{"id":15898,"date":"2022-08-01T12:57:18","date_gmt":"2022-08-01T17:57:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15898"},"modified":"2022-08-01T12:57:18","modified_gmt":"2022-08-01T17:57:18","slug":"belleza-cuento-xue-mo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/belleza-cuento-xue-mo\/","title":{"rendered":"Belleza"},"content":{"rendered":"<p>El escritor chino <a href=\"https:\/\/www.thedigitalbiography.com\/xue-mo-biography-a-famous-chinese-writer\/\">Chen Kaihong<\/a> (1963) naci\u00f3 en la provincia de Gansu: una regi\u00f3n des\u00e9rtica y fr\u00eda, relativamente poco poblada, y de una pobreza milenaria que Chen (cuyo seud\u00f3nimo literario, <em>Xue Mo<\/em>, significa \u00abdesierto de nieve\u00bb) se ha dedicado a representar en su obra narrativa. Es un escritor sumamente premiado y c\u00e9lebre en aquella naci\u00f3n, que se alza actualmente como una nueva potencia mundial y no siempre deja ver sus propias desigualdades.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De <em><a href=\"https:\/\/sigloxxieditores.com.mx\/tienda\/ols\/products\/el-ruido-de-las-habas-al-crujir-y-otros-cuentos\">El ruido de las habas al crujir<\/a><\/em>, colecci\u00f3n con siete de sus cuentos, publicada por Siglo XXI, extraigo aqu\u00ed \u00abBelleza\u00bb, una narraci\u00f3n tr\u00e1gica y una historia de amor desesperado (o, m\u00e1s bien, de amor en medio de la desesperaci\u00f3n). La traducci\u00f3n es de Pablo Rodr\u00edguez Dur\u00e1n. El texto tambi\u00e9n se puede <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Xuemo_Belleza.pdf\">descargar en formato PDF<\/a>.<\/p>\n<p><em>Este cuento aparece un d\u00eda antes de la presentaci\u00f3n, en la ciudad de M\u00e9xico, de<\/em> El ruido de las habas al crujir, <em>que ser\u00e1 en la librer\u00eda El P\u00e9ndulo Roma. An\u00edmense a acompa\u00f1arnos y a conocer m\u00e1s de este libro y su autor.<\/em><\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15908\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/belleza-cuento-xue-mo\/xuemopresenta\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta.jpg\" data-orig-size=\"800,800\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1658914380&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"XueMoPresenta\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"800\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15908\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta.jpg 800w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/XueMoPresenta-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>BELLEZA<br \/>\nXue Mo<\/strong><\/p>\n<div align=right>De la antolog\u00eda <em>El Paso del Tigre Blanco<\/em> (Shanghai Wenhua Chubanshe).<br \/>\nTraducci\u00f3n publicada con autorizaci\u00f3n de Siglo XXI editores, S.A. de C.V.<\/div>\n<h2>1<\/h2>\n<p>Mengzi jam\u00e1s hubiera imaginado que Yue, su joven esposa, tuviera s\u00edfilis. Lo sospechaba, pero constatar la enfermedad lo aniquil\u00f3. Ahora ten\u00eda sentido que no le permitiera tocarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La excusa despu\u00e9s de la boda fue una bacteria:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es una cosa que se me peg\u00f3 por lavarme all\u00e1 abajo con el cuenco de otra en la ciudad de Lanzhou \u2014le explic\u00f3\u2014. No es nada grave, pero no quiero contagiarte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de casarse, el argumento era otro:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1l es la prisa? Tranquilo \u2014le repet\u00eda\u2014. Ya casados, ser\u00e9  toda tuya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquel entonces, harto de las libertinas de la ciudad, \u00e9l juzgaba la conducta de su prometida propia de una aut\u00e9ntica dama celosa de su probidad y pureza. La aplaud\u00eda todav\u00eda m\u00e1s tras haber llegado a la inefable conclusi\u00f3n \u2014luego de sus luchas, esfuerzos y amargas experiencias personales\u2014 de que en estos tiempos el amor es un aut\u00e9ntico lujo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi ten\u00eda varias pretendientes, obreras provenientes del campo, que deseaban formalizar, pero s\u00f3lo las v\u00edrgenes le parec\u00edan aceptables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus amigos se burlaban de \u00e9l:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No jodas, Mengzi, \u00a1despierta! Hoy en d\u00eda, \u00bfqu\u00e9 mujer se casa virgen, hermano?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Alguna quedar\u00e1. No en la ciudad, cierto, pero en los pueblos seguro que habr\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue entonces que tom\u00f3 la decisi\u00f3n de dejar la ciudad \u2014como quiera, estaba asquerosamente contaminada\u2014 y volver a su terru\u00f1o en b\u00fasqueda de ese anhelado amor. Qui\u00e9n hubiera imaginado a su nueva y casta esposa contagiada de una enfermedad ven\u00e9rea. Mengzi estaba descorazonado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Deber\u00edas estar agradecido. Por lo general, la tentaci\u00f3n gana a la raz\u00f3n, pero ella se contuvo y por eso t\u00fa eres un hombre sano \u2014intent\u00f3 reconfortarlo el doctor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi forz\u00f3 una sonrisa. Ciertamente, se hab\u00eda salvado de algo peor. La rabia hacia Yue amain\u00f3 un poco, pero la angustia se exacerb\u00f3. De s\u00fabito, un pensamiento le vino en forma de inapelable decisi\u00f3n: divorcio. \u00c9sta fue como un b\u00e1lsamo a la zozobra, pero al mismo tiempo otro monstruo emergi\u00f3 en su mente: \u201cSi me divorcio, \u00bfqu\u00e9 va a ser de ella?\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue estaba sentada inm\u00f3vil en un banco al fondo del corredor del hospital, cabizbaja como un reo en la antesala al pat\u00edbulo. Cuando Mengzi se coloc\u00f3 a su lado, se corri\u00f3 ligeramente hacia un lado sin levantar la mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014V\u00e1monos \u2014orden\u00f3 \u00e9ste con la mirada al frente y sali\u00f3. Afuera brillaba el sol. El esplendor del d\u00eda era el perfecto ant\u00f3\u00adnimo de la tristeza que lo abrumaba internamente. \u201cQu\u00e9 maldita paradoja\u201d, pens\u00f3 Mengzi mientras soltaba un contenido suspiro. Rememor\u00f3 a sus padres y todo el dinero que gastaron en la boda. Odi\u00f3 a Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Detuvo su andar, volte\u00f3 la cabeza y la vio. Ella parec\u00eda haberse encogido, o su ropa haberse agrandado. El viento mov\u00eda sus cabellos, acariciaba su rostro p\u00e1lido y se filtraba por los intersticios de la piel de aquella ahora indefensa y atemorizada criatura. Mengzi se suaviz\u00f3. \u201cNo es m\u00e1s que una pobre ni\u00f1a desvalida\u201d, se dijo, y as\u00ed tom\u00f3 la decisi\u00f3n de ayudarla a curarse antes de divorciarse. Era cierto que el matrimonio no se hab\u00eda consumado, pero no ten\u00eda coraz\u00f3n para abandonarla a su suerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esper\u00f3 a que ella lo alcanzara y caminaron juntos. Ninguno abri\u00f3 la boca. La ciudad estaba quieta a pesar de la infinidad de ruidos alrededor; ambos rodaban en su mundo de silencio y soledad. Ante esa sensaci\u00f3n compartida de p\u00e1lida angustia las palabras sobraban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al ver los secos labios de Yue, Mengzi se detuvo para comprarle un helado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya no le des m\u00e1s vueltas. Las enfermedades se aceptan, se enfrentan, se curan y ya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue se qued\u00f3 pasmaba un instante y acto seguido se ech\u00f3 a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mengzi, tengo miedo, muero de miedo de perderte. Y a la vez sab\u00eda que, si no me casaba contigo, me arrepentir\u00eda toda la vida. Entonces Yue cont\u00f3 la verdad. Cuando decidi\u00f3 dejar la aldea para buscar suerte en la ciudad, poco despu\u00e9s de su arribo, se percat\u00f3 de que \u00e9sta no era suya, sino de otros. Siempre se sinti\u00f3 como una fugitiva, una paria, sin rumbo, sin techo, un andrajo de carnes sin ninguna certidumbre. Consigui\u00f3 varios trabajos y, primordialmente, mantuvo \u00edntegra su castidad, a pesar de sentirse como un esp\u00edritu clandestino en medio de un monstruo de cemento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasado un tiempo, su padre abri\u00f3 un sal\u00f3n de juego en la Pendiente del Toro y le ofreci\u00f3 regresar a la aldea y encargarse de la caja registradora. Ella acept\u00f3. Su belleza era un im\u00e1n y el negocio prosper\u00f3. En ocasiones se tomaba un trago