{"id":16429,"date":"2024-09-20T00:57:26","date_gmt":"2024-09-20T06:57:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16429"},"modified":"2024-10-19T00:59:28","modified_gmt":"2024-10-19T06:59:28","slug":"cortejo-invierno-cuento-sarah-orne-jewett","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cortejo-invierno-cuento-sarah-orne-jewett\/","title":{"rendered":"Cortejo de invierno"},"content":{"rendered":"<p>La estadounidense <a href=\"https:\/\/www.poetryfoundation.org\/poets\/sarah-orne-jewett\">Sarah Orne Jewett<\/a> (1849-1909) es considerada una figura importante de la literatura regionalista de su pa\u00eds. Esta corriente tuvo su mayor auge durante la vida de la escritora, entre los siglos XIX y XX. Las narraciones de Orne se centran en la vida rural del estado de Maine, donde ella pas\u00f3 toda su vida, y en su idioma original documentan de manera rica y precisa los dialectos y acentos de la \u00e9poca. <a href=\"https:\/\/www.sarahornejewett.org\/soj\/saw\/winter-at.html\">\u00abA Winter Courtship\u00bb<\/a> apareci\u00f3 por primera vez en la revista <em>The Atlantic<\/em> en 1889 y es, adem\u00e1s de un muy interesante fragmento de vida, una delicada historia de amor.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16430\" aria-describedby=\"caption-attachment-16430\" style=\"width: 1940px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16430\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cortejo-invierno-cuento-sarah-orne-jewett\/sarahornejewett\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett.jpeg\" data-orig-size=\"1940,1293\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Sarah Orne Jewett\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Sarah Orne Jewett&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett-1024x682.jpeg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett.jpeg\" alt=\"\" width=\"1940\" height=\"1293\" class=\"size-full wp-image-16430\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett.jpeg 1940w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett-300x200.jpeg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett-1024x682.jpeg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1940px) 100vw, 1940px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16430\" class=\"wp-caption-text\">Sarah Orne Jewett<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>CORTEJO DE INVIERNO<br \/>\nSarah Orne Jewett<\/strong><\/p>\n<p>El transporte de correo y pasajeros entre las poblaciones de North Kilby y Sanscrit Pond corr\u00eda a cargo del se\u00f1or Jefferson Briley, cuyo carromato de dos plazas resultaba demasiado grande para los requisitos del negocio. Tanto los habitantes de Sanscrit Pond como los de North Kilby eran personas caseras, y el se\u00f1or Briley a menudo hac\u00eda el viaje de once kil\u00f3metros en completa soledad, exceptuando el saco del correo, de cuero blando, que sujetaba al suelo del carromato con el zapat\u00f3n de su pie izquierdo. Llevaba tantos a\u00f1os con aquel saco que casi le atribu\u00eda personalidad propia. El se\u00f1or Briley ten\u00eda una apariencia t\u00edmida y d\u00f3cil, pero tras ella se escond\u00eda un alma guerrera que alimentaba leyendo relatos estremecedores de cr\u00edmenes y derramamientos de sangre en el Lejano Oeste. Familiarizado como estaba con los robos a diligencias, los asaltos a trenes y la muerte de mensajeros en el desempe\u00f1o de su trabajo, se hab\u00eda preparado para cualquier cosa; aunque hab\u00eda confiado todos esos a\u00f1os en su fuerza y valent\u00eda, llevaba una pistola grande debajo del coj\u00edn de su asiento delantero para defenderse mejor. Sus pasajeros habituales conoc\u00edan bien la existencia de esa arma terrible, y a los desconocidos, por lo general, se la ense\u00f1aba cuando hab\u00edan cubierto tres de los once kil\u00f3metros de la ruta. No estaba cargada; nadie (al menos no el se\u00f1or Briley) dudaba que la sola visi\u00f3n de un arma as\u00ed har\u00eda dar media vuelta al m\u00e1s osado aventurero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Protegida por este hombre y esta pistola, una gris ma\u00f1ana de viernes, a las puertas del invierno, la se\u00f1ora