{"id":164,"date":"2007-02-15T21:45:27","date_gmt":"2007-02-16T03:45:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=174"},"modified":"2016-10-26T10:24:30","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:30","slug":"tres-preguntas-sobre-el-arte-de-la-novela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/tres-preguntas-sobre-el-arte-de-la-novela\/","title":{"rendered":"Tres preguntas sobre El arte de la novela"},"content":{"rendered":"<div>\n<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/arte_novela.jpg\" alt=\"El arte de la novela\" \/><\/p>\n<p><em>Milan Kundera, <\/em>El arte de la novela<em>.<br \/>\nM\u00e9xico, Vuelta, 1990.<\/em><\/div>\n<p><em>(Este breve ensayo se public\u00f3 en el n\u00famero de enero de la revista mexicana <\/em>Metapol\u00edtica<em>.)<\/em><br \/>\n<!--more--><\/p>\n<div>***<\/div>\n<p>En 1986, en Par\u00eds, la editorial Gallimard public\u00f3 <em>L\u2019art du roman<\/em>, un libro de Milan Kundera. Al a\u00f1o siguiente apareci\u00f3 su versi\u00f3n espa\u00f1ola: <em>El arte de la novela<\/em>, traducido por Fernando de Valenzuela y Mar\u00eda Victoria Villaverde. Los veinte a\u00f1os que se cumplen de estos hechos son buena excusa para dejar algunas notas sobre esa po\u00e9tica, escrita por un novelista.<\/p>\n<p><em>1. \u00bfSe puede confiar en las po\u00e9ticas escritas por novelistas?<\/em><br \/>\nNo siempre. Pero tampoco se debe sospechar de ellas por principio, ni siquiera cuando \u2013ocurre frecuentemente\u2013 muchas de ellas parecen existir como un mero ap\u00e9ndice del resto de la obra, m\u00e1s popular y difundida, de sus autores. (Siempre valdr\u00e1, eso s\u00ed, se\u00f1alar la inequidad: nunca se alaba igual al ensayista que se mete a escribir novelas.)<br \/>\nLos m\u00e1s problem\u00e1ticos de estos ensayos ancilares son los escritos francamente <em>a posteriori<\/em>, como anticipos de libros que ya existen: a m\u00e1s de no ser realmente anticipos \u2013est\u00e1n m\u00e1s cerca de la glosa, o de la gu\u00eda de estudio, que del manifiesto\u2013, al leerlos puede llegarse a la impresi\u00f3n, muy inc\u00f3moda, de que la experiencia se asemeja a la de estudiar las profec\u00edas de Nostradamus, esas que s\u00f3lo comprendemos (que s\u00f3lo recordamos) cuando ya se han \u201ccumplido\u201d.<br \/>\n<em>El arte de la novela <\/em>es una po\u00e9tica <em>a posteriori <\/em>en su cuarta parte, \u201cDi\u00e1logo sobre el arte de la composici\u00f3n\u201d, que se asienta en una serie de notas previas sobre la trilog\u00eda <em>Los son\u00e1mbulos<\/em>, de Hermann Broch. Las notas de Kundera se\u00f1alan fracasos relativos de Broch y los interpretan como otras tantas posibilidades se\u00f1aladas pero no conseguidas del todo por las obras de su precursor. Sin embargo, las tres v\u00edas <em>brochianas <\/em>que Kundera se\u00f1ala como abiertas pero no bien transitadas \u2013las llama \u201carte del despojamiento radical\u201d, \u201carte del contrapunto novelesco\u201d y \u201carte del ensayo espec\u00edficamente novelesco\u201d\u2013, son precisamente los grandes triunfos de su propio proyecto literario: la primera es la condensaci\u00f3n de los hechos hist\u00f3ricos, como en <em>El libro de la risa y el olvido <\/em>o <em>La inmortalidad<\/em>; la segunda, la imbricaci\u00f3n de diferentes discursos en la trama novelesca, como la teor\u00eda musicol\u00f3gica de <em>La broma<\/em>; la tercera, los pasajes digresivos y no estrictamente novelescos, pero imposibles de separar de la trama que los contiene, como los que tratan el exilio en <em>La ignorancia<\/em>, o de los conceptos de personaje y <em>kitsch<\/em> en La <em>insoportable levedad del ser<\/em>.