con los clientes que frecuentaban el lugar, nunca m\u00e1s de eso. Hasta que un d\u00eda un empresario pekin\u00e9s le propuso matrimonio. Se acostaron\u2026 y el resto es historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por su experiencia tras el contagio, finalmente comprendi\u00f3 que no hab\u00eda nada m\u00e1s preciado que el amor puro y limpio que hab\u00eda entre los ahora esposos. Cuando el empresario se esfum\u00f3, lloraba d\u00eda y noche. Al conocer a Mengzi, ella dej\u00f3 todo y fue a su encuentro. Comenz\u00f3 a tratarse la enfermedad al tiempo que hac\u00eda los preparativos para la boda. Confiaba en que podr\u00eda curarse y estaba decidida a dedicar su vida entera a honrar ese lazo de aut\u00e9ntico amor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi la escuch\u00f3 con atenci\u00f3n y, extra\u00f1amente, se tranquiliz\u00f3. La entend\u00eda. \u00c9l hab\u00eda sentido lo mismo: la angustia del for\u00e1neo en la gran urbe, la incomodidad. Record\u00f3 una noche en que, sin trabajo ni perspectiva alguna, deambul\u00f3 por las calles con el hambre perfor\u00e1ndole la panza y el fr\u00edo carcomi\u00e9ndole los huesos. Los altos edificios ten\u00edan las luces de sus ventanas prendidas, como ojos inquisidores, y \u00e9l sin ning\u00fan rinc\u00f3n en el cual cobijarse. S\u00f3lo pod\u00eda vagar por la ciudad desolada, de aqu\u00ed para all\u00e1 y de all\u00e1 para ac\u00e1. Los minutos parec\u00edan horas; nunca se imagin\u00f3 que una noche pudiera durar tanto. La sensaci\u00f3n de paria nunca desapareci\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mene\u00f3 la cabeza y volte\u00f3 hacia Yue. Conoc\u00eda perfectamente esa mirada: eran los mismos ojos de su hermano Hantou observando al doctor instantes antes de morir. Sinti\u00f3 una repentina compasi\u00f3n, pas\u00f3 su brazo por la cadera de Yue y la atrajo hacia \u00e9l. Ella emiti\u00f3 un sollozo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaban en Liangzhou, en medio del bullicio del gent\u00edo. \u00bfQui\u00e9n iba a reparar en las l\u00e1grimas de una pobre chica y en la angustia del hombre a su lado? \u00bfQui\u00e9n iba a pensar que ambos ten\u00edan el alma atormentada? Hab\u00eda gente por todos lados, pero \u00e9l los sent\u00eda tan lejanos que se volv\u00edan invisibles. Sin soltar la cadera de la joven, comenzaron a caminar. Yue no paraba de sollozar. Una compasi\u00f3n innombrable estremeci\u00f3 el interior de Mengzi. Ah\u00ed supo que su destino y el de esa fr\u00e1gil mujer estaban inalienablemente conectados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Intentando no comprometer el momento, ambos recorrieron las calles de la ciudad tratando de poner su mejor cara, hac\u00edan un esfuerzo sobrehumano por contagiar al otro de un buen humor a todas luces inexistente. Pero pronto no pudieron m\u00e1s y afloraron las verdaderas emociones. La sonrisa se desdibuj\u00f3 del rostro de Yue, entrecerr\u00f3 los ojos intentando enfocar algo en un lugar lejano. Se ve\u00eda extra\u00f1amente hermosa con el rostro cubierto por esa p\u00e1lida ansiedad. \u201cSi no tuviera esa cosa, todo ser\u00eda perfecto\u201d, pens\u00f3 Mengzi, y, al entenderlo, su coraz\u00f3n se ensombreci\u00f3: lo m\u00e1s hermoso que ten\u00eda se hab\u00eda partido en pedazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando apenas comenz\u00f3 a trabajar, incluso en los momentos m\u00e1s arduos, a\u00fan so\u00f1aba con un buen empleo y un amor sincero. Ahora su esposa, esa figura que tantas veces hab\u00eda idealizado en su mente, portaba s\u00edfilis. Quiz\u00e1s podr\u00eda, eventualmente, aceptar la enfermedad, pero lo que jam\u00e1s aceptar\u00eda ser\u00eda que la castidad de su mujer hubiera sido mancillada. De s\u00f3lo recordarlo sent\u00eda como que tragaba agua con mierda. Hac\u00eda un esfuerzo desmedido por no pensar en ello, pero la escena vomitiva siempre se escurr\u00eda hasta sus adentros, y entonces la idea del divorcio lo atacaba como una bala directa al cr\u00e1neo, al tiempo que un extra\u00f1o sentimiento de dulce venganza le corro\u00eda la entra\u00f1a. \u201cMe niego a ser un pozo de esti\u00e9rcol\u201d. No hab\u00eda nada peor para la gente de Liangzhou que uno de \u00e9stos, literalmente el lugar donde los campesinos guardaban sus aguas residuales tras abonar el campo. Fue justo por lo que le sucedi\u00f3 a Xue Baochai, en El sue\u00f1o del pabell\u00f3n rojo, cuando Jia Baoyu se cas\u00f3 enga\u00f1ado con ella, creyendo que un\u00eda su vida con su amada Jiayu. No hay peor humillaci\u00f3n en el mundo que ser un  pozo de esti\u00e9rcol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recapacitando bien, si Yue se cas\u00f3 con \u00e9l fue \u00fanicamente porque no logr\u00f3 triunfar como citadina. Le dol\u00eda pensar que m\u00e1s que su aut\u00e9ntico amor, \u00e9l era su segunda opci\u00f3n. Aunque, siendo francos, \u00bfno era tambi\u00e9n su historia? \u00c9l quer\u00eda ser un citadino consagrado, con casa, trabajo y todos los beneficios. Finalmente no triunf\u00f3 y termin\u00f3 cas\u00e1ndose con Yue. Visto as\u00ed, los dos eran el mismo tipo de pozo, pensamiento que lo tranquiliz\u00f3 fugazmente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin importar cu\u00e1n vehemente era su determinaci\u00f3n para divorciarse, en cuanto observaba a Yue, con esa expresi\u00f3n de impotencia y desesperanza en su rostro, se derret\u00eda su voluntad. Mengzi pens\u00f3 de nuevo en su hermano muerto: s\u00f3lo aquellos que han sufrido una herida semejante en la vida pueden descifrar esa expresi\u00f3n. Mengzi solt\u00f3 un contenido suspiro. \u201cPaso a paso\u201d, concluy\u00f3    para s\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Permanecieron en silencio durante el camino de vuelta. Aunque Mengzi quer\u00eda decir algo alegre, se dio cuenta de que en aquel momento m\u00e1s val\u00eda quedarse callado. De s\u00fabito se sinti\u00f3 como envuelto por una capucha invisible. Afuera estaba el mundo de los dem\u00e1s, lleno de j\u00fabilo; adentro\u2026 \u00e9l. Record\u00f3 una vieja sensaci\u00f3n de siempre considerarse en el exilio, sin importar el lugar siempre estaba exiliado y sin poder moverse: en la escuela, en el trabajo, y hasta en ese lugar arenoso y polvoriento llamado \u201ccasa\u201d, al que el destino lo lanz\u00f3 sin preguntarle su opini\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras Yue contemplaba, inexpresiva, el exterior moverse a toda velocidad, \u00e9l se percat\u00f3 de que el mundo es tan cambiante como el paisaje a bordo de un veh\u00edculo. En un abrir y cerrar de ojos las cosas desaparecen y todos morimos. Cu\u00e1nto hab\u00eda experimentado en los \u00faltimos a\u00f1os: la vida, la muerte, episodios que parec\u00edan dar para re\u00edr y que terminaban en l\u00e1grimas; oportunidades de crecimiento con la soga al cuello; una mujer ideal para envejecer que a la vez ten\u00eda una enfermedad ven\u00e9rea. La palabra \u201cesposa\u201d le produc\u00eda una punzada en el coraz\u00f3n. Ni muerto se hubiera imaginado que se casar\u00eda con una mujer infectada de s\u00edfilis.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y cuando pensaba en su madre, la punzada en el coraz\u00f3n pasaba a ser un doloroso retortij\u00f3n. Yue era hermosa y dejaba bien puesta la cara de su madre y de todo el clan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De todas las mujeres de esta aldea, la nuestra es la m\u00e1s bella \u2014presum\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y no le faltaba raz\u00f3n\u2026, pero \u00a1s\u00edfilis! Era una bofetada en la cara a los ancestros. Si su madre se enterase, no podr\u00eda a salir a la calle de nuevo. Luego pens\u00f3 en los familiares de Yue, conscientes del par\u00e1sito del que se estaban deshaciendo. \u00a1Cobardes! \u00a1Sinverg\u00fcenzas! Mengzi estaba al borde de un ataque de c\u00f3lera. <\/p>\n<h2>2<\/h2>\n<p>La madre de Mengzi finalmente se enter\u00f3. Sucedi\u00f3 en la madrugada del d\u00eda siguiente cuando, antes de salir a trabajar al campo, entr\u00f3 al cuarto a dejarle el desayuno a su hijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Mengzi se enter\u00f3 de la enfermedad, decidi\u00f3 dejar la puerta de su cuarto siempre entreabierta por temor a que en un momento de debilidad terminara cometiendo una estupidez. Entr\u00f3 la madre sin hacer ruido alguno y sorprendi\u00f3 a Yue iluminando su entrepierna con una linterna y haci\u00e9ndose unos sospechosos lavados all\u00e1 abajo. No tuvo que observar con detalle para saber que algo estaba mal. Yue se qued\u00f3 pasmada por unos segundos, tras los cuales tom\u00f3 un trozo de papel y se cubri\u00f3. Tirados en el piso hab\u00eda varios medicamentos, algod\u00f3n y papel higi\u00e9nico. Con el rostro desencajado, su madre llam\u00f3 a Mengzi con un susurro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEs s\u00edfilis? No me mientas. \u2014Parec\u00eda haber visto un fantasma a plena luz del d\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero \u00bfqu\u00e9 dices, Ma\u2026? \u2014Ella lo miraba fijamente a los ojos, sin parpadear.