{"id":16426,"date":"2024-10-19T00:14:21","date_gmt":"2024-10-19T06:14:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16426"},"modified":"2024-10-19T00:14:21","modified_gmt":"2024-10-19T06:14:21","slug":"miriam-cuento-truman-capote","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/miriam-cuento-truman-capote\/","title":{"rendered":"Miriam"},"content":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o se cumple el centenario de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Truman_Capote\">Truman Capote<\/a> (1924-1984), narrador y periodista estadounidense, uno de los m\u00e1s famosos y significativos del siglo XX. Se le recuerda sobre todo por su libro-reportaje <em>A sangre fr\u00eda<\/em>, que volvi\u00f3 famosa la denominaci\u00f3n de \u00abno ficci\u00f3n\u00bb, pero su obra es m\u00e1s amplia y contiene excelentes textos de pura ficci\u00f3n. Uno de ellos es \u00abMiriam\u00bb, uno de sus primeros cuentos publicados (apareci\u00f3 en la revista <em>Mademoiselle<\/em> en 1945) y ganador de un Premio O. Henry, de los m\u00e1s prestigiosos para la narrativa breve en los Estados Unidos. La traducci\u00f3n es de Juan Villoro; su trama es de misterio o de miedo, muy diferente a las historias de la vida real que m\u00e1s se conocen de Capote, pero escrita con la misma elegancia.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16427\" aria-describedby=\"caption-attachment-16427\" style=\"width: 1200px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16427\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/miriam-cuento-truman-capote\/trumancapote\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote.jpg\" data-orig-size=\"1200,800\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Truman Capote\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Truman Capote&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote-1024x683.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"800\" class=\"size-full wp-image-16427\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote.jpg 1200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote-1024x683.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16427\" class=\"wp-caption-text\">Truman Capote en 1948<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>MIRIAM<br \/>\nTruman Capote<\/strong><\/p>\n<p>Desde hac\u00eda varios a\u00f1os Mrs. H. T. Miller viv\u00eda sola en un agradable apartamento (dos habitaciones y una cocina peque\u00f1a) de un viejo edificio de piedra reci\u00e9n rehabilitado, cerca del r\u00edo Este. Era viuda: el seguro de Mr. H.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;T. Miller le garantizaba una cantidad razonable. Le interesaban pocas cosas, no ten\u00eda amigos dignos de menci\u00f3n y rara vez se aventuraba m\u00e1s all\u00e1 del colmado de la esquina. Los otros habitantes del edificio parec\u00edan no reparar en ella: sus ropas eran anodinas; sus facciones, simples, discretas; no usaba maquillaje; llevaba el pelo gris acerado corto y ondulado sin mayor esmero, y en su \u00faltimo cumplea\u00f1os hab\u00eda cumplido sesenta y uno. Sus actividades rara vez eran espont\u00e1neas: manten\u00eda inmaculados los dos cuartos, fumaba alg\u00fan cigarrillo de vez en cuando, cocinaba ella misma y cuidaba del canario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces conoci\u00f3 a Miriam. Nevaba aquella noche. Despu\u00e9s de secar los platos de la cena, hoje\u00f3 un peri\u00f3dico vespertino y dio con el anuncio de una pel\u00edcula en un cine de barrio. El t\u00edtulo sonaba bien. Le cost\u00f3 trabajo ponerse su abrigo de castor, se anud\u00f3 las botas impermeables y sali\u00f3 del apartamento. Dej\u00f3 una luz encendida en el vest\u00edbulo: nada le molestaba tanto como la sensaci\u00f3n de oscuridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La nieve era fina, ca\u00eda con suavidad, se disolv\u00eda en el pavimento. El viento del r\u00edo s\u00f3lo dejaba sentir su filo en las esquinas. Mrs. Miller se apresur\u00f3, abstra\u00edda, la cabeza inclinada, como un topo que cavara un camino ciego. Se detuvo en una farmacia y compr\u00f3 una caja de pastillas de menta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda bastante cola frente a la taquilla; se puso al final. Tendr\u00edan que esperar un poco (gru\u00f1\u00f3 una voz cansada). Mrs. Miller hurg\u00f3 en su bolso de cuero hasta que reuni\u00f3 el importe exacto de la entrada. La cola parec\u00eda que iba para largo; mir\u00f3 a su alrededor, buscando algo que la distrajera; de repente descubri\u00f3 a una ni\u00f1a bajo el borde de la marquesina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su pelo era el m\u00e1s largo y extra\u00f1o que hab\u00eda visto jam\u00e1s: de un blanco plateado, como el de un albino; le ca\u00eda hasta la cintura en franjas sueltas y uniformes. Era delgada, fr\u00e1gil. Su postura \u2014los pulgares en los bolsillos de un abrigo de terciopelo ciruela hecho a medida\u2014 ten\u00eda una elegancia natural, peculiar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sinti\u00f3 una curiosa emoci\u00f3n, y cuando sus miradas se cruzaron, sonri\u00f3 afectuosamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ni\u00f1a se le acerc\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPodr\u00eda hacerme un favor?