<br \/>\n(En su \u00faltimo libro, <em>El tel\u00f3n <\/em>[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][2005], Kundera vuelve a tratar la obra de Broch, y lo hace con mayor profundidad y agudeza.)<\/p>\n<p><em>2. \u00bfQu\u00e9 pensar de una po\u00e9tica que desemboca en la pol\u00edtica?<\/em><br \/>\nDudo que haya una sola respuesta v\u00e1lida a esta pregunta, pero esto creo: semejantes discursos corren muchos peligros, y su mayor enemigo es el tiempo.<br \/>\nEn el territorio movedizo donde la literatura (acci\u00f3n sobre el lenguaje) se encuentra con la pol\u00edtica (acci\u00f3n sobre el mundo), la posici\u00f3n de Kundera es conocida: cr\u00edtico del comunismo, tuvo que abandonar su Bohemia natal \u2013\u00e9l mismo ha preferido siempre este nombre al de Checoslovaquia, pa\u00eds que ya no existe\u2013 y ha dedicado buena parte de sus novelas a sondear los horrores y las angustias diminutas de la vida bajo el totalitarismo. En <em>El arte de la novela<\/em>, estas consideraciones aparecen destiladas o amplificadas en muchos lugares, y su tono es generalmente pesimista: el ascenso de la burocracia y la ignorancia, el aplastamiento de los individuos, son omnipresentes, y la novela, entendida como herramienta para sondear las posibilidades de la existencia, retrocede ante ellos. (No sin sufrimiento personal, Kundera pudo observar el agotamiento de la modernidad europea \u2013y de sus ramas en Am\u00e9rica\u2013 desde un punto de vista privilegiado: las luchas pol\u00edticas de la Europa del Este le permitieron enlazar la historia de la novela con la de Occidente.)<br \/>\nCada vez estamos m\u00e1s lejos del contexto al que Kundera hace referencia, y el mero olvido oscurecer\u00e1 numerosos detalles que fueron parte de la vida para los lectores del siglo XX. Peor a\u00fan, los mayores riesgos que enfrenta el texto son los mismos de antes. Los tres adversarios concretos de la novela que Kundera denuncia en su \u201cDiscurso de Jerusal\u00e9n\u201d (\u00faltima de las siete partes del libro) siguen entre nosotros, cada vez m\u00e1s fuertes y apenas transformados a pesar de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn y los reg\u00edmenes que lo acompa\u00f1aban. Los <em>agelastas<\/em>, a quienes no les gusta re\u00edr (la palabra la invent\u00f3 Rabelais), ya no son los comisarios comunistas sino los popes de la productividad y la eficiencia, para quienes el arte es una p\u00e9rdida de tiempo; \u201cel no-pensamiento de los lugares comunes\u201d nunca fue propiedad exclusiva de la izquierda, y el <em>kitsch<\/em>: el servicio de los lugares comunes, la esclavitud de lo sabido y lo superficial, nunca fue s\u00f3lo patrimonio de Hollywood.<br \/>\n(Un ejemplo entre muchos del eclipse de la novela como la entiende Kundera: la ansiedad de tanto narrador mexicano de ahora por dar su batazo mercantil, por abandonar los g\u00e9neros y temas \u201cin\u00fatiles\u201d, por determinar qu\u00e9 le caer\u00e1 mejor \u2013si el narco o el melodrama\u2013 a los editores de los pa\u00edses de a de veras.)<\/p>\n<p><em>3. \u00bfQu\u00e9 sobrevivir\u00e1 de este libro?