Fanny Tobin viajaba de Sanscrit Pond a North Kilby. Era una mujer mayor y de apariencia d\u00e9bil, pero con un brillo de inteligencia en los ojos, y estaba preocupada por su abundante equipaje y su propia seguridad. Iba envuelta en muchos mantones y envolturas m\u00e1s peque\u00f1as. Como no las llevaba bien ajustadas, se aflojaban y se le ca\u00edan continuamente, as\u00ed que el fr\u00edo glacial de diciembre parec\u00eda forzar de vez en cuando la cerradura y entrar sigilosamente para arrebatarle el poco calor que consegu\u00eda generar. El se\u00f1or Briley tambi\u00e9n ten\u00eda fr\u00edo, y lo \u00fanico que lo consolaba era pensar en el valor de aquellos jinetes del Pony Express de los tiempos anteriores al ferrocarril, quienes ten\u00edan que atravesar las monta\u00f1as Rocosas por la gran ruta de California. Le habl\u00f3 largo y tendido de los peligros que corr\u00edan aquellos intr\u00e9pidos jinetes a la sufriente pasajera, que no sinti\u00f3 ni una pizca m\u00e1s de calor y acab\u00f3 gru\u00f1iendo de hast\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1nto dice que nos queda para llegar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No creo hab\u00e9rselo dicho, se\u00f1ora Tobin \u2014respondi\u00f3 el cochero con una risa glacial\u2014. \u00bfVe esos pinos grandes y el lateral de ese granero, con los carteles amarillos anunciando el circo? Esa es mi se\u00f1al de cinco kil\u00f3metros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y \u00bfnos quedan seis m\u00e1s para llegar? \u00a1Santo Cielo! \u2014se lament\u00f3 la se\u00f1ora Tobin\u2014. Azuce a ese animal, \u00bfquiere, Jefferson? No estoy acostumbrada a andar por ah\u00ed con este tiempo inh\u00f3spito. Hasta dir\u00eda que me cuesta respirar. Estoy temblando de pies a cabeza. De nada sirve dejar que el caballo vaya pasito a pasito como va.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oh, \u00a1por Dios! \u2014exclam\u00f3 el ofendido cochero\u2014. No entiendo por qu\u00e9 espera la gente que compita con el tren. Todo el que sube quiere que haga correr al caballo hasta reventarlo. Mi tiempo promedio es bueno, y es cuanto puedo hacer. Si usted tuviera que ir de ac\u00e1 para all\u00e1 todos los d\u00edas menos los domingos durante dieciocho a\u00f1os, le aseguro que querr\u00eda tom\u00e1rselo con la mayor calma posible y dejar v\u00eda libre a quienes prefieran ir desempedrando calles. North Kilby, lunes, mi\u00e9rcoles y viernes; Sanscrit Pond, martes, jueves y s\u00e1bados. El caballo y yo llevamos haci\u00e9ndolo juntos dieciocho a\u00f1os, y el animal no era precisamente joven cuando empez\u00f3, ni yo tampoco. Si le digo la verdad, no s\u00e9 c\u00f3mo ha podido aguantar tanto tiempo. \u00a1Vamos, espabila, vieja yegua! \u2014grit\u00f3 cuando la bestia de carga fren\u00f3 en seco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se dec\u00eda que Jefferson dejaba descansar a esta fiel criatura dos veces por kil\u00f3metro, as\u00ed que le costaba cuatro horas completar el trayecto solo, y m\u00e1s a\u00fan si llevaba alg\u00fan pasajero. Pero, cuando hac\u00eda buen tiempo, el camino era muy agradable y estaba lleno de gente con veh\u00edculos particulares, y le gustaba detenerse a charlar. No hab\u00eda muchas granjas, y la tercera generaci\u00f3n de pinos blancos daba una buena sombra, aunque a Jefferson le gustaba decir que, cuando \u00e9l empez\u00f3 a transportar el correo, su ruta atravesaba un campo abierto de tocones y maleza muy escasa all\u00ed donde los pinos blancos ahora formaban un arco completo por encima de la carretera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acababan de dejar atr\u00e1s el granero con los carteles del circo, y sintieron m\u00e1s fr\u00edo que nunca cuando vieron a los curtidos acr\u00f3batas vestidos \u00fanicamente con mallas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Dios bendito! \u2014exclam\u00f3 la viuda Tobin\u2014. Esas pobres criaturas tienen un aspecto m\u00e1s triste que el de los abedules peque\u00f1os en los temporales de nieve. Espero que vayan m\u00e1s abrigados en esta \u00e9poca del a\u00f1o. \u00a1Vaya! Mire a ese saltando por el aro peque\u00f1o, \u00bfve?