{"id":16160,"date":"2024-02-14T01:12:22","date_gmt":"2024-02-14T07:12:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16160"},"modified":"2024-05-23T12:18:08","modified_gmt":"2024-05-23T18:18:08","slug":"corazones-negros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/corazones-negros\/","title":{"rendered":"Corazones negros"},"content":{"rendered":"Este es un cuento de la escritora mexicana <a href=\"https:\/\/www.elem.mx\/autor\/datos\/108783\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/www.elem.mx\/autor\/datos\/108783\">Atenea Cruz<\/a> (1984). Proveniente del libro del mismo t\u00edtulo, en \u00e9l se juntan la imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica y una visi\u00f3n muy personal de las relaciones humanas en el mundo contempor\u00e1neo, y en especial en M\u00e9xico.<br \/>\r\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s de este libro, y de mantener <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/@AteneaCruz\">un canal de YouTube<\/a> dedicado a la divulgaci\u00f3n literaria, Atenea Cruz ha publicado tambi\u00e9n la novela corta <em>Ecos<\/em> y otro libro de cuentos: <em>H\u00e1galo usted misma<\/em>.<br \/>&nbsp;<br\/>\r\n\r\n\r\n<p><strong>CORAZONES NEGROS<\/strong>\r\n<br \/><strong>Atenea Cruz<\/strong><\/p>\r\n\r\n<br \/>&nbsp;<br\/>\r\n<div align=right><em>No creo en el karma, s\u00f3lo creo en la venganza.<\/em><br>Isa\u00ed Moreno<\/div>\r\n<br \/>&nbsp;<br\/>\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n<p>Yo me llev\u00e9 al ni\u00f1o.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Fue por desquite. Aunque debo confesar que tambi\u00e9n fue porque me sent\u00eda solo. La soledad siempre ha sido un problema para m\u00ed, me atrae tanto como me mortifica. De eso hablar\u00e9 luego.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No me interrumpas, est\u00fapida. De por s\u00ed, me da flojera tener que explicarte las cosas letra por letra. T\u00fa eres la interesada, no yo. Voy a contarte cosas que no deber\u00edas de saber para ver si as\u00ed entiendes. Aunque a m\u00ed me parece muy claro, no te hagas. Y tambi\u00e9n para desahogarme, hace mucho que no me sincero con alguien.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Me mud\u00e9 a Zacatecas despu\u00e9s de mi separaci\u00f3n. Llegu\u00e9 aqu\u00ed buscando alejarme del recuerdo de una relaci\u00f3n desgraciada y tambi\u00e9n de mi familia, conflictiva e hiriente. Era una \u00e9poca dif\u00edcil para m\u00ed: me cas\u00e9 con una muchacha simplona y agresiva, como t\u00fa. Ahora que lo recuerdo me parece rid\u00edculo, pero en aquel entonces se me figuraba una tabla de salvaci\u00f3n para tapar lo obvio. Nuestro matrimonio fue breve pero tormentoso porque est\u00e1bamos negados a aceptar que aquella uni\u00f3n nos hac\u00eda la vida miserable a ambos. Algunas tardes yo me encerraba a llorar en nuestra habitaci\u00f3n, cuando ella me descubr\u00eda se pon\u00eda furiosa, a veces lleg\u00f3 a pegarme por ser un poco hombre.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Nunca se la devolv\u00ed. Cerca de nuestro segundo aniversario comenz\u00f3 a enga\u00f1arme con otro. Primero me sent\u00ed traicionado, luego me di cuenta de que era lo mejor y nos separamos, quisiera decir que como amigos, pero la verdad es que peleamos bastante en el juzgado por aquello de los bienes mancomunados. Mi familia se decepcion\u00f3 al triple: por el fracaso matrimonial, por las posesiones que perd\u00ed y porque no les qued\u00f3 m\u00e1s remedio que aceptar mi condici\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No me llev\u00e9 al ni\u00f1o por eso. De hecho, nunca pens\u00e9 en tener hijos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Bueno, pues aunque nunca estuve enamorado de mi ex esposa, su traici\u00f3n me cal\u00f3 profundo, la desconfianza se qued\u00f3 atravesada en mi pensamiento. Yo ya tra\u00eda problemas desde antes: mi padre nos abandon\u00f3 cuando yo era peque\u00f1o y mi hermano mayor fue creciendo para convertirse en un hombre violento del que prefer\u00ed mantenerme alejado. No sabr\u00eda decir si fui una v\u00edctima, s\u00f3lo s\u00e9 que nunca tuve relaciones sanas con los hombres cercanos a m\u00ed: los tem\u00eda, los detestaba y anhelaba su cari\u00f1o a partes iguales. Luego comenc\u00e9 a desearlos y m\u00e1s tarde a acostarme con ellos para que me quisieran, a veces funcion\u00f3 y a veces no.