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Dios m\u00edo, pero qu\u00e9 crimen comet\u00ed yo! \u2014Primero intent\u00f3 contener el llanto, pero entre m\u00e1s se frotaba los ojos, m\u00e1s rincones por los que desbordarse encontraban las l\u00e1grimas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ma, \u00bfqu\u00e9 te pasa, no ves bien?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hijo, no nac\u00ed ayer. La inmoral Erjie tuvo esta enfermedad, yo la vi en aquel entonces. \u00c9sta te jodi\u00f3. Yo, yo\u2026 \u2014las palabras se le atragantaron y el llanto finalmente explot\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi supo que ya no pod\u00eda esconderlo m\u00e1s y tambi\u00e9n que su madre estaba convencida de que Yue y \u00e9l ya se hab\u00edan acostado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ma, yo no tengo nada. No la he tocado \u2014dijo para tranquilizarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDe verdad? \u2014Su madre dej\u00f3 de llorar y lo mir\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi asinti\u00f3, ella lo atrajo hacia su cuerpo y termin\u00f3 desbordada en llanto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hijo sent\u00eda un zumbido incesante en medio del cr\u00e1neo y una agitaci\u00f3n sin precedentes en el coraz\u00f3n, pero, curiosamente, a la vez estaba m\u00e1s ligero. Pens\u00f3 que en el fondo era mejor que la historia saliera a la luz. Al final, era imposible ocultarlo por siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su madre llor\u00f3 un rato. Luego se sec\u00f3 las l\u00e1grimas y habl\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hijo, t\u00fa eres alguien estudiado e inteligente que, no dudo, entiende la situaci\u00f3n. Yo lo \u00fanico que te puedo decir es que, si tocas esas aguas turbias, aunque sea s\u00f3lo con la punta del dedo, se acaba tu vida. \u2014Y tras las palabras sabias volvieron los vituperios\u2014: Esa familia de bestias sarnosas, \u00a1sabiendo que su hija estaba enferma no les import\u00f3 arruinarle la vida a mi ni\u00f1o!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Ma, \u00bfc\u00f3mo se te ocurre? Nadie quisiera contagiar a otro de esta enfermedad, claro que no lo hicieron a prop\u00f3sito \u2014respondi\u00f3 Mengzi por miedo a que Yue escuchara desde el cuarto contiguo. Sin embargo, en su interior herv\u00eda un odio visceral hacia sus suegros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vieja, \u00bfahora qu\u00e9? \u2014El padre de Mengzi lleg\u00f3 en aquel momento\u2014. Te la pasas armando alboroto por aqu\u00ed y por all\u00e1 y nunca trabajas \u2014le reproch\u00f3 imaginando un nuevo conflicto con cualquier vecino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Muy bonita la esposa que escogiste. Ven\u00eda con s\u00edfilis de regalo \u2014le dijo ella mientras se limpiaba los mocos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El padre se petrific\u00f3. Mengzi le cont\u00f3 todo, esperando la c\u00f3lera de su progenitor, m\u00e1s porque \u00e9l siempre se opuso a su matrimonio con Yue. \u00c9l quer\u00eda que su hijo se casara con una mujer capaz de tomar una hoz, trabajar el campo y pasar penurias. Para su sorpresa, el padre lanz\u00f3 una mirada sombr\u00eda en direcci\u00f3n al lecho nupcial y luego otra igual de sombr\u00eda al hijo. Sin palabras, se sent\u00f3 en el borde del escal\u00f3n y arranc\u00f3 a fumar mec\u00e1nicamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi entr\u00f3 al cuartito y vio a Yue con mirada perdida sentada sobre el kang. \u00c9l preferir\u00eda que ella se soltara a llorar a moco tendido igual que su madre, pues el llanto es capaz de drenar el sufrimiento, pero de ella no sal\u00eda ni un sollozo. En la alcoba se sent\u00eda una densa opresi\u00f3n, una quietud f\u00fanebre como la de una flor que no se puede abrir. La escena le oprim\u00eda la entra\u00f1a: un charco de agua amarillenta, bolas de papel higi\u00e9nico, una botella de vidrio torcida y polvos medicinales tambi\u00e9n amarillos y de un perforante olor desperdigados inundaban el cuarto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue, inm\u00f3vil como una estatua; Mengzi, sin saber qu\u00e9 decir, s\u00f3lo lanzaba prolongados suspiros. Entend\u00eda tanto el dolor de sus padres como la desesperanza de su esposa. Todos eran v\u00edctimas, pero \u00bfde qui\u00e9n? \u00bfDel destino? \u00a1Qu\u00e9 va! El destino no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n, incapaz de joderle la vida a nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tarde o temprano se iban a enterar \u2014le dijo Mengzi consol\u00e1ndola mientras le daba unas palmaditas en el hombro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al escuchar esto Yue se ech\u00f3 a llorar. En un principio, como el dicho que reza \u201cPrimero disparo y despu\u00e9s tengo miedo\u201d, las l\u00e1grimas brotaron al exterior sin contenci\u00f3n alguna, pero casi inmediatamente despu\u00e9s Yue puso toda su voluntad en reprimirlas, con alg\u00fan que otro sollozo que incontenible se escapaba. Mengzi tambi\u00e9n sent\u00eda el coraz\u00f3n dolorido. Cerr\u00f3 la botella, recogi\u00f3 los papeles higi\u00e9nicos y puso la bacinica sobre la silla. Era todo lo que pod\u00eda hacer. No pod\u00eda ir a tirar esa agua sucia al ba\u00f1o, sab\u00eda que la sola idea de que \u00e9l terminara recogi\u00e9ndole los meados a una enferma de s\u00edfilis seguramente matar\u00eda a su pobre madre de indignaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No culpo a mis padres por esto. Ellos tampoco estaban de acuerdo en que me casara contigo. Fui yo la que se obstin\u00f3. \u201cSi tardas m\u00e1s, te van a terminar violando\u201d, dec\u00edan. Qui\u00e9n hubiera dicho, menuda terquedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tranquila, no te culpo. \u2014Mengzi abraz\u00f3 a Yue y luego sali\u00f3 del cuarto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El sol brillaba en todo su esplendor y por doquier se ve\u00edan gallinas picoteando aqu\u00ed y all\u00e1. Su padre, inm\u00f3vil, sosten\u00eda un cuenco con tabaco entre las manos. Su madre no estaba. Temiendo que hubiera ido a casa de sus suegros, cruz\u00f3 el umbral a toda prisa y sali\u00f3 corriendo.<\/p>\n<h2>3<\/h2>\n<p>La madre de Mengzi se encaminaba a la casa de los padres de Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Cerdos, mentirosos, cobardes! \u2014balbuceaba col\u00e9rica a cada paso. En su interior herv\u00eda un fuego ardiente que clamaba por salir. Eran tiempos de trabajo en el campo, as\u00ed que no hab\u00eda mucha gente en la calle. Unos ni\u00f1os, al ver la expresi\u00f3n de la madre de Mengzi, supieron que se avecinaba un espect\u00e1culo. Hicieron una mueca y sigilosos se fueron detr\u00e1s de ella, remedando su andar y sacando la lengua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Sucia cerda, puerca ro\u00f1osa! \u2014Los insultos iban dedicados a la madre de Yue. No es que el padre fuera inocente, pero la madre era la verdadera culpable, la cerda mayor, la que le dio gato por liebre. Vender a una sifil\u00edtica como si fuera casta es todav\u00eda peor que darle agua a un enfermo jur\u00e1ndole que es medicina. Ni siquiera le importaba la generosa dote que dieron a cambio de Yue, lo grave era el riesgo de su hijo de haberse acostado con ella y contagiarse. \u00bfNo es eso cuando menos tentativa de homicidio?