{"id":16825,"date":"2018-05-05T11:17:17","date_gmt":"2018-05-05T16:17:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16825"},"modified":"2025-03-24T11:28:41","modified_gmt":"2025-03-24T17:28:41","slug":"tenga-para-entretenga-cuento-jose-emilio-pacheco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/tenga-para-entretenga-cuento-jose-emilio-pacheco\/","title":{"rendered":"Tenga para que se entretenga"},"content":{"rendered":"<p>El mexicano Jos\u00e9 Emilio Pacheco (1939-2014) fue uno de los grandes escritores del idioma espa\u00f1ol en el siglo XX. Practicante de todos los g\u00e9neros, conocido y apreciado por generaciones de lectores, ganador del Premio Cervantes y de muchos otros, fue un maestro del cuento intrigante, siniestro, donde la realidad cotidiana se quiebra y las implicaciones de esa ruptura no siempre llegan inmediatamente. \u00abTenga para que se entretenga\u00bb, que proviene del libro <em>El principio del placer<\/em> (1972), es una obra maestra de la narrativa breve en general y tiene adem\u00e1s una distinci\u00f3n curiosa: seg\u00fan el mismo Pacheco, lo oy\u00f3 contar al menos en una ocasi\u00f3n a una persona que jam\u00e1s lo hab\u00eda le\u00eddo, y que lo consideraba una leyenda urbana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay dos versiones de este cuento: la que se reproduce aqu\u00ed es la segunda, con m\u00e1s referencias al contexto social y pol\u00edtico de M\u00e9xico en el tiempo de la narraci\u00f3n. Se public\u00f3 en el diario <em>La Jornada<\/em> en 1997 y posteriormente en la edici\u00f3n definitiva de <em>El principio del placer<\/em>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16826\" aria-describedby=\"caption-attachment-16826\" style=\"width: 1280px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16826\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/tenga-para-entretenga-cuento-jose-emilio-pacheco\/jose-emilio-pacheco\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco.jpg\" data-orig-size=\"1280,720\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"jose-emilio-pacheco\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Jos\u00e9 Emilio Pacheco (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.zendalibros.com\/5-poemas-jose-emilio-pacheco\/&quot; target=_blank&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco-1024x576.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco.jpg\" alt=\"\" width=\"1280\" height=\"720\" class=\"size-full wp-image-16826\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco.jpg 1280w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco-600x338.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16826\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 Emilio Pacheco (<a href=\"https:\/\/www.zendalibros.com\/5-poemas-jose-emilio-pacheco\/\" target=_blank>fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>TENGA PARA QUE SE ENTRETENGA<br \/>\nJos\u00e9 Emilio Pacheco<\/strong><\/p>\n<div align=right>a Ignacio Solares<\/div>\n<p><em>Estimado se\u00f1or:<\/p>\n<p>Le env\u00edo el informe confidencial que me pidi\u00f3. Incluyo un recibo por mis honorarios. Le ruego se sirva cubrirlos mediante cheque o giro postal. Conf\u00edo en que el precio de mis servicios le parezca justo. El informe sali\u00f3 m\u00e1s largo y detallado de lo que en un principio supuse. Tuve que redactarlo varias veces para lograr cierta claridad ante lo dif\u00edcil y aun lo incre\u00edble del caso. Reciba los atentos saludos de<\/p>\n<div align=center>Ernesto Dom\u00ednguez Puga<br \/>\nDetective Privado<br \/>\nPalma 10, despacho 52<br \/>\nM\u00e9xico, Distrito Federal, s\u00e1bado 5 de mayo de 1972<\/div>\n<p><\/em><\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>INFORME CONFIDENCIAL<\/strong><\/p>\n<p>El 9 de agosto de 1943 la se\u00f1ora Olga Mart\u00ednez de Andrade y su hijo de seis a\u00f1os, Rafael Andrade Mart\u00ednez, salieron de su casa (Tabasco 106, colonia Roma). Iban a almorzar con do\u00f1a Caridad Acevedo viuda de Mart\u00ednez en su domicilio (Gelati 36 bis, Tacubaya). Ese d\u00eda descansaba el chofer. El ni\u00f1o no quiso viajar en taxi: le pareci\u00f3 una aventura ir como los pobres en tranv\u00eda y autob\u00fas. Se adelantaron a la cita y a la se\u00f1ora Olga se le ocurri\u00f3 pasear a su hijo por el cercano Bosque de Chapultepec.