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>En Zacatecas me decid\u00ed a terminar la carrera que hab\u00eda abandonado para casarme. Mi familia, a pesar de todo, decidi\u00f3 apoyarme. Yo no sab\u00eda entonces que estaba enfermo, me parec\u00eda normal que algunas tardes me fuera imposible levantarme de la cama y quedarme contemplando las paredes, desanimado, con ganas de llorar sin motivo. \u201cEs cansancio\u201d, les explicaba a mis amigos cuando me preguntaban por qu\u00e9 hab\u00eda faltado a clases. Eso cre\u00eda. Ellos se acostumbraron a mis periodos de encierro y desapariciones. Pero no era normal.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Era un rarito. No puedo creer que me interrumpas para preguntar eso. Qu\u00e9 corriente eres, mujer.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Hacia el final de la carrera me hice amigo de un compa\u00f1ero al que hab\u00eda detestado por a\u00f1os. Fue como en las pel\u00edculas rom\u00e1nticas baratas: primero nos odi\u00e1bamos y luego nos amamos. Una relaci\u00f3n agresiva y tierna.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Ya viv\u00eda aqu\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p> <\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>2<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Para entonces llevaba dos a\u00f1os en este departamento. A diferencia de la mayor\u00eda de los estudiantes for\u00e1neos que peregrinan de casucha en casucha, yo encontr\u00e9 este departamento que, si bien no era el m\u00e1s amplio y a menudo fallaba el agua, me acomodaba perfecto. Me gust\u00f3 tanto que decid\u00ed que nunca, nunca me marchar\u00eda de aqu\u00ed. De mi ciudad natal y el fugaz matrimonio me traje un par de muebles, trastes y otros objetos que lo convirtieron en un espacio confortable, un hogar. La renta, adem\u00e1s de barata, era congelada, a ti s\u00ed te la han ido subiendo, \u00bfverdad? Pobrecita. Pero la ubicaci\u00f3n lo vale, \u00bfno? Cerca del parque y no tan lejos de la facultad. A m\u00ed me encanta.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Con aquel novio de la carrera vino mi primera crisis. No lo culpo de forma directa porque fue amoroso, a su modo limitado y ego\u00edsta, pero amoroso al fin. Culpo a nuestras conversaciones existenciales. \u00c9l era algo as\u00ed como un nihilista <em>light<\/em>, no s\u00e9 si conozcas el t\u00e9rmino, la verdad es que no te ves muy estudiada, perd\u00f3n. No puedo definirlo con precisi\u00f3n si lo \u00fanico que conoces de filosof\u00eda lo aprendiste en secundaria.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No me hables as\u00ed o me largo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Bien, as\u00ed me gusta. Calladita te ves m\u00e1s bonita. Contin\u00fao.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>A \u00e9l le gustaba hablar de la inutilidad de las acciones humanas, del vac\u00edo, de la nada; le parec\u00eda interesante e ilustrativo, un pasatiempo, pero yo me tomaba todo en serio. Charl\u00e1bamos un par de horas mientras com\u00edamos pizza que yo mismo preparaba. Luego \u00e9l tomaba las llaves de su vieja Caribe blanca para regresar a casa de sus padres y yo me quedaba solo, rumiando el sinsentido de la existencia, abandonado al pesimismo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No, no estaba sufriendo ni fue una agon\u00eda desesperada lo que me orill\u00f3 a intentarlo la primera vez sino, vaya iron\u00eda, el cansancio. Las faltas a la escuela a causa de la pesadumbre se hicieron m\u00e1s frecuentes, me sent\u00eda como abotagado y, luego de darle muchas vueltas, conclu\u00ed que si la vida era una sucesi\u00f3n de dolor y aburrimiento no me interesaba. Una noche junt\u00e9 todos los medicamentos fuertes que pude conseguir y me los tom\u00e9 esperando por fin descansar. Despert\u00e9 con un dolor espantoso en los ri\u00f1ones y los intestinos. Tuve que ir por mi propio pie al hospital, donde me internaron para lavarme el est\u00f3mago. Mi familia no se enter\u00f3 porque me daba verg\u00fcenza que tuvieran un hijo tan est\u00fapido que ni siquiera era capaz de suicidarse bien. Le llam\u00e9 a mi novio, quien vino a verme al departamento s\u00f3lo para cortar conmigo porque no pod\u00eda estar con alguien que hiciera \u201cese tipo de cosas\u201d. Lo acept\u00e9. Despu\u00e9s le llam\u00e9 a un amigo, que me cuid\u00f3 sin hacer preguntas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>27&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Ten\u00eda 27 a\u00f1os. La edad en la que dicen que mueren los <em>rockstar<\/em>, ja. O sea