{"id":16849,"date":"2025-04-19T09:15:57","date_gmt":"2025-04-19T15:15:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16849"},"modified":"2025-04-18T23:17:41","modified_gmt":"2025-04-19T05:17:41","slug":"muelle-cuento-dolores-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/muelle-cuento-dolores-reyes\/","title":{"rendered":"Muelle"},"content":{"rendered":"<p>La escritora, maestra y activista argentina <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Dolores_Reyes\">Dolores Reyes<\/a> (1978) se volvi\u00f3 famosa internacionalmente por la novela <em>Cometierra<\/em> (2019), en la que retrata de manera memorable la <a href=\"https:\/\/www.hablemosescritoras.com\/writers\/1643\">violencia contra las mujeres<\/a> que se padece en todo el mundo y, de manera m\u00e1s violenta, en regiones como Am\u00e9rica Latina. Antes de ese libro, sin embargo, Reyes ya ten\u00eda carrera como cuentista, y hab\u00eda publicado un buen n\u00famero de narraciones breves todav\u00eda no recogidas. Una de ellas es la que sigue, donde se muestra con pocas palabras el mundo angustiado (y violento, tambi\u00e9n, aunque de forma soterrada) de una familia pobre.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16854\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/muelle-cuento-dolores-reyes\/screenshot\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes.jpg\" data-orig-size=\"1200,716\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;Screenshot&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;Screenshot&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes-1024x611.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes.jpg\" alt=\"Dolores Reyes\" width=\"1200\" height=\"716\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16854\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes.jpg 1200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes-300x179.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes-1024x611.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes-600x358.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>MUELLE<br \/>\nDolores Reyes<\/strong><\/p>\n<p>Me espantaba pensar que si marcaba el lodo con el pie, la marca no se borrar\u00eda nunca. Me parec\u00eda que en ese lugar todo estaba bien como estaba y no quer\u00eda dejar mis huellas. Buscaba que el r\u00edo, el cielo y las islas fuesen los que sellaran su presencia en nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadaba alej\u00e1ndome de la orilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El fondo del r\u00edo es pringoso \u2014me dec\u00eda la abuela y yo la escuchaba porque era raro que hablara de algo que no fuera Dios. Por las tardes, ella le\u00eda su biblia a escondidas, lejos de nuestros ojos, aprovechando que era la \u00fanica que quedaba adentro de la casa. De noche, cuando pap\u00e1 apagaba las luces, ella sacaba una vela, la encend\u00eda y hac\u00eda que se derritiese la cera vieja del fondo de una lata. En la medida que el olor a cera me iba adormeciendo, pegaba la vela ah\u00ed, esperaba que volviese a endurecerse y empezaba a leer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La abuela me le\u00eda a m\u00ed. Acomodaban su colch\u00f3n pegado al m\u00edo y dorm\u00edamos las dos solas sobre el piso de madera. Y aunque yo no encontrase nunca el peligro o la esperanza que ella ve\u00eda en las p\u00e1ginas de su biblia, me gustaba dormirme sintiendo su voz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando pap\u00e1 se enter\u00f3 de las sesiones de lectura, se arm\u00f3. Quer\u00eda echar a la abuela. Dec\u00eda que no era porque me leyera a escondidas, sino que la mujer era un peligro, que con las velas iba a encender la casa. Yo sab\u00eda que Dios era algo que jam\u00e1s sal\u00eda de sus labios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde que baj\u00e1bamos de la lancha colectiva, el muelle nos recib\u00eda como un amigo viejo. Si el r\u00edo estaba bajo, desnudaba sus maderas a medio tragar por el agua, y las mostraba, podridas, al sol de la ma\u00f1ana. Busc\u00e1bamos, antes de tirarnos al r\u00edo, las marcas que el agua escrib\u00eda una y otra vez en los pilotes. A veces hac\u00edamos carreras con mis hermanos y terminaban siendo horas de jugar en el r\u00edo. Eran d\u00edas hermosos. Casi nunca sal\u00edamos del agua por la nuestra. A veces nos obligaban, a veces trataban de convencernos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s, ven\u00eda la comida. El mantel a cuadros en el que la panera se mov\u00eda de una punta a la otra de la mesa. Mendig\u00e1bamos el amor de los padres como un pan viejo al que hab\u00eda que roer, penetrar su dureza hendiendo los dientes, antes de que los otros hermanos acapararan las migas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi hermano peque\u00f1o apenas llegaba a la mesa, sus pies quedaban colgando y como casi nunca ten\u00eda hambre, hab\u00eda que obligarlo a comer. El otro era el m\u00e1s fuerte, se sentaba siempre al lado de pap\u00e1. Les gustaba competir uno con otro, qui\u00e9n