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Con mucho gusto, si est\u00e1 en mi mano \u2014dijo Mrs. Miller.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oh, es bastante sencillo. S\u00f3lo quiero que me compre una entrada; si no, no me dejar\u00e1n entrar. Tome. Tengo el dinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y le tendi\u00f3 graciosamente dos monedas de diez centavos y una de cinco. Entraron juntas en el cine. Una acomodadora las llev\u00f3 al vest\u00edbulo;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;faltaban veinte minutos para que terminara la pel\u00edcula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me siento como una aut\u00e9ntica delincuente \u2014dijo Mrs. Miller en tono alegre; se sent\u00f3\u2014. Quiero decir que esto es ilegal, \u00bfno? Espero no haber hecho nada malo. \u00bfTu madre sabe que est\u00e1s aqu\u00ed, amor? Lo sabe, \u00bfno?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ni\u00f1a guard\u00f3 silencio. Se desabroch\u00f3 el abrigo y lo dobl\u00f3 sobre su regazo. Llevaba un cursi vestidito azul oscuro; una cadena de oro pend\u00eda de su cuello; sus dedos, sensibles, como los de un m\u00fasico, jugaban con ella. Al examinarla con mayor atenci\u00f3n, Mrs. Miller decidi\u00f3 que su verdadero rasgo distintivo no era el pelo, sino los ojos: color avellana, firmes, nada infantiles, tan grandes que parec\u00edan consumirle el rostro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller le ofreci\u00f3 una pastilla de menta:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo te llamas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Miriam \u2014dijo, como si, de un modo extra\u00f1o, repitiera una informaci\u00f3n conocida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Vaya, qu\u00e9 curioso!, yo tambi\u00e9n me llamo Miriam. Y no es precisamente un nombre com\u00fan. \u00a1No me digas que tu apellido es Miller!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00f3lo Miriam.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo te parece curioso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Medianamente. \u2014Miriam presion\u00f3 la pastilla con su lengua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller se ruboriz\u00f3. Se sent\u00eda inc\u00f3moda; cambi\u00f3 de conversaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tienes un vocabulario extenso para ser tan peque\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfS\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues s\u00ed. \u2014Cambi\u00f3 de tema precipitadamente\u2014. \u00bfTe gustan las pel\u00edculas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9 \u2014dijo Miriam\u2014, no hab\u00eda venido nunca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El vest\u00edbulo se empez\u00f3 a llenar de mujeres. Las bombas del noticiario explotaron a lo lejos. Mrs. Miller se levant\u00f3, presionando el bolso bajo su brazo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00e1s vale que me apresure a encontrar asiento \u2014dijo\u2014. Encantada de haberte conocido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miriam asinti\u00f3 apenas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nev\u00f3 toda la semana. Las ruedas y los pies pasaban silenciosos sobre la calle; la vida era como un negocio secreto que perduraba bajo un velo tenue pero impenetrable. En aquella ca\u00edda sosegada no hab\u00eda cielo ni tierra, s\u00f3lo nieve que giraba al viento, congelando los cristales de las ventanas, enfriando los cuartos, mitigando, amortiguando la ciudad. Hab\u00eda que tener una luz encendida a todas horas. Mrs. Miller perdi\u00f3 la cuenta de los d\u00edas: imposible distinguir el viernes del s\u00e1bado; el domingo fue al colmado: cerrado, por supuesto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa noche hizo huevos revueltos y un taz\u00f3n de sopa de tomate. Luego, tras ponerse una bata de franela y desmaquillarse la cara, se acost\u00f3 y se calent\u00f3 con una bolsa de agua caliente bajo los pies. Le\u00eda el Times cuando son\u00f3 el timbre. Seguramente se trataba de un error; quienquiera que fuese enseguida se ir\u00eda. Pero el timbre son\u00f3 y son\u00f3 hasta convertirse en un zumbido insistente. Mir\u00f3 el reloj: poco m\u00e1s de las once. No era posible; siempre se dorm\u00eda a las diez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le cost\u00f3 trabajo salir de la cama; atraves\u00f3 la sala con premura, descalza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya voy, \u00a1paciencia!