{"id":16208,"date":"2024-03-18T13:47:42","date_gmt":"2024-03-18T19:47:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16208"},"modified":"2024-08-09T23:49:26","modified_gmt":"2024-08-10T05:49:26","slug":"coche-fantasma-cuento-amelia-edwards","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/coche-fantasma-cuento-amelia-edwards\/","title":{"rendered":"El coche fantasma"},"content":{"rendered":"<p>Amelia Edwards (1831-1892) fue una de las grandes autoras de <em>ghost stories<\/em>: la gran tradici\u00f3n de cuentos de fantasmas en lengua inglesa durante el siglo XIX. Al mismo tiempo fue una escritora destacada de novela realista, fundadora de la disciplina de la egiptolog\u00eda, y una mujer de vida errante con una sorprendente variedad de intereses. \u00abThe Phantom Coach\u00bb, publicado por vez primera en 1864, es su cuento m\u00e1s conocido y uno de los cl\u00e1sicos de su g\u00e9nero. Todos los elementos de una gran narraci\u00f3n fant\u00e1stica se encuentran en \u00e9l, incluyendo la capacidad de ofrecer nuevos asombros m\u00e1s all\u00e1 de la primera lectura. La traducci\u00f3n es de Carlos Santos S\u00e1ez, proviene de la antolog\u00eda <em>G\u00f3ticas y tenebrosas. Mujeres que cuentan historias oscuras<\/em> (DNX, 2010) y tiene aqu\u00ed s\u00f3lo un par de peque\u00f1as modificaciones.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16209\" aria-describedby=\"caption-attachment-16209\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/AmeliaEdwards.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16209\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/coche-fantasma-cuento-amelia-edwards\/amelia-edwards\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/AmeliaEdwards.jpg\" data-orig-size=\"1600,900\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Getty Images&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;English novelist, Egyptologist and archaeologist Amelia Ann Blandford Edwards (1831 - 1892), circa 1880. (Photo by Messrs Bassano\/Hulton Archive\/Getty Images)&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;2011 Getty Images&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;Amelia Edwards&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Amelia Edwards\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Amelia Ann Blandford Edwards (1831 &amp;#8211; 1892), circa 1880. 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Me sucedieron a m\u00ed, y siguen apareciendo en mi memoria como si hubiesen ocurrido ayer. Pero ya han pasado 20 a\u00f1os desde aquella noche. Durante ese tiempo solo le he contado la historia a otra persona. La relato ahora con tanta repugnancia que se me hace dif\u00edcil comenzar. Lo \u00fanico que me atrevo a pedirle, al menos por ahora, es que se abstenga de darme sus conclusiones. No quiero explicaciones de ning\u00fan tipo. No deseo discutir. Mi opini\u00f3n es clara. Las pruebas que tengo son mis emociones, y por ellas voy a guiarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sucedi\u00f3 hace 20 a\u00f1os, un par de d\u00edas antes del final de la temporada del urogallo. Hab\u00eda pasado el d\u00eda en el campo con la escopeta y no hab\u00eda cazado una sola pieza. El viento soplaba del este y era el mes de diciembre. El lugar: un gran bald\u00edo desolado en el extremo septentrional de Inglaterra. Me hab\u00eda perdido. No era un lugar agradable para perderse. Los primeros copos de la nevada sobrevolaron los arbustos mientras la noche se cerraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Descubr\u00ed colores en los inicios de la oscuridad, el marr\u00f3n del campo se confund\u00eda con el de los cerros, a unas diez o doce millas de distancia. En ninguna direcci\u00f3n hallaron mis ojos el m\u00e1s leve rastro de humo, ni la menor parcela cultivada, ni un seto, ni un sendero de ovejas. No quedaba m\u00e1s alternativa que seguir andando y confiar en que el azar me deparase alg\u00fan refugio. Volv\u00ed a cargar la escopeta al hombro y avanc\u00e9, cansado; hab\u00eda caminado desde la madrugada y no hab\u00eda comido nada desde el desayuno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comenz\u00f3 a caer la nieve con inquietante regularidad y el viento se calm\u00f3. El fr\u00edo se intensific\u00f3 y r\u00e1pidamente se cerr\u00f3 la noche. En cuanto a m\u00ed, mis perspectivas se oscurecieron al ennegrecerse el cielo y se me oprim\u00eda el coraz\u00f3n al pensar que mi esposa ya estar\u00eda tratando de verme llegar a trav\u00e9s de la ventana del albergue, y en todo el sufrimiento que le esperaba a lo largo de aquella penosa noche. Llev\u00e1bamos casados cuatro meses y, despu\u00e9s de haber pasado el oto\u00f1o en las Tierras Altas de Escocia, nos hab\u00edamos instalado en una peque\u00f1a aldea situada al borde de los grandes p\u00e1ramos ingleses. Est\u00e1bamos muy enamorados y \u00e9ramos felices.