com\u00eda m\u00e1s tostadas, qui\u00e9n cortaba m\u00e1s le\u00f1a o tra\u00eda el pez m\u00e1s grande. A pap\u00e1 no le gustaba perder. Con nosotros no hab\u00eda perdido nunca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A m\u00ed me quedaba servir con mam\u00e1. Primero acomodaba la panera y adentro, pan por pan, cuidando que quedara con gracia, sobre el mantel que ten\u00eda marcadas las l\u00edneas de la plancha. Pero ni bien la apoyaba el pan iba desapareciendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nadar te abre el apetito \u2014dec\u00eda la abuela y mam\u00e1 ten\u00eda que servir de un lado a otro de la mesa con la misma velocidad en la que volaba el pan. Y yo a veces pensaba que si no era por ellos, mam\u00e1, yo y la panera podr\u00edamos descansar, sentarnos a conversar entre nosotras, con la comida apoyada a un costado de la mesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una tarde salimos temprano del r\u00edo porque hac\u00eda frio. Ni bien nos secamos y nos pusimos ropa, agarramos las mojarreras. Antes de echar los anzuelos al agua, nos par\u00e1bamos con las piernas abiertas y pas\u00e1bamos una lombriz por \u00e9l, como si ensart\u00e1ramos las cuentas de un collar. Despu\u00e9s las ve\u00edamos hundirse dejando a flote la boyita de colores. Siempre estaba el miedo de que un pez gigantesco te arrastrase. Me asustaba caer. Me parec\u00eda que las hojas de los sauces dobl\u00e1ndose sobre el agua iban a enredarme, que si ca\u00eda o resbalaba con las ra\u00edces enormes en las que terminaba la isla, no iba a poder nadar. Pero eso nunca pasaba y nos aburr\u00edamos, dej\u00e1bamos las mojarreras bien clavadas en la tierra, cerca de la fila de \u00e1rboles que acompa\u00f1a al r\u00edo y nos \u00edbamos a jugar por ah\u00ed, o a dar la vuelta a la isla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi hermano dec\u00eda siempre que iba a traer el machete del viejo pero no lo hac\u00eda, y yo no sab\u00eda hasta donde se olvidaba o era que no se animaba ni a ped\u00edrselo. Mi hermanito, a su lado, no dec\u00eda nada, pero se re\u00eda. Esa tarde tratamos de abrirnos paso por las plantas enormes de la isla con un tramontina que llevamos para sacar lombrices de la tierra. Nos parec\u00eda que avanzar entre esas plantas que lo cubr\u00edan todo era nuestra aventura en la selva. Pero detr\u00e1s de las plantas hab\u00eda otras plantas, y otras m\u00e1s. Y tambi\u00e9n de ellas nos aburrimos y quisimos volver.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al volver al borde del r\u00edo, La mojarrera de mi hermano no estaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se deb\u00eda haber ca\u00eddo al agua. Mir\u00e9 la m\u00eda, un pez hab\u00eda hecho hundir la boya. Tom\u00e9 mi hora de suerte casi como si fuera una revancha. Saqu\u00e9 un animalito resbaladizo, un pez fe\u00facho que result\u00f3 ser una boga. Desenterr\u00e1ndo el anzuelo de su carne, lo ech\u00e9 a un fuent\u00f3n de metal. Despu\u00e9s corr\u00ed por el muelle hasta el \u00faltimo escal\u00f3n y con un cacharro, tom\u00e9 el agua suficiente para cubrirlo. Los tres nos quedamos un rato sobre las maderas viendo a mi pez respirar arriba del muelle, dando vueltas al fuent\u00f3n enloquecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero de la ca\u00f1a de mi hermano no hab\u00eda ni rastro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miramos hacia la casa, pap\u00e1 encend\u00eda la bomba de agua con el bid\u00f3n de querosene. La bomba hacia ruido, amagaba con empezar a funcionar y se apagaba de nuevo. El combustible solo alcanzaba para quemar la poca paciencia del viejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pap\u00e1 est\u00e1 re caliente, ten\u00e9s que escaparte \u2014le dije a mi hermano\u2014. \u00bfSab\u00e9s lo que te va a hacer cuando descubra que la perdiste?\u2014 mi hermanito, al lado suyo, ya no sonre\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El me mir\u00f3, si dijo algo no me acuerdo, solo el sonido de los p\u00e1jaros y mi voz insistiendo que lo mejor era que se fuera, porque la iba a ligar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando vino mam\u00e1 yo ya estaba sola. Mir\u00f3 de reojo el fuent\u00f3n en el que custodiaba mi tesoro y me dijo: \u201cEso no se come, tir\u00e1 ese bicho al agua\u201d Despu\u00e9s busc\u00f3 algo cerca m\u00edo. Solo vio al peque\u00f1o de mis hermanos sentado al final del muelle, balanceando sus piernitas sobre el agua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY tu hermano? \u2014solo levant\u00e9 y baje los hombros en un gesto m\u00ednimo y segu\u00ed mirando a mi pez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi pescado empezaba a boquear en el fuent\u00f3n y yo no quer\u00eda alejarme del \u00e9l ni por un momento. Mientras tanto adivinaba los pasos de mam\u00e1 a mis espaldas buscando a mi hermano entre los \u00e1rboles con la vista. Despu\u00e9s se fue alejando m\u00e1s all\u00e1, hasta que desde el muelle no pod\u00edamos verla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mam\u00e1 