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cerrojo se hab\u00eda trabado, trat\u00f3 de moverlo a uno y otro lado, el timbre no paraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Basta! \u2014grit\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El pasador cedi\u00f3. Abri\u00f3 la puerta unos cent\u00edmetros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por el amor de Dios, \u00bfqu\u00e9&#8230;?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hola \u2014dijo Miriam.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oh&#8230;, vaya, hola. \u2014Mrs. Miller dio unos pasos inseguros en el<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;recibidor\u2014. Si eres aquella ni\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pens\u00e9 que no iba a abrir nunca, pero no he soltado el bot\u00f3n. Sab\u00eda que estaba en casa. \u00bfNo se alegra de verme?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No supo qu\u00e9 decir. Vio que Miriam llevaba el mismo abrigo de terciopelo ciruela y una boina del mismo color. Su cabello blanco hab\u00eda sido peinado en dos trenzas brillantes con enormes mo\u00f1os blancos en las puntas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya que me he esperado tanto, al menos d\u00e9jeme entrar \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es tard\u00edsimo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miriam la mir\u00f3 inexpresivamente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY eso qu\u00e9 importa? D\u00e9jeme entrar. Hace fr\u00edo aqu\u00ed fuera y llevo un vestido de seda. \u2014Con un gracioso adem\u00e1n hizo a un lado a Mrs. Miller y entr\u00f3 en el apartamento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dej\u00f3 su abrigo y su boina en una silla. Era verdad que llevaba un vestido de seda. De seda blanca. Seda blanca en febrero. Mangas largas y una falda hermosamente plisada que produc\u00eda un susurro mientras ella se paseaba por la habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me gusta este sitio \u2014dijo\u2014, me gusta la alfombra, mi color favorito es el azul. \u2014Toc\u00f3 una rosa de papel en el florero de la mesa de centro\u2014: Imitaci\u00f3n \u2014coment\u00f3 con voz l\u00e1nguida\u2014, qu\u00e9 triste. \u00bfVerdad que son tristes las imitaciones? \u2014Se sent\u00f3 en el sof\u00e1, extendiendo su falda con delicadeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres? \u2014pregunt\u00f3 Mrs. Miller.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si\u00e9ntese \u2014dijo Miriam\u2014, me pone nerviosa ver a la gente de pie. Se dej\u00f3 caer en un taburete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres? \u2014repiti\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabe?, creo que no se alegra de verme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por segunda vez carec\u00eda de respuesta; su mano se movi\u00f3 en un vago adem\u00e1n. Miriam ri\u00f3 y se arrellan\u00f3 sobre una pila de cojines lustrosos. Mrs. Miller advirti\u00f3 que la ni\u00f1a no era tan p\u00e1lida como recordaba; sus mejillas estaban encendidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo has sabido d\u00f3nde viv\u00eda? Miriam frunci\u00f3 el entrecejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso es lo de menos. \u00bfCu\u00e1l es su nombre?, \u00bfcu\u00e1l es el m\u00edo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero si no estoy en la gu\u00eda telef\u00f3nica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah. \u00bfNo podemos hablar de otra cosa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tu madre debe de estar loca para dejar que una ni\u00f1a como t\u00fa vaya por ah\u00ed a cualquier hora de la noche, y con esa ropa tan rid\u00edcula. Le debe faltar un tornillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miriam se levant\u00f3 y fue a un rinc\u00f3n donde colgaba de una cadena una jaula encapuchada. Atisbo bajo la cubierta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es un canario \u2014dijo\u2014. \u00bfPuedo despertarlo? Me gustar\u00eda o\u00edrlo cantar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Deja en paz a Tommy \u2014contest\u00f3 ansiosa\u2014. No te atrevas a despertarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De acuerdo \u2014dijo Miriam\u2014, aunque no veo por qu\u00e9 no puedo o\u00edrlo cantar. \u2014Y luego\u2014: \u00bfTiene algo de comer? \u00a1Me muero de hambre! Aunque s\u00f3lo sea pan con mermelada y un vaso de leche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mira \u2014Mrs. Miller se levant\u00f3 del taburete\u2014, mira, si te hago un buen bocadillo, \u00bfte portar\u00e1s bien y te ir\u00e1s corriendo a