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rafael se divirti\u00f3 en los columpios y resbaladillas del Rancho de la Hormiga, atr\u00e1s de la residencia presidencial (Los Pinos). M\u00e1s tarde fueron por las calzadas hacia el lago y descansaron en la falda del cerro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Olga un detalle que hoy mismo, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, pasa inadvertido a los transe\u00fantes: los \u00e1rboles de ese lugar tienen formas extra\u00f1as, se hallan como aplastados por un peso invisible. Esto no puede atribuirse al terreno caprichoso ni a la antig\u00fcedad. El administrador del Bosque inform\u00f3 que no son \u00e1rboles vetustos como los ahuehuetes prehisp\u00e1nicos de las cercan\u00edas: datan del siglo XIX. Cuando actuaba como emperador de M\u00e9xico, el archiduque Maximiliano orden\u00f3 sembrarlos en vista de que la zona result\u00f3 muy da\u00f1ada en 1847, a consecuencia de los combates en Chapultepec y el asalto del Castillo por las tropas norteamericanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ni\u00f1o estaba cansado y se tendi\u00f3 de espaldas en el suelo. Su madre tom\u00f3 asiento en el tronco de uno de aquellos \u00e1rboles que, si usted me lo permite, calificar\u00e9 de sobrenaturales. Pasaron varios minutos. Olga sac\u00f3 su reloj, se lo acerc\u00f3 a los ojos, vio que ya eran las dos de la tarde y deb\u00edan irse a casa de la abuela. Rafael le suplic\u00f3 que lo dejara un rato m\u00e1s. La se\u00f1ora acept\u00f3 de mala gana, inquieta porque en el camino se hab\u00edan cruzado con varios aspirantes a torero quienes, ya desde entonces, practicaban al pie de la colina en un estanque seco, pr\u00f3ximo al sitio que se asegura fue el ba\u00f1o de Moctezuma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la hora del almuerzo el Bosque hab\u00eda quedado desierto. No se escuchaba rumor de autom\u00f3viles en las calzadas ni traj\u00edn de lanchas en el lago. Rafael se entreten\u00eda en obstaculizar con una ramita el paso de un caracol. En ese instante se abri\u00f3 un rect\u00e1ngulo de madera oculto bajo la hierba rala del cerro y apareci\u00f3 un hombre que dijo a Rafael:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9jalo. No lo molestes. Los caracoles no hacen da\u00f1o y conocen el reino de los muertos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sali\u00f3 del subterr\u00e1neo, fue hacia Olga, le tendi\u00f3 un peri\u00f3dico doblado y una rosa con un alfiler:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tenga para que se entretenga. Tenga para que se la prenda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Olga dio las gracias, extra\u00f1ada por la aparici\u00f3n del hombre y la amabilidad de sus palabras. Lo crey\u00f3 un vigilante, un guardi\u00e1n del Castillo, y de momento no repar\u00f3 en su vocabulario ni en el olor a humedad que se desprend\u00eda de su cuerpo y su ropa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras tanto Rafael se hab\u00eda acercado al desconocido y le preguntaba:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAh\u00ed vives?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No: m\u00e1s abajo, m\u00e1s adentro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY no tienes fr\u00edo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La tierra en su interior est\u00e1 caliente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ll\u00e9vame a conocer tu casa. Mam\u00e1, \u00bfme das permiso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ni\u00f1o, no molestes. Dale las gracias al se\u00f1or y v\u00e1monos ya: tu abuelita nos est\u00e1 esperando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora, perm\u00edtale asomarse. No lo deje con la curiosidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero, Rafaelito, ese t\u00fanel debe de estar muy oscuro. \u00bfNo te da miedo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, mam\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Olga asinti\u00f3 con gesto resignado. El hombre tom\u00f3 de la mano a Rafael y dijo al empezar el descenso:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Volveremos. Usted no se preocupe. S\u00f3lo voy a ense\u00f1arle