volvi\u00f3 al rato, todav\u00eda estaba calmada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos \u2014me dijo\u2014, se debe haber ido para adentro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me cost\u00f3 dejar el muelle. Yo sab\u00eda que adentro mi hermano no estaba. Y antes de entrar en la casa apoy\u00e9 el fuent\u00f3n en el pasto y la dej\u00e9 a mam\u00e1 pasar sola por la puerta. Al rato pap\u00e1 y ella salieron hechos dos bolas de nervios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mam\u00e1 se alej\u00f3 hacia la parte de atr\u00e1s de la casa. Pap\u00e1 vino hacia m\u00ed. Yo segu\u00eda mirando mi pez. Me puso su mano en la cabeza y me dijo: \u2014Se est\u00e1 muriendo, le falta el aire. Guard\u00e1melo para carnada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pap\u00e1 no sab\u00eda nada, \u00bfPara qu\u00e9 quiere aire un pez que vive en el agua?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero el pez segu\u00eda abriendo y cerrando su bocaza. Y el tiempo pasaba, sin mi hermano. Pens\u00e9 que a \u00e9l si pod\u00eda estar falt\u00e1ndole el aire y sal\u00ed corriendo hacia el muelle con el fuent\u00f3n en las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Corr\u00ed hasta el final de las maderas y donde el muelle se acababa me dobl\u00e9, di vuelta al fuent\u00f3n y el agua con el pez cay\u00f3 al r\u00edo. Lo vi alejarse, flotando. Mi madre caminaba por la orilla, buscaba algo en el agua y yo pensaba en el pez, en que si lo ve\u00edan flotar con la boca abierta se iban a enojar conmigo. Pap\u00e1 lo quer\u00eda para carnada de peces m\u00e1s grandes y yo no hab\u00eda querido d\u00e1rselo. Prefer\u00ed devolverlo al agua. Pero en que en vez de nadar, mi pez flotara no me pareci\u00f3 algo bueno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era la hora de la cena. Mam\u00e1 por fin se hab\u00eda liberado del mantel, pero caminaba al borde del r\u00edo como si estuviera rodeando la mesa. Miraba al agua y yo no sab\u00eda qu\u00e9 buscaba, pero trataba de acompa\u00f1arla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se habr\u00e1 ca\u00eddo \u2014le escuch\u00e9 decir ensimismada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y yo tambi\u00e9n baj\u00e9 los ojos hacia el agua con miedo de encontrar la cabeza rubia de mi hermano, asomando por el agua como la flor de los camalotes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mam\u00e1 me mir\u00f3 con los ojos grandes de la boga. Atr\u00e1s de ella, una lancha oscura atravesaba el r\u00edo como un cuchillo. Y chupaba el color del paisaje como si fuera un agujero negro. Yo ya hab\u00eda visto la lancha almac\u00e9n, pero un funeral en el agua, nunca. Por primera vez me cay\u00f3 la ficha de que la vida pod\u00eda cortarse, que no \u00e9ramos eternos como promet\u00edan el libro ese de la abuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi hermano no aparec\u00eda y empezaba a anochecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No s\u00e9 las l\u00e1grimas, el tiempo espeso y oscuro que lo buscamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero mi hermano volvi\u00f3 cuando el cielo ya estaba lleno de estrellas y murci\u00e9lagos peque\u00f1os, que daban vueltas por arriba de la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca supe por qu\u00e9 no me acus\u00f3 de haberlo convencido para que se fuera, pero a mi hermano lo salv\u00f3 alg\u00fan bicho del monte. El animal se le atraves\u00f3 en el camino, era grande y se le aflojaron las piernas. Ese d\u00eda, entre los dientes del animal y las garras enojadas de pap\u00e1, mi hermano eligi\u00f3 volver.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una mirada a la pobreza: un relato de la novelista argentina Dolores Reyes (1978).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16854,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Un relato acerca de la pobreza y la violencia, escrito por Dolores Reyes, la autora de \"Cometierra\".","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3482,22,3481,2343,185,187,2855,3483,467],"class_list":["post-16849","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cometierra","tag-cuento","tag-dolores-reyes","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-argentinos","tag-literatura","tag-muelle","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/DoloresReyes.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4nL","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16849","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16849"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16849\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16857,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16849\/revisions\/16857"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16854"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16849"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16849"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16849"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}