casa? Seguro que es m\u00e1s de medianoche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1 nevando \u2014le ech\u00f3 en cara Miriam\u2014. Hace fr\u00edo y est\u00e1 oscuro. Mrs. Miller trat\u00f3 de controlar su voz:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puedo cambiar el clima. Si te preparo algo de comer, prom\u00e9teme que te ir\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miriam se frot\u00f3 una trenza contra la mejilla. Sus ojos estaban pensativos, como si sopesaran la propuesta. Se volvi\u00f3 hacia la jaula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Muy bien \u2014dijo\u2014. Lo prometo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os tiene? \u00bfDiez? \u00bfOnce? En la cocina, Mrs. Miller abri\u00f3 un frasco de mermelada de fresa y cort\u00f3 cuatro rebanadas de pan. Sirvi\u00f3 un vaso de leche y se detuvo a encender un cigarrillo. \u00bf Y por qu\u00e9 ha venido? Su mano tembl\u00f3 al sostener la cerilla, fascinada, hasta que se quem\u00f3 el dedo. El canario cantaba. Cantaba como lo hac\u00eda por la ma\u00f1ana y a ninguna otra hora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMiriam? \u2014grit\u00f3\u2014, Miriam, te he dicho que no molestes a Tommy.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hubo respuesta. Volvi\u00f3 a llamarla; s\u00f3lo escuch\u00f3 al canario. Inhal\u00f3 el humo y descubri\u00f3 que hab\u00eda encendido el filtro&#8230; Atenci\u00f3n, ten\u00eda que dominarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entr\u00f3 la comida en una bandeja y la coloc\u00f3 en la mesa de centro. La jaula a\u00fan ten\u00eda puesta la capucha. Y Tommy cantaba. Tuvo una sensaci\u00f3n extra\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hab\u00eda nadie en el cuarto. Atraves\u00f3 el gabinete que daba a su dormitorio; se detuvo en la puerta a tomar aliento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 haces? \u2014pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miriam la mir\u00f3; sus ojos ten\u00edan un brillo inusual. Estaba de pie junto al bur\u00f3, y ten\u00eda delante un joyero abierto. Examin\u00f3 a Mrs. Miller unos segundos, hasta que sus miradas se encontraron, y sonri\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aqu\u00ed no hay nada de valor \u2014dijo\u2014, pero me gusta esto. \u2014Su mano sosten\u00eda un camafeo\u2014. Es precioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY si lo dejas en su sitio&#8230;? \u2014De pronto sinti\u00f3 que necesitaba ayuda. Se apoy\u00f3 en el marco de la puerta. La cabeza le pesaba de un modo insoportable; sent\u00eda la presi\u00f3n r\u00edtmica de sus latidos. La luz de la l\u00e1mpara parec\u00eda a punto de desfallecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por favor, ni\u00f1a&#8230;, es un regalo de mi marido&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero es hermoso y lo quiero yo \u2014dijo Miriam\u2014. D\u00e9melo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se incorpor\u00f3, esforz\u00e1ndose en formular una frase que de alg\u00fan modo pusiera el broche a salvo; entonces se dio cuenta de algo en lo que no hab\u00eda reparado desde hac\u00eda mucho: no ten\u00eda a quien recurrir, estaba sola. Este hecho, simple y enf\u00e1tico, la aturdi\u00f3 completamente; sin embargo, en esa habitaci\u00f3n de la silenciosa ciudad nevada hab\u00eda algo que no pod\u00eda ignorar ni (lo supo con alarmante claridad) resistir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miriam comi\u00f3 vorazmente; cuando se termin\u00f3 el pan con mermelada y la leche, sus dedos se movieron sobre el plato como telara\u00f1as en busca de migajas. El camafeo refulg\u00eda en su blusa, el rubio perfil parec\u00eda un falso reflejo de quien lo llevaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estaba buen\u00edsimo \u2014asinti\u00f3\u2014, ahora s\u00f3lo faltar\u00eda un pastel de almendra o de cereza. Los dulces son deliciosos, \u00bfno cree?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller se manten\u00eda en precario equilibrio sobre el taburete, fumando un cigarrillo. La red del pelo se le hab\u00eda ido ladeando y le asomaban mechones hirsutos. Ten\u00eda los ojos est\u00fapidamente concentrados en nada; las mejillas con manchas rojas, como si una violenta bofetada le hubiera dejado marcas perdurables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo hay dulce, un pastel?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller sacudi\u00f3 el cigarrillo; la ceniza cay\u00f3 en la alfombra. Lade\u00f3 la cabeza levemente, tratando de enfocar sus ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Has prometido que te ir\u00edas si te daba de comer \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEn serio? \u00bfEso he dicho?