{"id":16043,"date":"2024-05-10T09:29:49","date_gmt":"2024-05-10T15:29:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=16043"},"modified":"2024-08-09T23:45:12","modified_gmt":"2024-08-10T05:45:12","slug":"en-la-colonia-penitenciaria-cuento-franz-kafka","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/en-la-colonia-penitenciaria-cuento-franz-kafka\/","title":{"rendered":"En la colonia penitenciaria"},"content":{"rendered":"<p>Tantos a\u00f1os de existir, y este sitio no ten\u00eda a\u00fan un cuento del checo <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Franz_Kafka\">Franz Kafka<\/a> (1883-1924): uno de los grandes de la literatura occidental del siglo XX. La influencia de Kafka es tan grande en la actualidad que ya no se ve, y est\u00e1 lo mismo en los videojuegos que en las series de televisi\u00f3n. Pero este a\u00f1o se cumple el centenario de la muerte de Kafka: vale la pena resaltarla aqu\u00ed y ahora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kafka escribi\u00f3 \u00abIn der Strafkolonie\u00bb en 1916, para presentarla en una lectura p\u00fablica y con el objetivo de publicarla m\u00e1s adelante. La recepci\u00f3n del texto \u2013que es una narraci\u00f3n brutal, despiadada, que comienza con los excesos de un sistema judicial monstruoso\u2013 fue tan negativa y hostil que Kafka debi\u00f3 esperar tres a\u00f1os antes de poder publicar el texto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La traducci\u00f3n que aparece aqu\u00ed circula por internet sin firma. La he revisado un poco, y tal vez la cambie posteriormente, si encuentro otra mejor. Por supuesto, hay muchas traducciones excelentes de la obra de Kafka disponibles en las librer\u00edas.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16045\" aria-describedby=\"caption-attachment-16045\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16045\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/en-la-colonia-penitenciaria-cuento-franz-kafka\/franzkafka\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka.jpg\" data-orig-size=\"1200,675\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1692019368&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Franz Kafka\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Franz Kafka&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka-1024x576.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka-1024x576.jpg\" alt=\"Franz Kafka\" width=\"1024\" height=\"576\" class=\"size-large wp-image-16045\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16045\" class=\"wp-caption-text\">Franz Kafka<\/figcaption><\/figure>\n<strong>EN LA COLONIA PENITENCIARIA<br \/>\nFranz Kafka<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Es un aparato singular \u2014dijo el oficial al explorador, y contempl\u00f3 con cierta admiraci\u00f3n el aparato, que le era tan conocido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador parec\u00eda haber aceptado s\u00f3lo por cortes\u00eda la invitaci\u00f3n del comandante para presenciar la ejecuci\u00f3n de un soldado condenado por desobediencia e insulto hacia sus superiores. En la colonia penitenciaria no era tampoco muy grande el inter\u00e9s suscitado por esta ejecuci\u00f3n. Por lo menos, en ese peque\u00f1o valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos, s\u00f3lo se encontraban, adem\u00e1s del oficial y el explorador, el condenado, un hombre de boca grande y aspecto est\u00fapido, de cabello y rostro descuidados, y un soldado, que sosten\u00eda la pesada cadena donde converg\u00edan las cadenitas que reten\u00edan al condenado por los tobillos y las mu\u00f1ecas, as\u00ed como por el cuello, y que estaban unidas entre s\u00ed mediante cadenas secundarias. De todos modos, el condenado ten\u00eda un aspecto tan caninamente sumiso que, al parecer, hubieran podido permitirle correr en libertad por los riscos circundantes, para llamarlo con un simple silbido cuando llegara el momento de la ejecuci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador no se interesaba mucho por el aparato y se paseaba detr\u00e1s del condenado con visible indiferencia, mientras el oficial daba fin a los \u00faltimos preparativos arrastr\u00e1ndose de pronto bajo el aparato, profundamente hundido en la tierra, o trepando de pronto por una escalera para examinar las partes superiores. F\u00e1cilmente hubiera podido ocuparse de estas labores un mec\u00e1nico; pero el oficial las desempe\u00f1aba con gran celo, tal vez porque admiraba sobremanera el aparato o tal vez porque por diversos motivos no se pod\u00eda confiar ese trabajo a otra persona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ya est\u00e1 todo listo! \u2014exclam\u00f3 finalmente, y descendi\u00f3 de la escalera. Parec\u00eda extraordinariamente fatigado, respiraba con la boca muy abierta y se hab\u00eda metido dos finos pa\u00f1uelos de mujer bajo el cuello del uniforme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estos uniformes son demasiado pesados para el tr\u00f3pico \u2013dijo el explorador, en vez de hacer alguna pregunta sobre el aparato, como hubiera deseado el oficial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En efecto \u2014dijo \u00e9ste, y se lav\u00f3 las manos sucias de aceite y de grasa en un balde que all\u00ed hab\u00eda\u2014; pero para nosotros son s\u00edmbolos de la patria; no queremos olvidarnos de nuestra patria. Y ahora f\u00edjese en este aparato \u2014prosigui\u00f3 inmediatamente, sec\u00e1ndose las manos con una toalla y mostrando al mismo tiempo el aparato\u2014. Hasta ahora intervine yo, pero de aqu\u00ed en adelante el aparato funciona<br \/>\nabsolutamente solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador asinti\u00f3 y sigui\u00f3 al oficial. Este quer\u00eda cubrir todas las contingencias y por eso dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Naturalmente, a veces hay inconvenientes; espero que no los haya hoy, pero siempre se debe contar con esa posibilidad. El aparato deber\u00eda funcionar ininterrumpidamente durante doce horas. Pero cuando hay entorpecimientos son, sin embargo, desde\u00f1ables y se los soluciona r\u00e1pidamente. \u00bfNo quiere sentarse? \u2014pregunt\u00f3 luego, sacando una silla de mimbre de un mont\u00f3n de sillas semejantes y ofreci\u00e9ndola al explorador; \u00e9ste no pod\u00eda rechazarla. Se sent\u00f3 entonces, al borde de un hoyo destinado a la sepultura, hacia el cual dirigi\u00f3 una r\u00e1pida mirada. No era muy profundo. A un lado del hoyo estaba la tierra removida, dispuesta en forma de parapeto; del otro lado estaba el aparato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9 \u2014dijo el oficial\u2014 si el comandante le ha explicado ya el aparato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador hizo un adem\u00e1n incierto; el oficial no deseaba nada mejor, porque as\u00ed pod\u00eda explicarle personalmente el funcionamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Este aparato \u2014dijo, tom\u00e1ndose de una manivela y apoy\u00e1ndose sobre ella\u2014 es un invento de nuestro antiguo comandante. Yo asist\u00ed a los primer\u00edsimos experimentos y tom\u00e9 parte en todos los trabajos, hasta su terminaci\u00f3n. Pero el m\u00e9rito del descubrimiento s\u00f3lo le corresponde a \u00e9l. \u00bfNo ha o\u00eddo hablar usted de nuestro antiguo comandante? \u00bfNo? Bueno, no exagero si le digo que casi toda la organizaci\u00f3n de la colonia penitenciaria es obra suya. Nosotros, sus amigos, sab\u00edamos aun antes de su muerte que la organizaci\u00f3n de la colonia era un todo tan perfecto que su sucesor, aunque tuviera mil nuevos proyectos en la cabeza, por lo menos durante muchos a\u00f1os no podr\u00eda cambiar nada. Y nuestra profec\u00eda se cumpli\u00f3; el nuevo comandante se vio obligado a admitirlo. L\u00e1stima que usted no haya conocido a nuestro antiguo comandante. Pero \u2014el oficial se interrumpi\u00f3\u2014 estoy divagando, y aqu\u00ed est\u00e1 el aparato. Como usted ve, consta de tres partes. Con el correr del tiempo se generaliz\u00f3 la costumbre de designar a cada una de estas partes mediante una especie de sobrenombre popular. La inferior se<br \/>\nllama la Cama; la de arriba, el Dise\u00f1ador, y esta del medio, la Rastra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLa Rastra? \u2014pregunt\u00f3 el explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hab\u00eda escuchado con mucha atenci\u00f3n; el sol ca\u00eda con demasiada fuerza en ese valle sin sombras; apenas pod\u00eda uno concentrar los pensamientos. Por eso mismo le parec\u00eda m\u00e1s admirable ese oficial, que a pesar de su chaqueta de gala, ajustada, cargada de charreteras y de adornos, prosegu\u00eda con tanto entusiasmo sus explicaciones y, adem\u00e1s, mientras hablaba, ajustaba aqu\u00ed y all\u00e1 alg\u00fan tornillo con un destornillador. En una situaci\u00f3n semejante a la del explorador parec\u00eda encontrarse el soldado. Se hab\u00eda enrollado la cadena del condenado en torno de las mu\u00f1ecas; apoyado con una mano en el fusil, cabizbajo, no se preocupaba por nada de lo que ocurr\u00eda. Esto no sorprendi\u00f3 al explorador,  ya que el oficial hablaba en franc\u00e9s, y ni el soldado ni el condenado entend\u00edan el franc\u00e9s. Por eso mismo era m\u00e1s curioso que el condenado se esforzara por seguir las explicaciones del oficial. Con una especie de so\u00f1olienta insistencia, dirig\u00eda la mirada hacia donde el oficial se\u00f1alaba, y cada vez que el explorador hac\u00eda una pregunta, tambi\u00e9n \u00e9l, como el oficial, lo miraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, la Rastra \u2014dijo el oficial\u2014; un nombre bien adecuado. Las agujas est\u00e1n colocadas en ella como los dientes de una rastra, y el conjunto funciona, adem\u00e1s, como una rastra, aunque s\u00f3lo en un lugar determinado y con mucho m\u00e1s arte. De todos modos, ya lo comprender\u00e1 mejor cuando se lo explique. Aqu\u00ed, sobre la Cama, se coloca al condenado. Primero le describir\u00e9 el aparato, y despu\u00e9s lo pondr\u00e9 en movimiento. As\u00ed podr\u00e1 entenderlo mejor. Adem\u00e1s, uno de los engranajes del Dise\u00f1ador est\u00e1 muy gastado; chirr\u00eda mucho cuando funciona, y apenas se entiende lo que uno habla; por desgracia,  aqu\u00ed es muy dif\u00edcil conseguir piezas de repuesto. Bueno, \u00e9sta es la Cama, como dec\u00edamos. Est\u00e1 totalmente cubierta con una capa de algod\u00f3n en rama; pronto sabr\u00e1 usted por qu\u00e9. Sobre este algod\u00f3n se coloca al condenado, boca abajo, naturalmente desnudo; aqu\u00ed hay correas para sujetarle las manos, aqu\u00ed para los pies, y aqu\u00ed para el cuello. Aqu\u00ed, en la cabecera de la Cama (donde el individuo, como ya le dije, es colocado primeramente boca abajo), esta peque\u00f1a mordaza de fieltro, que puede ser<br \/>\nf\u00e1cilmente regulada, de modo que entre directamente en la boca del hombre. Tiene la finalidad de impedir que grite o se muerda la lengua. Naturalmente, el hombre no puede alejar la boca del fieltro,  porque si no la correa del cuello le quebrar\u00eda las v\u00e9rtebras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEsto es algod\u00f3n? \u2014pregunt\u00f3 el explorador, y se agach\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 S\u00ed, claro \u2014dijo el oficial, riendo\u2014; t\u00f3quelo usted mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cogi\u00f3 la mano del explorador y se la hizo pasar por la Cama.