\u2014. \u00a1Cerda, puerca, perra sarnosa! \u2014Expulsaba todos los insultos imaginables para descargar su enojo, pero ninguno lograba amainar el odio que herv\u00eda en sus tripas. El barro brotaba de la tierra viscosa y salpicaba sus pantalones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella iba como un rayo y lo \u00faltimo que le importaba era el pantano bajo sus pies. Alguien se dirigi\u00f3 a ella, pero sigui\u00f3 caminando sin responder, probablemente sin escuchar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s y m\u00e1s aldeanos se fueron sumando a la larga fila que hab\u00edan comenzado los ni\u00f1os. Todos estaban \u00e1vidos por el desenlace del chisme. En una aldea donde casi nunca pasaba nada, qui\u00e9n de esos campesinos solitarios iba a perderse la oportunidad de ver la funci\u00f3n que promet\u00eda el caminar furioso de la mam\u00e1 de Mengzi y la hilera de curiosos tras ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La puerta de la casa estaba abierta. Ella irrumpi\u00f3 haciendo retumbar las paredes. Nunca hab\u00eda pisado con tanta autoridad. La suegra, sorprendida y algo asustada por el eco explosivo, supo por la expresi\u00f3n de ella que la visita se iba a poner fea y s\u00f3lo atin\u00f3 a soltar una risita nerviosa:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ay, consuegra, hola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puerca inmunda, espero que est\u00e9s satisfecha \u2014bram\u00f3 al tiempo que se quitaba un zapato. Antes de que la madre de Yue pudiera reaccionar, ya ten\u00eda la suela marcada en la cara\u2014. \u00a1Asesina!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bf\u00a1S\u00edfilis!? \u2014rug\u00eda blandiendo el zapato en la mano. Al principio la madre de Yue intent\u00f3 esquivarla, pero al escuchar la palabra \u201cs\u00edfilis\u201d cay\u00f3 al piso y rendida se dispuso a recibir los embates del zapato. Su cara estampada en huellas de alpargata pas\u00f3 del gris al morado y un hilo de sangre le escurri\u00f3 por la nariz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qui\u00e9n sabe c\u00f3mo hubiera reaccionado de haberse resistido su rival, pero como su consuegra se rindi\u00f3 poniendo la otra mejilla, esto la enardeci\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s. Sin embargo, tras darle varias decenas de zapatazos, se percat\u00f3 de que los dem\u00e1s terminar\u00edan por burlarse, as\u00ed que se calz\u00f3 el zapato, sali\u00f3, levant\u00f3 una piedra y entr\u00f3 a la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1La puta que pari\u00f3 a tu sifil\u00edtica hija!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de que el viento se terminara de llevar sus palabras, al interior se escuch\u00f3 el sonido crujiente del vidrio al romperse y de la madera al partirse y, finalmente, un aullido desgarrado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Cerda, sucia, perra! \u00a1\u00bfC\u00f3mo se te ocurre encajarle una enferma a una familia decente?! \u2014La afectada lloraba como si alguien se hubiera muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre de Yue se sent\u00f3, pasmada, bajo el umbral de la puerta. Su cuerpo entero estaba cubierto de tierra; sus ojos, idos, como dos pozos profundos y secos. Nunca hab\u00eda sido una cobarde, era la primera vez que los dem\u00e1s la ve\u00edan en un estado tan lamentable. Siempre se par\u00f3, luch\u00f3 de vuelta, pero ahora estaba completamente subyugada. S\u00f3lo con dos hay espect\u00e1culo, pero aun sin la pelea prometida, los dem\u00e1s aldeanos supieron que ah\u00ed pasaba algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 es s\u00edfilis? \u2014pregunt\u00f3 alguien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otro se aventur\u00f3 a explicar, y entre preguntas y suposiciones el motivo del pleito sali\u00f3 a la luz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi sab\u00eda que su madre iba en expedici\u00f3n punitiva, pero crey\u00f3 que tendr\u00eda prudencia. Jam\u00e1s imagin\u00f3 que terminar\u00eda armando semejante esc\u00e1ndalo. Aceler\u00f3 el paso. La entrada de la casa de su familia pol\u00edtica estaba atestada de gente. Mengzi odi\u00f3 a su madre, sab\u00eda que este esc\u00e1ndalo destruir\u00eda el nombre de Yue. Se abri\u00f3 paso apartando a la bola de curiosos. Al ver a su suegra ah\u00ed sentada y con la mirada perdida, sinti\u00f3 una l\u00e1stima terrible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lev\u00e1ntese, \u00bfqu\u00e9 pasa? Vamos adentro. \u2014No hubo respuesta, s\u00f3lo un lamento ininteligible y, en medio de sollozos, repetidos golpes de su frente contra la tierra. Sobre su rostro se adivinaban varios moretones en ciernes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 miran y de qu\u00e9 carajo se r\u00eden? \u2014imprec\u00f3 Mengzi a los curiosos que, parados en la puerta, no quer\u00edan perderse detalle alguno. Dos hombres se acercaron y tomaron del brazo a la madre de Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al entrar, Mengzi descubri\u00f3 los trozos de un espejo roto y una mesa destrozada, y supo que esa era obra de su madre. Dej\u00f3 salir un largo y contenido suspiro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su madre estaba sentada sobre el kang. Lanzaba amargos lamentos y salvajes vituperios siempre acompa\u00f1ados de la palabra \u201cs\u00edfilis\u201d. Hab\u00eda puesto una colcha de seda llena de polvo y mugre sobre sus nalgas. Mengzi sent\u00eda que su cabeza iba a estallar. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda su madre hacerle esto? Era relativamente normal ver a las mujeres de la aldea armar estos numeritos, pero nunca se imagin\u00f3 que su madre ser\u00eda la protagonista de uno. La \u00fanica vez que hab\u00eda sucedido algo medianamente similar fue cuando Mengzi era peque\u00f1o y un ni\u00f1o abusivo le hab\u00eda partido la crisma y hecho sangrar la nariz. Su madre le dio una lecci\u00f3n y desde entonces nadie se hab\u00eda vuelto a meter con \u00e9l. Pero ahora su madre estaba claramente revuelta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ma, no nos hagas perder la cara, \u00bfentiendes? \u2014pidi\u00f3 Mengzi con las l\u00e1grimas brotando del enojo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 cara ni qu\u00e9 cara! Si yo en ning\u00fan momento vend\u00ed a una sifil\u00edtica como virgen\u2026 \u2014gru\u00f1\u00f3 su madre en medio del berrinche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya deja el esc\u00e1ndalo, te lo ruego, piensa en los dem\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY ella qu\u00e9? Acaso ella pens\u00f3 en ti, \u00bfeh? \u00a1El dineral que nos gastamos a cambio de su hija puta!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi suspir\u00f3. Reprochaba a su madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuedes pensar en m\u00ed por un instante? \u00bfNo te das cuenta de que Yue es tu nuera, la esposa de tu hijo? \u00bfQui\u00e9n crees que sale peor parado de todo esto? \u2014Pero su madre no estaba dispuesta a escuchar la voz de la raz\u00f3n. Mengzi sent\u00eda una gran impotencia, y pensar en lo que se le ven\u00eda a su mujer lo llen\u00f3 de zozobra. El pueblo entero la escupir\u00eda en consecuencia de este episodio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ambas mujeres lloraban sin contenci\u00f3n, a cada lamento de una la otra respond\u00eda con uno m\u00e1s fuerte. Alrededor se amonton\u00f3 m\u00e1s gente a medida que crec\u00edan los cuchicheos. El secreto ahora era p\u00fablico. Mengzi permanec\u00eda impasible. Pens\u00f3 que en el fondo era lo mejor, que se destapara todo. \u201c\u00bfQu\u00e9 es lo peor que puede pasar?\u201d. Este pensamiento lo tranquiliz\u00f3 enormemente. <\/p>\n<h2>4<\/h2>\n<p>Los aldeanos injuriaron a los padres de Yue y reclamaron justicia en nombre de Mengzi y su clan. Al inicio, la madre de Mengzi se uni\u00f3 al coro de vilipendios, pero poco a poco recapacit\u00f3 y supo que ella tambi\u00e9n hab\u00eda obrado mal, aunque no lo dijera abiertamente. Los padres de Yue mandaron un sobre con cinco mil yuanes destinados al tratamiento de su hija. La madre de Mengzi sab\u00eda que esto era producto del esc\u00e1ndalo, pero tambi\u00e9n que era a costa de la reputaci\u00f3n de Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El chisme corr\u00eda de boca en boca. Todo el mundo hablaba de ello, y al mencionarlo escup\u00eda un gargajo en direcci\u00f3n a la casa familiar de Yue. Alguien incluso propuso llevarla hasta el templo del clan para denunciarla p\u00fablicamente por haberle hecho perder la cara a sus ancestros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los aldeanos s\u00f3lo recordaban el caso de la inmoral Erjie, de quien se sab\u00eda que antes de la liberaci\u00f3n vend\u00eda su sonrisa y otras cosas m\u00e1s en un motel al oeste del r\u00edo Amarillo. El destino le pas\u00f3 factura, se enferm\u00f3 de s\u00edfilis y muri\u00f3 tr\u00e1gicamente. Que se supiera, ninguna otra lugare\u00f1a hab\u00eda incursionado en esa infame profesi\u00f3n. Aunque en los \u00faltimos a\u00f1os muchas chicas hab\u00edan migrado del pueblo a trabajar en otros lares, cambi\u00e1ndose de nombre y enviando suspicaces remesas a la familia, nadie sab\u00eda a ciencia cierta qu\u00e9 hac\u00edan y para efectos pr\u00e1cticos era imposible probar cualquier sospecha. Pero lo de Yue era irrefutable; la