{"id":16628,"date":"2025-03-13T13:22:42","date_gmt":"2025-03-13T19:22:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16628"},"modified":"2025-03-26T13:14:53","modified_gmt":"2025-03-26T19:14:53","slug":"quemadura-cuento-gabriela-fonseca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/quemadura-cuento-gabriela-fonseca\/","title":{"rendered":"Quemadura"},"content":{"rendered":"<p>Con este cuento, empieza un peque\u00f1o proyecto para el vig\u00e9simo aniversario de Las Historias: estar\u00e9 reproduciendo los cuentos aparecidos en <em><a href=\"https:\/\/imaginacionmx.tumblr.com\" target=_blank>La imaginaci\u00f3n en M\u00e9xico<\/a><\/em>, un sitio que Raquel Castro y yo mantuvimos durante algunos a\u00f1os en la d\u00e9cada previa y que contiene una muestra de obra de autoras y autores que han escrito literatura de imaginaci\u00f3n en mi pa\u00eds.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gabriela Fonseca es escritora y periodista. Naci\u00f3 en la Ciudad de M\u00e9xico en 1966. Entre otros, ha publicado los libros <em>Peso muerto<\/em> (2004), <em>Los diablos de Teresa y otros relatos<\/em> (2008) y <em>Piel de centauro y muerte<\/em> (2022).<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Fonseca.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16718\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/quemadura-cuento-gabriela-fonseca\/fonseca\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Fonseca.jpg\" data-orig-size=\"500,356\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Fonseca\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Fonseca.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Fonseca.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"356\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16718\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Fonseca.jpg 500w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Fonseca-300x214.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>QUEMADURA<br \/>\nGabriela Fonseca<\/strong><\/p>\n<p>Sentada en una piedra, se empapaba los pies en el agua del r\u00edo para quitarle el ardor a sus ampollas. Estaba cubierta de holl\u00edn que al mezclarse con su sudor se le volvi\u00f3 lodo negro en las corvas, los brazos y los senos. Comenz\u00f3 a lavarse. Ten\u00eda la cabeza llena de cortadas hechas por el cuchillo con que la raparon. El agua no lograba limpiarla de sangre y mugre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No quer\u00eda mirarme y yo me sent\u00eda avergonzado por el vello dorado que cubr\u00eda todo mi cuerpo casi transparente y mi cabellera larga y rubia. Baj\u00e9 la vista y plegu\u00e9 mis alas. Perfecto y pl\u00e1cido, sent\u00eda verg\u00fcenza de estar junto a ella; herida de pies a cabeza pero rebosante de vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00f3lo s\u00e9 que momentos antes la vi envuelta de humo, rodeada de una multitud. Las llamas la rozaban y la vi sentir terror, furia por morir de esa forma y en ese momento. No recuerdo qui\u00e9n era yo antes de estar ah\u00ed, flotando en el aire encima de todos los que miraban el sacrificio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me precipit\u00e9 hacia ella, la tom\u00e9 de la cintura y la jal\u00e9 con todas mis fuerzas. Sus ataduras se desbarataron tan pronto la toqu\u00e9, por magia divina, y me alc\u00e9 con ella en brazos por encima de la hoguera y la gente que deseaba verla arder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llegamos a la orilla de este r\u00edo viejo, profundo y quieto. La dej\u00e9 en el suelo. No sab\u00eda qu\u00e9 decirle. Se puso en pie y camin\u00f3 hacia el agua para lavarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se quit\u00f3, sin pudor alguno, el burdo vestido con una cruz al pecho que le pusieron para quemarla. Se meti\u00f3 al r\u00edo y dej\u00f3 que el agua le cubriera sus muslos anchos y se acuclill\u00f3 para mojarse toda. Las gotas se aferraban a su piel blanca, y formaban riachuelos entre los senos que se escurr\u00edan dentro el cieno de su ombligo. Comenz\u00f3 a tallarse, pero se detuvo y prefiri\u00f3 observar la ribera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo merec\u00eda que me diera las gracias por salvarla y me irrit\u00f3 que me ignorara. No sent\u00eda respeto, gratitud ni temor hacia m\u00ed. No le importaba si yo era un \u00e1ngel o el diablo a quien la acusaron de adorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Intent\u00e9 destruir el silencio entre ambos: \u201c\u00bfNo tienes nada que decirme?\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLa muerte estuvo aqu\u00ed. \u00bfLa sientes?