{"id":16595,"date":"2025-02-18T12:20:02","date_gmt":"2025-02-18T18:20:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16595"},"modified":"2025-02-18T11:25:52","modified_gmt":"2025-02-18T17:25:52","slug":"el-caso-estandar-cuento-monica-lavin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-caso-estandar-cuento-monica-lavin\/","title":{"rendered":"El caso est\u00e1ndar"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento de la escritora y periodista mexicana <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/M%C3%B3nica_Lav%C3%ADn\">M\u00f3nica Lav\u00edn<\/a> (1955) refiere con mucha tersura los sucesos que, por un error o un azar, ponen de cabeza una vida. La autora se distingue por la claridad de su prosa y de sus argumentos: bi\u00f3loga de formaci\u00f3n, pone mucha atenci\u00f3n a los detalles de los acontecimientos y de la realidad interior de sus personajes, y los muestra de manera aparentemente indiferente, sin avisarnos cu\u00e1ndo \u00abdebemos\u00bb inquietarnos, simpatizar o temer, aunque siempre terminemos por llegar a alguno de esos tres estados. O a los tres. El cuento est\u00e1 tomado de una <a href=\"https:\/\/materialdelectura.unam.mx\/cuento-contemporaneo\/13-cuento-contemporaneo-cat\/384-127-monica-lavin\">selecci\u00f3n de sus cuentos<\/a>, hecha por la propia escritora en 2013, para la colecci\u00f3n \u00abMaterial de Lectura\u00bb de la UNAM.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16596\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-caso-estandar-cuento-monica-lavin\/monicalavin\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin.jpg\" data-orig-size=\"1200,800\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"M\u00f3nica Lav\u00edn\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin-1024x683.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"800\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16596\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin.jpg 1200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin-600x400.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL CASO EST\u00c1NDAR<br \/>\nM\u00f3nica Lav\u00edn<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfHa marcado usted un n\u00famero equivocado? Me refiero a cuando est\u00e1 nerviosa porque no va a llegar a una cita de trabajo a tiempo y entonces en el coche, en un sem\u00e1foro en rojo, sin que la vean los polic\u00edas, marca a toda prisa al n\u00famero de la persona con la que qued\u00f3 y como no contesta, deja un recado en su buz\u00f3n del celular: <em>Llego en quince minutos, esp\u00e9rame<\/em>. Entonces maneja aliviada al sitio del encuentro y all\u00ed est\u00e1 \u00e9l, con los papeles que tienen que revisar para que su ponencia sea aceptada en el congreso, el primero en su carrera de antrop\u00f3loga: \u201cMadres solteras en barrios medios de la ciudad\u201d. \u00bfLe ha pasado que ni siquiera se percate de que dej\u00f3 un recado en un n\u00famero incorrecto porque el de la cita no menciona la llamada, simplemente ha esperado los quince minutos que la l\u00f3gica de la ciudad impone? Llega y pide disculpas antes de sentarse, pero \u00e9l no reclama nada porque quien espera en un caf\u00e9 est\u00e1 en paz pero quien conduce y esquiva obst\u00e1culos se revoluciona como el motor. Empiezan de inmediato a revisar los objetivos que ella ha planteado para el trabajo, \u00e9l es parte del comit\u00e9 que selecciona los ponentes y adem\u00e1s fue su maestro. Sabe que es una chica brillante. Durante la charla, el celular de ella ha vibrado dentro de la bolsa de su saco, se da cuenta porque ni tiempo tuvo de desprenderse de la prenda. Y de todos modos no hubiera contestado porque no le gusta que la interrumpan. Digamos que sabe cu\u00e1ndo debe tomarlo y cuando no. \u00c9ste no es el momento. Luego, el calor que le da el segundo caf\u00e9 la hace despojarse del saco y no se entera m\u00e1s del repiqueteo insistente \u2014como de aparato de dentista\u2014 que la conmina a contestar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es en la casa cuando cae en cuenta de que tiene m\u00e1s de cinco llamadas de un mismo n\u00famero. No es un n\u00famero que tenga registrado bajo alg\u00fan nombre: ya hubiera aparecido. Hay un recado. <em>\u00bfQu\u00e9 quieres? Deja de estar molestando.