s\u00edfilis fue el clavo que fij\u00f3 su desgracia y, para colmo, la gente de la aldea sospechaba que Mengzi tambi\u00e9n se hab\u00eda contagiado. \u00a1A otro con ese cuento de que el algod\u00f3n no se quema junto al fuego! Nadie cre\u00eda que Mengzi jugara al casto con esa carne tierna calent\u00e1ndole las s\u00e1banas por las noches. Las mujeres hu\u00edan de Mengzi cuando lo ve\u00edan caminando por la calle, como si la s\u00edfilis pudiera explotar de la nada e ingresar en forma de part\u00edculas en sus cuerpos. Ni las viejas casadas y feas, ni siquiera las de fealdad rayana en la n\u00e1usea, se acercaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre de Mengzi finalmente comprendi\u00f3 que, por culpa suya, la reputaci\u00f3n de su hijo estaba mancillada. Incluso, si ahora se divorciara, ning\u00fan padre en su sano juicio estar\u00eda dispuesto a entregar a su hija en matrimonio y correr el riesgo de jugar con enfermedades ven\u00e9reas. As\u00ed que elimin\u00f3 la opci\u00f3n del divorcio de su baraja. \u201cHay que curarla\u201d, decidi\u00f3. \u201cImposible que con esos cinco mil yuanes la ginecolog\u00eda no pueda solucionarlo\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque no acept\u00f3 su error, con sus acciones se mostraba m\u00e1s compasiva con su hijo y nuera. Incluso convenci\u00f3 a su marido en comprar una moto usada para que Mengzi pudiera llevar peri\u00f3dicamente a Yue al hospital de Liangzhou a recibir su tratamiento. Para su desgracia, su nuera era al\u00e9rgica a los antibi\u00f3ticos, por lo que la medicina que suele recetarse para tratar la s\u00edfilis qued\u00f3 descartada. Antes de desposarse ya hab\u00eda estado internada una vez, lo cual le brind\u00f3 cierta mejora, s\u00ed, pero los m\u00e9dicos nunca pudieron erradicar la enfermedad de ra\u00edz. Por fortuna ten\u00edan noticia de un anciano en Liangzhou que conoc\u00eda un remedio casero para curar la s\u00edfilis. Bastante efectivo seg\u00fan dec\u00edan. Yue lo prob\u00f3 varias veces, y aunque los resultados no eran muy evidentes, algo hab\u00eda funcionado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El \u00fanico problema era que los suegros viv\u00edan en suspenso. La s\u00edfilis era como una guillotina suspendida que amenazaba con caer sobre sus cabezas en cualquier momento y sin previo aviso. A pesar de estar seguros de que Mengzi efectivamente no hab\u00eda tocado a Yue, \u00bfqu\u00e9 les garantizaba que no lo har\u00eda en el futuro? El marido se encontraba en la edad del \u201carrebato fogoso\u201d y nada garantizaba que uno de esos d\u00edas de hormonas alborotadas, en un impulso\u2026 Bastaba una lamida de la s\u00edfilis para que el cuerpo entero estuviera en serios problemas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los padres de Mengzi no encontraban solaz. Adem\u00e1s de repetirle todos los d\u00edas que no cayese en la tentaci\u00f3n, le impusieron una regla: prohibido cerrar la puerta con seguro durante la noche. A\u00fan intranquila, la madre tuvo una conversaci\u00f3n secreta con su esposo, proponi\u00e9ndole que en cuanto la luz del cuarto nupcial se apagara, uno de los dos se aproximar\u00eda descalzo y se quedar\u00eda en cuclillas junto a la puerta, aguzando el o\u00eddo y presto para intervenir en caso de percibir algo ligeramente sospechoso. En un principio, al padre le pareci\u00f3 deshonesto y torcido, pero al ver que su esposa se pasaba todas las noches en vela, finalmente cedi\u00f3. La madre har\u00eda guardia la primera mitad de la noche y \u00e9l la segunda. Mengzi no se imaginaba que sus padres vigilaban cada uno de sus movimientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche, Yue se hizo los lavados, se ech\u00f3 los polvos medicinales, se puso los pantalones y se recost\u00f3 sobre el kang. La enfermedad no parec\u00eda haber empeorado, pero tampoco ten\u00eda signos evidentes de mejor\u00eda. Pensaron en la opci\u00f3n de ir hasta Lanzhou, la capital, pero al parecer los medicamentos eran los mismos que ten\u00edan en el hospital de Liangzhou, y no estaban para tirar el dinero a la basura. Yue dudaba. Luego cambiaron de tema, hablaron de sus tiempos universitarios y el humor les cambi\u00f3 completamente. Aunque notoriamente m\u00e1s delgada, no hab\u00eda merma en la belleza de Yue. Quiz\u00e1s aunado a ese creciente sentimiento de compasi\u00f3n, a Mengzi le parec\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s hermosa. Estir\u00f3 una mano bajo las cobijas y atrap\u00f3 la mano de su mujer. \u201c\u00bfC\u00f3mo es posible que s\u00f3lo pueda ver y no tocar a esta belleza de rostro de flor y piel de jade?\u201d, pens\u00f3 Mengzi al tiempo que soltaba un triste suspiro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No te preocupes \u2014le dijo Yue\u2014, en cuanto est\u00e9 curada podr\u00e1s hacer todo lo que quieras conmigo. S\u00f3lo temo que, cuando llegue el momento, yo ya no te guste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando llegue ese instante no digas nada y ya est\u00e1 \u2014respondi\u00f3 Mengzi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yue solt\u00f3 una risita. Y as\u00ed, bromeando, la atm\u00f3sfera comenz\u00f3 a distenderse. Mengzi percibi\u00f3 unas gotitas de sudor sobre la mano de Yue y se sinti\u00f3 tentado por la humedad. Rozaba, acariciaba, apretaba esa peque\u00f1a mano, resbalosa cual pez. Poco a poco fue sumergi\u00e9ndose en una fantas\u00eda on\u00edrica y er\u00f3tica. Estir\u00f3 el cuello y la bes\u00f3. En cuanto aquel par de bocas se unieron fue imposible separarlas. Los labios \u00e1vidos se mord\u00edan, las lenguas sedientas se enroscaban y fund\u00edan en lascivos chasquidos. Aquella noche, el padre de Mengzi estaba de guardia y, por supuesto, sospech\u00f3 lo peor. Con sigilo fue hasta donde dorm\u00eda su esposa y la sacudi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay unos sonidos raros \u2014le dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su mujer se puso cualquier cosa encima, sali\u00f3 del cuarto y junto a la puerta llam\u00f3 a su hijo con voz brusca:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mengzi\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9ste respondi\u00f3 con un gru\u00f1ido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ay\u00fadame a buscarle un analg\u00e9sico a tu padre. Le duele la cabeza. \u2014Mengzi se levant\u00f3, prendi\u00f3 la linterna y extrajo una pastilla de un envoltorio de papel de peri\u00f3dico. La puso en agua y se la alcanz\u00f3 a su padre. Antes de volver, su madre le advirti\u00f3\u2014: No est\u00e9n tan juntitos, hijo, esas aguas son peligrosas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo s\u00e9, yo s\u00e9 \u2014le respondi\u00f3. Al escuchar el tono de su hijo, el padre se tranquiliz\u00f3. La madre, por el contrario, se qued\u00f3 a\u00fan m\u00e1s preocupada, por lo que acompa\u00f1\u00f3 al marido a la guardia nocturna. La intimidad prohibida los ten\u00eda hirviendo. S\u00f3lo fueron unos cuantos besos, pero ambos se sent\u00edan a punto de estallar de la excitaci\u00f3n. Se abrazaron y las fronteras del yo se difuminaron en unidad indiscernible. El \u00e9xtasis era tal que se desbordaba por fuera de aquellas cuatro paredes. Para evitar accidentes, decidieron no quitarse la ropa, pero poco a poco comenz\u00f3 a picar, a estorbar y, finalmente, ambos se quedaron casi desnudos, abrazados y acostados. Inmersos y fundidos en el embeleso de los reci\u00e9n casados, Mengzi sinti\u00f3 que se deslizaba hacia el abismo. Comenz\u00f3 por tomarle una mano, luego fue un inocente beso, que evolucion\u00f3 en un incitante abrazo, y conforme la intimidad de sus cuerpos se iba haciendo m\u00e1s profunda, la dicha aumentaba tanto como la tentaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que no sab\u00edan es que el eco de su pasi\u00f3n ten\u00eda a la madre de Mengzi con el coraz\u00f3n en la boca. Tras la puerta, a cada ruidito, cada chasquido, cada gemido, ella interrump\u00eda para pedirle a Mengzi cualquier mandado. \u00c9ste segu\u00eda sin percatarse de lo que realmente pasaba. No pod\u00eda saber que su \u00fanica alegr\u00eda era al mismo tiempo el temor m\u00e1s grande de sus padres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La tentaci\u00f3n llegaba a grados irresistibles. Mengzi sufr\u00eda. Ese joven y terso cuerpo le provocaba sensaciones que no recordaba sentir desde hac\u00eda mucho tiempo. Las voces de la raz\u00f3n comenzaron a difuminarse en el vac\u00edo. El incendio pod\u00eda dispararse en cualquier momento, y esos besos y abrazos eran madera seca sedienta de fuego. Para colmo, Yue se fue soltando y a cada caricia