{"id":16990,"date":"2025-08-30T22:41:14","date_gmt":"2025-08-31T04:41:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16990"},"modified":"2025-08-30T22:41:14","modified_gmt":"2025-08-31T04:41:14","slug":"mujer-dunas-cuento-anais-nin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/mujer-dunas-cuento-anais-nin\/","title":{"rendered":"La mujer de las dunas"},"content":{"rendered":"<p>En la historia del siglo XX, <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Ana%C3%AFs_Nin\">Ana\u00efs Nin<\/a> (1903-1977) es una escritora legendaria, cuya biograf\u00eda no le pide nada a las narraciones apasionantes alrededor de numerosos \u00abhombres de letras\u00bb. Nacida en Francia de padres cubanos, pas\u00f3 a temprana edad a los Estados Unidos, cuya ciudadan\u00eda adopt\u00f3, y tuvo una vida apasionante, siempre enfrentada a los prejuicios de la \u00e9poca. Nin la registr\u00f3 en los <em>Diarios<\/em> que escribi\u00f3 desde los once a\u00f1os y son su obra m\u00e1s conocida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLa mujer de las dunas\u00bb (<a href=\"https:\/\/apersonalanthology.com\/2019\/11\/08\/the-woman-on-the-dunes-by-anais-nin\/\">The Woman on the Dunes<\/a>) <strong>no es un cuento para todo p\u00fablico<\/strong>. Por el contrario, es uno de muchos relatos er\u00f3ticos que Nin escribi\u00f3 por encargo, en lo que ella llamaba medio en broma una actividad de \u00abprostituci\u00f3n literaria\u00bb, para un patrocinador an\u00f3nimo. El cuento fue recogido en la colecci\u00f3n <em>Pajaritos<\/em> (Little Birds, 1979) y esta traducci\u00f3n es de Antonio Desmonts. No se habla mucho de estas cosas, pero hasta el d\u00eda de hoy hay cierto n\u00famero de autoras y autores que sigue los pasos de Ana\u00efs Nin en la literatura sobre temas \u00abprohibidos\u00bb; por ejemplo, publicando textos en plataformas digitales para un n\u00famero reducido de lectores entusiastas y de gustos particulares.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16991\" aria-describedby=\"caption-attachment-16991\" style=\"width: 1200px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16991\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/mujer-dunas-cuento-anais-nin\/anaisnin\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin.jpg\" data-orig-size=\"1200,675\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"AnaisNin\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ana\u00efs Nin (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.eldiario.es\/cultura\/libros\/anais-nin-abre-mundo_1_8643891.html&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin-1024x576.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"675\" class=\"size-full wp-image-16991\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin.jpg 1200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin-600x338.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16991\" class=\"wp-caption-text\">Ana\u00efs Nin (<a href=\"https:\/\/www.eldiario.es\/cultura\/libros\/anais-nin-abre-mundo_1_8643891.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA MUJER DE LAS DUNAS<br \/>\nAna\u00efs Nin<\/strong><\/p>\n<p>Louis no pod\u00eda dormir. Se revolvi\u00f3 en la cama, se puso bocabajo, y, escondiendo la cara en la almohada, se restreg\u00f3 contra las s\u00e1banas calientes como si estuviera sobre una mujer. Pero cuando la fricci\u00f3n lo acalor\u00f3, se detuvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se levant\u00f3 de la cama y mir\u00f3 el reloj. Eran las dos en punto. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer para aplacar la excitaci\u00f3n? Sali\u00f3 del estudio. Hab\u00eda luna y ve\u00eda con claridad los caminos. El lugar, una ciudad costera de Normand\u00eda, estaba lleno de peque\u00f1os chal\u00e9s que se alquilaban por una noche o por una semana. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vio que en uno de los chal\u00e9s hab\u00eda luz. Era un chal\u00e9 metido en el bosque, aislado. Le intrig\u00f3 que hubiera alguien levantado tan tarde. Se acerc\u00f3 sin hacer ruido, dejando sus huellas en la arena. Las persianas estaban echadas, pero no cerraban bien, de forma que pudo mirar dentro de la habitaci\u00f3n. Y sus ojos dieron con la m\u00e1s pasmosa visi\u00f3n: una cama muy ancha, repleta de almohadas y colchas revueltas, como si antes hubiera sido el escenario de una gran batalla; un hombre, al parecer arrinconado contra un mont\u00f3n de almohadones, como si se hubiera retirado despu\u00e9s de una serie de