<\/em> Entonces por pura nemotecnia le parece que el n\u00famero es similar al del profesor, al que marc\u00f3 cuando iba tarde. Verifica las llamadas salientes y as\u00ed es. Pero no es la voz de su profesor, es otra la persona que ha respondido a su llamado mientras ella estaba en la cafeter\u00eda. La voz del recado no es amable: lo vuelve a escuchar. El <em>qu\u00e9 quieres<\/em> est\u00e1 cargado de irritaci\u00f3n. Mientras busca el tel\u00e9fono del profesor para ver cu\u00e1l fue el error, alguien ha dejado otro recado. Lo escucha: <em>Te dije que no me hablaras<\/em>. Es la misma voz del hombre molesto. Le enoja la insistencia y piensa que es absurdo que una disculpa desate esta serie de llamadas. Cuando ella recibe una llamada de un extra\u00f1o no se molesta en responder. A lo mejor hay que estar muy solo para ello. A lo mejor es una botella al mar como sucede en el cuento que ley\u00f3 de un tal Bernardo Ruiz, donde una chica marca desde la c\u00e1rcel n\u00fameros al azar para ver si alguien responde alguna vez del otro lado. Y alguien responde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se prepara la cena: una sincronizada con mucha salsa y frijoles. Est\u00e1 contenta por los comentarios del profesor: es probable que sea elegida para el congreso. Se siente bien, como cuando hac\u00eda barcos de papel con su padre y les soplaba para que navegaran en la fuente del parque y el barco no se iba de lado, segu\u00eda derechito. Al sentarse a cenar el celular suena. Lo puso en \u201cvibrar\u201d pero, sobre la mesa, el sonido que resulta es de chicharra compulsiva. As\u00ed dice su madre: <em>Ya contesta tu chicharra compulsiva<\/em>. Ella nunca ha visto una chicharra, su madre explic\u00f3 que son grandes insectos nocturnos, asquerosos. Que su aspecto coincide con lo desagradable del sonido que hacen. Contesta sin pensar, y la voz del otro lado la increpa: <em>te dije que nunca me dejaras recados<\/em>. Piensa en el aspecto de la chicharra; sospecha que ese hombre tiene una verruga en la nariz ancha. <em>Mire se\u00f1or, yo no s\u00e9 qui\u00e9n es usted. Me equivoqu\u00e9 de tel\u00e9fono<\/em>, dice liberada y mirando la sincronizada en el plato. <em>Me equivoqu\u00e9<\/em>, murmura en un tono exasperado despu\u00e9s de un silencio. La chicharra parece haber notado que la voz de ella no es de alguien que conozca. Otro silencio, ella est\u00e1 a punto de colgar pero \u00e9l remata <em>Pues no se ande equivocando<\/em> y cuelga. Vuelve a su sincronizada tibia. Nada m\u00e1s falta que ahora se tenga que sentir culpable no s\u00f3lo porque lleg\u00f3 tarde a la cita, sino porque avis\u00f3 a un n\u00famero equivocado. Tiene ganas de marcarle a ese imb\u00e9cil y decirle que si \u00e9l nunca se equivoca. Que si no confunde un dos por un siete, que es lo que a ella le pas\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfNo le ha ocurrido que la equivocaci\u00f3n se prolongue? \u00bfQue una vez que ha respirado el alivio de la confusi\u00f3n aclarada y comience a olvidar la voz de la chicharra molesta y desconcertada, y est\u00e9 en la cama leyendo la novela que lo adormece suene de nuevo el tel\u00e9fono y descubra que a esas horas (donde normalmente s\u00f3lo sus m\u00e1s cercanos se atreven a llamar, o sus amigos enfiestados) el del equ\u00edvoco est\u00e9 llamando? No le piensa contestar. Si no le ha quedado claro y no puede soportar recibir un recado err\u00f3neo que vaya al psic\u00f3logo, que se d\u00e9 un tiro, pero que deje de molestar. Silencia el tel\u00e9fono y duerme. A la ma\u00f1ana siguiente se da cuenta por el parpadeo del foco rojo del celular que hay recado. Suspira, sin ganas de escuchar al intruso. Piensa la palabra y le parece curioso calificar as\u00ed a quien llama, porque realmente ella fue quien se introdujo en vida ajena, por pura cortes\u00eda mal colocada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras toma el caf\u00e9 en la orilla de la cama escucha el recado: <em>Vieja arrastrada, deja en paz a mi esposo. Puta maldita.