la boca de la cueva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cu\u00eddelo mucho, por favor. Se lo encargo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Seg\u00fan el testimonio de parientes y amigos, Olga fue siempre muy distra\u00edda. Por tanto, juzg\u00f3 normal la curiosidad de su hijo, aunque no dejaron de sorprenderla el aspecto y la cortes\u00eda del vigilante. Guard\u00f3 la flor y desdobl\u00f3 el peri\u00f3dico. No pudo leerlo. Apenas ten\u00eda veintinueve a\u00f1os pero desde los quince necesitaba lentes bifocales y no le gustaba usarlos en p\u00fablico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pas\u00f3 un cuarto de hora. El ni\u00f1o no regresaba. Olga se inquiet\u00f3 y fue hasta la entrada de la caverna subterr\u00e1nea. Sin atreverse a penetrar en ella, grit\u00f3 con la esperanza de que Rafael y el hombre le contestaran. Al no obtener respuesta baj\u00f3 aterrorizada hasta el estanque seco. Dos aprendices de torero se adiestraban all\u00ed. Olga les inform\u00f3 de lo sucedido y les pidi\u00f3 ayuda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvieron al lugar de los \u00e1rboles extra\u00f1os. Los torerillos cruzaron miradas al ver que no hab\u00eda ninguna cueva, ninguna boca de ning\u00fan pasadizo. Buscaron a gatas sin hallar el menor indicio. No obstante, en manos de Olga estaban la rosa, el alfiler, el peri\u00f3dico \u2014y en el suelo el caracol y la ramita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Olga cay\u00f3 presa de un aut\u00e9ntico shock, los torerillos entendieron la gravedad de lo que en principio hab\u00edan juzgado una broma o una posibilidad de aventura. Uno de ellos corri\u00f3 a avisar por tel\u00e9fono desde un puesto a orillas del lago. El otro permaneci\u00f3 al lado de Olga e intent\u00f3 calmarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Veinte minutos despu\u00e9s se present\u00f3 en Chapultepec el ingeniero Andrade, esposo de Olga y padre de Rafael. En seguida aparecieron los vigilantes del Bosque, la polic\u00eda, la abuela, los parientes, los amigos y desde luego la multitud de curiosos que siempre parece estar invisiblemente al acecho en todas partes y se materializa cuando sucede algo fuera de lo com\u00fan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ingeniero ten\u00eda grandes negocios y estrecha amistad con el general Maximino \u00c1vila Camacho. Modesto especialista en resistencia de materiales cuando gobernaba el general L\u00e1zaro C\u00e1rdenas, Andrade se hab\u00eda vuelto millonario en el nuevo r\u00e9gimen gracias a las concesiones de carreteras y puentes que le otorg\u00f3 don Maximino. Como usted recordar\u00e1, el hermano del presidente Manuel \u00c1vila Camacho era el secretario de Comunicaciones, la persona m\u00e1s importante del gobierno y el hombre m\u00e1s temido de M\u00e9xico. Bast\u00f3 una orden suya para movilizar a la mitad de todos los efectivos policiales de la capital, cerrar el Bosque, detener e interrogar a los torerillos. Uno de sus ayudantes irrumpi\u00f3 en Palma 10 y me llev\u00f3 a Chapultepec en un autom\u00f3vil oficial. Dej\u00e9 todo para cumplir con la orden de \u00c1vila Camacho. Yo acababa de hacerle servicios de la \u00edndole m\u00e1s reservada y me honra el haber sido digno de su confianza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando llegu\u00e9 a Chapultepec hacia las cinco de la tarde, la b\u00fasqueda prosegu\u00eda sin que se hubiese encontrado ninguna pista. Era tanto el poder de don Maximino que en el lugar de los hechos se hallaban para dirigir la investigaci\u00f3n el general Miguel Z. Mart\u00ednez, jefe de la polic\u00eda capitalina, y el coronel Jos\u00e9 G\u00f3mez Anaya, director del Servicio Secreto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Agentes y uniformados trataron, como siempre, de impedir mi labor. El ayudante dijo a los superiores el nombre de quien me ordenaba hacer una investigaci\u00f3n paralela. Entonces me dejaron comprobar que en la tierra hab\u00eda rastros del ni\u00f1o, no as\u00ed del hombre que se lo llev\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El administrador del Bosque asegur\u00f3 no tener conocimiento de que hubiera cuevas o pasadizos en Chapultepec. Una cuadrilla excav\u00f3 el sitio en donde Olga juraba que