y a cada abrazo escapaba un gemidito lleno de fogosidad femenina. Quiz\u00e1s lo hac\u00eda para complacer a su esposo, quiz\u00e1s sencillamente as\u00ed lo sent\u00eda; en cualquier caso, para Mengzi era el mayor placer y la peor tortura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras tanto, su padre estaba al borde de la locura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Golfa, zorra\u2026 \u2014murmuraba sin pausa tras la puerta. Tem\u00eda escuchar esos sonidos y al mismo tiempo, incomprensiblemente, los anhelaba. Ten\u00eda la frente empapada en sudor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En medio de estas caricias, el amor entre Mengzi y Yue sub\u00eda abruptamente de temperatura y su cari\u00f1o de intensidad. Decididos a enfrentar aquella enfermedad terrible, sent\u00edan que ya nada ni nadie los podr\u00eda separar. Antes de sentirse envuelta en el abrazo de Mengzi y humedecida por sus besos, Yue nunca antes hab\u00eda experimentado las mieles de ser mujer. Y a diferencia del sexo, en el cual tras el orgasmo los sentimientos amorosos disminuyen en picada, s\u00f3lo abrazarse y besarse encarnaba un fervor persistente e insaciable. A la vez, la tentaci\u00f3n colosal de lo que se avista pero no se puede tocar reforzaba su complicidad carnal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella noche, como de costumbre, bromearon, se rieron y terminaron acarici\u00e1ndose. En un principio s\u00f3lo se dieron un beso, pero de s\u00fabito la luz de la luna se filtr\u00f3 entre la cortina impregnando el cuarto y sumi\u00e9ndolo en una suerte de m\u00e1gica fantas\u00eda. Mengzi vio a Yue en todo su esplendor. Era una belleza que ninguna palabra podr\u00eda jam\u00e1s describir. Una ola suave y c\u00e1lida emergi\u00f3 del cuerpo de Yue y se transform\u00f3 en llamas al llegar al cuerpo de Mengzi. Yue lo miraba quieta, con ojos serenos y algo tristes. Intentaba controlar su respiraci\u00f3n agitada, que ondulaba sobre sus pechos mientras sus dedos, inquietos, recorr\u00edan el cuerpo de su hombre. Mengzi comenz\u00f3 a succionar los senos n\u00fabiles, redondos y suaves de aquella criatura hermosa que lo hac\u00eda arder de deseo. Hab\u00eda logrado controlarse en los momentos de mayor excitaci\u00f3n, pero ahora, como arrastrado por una ola furiosa, completamente fuera de s\u00ed, se abalanz\u00f3 sobre el cuerpo de Yue y comenz\u00f3 a besarla con locura. \u201cSi tan s\u00f3lo pudi\u00e9ramos ser uno por un instante, podr\u00eda morir en paz\u201d, pens\u00f3 Mengzi. Primero Yue luch\u00f3, pero muy pronto se rindi\u00f3, inflamada tambi\u00e9n de un ardiente deseo. Mengzi extrajo un cond\u00f3n que ten\u00eda hace rato esperando la ocasi\u00f3n propicia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00f3lo esta vez \u2014dijo jadeando\u2014. Nos protegemos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No\u2026 no\u2026 \u2014Yue sacudi\u00f3 la cabeza alarmada, pero pronto flaque\u00f3 su convicci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi abri\u00f3 la bolsita cuadrada de pl\u00e1stico con suma torpeza y una cosita suave y resbalosa cay\u00f3 entre sus dedos. Se sinti\u00f3 aut\u00e9nticamente feliz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Mengzi!\u2026 \u00a1Ladr\u00f3n! \u00a1Jard\u00edn! \u2014Esta vez el grito de su madre fue punzante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ah\u00ed fue cuando Yue supo que su suegra los vigilaba. Se ech\u00f3 a llorar como un beb\u00e9 que se quema la mano. Mengzi tambi\u00e9n se ech\u00f3 a llorar y as\u00ed, llorando y abrazados, los recibi\u00f3 el amanecer. <\/p>\n<h2>5<\/h2>\n<p>La madre de Mengzi buscaba por doquier remedios caseros para curar la enfermedad de su nuera. En esta b\u00fasqueda se dio cuenta de que muchos hab\u00edan escuchado la palabra \u201cs\u00edfilis\u201d, pero salvo estar de acuerdo en que era algo repugnante, nadie ten\u00eda idea de qu\u00e9 era realmente. Por supuesto, no pod\u00eda ir gritando por ah\u00ed que su nuera ten\u00eda una enfermedad ven\u00e9rea, as\u00ed que comenz\u00f3 preguntando a sus amigos m\u00e1s cercanos. Ellos, a su vez, interrogaron a sus respectivos amigos m\u00e1s cercanos, y de amigo en amigo Yue termin\u00f3 convertida en la golfa del pueblo. Esto, aunque sin duda menoscab\u00f3 su reputaci\u00f3n, por lo menos produjo el resultado esperado. Un d\u00eda, una inmoral le comparti\u00f3 en murmullos a la madre de Mengzi una receta casera: ahumar el sexo con esti\u00e9rcol de res.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Algunos se han curado ahumando bo\u00f1iga de vaca ah\u00ed abajo \u2014le cont\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Seg\u00fan su l\u00f3gica, \u00e9stas conten\u00edan la esencia de todas las hierbas medicinales, que la vaca por instinto se traga, y por eso curaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque la madre de Mengzi no entend\u00eda qu\u00e9 clase de \u201cesencia\u201d pod\u00eda contener la mierda, al menos era gratis, y como todas las vacas cagan, no le cost\u00f3 ning\u00fan trabajo recolectar un generoso mont\u00f3n. Apil\u00f3 la bosta en un cuenco y se dispuso a ahumar a su nuera. Al principio, Yue no estuvo de acuerdo, no cre\u00eda que la mierda pudiera ser m\u00e1s efectiva que la medicina moderna, pero finalmente su suegra la convenci\u00f3. Eso s\u00ed, la condici\u00f3n de Yue fue que Mengzi no estuviera, bajo ninguna circunstancia permitir\u00eda que su esposo viera sus heridas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto Mengzi parti\u00f3, Yue se quit\u00f3 los pantalones y revel\u00f3 su enfermedad. Su suegra se llev\u00f3 una sorpresa tremenda: partes de su sexo estaban llenas de llagas y pus amarillo. Para no hacer sentir mal a su nuera, guard\u00f3 silencio. Al principio la odiaba por aquel desliz, pero ahora una compasi\u00f3n le brot\u00f3 de lo m\u00e1s hondo de la entra\u00f1a. Prendi\u00f3 el esti\u00e9rcol seco y atiz\u00f3 las chispas hasta que el fuego comenz\u00f3 a esparcirse y a soltar volutas de humo blanco que se enroscaron en el aire. La madre de Mengzi movi\u00f3 aquella esencia hasta situarla bajo las llagas. Al principio no pas\u00f3 nada, pero conforme el fuego fue aviv\u00e1ndose y el humo concentr\u00e1ndose, el pus se transform\u00f3 en gotas que cayeron al fuego con un eco sibilante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acuclillada bajo las llamas, Yue pod\u00eda sentir el consolador lamento del sucio pus cayendo sobre el fuego; not\u00f3 a todos los monstruos de la s\u00edfilis chirriando los dientes y haciendo muecas de dolor. Esta enfermedad era el demonio mismo y sentir que el fuego la consum\u00eda era un motivo de gran alegr\u00eda. Al principio, el calor del fuego le dio una agradable sensaci\u00f3n; luego comenz\u00f3 el dolor, un dolor casi apacible, sin embargo. Se sinti\u00f3 mareada, como si estuviera fundi\u00e9ndose con el fuego y ella misma convirti\u00e9ndose en una redonda flama azul.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014O te vas a la mierda t\u00fa o nos vamos los dos juntos \u2014le dijo en un susurro rabioso a aquellos monstruos que se consum\u00edan bajo su entrepierna en medio de las llamas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se agach\u00f3 a\u00fan m\u00e1s sobre el fuego y el pus se derriti\u00f3 con m\u00e1s af\u00e1n. Un hedor nauseabundo inund\u00f3 el cuarto. Yue sinti\u00f3 que las llamas la quemaban, ya no s\u00f3lo se estaba ahumando, sino aut\u00e9nticamente rostizando. Se impacient\u00f3. Quer\u00eda quemar esa sucia s\u00edfilis de una vez por todas, incinerar a ese maligno demonio y darle a su amado lo que tanto a\u00f1oraba. Le dol\u00eda el coraz\u00f3n de s\u00f3lo pensar en la mirada ansiosa de Mengzi, a quien a veces ve\u00eda como un hijo, sobre todo cuando le chupaba los senos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Viendo a Yue acercarse sin tregua al fuego, su suegra puso una toalla bajo sus muslos y le pidi\u00f3 levantarse un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La idea es ahumarlo, no quemarlo. No queremos empeorar la cosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de un rato, la madre se llev\u00f3 el cuenco y apag\u00f3 el fuego. Yue se frot\u00f3 la entrepierna con papel higi\u00e9nico, se puso los pantalones y se acost\u00f3 sobre la cama. Se sent\u00eda inusualmente fatigada. Sent\u00eda un dolor sutil a causa del fuego, pero estaba feliz: \u00a1finalmente una cura! \u00a1Y gratis! Se hab\u00eda sentido tantas veces chocando frente a un muro infranqueable, tanto tiempo en ascuas ante un callej\u00f3n sin salida, que la mera esperanza era un solaz de por