<\/em> La voz es otra y la agresi\u00f3n es mucha. Est\u00e1 asombrada de que su disculpa llegue a tanto. Supone que es eso de que cuando el r\u00edo suena&#8230;, parece que cay\u00f3 como anillo al dedo en lugar indebido, alguien tiene cola que le pisen, nerviosa se da explicaciones en refr\u00e1n como lo hace su abuela. Tiene ganas de marcarle a esa tipa y gritarle que ella no tiene nada que ver, que la dejen en paz, que sus broncas son sus pedos y que si su marido es un ojete lo resuelvan ellos. Se descarga de la ofensa con esas palabras con que le gustar\u00eda agujerearle la oreja a la imb\u00e9cil. Entonces se pone a pensar en lo absurdo de la situaci\u00f3n y le parece risible. \u00bfY si llama y le dice al hombre: <em>Mire ya le dije que me equivoqu\u00e9, arregle sus asuntos con su mujer pero a m\u00ed no me metan<\/em>? Imagina a \u00e9l explicando: <em>Mi vida, de veras que se equivoc\u00f3 la chica. Ella misma te lo puede decir. Te la paso.<\/em> Ella diciendo: <em>Soy Elsa, estudiante de antropolog\u00eda, me equivoqu\u00e9 se\u00f1ora y no soy ninguna puta ni me meto con chicharras repulsivas y menos casadas. Si a usted no le da asco su marido a m\u00ed s\u00ed<\/em>. Y la otra contestando: <em>\u00bfAh, lo conoce? Ni piense que le voy a creer, mosquita muerta. A m\u00ed qu\u00e9 me importa que estudie focas o pitos, \u00bfno cogen las estudiantes? \u00bfo los libros les taponan el sexo?<\/em> No se va a poner de pechito para que la otra se desahogue. No le gusta empezar as\u00ed el d\u00eda, de narices, m\u00e1s bien de culo, en medio de la cama de los se\u00f1ores X.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfUsted no har\u00eda lo mismo por puro hartazgo? Al d\u00e9cimo recado de la se\u00f1ora trastornada por la infidelidad de su marido, por sus celos fundados o no, despu\u00e9s de recibir insulto tras insulto cada vez m\u00e1s soez, m\u00e1s grotesco, no optar\u00eda por poner un alto a la situaci\u00f3n. Claro, podr\u00eda haberse deshecho del aparato, pedir cambio de n\u00famero, pero la chica piensa que no tiene por qu\u00e9 caer en el juego y sufrir las consecuencias pr\u00e1cticas del asunto: avisar a todos que su n\u00famero cambi\u00f3, sobre todo al profesor que est\u00e1 por llamarle en las pr\u00f3ximas horas. Y ni modo que se tope con aquello de \u201cel n\u00famero que marc\u00f3 no existe\u201d. Los recados la han alterado de tal manera que piensa que s\u00f3lo enfrentando a esa mujer grosera y obscena la cosa se arregla. Por eso contesta la llamada n\u00famero diez de la tarde y le dice que se vean en el Vips de Revoluci\u00f3n. Suficientemente lejos de su casa. Le aclarar\u00e1 qui\u00e9n es ella y por qu\u00e9 tiene que dejarla en paz. Tal vez las dos se quiten un peso de encima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se sienta a la mesa m\u00e1s cercana a la entrada como quedaron y pide un caf\u00e9. No le gusta el caf\u00e9 del lugar pero s\u00f3lo quiere entretener al tiempo y acallar el nerviosismo. No sabe c\u00f3mo reaccionar\u00e1 cuando vea al enemigo, \u00bfc\u00f3mo es esa mujer de voz tipluda y fuera de s\u00ed? \u00bfChaparra?, \u00bfde pelo rizado?, \u00bftiene la nariz grande?, \u00bfno se depila el bigote?, \u00bfviste de colores chillantes? Por los celos, supone que no es ni muy joven ni muy mayor. Cuarenta y algo, piensa. T\u00edpico caso de se\u00f1or