ataques, recostado como un pacha en su har\u00e9n, muy tranquilo y satisfecho, desnudo y con las piernas cruzadas; y una mujer, tambi\u00e9n desnuda, a quien Louis s\u00f3lo ve\u00eda la espalda, retorci\u00e9ndose delante de este pacha, ondul\u00e1ndose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba tr\u00e9mulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De vez en cuando el hombre le pon\u00eda la mano sobre la cabeza, como para contener su frenes\u00ed, y trataba de alejarse. Luego, ella salt\u00f3 con gran agilidad, coloc\u00e1ndose encima, arrodillada sobre la cara. El hombre no se movi\u00f3. Ten\u00eda la cara debajo del sexo de la mujer y \u00e9sta, sacando el est\u00f3mago, se lo ofrec\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al quedar \u00e9l encajado debajo, era ella la que se mov\u00eda al alcance de la boca del hombre, que a\u00fan no la hab\u00eda tocado. Louis vio el sexo del hombre, empinado y agrandado, y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. Pero ella se mantuvo a corta distancia, mirando complacida el espect\u00e1culo de su hermoso est\u00f3mago, su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s, poco a poco, se acerc\u00f3 lentamente y, doblando la cabeza, observ\u00f3 la humedad de la boca del hombre entre sus piernas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante largo rato se mantuvieron en esta posici\u00f3n. Louis estaba tan excitado que se apart\u00f3 de la ventana. De haber seguido m\u00e1s tiempo, hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su ardiente deseo como fuera, y eso no quer\u00eda hacerlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comenz\u00f3 a tener la sensaci\u00f3n de que en todos los chal\u00e9s estaba ocurriendo algo que a \u00e9l le hubiera gustado compartir. Anduvo m\u00e1s de prisa, obsesionado por la imagen del hombre y la mujer, por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al cabo lleg\u00f3 a las dunas de arena y la absoluta soledad. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. M\u00e1s all\u00e1 estaba el mar, cuyos r\u00edtmicos movimientos o\u00eda. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. Y entonces vislumbr\u00f3 una figura delante de \u00e9l, que andaba a pasos ligeros y airosos. Era una mujer. Llevaba puesta una especie de capa, que el viento hench\u00eda como una vela y que parec\u00eda impulsarla. Nunca la alcanzar\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella andaba hacia el mar y \u00e9l la sigui\u00f3. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parec\u00edan nieve. Al llegar a la orilla, ella dej\u00f3 caer al suelo sus ropas y qued\u00f3 desnuda en medio de la noche estival. Ech\u00f3 a correr hacia la rompiente. Y Louis, imit\u00e1ndola, tambi\u00e9n se deshizo de las ropas y entr\u00f3 corriendo en el agua. S\u00f3lo entonces le vio ella. Al principio se qued\u00f3 inm\u00f3vil. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna, la hermosa cabeza y la sonrisa, ya no sinti\u00f3 miedo. \u00c9l fue nadando hacia ella. Se sonrieron mutuamente. La sonrisa de \u00e9l, a\u00fan de noche, era deslumbrante; y tambi\u00e9n la de ella. Casi no distingu\u00edan otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l se acerc\u00f3. Ella lo dej\u00f3. De pronto, Louis se ech\u00f3 a nadar h\u00e1bil y graciosamente sobre el cuerpo de ella, roz\u00e1ndolo y sobrepas\u00e1ndolo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella segu\u00eda nadando y \u00e9l repiti\u00f3 el cruce por encima. Luego ella se puso en pie y \u00e9l buce\u00f3 y pas\u00f3 entre las piernas. Rieron. Los dos estaban a sus anchas en el agua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Louis estaba profundamente excitado. Nadaba con el sexo erecto. Entonces se acercaron el uno al otro, agachados, como si fueran a pelear. \u00c9l apret\u00f3 el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibi\u00f3 la dureza del pene.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l lo coloc\u00f3 entre las piernas de la mujer. Ella lo toc\u00f3. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Luego, ella volvi\u00f3 a alejarse y \u00e9l tuvo que nadar para alcanzarla. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer, la apret\u00f3 con mayor fuerza y trat\u00f3 de penetrarla. Ella se zaf\u00f3 y sali\u00f3 corriendo del agua a las dunas de arena. \u00c9l corri\u00f3 detr\u00e1s, chorreando, resplandeciente y ri\u00e9ndose. El calor de la carrera volvi\u00f3 a encenderlo. La mujer se dej\u00f3 caer en la arena y \u00e9l encima de ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces, en el momento en que m\u00e1s la deseaba, s\u00fabitamente le abandon\u00f3 la potencia. Ella yac\u00eda esper\u00e1ndolo, sonriente y h\u00fameda, y su deseo se fue amansando. Louis estaba confundido. Hab\u00eda estado rebosando de deseo durante d\u00edas. Quer\u00eda tomar a aquella mujer y no pod\u00eda. Se sent\u00eda profundamente humillado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay mucho tiempo \u2014dijo ella. Curiosamente, su voz estaba llena de ternura\u2014. No te muevas. Estoy muy bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella le pas\u00f3 su calor. El deseo no volv\u00eda, pero le gustaba sentirla. Sus cuerpos yac\u00edan juntos, vientre contra vientre, el vello sexual enzarzado, los pechos de ella clav\u00e1ndole las puntas y las bocas pegadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se solt\u00f3 para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas, el abundante vello p\u00fabico, la encantadora piel p\u00e1lida que resplandec\u00eda, los pechos abundantes y muy erguidos, los cabellos largos, la amplia sonrisa de la boca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba sentado en la postura de Buda. Ella se aproxim\u00f3 y cogi\u00f3 con la boca el peque\u00f1o pene alica\u00eddo. Lo lami\u00f3 suavemente, con ternura, demor\u00e1ndose alrededor de la punta. El miembro se rebull\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Louis baj\u00f3 los ojos para contemplar c\u00f3mo la boca, ancha y roja, se redondeaba alrededor del pene. Una mano le acariciaba los test\u00edculos, la otra remov\u00eda la cabeza del pene, cubri\u00e9ndola y sacudi\u00e9ndola muy despacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, sent\u00e1ndose apoyada contra \u00e9l, lo cogi\u00f3 y lo meti\u00f3 entre sus piernas. Lo frot\u00f3 suavemente contra el cl\u00edtoris, una y otra vez. Louis miraba la mano, pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. El pene se estir\u00f3, pero no estaba lo bastante duro para penetrarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al abrirse el sexo de la mujer, Louis vio brotar la humedad de su deseo, brillante a la luz de la luna. Ella segu\u00eda frotando. Los dos cuerpos, igualmente hermosos, se doblegaban a la frotaci\u00f3n; el peque\u00f1o pene sent\u00eda el contacto de la piel de la mujer, su carne c\u00e1lida, y gozaba con el contacto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dame la lengua \u2014dijo ella, acerc\u00e1ndose.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin dejar de frotarle el pene, le cogi\u00f3 la lengua con la boca y le toc\u00f3 la punta con su propia lengua. Cada vez que el pene le rozaba el cl\u00edtoris, la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de \u00e9l. Y Louis sinti\u00f3 c\u00f3mo el calor descend\u00eda de la lengua al pene, recorri\u00e9ndole de pies a cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Saca la lengua, s\u00e1cala \u2014dijo ella con voz ronca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l obedeci\u00f3. Ella volvi\u00f3 a gritar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00e1cala, s\u00e1cala\u2026 \u2014obsesivamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando lo hizo sinti\u00f3 tal conmoci\u00f3n en todo su cuerpo que parec\u00eda como si el pene se alargara hacia ella, como si fuera a alcanzarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella manten\u00eda la boca abierta, dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas, esperando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Louis sinti\u00f3 el torbellino de la sangre que le recorr\u00eda el cuerpo y descend\u00eda al pene. El miembro se puso duro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer esper\u00f3. No cogi\u00f3 inmediatamente el pene. Dej\u00f3 que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. Le dej\u00f3 jadear como perro en celo, abriendo su ser, estir\u00e1ndose hacia ella. \u00c9l miraba la boca roja del sexo de la mujer, abierto y expectante, y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y complet\u00f3 la erecci\u00f3n. Se arroj\u00f3 sobre ella, con la lengua dentro de su boca y el pene abri\u00e9ndose camino en su interior.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero tampoco ahora pudo correrse. Rodaron juntos largo rato. Finalmente, se pusieron en pie y anduvieron, llev\u00e1ndose las ropas. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba vi\u00e9ndolo. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y \u00e9l la tomaba, la revolcaba y la dejaba mojada y salida. Y al seguir andando, yendo ella delante, la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo, de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. \u00c9l temblaba dentro de la mujer, empujaba y vibraba y le sosten\u00eda los pechos con las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQuieres? \u00bfQuieres t\u00fa? \u2014pregunt\u00f3 Louis.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, pero despacio; no te corras. Me gusta as\u00ed, repitiendo muchas veces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla, excit\u00e1ndola y dej\u00e1ndola antes de que se hubiera corrido. Cada vez volv\u00eda a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo, la arena c\u00e1lida contra su piel, la caricia de la boca del hombre, la caricia del viento\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras andaban, ella sosten\u00eda en la mano el pene erecto. Una vez lo detuvo, se arrodill\u00f3 delante e introdujo el miembro en la boca. \u00c9l se mantuvo arriba, de pie, adelantando ligeramente el vientre. Otra vez ella apret\u00f3 el pene entre los pechos, almohadill\u00e1ndolo, sujet\u00e1ndolo y dej\u00e1ndolo resbalar por el blando abrazo. Avanzaban como borrachos, aturdidos, palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego vieron una casa y se detuvieron. \u00c9l le pidi\u00f3 que se escondiera entre la maleza. Quer\u00eda correrse; no la dejar\u00eda hasta haberse corrido. Ella estaba muy excitada, pero, no obstante, quer\u00eda contenerse y esperarle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta vez, cuando estuvo dentro de la mujer, empez\u00f3 a temblar y por \u00faltimo se corri\u00f3 violentamente. Ella se hab\u00eda montado encima para alcanzar su propia satisfacci\u00f3n. Los dos aullaron al un\u00edsono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Echados de espaldas, descansando, fumando, con el amanecer pr\u00f3ximo, sintieron fr\u00edo y se cubrieron con las ropas. Sin mirar a Louis, la mujer le cont\u00f3 una historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba en Par\u00eds cuando ahorcaron a un extremista ruso que hab\u00eda matado a un diplom\u00e1tico. Por entonces viv\u00eda en Montparnasse, frecuentaba los caf\u00e9s y hab\u00eda seguido el proceso con apasionamiento, al igual que todos sus amigos, porque el hombre era un fan\u00e1tico y hab\u00eda respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron, afrontando el proceso con gran valor religioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquellos tiempos todav\u00eda se ejecutaba a la gente por los delitos graves. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer, cuando no hab\u00eda nadie, en una placita cercana a la prisi\u00f3n de la Sant\u00e9, donde se irguiera la guillotina en la \u00e9poca de la Revoluci\u00f3n. Y no era posible acercarse demasiado porque lo imped\u00eda la polic\u00eda. Pocas personas asist\u00edan a estos ahorcamientos. Pero en el caso del ruso, dadas las grandes pasiones que hab\u00eda despertado, decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse, los j\u00f3venes agitadores y los revolucionarios. Aguardaron en pie toda la noche, emborrach\u00e1ndose.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella hab\u00eda esperado con los dem\u00e1s, hab\u00eda bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada, por primera vez ver\u00eda morir a una persona. Por primera vez ser\u00eda testigo de una escena que ser\u00eda repetida muchas veces, much\u00edsimas veces, durante la Revoluci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hacia el amanecer, la multitud se dirigi\u00f3 hacia la plaza, hasta donde lo permit\u00eda el cord\u00f3n desplegado por la polic\u00eda, y form\u00f3 un c\u00edrculo. La marea de la multitud la arrastr\u00f3 a un punto situado a unos diez metros del cadalso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All\u00ed se qued\u00f3, apretada contra el cord\u00f3n policial, fascinada y aterrorizada. Luego, un revuelo de la multitud la empuj\u00f3 a otro sitio. De todas formas, poni\u00e9ndose de puntillas, pod\u00eda ver. La gente la aplastaba por todas partes. El reo apareci\u00f3 con los ojos vendados. El verdugo estaba dispuesto y esperaba. Dos guardias cogieron al hombre y, lentamente, lo guiaron por la escalera del pat\u00edbulo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha m\u00e1s fogosidad de lo normal. En su estado tembloroso y excitado, la presi\u00f3n no era desagradable. Ten\u00eda el cuerpo enfebrecido. De cualquier forma, casi no se pod\u00eda mover; tan clavada la ten\u00eda la curiosa multitud.