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No podr\u00eda pasar por ah\u00ed si llevara pantalones \u2014respondi\u00f3 el se\u00f1or Briley\u2014. Supongo que tienen que estar siempre \u00e1giles como anguilas. Cuando era peque\u00f1o, pensaba que eso era lo \u00fanico que har\u00eda con gusto para ganarme la vida. Una vez me propuse escaparme y seguir a un artista itinerante, pero madre me necesitaba en casa. No ten\u00eda a nadie m\u00e1s que a mis hermanos peque\u00f1os y a m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No es usted el \u00fanico que ha renunciado a sus sue\u00f1os \u2014dijo la se\u00f1ora Tobin con tristeza\u2014. Yo tampoco pude ausentarme de casa para aprender el oficio de modista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues le habr\u00eda venido muy bien despu\u00e9s, vaya que s\u00ed \u2014dijo el comprensivo cochero\u2014, habida cuenta de la tropa de muchachos que tuvo que vestir y alimentar m\u00e1s adelante. En fin, los que le quedan est\u00e1n ahora en una situaci\u00f3n acomodada, pero debieron de darle mucho trabajo de peque\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, se\u00f1or Briley, pero tambi\u00e9n fue gratificante \u2014afirm\u00f3 la viuda, un tanto molesta\u2014. Si bien es cierto que ahora se me hace muy dif\u00edcil tener que dejar mi propia casa para vivir unos d\u00edas aqu\u00ed y otros all\u00ed, aunque sea con mis hijos. Ayer Adeline y Susan Ellen discut\u00edan preocupadas por ver qui\u00e9n ser\u00eda la siguiente en alojarme; gracias a Dios, las dos quer\u00edan acogerme enseguida, pero no me gust\u00f3 nada o\u00edrlas hablar del asunto. Preferir\u00eda vivir en mi casa y apa\u00f1\u00e1rmelas sola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo estoy m\u00e1s que acostumbrado a vivir de hu\u00e9sped desde que muri\u00f3 madre \u2014dijo el se\u00f1or Jefferson\u2014, pero me result\u00f3 muy duro al principio, se lo aseguro. Estando en la carretera todo el d\u00eda como estoy, no podr\u00eda de ning\u00fan modo encargarme de una casa. Me parece necesario pasar tiempo en ella para poder cuidar bien de todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por supuesto \u2014respondi\u00f3 la se\u00f1ora Tobin, quien not\u00f3 c\u00f3mo le embargaba de pronto una sensaci\u00f3n agradable al reconocer la oportunidad que se le presentaba\u2014. Por supuesto, Jefferson. \u2014E, inclin\u00e1ndose hacia el asiento delantero, a\u00f1adi\u00f3\u2014: A no ser, claro est\u00e1, que tuviera a la persona adecuada para hacerlo por usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tambi\u00e9n Jefferson not\u00f3 entonces una extra\u00f1a sensaci\u00f3n en todo el cuerpo, as\u00ed como un placer y un inter\u00e9s inesperados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Escuche, hermana Tobin \u2014exclam\u00f3 con entusiasmo\u2014, \u00bfpor qu\u00e9 no se toma la molestia de sentarse aqu\u00ed delante conmigo? Podr\u00edamos poner una piel de b\u00fafalo encima de la otra \u2014iban los dos mal abrigados\u2014 y sentarnos bien juntos; creo yo que as\u00ed ir\u00edamos mejor protegidos contra el fr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, dudo que tuviera m\u00e1s fr\u00edo si muriese congelada \u2014respondi\u00f3 la viuda, con una sonrisa amable\u2014. No quisiera retrasarlo ni molestarlo, se\u00f1or Briley. No s\u00e9 si habr\u00eda salido hoy de haber sabido el fr\u00edo que har\u00eda. Pero ya ten\u00eda preparado el equipaje, y no soy de las que pone la mano en el arado y mira hacia atr\u00e1s, como dicen las escrituras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No querr\u00eda que hiciera los once kil\u00f3metros solo, \u00bfverdad? \u2014dijo el galante Briley en tono sentimental mientras la ayudaba a apearse y a subir de nuevo al asiento delantero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella era unos a\u00f1os mayor que \u00e9l, pero hab\u00edan sido compa\u00f1eros de colegio, y la lozan\u00eda juvenil de la se\u00f1ora Tobin revivi\u00f3 de pronto a los ojos del cochero. La viuda ten\u00eda una peque\u00f1a granja en la que se hab\u00eda quedado sola, y la hab\u00eda cerrado para