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Fue una promesa, estoy cansada y no me encuentro nada bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se altere \u2014dijo Miriam\u2014. Es broma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cogi\u00f3 su abrigo, lo dobl\u00f3 sobre su brazo y se coloc\u00f3 la boina frente al espejo. Finalmente se inclin\u00f3 muy cerca de Mrs. Miller y murmur\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9me un beso de buenas noches.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por favor&#8230;, prefiero no hacerlo. Miriam alz\u00f3 un hombro y arque\u00f3 un ceja:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como guste. \u2014Fue directamente a la mesa de centro, tom\u00f3 el florero que ten\u00eda unas rosas de papel, lo llev\u00f3 a donde la dura superficie del piso yac\u00eda al descubierto y lo dej\u00f3 caer. Ella pisote\u00f3 el ramo despu\u00e9s que el cristal reventara en todas direcciones. Luego, muy despacio, se dirigi\u00f3 a la puerta. Antes de cerrarla se volvi\u00f3 hacia Mrs. Miller con una mirada llena de curiosidad y estudiada inocencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller pas\u00f3 el d\u00eda siguiente en cama. Se levant\u00f3 una vez para dar de comer al canario y tomar una taza de t\u00e9. Se tom\u00f3 la temperatura: aunque no ten\u00eda fiebre, sus sue\u00f1os respond\u00edan a una agitaci\u00f3n febril, a una sensaci\u00f3n de desequilibrio, presente incluso cuando miraba el techo con los ojos muy abiertos. Un sue\u00f1o se colaba entre los otros como el esquivo y misterioso tema de una compleja sinfon\u00eda; le tra\u00eda escenas de precisa nitidez que parec\u00edan trazadas por una mano de intensidad virtuosa: una ni\u00f1a peque\u00f1a, vestida de novia y ataviada con una guirnalda, encabezaba una procesi\u00f3n, una hilera gris que descend\u00eda por una monta\u00f1a; hab\u00eda un silencio inusual hasta que una mujer preguntaba desde atr\u00e1s: \u00ab\u00bfAdonde nos lleva?\u00bb \u00abNadie lo sabe\u00bb, respond\u00eda un viejo que caminaba delante. \u00abPero \u00bfverdad que es hermosa?\u00bb, interven\u00eda un tercero. \u00ab\u00bfAcaso no es como una flor congelada&#8230;, tan blanca y deslumbrante?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El martes por la ma\u00f1ana ya se encontraba mejor. El sol se colaba por las persianas en haces incisivos, arrojando una luz que desbarataba sus nocivas<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;fantas\u00edas. Abri\u00f3 la ventana y descubri\u00f3 un d\u00eda de deshielo, templado como en primavera; una hilera de nubes limpias, nuevas, se arrugaba contra el inmenso azul de un cielo fuera de temporada, y m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00ednea de azoteas pod\u00eda ver el r\u00edo, el humo de las chimeneas de los remolcadores que se curvaba en un viento tibio. Un enorme cami\u00f3n plateado cepillaba la nieve amontonada en la calle; el aire propagaba el ronroneo del motor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de arreglar el apartamento fue al colmado, hizo efectivo un cheque y sigui\u00f3 hacia Schrafft&#8217;s, donde desayun\u00f3 y convers\u00f3 alegremente con la camarera. Ah, era un d\u00eda maravilloso \u2014casi como un d\u00eda festivo\u2014, hubiera sido una tonter\u00eda regresar a casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00f3 un autob\u00fas que iba por la Avenida Lexington hasta la calle Ochenta y seis. Hab\u00eda decidido ir de compras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No ten\u00eda idea de lo que quer\u00eda o necesitaba; camin\u00f3 sin rumbo fijo, atenta s\u00f3lo a la gente que pasaba; se fij\u00f3 en que iban con prisa y tensos, hasta que se sumi\u00f3 en una inc\u00f3moda sensaci\u00f3n de aislamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aguardaba en la esquina de la Tercera Avenida cuando le vio. Era viejo, patizambo, iba agobiado por una carga de paquetes a reventar. Llevaba un desle\u00eddo abrigo color caf\u00e9 y una gorra de cuadros. De repente se dio cuenta de que intercambiaban una sonrisa: nada amistoso, s\u00f3lo dos fr\u00edos destellos de reconocimiento. Sin embargo, estaba segura de no haberlo visto antes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre estaba junto a una columna del tren elevado. Cuando atraves\u00f3 la calle, \u00e9l se volvi\u00f3 y la sigui\u00f3. Se le acerc\u00f3 bastante; de reojo, ella ve\u00eda su reflejo vacilante en los escaparates.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, a mitad de una manzana, se detuvo y lo encar\u00f3. Tambi\u00e9n \u00e9l se detuvo, irgui\u00f3 la cabeza, sonriendo. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda decirle? \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer all\u00ed, a plena luz del d\u00eda, en la calle Ochenta y seis? Era in\u00fatil; aceler\u00f3 el paso, despreciando su propia identidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Segunda Avenida se ha vuelto una calle deprimente, hecha de restos y sobras, parte asfalto, parte adoquines, parte cemento; su atm\u00f3sfera de abandono es permanente. Camin\u00f3 cinco manzanas sin encontrar a nadie, seguida por el incesante crujido de las pisadas en la nieve. Cuando lleg\u00f3 a una florister\u00eda el sonido segu\u00eda a su lado. Se apresur\u00f3 a entrar. Le mir\u00f3 a trav\u00e9s de la puerta de cristal: el hombre sigui\u00f3 de largo, sin aminorar el paso, la mirada fija hacia el frente, pero hizo algo extra\u00f1o y revelador: se alz\u00f3 la gorra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSeis de las blancas, dice? \u2014pregunt\u00f3 la florista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo ella\u2014, rosas blancas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De ah\u00ed fue a una cristaler\u00eda y escogi\u00f3 un florero, presunto sustituto del que hab\u00eda roto Miriam, aunque el precio era desmedido y el florero mismo (pens\u00f3) de una vulgaridad grotesca. Sin embargo, hab\u00eda iniciado una serie de adquisiciones inexplicables, como quien obedece a un plan trazado de antemano, del que no tiene el menor conocimiento ni control.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Compr\u00f3 una bolsa de cerezas escarchadas, y en una confiter\u00eda llamada Knickerbocker se gast\u00f3 cuarenta centavos en seis pastelillos de almendra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la \u00faltima hora hab\u00eda vuelto a hacer fr\u00edo; las nubes ensombrec\u00edan el sol como lentes borrosas y el cielo se te\u00f1\u00eda con la osamenta de una penumbra anticipada; una bruma h\u00fameda se mezcl\u00f3 con la brisa; las voces de los \u00faltimos ni\u00f1os que corr\u00edan sobre la nieve sucia amontonada en la calle sonaban solitarias y desanimadas. Pronto cay\u00f3 el primer copo. Cuando Mrs. Miller lleg\u00f3 al edificio de piedra, la nieve ca\u00eda como una cortina y las huellas de las pisadas se desvanec\u00edan nada m\u00e1s impresas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las rosas blancas quedaron muy decorativas en el florero. Las cerezas escarchadas brillaban en un plato de cer\u00e1mica. Los pastelillos de almendra, espolvoreados de az\u00facar, aguardaban una mano. El canario aleteaba en su columpio y picoteaba una barra de alpiste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A las cinco en punto son\u00f3 el timbre. Sab\u00eda qui\u00e9n era. Recorri\u00f3 el apartamento arrastrando el dobladillo de su bata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEres t\u00fa? \u2014pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Claro. \u2014La palabra reson\u00f3 aguda desde el vest\u00edbulo\u2014. Abra la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vete \u2014dijo Mrs. Miller.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9se prisa, por favor&#8230;, que traigo un paquete pesado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Regres\u00f3 a la salita, encendi\u00f3 un cigarrillo, se sent\u00f3 y escuch\u00f3 el timbre con toda calma: una y otra y otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00e1s vale que te vayas, no tengo la menor intenci\u00f3n de dejarte entrar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al poco rato el timbre dej\u00f3 de sonar. Mrs. Miller permaneci\u00f3 inm\u00f3vil unos diez minutos. Luego, al no o\u00edr sonido alguno, pens\u00f3 que Miriam se habr\u00eda ido. Camin\u00f3 de puntillas; abri\u00f3 un poquito la puerta. Miriam estaba<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;apoyada en una caja de cart\u00f3n, acunando una bonita mu\u00f1eca francesa entre sus brazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cre\u00ed que ya no vendr\u00eda \u2014dijo de mal humor\u2014. Tome, ay\u00fademe a meter esto, pesa much\u00edsimo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s que a una fascinaci\u00f3n sucumbi\u00f3 a una curiosa pasividad. Entr\u00f3 la caja y Miriam la mu\u00f1eca. Miriam se arrellan\u00f3 en el sof\u00e1; no se molest\u00f3 en quitarse el abrigo ni la boina; mir\u00f3 distra\u00eddamente a Mrs. Miller, quien dej\u00f3 caer la caja y se detuvo, vacilante, tratando de recuperar el aliento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias \u2014dijo Miriam. A la luz del d\u00eda parec\u00eda agotada y afligida; su pelo, menos luminoso. La mu\u00f1eca a la que hac\u00eda mimos ten\u00eda una exquisita peluca empolvada, sus est\u00fapidos ojos de cristal buscaban consuelo en los de Miriam\u2014. Tengo una sorpresa \u2014continu\u00f3\u2014. Busque en la caja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller se arrodill\u00f3, destap\u00f3 el paquete y sac\u00f3 otra mu\u00f1eca, luego un vestido azul, seguramente el que Miriam llevaba aquella primera noche en el cine; sobre el resto dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00f3lo hay ropa, \u00bfpor qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Porque he venido a vivir con usted \u2014dijo Miriam, doblando el rabillo de una cereza\u2014. \u00a1Qu\u00e9 amable, me ha comprado cerezas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Eso no puede ser! Vete, por el amor de Dios, \u00a1vete y d\u00e9jame en paz!