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aqu\u00e9lla ma\u00f1ana, al separarnos, ella me hab\u00eda rogado que regresara antes del ocaso y yo se lo hab\u00eda prometido. \u00a1hubiese dado todo por haber cumplido mi palabra! Incluso antes, agotado como estaba, ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que, con una buena cena, una hora de descanso y la disposici\u00f3n de un gu\u00eda, podr\u00eda estar de regreso antes de la media noche; siempre y cuando encontrara un gu\u00eda y un refugio. Durante todo este tiempo, la nieve y la noche se espesaban. De vez en cuando me deten\u00eda y gritaba, pero mis llamados parec\u00edan ahondar el silencio, Despu\u00e9s, se apoder\u00f3 de mi una vaga sensaci\u00f3n de malestar y comenc\u00e9 a recordar historias de viajeros que hab\u00edan caminado y caminado bajo la nieve hasta que, fatigados, se desplomaron y murieron mientras dorm\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfSer\u00eda posible, me preguntaba, caminar durante toda la noche? \u00bfNo llegar\u00eda un momento en el que me traicionar\u00edan las piernas y me abandonar\u00eda la determinaci\u00f3n? Entonces yo tambi\u00e9n dormir\u00eda el sue\u00f1o de la muerte. \u00a1La muerte! Me estremec\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 cruel era morir en aquel momento, cuando la vida se me presentaba tan prometedora! \u00a1Qu\u00e9 cruel para mi esposa, cuyo coraz\u00f3n estaba lleno de amor! Pero esa idea me resultaba impensable. Para disiparla volv\u00ed a gritar, a\u00fan m\u00e1s fuerte y durante m\u00e1s tiempo, y luego escuch\u00e9, lleno de ansiedad. \u00bfAlgo respondi\u00f3 a mis gritos o era yo quien fantaseaba con una voz remota?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Repet\u00ed los gritos y de nuevo me respondi\u00f3 un eco. Luego brot\u00f3 de la oscuridad un punto de luz vacilante, que desaparec\u00eda y aumentaba por momentos, m\u00e1s pr\u00f3xima y brillante. Corriendo hacia ella tan r\u00e1pido como pude, me encontr\u00e9 con gran alegr\u00eda frente a un anciano con una linterna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Gracias a Dios! \u2014fue la exclamaci\u00f3n que sali\u00f3 de mis labios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Frunciendo el entrecejo, el viejo levant\u00f3 la linterna y mir\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9? \u2014dijo de mal humor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno\u2026, por usted. Comenzaba a pensar que estaba perdido en la nieve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La gente siempre se pierde en el p\u00e1ramo, pero \u00bfqu\u00e9 importa perderse si Dios est\u00e1 vigilando?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si Dios quiere que usted y yo nos perdamos juntos, perfecto \u2014repliqu\u00e9\u2014, pero no me gustar\u00eda estar perdido sin usted. \u00bfA qu\u00e9 distancia estoy de Dwolding?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A sus buenas 20 millas, a vuelo de p\u00e1jaro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY de la aldea m\u00e1s cercana?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La aldea m\u00e1s cercana es Wyke y est\u00e1 a doce millas hacia el otro lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces \u00bfd\u00f3nde vive usted?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por all\u00ed \u2014dijo \u00e9l, se\u00f1alando con la linterna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Supongo que va hacia su casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puede ser.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces me voy con usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viejo neg\u00f3 con la cabeza y se rasc\u00f3 la nariz pensativamente con la mano que sosten\u00eda la linterna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo no le ser\u00e9 de utilidad \u2014dijo\u2014. \u00c9l no le dejar\u00e1 entrar; no lo dejar\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya lo veremos \u2014respond\u00ed, animado\u2014. \u00bfQui\u00e9n es \u00e9l?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El amo. Usted no lo conoce \u2014fue su lac\u00f3nica respuesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, usted me ense\u00f1ar\u00e1 el camino y ya me ocupar\u00e9 yo de que el amo me brinde albergue y cena por esta noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No lograr\u00e1 convencerle! \u2014insisti\u00f3 el viejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y sin dejar de negar con la cabeza ech\u00f3 a andar rengueando, como un duende, entre la nieve que ca\u00eda. Enseguida apareci\u00f3 en medio de la oscuridad una construcci\u00f3n enorme, desde all\u00ed sali\u00f3 corriendo y ladrando un mast\u00edn salvaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEsta es la casa? -pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esta es la casa. \u00a1Calla, Bey! \u2014dijo el viejo, y busc\u00f3 la llave en los bolsillos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me qued\u00e9 cerca de \u00e9l, decidido a no perder la oportunidad de entrar. A la luz de la linterna, advert\u00ed que la puerta estaba remachada con clavos de hierro, como la puerta de una prisi\u00f3n. Poco despu\u00e9s, el viejo hizo girar la llave y me met\u00ed en la casa tras