{"id":15962,"date":"2022-12-14T22:47:57","date_gmt":"2022-12-15T04:47:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15962"},"modified":"2024-03-18T17:13:15","modified_gmt":"2024-03-18T23:13:15","slug":"salidas-con-gracia-cuento-gourdine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/salidas-con-gracia-cuento-gourdine\/","title":{"rendered":"Salidas con gracia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/worldcat.org\/identities\/lccn-n2002036289\/\">Traci L. Gourdine<\/a>, escritora californiana, es otra autora de las que encontr\u00e9 en la antolog\u00eda <em>Sudden Fiction (Continued)<\/em>, publicada en 1996 y compilada por Robert Shapard y James Thomas. Gourdine, activa hasta la actualidad, es tambi\u00e9n <a href=\"https:\/\/arc.losrios.edu\/about-us\/contact-us\/faculty-and-staff-directory\/traci-gourdine\">profesora universitaria<\/a>. \u201cGraceful Exits\u201d, que Gourdine public\u00f3 en 1994 en su libro <em>ZYZZYVA<\/em>, muestra una personalidad femenina muy particular y, acaso, m\u00e1s enigm\u00e1tica hoy que cuando su autora la cre\u00f3: su narradora es una mujer que, en la \u00e9poca antes del estallido de las tecnolog\u00edas de internet, desea estar perpetuamente sola, y se aterra ante la perspectiva de una conexi\u00f3n o una mera cercan\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con este cuento prosigue el proyecto de traducir una muestra de <em>Sudden Fiction (Continued)<\/em> especialmente para Las Historias.<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>SALIDAS CON GRACIA<br \/>\nTraci L. Gourdine<\/strong><\/p>\n<p>Mi hija me da lata. Dice que no tengo amigos. Esto es porque nunca me llama nadie. \u00danicamente los parientes y los acreedores me pueden llevar al tel\u00e9fono o a lamer un sobre. Al resto los desanimo por preferir mi silencio, esa larga pausa entre el atardecer y el amanecer. Me gusta desconectar el tel\u00e9fono, meterlo en un caj\u00f3n, fingir que el timbre est\u00e1 descompuesto y la regadera hace demasiado ruido. He aprendido a levantar las cejas y poner cara de perplejidad cuando mis conocidos dicen \u201cTe estuve llame y llame\u201d. \u201cAh\u201d, es mi respuesta. No prometo llamarlos. No puedo prometer algo as\u00ed. Prefiero conocer gente por casualidad en las banquetas y los caf\u00e9s. Hay rutas de escape a todo mi alrededor. S\u00e9 c\u00f3mo quedarme sola. S\u00e9 c\u00f3mo asentir y asentir y retroceder sonriendo hasta que es hora de gritar adi\u00f3s desde una larga distancia. Es mi modo de ser cort\u00e9s. Hay que tener esas cortes\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces, en esta soledad, se empieza a meter la calentura. Es dif\u00edcil de evitar. Una especie de ansia aparece y echa a correr por mis venas. Esto no tiene nada que ver con ser sociable. He reconocido al animal que hay detr\u00e1s. El sexo es parte de la lista del mandado. Cuando me siento gemir y hambrienta de contacto, empiezo a examinar caras. Manos y labios se vuelven interesantes. Reviso, repaso lo que est\u00e1 disponible. Recuerdo qu\u00e9 he probado, qu\u00e9 se ha estropeado con demasiada rapidez. Me doy recordatorios de algunas decisiones apresuradas. Debo ser cuidadosa. S\u00e9 c\u00f3mo soy. La gente debe ser advertida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubo un muchacho. Un muchacho muy joven. Sus ojos oscuros, sus labios suaves, su tacto \u00e1gil nos hicieron a ambos inocentes y ansiosos. Mis bordes afilados, mis inesperados puntos suaves, lo intrigaban. De noche me ense\u00f1\u00f3 lenguajes en donde el silencio sol\u00eda asentarse. Se encarg\u00f3 de m\u00ed. Me desgast\u00f3. Reun\u00eda fuerza, eclipsando a la luna, escud\u00e1ndome de la extensi\u00f3n de los cielos nocturnos. Pronto fue demasiado viento. No se marchaba. No sab\u00eda c\u00f3mo calmarse. Cuando hac\u00edamos el amor, yo imaginaba tel\u00e9fonos sonando constantemente. A veces encontraba la puerta del frente abierta de par en par, golpeando la pared. Hojas entraban volando en el pasillo. Yo no sab\u00eda que los muchachos j\u00f3venes son caros. Mi hija dec\u00eda que me ve\u00eda cansada. El muchacho se abrazaba a mi cuello como un ni\u00f1o. Dec\u00eda estar enamorado. Me quer\u00eda embarazada. Dec\u00eda que yo era su Barbie y \u00e9l mi Ken. Dec\u00eda que yo dorm\u00eda como una virgen. Oh, dios, oh, dios, oh, dios\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ba\u00f1o es la c\u00e1mara de la soledad. La gente te deja en paz en el ba\u00f1o. Se puede ofrecer cualquier clase de excusas desde el otro lado de esa puerta. Por lo general la gente te cree. En el ba\u00f1o una persona puede pensar las cosas, planear una forma de escape, resolver la log\u00edstica ante el espejo. A veces una puede sentir c\u00f3mo se forma la cola del otro lado. El muchacho esperaba como un perro solitario. Pod\u00eda ver la sombra de sus zapatos. No pod\u00eda o\u00edr lo que estaba diciendo: la regadera hac\u00eda demasiado ruido, mis dedos tapaban mis o\u00eddos. Mientras \u00e9l esperaba, encontr\u00e9 una cana. Pens\u00e9 que era borra de mi ropa interior. Pens\u00e9 que iba a morir. \u00c9l me estaba haciendo envejecer en lugares que hab\u00eda cre\u00eddo que nunca envejecer\u00edan. Me hac\u00eda recordar las palabras mi madre cuando encontr\u00e9 un cabello gris sobre mi frente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hija \u2014me dijo, con su espeso acento de las Indias Occidentales\u2014, preoc\u00fapate cuando te encuentres un pelo gris en el aquellito. Entonces te vas a estar haciendo vieja. Gris en la cabeza significa sabidur\u00eda, gris en el aquellito es aquellito viejo. Nada es peor para una mujer que tener viejo el aquellito. <em>Entonces<\/em> te preocupas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mand\u00e9 lejos al muchacho. Mand\u00e9 lejos al muchacho y encend\u00ed la contestadora. Mand\u00e9 lejos al muchacho y puse una mirilla en la puerta del frente. Ahora \u00e9l llega por correo. Ahora \u00e9l es mensajes de amor pregrabados que yo reproduzco con el abrigo puesto. Yo soy tonos de ocupado y de marcar. Soy la Barbie con cabello enredado, ropas torcidas y miembros en posiciones imposibles. No puedo hablar, excepto para bajar la mirada y sonre\u00edr con cortes\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un personaje inusitado para nuestro tiempo aparece en este cuento de la estadounidense Traci L. Gourdine.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15812,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,194,467,3417,3418,3415,3416],"class_list":["post-15962","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-estadounidenses","tag-realismo","tag-salidas-con-gracia","tag-sudden-fiction","tag-traci-gourdine","tag-traci-l-gourdine"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/SF-Portada-scaled.jpeg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-49s","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15962","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15962"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15962\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16270,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15962\/revisions\/16270"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15812"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15962"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15962"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15962"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}