<\/em><br \/>\nKundera, en <em>El tel\u00f3n<\/em>, ha escrito ya un segundo <em>Arte de la novela<\/em>: si no revisa lo dicho en el primero, s\u00ed vuelve a reflexionar sobre el tiempo crepuscular de la \u201cherencia de Cervantes\u201d \u2014que es tambi\u00e9n el de occidente. Su tono es mucho m\u00e1s sombr\u00edo: si hace veinte a\u00f1os se permit\u00eda ser altivo y anunciar (siquiera) su resistencia ante la tonter\u00eda y la brutalidad, ahora juzga inevitable el fin de la novela \u2013de la \u00fanica alternativa para comprender \u201cesta irremediable derrota que llamamos vida\u201d\u2013, que llegar\u00e1 en silencio y sin que a nadie le importe.<br \/>\nPero tanta certeza no impide que haya preguntas sin responder en ambos libros. La m\u00e1s urgente tiene que ver con una desesperaci\u00f3n del Kundera de 1986, quien al pensar en la decadencia de la poes\u00eda se pregunta: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los sucesores de Octavio Paz, de Ren\u00e9 Char?\u201d La cuesti\u00f3n puede f\u00e1cilmente trasladarse a la novela misma: \u00bfqu\u00e9 nos dir\u00eda Kundera, puesto a hablar con largueza, de Coetzee, Bola\u00f1o, Murakami, Pavi?, Banville? \u00bfSe asoma incluso en ellos \u2013como en los miles de escritores mediocres a quienes rendimos culto\u2013 esa podredumbre del pensamiento? La cuesti\u00f3n deber\u00eda plantearse no para procurarnos una esperanza en el presente (ya sabemos que no la hay), sino porque el gran vislumbre de <em>El arte de la novela <\/em>es su idea de las \u201cllamadas\u201d no atendidas: las posibilidades de desarrollo del arte novelesco que, una vez planteadas, no fueron aprovechadas por nadie. La \u201cllamada del juego\u201d, que para Kundera estuvo en <em>Tristram Shandy <\/em>y <em>Jacques el fatalista<\/em>; la \u201cllamada del sue\u00f1o\u201d, que en el texto se reduce a Kafka pero condena, por omisi\u00f3n, a casi todo lo que llamamos \u201crealismo\u201d; la \u201cllamada del pensamiento\u201d, que tiene como paladines a Musil y a Broch pero, sospecho, Kundera menciona porque ha querido responderla; la \u201cllamada del tiempo\u201d, que es la m\u00e1s misteriosa de todas en su reticencia (Louis Aragon y Carlos Fuentes se mencionan como ejemplos de autores que meramente han probado a abarcar el gran tiempo de la historia, m\u00e1s all\u00e1 de las vidas individuales).<br \/>\n\u00bfTales convocatorias siguen sin atenderse? En caso negativo, \u00bfd\u00f3nde han sido escuchadas, por qui\u00e9n? Y en caso afirmativo, \u00bfno es un signo importante el que esa deficiencia persista? \u00bfNo tendr\u00eda ning\u00fan significado el que no nos hubi\u00e9semos acabado el universo &#8211;al menos el universo del lenguaje&#8211;, como tanto nos gusta presumir?<br \/>\nPor mi parte, recordar\u00e9 tambi\u00e9n algunas minucias: las exclamaciones de Kundera, abundantes y enf\u00e1ticas y raras (\u00a1qu\u00e9 atrevimiento hacer como \u00e9l, qu\u00e9 infracci\u00f3n de las reglas de la serenidad!); la noci\u00f3n de la novela como anteojo para observar lo humano posible; la noci\u00f3n, brillant\u00edsima, de la estructura como portadora de la m\u00fasica de una narraci\u00f3n; la sexta parte del libro, \u201cSesenta y siete palabras\u201d, que es un glosario conciso y caprichoso, un gabinetito de curiosidades construido en la mente del escritor.[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Milan Kundera, El arte de la novela. 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