muy largo. Este \u00faltimo llevaba toda la desesperaci\u00f3n que Jorge tuvo atorada tantos a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esper\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie atendi\u00f3 al llamado. Intent\u00f3 de nuevo. No hubo respuesta. Su desesperaci\u00f3n creci\u00f3. Busc\u00f3 una piedra o algo para lanzarla contra la ventana de Raquel. Levant\u00f3 dos peque\u00f1as que al lanzarlas ni siquiera tocaron el muro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 estoy haciendo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estaba a punto de retirarse cuando se abri\u00f3 la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfA qui\u00e9n busca joven?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A Raquel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dijo as\u00ed, como si todo el mundo la conociera. El portero de mediana edad lo mir\u00f3 con recelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEs usted el que ha estado timbrando como loco?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perdone, es que me urge verla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues va a estar dif\u00edcil, ya no vive aqu\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Existe, vivi\u00f3 ah\u00ed. La cara de Jorge nunca se hab\u00eda llenado de tanto j\u00fabilo. El portero iba a cerrar la puerta cuando Jorge con violencia lo detuvo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde vive ahora?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre dud\u00f3 en responder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se muri\u00f3, joven\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El j\u00fabilo se le cay\u00f3 al suelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo que se muri\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues as\u00ed como le digo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Debi\u00f3 palidecer de golpe porque el portero lo detuvo por el brazo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLa conoc\u00eda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y se sent\u00f3 inevitablemente en la acera recargando su cabeza en la pared. Sinti\u00f3 n\u00e1useas y trat\u00f3 de controlarse, no era posible que vomitara otra vez. \u00bfQu\u00e9 clase de relaci\u00f3n es esa? Cada vez que est\u00e1 de alguna manera cerca de Raquel se marea y vomita. Intent\u00f3 incorporarse con ayuda del portero. Tratando de calmarse le pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMuri\u00f3 hace mucho?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hace un mes, quiz\u00e1 menos. Tan bonita, siempre envuelta en su bata de tafeta verde\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge sonri\u00f3, por lo menos comprob\u00f3 que era real\u2026 que hab\u00eda sido real. No quiso entrar en detalles, ni preguntar c\u00f3mo, ni de qu\u00e9 falleci\u00f3, o si ten\u00eda familiares, detalles ociosos. Se limit\u00f3 a ofrecerle un cigarrillo al portero. Ambos lo fumaron en silencio como si hicieran un duelo \u00edntimo y secreto. Cuando termin\u00f3 el suyo el hombre regres\u00f3 a la porter\u00eda del edificio sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos. Jorge no quiso irse de inmediato. Se sent\u00f3 en la acera. No sabe cu\u00e1nto tiempo estuvo ah\u00ed. La gente iba y ven\u00eda mientras \u00e9l, absorto, ocupaba un vestigio transitorio al margen del tiempo y su cauce. Por primera vez al filo del tiempo, sin saber si estaba en el pasado o en el presente. Se puso en pie. Ech\u00f3 un \u00faltimo vistazo a la ventana de Raquel.<\/p>\n<h4>IV<\/h4>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a su casa su mujer estaba haciendo una maleta. Se notaba que hab\u00eda llorado toda la ma\u00f1ana, y seguro, parte de la tarde. No se molest\u00f3 ni en mirarlo. Parec\u00eda que hab\u00eda llegado un fantasma. Jorge no quiso quebrantar esa idea y se fue a sentar frente a su ordenador. Lo encendi\u00f3. Mientras se iniciaba fue por un trago de tequila. Lo bebi\u00f3 de golpe y se sirvi\u00f3 otro. Su esposa dec\u00eda cosas entre dientes, no le interes\u00f3 escucharla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya frente a la pantalla no pudo evitar sentir una tristeza enorme. El hueco oscuro de la ventana de Raquel lo perturb\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. La idea de estar solo en medio de ese vac\u00edo inmensurable del que hab\u00eda tomado conciencia lo desvaneci\u00f3, lo volvi\u00f3 transparente. Record\u00f3 las palabras de Raquel: que no debi\u00f3 morir sola ni estar sola. Se ennegreci\u00f3 la pantalla y de golpe vio reflejada su cara ah\u00ed, ante ese espejo negro, devolviendo su verdadero rostro. Todo qued\u00f3 tan claro:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Luisa\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Qu\u00e9date.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dijo tan lastimeramente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPara qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Para no estar solos. Para que cuando llegue la muerte no veamos el rostro de un extra\u00f1o\u2026 Un extra\u00f1o con una vida ins\u00edpida e in\u00fatil como la nuestra\u2026 Porque no hay m\u00e1s, no habr\u00e1 m\u00e1s\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luisa se detuvo un momento. Lo mir\u00f3 con pena. Movi\u00f3 la cabeza incr\u00e9dula y sonri\u00f3 de lado, dejando como respuesta un portazo al salir\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las experiencias m\u00e1s miserables y las m\u00e1s trascendentes se re\u00fanen en este cuento de la escritora mexicana Cecilia Eudave (1968), maestra de lo ins\u00f3lito.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17004,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"7 minutos","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,198,2855],"class_list":["post-17003","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/CeciliaEudave.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4qf","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17003","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17003"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17003\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17013,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17003\/revisions\/17013"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17004"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17003"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17003"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17003"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}