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Es un algod\u00f3n especialmente preparado, por eso resulta tan irreconocible; ya le hablar\u00e9 de su finalidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador comenzaba a interesarse un poco por el aparato; protegi\u00e9ndose los ojos con la mano, a causa del sol, contempl\u00f3 el conjunto. Era una construcci\u00f3n elevada. La Cama y el Dise\u00f1ador ten\u00edan igual tama\u00f1o y parec\u00edan dos oscuros cajones de madera. El Dise\u00f1ador se elevaba unos dos metros sobre la Cama; los dos estaban unidos entre s\u00ed; en los \u00e1ngulos, por cuatro barras de bronce, que casi resplandec\u00edan al sol. Entre los cajones oscilaba, sobre una cinta de acero, la Rastra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial no hab\u00eda advertido la anterior indiferencia del explorador, pero s\u00ed not\u00f3 su inter\u00e9s naciente; por lo tanto, interrumpi\u00f3 las explicaciones, para que su interlocutor pudiera dedicarse sin inconveniente al examen de los dispositivos. El condenado imit\u00f3 al explorador; como no pod\u00eda cubrirse los ojos con la mano, miraba hacia arriba, parpadeando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces, aqu\u00ed se coloca al hombre \u2014dijo el explorador, ech\u00e1ndose hacia atr\u00e1s en su silla y cruzando las piernas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo el oficial, corri\u00e9ndose la gorra un poco hacia atr\u00e1s y pas\u00e1ndose la mano por el rostro acalorado\u2014, y ahora escuche. Tanto la Cama como el Dise\u00f1ador tienen bater\u00edas el\u00e9ctricas propias; la Cama la requiere para s\u00ed; el Dise\u00f1ador, para la Rastra. En cuanto el hombre est\u00e1 bien asegurado con las correas, la Cama es puesta en movimiento. Oscila con vibraciones diminutas y muy r\u00e1pidas, tanto lateralmente como verticalmente. Usted habr\u00e1 visto aparatos similares en los hospitales; pero en nuestra Cama todos los movimientos est\u00e1n exactamente calculados; en efecto, deben estar minuciosamente sincronizados con los movimientos de la Rastra. Sin embargo, la verdadera ejecuci\u00f3n de la sentencia corresponde a la Rastra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo es la sentencia? \u2014pregunt\u00f3 el explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTampoco sabe eso? \u2013dijo el oficial, asombrado, y se mordi\u00f3 los labios\u2013. Perd\u00f3neme si mis explicaciones son tal vez un poco desordenadas: le ruego realmente que me disculpe. En otros tiempos, correspond\u00eda en realidad al comandante dar las explicaciones; pero el nuevo comandante rehuye ese honroso deber; de todos modos, el hecho de que a una visita de semejante importancia \u2014y aqu\u00ed el explorador trat\u00f3 de restar importancia al elogio con un adem\u00e1n de las manos, pero el oficial insisti\u00f3\u2014, a una visita de semejante importancia ni siquiera se la ponga en conocimiento del car\u00e1cter de nuestras sentencias, constituye tambi\u00e9n una ins\u00f3lita novedad, que&#8230; \u2014y con una maldici\u00f3n al borde de los labios se contuvo y prosigui\u00f3\u2014. &#8230; Yo no sab\u00eda nada; la culpa no es m\u00eda. De todos modos, yo soy la persona m\u00e1s capacitada para explicar nuestros procedimientos, ya que tengo en mi poder \u2014y se palme\u00f3 el bolsillo superior\u2014 los respectivos dise\u00f1os preparados por la propia mano de nuestro antiguo comandante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLos dise\u00f1os del comandante mismo? \u2014pregunt\u00f3 el explorador\u2014. \u00bfReun\u00eda entonces todas las cualidades? \u00bfEra soldado, juez, constructor, qu\u00edmico y dibujante?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Efectivamente \u2013dijo el oficial, asintiendo con una mirada impenetrable y lejana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego se examin\u00f3 las manos; no le parec\u00edan suficientemente limpias para tocar los dise\u00f1os; por lo tanto, se dirigi\u00f3 hacia el balde y se las lav\u00f3 nuevamente. Luego sac\u00f3 un peque\u00f1o portafolios de cuero y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nuestra sentencia no es aparentemente severa. Consiste en escribir sobre el cuerpo del condenado, mediante la Rastra, la disposici\u00f3n que \u00e9l mismo ha violado. Por ejemplo, las palabras inscritas sobre el cuerpo de este condenado \u2014y el oficial se\u00f1al\u00f3 al individuo\u2014 ser\u00e1n: <em>Honra a tus superiores<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador mir\u00f3 r\u00e1pidamente al hombre; en el momento en que el oficial lo se\u00f1alaba, estaba cabizbajo y parec\u00eda prestar toda la atenci\u00f3n de que sus o\u00eddos eran capaces para tratar de entender algo. Pero los movimientos de sus labios gruesos y apretados demostraban evidentemente que no entend\u00eda nada. El explorador hubiera querido formular diversas preguntas, pero al ver al individuo s\u00f3lo inquiri\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfConoce \u00e9l su sentencia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014dijo el oficial, tratando de proseguir inmediatamente con sus explicaciones; pero el explorador lo interrumpi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo conoce su sentencia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014repiti\u00f3 el oficial, callando un instante como para permitir que el explorador ampliara su pregunta\u2014. Ser\u00eda in\u00fatil anunci\u00e1rsela. Ya la sabr\u00e1 en carne propia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador no quer\u00eda preguntar m\u00e1s; pero sent\u00eda la mirada del condenado fija en \u00e9l, como inquiri\u00e9ndole si aprobaba el procedimiento descrito. En consecuencia, aunque se hab\u00eda repantigado en la silla, volvi\u00f3 a inclinarse hacia adelante y sigui\u00f3 preguntando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero, por lo menos, \u00bfsabe que ha sido condenado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tampoco \u2014dijo el oficial, sonriendo como si esperara que le hiciera otra pregunta extraordinaria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014dijo el explorador, y se pas\u00f3 la mano por la frente\u2014; entonces, \u00bfel individuo tampoco sabe c\u00f3mo fue conducida su defensa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se le dio ninguna oportunidad de defenderse \u2013dijo el oficial, y volvi\u00f3 la mirada, como hablando consigo mismo, para evitar al explorador la verg\u00fcenza de o\u00edr una explicaci\u00f3n de cosas tan evidentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero debe de haber tenido alguna oportunidad de defenderse \u2014dijo el explorador, y se levant\u00f3 de su asiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial comprendi\u00f3 que corr\u00eda el peligro de ver demorada indefinidamente la descripci\u00f3n del<br \/>\naparato; por lo tanto, se acerc\u00f3 al explorador, lo tom\u00f3 por el brazo y se\u00f1al\u00f3 con la mano al condenado, que al ver tan evidentemente que toda la atenci\u00f3n se dirig\u00eda hacia \u00e9l, se puso en posici\u00f3n de firme, mientras el soldado daba un tir\u00f3n a la cadena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Le explicar\u00e9 c\u00f3mo se desarrolla el proceso \u2013dijo el oficial\u2013. Yo he sido designado juez de la colonia penitenciaria. A pesar de mi juventud. Porque yo era el consejero del antiguo comandante en todas las cuestiones penales y, adem\u00e1s, conozco el aparato mejor que nadie. Mi principio fundamental es \u00e9ste: La culpa es siempre indudable. Tal vez otros juzgados no siguen este principio fundamental, pero son multipersonales y, adem\u00e1s, dependen de otras c\u00e1maras superiores. Este no es nuestro caso o, por lo menos, no lo era en la \u00e9poca de nuestro antiguo comandante. El nuevo ha demostrado, sin embargo, cierto deseo de inmiscuirse en mis juicios; pero hasta ahora he logrado mantenerlo a cierta distancia y espero seguir logr\u00e1ndolo. Usted desea que le explique este caso particular; es muy simple, como todos los dem\u00e1s. Un capit\u00e1n present\u00f3 esta ma\u00f1ana la acusaci\u00f3n de que este individuo, que ha sido designado criado suyo y que duerme frente a su puerta, se hab\u00eda dormido durante la guardia. En efecto, tiene la obligaci\u00f3n de levantarse al sonar cada hora y hacer la venia ante la puerta del capit\u00e1n. Como se ve, no es una obligaci\u00f3n excesiva, y s\u00ed muy necesaria, porque as\u00ed se mantiene alerta en sus funciones, tanto de centinela como de criado. Anoche el capit\u00e1n quiso comprobar si su criado cumpl\u00eda con su deber. Abri\u00f3 la puerta exactamente a las dos y lo encontr\u00f3 dormido en el suelo. Cogi\u00f3 la fusta y le cruz\u00f3 la cara. En vez de levantarse y suplicar perd\u00f3n, el individuo aferr\u00f3 a su superior por las piernas, lo sacudi\u00f3 y exclam\u00f3: \u00abArroja ese l\u00e1tigo, o te como vivo.