sus pasos. Una vez en el interior, observ\u00e9 con curiosidad y vi que estaba en una gran estancia con vigas que, por lo que parec\u00eda, se utilizaba para distintos prop\u00f3sitos. En un extremo se apilaba el grano hasta el techo, como si fuera un granero. El otro estaba ocupado por sacos de harina, aperos de labranza, barriles y toda clase de artefactos de madera. De las vigas colgaban hileras de jamones, lonjas de tocino y manojos de hierbas secas, almacenado todo para el invierno. En el centro se alzaba un enorme objeto, cubierto con una sucia tela ra\u00edda, que alcanzaba hasta la mitad de la altura del lugar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al levantar una esquina de la tela, para mi asombro, hab\u00eda un telescopio de considerable tama\u00f1o montado sobre una plataforma m\u00f3vil con cuatro ruedas peque\u00f1as. El tubo, de madera pintada, estaba envuelto en flejes p\u00e9simamente ajustados; la lente, en la medida en que pude calcular su tama\u00f1o a la escasa luz, med\u00eda por lo menos quince pulgadas de di\u00e1metro. Mientras examinaba el instrumento, pregunt\u00e1ndome si no ser\u00eda obra de alg\u00fan \u00f3ptico autodidacta, se oy\u00f3 el sonido agudo de una campanilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es para usted \u2014dijo mi gu\u00eda, con un tono malicioso\u2014. Pasando este cuarto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me se\u00f1alaba una puerta negra y baja que hab\u00eda al otro lado de la estancia. Fui hasta all\u00ed, di uno o dos golpes bastante fuertes y entr\u00e9 sin esperar respuesta. Un anciano gigantesco y canoso se levant\u00f3 de una mesa llena de libros y papeles y me mir\u00f3 con expresi\u00f3n hosca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQui\u00e9n es usted? \u00bfC\u00f3mo ha venido hasta aqu\u00ed? \u00bfQu\u00e9 quiere?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Soy James Murray, abogado. He venido caminando por el p\u00e1ramo. Busco comida, bebida y un lugar para pasar la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus cejas se levantaron prodigiosamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi casa no es una posada \u2014dijo secamente\u2014. Jacobo. \u00bfC\u00f3mo has osado admitir a este desconocido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo no lo admit\u00ed \u2014rezong\u00f3 el viejo\u2014. Me sigui\u00f3 por el p\u00e1ramo y entr\u00f3 por las suyas. Yo no puedo contra seis pies de altura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00edgame, se\u00f1or, \u00bfcon qu\u00e9 derecho ha entrado usted en mi casa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Con el mismo con el que me hubiera aferrado a su barco de estar ahog\u00e1ndome. Con el derecho de autoconservaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAutoconservaci\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay una pulgada de nieve sobre la tierra \u2014expliqu\u00e9\u2014, y antes de que salga el sol tendr\u00e1 la suficiente profundidad para enterrarme de pie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se dirigi\u00f3 hacia la ventana dando largas zancadas. Corri\u00f3 una pesada cortina negra y mir\u00f3 el exterior.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es cierto \u2014dijo\u2014. Puede quedarse, si gusta, hasta la ma\u00f1ana. Jacobo, sirve la cena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras hablaba hizo una se\u00f1a para que tomase asiento, luego volvi\u00f3 a su sitio e inmediatamente retom\u00f3 la lectura que yo hab\u00eda interrumpido. Coloqu\u00e9 la escopeta en un rinc\u00f3n, acerqu\u00e9 una silla a la chimenea y examin\u00e9 el cuarto. Aunque m\u00e1s peque\u00f1a que el vest\u00edbulo, hab\u00eda en esta habitaci\u00f3n muchas cosas que despertaron mi curiosidad. El suelo no estaba alfombrado. Algunas paredes ten\u00edan extra\u00f1os diagramas garabateados y otras estaban cubiertas de estantes atiborrados de instrumentos cient\u00edficos, de muchos de los cuales yo desconoc\u00eda las aplicaciones. A un lado del hogar hab\u00eda su biblioteca repleta de folios manchados; al otro, un peque\u00f1o \u00f3rgano con una fant\u00e1stica decoraci\u00f3n de grabados policromos de santos y demonios medievales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A trav\u00e9s de la puerta entreabierta del armario m\u00e1s lejano distingu\u00ed una colecci\u00f3n de muestras geol\u00f3gicas, preparaciones quir\u00fargicas, crisoles, tubos y frascos de productos qu\u00edmicos; en la repisa de la chimenea, entre cierto n\u00famero de objetos peque\u00f1os, hab\u00eda una maqueta del sistema solar, una pila galv\u00e1nica y un microscopio. Todas las sillas estaban llenas de cosas. En todos los rincones se apilaban libros. Incluso por el suelo hab\u00eda mapas, papeles, dibujos y todos los artilugios cient\u00edficos imaginables. Cada nuevo objeto que descubr\u00eda me asombraba. Nunca hab\u00eda estado en un lugar tan raro. Lo que resultaba a\u00fan m\u00e1s extra\u00f1o era encontrarle en una casa de campo perdida en medio de un desierto. Una y otra vez vigilaba