hab\u00eda desaparecido su hijo. S\u00f3lo encontraron cascos de metralla y huesos muy antiguos. Por su parte, el general Mart\u00ednez declar\u00f3 a los reporteros que la existencia de t\u00faneles en M\u00e9xico era s\u00f3lo una m\u00e1s entre las muchas leyendas que envuelven el secreto de la ciudad. La capital est\u00e1 construida sobre el lecho de un lago; el subsuelo fangoso vuelve imposible esta red subterr\u00e1nea: en caso de existir se hallar\u00eda anegada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ca\u00edda de la noche oblig\u00f3 a dejar el trabajo para la ma\u00f1ana siguiente. Mientras se interrogaba a los torerillos en los separos de la Inspecci\u00f3n, acompa\u00f1\u00e9 al ingeniero Andrade a la cl\u00ednica psiqui\u00e1trica de Mixcoac donde atend\u00edan a Olga los m\u00e9dicos enviados por \u00c1vila Camacho. Me permitieron hablar con ella y s\u00f3lo saqu\u00e9 en claro lo que consta al principio de este informe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por los insultos que recib\u00ed en los peri\u00f3dicos no guard\u00e9 recortes y ahora lo lamento. La radio difundi\u00f3 la noticia, los vespertinos ya no la alcanzaron. En cambio los diarios de la ma\u00f1ana desplegaron en primera plana y a ocho columnas lo que a partir de entonces fue llamado \u00abEl misterio de Chapultepec\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un pasqu\u00edn ya desaparecido se atrevi\u00f3 a afirmar que Olga ten\u00eda relaciones con los dos torerillos. Chapultepec era el escenario de sus encuentros. El ni\u00f1o resultaba el inocente encubridor que al conocer la verdad tuvo que ser eliminado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otro peri\u00f3dico sostuvo que hipnotizaron a Olga y la hicieron creer que hab\u00eda visto lo que cont\u00f3. En realidad el ni\u00f1o fue v\u00edctima de una banda de \u00abrobachicos\u00bb. (El t\u00e9rmino, traducido literalmente de kidnappers, se puso de moda en aquellos a\u00f1os por el gran n\u00famero de secuestros que hubo en M\u00e9xico durante la Segunda Guerra Mundial.) Los bandidos no tardar\u00edan en pedir rescate o en mutilar a Rafael para obligarlo a la mendicidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A\u00fan m\u00e1s irresponsable, cierta hoja inmunda enga\u00f1\u00f3 a sus lectores con la hip\u00f3tesis de que Rafael fue capturado por una secta que adora dioses prehisp\u00e1nicos y practica sacrificios humanos en Chapultepec. (Como usted sabe, Chapultepec fue el bosque sagrado de los aztecas.) Seg\u00fan los miembros de la secta, la cueva oculta en este lugar es uno de los ombligos del planeta y la entrada al inframundo. Semejante idea parece basarse en una pel\u00edcula de Cantinflas, El signo de la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En fin, la gente hall\u00f3 un escape de la miseria, las tensiones de la guerra, la escasez, la carest\u00eda, los apagones preventivos contra un bombardeo a\u00e9reo que por fortuna no lleg\u00f3 jam\u00e1s, el descontento, la corrupci\u00f3n, la incertidumbre\u2026 Y durante algunas semanas se apasion\u00f3 por el caso. Despu\u00e9s todo qued\u00f3 olvidado para siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cada uno piensa distinto, cada cabeza es un mundo y nadie se pone de acuerdo en nada. Era un secreto a voces que para 1946 don Maximino ambicionaba suceder a don Manuel en la presidencia. Sus adversarios aseguraban que no vacilar\u00eda en recurrir al golpe militar y al fratricidio. Por tanto, de manera inevitable se le dio un sesgo pol\u00edtico a este embrollo: a trav\u00e9s de un semanario de oposici\u00f3n, sus enemigos civiles difundieron la calumnia de que don Maximino hab\u00eda ordenado el asesinato de Rafael con objeto de que el ni\u00f1o no informara al ingeniero Andrade de las relaciones que su protector sosten\u00eda con Olga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El que escribi\u00f3 esa infamia amaneci\u00f3 muerto cerca de Topilejo, en la carretera de Cuernavaca. Entre su ropa se hall\u00f3 una nota de suicida en que el periodista manifestaba su remordimiento, hac\u00eda el elogio de \u00c1vila Camacho y se disculpaba ante los Andrade. Sin embargo, la difamaci\u00f3n encontr\u00f3 un terreno f\u00e9rtil, ya que don Maximino, personaje