que le pone el cuerno con jovencitas porque su belleza oto\u00f1al y sus preocupaciones dom\u00e9sticas han matado su apetencia. Caso est\u00e1ndar. Ella, joven, de buen aspecto, alta, un tanto llenita pero aceptable, metida en medio de un caso est\u00e1ndar (as\u00ed dice el profesor). Si la viera la mujer celosa no dudar\u00eda en que su marido ha tenido que ver con ella. El pensamiento la aterra. Mira el reloj: los quince minutos de sensata espera han transcurrido. La mujer debe estar all\u00ed ya. Observa el lugar: mesas con parejas, grupos de mujeres, dos se\u00f1ores, una familia, varios j\u00f3venes. Se da cuenta de que es la \u00fanica mujer sola en el lugar. El celular suena. Reconoce el n\u00famero y contesta cautelosa. Nadie habla del otro lado. Mira alrededor pensando en que el celular en la oreja permitir\u00e1 descubrir a la increpante. Siente temor. Es mejor irse. \u00bfUsted no hubiera hecho lo mismo? Ya no quiere encarar a la persona que no se ha presentado. Ha sido ingenua. El caso est\u00e1ndar no se resuelve as\u00ed. Huir. Sale de prisa despu\u00e9s de pagar y sellar el boleto de estacionamiento, mirando a todos lados como si fuera culpable de algo. Deseosa de no encontrar a la mujer que tal vez hablaba para decir que iba tarde. \u00bfSe repetir\u00e1 la misma situaci\u00f3n que desencaden\u00f3 esta cita indeseable? Pero la voz no habl\u00f3. Se sube al coche y sale a Revoluci\u00f3n, toma R\u00edo Mixcoac hacia su casa; llegar\u00e1 y tirar\u00e1 el celular a la basura. Le escribir\u00e1 un mail a su profesor, procurando que no piense que es un modo de presi\u00f3n para saber los resultados: pero su celular no sirve, que cualquier cosa la llamara a casa o le escribiera. Si es que hab\u00eda cualquier cosa, desde luego; que ya le contar\u00eda lo ocurrido a ra\u00edz de su cita, el caso est\u00e1ndar&#8230; Las dos \u00faltimas cuadras le parecen interminables, da la vuelta, se estaciona en la acera y cuando va a bajar del auto lo piensa por primera vez. La necesidad de refugio la asalta al notar que un auto se estaciona detr\u00e1s de ella. En lugar de caminar hacia otro lado, corre al port\u00f3n de la casa. Entra y sin encender las luces se encierra en su cuarto. Nadie est\u00e1 en casa para contarle lo sucedido. Entonces suena el celular de nuevo; sabe que si se asoma a la ventana estar\u00e1 una mujer de pie en la acera de enfrente con el auricular en la oreja. Mueve la cortina y lo comprueba. Es alta y pelirroja. Y decidida. El celular sigue sonando: ya no tiene caso deshacerse de \u00e9l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El azar pone de cabeza una vida en este relato de la escritora mexicana M\u00f3nica Lav\u00edn (1955).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16596,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Un nuevo #cuento en Las Historias: \"El caso est\u00e1ndar\" de la #escritora mexicana M\u00f3nica Lav\u00edn.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,3472,2343,185,198,2855,899,467],"class_list":["post-16595","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-caso-estandar","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-monica-lavin","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/MonicaLavin.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4jF","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16595","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16595"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16595\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16597,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16595\/revisions\/16597"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16596"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16595"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16595"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16595"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}