{"id":16369,"date":"2024-07-10T23:33:07","date_gmt":"2024-07-11T05:33:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16369"},"modified":"2024-08-10T23:35:12","modified_gmt":"2024-08-11T05:35:12","slug":"el-regreso-fernanda-trias-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-regreso-fernanda-trias-cuento\/","title":{"rendered":"El regreso"},"content":{"rendered":"<p>La escritora uruguaya <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Fernanda_Tr\u00edas\">Fernanda Tr\u00edas<\/a> (1976) public\u00f3 \u00abEl regreso\u00bb en el libro del mismo t\u00edtulo, aparecido en 2012. Adem\u00e1s de otro libro de cuentos, <em>No so\u00f1ar\u00e1s flores<\/em> (2016), es autora de varias novelas, entre las que la m\u00e1s conocida es <em>Mugre rosa<\/em>(2020), el relato de una cat\u00e1strofe planetaria que reflejaba la actualidad de la pandemia de COVID-19, recibi\u00f3 el Premio Sor Juana In\u00e9s de la Cruz de la FIL Guadalajara y acaba de publicarse en ingl\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el presente cuento, lo m\u00e1s importante es la tensi\u00f3n provocada por lo que no termina de suceder: el significado que tendr\u00e1 el acontecimiento que se vislumbra en las \u00faltimas palabras del texto, y sobre el cual \u00fanicamente podemos especular.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16371\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-regreso-fernanda-trias-cuento\/fernandatrias\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias.jpg\" data-orig-size=\"1021,580\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"FernandaTrias\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Fernanda Tr\u00edas&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias.jpg\" alt=\"\" width=\"1021\" height=\"580\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16371\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias.jpg 1021w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias-300x170.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1021px) 100vw, 1021px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL REGRESO<br \/>\nFernanda Tr\u00edas<\/strong><br \/>\nLa noticia la trajo Dar\u00edo, el hijo del panadero. Supimos que algo hab\u00eda pasado en cuanto lo vimos parado en los pedales, acerc\u00e1ndose bajo el sol del mediod\u00eda. Alguien dijo: \u201c\u00bfY ese? \u00a1Si es Dar\u00edo!\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Est\u00e1bamos sentados en la terraza, agobiados por el aire caliente e inm\u00f3vil que se hab\u00eda instalado la \u00faltima semana, y lo \u00fanico que se o\u00eda era el murmullo a mar del ventilador. Frente a m\u00ed, Clara dormitaba con el vestido enrollado sobre los muslos huesudos y aquel pecho de p\u00e1jaro embalsamado, raqu\u00edtico, que se elevaba apenas lo suficiente para dejar entrar un poco de aire. Al lado estaba sentada mam\u00e1, toda de negro a pesar del bochorno de la can\u00edcula; ten\u00eda el pelo levantado con horquillas y su mo\u00f1o parec\u00eda una torre mal armada. M\u00e1s lejos, la Gorda Teresa y su marido, Jes\u00fas. Los dos estrenaban ropa, como les gustaba hacer los d\u00edas de fiesta patria; ella una solera y \u00e9l una camisa que la Gorda le cosi\u00f3 con el resto de tela que le hab\u00eda sobrado. En eso pensaba yo, justo antes de que alguien, tal vez la propia Gorda, descubriera la bicicleta en el camino. \u201cS\u00ed, dijo Clara despu\u00e9s, Dar\u00edo\u201d. Nos incorporamos un poco, sin fuerza para levantarnos de las reposeras. Mam\u00e1 se persign\u00f3, y en la cara de todos se percibi\u00f3 el desasosiego de los malos augurios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Hilda, and\u00e1 prepar\u00e1ndole algo al pobre \u2013dijo mi madre, y acompa\u00f1\u00f3 con un impulso de la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Enganch\u00e9 los pies en las sandalias y me levant\u00e9 con lentitud. Los huesos crujieron; hab\u00eda algo dentro del cuerpo que se resist\u00eda al movimiento, que amenazaba con quebrarse como una rama seca. Al pasar frente al ventilador, con su aire leve y tibio, me detuve un momento y dej\u00e9 que el viento me golpeara la cara y empujara el pelo hacia atr\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A medida que se fue acercando, pude o\u00edr el ruido de las llantas en el ripio. Yo lo esperaba en la puerta, con el vaso de limonada en la mano. Dar\u00edo se detuvo a unos metros de la casa, apoy\u00f3 un pie en el piso y salt\u00f3 de la bicicleta, que cay\u00f3 de lado levantando polvo. \u201cBuenas, se\u00f1ora Hilda\u201d, me dijo de lejos. Estaba hinchado de calor y los ojos se le perd\u00edan en la cara como dos orificios hechos a prepo. En la mano sosten\u00eda un paquete envuelto en papel marr\u00f3n. El sol golpeaba con fuerza, y aunque me hab\u00eda resguardado en la l\u00ednea de sombra que arrojaba el alero, volv\u00ed a sentir el pelo pegado en la nuca y ese calor da\u00f1ino que sub\u00eda de la tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfQu\u00e9 tra\u00e9s ah\u00ed? \u2013le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dio unos pasos hacia m\u00ed, como indeciso. No sab\u00eda si darme la noticia primero, el pobrecito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfTu madre no te dijo que te pod\u00e9s enfermar a estas horas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se animaba a acercarse del todo o bien no sab\u00eda qu\u00e9 decir, porque se qued\u00f3 inm\u00f3vil bajo el rayo del sol, erguido y solemne como un soldado, mientras el sudor le chorreaba la cara y empapaba la camiseta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Traigo un pan dulce \u2013dijo, y me ofreci\u00f3 el paquete con las dos manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le hice una se\u00f1a hacia el interior del porche:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Ven\u00ed, \u00bfno quer\u00e9s limonada?