extraordinario, tuvo un gusto proverbial por las llamadas \u00abaventuras\u00bb. Adem\u00e1s, la discreci\u00f3n, el profesionalismo, el respeto a su dolor y a sus actuales canas me impidieron decirle antes a usted que en 1943 Olga era bell\u00edsima, tan hermosa como las estrellas de Hollywood, pero sin la intervenci\u00f3n del maquinista ni el cirujano pl\u00e1stico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tan inesperadas derivaciones ten\u00edan que encontrar un hasta aqu\u00ed. Gracias a m\u00e9todos que no viene al caso describir, los torerillos firmaron una confesi\u00f3n que aclar\u00f3 las dudas y acall\u00f3 la maledicencia. Seg\u00fan consta en actas, el 9 de agosto de 1943 los adolescentes aprovechan la soledad del Bosque a las dos de la tarde y la mala vista de Olga para montar la farsa de la cueva y el vigilante misterioso. Enterados de la fortuna del ingeniero (Andrade hab\u00eda hecho esfuerzos por ocultarla), se proponen llevarse al ni\u00f1o y exigir un rescate que les permita comprar su triunfo en las plazas de toros. Luego, atemorizados al saber que pisan terrenos del implacable hermano del presidente, los torerillos enloquecen de miedo, asesinan a Rafael, lo descuartizan y echan sus restos al Canal del Desag\u00fce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La opini\u00f3n p\u00fablica mostr\u00f3 credulidad y no exigi\u00f3 que se puntualizaran algunas contradicciones. Por ejemplo, \u00bfqu\u00e9 se hizo de la caverna subterr\u00e1nea por la que desapareci\u00f3 Rafael? \u00bfQui\u00e9n era y en d\u00f3nde se ocultaba el c\u00f3mplice que desempe\u00f1\u00f3 el papel de guardia? \u00bfPor qu\u00e9, de acuerdo con el relato de su madre, fue el propio ni\u00f1o quien tuvo la iniciativa de entrar en el pasadizo? Y sobre todo \u00bfa qu\u00e9 horas pudieron los torerillos destazar a Rafael y arrojar sus despojos a las aguas negras \u2014situadas en su punto m\u00e1s pr\u00f3ximo a unos veinte kil\u00f3metros de Chapultepec\u2014 si, como antes he dicho, uno llam\u00f3 a la polic\u00eda y al ingeniero Andrade, el otro permaneci\u00f3 al lado de Olga y ambos estaban en el lugar de los hechos cuando llegaron la familia y las autoridades?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero al fin y al cabo todo en este mundo es misterioso. No hay ning\u00fan hecho que pueda ser aclarado satisfactoriamente. Como tapabocas se publicaron fotos de la cabeza y el torso de un muchachito, vestigios extra\u00eddos del Canal del Desag\u00fce. Pese a la avanzada descomposici\u00f3n, era evidente que el cad\u00e1ver correspond\u00eda a un ni\u00f1o de once o doce a\u00f1os, y no de seis como Rafael. Esto s\u00ed no es problema: en M\u00e9xico siempre que se busca un cad\u00e1ver se encuentran muchos otros en el curso de la pesquisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicen que la mejor manera de ocultar algo es ponerlo a la vista de todos. Por ello y por la excitaci\u00f3n del caso y sus inesperadas ramificaciones, se disculpar\u00e1 que yo no empezara por donde proced\u00eda: es decir, por interrogar a Olga acerca del individuo que captur\u00f3 a su hijo. Es imperdonable \u2014lo reconozco\u2014 haber considerado normal que el hombre le entregara una flor y un peri\u00f3dico y no haber insistido en examinar estas piezas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tal vez un presentimiento de lo que iba a encontrar me hizo posponer hasta lo \u00faltimo el verdadero interrogatorio. Cuando me present\u00e9 en la casa de Tabasco 106 los torerillos, convictos y confesos tras un juicio sumario, ya hab\u00edan ca\u00eddo bajo los disparos de la ley fuga: en Mazatl\u00e1n intentaron escapar de la cuerda en que iban a las Islas Mar\u00edas para cumplir una condena de treinta a\u00f1os por secuestro y asesinato. Y ya todos, menos los padres, aceptaban que los restos hallados en las aguas negras eran los del ni\u00f1o Rafael Andrade Mart\u00ednez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encontr\u00e9 a Olga muy desmejorada, como si hubiera envejecido varios a\u00f1os en unas cuantas semanas. A\u00fan con la esperanza de recobrar a su hijo, se dio fuerzas para contestarme. Seg\u00fan mis apuntes taquigr\u00e1ficos, la conversaci\u00f3n fue como sigue:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora Andrade, en la cl\u00ednica de Mixcoac no me pareci\u00f3 oportuno preguntarle ciertos detalles que ahora considero indispensables. En primer lugar \u00bfc\u00f3mo vest\u00eda el hombre que sali\u00f3 de la tierra para llevarse a Rafael?