s\u00ed suficiente. Al principio no hab\u00eda sido as\u00ed. Primero pens\u00f3 que, aunque era una enfermedad terrible, no exist\u00eda nada incurable por los avances de la tecnolog\u00eda, as\u00ed que acept\u00f3 casarse con Mengzi, convencida de que mientras preparaba la boda encontrar\u00eda alg\u00fan remedio. Para su mala suerte, la enfermedad era m\u00e1s terca de lo que parec\u00eda y las llagas se esparcieron por doquier, como si una lengua golosa lamiera la piel y contaminara todo lo que tocara a su paso. De haberlo sabido, quiz\u00e1s nunca hubiera aceptado casarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se acost\u00f3 sobre la cama y se qued\u00f3 observando hipnotizada el techo y la guirnalda matrimonial que a\u00fan pend\u00eda sobre \u00e9l. Record\u00f3 los besos y las caricias de su esposo y pens\u00f3 la gran diferencia que hay cuando las cosas vienen del coraz\u00f3n. Es decir, un beso com\u00fan y corriente entre ella y Mengzi no era s\u00f3lo un intercambio de saliva, sino un aut\u00e9ntico oc\u00e9ano de amor. No alcanzaba a imaginar cu\u00e1n felices ser\u00edan una vez ella estuviera sana. Se imagin\u00f3 junto a Mengzi, tragada y envuelta por un v\u00f3rtice colosal de dicha ext\u00e1tica. De sus labios emergi\u00f3 una sonrisa. <\/p>\n<h2>6<\/h2>\n<p>Yue parti\u00f3 en direcci\u00f3n al r\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda vuelto a vivir en casa de sus padres. La raz\u00f3n: los padres de Mengzi estaban agotados. Por el d\u00eda trabajaban como mulas en el campo y por la noche hac\u00edan guardias, lo cual sumaba m\u00e1s desgaste a su vida. Estar atentos al menor movimiento, al m\u00e1s leve susurro para entonces actuar como si el enemigo estuviera al acecho, noche tras noche, los ten\u00eda al borde de un colapso nervioso. Y \u00e9ste era el menor de los males, ya que lo m\u00e1s preocupante era que, en caso de que en un impulso rom\u00e1ntico o bien en medio de las brumas del sue\u00f1o sucediera aquello, las consecuencias ser\u00edan irreversibles. Por todo lo anterior, la pareja de ancianos decidi\u00f3 enviar a Yue a su antigua casa. El matrimonio se consumar\u00eda una vez ella estuviera curada. Adem\u00e1s, los padres de Mengzi quer\u00edan encontrarle a su hijo alguna ocupaci\u00f3n para que no pasara sus d\u00edas sin hacer nada. Para su fortuna, un empleado del templo confuciano hab\u00eda ido desde la ciudad buscando a Mengzi para ofrecerle trabajo: organizar y traducir unos materiales de la dinast\u00eda Xia. Mejor oportunidad, imposible. Sin esperar la aceptaci\u00f3n de Mengzi, sus padres ya hab\u00edan cerrado el trato. Los viejos por fin pudieron suspirar de alivio. Mengzi se iba en la moto a trabajar y cada dos d\u00edas regresaba a la aldea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Obviamente, Yue deseaba curarse, pero no tanto como reunirse con Mengzi. Cada segundo que pasaba lejos de \u00e9l le parec\u00eda una eternidad. Adem\u00e1s, el ambiente de su casa era deprimente. Nadie los visitaba, quiz\u00e1s porque todos tem\u00edan contagiarse de \u201cla enfermedad\u201d. Yue todos los d\u00edas hac\u00eda varias sesiones de ahumarse los genitales con bosta de vaca, lo cual le estaba dando resultado y en algunas zonas incluso ya se hab\u00edan formado costras. Adem\u00e1s de ir a la ciudad una vez por semana a recibir su tratamiento, lo \u00fanico que hac\u00eda era tragar pastillas en grandes cantidades y pararse sobre el fuego. Por su esfuerzo, la enfermedad ya no parec\u00eda tan virulenta. La llama de la esperanza reviv\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cada vez que sal\u00eda de su casa a caminar por la aldea, la hostilidad era palpable, en particular de las mujeres, quienes tem\u00edan que esta sedujera a sus hombres y de paso las contagiara a ellas tambi\u00e9n. A Yue le parec\u00eda rid\u00edculo. En cuanto a los hombres, si eran de su mismo clan, se escond\u00edan de inmediato, pues sab\u00edan que ella hab\u00eda tra\u00eddo desgracia a los ancestros; cuando estos hombres discut\u00edan con otros, bastaba que alguien gritara la palabra \u201cs\u00edfilis\u201d para desinflarlos. Si eran de otro clan, todo lo contrario, se acercaban a inspeccionarle el rostro con sumo detalle, buscando pruebas de la afecci\u00f3n o se\u00f1as de promiscuidad. Ella segu\u00eda de largo con la cabeza en alto, a veces incluso los saludaba con una educada inclinaci\u00f3n de cabeza. Record\u00f3 cu\u00e1nto miedo ten\u00eda de que la gente de la aldea supiera su oscuro secreto, pero ahora se daba cuenta de que en realidad no era tan grave como hab\u00eda imaginado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo \u00fanico que realmente tem\u00eda era perder a Mengzi. \u00c9l se hab\u00eda convertido en casi una religi\u00f3n para ella. Antes ten\u00eda muchos anhelos en la vida, pero con el paso del tiempo todos y cada uno se hab\u00edan ido cayendo. Lo \u00fanico que le quedaba era un amor que la  perspectiva de perder la batalla contra la enfermedad s\u00f3lo exacerbaba; una ola bramante y furiosa capaz de arrastrar al fondo del mar el miedo a morir, un amor capaz incluso de ahogar a la misma muerte. A veces, sus ansias de ver a su marido la hac\u00edan olvidarse de su situaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los d\u00edas en que Mengzi deb\u00eda volver a la aldea, Yue madrugaba, se maquillaba y a primera hora se colocaba bajo un \u00e1rbol de azufaifo, con la vista fija en el serpenteante sendero por donde \u00e9l aparec\u00eda. Mientras esperaba, en su imaginaci\u00f3n Mengzi surg\u00eda en el horizonte montando la moto destartalada. Era una alucinaci\u00f3n que de tanto replicarla creaba la realidad. Cuando finalmente el camino escup\u00eda al verdadero hombre, Yue sent\u00eda que el coraz\u00f3n se le sal\u00eda del pecho, una alegr\u00eda desbordada inundaba su ser y sal\u00eda corriendo a recibir a aquel punto diminuto y distante; corr\u00eda a toda prisa hasta su encuentro y lo abrazaba y besaba. A veces se abalanzaba con tal emoci\u00f3n que lo tumbaba al piso. Ambos se re\u00edan y revolcaban sobre el fango. Al percatarse de que a la moto se le escapaba la gasolina, la levantaban y, Mengzi manejando y ella detr\u00e1s, bien cerquita y agarrada a su cintura, lentamente volv\u00edan a la aldea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese era su momento de mayor felicidad. Mengzi sol\u00eda llegar a la hora del ocaso, cuando el sol yac\u00eda suspendido en el horizonte, hundi\u00e9ndose con timidez tras la cima del monte Sha. Muchas de las chimeneas de la aldea echaban volutas del humo, inundando el cielo en espirales grises. Cuando no soplaba el viento, el humo se manten\u00eda concentrado, elev\u00e1ndose uniforme hasta ya no subir m\u00e1s, y entonces ca\u00eda sobre la aldea cubriendo de una m\u00edstica bruma las chozas y los senderos. Yue se sent\u00eda como en un cuento de hadas, con el ronroneo palpitante de la moto acarici\u00e1ndole con ternura el coraz\u00f3n. En ocasiones se encontraban con un reba\u00f1o de cabras, que invariablemente se interpon\u00eda entre la moto y el camino. Mengzi tocaba la bocina y los cuadr\u00fapedos obedec\u00edan, girando sus torpes cabezas. Luego se quedaban mirando a Yue, quien se divert\u00eda haci\u00e9ndoles muecas y balando en direcci\u00f3n a ellas. Su sonido era tan real que las cabras le respond\u00edan en coro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Yo creo que fuiste una cabra en tu encarnaci\u00f3n pasada \u2014le dec\u00eda Mengzi entre carcajadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el marido volv\u00eda al trabajo, Yue recordaba estas escenas y una risita p\u00edcara le inundaba el rostro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cada vez que atravesaba sola la Pendiente del Toro, un enjambre de ratas la recib\u00eda con un chillido estridente pero inofensivo. Sin embargo, cuando iba junto con Mengzi, las ratas s\u00f3lo se quedaban mir\u00e1ndolos, aleladas, en completo silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los d\u00edas en que Mengzi volv\u00eda eran eternos. Yue ya estaba sentada en su lugar predilecto antes del amanecer y su marido sol\u00eda llegar poco antes del ocaso. Ella se llevaba unos panecillos, agua y sus medicinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPara qu\u00e9 te vas tan temprano? \u2014sol\u00eda preguntarle, no sin raz\u00f3n, su madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella no respond\u00eda, s\u00f3lo sent\u00eda que no pod\u00eda estar un minuto m\u00e1s en esa casa y, adem\u00e1s, una vez instalada bajo el azufaifo, la esperanza brotaba: bastaba con que un punto negro emergiera al fondo del