que yo no era uno. Tampoco en ese momento pens\u00e9 que estuviera enfermo. \u201cS\u00f3lo est\u00e1s triste\u201d, me repet\u00eda. De todo aquello conclu\u00ed que si no hab\u00eda logrado matarme, lo menos que pod\u00eda hacer era vivir con dignidad. Pero no cumpl\u00ed. Termin\u00e9 la carrera y, como la mayor parte de mis compa\u00f1eros, dur\u00e9 un buen tiempo sin conseguir trabajo. Mi mam\u00e1 me manten\u00eda a la distancia porque le dej\u00e9 claro que no quer\u00eda volver con la familia y sin duda ellos tambi\u00e9n prefer\u00edan que yo siguiera lejos. Empec\u00e9 a conseguir trabajitos por aqu\u00ed y por all\u00e1, nada formal ni relacionado con mi profesi\u00f3n, nada que me permitiera sostenerme por m\u00ed mismo, s\u00f3lo ganaba lo suficiente para darme alg\u00fan gustillo de vez en cuando. Me sent\u00eda un in\u00fatil.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>En una de esas chambas conoc\u00ed a Benji, era hermoso: sus brillantes ojos color miel, su sonrisa p\u00edcara, su desparpajo. Me fue imposible no amarlo. Lo invit\u00e9 con cualquier pretexto al departamento y terminamos liados. \u00c9l ten\u00eda pareja pero al final se qued\u00f3 conmigo. Aquel romance fue tambi\u00e9n como de pel\u00edcula, pero de melodrama, se desgast\u00f3 demasiado r\u00e1pido. Era como una de \u00e9sas telenovelas que te gusta ver. Pele\u00e1bamos constantemente y hac\u00edamos el amor con furia, como queriendo desollarnos a mordidas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No te voy a dar m\u00e1s detalles de eso, no te asustes.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Recuerdo que en un par de ocasiones lo corr\u00ed del departamento y le avent\u00e9 sus cosas por las escaleras del edificio. Cada vez le dec\u00eda que no quer\u00eda volver a verlo. Pero siempre volv\u00eda y siempre lo perdonaba. Fue entonces cuando me dio por llorar en la ventana mientras vigilaba su regreso.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Durante una de nuestras pocas temporadas en paz, una noche que salimos con un grupo de amigos, a alguien le dio por hablar de fantasmas. Yo reflexion\u00e9 un poco y dije que cuando muriera de seguro vendr\u00eda a asustar a este departamento porque aqu\u00ed hab\u00eda sufrido mucho. Despu\u00e9s de todo, los fantasmas son huellas de dolor o de odio. Me imagin\u00e9 a m\u00ed mismo como un espectro apostado en la ventana, oscuro y sollozante, a la espera de alguien que no llegar\u00eda nunca, espantando a los vecinos que tuvieran la mala suerte de echar un vistazo en esa direcci\u00f3n. Me gustaba la idea. Despu\u00e9s les dije que era bueno tener pensada esta clase de cosas antes de morirse para que el esp\u00edritu no vagabundeara sin rumbo. Los dem\u00e1s se burlaron, lo tomaron a juego. Yo estaba hablando en serio.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Unos meses despu\u00e9s sucedi\u00f3 lo inevitable: Benji y yo nos separamos, peleados casi a muerte. No pod\u00eda ser de otra manera. En uno de nuestros \u00faltimos pleitos lo golpe\u00e9, no tan duro como hubiera querido y no tan fuerte como el pu\u00f1etazo que me dio. Est\u00e1bamos locos. Yo m\u00e1s, obvio. Luego vino un periodo muy pesado en el que \u00e9l me buscaba. Intent\u00e9 resistir, pero aquello no se termin\u00f3 hasta que \u00e9l se larg\u00f3 a un viaje espiritual a Veracruz y se qued\u00f3 all\u00e1, clavado en los hongos alucin\u00f3genos. Me mand\u00f3 una carta largu\u00edsima en la que me ped\u00eda perd\u00f3n por todo lo que me hab\u00eda hecho durante nuestra relaci\u00f3n, al mismo tiempo que me culpaba por haberlo provocado. Volv\u00ed a sentirme apesadumbrado. Hundido.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Con la tristeza lleg\u00f3 el insomnio. Dorm\u00eda apenas dos o tres horas diarias. Me daba miedo la hora de acostarme porque sab\u00eda que no conseguir\u00eda pegar el ojo. No recuerdo cu\u00e1nto dur\u00e9 as\u00ed. En cambio, recuerdo con toda claridad que me pon\u00eda tan ansioso que empez\u00f3 a darme p\u00e1nico salir a la calle. Me sentaba en el sill\u00f3n de la sala y clavaba los ojos en la puerta. \u201cNo puedo salir\u201d, me repet\u00eda, \u201cNo puedo, no puedo\u201d. No s\u00e9 a qu\u00e9 le tem\u00eda. O bueno, s\u00ed s\u00e9: le tem\u00eda a todo. Estaba enloqueciendo. Fue el mismo amigo de la otra vez quien me sac\u00f3 de eso. Vino al departamento y estuvo tocando hasta que sus pu\u00f1os en el metal de la puerta me taladraron los o\u00eddos y tuve que abrirle. Me llev\u00f3 con un psiquiatra.