a mi anfitri\u00f3n y su entorno, pregunt\u00e1ndome qui\u00e9n y qu\u00e9 podr\u00eda ser. Su cabeza era especialmente bella, m\u00e1s parecida a la cabeza de un poeta que de un fil\u00f3sofo: frente amplia, ojos prominentes y abundante melena desordenada y totalmente blanca. Compart\u00eda muchos de los rasgos abruptos de la cabeza de Beethoven. Las mismas arrugas profundas alrededor de la boca, los mismos surcos firmes en el entrecejo, el mismo gesto de concentraci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras estaba observ\u00e1ndole se abri\u00f3 la puerta y entr\u00f3 Jacobo con la cena. El amo cerr\u00f3 el libro, se incorpor\u00f3 y con mayor cortes\u00eda de la manifestada hasta entonces me invit\u00f3 a la mesa. Me hall\u00e9 frente a un plato con jam\u00f3n y huevos, una rebanada de pan negro y una botella de jerez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Solo puedo ofrecerle un men\u00fa austero, se\u00f1or \u2014dijo mi anfitri\u00f3n\u2014. Espero que su apetito compense las deficiencias de nuestra despensa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo hab\u00eda atacado las viandas con entusiasmo cazador hambriento, afirmando que nunca hab\u00eda comido nada tan delicioso. \u00c9l hizo una fugaz reverencia y se dedic\u00f3 a su propia cena, que consisti\u00f3, primordialmente, en una jarra de leche y un cuenco de sopa. Comimos en silencio. Cuando terminamos, Jacobo retir\u00f3 la bandeja. Entonces, volv\u00ed a colocar mi silla ante el fuego. Con cierta sorpresa not\u00e9 que mi anfitri\u00f3n hizo lo mismo y, volvi\u00e9ndose inesperadamente hacia m\u00ed, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1or, he vivido aqu\u00ed en retiro durante veintitr\u00e9s a\u00f1os. En todo este tiempo no he visto ni una sola cara extra\u00f1a ni he le\u00eddo un solo peri\u00f3dico. Usted es el primer desconocido que traspasa mi umbral en m\u00e1s de cuatro a\u00f1os. \u00bfTendr\u00eda la amabilidad de decirme unas palabras sobre el mundo exterior del que tanto tiempo llevo aislado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Le ruego me pregunte \u2014dije\u2014. Estoy a su disposici\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Inclin\u00f3 la cabeza en se\u00f1al de reconocimiento, se ech\u00f3 hacia delante, con los codos apoyados sobre las rodillas y el ment\u00f3n entre las manos, mir\u00f3 fijamente el fuego y procedi\u00f3 a interrogarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus preguntas giraban alrededor de cuestiones cient\u00edficas, cuyos recientes descubrimientos, salvo los que se aplicaban a los usos de la vida cotidiana, me eran desconocidos. No siendo una persona dedicada a la ciencia, respond\u00ed como me lo permit\u00eda mi escaso saber, pero el interrogatorio estaba lejos de resultarme f\u00e1cil y sent\u00ed un gran alivio cuando, pasando de las preguntas a la conversaci\u00f3n, comenz\u00f3 a explayarse sobre sus propias conclusiones sobre los datos que yo me hab\u00eda esforzado en comunicarle. \u00c9l habl\u00f3 y yo escuch\u00e9 embelesado. Habl\u00f3 hasta hacerme pensar que se hab\u00eda olvidado de mi presencia y se limitaba a reflexionar en voz alta. Hasta entonces nunca hab\u00eda o\u00eddo nada semejante y desde entonces no he vuelto a o\u00edr nada igual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba familiarizado con todos los sistemas de todas las filosof\u00edas, era sutil y audaz en sus an\u00e1lisis. Solt\u00f3 sus pensamientos en un discurso fluido, manteniendo siempre la cabeza adelantada en la misma actitud taciturna y los ojos clavados en el fuego, saltando de un tema a otro, de una especulaci\u00f3n a otra, como un so\u00f1ador inspirado. De las ciencias pr\u00e1cticas a la filosof\u00eda, de la electricidad de los cables a la electricidad de los nervios; de Watt a Mesmer, de Mesmer a Reichenbach, de Reichenbach a Swedenborg, Spinoza, Condillac. Descartes, Berkeley, Arist\u00f3teles, Plat\u00f3n, a los m\u00edsticos orientales, haciendo transiciones que, pese a confundir por su diversidad, parec\u00edan melod\u00edas sencillas y armoniosas en sus labios. Con el tiempo he olvidado los puentes por los cuales alcanz\u00f3 ese territorio incierto m\u00e1s all\u00e1 de la filosof\u00eda especulativa, y entr\u00f3 en aquello que ning\u00fan hombre conoce. Hablo del alma y su anhelo, del esp\u00edritu y su poder, de la segunda visi\u00f3n, de las profec\u00edas, de esos fen\u00f3menos que bajo el nombre de fantasmas, espectros y apariciones han sido negados por los esc\u00e9pticos y atestiguados por los cr\u00e9dulos a lo largo de todos los tiempos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El mundo \u2014dijo\u2014 se vuelve m\u00e1s esc\u00e9ptico respecto de todo lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de su estrecho rango de acci\u00f3n, y nuestros hombres de ciencia fomentan esa fatal tendencia. Condenan como f\u00e1bulas todo lo que se resiste a la experimentaci\u00f3n. Rechazan como falso todo lo que no se puede comprobar en el laboratorio o en una mesa de disecci\u00f3n. \u00bfContra qu\u00e9 