\u00bb Estas son las pruebas. El capit\u00e1n vino a verme hace una hora; tom\u00e9 nota de su declaraci\u00f3n y dicte inmediatamente la sentencia. Luego hice encadenar al culpable. Todo esto fue muy simple. Si primeramente lo hubiera hecho llamar y lo hubiera interrogado, s\u00f3lo habr\u00edan surgido confusiones. Habr\u00eda mentido, y si yo hubiera querido desmentirlo, habr\u00eda reforzado sus mentiras con nuevas mentiras, y as\u00ed sucesivamente. En cambio, as\u00ed lo tengo en mi poder, y no se escapar\u00e1. \u00bfEst\u00e1 todo aclarado? Pero el tiempo pasa; ya deber\u00eda comenzar la ejecuci\u00f3n, y todav\u00eda no termin\u00e9 de explicarle el aparato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Oblig\u00f3 al explorador a que se sentara nuevamente, se acerc\u00f3 otra vez al aparato y comenz\u00f3;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como usted ve, la forma de la Rastra corresponde a la forma del cuerpo humano; aqu\u00ed est\u00e1 la parte del torso; aqu\u00ed est\u00e1n las rastras para las piernas. Para la cabeza s\u00f3lo hay esta agujita. \u00bfLe resulta claro?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se inclin\u00f3 amistosamente ante el explorador, dispuesto a dar las m\u00e1s amplias explicaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador, con el ce\u00f1o fruncido, consider\u00f3 la Rastra. La descripci\u00f3n de los procedimientos judiciales no lo hab\u00eda satisfecho. Constantemente deb\u00eda hacer un esfuerzo ara no olvidar que se trataba de una colonia penitenciaria, que requer\u00eda medidas extraordinarias de seguridad, y donde la disciplina deb\u00eda ser exagerada hasta el extremo. Pero, por otra parte, fundaba ciertas esperanzas en el nuevo comandante, que evidentemente proyectaba introducir, aunque poco a poco, un nuevo sistema de procedimientos; procedimientos que la estrecha mentalidad de este oficial no pod\u00eda comprender. Estos pensamientos le hicieron preguntar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEl comandante asistir\u00e1 a la ejecuci\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No es seguro \u2014dijo el oficial, dolorosamente impresionado por una pregunta tan directa, mientras su expresi\u00f3n amistosa se desvanec\u00eda\u2013. Por eso mismo debemos darnos prisa. En consecuencia, aunque lo siento much\u00edsimo, me ver\u00e9 obligado a simplificar mis explicaciones. Pero ma\u00f1ana, cuando hayan limpiado nuevamente el aparato (su \u00fanica falla consiste en que se ensucia mucho), podr\u00e9 seguir explay\u00e1ndome con m\u00e1s detalles. Reduzc\u00e1monos entonces, por ahora, a lo m\u00e1s indispensable. Una vez que el hombre est\u00e1 acostado en la Cama y \u00e9sta comienza la vibrar, la Rastra desciende sobre su cuerpo. Se regula autom\u00e1ticamente, de modo que apenas roza el cuerpo con la punta de las agujas; en cuanto se establece el contacto, la cinta de acero se convierte inmediatamente en una barra r\u00edgida. Y entonces empieza la funci\u00f3n. Una persona que no est\u00e9 al tanto no advierte ninguna diferencia entre un castigo y otro. La Rastra parece trabajar uniformemente. Al vibrar, rasga con la punta de las agujas la superficie del cuerpo, estremecido a su vez por la Cama. Para permitir la observaci\u00f3n del desarrollo de la sentencia, la Rastra ha sido construida de vidrio. La fijaci\u00f3n de las agujas en el vidrio origin\u00f3 algunas dificultades t\u00e9cnicas, pero despu\u00e9s de diversos experimentos solucionamos el problema. Le dir\u00e9 que no hemos escatimado esfuerzos. Y ahora cualquiera puede observar, a trav\u00e9s del vidrio, c\u00f3mo va tomando forma la inscripci\u00f3n sobre el cuerpo. \u00bfNo quiere acercarse y ver las agujas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador se levant\u00f3 lentamente, se acerc\u00f3 y se inclin\u00f3 sobre la Rastra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como usted ve \u2013dijo el oficial\u2013, hay dos clases de agujas, dispuestas de diferente modo. Cada aguja larga va acompa\u00f1ada por una m\u00e1s corta. La larga se reduce a escribir, y la corta arroja agua para lavar la sangre y mantener legible la inscripci\u00f3n. La mezcla de agua y sangre corre luego por peque\u00f1os canal\u00edculos y finalmente desemboca en este canal principal, para verterse en el hoyo, a trav\u00e9s de un ca\u00f1o de desag\u00fce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial mostraba con el dedo el camino exacto que segu\u00eda la mezcla de agua y sangre. Mientras \u00e9l, para hacer lo m\u00e1s gr\u00e1fico posible la imagen, formaba un cuenco con ambas manos en la desembocadura del ca\u00f1o de salida, el explorador alz\u00f3 la cabeza y trat\u00f3 de volver a su asiento, tanteando detr\u00e1s de s\u00ed con la mano. Vio entonces con horror que tambi\u00e9n el condenado hab\u00eda obedecido la invitaci\u00f3n del oficial para ver m\u00e1s de cerca la disposici\u00f3n de la Rastra. Con la cadena hab\u00eda arrastrado un poco al soldado adormecido y ahora se inclinaba sobre el vidrio. Se ve\u00eda c\u00f3mo su mirada insegura trataba de percibir lo que los dos se\u00f1ores acababan de observar y c\u00f3mo, falt\u00e1ndole la explicaci\u00f3n, no comprend\u00eda nada. Se agachaba aqu\u00ed y all\u00e1. Sin cesar su mirada recorr\u00eda el vidrio. El explorador trat\u00f3 de alejarlo, porque lo que hac\u00eda era probablemente punible. Pero el oficial lo retuvo con una mano, con la otra cogi\u00f3 del parapeto un terr\u00f3n y lo arroj\u00f3 al soldado. Este se sobresalt\u00f3, abri\u00f3 los ojos, comprob\u00f3 el atrevimiento del condenado, dej\u00f3 caer el rifle, hundi\u00f3 los talones en el suelo, arrastr\u00f3 de un tir\u00f3n al condenado, que inmediatamente cay\u00f3 al suelo, y luego se qued\u00f3 mirando c\u00f3mo se debat\u00eda y hac\u00eda sonar las cadenas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1P\u00f3ngalo de pie! \u2014grit\u00f3 el oficial, porque advirti\u00f3 que el condenado distra\u00eda demasiado al explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En efecto, \u00e9ste se hab\u00eda inclinado sobre la Rastra, sin preocuparse mayormente por su funcionamiento, y s\u00f3lo quer\u00eda saber qu\u00e9 ocurr\u00eda con el condenado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Tr\u00e1telo con cuidado! \u2014volvi\u00f3 a gritar el oficial. Luego corri\u00f3 en torno del aparato, cogi\u00f3 personalmente al condenado bajo las axilas y, aunque \u00e9ste se resbalaba constantemente, con la ayuda del soldado lo puso de pie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya estoy al tanto de todo \u2014dijo el explorador cuando el oficial volvi\u00f3 a su lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Menos de lo m\u00e1s importante \u2014dijo \u00e9ste, tom\u00e1ndolo por el brazo y se\u00f1alando hacia lo alto\u2014. All\u00e1 arriba, en el Dise\u00f1ador, est\u00e1 el engranaje que pone en movimiento la Rastra; dicho engranaje es regulado de acuerdo a la inscripci\u00f3n que corresponde a la sentencia. Todav\u00eda utilizo los dise\u00f1os del antiguo comandante. Aqu\u00ed est\u00e1n \u2013y sac\u00f3 algunas hojas del portafolios de cuero\u2013; pero por desgracia no puedo d\u00e1rselos para que los examine; son mi m\u00e1s preciosa posesi\u00f3n. Si\u00e9ntese; yo se los mostrar\u00e9 desde aqu\u00ed, y usted podr\u00e1 ver todo perfectamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mostr\u00f3 la primera hoja. El explorador hubiera querido hacer alguna observaci\u00f3n pertinente, pero s\u00f3lo vio l\u00edneas que se cruzaban repetida y laber\u00ednticamente y que cubr\u00edan en tal forma el papel que apenas pod\u00edan verse los espacios en blanco que las separaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lea \u2014dijo el oficial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puedo \u2013dijo el explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sin embargo, est\u00e1 claro \u2014dijo el oficial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es muy ingenioso \u2014dijo el explorador evasivamente\u2014; pero no puedo descifrarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo el oficial, riendo y guardando nuevamente el plano\u2014, no es justamente caligraf\u00eda para escolares. Hay que estudiarlo largamente. Tambi\u00e9n usted terminar\u00eda por entenderlo; estoy seguro. Naturalmente, no puede ser una inscripci\u00f3n simple; su fin no es provocar directamente la muerte, sino despu\u00e9s de un lapso de doce horas t\u00e9rmino medio; se calcula que el momento cr\u00edtico tiene lugar a la sexta hora. Por lo tanto, muchos, much\u00edsimos adornos, rodean la verdadera inscripci\u00f3n; \u00e9sta s\u00f3lo ocupa una estrecha faja en torno del cuerpo; el resto se reserva a los embellecimientos. \u00bfEst\u00e1 ahora en condiciones de apreciar la labor de la Rastra y de todo el aparato? \u00a1F\u00edjese! \u2014y subi\u00f3 de un salto la escalera e hizo girar una rueda\u2014 \u00a1Atenci\u00f3n, h\u00e1gase a un lado!