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bf&#8230; y las rosas y los pastelillos de almendra? \u00a1Qu\u00e9 generosa, de verdad!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfSabe? Las cerezas est\u00e1n deliciosas. El \u00faltimo lugar donde viv\u00ed era la casa de un viejo tremendamente pobre; jam\u00e1s ten\u00edamos cosas buenas de comer. Creo que aqu\u00ed ser\u00e9 feliz. \u2014Hizo una pausa para estrechar a su mu\u00f1eca\u2014. Bueno, d\u00edgame d\u00f3nde puedo poner mis cosas&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cara de Mrs. Miller se disolvi\u00f3 en una m\u00e1scara de arrugas rojizas; empez\u00f3 a llorar: un llanto artificial, sin l\u00e1grimas, como si, no habiendo llorado en mucho tiempo, hubiera olvidado c\u00f3mo se hac\u00eda. Retrocedi\u00f3 cautelosamente. Siguiendo el contorno de la pared hasta sentir la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Atraves\u00f3 el vest\u00edbulo y corri\u00f3 escaleras abajo hasta un descansillo. Golpe\u00f3 fren\u00e9ticamente la puerta del primer apartamento a su alcance. Le abri\u00f3 un pelirrojo de baja estatura. Entr\u00f3 haci\u00e9ndolo a un lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oiga, \u00bfqu\u00e9 co\u00f1o es esto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPasa algo, amor? \u2014Una mujer joven sali\u00f3 de la cocina, sec\u00e1ndose las<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;manos. Mrs. Miller se dirigi\u00f3 a ella:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esc\u00fachenme \u2014grit\u00f3\u2014, me averg\u00fcenza comportarme de este modo, pero&#8230;, bueno, soy Mrs. Miller y vivo arriba y&#8230; \u2014Se cubri\u00f3 la cara con las manos\u2014. Resulta tan absurdo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer la condujo a una silla mientras el hombre, nervioso, revolv\u00eda las monedas en su bolsillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY bien?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vivo arriba. Una ni\u00f1a ha venido a verme, creo que le tengo miedo. No quiere irse y yo no puedo&#8230;, va a hacer algo horrible. Ya me ha robado un camafeo, pero est\u00e1 a punto de hacer algo peor, \u00a1algo horrible!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEs pariente suya? \u2014pregunt\u00f3 el hombre. Mrs. Miller neg\u00f3 con la cabeza:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9 qui\u00e9n es. Se llama Miriam, pero en realidad no la conozco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tiene que calmarse, guapa \u2014le dijo la mujer, d\u00e1ndole golpecitos en el brazo\u2014. Harry se encargar\u00e1 de la ni\u00f1a. Date prisa, amor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La puerta est\u00e1 abierta: es el 5 A.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre sali\u00f3, la mujer trajo una toalla y le humedeci\u00f3 la cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es usted muy amable \u2014dijo\u2014. Lamento comportarme como una tonta, pero esa ni\u00f1a perversa&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Claro, guapa \u2014la consol\u00f3 la mujer\u2014. M\u00e1s vale tom\u00e1rselo con calma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller apoy\u00f3 la cabeza en la curva de su brazo; estaba tan quieta que parec\u00eda dormida. La mujer puso la radio: un piano y una voz rasposa llenaron el silencio. La mujer zapate\u00f3 con excelente ritmo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tal vez deber\u00edamos subir nosotras tambi\u00e9n \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No quiero volver a verla. No quiero ir a ning\u00fan sitio del que ella pueda estar cerca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos, vamos, \u00bfsabe qu\u00e9 deber\u00eda haber hecho? Llamar a la polic\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Precisamente entonces oyeron al hombre en las escaleras. Entr\u00f3 a zancadas, rasc\u00e1ndose la nuca con el ce\u00f1o fruncido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u00ed no hay nadie \u2014dijo, sinceramente embarazado\u2014. Debe haberse largado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eres un imb\u00e9cil, Harry \u2014exclam\u00f3 la mujer\u2014. Hemos estado aqu\u00ed todo el tiempo y habr\u00edamos visto&#8230; \u2014Se detuvo de golpe; la mirada del hombre era penetrante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014He buscado por todas partes \u2014dijo\u2014, y la verdad es que no hay nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie. \u00bfEntendido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00edgame \u2014Mrs. Miller se incorpor\u00f3\u2014, d\u00edgame, \u00bfha visto una caja grande?, \u00bfo una mu\u00f1eca?