superstici\u00f3n se ha emprendido una guerra tan larga y tan obstinada como contra la creencia en los fantasmas? Sin embargo, \u00bfqu\u00e9 superstici\u00f3n ha persistido m\u00e1s tiempo arraigada en la fe de los hombres? Ind\u00edqueme alg\u00fan hecho de la f\u00edsica, de la historia, de la arqueolog\u00eda, que cuente con tan extensos y diversos testimonios. Atestiguado por todos los pueblos, en todas las \u00e9pocas y en todos los climas, por los m\u00e1s juiciosos sabios de la Antig\u00fcedad, por los m\u00e1s burdos salvajes de la actualidad, por los cristianos, por los paganos, los pante\u00edstas y los materialistas, este fen\u00f3meno es considerado un cuento de hadas por los fil\u00f3sofos de nuestro siglo. Las pruebas circunstanciales pesan para ellos tanto como una pluma en la balanza. La comparaci\u00f3n entre causa y efecto, por valiosa que sea en las ciencias duras, se deja por de lado como indigna de confianza. Las pruebas aportadas por testigos competentes, aun siendo concluyentes en un juicio por asesinato, no cuentan para nada. A quien vacila ante lo que tiene que decir se le condena por fr\u00edvolo. A quien cree, se le juzga como un loco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaba con amargura. Al finalizar, call\u00f3 por unos minutos. Luego separ\u00f3 la cabeza de las manos y, con la voz mudada, agreg\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo, se\u00f1or, he vacilado, he investigado, he cre\u00eddo y no he sentido verg\u00fcenza de afirmar mis convicciones ante el mundo. Yo tambi\u00e9n fui calificado de loco, puesto en rid\u00edculo por mis contempor\u00e1neos y expulsado entre abucheos de la especialidad cient\u00edfica en que hab\u00eda trabajado honradamente durante los mejores a\u00f1os de mi vida. Desde entonces, he vivido como un ermita\u00f1o y el mundo se ha olvidado de m\u00ed como yo me he olvidado del mundo. Ya conoce mi historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es una historia muy triste \u2014murmur\u00e9 sin saber muy bien qu\u00e9 decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es muy vulgar \u2014dijo\u2014. Solo he padecido en nombre de la verdad, como muchos de los mejores y m\u00e1s sabios hombres padecieron antes que yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se puso en pie, como si deseara terminar la conversaci\u00f3n, y se acerc\u00f3 a la ventana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya no nieva \u2014observ\u00f3, dejando que se cerrara la cortina y regresando junto al fuego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ya no nieva! \u2014exclam\u00e9, incorpor\u00e1ndome\u2014. Ay, si hubiese la menor posibilidad\u2026 pero no hay ninguna. Aunque me fuese posible orientarme en el p\u00e1ramo, tampoco ser\u00eda capaz de recorrer veinte millas esta noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Recorrer veinte millas esta noche! \u2014repiti\u00f3 mi anfitri\u00f3n\u2014. \u00bfEn qu\u00e9 est\u00e1 pensando?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En mi joven esposa \u2014respond\u00ed con impaciencia\u2014. No sabe que me he perdido y en este momento tendr\u00e1 el alma deshecha de ansiedad y miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En Dwolding, a veinte millas de distancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En Dwolding \u2014repiti\u00f3 como un eco, pensativo\u2014. S\u00ed, es cierto, est\u00e1 a veinte millas de aqu\u00ed; pero \u00bftanto le importa ganar las pr\u00f3ximas seis u ocho horas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mucho, tanto que ahora mismo pagar\u00eda diez guineas por un gu\u00eda y un caballo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Su deseo puede satisfacerse a un precio m\u00e1s razonable \u2014dijo sonriendo\u2014. El correo nocturno del norte, que cambia los caballos en Dwolding, pasa a unas 5 millas de aqu\u00ed y estar\u00e1 en ese cruce dentro de una hora y cuarto. Si Jacobo pudiera acompa\u00f1arle por el p\u00e1ramo hasta el antiguo camino de la diligencia, supongo que usted solo se bastar\u00eda para encontrar el cruce de la carretera nueva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ir\u00eda, con mucho gusto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvi\u00f3 a sonre\u00edr, tir\u00f3 de la campanilla, dio instrucciones al viejo criado y, tomando una botella de whisky y un vaso de vino del armario donde guardaba los productos qu\u00edmicos a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay mucha nieve y ser\u00e1 dif\u00edcil andar por el p\u00e1ramo. \u00bfQu\u00e9 le parece una copa de nuestra cosecha antes de ponerse en marcha?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubiese rechazado el licor, pero no me atrev\u00eda a esa descortes\u00eda. Me cay\u00f3 en la garganta como fuego l\u00edquido y casi me cort\u00f3 la respiraci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es fuerte \u2014dijo\u2014, pero excelente para combatir el fr\u00edo. Ahora ya no tiene un instante que perder. \u00a1Buenas noches!