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l asinti\u00f3 y se acerc\u00f3 con pasos temerosos. Me extendi\u00f3 el paquete y una vez que tuvo las manos libres se limpi\u00f3 la frente y los ojos con las palmas extendidas antes de aceptar el vaso. El paquete estaba hirviendo y a trav\u00e9s del papel pude sentir el pan aplastado y pegajoso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Decile a tu madre que gracias \u2013dije, pero no s\u00e9 si me oy\u00f3, porque ten\u00eda la cara encajada hasta las cejas dentro del vaso y la garganta le hac\u00eda ruido al tragar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando termin\u00f3, levant\u00f3 los ojos hacia m\u00ed y habl\u00f3 lento, todav\u00eda jadeante:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00c9l est\u00e1 de vuelta \u2013mir\u00f3 hacia abajo, dentro del vaso vac\u00edo, como si esperara algo. Luego revolvi\u00f3 la lengua, que yo imagin\u00e9 fresca y h\u00fameda, y pareci\u00f3 tomar impulso:\u2013. Se lo dijo el se\u00f1or Augusto a mi mam\u00e1 y ella no le crey\u00f3 pero \u00e9l dice que lo vio todo el mundo, que est\u00e1 ac\u00e1, y vivito y coleando. Eso fue lo que le dijo Augusto, y que viene para ac\u00e1, y que mejor era avisarle a la se\u00f1ora Luisa o le pod\u00eda dar un soponcio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Un soponcio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013S\u00ed, un soponcio \u2013volvi\u00f3 a decir, y algo en los ojos le brill\u00f3, la fugaz ilusi\u00f3n de que una cosa terrible pudiera suceder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Bueno, yo le aviso. \u00bfQuer\u00e9s otro vaso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dud\u00f3, pero luego neg\u00f3 con la cabeza y mir\u00f3 en direcci\u00f3n de la bicicleta tirada en el camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Gracias por el pan, decile a tu madre. Y vos no te preocupes que yo le aviso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso pareci\u00f3 tranquilizarlo. Tal vez tuviera miedo de que lo arrastrara hasta la terraza y lo obligara a repetir esas mismas palabras frente a mi madre. Entonces el soponcio, un desmayo, un grito descontrolado de felicidad. Llanto, tal vez. Las manos alzadas al cielo, los ojos en blanco, la lengua dada vuelta, ahogando la garganta seca, descre\u00edda ya de milagros. Y Dar\u00edo ah\u00ed, como un \u00e1ngel con sus alas de metal calientes y herrumbradas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A m\u00ed la noticia no me sorprendi\u00f3; tampoco me hab\u00eda sorprendido la otra, la de su muerte lejana. Ser\u00e1 porque desde chica me hab\u00eda acostumbrado a imaginarlo muerto, dentro de un caj\u00f3n, no p\u00e1lido ni fr\u00edo, sino como dormido, con la cabeza rodeada de flores. Eso empez\u00f3 el a\u00f1o en que a mi madre la internaron en el psiqui\u00e1trico de la Misericordia. Mi hermana y yo quedamos a cargo de Fabio. Clara era beb\u00e9; no se acuerda de nada. Pero yo s\u00ed recuerdo el fr\u00edo, mi cuerpo tiritando bajo la s\u00e1bana tensa y blanca. Ten\u00eda que ba\u00f1arme antes de ir a la cama. Fabio dejaba que me enjabonara sola, pero se quedaba en el ba\u00f1o, vigil\u00e1ndome. Hasta ahora tengo que ducharme con la radio prendida para no recordar aquel silencio hecho solo de agua. Despu\u00e9s \u00e9l me envolv\u00eda en el toall\u00f3n y me secaba. A veces, mientras intentaba dormirme, imaginaba a Fabio muerto con una corona de rosas; a veces el caj\u00f3n era la ba\u00f1era, a veces yo era la \u00fanica que lo velaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ser\u00e1 por eso que no me sorprendi\u00f3. Clara s\u00ed lo llor\u00f3 de forma violenta, exagerando cada estertor de su pecho esquel\u00e9tico. Cont\u00f3 a quien quisiera o\u00edrla sobre el d\u00eda en que Fabio la salv\u00f3 del derrumbe en la caba\u00f1a de troncos y no s\u00e9 cu\u00e1ntas veces la o\u00ed decir \u201cMi hermano era todo para m\u00ed\u201d. Mam\u00e1, silenciosa y digna, se limit\u00f3 a ponerse de luto, y todav\u00eda hoy, doce a\u00f1os despu\u00e9s de aquel simulacro de entierro a distancia, la ropa negra y sufrida que se hab\u00eda impuesto segu\u00eda siendo su forma de mostrarle a todos que ella ten\u00eda una pena m\u00e1s profunda, m\u00e1s inolvidable que cualquier otra. Pero yo no; yo no me un\u00ed al coro de lamentos de las mujeres, la Gorda incluida, y en el fondo siempre pens\u00e9 que lo \u00fanico que mi hermano buscaba era librarse de nosotros, de mam\u00e1, m\u00e1s que nada, y