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El conjunto comenz\u00f3 a funcionar. Si la rueda no hubiera chirriado, habr\u00eda sido maravilloso. Como si el ruido de la rueda lo hubiera sorprendido, el oficial la amenazo con el pu\u00f1o, luego abri\u00f3 los brazos, como disculp\u00e1ndose ante el explorador, y descendi\u00f3 r\u00e1pidamente, para observar desde abajo el funcionamiento del aparato. Todav\u00eda hab\u00eda algo que no andaba y que s\u00f3lo \u00e9l percib\u00eda; volvi\u00f3 a subir, busc\u00f3 algo con ambas manos en el interior del Dise\u00f1ador, se dej\u00f3 deslizar por una de las barras, en vez de utilizar la escalera, para bajar m\u00e1s r\u00e1pidamente, y exclam\u00f3 con toda su voz en el o\u00eddo del explorador, para hacerse o\u00edr en medio del estr\u00e9pito:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfComprende el funcionamiento? La Rastra comienza a escribir; cuando termina el primer borrador de la inscripci\u00f3n en el dorso del individuo, la capa del algod\u00f3n gira y hace girar el cuerpo lentamente, sobre un costado, para dar m\u00e1s lugar a la Rastra. Al mismo tiempo, las partes ya escritas apoyan sobre el algod\u00f3n, que gracias a su preparaci\u00f3n especial contiene la emisi\u00f3n de sangre y prepara<br \/>\nla superficie para seguir profundizando la inscripci\u00f3n. Luego, a medida que el cuerpo sigue girando, estos dientes del borde de la Rastra arrancan el algod\u00f3n de las heridas, lo arrojan al hoyo, y la Rastra puede proseguir su labor. As\u00ed sigue inscribiendo, cada vez m\u00e1s hondo, durante las doce horas. Durante las primeras seis horas, el condenado se mantiene casi tan vivo como al principio, s\u00f3lo sufre dolores. Despu\u00e9s de dos horas, se le quita la mordaza de fieltro, porque ya no tiene fuerzas para gritar. Aqu\u00ed, en este recipiente calentado el\u00e9ctricamente, junto a la cabecera de la Cama, se vierte pulpa caliente de arroz, para que el hombre se alimente, si as\u00ed lo desea, lami\u00e9ndola con la lengua. Ninguno desde\u00f1a esta oportunidad. No s\u00e9 de ninguno, y mi experiencia es vasta. S\u00f3lo despu\u00e9s de seis horas desaparece todo deseo de comer. Generalmente me arrodillo aqu\u00ed, en ese momento, y observo el fen\u00f3meno. El hombre no traga casi nunca el \u00faltimo bocado, s\u00f3lo lo hace girar en la boca, y lo escupe en el hoyo. Entonces tengo que agacharme, porque si no me escupir\u00eda en la cara. \u00a1Qu\u00e9 tranquilo se queda el hombre despu\u00e9s de la sexta hora! Hasta el m\u00e1s est\u00f3lido comienza a comprender. La comprensi\u00f3n se inicia en torno de los ojos. Desde all\u00ed se expande. En ese momento uno desear\u00eda colocarse con \u00e9l bajo la Rastra. Ya no ocurre nada m\u00e1s; el hombre comienza solamente a descifrar la inscripci\u00f3n, estira los labios hacia afuera, como si escuchara. Usted ya ha visto que no es f\u00e1cil descifrar la inscripci\u00f3n con los ojos; pero nuestro hombre la descifra con sus heridas. Realmente cuesta mucho trabajo; necesita seis horas por lo menos. Pero ya la Rastra lo ha atravesado completamente y lo arroja en el hoyo, donde cae en medio de la sangre y el agua y el algod\u00f3n. La sentencia se ha cumplido, y nosotros, yo y el soldado, lo enterramos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador hab\u00eda inclinado el o\u00eddo hacia el oficial y, con las manos en los bolsillos de la chaqueta, contemplaba el funcionamiento de la m\u00e1quina. Tambi\u00e9n el condenado lo contemplaba, pero sin comprender. Un poco agachado, segu\u00eda el movimiento de las agujas oscilantes; mientras tanto el soldado, ante una se\u00f1al del oficial, le cort\u00f3 con un cuchillo la camisa y los pantalones, por la parte de atr\u00e1s, de modo que estos \u00faltimos cayeron al suelo; el individuo trato de retener las lupas que se le ca\u00edan, para cubrir su desnudez; pero el soldado lo alz\u00f3 en el aire y, sacudi\u00e9ndolo, hizo caer los \u00faltimos jirones de vestimenta. El oficial detuvo la m\u00e1quina, y en medio del repentino silencio el condenado fue colocado bajo la Rastra. Le desataron las cadenas, y en su lugar lo sujetaron con las correas; en el primer instante, esto pareci\u00f3 significar casi un alivio para el condenado. Luego hicieron descender un poco m\u00e1s la Rastra, porque era un hombre delgado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando las puntas lo rozaron, un estremecimiento recorri\u00f3 su piel; mientras el soldado le ligaba la mano derecha, el condenado lanz\u00f3 hacia afuera la izquierda, sin saber hacia d\u00f3nde, pero en direcci\u00f3n del explorador. El oficial observaba constantemente a este \u00faltimo, de reojo, como si quisiera leer en su cara la impresi\u00f3n que le causaba la ejecuci\u00f3n que por lo menos superficialmente acababa de explicarle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La correa destinada a la mano izquierda se rompi\u00f3; probablemente, el soldado la hab\u00eda estirado demasiado. El oficial tuvo que intervenir, y el soldado le mostr\u00f3 el trozo roto de correa. Entonces el oficial se le acerc\u00f3 y, con el rostro vuelto hacia el explorador, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esta m\u00e1quina es muy compleja; a cada momento se rompe o se descompone alguna cosa; pero uno no debe permitir que estas circunstancias influyan en el juicio de conjunto. De todos modos, las correas son f\u00e1cilmente sustituibles; usar\u00e9 una cadena; es claro que la delicadeza de las vibraciones del brazo derecho sufrir\u00e1 un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y mientras sujetaba la cadena agreg\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los recursos destinados a la conservaci\u00f3n de la m\u00e1quina son ahora sumamente reducidos. Cuando estaba el antiguo comandante, yo ten\u00eda a mi disposici\u00f3n una suma de dinero con esa \u00fanica finalidad. Hab\u00eda aqu\u00ed un dep\u00f3sito, donde se guardaban piezas de repuesto de todas clases. Confieso que he sido bastante pr\u00f3digo con ellas, me refiero a antes, no ahora, como insin\u00faa el nuevo comandante, para quien todo es un motivo de ataque contra el antiguo orden. Ahora se ha hecho cargo personalmente del dinero destinado a la m\u00e1quina, y si le mando pedir una nueva correa, me piden, como prueba, la correa rota; la nueva llega por lo menos diez d\u00edas despu\u00e9s y, adem\u00e1s, es de mala<br \/>\ncalidad y no sirve de mucho. C\u00f3mo puede funcionar mientras tanto la m\u00e1quina sin correas, eso no le preocupa a nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador pens\u00f3: <em>Siempre hay que reflexionar un poco antes de intervenir decisivamente en los asuntos de los dem\u00e1s.<\/em> \u00c9l no era miembro de la colonia penitenciaria ni ciudadano del pa\u00eds al que \u00e9sta pertenec\u00eda. Si pretend\u00eda emitir juicios sobre la ejecuci\u00f3n o trataba directamente de obstaculizarla, pod\u00edan decirle: \u00abEres un extranjero, no te metas.\u00bb Ante esto no pod\u00eda contestar nada, s\u00f3lo agregar que realmente no comprend\u00eda su propia actitud, ya que viajaba con la mera intenci\u00f3n de observar, y de ning\u00fan modo pretend\u00eda modificar los m\u00e9todos judiciales de los dem\u00e1s. Pero aqu\u00ed se encontraba con cosas que realmente lo tentaban a quebrar su resoluci\u00f3n de no inmiscuirse. La injusticia del procedimiento y la inhumanidad de la ejecuci\u00f3n eran indudables. Nadie pod\u00eda suponer que el explorador ten\u00eda alg\u00fan inter\u00e9s personal en el asunto, porque el condenado era para \u00e9l un desconocido, no era compatriota suyo, y ni siquiera era capaz de inspirar compasi\u00f3n. El explorador hab\u00eda sido recibido con gran cortes\u00eda, y el hecho de que lo hubieran invitado a la ejecuci\u00f3n pod\u00eda justamente significar que se deseaba conocer su opini\u00f3n sobre el asunto. Esto parec\u00eda bastante probable, porque el comandante, como bien claramente acababan de expresarle, no era partidario de estos procedimientos, y su actitud ante el oficial era casi hostil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El En ese momento oy\u00f3 el explorador un grito airado del oficial. Acababa de colocar, no sin gran esfuerzo, la mordaza de fieltro dentro de la boca del condenado, cuando este \u00faltimo, con una n\u00e1usea irresistible, cerr\u00f3 los ojos y vomit\u00f3. R\u00e1pidamente el oficial le alz\u00f3 la cabeza, alej\u00e1ndola de la mordaza y tratando de dirigirla hacia el hoyo; pero era demasiado tarde, y el v\u00f3mito se derram\u00f3 sobre la m\u00e1quina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Todo esto es culpa del comandante! \u2014grit\u00f3 el oficial, sacudiendo insensatamente la barra de cobre que ten\u00eda enfrente\u2014. Me dejar\u00e1n la m\u00e1quina m\u00e1s sucias que una pocilga \u2014y con manos temblorosas mostr\u00f3 al explorador lo que hab\u00eda ocurrido\u2014. Durante horas he tratado de hacerle comprender al comandante que el condenado debe ayunar un d\u00eda entero antes de la ejecuci\u00f3n. Pero nuestra nueva doctrina compasiva no lo quiere as\u00ed. Las se\u00f1oras del comandante visitan al condenado y le atiborran la garganta de dulces. Durante toda la vida se aliment\u00f3 de peces hediondos, y ahora necesita comer dulces. Pero, en fin, podr\u00edamos pasarlo por alto; yo no protestar\u00eda, pero \u00bfpor qu\u00e9 no quieren conseguirme una nueva mordaza de fieltro, ya que hace tres meses que la pido? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda meterse en la boca, sin asco, una mordaza que m\u00e1s de cien moribundos han chupado y mordido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El condenado hab\u00eda dejado caer la cabeza y parec\u00eda tranquilo; mientras tanto, el soldado limpiaba la m\u00e1quina con la camisa del otro. El oficial se dirigi\u00f3 hacia el explorador, que tal vez por un presentimiento retrocedi\u00f3 un paso, pero el oficial lo cogi\u00f3 por la mano y lo llev\u00f3 aparte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Quisiera hablar confidencialmente algunas palabras con usted \u2014dijo este \u00faltimo\u2014.\u00bfMe lo permite?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Naturalmente \u2014dijo el explorador, y escuch\u00f3 con la mirada baja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Este procedimiento judicial, y este m\u00e9todo de castigo, que usted tiene ahora oportunidad de admirar, no goza actualmente en nuestra colonia de ning\u00fan abierto partidario. Soy su \u00fanico sostenedor, y al mismo tiempo el \u00fanico sostenedor de la tradici\u00f3n del antiguo comandante. Ya ni podr\u00eda pensar en la menor ampliaci\u00f3n del procedimiento, y necesito emplear todas mis fuerzas para mantenerlo tal como es actualmente. En vida de nuestro antiguo comandante, la colonia estaba llena de partidarios; yo poseo en parte la fuerza de convicci\u00f3n del antiguo comandante, pero carezco totalmente de su poder; en consecuencia, los partidarios se ocultan; todav\u00eda hay muchos, pero ninguno lo confiesa. Si usted entra hoy, que es d\u00eda de ejecuci\u00f3n, en la confiter\u00eda, y escucha las conversaciones, tal vez s\u00f3lo oiga frases de sentido ambiguo. \u00c9sos son todos partidarios, pero, bajo el comandante actual, y con sus doctrinas actuales, no me sirven absolutamente de nada. Y ahora le pregunto: \u00bfle parece bien que por culpa de este comandante y sus se\u00f1oras, que influyen sobre \u00e9l, semejante obra de toda una vida \u2014y se\u00f1al\u00f3 la maquinaria\u2014 desaparezca? \u00bfPodemos permitirlo? Aun cuando uno sea un extranjero, y s\u00f3lo haya venido a pasar un par de d\u00edas en nuestra isla. Pero no podemos perder tiempo, porque tambi\u00e9n se prepara algo contra mis funciones judiciales; ya