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le agradec\u00ed su hospitalidad y le habr\u00eda estrechado la mano pero me dio la espalda antes de que terminara de hablar. Un minuto despu\u00e9s cruzamos el vest\u00edbulo. Jacobo hab\u00eda cerrado con llave la puerta de entrada y, una vez fuera, nos encontramos en el umbral del inmenso p\u00e1ramo blanco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque el fr\u00edo hab\u00eda disminuido, segu\u00eda siendo intenso. No brillaba ni una estrella en la negrura del cielo. Ni un ruido, salvo el crujido de la nieve bajo nuestros pies, perturbaba el silencio hondo de la noche. Jacobo, que no estaba muy contento con la comisi\u00f3n, arrastraba los pies delante de m\u00ed, con la linterna en una mano y la sombra cayendo sobre sus pasos. Yo le segu\u00eda, con la escopeta al hombro, tan poco propenso a conversar con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi pensamiento volv\u00eda sobre mi anfitri\u00f3n. A\u00fan me parec\u00eda escuchar su voz. Su elocuencia me cautivaba. Recuerdo hasta el d\u00eda de hoy, con sorpresa, c\u00f3mo mi cerebro reten\u00eda frases enteras, docenas de im\u00e1genes brillantes y extractos de espl\u00e9ndidos razonamientos, con las mismas palabras con las que \u00e9l las hab\u00eda enunciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Meditando de este modo sobre lo que hab\u00eda o\u00eddo y esforz\u00e1ndome por recordar alg\u00fan que otro p\u00e1rrafo perdido, andaba a zancadas pegado a los talones de mi gu\u00eda, absorto y sin prestar atenci\u00f3n. Al cabo de pocos minutos, seg\u00fan me pareci\u00f3, se detuvo de improviso y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya est\u00e1 usted sobre el camino. Mantenga la valla de piedra a su derecha y no se perder\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAs\u00ed que este es el antiguo camino del coche?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY cu\u00e1nto deber\u00e9 caminar hasta encontrar el cruce?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Unas tres millas. El camino es bastante bueno para los que van a pie \u2014dijo\u2014 pero resulta demasiado inclinado y estrecho para el tr\u00e1fico del norte. F\u00edjese en donde la baranda se interrumpe, est\u00e1 muy cerca del poste indicador. Nunca le han reparado desde el accidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAccidente?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-El correo nocturno se despe\u00f1\u00f3 de cabeza al valle, por lo menos cincuenta pies, justamente en el peor tramo de la carretera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 horrible! \u00bfCu\u00e1ntas vidas cost\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todas. Cuatro aparecieron muertos y otros dos murieron al d\u00eda siguiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1ndo sucedi\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hace nueve a\u00f1os, exactamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCerca del poste indicador? Lo tendr\u00e9 presente. Buenas noches \u2014dije, acerc\u00e1ndole una moneda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Buenas noches, se\u00f1or, y gracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jacobo se ech\u00f3 al bolsillo la media corona, amag\u00f3 tocarse el sombrero y emprendi\u00f3 el regreso por donde hab\u00edamos venido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estuve observando la luz de la linterna hasta su desaparici\u00f3n y luego di la vuelta para proseguir mi camino en soledad. No parec\u00eda presentar grandes dificultades. Pese a la negrura, la l\u00ednea de la valla de piedra se destacaba con claridad contra el brillo de la nieve. Pero \u00a1qu\u00e9 silencio! \u00danicamente se o\u00edan mis movimientos. Sent\u00ed la extra\u00f1a y desagradable impresi\u00f3n de estar completamente solo. Apur\u00e9 el paso, mientras silbaba una canci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mentalmente fui contando enormes cifras y calculando multiplicaciones. En resumen, hice todo lo que estaba a mi alcance por olvidar las especulaciones alarmantes que acababa de escuchar y, en cierta medida, logr\u00e9 mi prop\u00f3sito. El aire de la noche se volv\u00eda cada vez m\u00e1s helado. Aunque caminaba a paso r\u00e1pido no consegu\u00eda entrar en calor. Ten\u00eda los pies congelados. Hab\u00eda perdido la sensibilidad en las manos y para mantenerlas ocupadas empu\u00f1\u00e9 la escopeta. Incluso me costaba respirar, como si en lugar de ir recorriendo un camino del norte estuviese escalando las m\u00e1s altas cumbres de los Alpes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este \u00faltimo s\u00edntoma se volvi\u00f3 tan inquietante que me vi obligado a detenerme unos minutos y apoyarme contra la valla de piedra. Al hacerlo, volv\u00ed la vista por casualidad hacia el camino recorrido y all\u00ed, para mi infinito alivio, vi un lejano punto luminoso, algo as\u00ed como el resplandor de una linterna que se acercaba. Al principio pens\u00e9 que Jacobo hab\u00eda vuelto sobre sus pasos y me segu\u00eda, pero no hab\u00eda hecho sino vislumbrar este pensamiento