que todos en el pueblo pensaran en \u00e9l como en un ganador o un h\u00e9roe. Ahora se convert\u00eda en algo mejor: un muerto resucitado que volver\u00eda cargado de grandes aventuras, de relatos sobre c\u00f3mo la muerte casi lo toma desprevenido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me qued\u00e9 parada en el zagu\u00e1n mirando a Dar\u00edo alejarse. En una mano ten\u00eda el paquete con el pan dulce, blando y apelmazado; en la otra, el vaso del chiquil\u00edn. Los hielos se hab\u00edan derretido y aprovech\u00e9 para pasarme el vaso mojado por la frente y el escote. Esta vez le tocaba la bajada y apenas se lo ve\u00eda, oculto tras una nube de polvo. Si pens\u00e9 en algo, no lo recuerdo. A veces cuando se piensa en mucha cosa, da la sensaci\u00f3n de no estar pensando en nada. S\u00f3lo s\u00e9 que esper\u00e9 ah\u00ed un buen rato. Esper\u00e9, digo, aun cuando no quedaban ni rastros de la bicicleta y la tierra comenzaba a asentarse, desprovista de misterio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la oscuridad fresca y enmohecida del comedor, temblaban las velas del altar. Las llamas hab\u00edan manchado de tizne la pared y en medio de esas dos columnas negras colgaban rosarios, fotos de la Virgen, crucifijos, peque\u00f1os corazones sangrantes coronados de espinas. M\u00e1s abajo, sobre el mueble, una colecci\u00f3n de fotos de Fabio en casi todas las edades, rodeadas de flores de pl\u00e1stico, estampitas, oraciones que los parientes y amigos iban dejando. Si hasta era m\u00e1s lindo muerto que vivo. Si hasta pod\u00edamos quererlo m\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo estar\u00eda ahora? Viejo. Tal vez herido, sin piernas, sin dedos, con un parche en el ojo. O ablandado por los a\u00f1os, desdentado, corro\u00eddo por la intemperie y la mentira como una lata de arvejas abandonada. Pens\u00e9 en la lata y me vi a m\u00ed misma dispar\u00e1ndole en el pecho; tres agujeros bien redondos, mi punter\u00eda de antes. El rifle estaba guardado dentro del armario de caoba, abajo mismo del altar; s\u00f3lo ten\u00eda que dar vuelta la llave y esperarlo en la entrada del potrero. Total nadie lo esperaba; nadie ir\u00eda a buscarlo. Lo vi: una lata vieja y agujereada, y por los agujeros se iban los recuerdos, la posibilidad \u00faltima de todo regreso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dej\u00e9 el vaso en la cocina, pas\u00e9 sin detenerme frente al ventilador, sub\u00ed la escalera hacia la terraza, con la misma lentitud con la que hab\u00eda bajado, y volv\u00ed a sentarme en la reposera. Con un pie empuj\u00e9 una sandalia que cay\u00f3 seca sobre el piso; despu\u00e9s la otra. Todos esperaron en silencio a que me descalzara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Nos mandan este pan \u2013dije, y empec\u00e9 a desenvolver el paquete sobre la falda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00a1Hilda! \u2013dijo mi madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar del resplandor, ten\u00eda la cara tomada por la sombra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El pan caliente y roto, surcado de grietas, parec\u00eda ahora un cerebro expuesto, una flor terrible y dolorosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Que nos mandan este pan \u2013repet\u00ed, firme\u2013 y me piden que vaya. Que la hija mayor se separ\u00f3 del marido y el tipo se llev\u00f3 todo: los muebles, la plata, todo. Qued\u00f3 arrasada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfY vos qu\u00e9 ten\u00e9s que ver con eso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me encog\u00ed de hombros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013No tienen a nadie m\u00e1s\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Gorda fue a decir algo pero Jes\u00fas le hizo un gesto para que se callara. Levant\u00e9 la vista. A lo lejos, en el extremo sur del camino, una figura negra, imperceptible a\u00fan para los dem\u00e1s, avanzaba lentamente hacia nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escritora uruguaya Fernanda Tr\u00edas (1976) relata el encuentro misterioso de una familia y su pasado.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16371,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El regreso","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,3449,185,664,3448,2855,467],"class_list":["post-16369","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-regreso","tag-escritoras","tag-escritores-uruguayos","tag-fernanda-trias","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/FernandaTrias.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4g1","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16369","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16369"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16369\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16373,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16369\/revisions\/16373"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16371"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16369"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16369"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16369"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}