\u201d, dijo ella que me dirigi\u00f3 la mirada por primera vez. Dos flamas, del tama\u00f1o de plumas de colibr\u00ed, saltaron de sus pupilas y se desvanecieron en el aire, a la mitad de la distancia entre los dos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cSiendo quien eres, tendr\u00edas que sentirla\u2026\u201d, agreg\u00f3. Se sumergi\u00f3 en el agua y desapareci\u00f3. Supe que nadaba como un pez al ras de la superficie por la leve ondulaci\u00f3n que su cuerpo dejaba como rastro sobre el agua. Sin salir a respirar emergi\u00f3 a mucha distancia, sobre la misma orilla en que est\u00e1bamos. La vi ponerse de pie sobre el fondo y caminar hacia donde hab\u00eda un par de \u00e1rboles. Quise moverme hacia all\u00e1, igual que antes quise arrojarme desde el cielo hacia su hoguera, y en un instante estuve de nuevo a su lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encontr\u00f3, entre esos \u00e1rboles, el cad\u00e1ver desnudo y despatarrado de un hombre. Se arrodill\u00f3 junto a \u00e9l para contemplarlo. Ten\u00eda un orificio de bala en medio de su frente, huellas sangrantes de ataduras en las mu\u00f1ecas y los tobillos, exactamente iguales a las que ten\u00eda la bruja en sus blancas extremidades. Estaba lleno de moretones y cortadas como ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pens\u00e9 que eso era a lo que se refer\u00edan cuando en las noticias o el peri\u00f3dico se hablaba de que se encontr\u00f3 a alguien muerto con evidencia de tortura. Recordaba muy poco de mi persona, pero s\u00ed de los constantes hallazgos de cad\u00e1veres de ejecutados por el crimen organizado, y que esto ocurr\u00eda desde mucho antes de la legalizaci\u00f3n de las quemas p\u00fablicas de supuestas brujas, acusadas de complicidad con narcotraficantes, y de otras cosas, como las cat\u00e1strofes naturales y cosechas fallidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella acariciaba el rostro del muerto con ambas manos \u201cPobrecito m\u00edo. Est\u00e1s fr\u00edo y sin sangre. \u00bfQu\u00e9 va a ser de nosotros?\u201d, le dec\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quiso darle una postura digna a ese muerto. Eso fue lo que cre\u00ed. Dando vueltas en torno al cuerpo lo puso boca arriba, le extendi\u00f3 los brazos a sus costados, deshizo el grosero nudo que formaban las piernas del hombre y las coloc\u00f3 derechas. Le acarici\u00f3 los pies y las corvas. Busc\u00f3 el pene y el escroto, lacios y oscurecidos, y los acomod\u00f3 con gran cuidado, como quien arregla los p\u00e9talos de una flor marchita. Se mont\u00f3 sobre el bajo abdomen del hombre. Con ambas manos levant\u00f3 la cabeza del cad\u00e1ver. Se inclin\u00f3 hacia sus labios azulosos y sopl\u00f3 con el ruido de una ventolera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las hojas secas sobre el suelo empezaron a crepitar y vi que de ellas surg\u00edan peque\u00f1as brasas humeantes. Volvi\u00f3 a soplar en la boca del muerto y esta vez s\u00ed pude ver las llamas que bailaban entre esas bocas. La mujer ten\u00eda los ojos cerrados, se aferraba a los cabellos del cad\u00e1ver para mantener la cabeza erguida y empez\u00f3 a morderle los labios entre cada soplido ardiente que le insuflaba. El agua del r\u00edo que a\u00fan formaba gotas sobre su piel se convirti\u00f3 en vapor que se desprend\u00eda de su cuerpo. Se frotaba sobre \u00e9l como una gata, para transmitirle calor. El cad\u00e1ver se mec\u00eda bajo esa bruja como a punto de galopar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El aire a nuestro alrededor ard\u00eda. La pelusa dorada y mi cabellera se chamuscaron en un instante, y mis alas blancas se volvieron antorchas. No sent\u00ed dolor pero s\u00ed que la jaula de mi pecho se abri\u00f3 para dejar escapar a mi alma. Antes de consumirme del todo, vi que el miembro del muerto se ergu\u00eda, vivo, h\u00famedo, y \u00e1vido\u2026 y ella se dispon\u00eda a profanarlo. Cuando abr\u00ed los ojos encontr\u00e9 los de la bruja. Las flamas saltaron de sus pupilas nuevamente hacia m\u00ed. El cad\u00e1ver hab\u00eda desaparecido. Yo estaba dentro de ese cuerpo tirado bajo los \u00e1rboles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sonriendo, chispeante y sonrosada, se puso en pie y me ayud\u00f3 a levantarme de entre las cenizas de mis alas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me reconoc\u00ed en ese cuerpo. Record\u00e9 mi vida inmunda, mi muerte violenta y mi breve paso por la existencia angelical. Sent\u00ed tanta ira hacia ella por resucitarme sin mi permiso que los sollozos me brotaron, inconsolables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00a1No se te ocurri\u00f3 pensar que pude ser feliz como \u00e1ngel? \u00bfPor qu\u00e9 lo hiciste?\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00eda contenta, pero ten\u00eda tristeza en los ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cPorque no quiero estar en deuda con alguien como t\u00fa\u201d, respondi\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento recobrado de la escritora mexicana Gabriela Fonseca (1966).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16638,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Quemadura","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,198,2682,2701,2855,2291,360],"class_list":["post-16628","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-gabriela-fonseca","tag-la-imaginacion-en-mexico","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Calaca2025.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4kc","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16628"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16628\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16837,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16628\/revisions\/16837"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16638"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}