cuando se hizo visible una segunda luz, sin duda paralela a la primera, que se acercaba a la misma velocidad. No tuve necesidad de pensarlo dos veces para entender que deb\u00edan ser los faroles de alg\u00fan veh\u00edculo, aunque era raro que circulara por una carretera reconocidamente peligrosa y en desuso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No obstante, no cab\u00eda duda de este hecho, pues los faroles se volv\u00edan m\u00e1s grandes y luminosos a cada segundo, incluso imagin\u00e9 que ya distingu\u00eda la silueta oscuara del coche entre ambos. Se acercaba m\u00e1s deprisa y casi sin hacer ruido, pues rodaba sobre varios cent\u00edmetros de nieve. Pronto, el veh\u00edculo se hizo visible detr\u00e1s de los faroles. Resultaba llamativamente alto. Me pas\u00f3 por la mente una fugaz sospecha: \u00bfser\u00eda posible que hubiese pasado de largo el cruce en medio de la oscuridad, sin haber reparado en el poste indicador, y que se tratase de la diligencia que buscaba?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No tuve la necesidad de formularme la pregunta dos veces. Torciendo ya en la curva del camino, llegaron el guarda y el mayoral, con un pasajero en el pescante y cuatro caballos tordos bufando humos y envueltos en una neblina de luz, dentro de la cual resplandec\u00edan los faroles como un par de meteoritos ardientes. Me adelant\u00e9 dando un salto, hice se\u00f1as con el sombrero y grit\u00e9. El correo sigui\u00f3 a toda velocidad y me sobrepas\u00f3. Por un instante, tem\u00ed no haber sido visto ni o\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un instante despu\u00e9s el cochero detuvo el carruaje; el guarda, abrigado hasta las cejas con capas y bufandas, y al parecer profundamente dormido en medio del estr\u00e9pito, no respondi\u00f3 a mi saludo ni hizo el menor esfuerzo por apearse; el pasajero que iba en el pescante ni siquiera volvi\u00f3 la cara. Yo mismo abr\u00ed la puerta y mir\u00e9 dentro. Solo hab\u00eda tres pasajeros en el interior, de modo que sub\u00ed, cerr\u00e9 la portezuela, ocup\u00e9 el rinc\u00f3n vac\u00edo y me felicit\u00e9 por mi buena fortuna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La atm\u00f3sfera de la diligencia me parec\u00eda m\u00e1s g\u00e9lida que la de la intemperie e impregnada de un olor h\u00famedo y desagradable. Repas\u00e9 a mis compa\u00f1eros de viaje. Los tres eran hombres y los tres guardaban absoluto silencio. No parec\u00edan estar dormidos, pero se acurrucaban en las esquinas del veh\u00edculo, absortos en sus reflexiones. Intent\u00e9 iniciar una conversaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vaya fr\u00edo que hace esta noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre de enfrente alz\u00f3 la cara y me mir\u00f3 sin responder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Parece ser que el invierno ha comenzado con fuerza \u2014agregu\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque su rinc\u00f3n estaba tan oscuro que no me permit\u00eda distinguir sus facciones, not\u00e9 que me miraba. No obstante, no dijo ni una palabra. En otra ocasi\u00f3n cualquiera me habr\u00eda sentido incomodo y tal vez lo hubiera manifestado. Pero en aquellos momentos me encontraba demasiado d\u00e9bil. El fr\u00edo de la noche se me hab\u00eda metido en los huesos y el hedor del interior del coche me provocaba n\u00e1useas. Me estremec\u00ed de pies a cabeza y, volvi\u00e9ndome hacia mi vecino de la izquierda, le pregunt\u00e9 si le molestaba que abriese la ventanilla. No dijo nada ni se movi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Repet\u00ed la pregunta en un tono m\u00e1s alto, con id\u00e9ntico resultado. Entonces perd\u00ed la paciencia y solt\u00e9 el marco corredizo de la ventana. Al hacerlo, el tirante de cuero se parti\u00f3 y se me qued\u00f3 en la mano; observ\u00e9 que el cristal estaba cubierto por una capa de moho, acumulado en el curso de los a\u00f1os. Interesado por el estado de la diligencia, la examin\u00e9 con mayor atenci\u00f3n y, a la luz de los faroles, vi que estaba en ruinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No solo necesitaba reparaciones sino que se estaba pudriendo. Las ventanillas se rajaban al tocarlas. Los accesorios de cuero estaban podridos en las juntas de las molduras. El suelo casi se quebraba bajo mis pies. Todo el veh\u00edculo estaba da\u00f1ado por la humedad y pens\u00e9 que sin duda hab\u00eda sido rescatado de alg\u00fan dep\u00f3sito, donde llevar\u00eda a\u00f1os descomponi\u00e9ndose, para hacerle rodar un par de d\u00edas m\u00e1s por las carreteras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me dirig\u00ed al tercer pasajero, al que a\u00fan no le hab\u00eda hablado, y le hice un nuevo comentario circunstancial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Este carruaje se encuentra en un estado deplorable. Supongo que estar\u00e1n reparando el veh\u00edculo en actividad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Movi\u00f3 lentamente la cabeza y me mir\u00f3 sin decir palabra. Mientras viva nunca olvidar\u00e9 aquella