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De uniforme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUniforme militar, de polic\u00eda, de guardabosques?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, es que, sabe usted, no veo bien sin mis lentes. Pero no me gusta pon\u00e9rmelos en p\u00fablico. Por eso pas\u00f3 todo, por eso\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014C\u00e1lmate \u2014intervino el ingeniero Andrade cuando su esposa comenz\u00f3 a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perdone, no me contest\u00f3 usted: \u00bfc\u00f3mo era el uniforme?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Azul, con adornos rojos y dorados. Parec\u00eda muy deste\u00f1ido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAzul marino?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00e1s bien azul claro, azul p\u00e1lido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Continuemos. Apunt\u00e9 en mi libreta las palabras que le dijo el hombre al darle el peri\u00f3dico y la flor: \u00abTenga para que se entretenga. Tenga para que se la prenda\u00bb. \u00bfNo le parecen muy extra\u00f1as?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, rar\u00edsimas. Pero no me di cuenta. Qu\u00e9 est\u00fapida. No me lo perdonar\u00e9 jam\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAdvirti\u00f3 usted en el hombre alg\u00fan otro rasgo fuera de lo com\u00fan?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me parece estar oy\u00e9ndolo: hablaba muy despacio y con acento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAcento regional o como si el espa\u00f1ol no fuera su lengua?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Exacto: como si el espa\u00f1ol no fuera su lengua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces \u00bfcu\u00e1l era su acento?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9jeme ver\u2026 quiz\u00e1\u2026 como alem\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ingeniero y yo nos miramos. Hab\u00eda muy pocos alemanes en M\u00e9xico. Eran tiempos de guerra, no se olvide, y los que no estaban concentrados en el Castillo de Perote viv\u00edan bajo sospecha. Ninguno se hubiera atrevido a meterse en un l\u00edo semejante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY \u00e9l? \u00bfC\u00f3mo era \u00e9l?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Alto\u2026 sin pelo\u2026 Ol\u00eda muy fuerte\u2026 como a humedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora Olga, disculpe el atrevimiento, pero si el hombre era tan estrafalario \u00bfpor qu\u00e9 dej\u00f3 usted que Rafaelito bajara con \u00e9l a la cueva?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9, no s\u00e9. Por tonta, porque \u00e9l me lo pidi\u00f3, porque siempre lo he consentido mucho. Nunca pens\u00e9 que pudiera ocurrirle nada malo\u2026 Espere, hay algo m\u00e1s: cuando el hombre se acerc\u00f3 vi que estaba muy p\u00e1lido\u2026 \u00bfC\u00f3mo decirle\u2026? Blancuzco\u2026 Eso es: como un caracol\u2026 un caracol fuera de su concha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014V\u00e1lgame Dios. Qu\u00e9 cosas se te ocurren \u2014exclam\u00f3 el ingeniero Andrade. Me estremec\u00ed. Para fingirme sereno enumer\u00e9:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bien, conque dec\u00eda frases poco usuales, hablaba con acento alem\u00e1n, llevaba uniforme azul p\u00e1lido, ol\u00eda mal y era fofo, viscoso. \u00bfGordo, de baja estatura?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, se\u00f1or, todo lo contrario: muy alto, muy delgado\u2026 Ah, adem\u00e1s ten\u00eda barba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfBarba? Pero si ya nadie usa barba \u2014intervino el ingeniero Andrade.