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Ya s\u00e9 que quieres saber d\u00f3nde est\u00e1 ni\u00f1o. Voy a cont\u00e1rtelo cuando considere que es el momento. O cuando me d\u00e9 la gana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Como te iba diciendo, el psiquiatra me hizo ver que estaba enfermo. Eso me liber\u00f3, en cierto modo. Ahora sab\u00eda que aquel comportamiento extra\u00f1o que hac\u00eda que la gente irremediablemente acabara por abandonarme no era mi culpa, sino de la mala qu\u00edmica de mi cerebro. Bueno, al menos no todo era mi culpa. Me dieron medicamentos y me obligaron a ir a terapia. Funcion\u00f3. No por completo, pero sirvi\u00f3 de algo. Empec\u00e9 a dormir mejor y fui capaz de pedir ayuda una o dos veces. Los antidepresivos tuvieron un efecto raro en m\u00ed: cuando me sent\u00eda muy alegre o a punto de llorar sent\u00eda como si un globo con agua se rompiera dentro de mi cabeza y aquel l\u00edquido que se derramaba por debajo de mi crisma me tranquilizaba a tal punto que una parte de m\u00ed se quedaba ida, observando a la distancia. Un pac\u00edfico espectador de mi vida, en eso me convert\u00edan los medicamentos. Eso me asust\u00f3 y pronto dej\u00e9 de tomarlos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Claro que me afect\u00f3.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>La segunda vez que lo intent\u00e9 decid\u00ed no dejar margen de error. El tercer piso de un edificio no es mucha altura, pero aventarse de espaldas para pegarse en la nuca con la banqueta y adem\u00e1s hacerlo a la hora en que se sabe que no hay gente a la redonda para ayudar, garantiza el \u00e9xito.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p> <\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>29<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Ten\u00eda 29 a\u00f1os. No entiendo la insistencia con mi edad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No puedo explicar c\u00f3mo es ac\u00e1. Bueno, se parece un poco a estar detr\u00e1s de un vidrio de una c\u00e1mara de Gesell. Si no sabes qu\u00e9 es, invest\u00edgalo. De cualquier manera, no tiene la menor importancia, tarde o temprano averiguar\u00e1s por ti misma c\u00f3mo es esto.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>La transici\u00f3n no fue tan dura como imagin\u00e9, simplemente aparec\u00ed una noche de nuevo aqu\u00ed. Poco a poco fui recordando y mi vida me parec\u00eda tan triste que no pod\u00eda evitar llorar. Es ir\u00f3nico, \u00bfno? Buscar liberarse de la tristeza por medio de la muerte y que \u00e9sta te condene a vivir en un bucle interminable de recuerdos y remordimiento.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Yo soy de quien te hablaron las vecinas. El de la ventana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>El departamento estuvo desocupado un buen tiempo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto, eso no significa nada de este lado. Hasta que llegaron ustedes. Tan invasivos, tan insolentes, tan ruidosos, a alterar las cosas. Siempre he odiado el ruido. Y m\u00e1s cuando son gritos. Peor si son peleas familiares. La m\u00fasica la tolero. Lo que no soporto es a las parejas que se insultan. Lo bueno es que ustedes tuvieron el buen tino de separarse m\u00e1s o menos pronto, pero t\u00fa te convertiste en la t\u00edpica amargada que no puede superar el abandono del marido, a pesar de que fuera un golpeador y te forzara a tantas cosas que no voy a repetir porque las conoces de primera mano.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Vi todo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Primero me dabas l\u00e1stima, incluso trat\u00e9 de protegerte espantando al gusano de tu ex esposo. No fue dif\u00edcil porque era un cobarde. Adem\u00e1s, el espectro de un hombre impone, aunque sea alguien delgadito como yo. Bastaba con hacerme ver en la esquina de la sala cuando se quedaba hasta tarde frente a la tele o acomodando su caja de herramientas. Lo hice por ti, a pesar de las veladoras y las otras ridiculeces que te vendieron las santeras del mercado para alejarme de mi departamento.