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No. No, se\u00f1ora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer, como si pronunciara un veredicto, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, para haber pegado ese alarido&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mrs. Miller entr\u00f3 despacito en su apartamento y se detuvo en medio de la salita. No, en cierto modo no hab\u00eda cambiado: las rosas, los pastelillos y las cerezas estaban en su sitio. Pero era una habitaci\u00f3n vac\u00eda, m\u00e1s vac\u00eda que un espacio sin muebles ni familiares, inerte e inanimado como un sal\u00f3n f\u00fanebre. El sof\u00e1 emerg\u00eda frente a ella con una extra\u00f1eza nueva: su vacuidad ten\u00eda un significado que hubiera sido menos agudo y terrible de haber estado Miriam all\u00ed hecha un ovillo. Fij\u00f3 la mirada en el lugar donde recordaba haber dejado la caja. Por un momento, el taburete gir\u00f3 angustiosamente. Se asom\u00f3 a la ventana; no hab\u00eda duda: el r\u00edo era real, la nieve ca\u00eda. Pero a fin de cuentas uno nunca pod\u00eda ser testigo infalible: Miriam, all\u00ed de un modo tan vivo, y, sin embargo, \u00bfd\u00f3nde estaba? \u00bfD\u00f3nde, d\u00f3nde?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como en sue\u00f1os, se hundi\u00f3 en una silla. El cuarto perd\u00eda sus contornos; estaba oscuro y no hab\u00eda manera de impedir que se hiciera m\u00e1s oscuro; no pod\u00eda alzar la mano para encender una l\u00e1mpara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cerr\u00f3 los ojos y sinti\u00f3 un impulso ascendente, como un buzo que emergiera de profundidades m\u00e1s oscuras, m\u00e1s verdes. En momentos de terror o de enorme tensi\u00f3n sobrevienen instantes de espera; la mente aguarda una revelaci\u00f3n mientras la calma teje su madeja sobre el pensamiento; es como un sue\u00f1o, o como un trance sobrenatural, un remanso en el que se atiende a la fuerza del razonamiento tranquilo: bueno, \u00bfy qu\u00e9 si no hab\u00eda conocido nunca a una ni\u00f1a llamada Miriam? \u00bfSe hab\u00eda asustado como una est\u00fapida en la calle? A fin de cuentas, igual que todo lo dem\u00e1s, eso tampoco importaba. Miriam la hab\u00eda despojado de su identidad, pero ahora recobraba a la persona que viv\u00eda en ese cuarto, que se hac\u00eda su propia comida, que ten\u00eda un canario, alguien en quien creer y confiar: Mrs. H. T. Miller.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En medio de esa sensaci\u00f3n de contento, se percat\u00f3 de un doble sonido: el caj\u00f3n del bur\u00f3 que se abr\u00eda y se cerraba. Le parec\u00eda estar escuch\u00e1ndolo con mucho retraso: abrirse, cerrarse. Luego, a este ruido \u00e1spero le sigui\u00f3 un susurro tenue, delicado; el vestido de seda se aproximaba m\u00e1s y m\u00e1s, se volv\u00eda tan intenso que hasta las paredes vibraban. El cuarto ced\u00eda bajo una ola de murmullos. Mrs. Miller se puso r\u00edgida, y abri\u00f3 los ojos ante una mirada hueca y fija:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hola \u2014dijo Miriam.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el centenario de Truman Capote (1924-1984), uno de sus primeros cuentos: una historia de misterio y miedo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16427,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"En el centenario de Truman Capote, un cuento suyo, deslumbrante: \"Miriam\", reci\u00e9n colocado en la antolog\u00eda de Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,25,194,326,2855,2291,360,3457,3456],"class_list":["post-16426","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores","tag-escritores-estadounidenses","tag-juan-villoro","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-miriam","tag-truman-capote"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/TrumanCapote.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4gW","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16426","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16426"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16426\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16428,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16426\/revisions\/16428"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16427"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16426"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16426"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16426"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}