tienen lugar conferencias en la oficina del comandante,  de las que me veo excluido; hasta su visita de hoy, se\u00f1or, me parece formar parte de un plan; por cobard\u00eda lo utilizan a usted, un extranjero, como pantalla. \u00a1Qu\u00e9 diferente era en otros tiempos la ejecuci\u00f3n! Ya un d\u00eda antes de la ceremonia, el valle estaba completamente lleno de gente; todos ven\u00edan s\u00f3lo para ver; las fanfarrias despertaban a todo el campamento;  yo presentaba un informe de que todo estaba preparado; todo el estado mayor \u2013ning\u00fan alto oficial se atrev\u00eda a faltar\u2013 se ubicaba en torno de la m\u00e1quina; este mont\u00f3n de sillas de mimbre es un m\u00edsero resto de aquellos tiempos. La m\u00e1quina resplandec\u00eda, reci\u00e9n limpiada; antes de cada ejecuci\u00f3n me entregaban piezas nuevas de repuesto. Ante cientos de ojos \u2013todos los asistentes en puntas de pie, hasta en la cima de esas colinas\u2013, el condenado era colocado por el mismo comandante debajo de la Rastra. Lo que hoy corresponde a un simple soldado, era en esa \u00e9poca tarea m\u00eda, tarea del juez presidente del juzgado, y un gran honor para m\u00ed. Y entonces empezaba la ejecuci\u00f3n. Ning\u00fan ruido discordante afeaba el funcionamiento de la m\u00e1quina. Muchos ya no miraban; permanec\u00edan con los ojos cerrados, en la arena; todos sab\u00edan: \u00abAhora se hace justicia\u00bb. En ese silencio, s\u00f3lo se o\u00edan los suspiros del condenado, apenas apagados por el fieltro. Hoy la m\u00e1quina ya no es capaz de arrancar al condenado un suspiro tan fuerte que el fieltro no pueda apagarlo totalmente;  pero en ese entonces las agujas inscritoras vert\u00edan un l\u00edquido \u00e1cido, que hoy ya no nos permiten emplear. \u00a1Y llegaba la sexta hora! Era imposible satisfacer todos los pedidos formulados para contemplarla desde cerca. El comandante, muy sabiamente, hab\u00eda ordenado que los ni\u00f1os tendr\u00edan preferencia sobre todo el mundo; yo, por supuesto, gracias a mi cargo, ten\u00eda el privilegio de permanecer junto a la m\u00e1quina; a menudo estaba en cuclillas, con un ni\u00f1ito en cada brazo, a derecha e izquierda. \u00a1C\u00f3mo absorb\u00edamos todos esa expresi\u00f3n de transfiguraci\u00f3n que aparec\u00eda en el rostro martirizado, c\u00f3mo nos ba\u00f1\u00e1bamos las mejillas en el resplandor de esa justicia, por fin lograda y que tan pronto desaparecer\u00eda! \u00a1Qu\u00e9 tiempos, camarada!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El oficial hab\u00eda evidentemente olvidado qui\u00e9n era su interlocutor, lo hab\u00eda abrazado y apoyaba la cabeza sobre su hombro. El explorador se sent\u00eda grandemente desconcertado; inquieto, miraba hacia la lejan\u00eda. El soldado hab\u00eda terminado su limpieza y ahora vert\u00eda pulpa de arroz en el recipiente. Apenas lo advirti\u00f3 el condenado, que parec\u00eda haberse mejorado completamente, comenz\u00f3 a lamer la papilla con la lengua. El soldado trataba de alejarlo, porque la papilla era para m\u00e1s tarde, pero de todos modos tambi\u00e9n era incorrecto que el soldado metiera en el recipiente sus manos sucias y se dedicara a comer ante el \u00e1vido condenado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial recobr\u00f3 r\u00e1pidamente el dominio de s\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 No quise emocionarlo \u2014dijo\u2014, ya s\u00e9 que actualmente es imposible dar una idea de lo que eran esos tiempos. De todos modos, la m\u00e1quina todav\u00eda funciona, y se basta a s\u00ed misma. Se basta a s\u00ed misma, aunque se encuentra muy solitaria en este valle. Y al terminar, el cad\u00e1ver cae como anta\u00f1o dentro del hoyo, con un movimiento incomprensiblemente suave, aunque ya no se api\u00f1an las muchedumbres como moscas en torno de la sepultura, como en otros tiempos. Anta\u00f1o ten\u00edamos que colocar una s\u00f3lida baranda en torno de la sepultura, pero hace mucho que la arrancamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El explorador quer\u00eda ocultar su rostro al oficial y miraba en torno, al azar. El oficial cre\u00eda que contemplaba la desolaci\u00f3n del valle, le cogi\u00f3 por lo tanto las manos, se coloc\u00f3 frente a \u00e9l, para mirarlo a los ojos, y le pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSe da cuenta, qu\u00e9 verg\u00fcenza?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero el explorador call\u00f3. El oficial lo dej\u00f3 un momento entregado a sus pensamientos; con las manos en las caderas, las piernas abiertas, permaneci\u00f3 callado, cabizbajo. Luego sonri\u00f3 alentadoramente al explorador y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo estaba ayer cerca de usted, cuando el comandante lo invit\u00f3. O\u00ed la invitaci\u00f3n. Conozco al comandante. Inmediatamente comprend\u00ed el prop\u00f3sito de esta invitaci\u00f3n. Aunque su poder es suficientemente grande para tomar medidas contra m\u00ed, todav\u00eda no se atreve, pero ciertamente tiene la intenci\u00f3n de oponerme el veredicto de usted, el veredicto de un ilustre extranjero. Lo ha calculado perfectamente: hace dos d\u00edas que usted est\u00e1 en la isla, no conoci\u00f3 al antiguo comandante ni su manera de pensar, est\u00e1 habituado a los puntos de vista europeos, tal vez se opone fundamentalmente a la pena capital en general y a estos tipos de castigo mec\u00e1nico en particular; adem\u00e1s, comprueba que la ejecuci\u00f3n tiene lugar sin ning\u00fan apoyo popular, tristemente, mediante una m\u00e1quina ya un poco arruinada; considerando todo esto (as\u00ed piensa el comandante), \u00bfno ser\u00eda entonces muy probable que desaprobara mis m\u00e9todos? Y si los desaprobara, no ocultar\u00eda su desaprobaci\u00f3n (hablo siempre en nombre del comandante), porque conf\u00eda ampliamente en sus bien probadas conclusiones. Es verdad que usted ha visto las numerosas peculiaridades de numerosos pueblos, y ha aprendido a apreciarlas, y por lo tanto es probable que no se exprese con excesivo rigor contra el procedimiento, como lo har\u00eda en su propio pa\u00eds. Pero el comandante no necesita tanto. Una palabra cualquiera, hasta una observaci\u00f3n un poco imprudente, le bastar\u00eda. No hace ni siquiera falta que esa observaci\u00f3n exprese su opini\u00f3n, basta que aparentemente corrobore la intenci\u00f3n del comandante. Que \u00e9l tratar\u00e1 de sonsacarlo con preguntas astutas, de eso estoy seguro. Y sus se\u00f1oras estar\u00e1n sentadas en torno y alzar\u00e1n las orejas; tal vez usted diga: \u00abEn mi pa\u00eds el procedimiento judicial es distinto\u00bb, o \u00abEn mi pa\u00eds se permite al acusado defenderse antes de la sentencia\u00bb, o \u00abEn mi pa\u00eds hay otros castigos, adem\u00e1s de la pena de muerte\u00bb, o \u00abEn mi pa\u00eds s\u00f3lo existi\u00f3 la tortura en la Edad Media\u00bb. Todas \u00e9stas son observaciones correctas y que a usted le parecen evidentes, observaciones inocentes, que no pretenden juzgar mis procedimientos. Pero \u00bfc\u00f3mo las tomar\u00e1 el comandante? Ya lo veo al buen comandante, veo c\u00f3mo aparta su silla y sale r\u00e1pidamente al balc\u00f3n; veo a sus se\u00f1oras, que se precipitan tras \u00e9l como un torrente; oigo su voz (las se\u00f1oras la llaman una voz de trueno) que dice: \u00abUn famoso investigador europeo, enviado para estudiar el procedimiento judicial en todos los pa\u00edses del mundo, acaba de decir que nuestra antigua manera de administrar justicia es inhumana. Despu\u00e9s de o\u00edr el juicio de semejante personalidad, ya no me es posible seguir permitiendo este procedimiento. Por lo tanto, ordeno que desde el d\u00eda de hoy&#8230;\u00bb, y as\u00ed sucesivamente. Usted trata de interrumpirlo para explicar que no dijo lo que \u00e9l pretende, que no llam\u00f3 nunca inhumano mi procedimiento, que, en cambio, su profunda experiencia le demuestra que es el procedimiento m\u00e1s humano y acorde con la dignidad humana; que admira esta maquinaria&#8230;; pero ya es demasiado tarde; usted no puede asomarse al balc\u00f3n, que est\u00e1 lleno de damas; trata de llamar la atenci\u00f3n; trata de gritar; pero una mano de se\u00f1ora le tapa la boca&#8230;, y tanto yo como la obra del antiguo comandante estamos irremediablemente perdidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador tuvo que contener una sonrisa; tan f\u00e1cil era entonces la tarea que le hab\u00eda parecido tan dif\u00edcil. Dijo evasivamente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Usted exagera mi influencia; el comandante ley\u00f3 mis cartas de recomendaci\u00f3n y sabe que no soy ning\u00fan entendido en procedimientos judiciales. Si yo expresara una opini\u00f3n, ser\u00eda la opini\u00f3n de un particular, en nada m\u00e1s significativa que la opini\u00f3n de cualquier otra persona, y en todo caso mucho menos significativa que la opini\u00f3n del comandante, que, seg\u00fan creo, posee en esta colonia penitenciaria prerrogativas extens\u00edsimas. Si la opini\u00f3n de \u00e9l sobre este procedimiento es tan hostil como usted dice, entonces me temo que haya llegado la hora decisiva para el mismo, sin que se requiera mi humilde ayuda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfLo hab\u00eda comprendido ya el oficial? No, todav\u00eda no lo comprend\u00eda. Mene\u00f3 enf\u00e1ticamente la cabeza, volvi\u00f3 brevemente la mirada hacia el condenado y el soldado, que se alejaron por instinto del arroz; se acerc\u00f3 bastante al explorador, lo mir\u00f3 no a los ojos, sino a alg\u00fan sitio de la chaqueta, y le dijo m\u00e1s despacio que antes:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Usted no conoce al comandante; usted cree (perdone la expresi\u00f3n) que es una especie de extra\u00f1o para \u00e9l y para nosotros; sin embargo, cr\u00e9ame, su influjo no podr\u00eda ser sobreestimado. Fue una verdadera felicidad para m\u00ed saber que usted asistir\u00eda solo a la ejecuci\u00f3n. Esa orden del comandante deb\u00eda perjudicarme; pero yo sabr\u00e9 sacar ventaja de ella. Sin distracciones provocadas por falsos murmullos y por miradas desde\u00f1osas (imposibles de evitar si una gran multitud hubiera asistido a la ejecuci\u00f3n), usted ha o\u00eddo mis explicaciones, ha visto la m\u00e1quina y est\u00e1 ahora a punto de