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Pero cuando comenzaste a desquitarte con el ni\u00f1o te odi\u00e9. Tu hijo era lindo, me provocaba ternura. No s\u00e9 c\u00f3mo se las arregl\u00f3 para conservar ese esp\u00edritu tan dulce entre las almas podridas tuya y de su padre. Era como una de esas florecitas que nacen entre las grietas del pavimento. No s\u00e9 a qui\u00e9n sali\u00f3. \u00bfY s\u00ed est\u00e1s segura de que era su hijo? Digo, porque ni siquiera se les parece. Ja. No te enojes. Qu\u00e9 m\u00e1s te da. Igual no lo quer\u00edas, no nos hagamos. Le pegabas con sa\u00f1a porque pensabas que nadie te ve\u00eda y \u00e9l, tan calladito, tan manso, \u00bfa qui\u00e9n le iba a contar que fuiste t\u00fa quien le factur\u00f3 el brazo con un empuj\u00f3n? Mujer horrenda. No llores, no seas hip\u00f3crita.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>El ni\u00f1o pudo verme desde el principio. Supongo que no me tuvo miedo porque era inocente, no alcanz\u00f3 a aprenderte la maldad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Jug\u00e1bamos de noche, mientras dorm\u00edas, o cuando lo dejabas solo con la tele prendida, encerrado. Me encari\u00f1\u00e9 con \u00e9l de tal forma que dej\u00e9 de llorar. \u00c9l tambi\u00e9n se encari\u00f1\u00f3 conmigo. Nos fuimos consolando el uno al otro. Por eso cuando me dijo que se quer\u00eda venir conmigo no dud\u00e9 en aconsejarlo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Yo le dije qu\u00e9 hacer y c\u00f3mo. Fue muy f\u00e1cil. Ya sabes que la polic\u00eda montada del parque es bastante in\u00fatil.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Est\u00e1 en el viejo tanque de agua del parque, \u00e9se al que hay que trepar por una escalera met\u00e1lica.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u00c9l es quien tira las cazuelas en la cocina. Le gusta correr y nunca hab\u00eda podido hacerlo sin miedo a que le pegaras. Yo s\u00ed lo dejo. A \u00e9l gusta hacer bromas, a veces le ayudo. \u00c9l lo hace porque es un ni\u00f1o, quiere divertirse. Yo lo hago por molestarte.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>S\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u00c9l es a quien has visto caminar por la sala, con rumbo a la ventana. No son figuraciones tuyas por el remordimiento de conciencia, aunque la tengas tan negra. Lo que pasa es que le gusta acompa\u00f1arme.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No quiere hablar contigo. Por eso te estoy contestando yo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No insistas. C\u00e1llate de una vez.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Queremos que te vayas. Y ni se te ocurra venir con esas estupideces del agua bendita o el sacerdote. Si los due\u00f1os del departamento no pudieron conmigo, t\u00fa menos. L\u00e1rgate.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Lo m\u00e1s sencillo es que dejes al ni\u00f1o como desaparecido, ser\u00eda muy sospechoso que a estas alturas se te ocurriera pedirle a los polic\u00edas que revisaran ah\u00ed, \u00bfno crees? Y qu\u00e9 horrible ser\u00eda ver su cuerpecito descompuesto. Tenle un poco de respeto a su memoria. D\u00e9jalo as\u00ed. No vaya a ser que se descubra el remedo de madre que eras.&nbsp;&nbsp;<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>No te preocupes. Esto quedar\u00e1 entre nosotros tres. Todas las conversaciones sobre el tablero desaparecen, as\u00ed como queremos que desaparezcas de nuestro departamento. Eso es lo \u00faltimo que voy a contestarte.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>O bueno, si no te marchas, prep\u00e1rate para conocerme.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Adi\u00f3s.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo tenebroso y lo cotidiano se juntan en esta historia de la escritora mexicana Atenea Cruz (1984).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16162,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3437,3438,22,185,198,2855],"class_list":["post-16160","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-atenea-cruz","tag-corazones-negros","tag-cuento","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/AteneaCruz.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4cE","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16160","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16160"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16160\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16340,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16160\/revisions\/16340"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16162"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16160"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16160"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16160"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}