pasar el invierno fuera. El propio Jefferson dispon\u00eda de unos ahorros nada desde\u00f1ables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se taparon bien y se sintieron mejor con el cambio, pero una repentina incomodidad se instal\u00f3 entre los dos; no hab\u00edan tenido tiempo de prepararse para esta crisis inesperada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dicen que Elder Bickers, de East Sanscrit, se ha casado en segundas nupcias con una muchacha cuatro a\u00f1os m\u00e1s joven que su hija mayor \u2014coment\u00f3 la se\u00f1ora Tobin al poco\u2014. Me parece una locura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A m\u00ed tambi\u00e9n me lo parece \u2014coincidi\u00f3 el cochero\u2014. A esa familia le espera un invierno calentito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando acabaron de re\u00edrse, la se\u00f1ora Tobin, a\u00fan con una sonrisa en los labios, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Menudo bromista est\u00e1 usted hecho para ser un hombre con tanta responsabilidad! \u00bfNunca tiene miedo, llevando el correo y cosas de tanto valor, de que lo ataquen y le roben, sobre todo por la noche?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jefferson apoy\u00f3 los pies en el guardabarros por debajo de la ra\u00edda piel de b\u00fafalo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Da un poco de miedo, o se lo dar\u00eda a algunos hombres, mejor dicho, pero me gustar\u00eda ver al guapo que pueda conmigo. Voy armado, y me trae sin cuidado qui\u00e9n lo sepa. Algunos de los arrieros que vienen de Canad\u00e1 parece que no ponen ning\u00fan cuidado en lo que hacen, pero yo los miro fijamente a los ojos cada vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los hombres son valientes por naturaleza \u2014dijo la viuda con admiraci\u00f3n\u2014. Ya sabe c\u00f3mo se liaba Tobin a pu\u00f1etazos con cualquiera que le faltase al respeto. En los plenos municipales, si no le gustaba c\u00f3mo sal\u00edan las cosas, le med\u00eda las costillas a quien hiciera falta. De no haber pertenecido a la parroquia, habr\u00eda sido un verdadero pendenciero. Siempre me daba miedo que se enfadara, aunque en casa era un corderito, d\u00f3cil como no se ha visto otro. Mi Susan Ellen, con solo cuatro a\u00f1os, le daba \u00f3rdenes igual que al gato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A m\u00ed me dej\u00f3 la nariz un poco torcida cuando \u00edbamos al colegio. No s\u00e9 si alguna vez se ha dado usted cuenta \u2014dijo el se\u00f1or Briley\u2014. Fue en una pelea de esas que tienen los muchachos. Nunca le guard\u00e9 ning\u00fan rencor. Lo sent\u00ed por usted cuando muri\u00f3. Se lo digo de coraz\u00f3n, Fanny. Le ten\u00eda un gran aprecio a Tobin, lo mismo que a usted. Siempre pens\u00e9 que era la muchacha m\u00e1s guapa del colegio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9jeme ver esa nariz. A m\u00ed me parece que est\u00e1 recta \u2014dijo la viuda dulcemente, despu\u00e9s de echarle una r\u00e1pida mirada con cierta timidez\u2014. Un poquito curvada, si acaso, pero nada importante. Tiene unas facciones muy bonitas, como la familia de su madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La situaci\u00f3n se estaba poniendo acaramelada, y Jefferson Briley tuvo la sensaci\u00f3n de que tal vez consiguiese algo m\u00e1s de lo que hab\u00eda imaginado. Apremi\u00f3 a la tambaleante yegua alazana y se puso a hablar del tiempo. Todo apuntaba a que acabar\u00eda nevando, y estaba harto de ir dando tumbos por la carretera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No descarto contratar a alguien que me releve aqu\u00ed el a\u00f1o que viene e irme al oeste para ver el pa\u00eds.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo? Pero \u00a1qu\u00e9 cosas dice! \u2014contest\u00f3 la viuda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, se\u00f1ora \u2014prosigui\u00f3 Jefferson\u2014. Esto es m\u00e1s mon\u00f3tono de lo que me gustar\u00eda, y ayer mismo dec\u00eda yo que me conozco demasiado bien esta carretera. Me gustar\u00eda marcharme y conducir por las monta\u00f1as con uno de esos grandes carruajes que van a toda velocidad, sabiendo que en cualquier momento me pueden matar de un disparo. Esos tipos llevan cantidades ingentes de oro de las minas a la ciudad, seg\u00fan tengo entendido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo me morir\u00eda de miedo \u2014dijo la se\u00f1ora Tobin\u2014. \u00bfDe qu\u00e9 pasta estar\u00e1n hechos los hombres para que les gusten estas cosas? \u00a1Dios bendito!