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues \u00e9l ten\u00eda \u2014afirm\u00f3 Olga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me atrev\u00ed a preguntarle:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUna barba como la de Maximiliano de Habsburgo, partida en dos sobre el ment\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, no. Recuerdo muy bien la barba de Maximiliano. En casa de mi madre hay un cuadro del emperador y la emperatriz Carlota\u2026 No, se\u00f1or, \u00e9l no se parec\u00eda a Maximiliano. Lo suyo eran m\u00e1s bien mostachos o patillas\u2026 como grises o blancas\u2026 no s\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cara del ingeniero reflej\u00f3 mi propio gesto de espanto. De nuevo quise aparentar serenidad y dije como si no tuviera importancia:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMe permite examinar la revista que le dio el hombre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Era un peri\u00f3dico, creo yo. Tambi\u00e9n guard\u00e9 la flor y el alfiler en mi bolsa. Rafael \u00bfno te acuerdas de qu\u00e9 bolsa llevaba?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La recog\u00ed en Mixcoac y luego la guard\u00e9 en tu ropero. Estaba tan alterado que no se me ocurri\u00f3 abrirla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se\u00f1or, en mi trabajo he visto cosas que horrorizar\u00edan a cualquiera. Sin embargo nunca hab\u00eda sentido ni he vuelto a sentir un miedo tan terrible como el que me dio cuando el ingeniero Andrade abri\u00f3 la bolsa y nos mostr\u00f3 una rosa negra marchita (no hay en este mundo rosas negras), un alfiler de oro puro muy desgastado y un peri\u00f3dico amarillento que casi se deshizo cuando lo abrimos. Era La Gaceta del Imperio, con fecha del 2 de octubre de 1866. M\u00e1s tarde nos enteramos de que s\u00f3lo existe otro ejemplar en la Hemeroteca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ingeniero Andrade, que en paz descanse, me hizo jurar que guardar\u00eda el secreto. El general Maximino \u00c1vila Camacho me recompens\u00f3 sin medida y me exigi\u00f3 olvidarme del asunto. Ahora, pasados tantos a\u00f1os, conf\u00edo en usted y me atrevo a revelar \u2014a nadie m\u00e1s he dicho una palabra de todo esto\u2014 el aut\u00e9ntico desenlace de lo que llamaron los periodistas \u00abEl misterio de Chapultepec\u00bb. (Poco despu\u00e9s la inesperada muerte de don Maximino iba a significar un nuevo enigma, abrir el camino al gobierno civil de Miguel Alem\u00e1n y terminar con la \u00e9poca de los militares en el poder.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde entonces hasta hoy, sin fallar nunca, la se\u00f1ora Olga Mart\u00ednez viuda de Andrade camina todas las ma\u00f1anas por el Bosque de Chapultepec hablando a solas. A las dos en punto de la tarde se sienta en el tronco vencido del mismo \u00e1rbol, con la esperanza de que alg\u00fan d\u00eda la tierra se abrir\u00e1 para devolverle a su hijo o para llevarla, como los caracoles, al reino de los muertos. Pase usted por all\u00ed y la encontrar\u00e1 con el mismo vestido que llevaba el 9 de agosto de 1943: sentada en el tronco, inm\u00f3vil, esperando, esperando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Emilio Pacheco (1939-2014) escribi\u00f3 este cuento cl\u00e1sico que se ha convertido en leyenda urbana.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16826,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Tenga para que se entretenga","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,3474,198,323,2855,2291,360,3473],"class_list":["post-16825","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-principio-del-placer","tag-escritores-mexicanos","tag-jose-emilio-pacheco","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-tenga-para-que-se-entretenga"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/jose-emilio-pacheco.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4nn","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16825","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16825"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16825\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16830,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16825\/revisions\/16830"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16826"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16825"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16825"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16825"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}