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado, a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo trav\u00e9s se ve\u00eda la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos manos le rodearon la cintura y sinti\u00f3 con toda claridad el cuerpo de un hombre, su deseo duro contra su propio culo. Contuvo la respiraci\u00f3n. Ten\u00eda los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. Al mismo tiempo, aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. No se movi\u00f3 ni volvi\u00f3 la cara. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubri\u00f3 los botones. Cada bot\u00f3n que soltaba la mano la hac\u00eda suspirar de miedo y alivio. La mano se deten\u00eda, por si protestaba, antes de pasar al siguiente bot\u00f3n. Ella no hizo el menor movimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, con destreza y rapidez inesperadas, las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detr\u00e1s. En medio de la palpitante multitud, lo \u00fanico que ahora sent\u00eda era el pene desliz\u00e1ndose lentamente por la abertura de la falda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus ojos segu\u00edan fijos en el hombre que ascend\u00eda al pat\u00edbulo y, a cada latido del coraz\u00f3n, el pene avanzaba un poco m\u00e1s. Hab\u00eda atravesado la falda y abierto un siete en las bragas. Lo sent\u00eda caliente, firme y duro contra su carne. Ahora el condenado estaba de pie sobre el pat\u00edbulo y le pusieron la soga al cuello. El dolor de verlo era tan grande que convert\u00eda el contacto carnal en un alivio, en algo humano, c\u00e1lido y consolador. Le pareci\u00f3 que el pene que se estremec\u00eda entre sus nalgas era algo hermoso de coger, que era vida, vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin decir una palabra, el ruso dobl\u00f3 la cabeza sobre el nudo. El cuerpo de ella tembl\u00f3. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas, abri\u00e9ndose inexorablemente su carne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Palpitaba de miedo y la palpitaci\u00f3n era la misma para el deseo. A la vez que el condenado salt\u00f3 al vac\u00edo y a la muerte, el pene se estremeci\u00f3 dentro de ella, vertiendo su c\u00e1lida vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La multitud aplastaba al hombre contra ella. Casi dej\u00f3 de respirar y, conforme el miedo se convirti\u00f3 en placer, en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba, se desmay\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de esta historia, Louis descabez\u00f3 un sue\u00f1ecito. Al despertar, saturado de sue\u00f1os sensuales, vibrando a resultas de un imaginario abrazo, vio que la mujer se hab\u00eda ido. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho, pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chal\u00e9s, y as\u00ed la perdi\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un relato er\u00f3tico de Ana\u00efs Nin (1903-1977).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16991,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Lectura para la noche: \"La mujer de las dunas\", un #cuento er\u00f3tico de Ana\u00efs Nin.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3494,22,2343,826,185,194,3495,2855,3496],"class_list":["post-16990","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-anais-nin","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-erotismo","tag-escritoras","tag-escritores-estadounidenses","tag-la-mujer-de-las-dunas","tag-literatura","tag-literatura-erotica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/AnaisNin.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4q2","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16990","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16990"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16990\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16997,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16990\/revisions\/16997"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16991"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16990"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16990"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16990"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}