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues s\u00ed \u2014explic\u00f3 el afable hombrecillo\u2014. Multitud de forajidos viven de los sustanciosos botines que sacan persiguiendo esos carruajes, oblig\u00e1ndolos a parar y rob\u00e1ndoles hasta las riendas. \u00a1La bolsa o la vida! \u2014grit\u00f3, blandiendo el cabo de fusta por encima de la yegua alazana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Santo Cielo! Ha conseguido que se me hiele la sangre. En un d\u00eda tan fr\u00edo, mejor ser\u00eda que dijera algo alentador. Voy a pasarme toda la noche con pesadillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ocultan su cara detr\u00e1s de un pa\u00f1uelo negro \u2014dijo el cochero con aire misterioso\u2014. Es muy probable que algunos de esos tipos provengan de buenas familias. Son tantos que paran el tren y lo recorren con toda la desfachatez del mundo. Podr\u00eda contarle cosas que le pondr\u00edan los pelos de punta, se\u00f1ora Tobin, \u00a1ya lo creo que s\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Solo espero que no nos salga al paso ninguno \u2014dijo Fanny Tobin\u2014. Lo \u00faltimo que quiero es ver a uno de esos persigui\u00e9ndome con el pa\u00f1uelo en la cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No dejar\u00e9 que nadie le toque un pelo \u2014la tranquiliz\u00f3 el se\u00f1or Briley.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se acerc\u00f3 un poco m\u00e1s a ella y se tap\u00f3 con las pieles de b\u00fafalo otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tengo mucho menos fr\u00edo que antes \u2014dijo la viuda a modo de recompensa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ver\u00e1, yo antes ten\u00eda algo de miedo \u2014prosigui\u00f3 el se\u00f1or Briley, con el presentimiento de que no llegar\u00eda soltero a la casa de postas de North Kilby\u2014. Pero, claro, no tengo a nadie de quien preocuparme m\u00e1s que a m\u00ed mismo. Tengo primos, como ya sabe, pero nada m\u00e1s cercano, y la huella que haya podido dejar pronto desaparecer\u00e1; y\u2026 bueno, supongo que algunas personas pensar\u00edan en m\u00ed si algo me ocurriese.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Tobin ten\u00eda la cara tapada por una bufanda \u2014el viento era cortante en ese tramo de carretera\u2014, pero emiti\u00f3 un sonido alentador, a medio camino entre un gemido y un gorjeo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A m\u00ed no me ser\u00eda indiferente dejar de verlo pasar con su carromato \u2014dijo al cabo de un minuto\u2014. No sabr\u00eda en qu\u00e9 d\u00eda de la semana estoy. La semana pasada le dije a Susan Ellen que estaba segura de que era viernes, y ella dijo que no, que era jueves; pero entonces pas\u00f3 usted conduciendo rumbo a North Kilby, y as\u00ed supimos que yo ten\u00eda raz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me he convertido en parte del paisaje \u2014dijo el se\u00f1or Briley en tono lastimero\u2014. Y es algo que nos va desgastando a la vieja yegua y a m\u00ed; nos gustar\u00eda dejarlo y establecernos en alg\u00fan sitio c\u00f3modamente. Llevo mucho tiempo madurando la idea, mientras voy conduciendo de ac\u00e1 para all\u00e1, y ya he elegido una parcela de terreno dos o tres veces. Pero no soporto la idea de construir; acabar\u00eda conmigo; y tanto la hermana Peak, en North Kilby, como la se\u00f1orita Deacon, en Ash to the Pond, compiten por ver qui\u00e9n me trata mejor, por miedo a que prefiera hacer parada en casa de la otra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No me gustar\u00eda a m\u00ed vivir mucho tiempo con ninguna de las dos \u2014contest\u00f3 la pasajera resueltamente\u2014. En una ocasi\u00f3n, cuando me encontraba visitando a los hijos de Susan Ellen, vi lo que la se\u00f1ora Peak hab\u00eda cocinado para una cena de granjeros, y dije: \u201c\u00a1Que el Se\u00f1or me libre de tener que comerme alguna vez unas alubias tan blancuzcas como estas!