contemplar la ejecuci\u00f3n. Ya se ha formado indudablemente un juicio; si todav\u00eda no est\u00e1 seguro de alg\u00fan peque\u00f1o detalle, el desarrollo de la ejecuci\u00f3n disipar\u00e1 sus \u00faltimas dudas. Y ahora elevo ante usted esta s\u00faplica: ay\u00fademe contra el comandante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador no le permiti\u00f3 proseguir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1C\u00f3mo me pide usted eso \u2013exclam\u00f3\u2013, es totalmente imposible! No puedo ayudarlo en lo m\u00e1s<br \/>\nm\u00ednimo, as\u00ed como tampoco puedo perjudicarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puede \u2013dijo el oficial; con cierto temor, el explorador vio que el oficial contra\u00eda los pu\u00f1os\u2014. Puede \u2014repiti\u00f3 el oficial con m\u00e1s insistencia todav\u00eda\u2014. Tengo un plan que no fallar\u00e1. Usted cree que su influencia no es suficiente. Yo s\u00e9 que es suficiente. Pero suponiendo que usted tuviera raz\u00f3n, \u00bfno ser\u00eda de todos modos necesario tratar de utilizar toda clase de recursos, aunque dudemos de su eficacia, con tal de conservar el antiguo procedimiento? Por lo tanto, escuche usted mi plan. Ante todo es necesario para su \u00e9xito que hoy, cuando se encuentre usted en la colonia, sea lo m\u00e1s reticente posible en sus juicios sobre el procedimiento. A menos que le formulen una pregunta directa, no debe decir una palabra sobre el asunto; si lo hace, que sea con frases breves y ambiguas; debe dar a entender que no le agrada discutir ese tema, que ya est\u00e1 harto de \u00e9l, que si tuviera que decir algo, prorrumpir\u00eda francamente en maldiciones. No le pido que mienta; de ning\u00fan modo; s\u00f3lo debe contestar lac\u00f3nicamente, por ejemplo: \u00abS\u00ed, asist\u00ed a la ejecuci\u00f3n\u00bb, o \u00abS\u00ed, escuch\u00e9 todas las explicaciones\u00bb. S\u00f3lo eso; nada m\u00e1s. En cuanto al fastidio que usted pueda dar a entender, tiene motivos suficientes, aunque no sean tan evidentes para el comandante. Naturalmente, \u00e9ste comprender\u00e1 todo mal y lo interpretar\u00e1 a su manera. En eso se basa justamente mi plan. Ma\u00f1ana se realizar\u00e1 en la oficina del comandante,  presidida por \u00e9ste, una gran asamblea de todos los altos oficiales administrativos. El comandante, por supuesto, ha logrado convertir esas asambleas en un espect\u00e1culo p\u00fablico. Hizo construir una galer\u00eda, que est\u00e1 siempre llena de espectadores. Estoy obligado a tomar parte en las asambleas, pero me enferman de asco. Ahora bien, pase lo que pase, es seguro que a usted lo invitar\u00e1n; si se atiene hoy a mi plan, la invitaci\u00f3n se convertir\u00e1 en una insistente s\u00faplica. Pero si por cualquier motivo imprevisible no fuera invitado, debe usted de todos modos pedir que lo inviten; es indudable que as\u00ed lo har\u00e1n. Por lo tanto, ma\u00f1ana estar\u00e1 usted sentado con las se\u00f1oras en el palco del comandante. \u00c9l mira a menudo hacia arriba, para asegurarse de su presencia. Despu\u00e9s de varias \u00f3rdenes del d\u00eda, triviales y rid\u00edculas, calculadas para impresionar al auditorio \u2013en su mayor\u00eda son obras portuarias, \u00a1eternamente obras portuarias!\u2013, se pasa a discutir nuestro procedimiento judicial. Si eso no ocurre o no ocurre bastante pronto, por desidia del comandante, me encargar\u00e9 yo de introducir el tema. Me pondr\u00e9 de pie y mencionar\u00e9 que la ejecuci\u00f3n de hoy tuvo lugar. Muy breve, una simple menci\u00f3n. Semejante menci\u00f3n no es en realidad usual, pero no importa. El comandante me da las gracias, como siempre, con una sonrisa amistosa, y ya sin poder contenerse aprovecha la excelente oportunidad. \u00abAcaban de anunciar \u2013m\u00e1s o menos as\u00ed dir\u00e1\u2013 que ha tenido lugar la ejecuci\u00f3n. S\u00f3lo quisiera agregar a este anuncio que dicha ejecuci\u00f3n ha sido presenciada por el gran investigador que, como ustedes saben, honra extraordinariamente nuestra colonia con su visita. Tambi\u00e9n nuestra asamblea de hoy adquiere singular significado gracias a su presencia. \u00bfNo convendr\u00eda ahora preguntar a ese famoso investigador qu\u00e9 juicio le merece nuestra forma tradicional de administrar la pena capital y el procedimiento judicial que la precede?\u00bb Naturalmente, aplauso general, acuerdo un\u00e1nime, y m\u00edo m\u00e1s que de nadie. El comandante se inclina ante usted y dice: \u00abPor lo tanto, le formulo en nombre de todos dicha pregunta.\u00bb Y entonces usted se adelanta hacia la baranda del palco. Apoya las manos donde todos pueden verlas, porque si no se las coger\u00e1n las se\u00f1oras y jugar\u00e1n con sus dedos. Y por fin se escuchan sus palabras. No s\u00e9 c\u00f3mo podr\u00e9 soportar la tensi\u00f3n de la espera hasta ese instante. En su discurso no debe haber ninguna reticencia; diga la verdad a pleno pulm\u00f3n, incl\u00ednese sobre el borde del balc\u00f3n, grite, s\u00ed, grite al comandante su opini\u00f3n, su inconmovible opini\u00f3n. Pero tal vez no le guste a usted esto, no corresponde a su car\u00e1cter o quiz\u00e1 en su pa\u00eds uno se comporta diferentemente en esas ocasiones; bueno; est\u00e1 bien; tambi\u00e9n as\u00ed ser\u00e1 suficientemente eficaz, no hace falta que se ponga de pie, diga solamente un par de palabras, sus\u00farrelas, que s\u00f3lo los oficiales que est\u00e1n debajo de usted las oigan, es suficiente, no necesita mencionar siquiera la falta de apoyo popular a la ejecuci\u00f3n, ni la rueda que chirr\u00eda, ni las correas rotas, ni el nauseabundo fieltro, no; yo me encargo de todo eso, y le aseguro que si mi discurso no obliga al comandante a abandonar el sal\u00f3n, lo obligar\u00e1 a arrodillarse y reconocer: \u00abAntiguo comandante, ante ti me inclino.\u00bb Este es mi plan; \u00bfquiere ayudarme a realizarlo? Pero, naturalmente, usted quiere, a\u00fan m\u00e1s, debe ayudarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial cogi\u00f3 al explorador por ambos brazos y lo mir\u00f3 a los ojos, respirando agitadamente. Hab\u00eda gritado con tal fuerza las \u00faltimas frases que hasta el soldado y el condenado se hab\u00edan puesto a escuchar; aunque no pod\u00edan entender nada, hab\u00edan dejado de comer y dirig\u00edan la mirada hacia el explorador, masticando todav\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde el primer momento el explorador no hab\u00eda dudado de cu\u00e1l deb\u00eda ser su respuesta. Durante su vida hab\u00eda reunido demasiada experiencia, para dudar en este caso; era una persona fundamentalmente honrada y no conoc\u00eda el temor. Sin embargo, contemplando al soldado y al condenado, vacil\u00f3 un instante. Por fin dijo lo que deb\u00eda decir:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 No.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial parpade\u00f3 varias veces, pero no desvi\u00f3 la mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDesea usted una explicaci\u00f3n? \u2014pregunt\u00f3 el explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial asinti\u00f3 sin hablar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Desapruebo este procedimiento \u2014dijo entonces el explorador\u2014 aun desde antes que usted me hiciera estas confidencias (por supuesto que bajo ninguna circunstancia traicionar\u00e9 la confianza que ha puesto en m\u00ed); ya me hab\u00eda preguntado si ser\u00eda mi deber intervenir y si mi intervenci\u00f3n tendr\u00eda despu\u00e9s de todo alguna posibilidad de \u00e9xito. Pero sab\u00eda perfectamente a qui\u00e9n deb\u00eda dirigirme en primera instancia; naturalmente al comandante. Usted lo ha hecho m\u00e1s indudable a\u00fan, aunque confieso que no s\u00f3lo no ha fortificado mi decisi\u00f3n, sino que su honrada convicci\u00f3n ha llegado a conmoverme mucho, por m\u00e1s que no logre modificar mi opini\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El oficial callaba, se volvi\u00f3 hacia la m\u00e1quina, se tom\u00f3 de una de las barras de bronce y contempl\u00f3, un poco echado hacia atr\u00e1s, el Dise\u00f1ador, como para comprobar que todo estaba en orden.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El soldado y el condenado parec\u00edan haberse hecho amigos; el condenado hac\u00eda se\u00f1ales al soldado, aunque sus s\u00f3lidas ligaduras dificultaban notablemente la operaci\u00f3n; el soldado se inclin\u00f3 hacia \u00e9l; el condenado le susurr\u00f3 algo, y el soldado asinti\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador se acerc\u00f3 al oficial y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todav\u00eda no sabe usted lo que pienso hacer. Comunicar\u00e9 al comandante, en efecto, lo que opino del procedimiento, pero no en una asamblea, sino en privado; adem\u00e1s, no me quedar\u00e9 aqu\u00ed lo suficiente para asistir a ninguna conferencia; ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana me voy o por lo menos embarco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No parec\u00eda que el oficial lo hubiera escuchado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014As\u00ed que el procedimiento no le convence \u2014dijo \u00e9ste para s\u00ed, y sonri\u00f3 como un anciano que se r\u00ede de la insensatez de un ni\u00f1o y, a pesar de la sonrisa, prosigue sus propias meditaciones\u2014. Entonces, lleg\u00f3 el momento \u2013dijo por fin, y mir\u00f3 de pronto al explorador con clara mirada, en la que se ve\u00eda cierto desaf\u00edo, cierto vago pedido de cooperaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1l momento? \u2014pregunt\u00f3 inquieto el explorador, sin obtener respuesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eres libre \u2014dijo el oficial al condenado en su idioma; el hombre no quer\u00eda creerlo\u2013. Vamos, eres libre \u2014repiti\u00f3 el oficial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por primera vez, el rostro del condenado parec\u00eda realmente animarse. \u00bfSer\u00eda verdad? \u00bfNo ser\u00eda un simple capricho del oficial, que no durar\u00eda ni un instante? \u00bfTal vez el explorador extranjero hab\u00eda suplicado que lo perdonaran? \u00bfQu\u00e9 ocurr\u00eda? Su cara parec\u00eda formular estas preguntas. Pero por poco tiempo. Fuera lo que fuese, deseaba ante todo sentirse realmente