mirada. Me hel\u00f3 el coraz\u00f3n, y me lo sigue helando ahora cuando lo recuerdo. Le brillaban los ojos con un fulgor ardiente. Ten\u00eda el rostro blanco como el de un muerto. Los labios sin sangre estaban contra\u00eddos como en agon\u00eda y en medio le brillaban los dientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las palabras que iba a decir se deshilacharon en mi boca y el horror se apoder\u00f3 de m\u00ed. Para entonces me hab\u00eda habituado a la oscuridad de la diligencia y ve\u00eda con aceptable claridad. Me volv\u00ed hacia el pasajero de enfrente. Este tambi\u00e9n me miraba con la misma alarmante palidez en el rostro y el mismo brillo p\u00e9treo en los ojos. Me pas\u00e9 la mano por el frente. Me volv\u00ed hacia el tercer pasajero, el que se sentaba a mi lado, y vi\u2026 \u00a1Santo cielo, c\u00f3mo describir lo que vi! No era un hombre vivo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ninguno de ellos estaba vivo. Una luz fosforescente, la luz de la putrefacci\u00f3n, sal\u00eda de sus horrorosas caras, de sus cabellos mojados por la humedad de las tumbas, de  las ropas manchadas de tierra y cay\u00e9ndose a jirones, de las manos que eran como las de los cad\u00e1veres tiesos que llevan demasiado tiempo encerrados. Solo los ojos, aqu\u00e9llos ojos terribles, ten\u00edan vida, \u00a1y todos ellos apuntaban hacia m\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trat\u00e9 en vano de abrir la puerta. Lanc\u00e9 un grito salvaje pidiendo ayuda y misericordia. En aquel instante, breve como un paisaje visto a la luz de un rel\u00e1mpago estival, distingu\u00ed el fantasmal poste indicador que alzaba su dedo de advertencia al borde del camino, el parapeto, los caballos que se despe\u00f1aban, el negro vac\u00edo. Entonces la diligencia cabece\u00f3 como un barco en las aguas del mar. Despu\u00e9s hubo un fuerte golpe, una aplastante sensaci\u00f3n de dolor, y luego, la oscuridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuve la impresi\u00f3n de que hab\u00edan pasado a\u00f1os cuando despert\u00e9 y encontr\u00e9 a mi esposa contempl\u00e1ndome junto a la cama. Paso por alto la escena que sigui\u00f3 y, en media docena de palabras, le repetir\u00e9 a usted la historia que ella me cont\u00f3 entre l\u00e1grimas de agradecimiento a Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda ca\u00eddo por un precipicio, cerca del cruce del viejo y el nuevo camino de la diligencia, y solo me hab\u00eda salvado de una muerte segura gracias a que ca\u00ed en un c\u00famulo de nieve que se hab\u00eda acumulado a los pies de las rocas del fondo. All\u00ed fui descubierto al amanecer por un par de pastores, que me trasladaron al refugio m\u00e1s cercano y buscaron a un m\u00e9dico para que me atendiera. El m\u00e9dico me encontr\u00f3 en estado delirante con un brazo roto y una fractura grave de cr\u00e1neo. Mis documentos le informaron mi nombre y direcci\u00f3n. Se requiri\u00f3 a mi esposa para que me sirviera de enfermera, y gracias a ser joven y de constituci\u00f3n fuerte, sal\u00ed sano y salvo del accidente. El lugar donde ocurri\u00f3 mi ca\u00edda, casi no es necesario que lo diga, fue exactamente el mismo en el que el correo del norte hab\u00eda sufrido un terrible accidente nueve a\u00f1os antes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca le cont\u00e9 a mi esposa los horrorosos hechos que acabo de relatar. Al m\u00e9dico que me asisti\u00f3 s\u00ed se lo cont\u00e9, pero consider\u00f3 que todo aquello correspond\u00eda a una alucinaci\u00f3n producida por la fiebre. Se lo cont\u00e9 una y otra vez, hasta que nos convencimos de que \u00e9ramos incapaces de hablar del tema con calma, y entonces lo dejamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Podr\u00e1 sacar sus conclusiones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo estoy seguro de que, hace veinte a\u00f1os, fui el cuarto pasajero en el interior del coche fantasma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cl\u00e1sico de las historias de fantasmas por la escritora brit\u00e1nica Amelia Edwards (1831-1892).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16209,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3440,22,3441,2343,185,2855,2291,360],"class_list":["post-16208","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-amelia-edwards","tag-cuento","tag-el-coche-fantasma","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/AmeliaEdwards.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4dq","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16208","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16208"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16208\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16368,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16208\/revisions\/16368"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16209"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16208"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16208"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16208"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}