\u201d, a lo que ella respondi\u00f3 con una especie de graznido. Estaba sentada a mi izquierda y, por supuesto, me oy\u00f3. De haberlo sabido, me habr\u00eda callado, pero ella no ten\u00eda por qu\u00e9 aclarar que las alubias eran suyas y crear as\u00ed una situaci\u00f3n inc\u00f3moda. \u201cSupongo que son unas alubias tan buenas como las que prepara cualquier otra\u201d, dijo, y no me ha vuelto a dirigir la palabra desde entonces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Creo que puedo llegar a entender su reacci\u00f3n \u2014se atrevi\u00f3 a decir el se\u00f1or Briley\u2014. Las mujeres son muy susceptibles con las cosas de su cocina. Siempre he o\u00eddo que es usted una de las mejores cocineras, se\u00f1ora Tobin. Me acuerdo de las rosquillas y de otras cosas que me daba antes, cuando pasaba con el carromato por delante de su casa. Ojal\u00e1 tuviera una ahora. Nunca se me ocurrir\u00eda dec\u00edrselo a ellas, pero la se\u00f1ora Ash es la que mejor cocina de las dos con diferencia. La se\u00f1ora Peak tiene buena mano para algunas cosas, y se ocupa de zurcirme la ropa cuando hace falta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me parece a m\u00ed que un hombre de su edad y con un temperamento tranquilo como el suyo deber\u00eda tener su propia casa \u2014sugiri\u00f3 la pasajera\u2014. No me gusta imagin\u00e1rmelo aloj\u00e1ndose aqu\u00ed y all\u00e1, abusando de la hospitalidad de una anciana que le arregla la ropa y de otra que le prepara unas comidas que no le servir\u00eda yo ni a mi peor enemigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por Dios, se\u00f1ora Tobin, no nos andemos con m\u00e1s rodeos \u2014dijo el se\u00f1or Briley con impaciencia\u2014. Sabe que tiene tanto inter\u00e9s por m\u00ed como yo por usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo no s\u00e9 nada. No vaya a decir insensateces de las que pueda arrepentirse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Llevo esperando la oportunidad de hablar con usted desde\u2026 En fin, di por supuesto que querr\u00eda dejar pasar un tiempo para que se atemperasen sus sentimientos tras el fallecimiento de Tobin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nadie puede ocupar su lugar \u2014dijo la viuda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo s\u00e9, pero podr\u00eda defenderla en los plenos municipales, si fuera necesario \u2014insisti\u00f3 Jefferson con arrojo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nunca entender\u00e9 esta afici\u00f3n de los hombres a pegarse \u2014dijo la se\u00f1ora Tobin ri\u00e9ndose\u2014. No voy a dejarme engatusar por usted, estando la mitad del tiempo fuera de casa como est\u00e1, que si ahora con la se\u00f1ora Peak, que si ahora con la se\u00f1ora Ash. Apuesto a que les ha pedido matrimonio una veintena de veces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Que me caiga un rayo si alguna vez le he dicho una palabra a alguna de ellas! \u2014protest\u00f3 el enamorado\u2014. Y no habr\u00e1 sido por falta de oportunidades.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de estas palabras, guard\u00f3 silencio astutamente, como si se hubiera declarado en firme y esperase una respuesta definitiva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La dama elegida estaba, por expresarlo como podr\u00eda haberlo hecho ella, un tanto abrumada. Sopes\u00e1ndolo con serenidad, los a\u00f1os no pasaban en balde, y vivir los que le quedaban con Jefferson no le parec\u00eda la peor de las ideas. Parec\u00eda poco probable que tuviera alguna vez otra oportunidad de elegir, aunque se consideraba una mujer a la que le gustaba la variedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jefferson no destacaba por su apostura, pero era un hombre afable y de apariencia juvenil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9 si podr\u00eda conseguir algo mejor \u2014dijo inconscientemente y medio en voz alta\u2014. Bueno, est\u00e1 bien, Jefferson, acepto porque es usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Hurra! \u2014exclam\u00f3 Jefferson\u2014. Empezaba a pensar que me tendr\u00eda aqu\u00ed sufriendo media hora. Vaya, estoy m\u00e1s contento de lo que me esperaba. Hasta hace solo un rato, cre\u00eda que morir\u00eda soltero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Habr\u00eda sido una verdadera pena; es antinatural \u2014reconoci\u00f3 la se\u00f1ora Tobin\u2014. No entiendo c\u00f3mo ha aguantado solo tanto tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Contratar\u00e9 a alguien que conduzca por m\u00ed, y pasaremos un invierno la mar de agradable, usted y yo, y tambi\u00e9n la vieja yegua. Hace tiempo que vengo prometi\u00e9ndole un descanso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00e1s vale que no la deje acomodarse \u2014le recomend\u00f3 la se\u00f1ora Tobin\u2014, o se le atrofiar\u00e1n los m\u00fasculos y le fallar\u00e1 cuando llegue la primavera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se casar\u00e1 conmigo, \u00bfverdad? \u2014le suplic\u00f3 Jefferson, para asegurarse\u2014. \u00bfNo ser\u00e1 una de esas mujeres que juegan con los sentimientos de los hombres? Diga aqu\u00ed y ahora que se casar\u00e1 conmigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Supongo que no me queda otro remedio \u2014respondi\u00f3 la se\u00f1ora Tobin con cierta tristeza\u2014. Lo siento por la se\u00f1ora Peak y la se\u00f1ora Ash, pobres criaturas. Creo que va a ser un trago amargo para ellas. Se han pasado la vida mat\u00e1ndose de tanto trabajo, y puede que estuvieran esperando un peque\u00f1o descanso. Aunque, al fin y al cabo, una de las dos habr\u00eda salido escaldada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Solt\u00f3 una risita infantil. Cierto porte victorioso anim\u00f3 su figura. Se sent\u00eda como una joven de veinticinco a\u00f1os. Se propuso entonces cortarle el pelo a Briley y darle un aire m\u00e1s elegante y ambicioso. A continuaci\u00f3n pens\u00f3 que le habr\u00eda gustado saber con certeza cu\u00e1nto dinero ten\u00eda \u00e9l en el banco, si bien es cierto que eso no iba a cambiar las cosas. \u201cNo necesita fanfarronear delante de m\u00ed \u2014pens\u00f3 alegremente\u2014. Es inofensivo como una mosca.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQui\u00e9n iba a pensar cuando empezamos el viaje que nos entender\u00edamos tan bien? \u2014dijo la joya del se\u00f1or Briley cuando este la ayud\u00f3 a apearse en casa de Susan Ellen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo que es a nosotros dos, ni se nos pasaba por la cabeza \u2014respondi\u00f3 el gal\u00e1n\u2014. Ahora deme un buen beso, tierna criatura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y con esto se despidieron. Al se\u00f1or Briley, a pesar de su pistola, lo hab\u00edan asaltado por el camino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una breve y delicada historia de amor, escrita por la estadounidense Sarah Orne Jewett (1849-1909).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16430,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Cortejo de invierno","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3459,22,2343,185,2855,467,3460,3458],"class_list":["post-16429","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cortejo-de-invierno","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-literatura","tag-realismo","tag-regionalismo","tag-sarah-orne-jewett"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/SarahOrneJewett.jpeg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4gZ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16429","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16429"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16429\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16434,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16429\/revisions\/16434"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16430"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16429"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16429"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16429"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}