libre y comenz\u00f3 a debatirse en la medida que la Rastra se lo permit\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me romper\u00e1s las correas \u2014grit\u00f3 el oficial\u2014, qu\u00e9date quieto. Ya te desataremos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y despu\u00e9s de hacer una se\u00f1al al soldado, pusieron manos a la obra. El condenado sonre\u00eda sin hablar, para s\u00ed mismo, volviendo la cabeza ora hacia la izquierda, hacia el oficial; ora hacia el soldado, a la derecha; y tampoco olvid\u00f3 al explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 S\u00e1calo de ah\u00ed \u2013orden\u00f3 el oficial al soldado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A causa de la Rastra esta operaci\u00f3n exig\u00eda cierto cuidado. Ya el condenado, por culpa de su impaciencia, se hab\u00eda provocado una peque\u00f1a herida desgarrante en la espalda. Desde este momento el oficial no le prest\u00f3 la menor atenci\u00f3n. Se acerc\u00f3 al explorador, volvi\u00f3 a sacar el peque\u00f1o portafolios de cuero, busc\u00f3 en \u00e9l un papel, encontr\u00f3 por fin la hoja que buscaba y la mostr\u00f3 al explorador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Lea esto \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puedo \u2014dijo el explorador\u2014, ya le dije que no puedo leer esos planos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00edrelo con m\u00e1s atenci\u00f3n, entonces \u2014insisti\u00f3 el oficial, y se acerc\u00f3 m\u00e1s al explorador, para que leyeran juntos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como tampoco esto result\u00f3 de ninguna utilidad, el oficial trat\u00f3 de ayudarlo, siguiendo la inscripci\u00f3n con el dedo me\u00f1ique, a gran altura, como si en ning\u00fan caso debiera tocar el plano. El explorador hizo un esfuerzo para mostrarse amable con el oficial, por lo menos en algo, pero sin \u00e9xito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces el oficial comenz\u00f3 a deletrear la inscripci\u00f3n y luego la ley\u00f3 entera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00abS\u00e9 justo\u00bb, dice \u2014explic\u00f3\u2014; ahora puede leerla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El explorador se agach\u00f3 tanto sobre el papel que el oficial, temiendo que lo tocara, lo alej\u00f3 un poco; el explorador no dijo absolutamente nada, pero era evidente que todav\u00eda no hab\u00eda conseguido leer una letra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00abS\u00e9 justo\u00bb, dice \u2014repiti\u00f3 el oficial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puede ser \u2014dijo el explorador\u2014; estoy dispuesto a creer que as\u00ed es.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Muy bien \u2014dijo el oficial, por lo menos en parte satisfecho, y trep\u00f3 la escalera con el papel en la mano, con gran cuidado lo coloc\u00f3 dentro del Dise\u00f1ador y pareci\u00f3 cambiar toda la disposici\u00f3n de los engranajes; era una labor muy dif\u00edcil, seguramente hab\u00eda que manejar rueditas diminutas; a menudo la cabeza del oficial desaparec\u00eda completamente dentro del Dise\u00f1ador, tanta exactitud requer\u00eda el montaje de los engranajes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde abajo, el explorador contemplaba incesantemente su labor, con el cuello endurecido y los ojos doloridos por el reflejo del sol sobre el cielo. El soldado y el condenado estaban ahora muy ocupados. Con la punta de la bayoneta, el soldado pesc\u00f3 del fondo del hoyo la camisa y los pantalones del condenado. La camisa estaba espantosamente sucia, y el condenado la lav\u00f3 en el balde de agua. Cuando se puso la camisa y los pantalones, tanto el soldado como el condenado se rieron estrepitosamente, porque las ropas estaban rasgadas por detr\u00e1s. Tal vez el condenado se cre\u00eda en la obligaci\u00f3n de entretener al soldado y con sus ropas desgarradas giraba delante de \u00e9l; el soldado se hab\u00eda puesto en cuclillas y a causa de la risa se golpeaba las rodillas. Pero trataban de contenerse por respeto hacia los se\u00f1ores presentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el oficial termin\u00f3 arriba con su trabajo, revis\u00f3 nuevamente todos los detalles de la maquinaria, sonriendo, pero esta vez cerr\u00f3 la tapa del Dise\u00f1ador, que hasta ahora hab\u00eda estado abierta; descendi\u00f3, mir\u00f3 al hoyo, luego al condenado; advirti\u00f3 satisfecho que \u00e9ste hab\u00eda recuperado sus ropas, luego se dirigi\u00f3 al balde, para lavarse las manos; descubri\u00f3 demasiado tarde que estaba repugnantemente sucio, se entristeci\u00f3 porque ya no pod\u00eda lavarse las manos, finalmente las hundi\u00f3 en la arena \u2013este sustituto no le agradaba mucho, pero tuvo que conformarse\u2013, luego se puso de pie y comenz\u00f3 a desabotonarse el uniforme. Le cayeron entonces en la mano los dos pa\u00f1uelos de mujer que ten\u00eda metidos debajo del cuello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aqu\u00ed tienes tus pa\u00f1uelos \u2014dijo, y se los arroj\u00f3 al condenado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y explic\u00f3 al explorador:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Regalos de las se\u00f1oras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar de la evidente prisa con que se quitaba la chaqueta del uniforme, para luego desvestirse totalmente, trataba cada prenda de vestir con sumo cuidado; acarici\u00f3 ligeramente con los dedos los adornos plateados de su chaqueta y coloc\u00f3 una borla en su lugar. Este cuidado parec\u00eda, sin embargo, innecesario, porque apenas terminaba de acomodar una prenda, inmediatamente, con una especie de estremecimiento de desagrado, la arrojaba dentro del hoyo. Lo \u00faltimo que le qued\u00f3 fue su espad\u00edn y el cintur\u00f3n que lo sosten\u00eda. Sac\u00f3 el espad\u00edn de la vaina, lo rompi\u00f3, luego reuni\u00f3 todo, los trozos de espada, la vaina y el cintur\u00f3n, y lo arroj\u00f3 con tanta violencia que los fragmentos resonaron al caer en el fondo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya estaba desnudo. El explorador se mordi\u00f3 los labios y no dijo nada. Sab\u00eda muy bien lo que iba a ocurrir, pero no ten\u00eda ning\u00fan derecho de inmiscuirse. Si el procedimiento judicial, que tanto significaba para el oficial, estaba realmente tan pr\u00f3ximo a su desaparici\u00f3n \u2013posiblemente como consecuencia de la intervenci\u00f3n del explorador, lo que para \u00e9ste era una ineludible obligaci\u00f3n\u2013, entonces, el oficial hac\u00eda lo que deb\u00eda hacer; en su lugar el explorador no habr\u00eda procedido de otro modo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio el soldado y el condenado no comprend\u00edan; para empezar, ni siquiera miraban. El condenado estaba muy contento de haber recuperado los pa\u00f1uelos, pero esta alegr\u00eda no le dur\u00f3 mucho, porque el soldado se los arranc\u00f3 con un adem\u00e1n r\u00e1pido e inesperado. Ahora el condenado trataba de arrancarle a su vez los pa\u00f1uelos al soldado; \u00e9ste se los hab\u00eda metido debajo del cintur\u00f3n y se manten\u00eda alerta. As\u00ed luchaban, medio en broma. S\u00f3lo cuando el oficial apareci\u00f3 completamente desnudo prestaron atenci\u00f3n. Sobre todo el condenado pareci\u00f3 impresionado por la idea de este asombroso trueque de la suerte. Lo que le hab\u00eda sucedido a \u00e9l, ahora le suced\u00eda al oficial. Tal vez hasta el final.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aparentemente, el explorador extranjero hab\u00eda dado la orden. Por lo tanto, esto era la venganza. Sin haber sufrido hasta el fin, ahora ser\u00eda vengado hasta el fin. Una amplia y silenciosa sonrisa apareci\u00f3 entonces en su rostro y no desapareci\u00f3 m\u00e1s. Mientras tanto, el oficial se dirigi\u00f3 hacia la m\u00e1quina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque ya hab\u00eda demostrado con largueza que comprend\u00eda la m\u00e1quina, era, sin embargo, casi alucinante ver c\u00f3mo la manejaba y c\u00f3mo ella le respond\u00eda. Apenas acercaba una mano a la Rastra, \u00e9sta se levantaba y bajaba varias veces, hasta adoptar la posici\u00f3n correcta para recibirlo; toc\u00f3 apenas el borde de la Cama, y \u00e9sta comenz\u00f3 inmediatamente a vibrar; la mordaza de fieltro se aproxim\u00f3 a su boca; se ve\u00eda que el oficial hubiera preferido no pon\u00e9rsela, pero su vacilaci\u00f3n s\u00f3lo dur\u00f3 un instante, luego se someti\u00f3 y acept\u00f3 la mordaza en la boca. Todo estaba preparado; s\u00f3lo las correas pend\u00edan a los costados, pero eran evidentemente innecesarias, no hac\u00eda falta sujetar al oficial. Pero el condenado advirti\u00f3 las correas sueltas; como, seg\u00fan su opini\u00f3n, la ejecuci\u00f3n era incompleta si no se sujetaban las correas, hizo un gesto ansioso al soldado, y ambos se acercaron para atar al oficial. Este hab\u00eda extendido ya un pie, para empujar la manivela que hac\u00eda funcionar el Dise\u00f1ador; pero vio que los dos se acercaban y retir\u00f3 el pie, dej\u00e1ndose atar con las correas. Pero ahora ya no pod\u00eda alcanzar la manivela; ni el soldado ni el condenado sabr\u00edan encontrarla, y el explorador estaba decidido a no moverse. No hac\u00eda falta; apenas se cerraron las correas, la m\u00e1quina comenz\u00f3 a funcionar; la Cama vibraba; las agujas bailaban sobre la piel; la Rastra sub\u00eda y bajaba. El explorador mir\u00f3 fijamente, durante un rato; de pronto record\u00f3 que una rueda del Dise\u00f1ador hubiera debido chirriar; pero no se o\u00eda ning\u00fan ruido, ni siquiera el m\u00e1s leve zumbido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trabajando tan silenciosamente, la m\u00e1quina pasaba casi inadvertida. El explorador mir\u00f3 hacia el soldado y el condenado. El condenado mostraba m\u00e1s animaci\u00f3n, todo en la m\u00e1quina le interesaba, de pronto se agachaba, de pronto se estiraba, y todo el tiempo mostraba algo al soldado con el \u00edndice extendido. Para el explorador, esto era penoso. Estaba decidido a permanecer all\u00ed hasta el final, pero la vista de esos dos hombres le resultaba insoportable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Volved a casa \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El soldado estaba dispuesto a obedecerle; pero el condenado consider\u00f3 la orden como un castigo. Con las manos juntas, implor\u00f3 lastimeramente que le permitieran quedarse, y como el explorador meneaba la cabeza y no quer\u00eda ceder, termin\u00f3 por arrodillarse. El explorador comprendi\u00f3 que las \u00f3rdenes eran in\u00fatiles y decidi\u00f3 acercarse y sacarlo a empujones. Pero oy\u00f3 un ruido arriba, en el Dise\u00f1ador. Alz\u00f3 la mirada. \u00bfFinalmente habr\u00eda decidido andar mal la famosa rueda? Pero era otra cosa. Lentamente la tapa del Dise\u00f1ador se levant\u00f3 y de pronto se abri\u00f3 del todo. Los dientes de una rueda emergieron y subieron; pronto apareci\u00f3 toda la rueda, como si alguna enorme fuerza en el interior del Dise\u00f1ador comprimiera las ruedas, de modo que ya no hubiera lugar para \u00e9sta; la rueda se desplaz\u00f3 hasta el borde del Dise\u00f1ador, cay\u00f3, rod\u00f3 un momento de canto por la arena y luego qued\u00f3 inm\u00f3vil. Pero pronto subi\u00f3 otra, y otras las siguieron, grandes, peque\u00f1as, imperceptiblemente diminutas; con todas ocurr\u00eda lo mismo; siempre parec\u00eda que el Dise\u00f1ador ya deb\u00eda de estar totalmente vac\u00edo, pero aparec\u00eda un nuevo grupo, extraordinariamente numeroso, sub\u00eda, ca\u00eda, rodaba por la arena y se deten\u00eda. Ante este fen\u00f3meno, el condenado olvid\u00f3 por completo la orden del explorador; las ruedas dentadas lo fascinaban; siempre quer\u00eda coger alguna y al mismo tiempo ped\u00eda al soldado que lo ayudara, pero siempre retiraba la mano con temor, porque en ese momento ca\u00eda otra rueda que por lo menos en el primer instante lo atemorizaba. El explorador, en cambio, se sent\u00eda muy inquieto; la m\u00e1quina estaba evidentemente haci\u00e9ndose trizas; su andar silencioso ya era una mera ilusi\u00f3n. El extranjero ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que ahora deb\u00eda ocuparse del oficial, ya que el oficial no pod\u00eda ocuparse m\u00e1s de s\u00ed mismo. Pero mientras la ca\u00edda de los engranajes absorb\u00eda toda su atenci\u00f3n, se olvid\u00f3 del resto de la m\u00e1quina; cuando cay\u00f3 la \u00faltima rueda del Dise\u00f1ador, el explorador se volvi\u00f3 hacia la Rastra y recibi\u00f3 una nueva y m\u00e1s desagradable sorpresa. La Rastra no escrib\u00eda, s\u00f3lo pinchaba, y la Cama no hac\u00eda girar el cuerpo, sino que lo levantaba temblando hacia las agujas. El explorador quiso hacer algo que pudiera detener el conjunto de la m\u00e1quina, porque esto no era la tortura que el oficial hab\u00eda buscado, sino una franca matanza. Extendi\u00f3 las manos. En ese momento la Rastra se elev\u00f3 hacia un costado con el cuerpo atravesado en ella, como sol\u00eda hacer despu\u00e9s de la duod\u00e9cima hora. La sangre corr\u00eda por un centenar de heridas, no ya mezclada con agua, porque tambi\u00e9n los canal\u00edculos del agua se hab\u00edan descompuesto. Y ahora fall\u00f3 tambi\u00e9n la \u00faltima funci\u00f3n; el cuerpo no se desprendi\u00f3 de las largas agujas; manando sangre, pend\u00eda sobre el hoyo de la sepultura, sin caer. La Rastra quiso volver entonces a su anterior posici\u00f3n, pero como si ella misma advirtiera que no se hab\u00eda librado todav\u00eda de su carga, permaneci\u00f3 suspendida sobre el hoyo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ayudadme \u2014grit\u00f3 el explorador al soldado y al condenado, y cogi\u00f3 los pies del oficial. Quer\u00eda empujar los pies, mientras los otros dos sosten\u00edan del otro lado la cabeza del oficial, para desengancharlo lentamente de las agujas. Pero ninguno de los dos se decid\u00eda a acercarse; el condenado termin\u00f3 por alejarse; el explorador tuvo que ir a buscarlo y empujarlos a la fuerza hasta la cabeza del oficial. En ese momento, casi contra su voluntad, vio el rostro del cad\u00e1ver Era como hab\u00eda sido en vida; no se descubr\u00eda en \u00e9l ninguna se\u00f1al de la prometida redenci\u00f3n; lo que todos los dem\u00e1s hab\u00edan hallado en la m\u00e1quina, el oficial no lo hab\u00eda hallado; ten\u00eda los labios apretados, los ojos abiertos, con la misma expresi\u00f3n de siempre, la mirada tranquila y convencida, y atravesada en medio de la frente la punta de la gran aguja de hierro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el explorador lleg\u00f3 a las primeras casas de la colonia, seguido por el condenado y el soldado, \u00e9ste le mostr\u00f3 uno de los edificios y le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esa es la confiter\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la planta baja de una casa hab\u00eda un espacio profundo, de techo bajo, cavernoso, de paredes y cielo raso ennegrecidos por el humo. Todo el frente que daba a la calle estaba abierto. Aunque esta confiter\u00eda no se distingu\u00eda mucho de las dem\u00e1s casas de la colina, todas en notable mal estado de conservaci\u00f3n (aun el palacio donde se alojaba el comandante), no dej\u00f3 de causar en el explorador una sensaci\u00f3n como de evocaci\u00f3n hist\u00f3rica, al permitirle vislumbrar la grandeza de los tiempos idos. Se acerc\u00f3 y entr\u00f3, seguido por sus acompa\u00f1antes, entre las mesitas vac\u00edas, dispuestas en la calle, frente al edificio, y respir\u00f3 el aire fresco y cargado que proven\u00eda del interior.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El viejo est\u00e1 enterrado aqu\u00ed \u2014dijo el soldado\u2014, porque el cura le neg\u00f3 un lugar en el camposanto. Dudaron un tiempo d\u00f3nde la enterrar\u00edan; finalmente lo enterraron aqu\u00ed. El oficial no le cont\u00f3 a usted nada seguramente, porque \u00e9sta era, por supuesto, su mayor verg\u00fcenza. Hasta trat\u00f3 varias veces de desenterrar al viejo, de noche, pero siempre lo echaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la tumba? \u2013pregunt\u00f3 el explorador, que no pod\u00eda creer lo que o\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Inmediatamente, el soldado y el condenado le mostraron con la mano d\u00f3nde deb\u00eda de encontrarse la tumba. Condujeron al explorador hasta la pared; en torno de algunas mesitas estaban sentados varios clientes. Aparentemente eran obreros del puerto, hombres fornidos, de barba corta, negra y luciente. Todos estaban sin chaqueta, ten\u00edan las camisas rotas, era gente pobre y humilde. Cuando el explorador se acerc\u00f3, algunos se levantaron, se ubicaron junto a la pared y lo miraron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es un extranjero \u2014murmuraban en torno suyo\u2014, quiere ver la tumba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Corrieron hacia un lado una de las mesitas, debajo de la cual se encontraba realmente la l\u00e1pida de una sepultura. Era una l\u00e1pida simple, bastante baja, de modo que una mesa pod\u00eda cubrirla. Mostraba una inscripci\u00f3n de letras diminutas; para leerlas el explorador tuvo que arrodillarse. Dec\u00eda as\u00ed: \u00abAqu\u00ed yace el antiguo comandante. Sus partidarios, que ya deben de ser incontables, cavaron esta tumba y colocaron esta l\u00e1pida. Una profec\u00eda dice que despu\u00e9s de determinado n\u00famero de a\u00f1os el comandante resurgir\u00e1, y desde esta casa conducir\u00e1 a sus partidarios para reconquistar la colonia. \u00a1Creed y esperad!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el explorador termin\u00f3 de leer y se levant\u00f3, vio que los hombres se re\u00edan, como si hubieran le\u00eddo con \u00e9l la inscripci\u00f3n, y \u00e9sta les hubiera parecido risible, y esperaban que \u00e9l compartiera esa opini\u00f3n. El explorador simul\u00f3 no advertirlo, les reparti\u00f3 algunas monedas, esper\u00f3 hasta que volvieran a correr la mesita sobre la tumba, sali\u00f3 de la confiter\u00eda y se encamin\u00f3 hacia el puerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El soldado y el condenado hab\u00edan encontrado algunos conocidos en la confiter\u00eda y se quedaron conversando. Pero de pronto se separaron de ellos, porque cuando el explorador se encontraba por la mitad de la larga escalera que descend\u00eda hacia la orilla, lo alcanzaron corriendo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Probablemente quer\u00edan pedirle a \u00faltimo momento que los llevara consigo. Mientras el explorador discut\u00eda abajo con un barquero el precio del transporte hasta el vapor, se precipitaron ambos por la escalera, en silencio, porque no se atrev\u00edan a gritar. Pero cuando llegaron abajo, el explorador ya estaba en el bote, y el barquero acababa de desatarlo de la costa. Todav\u00eda pod\u00edan saltar dentro del bote; pero el explorador alz\u00f3 del fondo del barco una pesada soga anudada, los amenaz\u00f3 con ella y evit\u00f3 que saltaran.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una narraci\u00f3n cl\u00e1sica, violenta, en el centenario de la muerte de Franz Kafka (1883-1924).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16045,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Hay un nuevo #cuento en Las Historias: \"En la colonia penitenciaria\", porque en 2024 se cumplen 100 a\u00f1os de la muerte de Franz #Kafka.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3428,25,3442,3443,191,238,2855,2291,360],"class_list":["post-16043","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-en-la-colonia-penitenciaria","tag-escritores","tag-escritores-de-checoslovaquia","tag-escritores-de-la-republica-checa","tag-escritores-en-lengua-alemana","tag-franz-kafka","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/FranzKafka.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-4aL","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16043","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16043"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16043\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16366,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16043\/revisions\/16366"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16045"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16043"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16043"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16043"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}