sendero para que su coraz\u00f3n saltara de alegr\u00eda. Cuando el objeto se acercaba lo suficiente para ser reconocible, muchas veces emerg\u00eda otro rostro, otro hombre, otra mujer. Pero Yue no se desanimaba, tragaba saliva y volv\u00eda a observar el horizonte donde se perd\u00eda el camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquel d\u00eda, el abuelo sol hab\u00eda surgido ataviado de un halo envolvente, lo cual era presagio de una tormenta de arena. Su madre le aconsej\u00f3 no ir, pues, de desatarse la tempestad, Mengzi probablemente no volver\u00eda a la aldea, pero a Yue la sugerencia le entr\u00f3 por un o\u00eddo y le sali\u00f3 por el otro. Se amarr\u00f3 una bufanda en la cabeza a modo de turbante y parti\u00f3. Su madre ten\u00eda raz\u00f3n: a eso del mediod\u00eda arreci\u00f3 la tormenta y los granos de arena se convirtieron en l\u00e1tigos inmisericordes. Recostada sobre el \u00e1rbol, crey\u00f3 que se la iba a llevar el viento. Encorv\u00f3 la espalda, se puso en cuclillas y se cubri\u00f3 nariz y rostro con la bufanda, dejando apenas una diminuta oquedad para divisar el camino. En el cl\u00edmax del torbellino ya no hab\u00eda sendero; cielo y tierra se hab\u00edan fundido en un indiscernible marr\u00f3n amarillento y, salvo el viento y la arena, nada m\u00e1s exist\u00eda en el mundo. Hasta el sol hab\u00eda desaparecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No vengas, Mengzi, con esta tormenta, mejor no te arriesgues \u2014murmuraba Yue, aunque al mismo tiempo albergaba la esperanza de verlo aparecer. Debati\u00e9ndose en este dilema confuso, ten\u00eda tanto miedo de que estuviera en camino como de que no fuera as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algunos aldeanos pasaron camino a la ciudad. Sab\u00edan que aquel punto enroscado protegi\u00e9ndose del viento era Yue, quien cada dos d\u00edas se sentaba en aquella duna a esperar a su Mengzi. Por aquellos d\u00edas, la hostilidad y los vituperios hab\u00edan cesado y hasta cambiado; al contrario, muchos sent\u00edan una gran compasi\u00f3n y ternura por verla esperando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vuelve a casa. Cuando llegue ir\u00e1 a buscarte \u2014le dec\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ella no se mov\u00eda de su lugar. En el cl\u00edmax de la tormenta el cielo desapareci\u00f3 y en su lugar quedaron part\u00edculas de arena surcando el aire; el camino tambi\u00e9n se difumin\u00f3 y se convirti\u00f3 en un mont\u00edculo. Yue sinti\u00f3 que as\u00ed deb\u00eda de verse el infierno. Aunque hab\u00eda nacido y crecido en esas dunas, donde la arena no era nada del otro mundo, Yue nunca hab\u00eda sido testigo de una tormenta de tal magnitud. Normalmente, en una situaci\u00f3n as\u00ed, la gente se resguarda en sus chozas a escuchar la arena golpeando las ventanas, al viento silbando entre los \u00e1rboles y a imaginar voces demon\u00edacas provenientes del eco de ambas; pero esta tormenta parec\u00eda tener todos los sonidos a la vez. Aunque se hab\u00eda cubierto la cara con la bufanda, la arena lograba escurrirse por alg\u00fan intersticio hasta llegar a la piel y lacerarla con su embate.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El camino se perd\u00eda en medio de la tempestad, se desvanec\u00eda en la bruma dejando s\u00f3lo ocasionalmente entrever un hilo de luz. El viento sacud\u00eda con violencia los arbustos, pero \u00e9stos, dobl\u00e1ndose flexibles, desde sus ra\u00edces mord\u00edan con ferocidad la tierra y tercos se resist\u00edan a ser llevados por el viento. Al verlos por entre las grietas de la bufanda, Yue se sinti\u00f3 sumamente conmovida. \u201cEstos arbustos son un ejemplo de vida\u201d, pens\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un punto negro surgi\u00f3 en la lejan\u00eda. Yue se estremeci\u00f3 de felicidad. \u00bfSer\u00eda \u00e9l? A pesar de sus m\u00faltiples decepciones, ella no perd\u00eda la esperanza de que Mengzi emergiera en medio de la feroz tempestad. Cuando se acerc\u00f3 lo suficiente, Yue pudo divisar a una pareja empujando una bicicleta, un hombre por delante y una mujer por detr\u00e1s. Sobre la bicicleta ven\u00eda montado un beb\u00e9. El viento hinchaba los ropajes de la pareja, pero ellos, inc\u00f3lumes, no dejaban que la bicicleta cayera al piso. Cuando estuvieron casi al lado, Yue los reconoci\u00f3. Eran vecinos de la aldea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Paisanos, \u00bfvieron a Mengzi? \u2014grit\u00f3 Yue, pero el viento se rob\u00f3 las palabras en cuanto salieron de su boca. Tuvo que repetir la pregunta, gritando con todas sus fuerzas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No. No hay nadie afuera. Ve a casa, seguro que hoy no viene.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yue se entristeci\u00f3 y se tranquiliz\u00f3 al mismo tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cMejor que no venga\u201d, se repiti\u00f3. \u201cCon esta tormenta m\u00e1s vale no arriesgarse\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La familia desapareci\u00f3 en la lejan\u00eda y Yue volvi\u00f3 a acurrucarse bajo el azufaifo, de forma tal que su columna quedar\u00e1 en perfecta sinton\u00eda con el tronco del \u00e1rbol. Sinti\u00f3 una suerte de calidez y pens\u00f3 que en aquel momento el \u00e1rbol era su \u00fanico amigo. Su tronco era fuerte y blando a la vez, y parec\u00eda estarla arrullando y habl\u00e1ndole:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vuelve, peque\u00f1a, \u00bfno sientes la tormenta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una r\u00e1faga de calor primero le inund\u00f3 las fosas nasales y luego se convirti\u00f3 en l\u00e1grimas que nublaron su mirada. Ella estaba decidida a no volver a la casa donde siempre se sent\u00eda fr\u00eda y oprimida. En cambio, aquel sendero aparentemente inh\u00f3spito le tra\u00eda esperanza y calidez. No importaba que el viento bramara, que la arena golpeara, que el camino desapareciera, pues al final de aquel sendero podr\u00eda aparecer la silueta de su ser amado. Que llegara o no, daba igual, la calidez yac\u00eda en la esperanza de la espera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El abuelo sol se ocult\u00f3 tras el valle, el viento amain\u00f3 y la arena, obediente, se asent\u00f3 en su nueva morada. Yue supo que ya no vendr\u00eda, y tampoco lo culpaba con semejante tempestad. Le ard\u00edan los ojos, pero segu\u00eda mirando atentamente all\u00e1 donde el camino se perd\u00eda en el horizonte. Finalmente, vio surgir un punto negro. \u00c9ste se acerc\u00f3 y tom\u00f3 forma, una conocida. Yue sali\u00f3 corriendo colmada de felicidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En efecto, era Mengzi. Yue se abalanz\u00f3 sobre \u00e9l llorando de alegr\u00eda y su marido la abraz\u00f3 con todo su ser. Sus llantos se mezclaron y sus l\u00e1grimas limpiaron la arena de sus rostros. En aquel instante ambos comprendieron que estar\u00edan juntos toda la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvieron en la moto a la aldea. Las ratas gritaban con vigor, como si ellas tambi\u00e9n hubieran estado esperando todo el d\u00eda. Yue cerr\u00f3 los ojos y apret\u00f3 su rostro contra la espalda de Mengzi. Lloraba de felicidad. <\/p>\n<h2>7<\/h2>\n<p>Sin saber exactamente cu\u00e1ndo, la enfermedad de Yue empeor\u00f3. Las llagas comenzaron a supurar y en las piernas le brotaron \u00falceras por doquier. El dolor era insoportable. Los medicamentos que tra\u00edan de la ciudad eran in\u00fatiles, tambi\u00e9n la bosta de vaca. Una sombra gigantesca envolvi\u00f3 su coraz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre de Mengzi, tras hacer una nueva pesquisa con respecto a remedios caseros, le pidi\u00f3 a su nuera sentarse sobre una bacinica rebosante de un fuerte alcohol. En cuanto la mezcla tocaba sus heridas, sent\u00eda un dolor atroz que, viajando por los nervios, se esparc\u00eda al cuerpo entero. Yue, estoica e inm\u00f3vil, apretaba la mand\u00edbula con todas sus fuerzas. Sudaba a chorros, pero segu\u00eda apretando los dientes al tiempo que murmuraba:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u00f3guense, malditas, \u00a1mu\u00e9ranse ahogadas en este alcohol! Sin embargo, el nuevo tratamiento result\u00f3 menos efectivo e infinitamente m\u00e1s doloroso que el esti\u00e9rcol ahumado. El alcohol, por m\u00e1s condensado que est\u00e9, s\u00f3lo tiene efecto sobre el exterior, y Yue sab\u00eda que la enfermedad ya se hab\u00eda colado en su sangre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora su padre tambi\u00e9n se preocup\u00f3. Reuni\u00f3 todo el dinero que pudo e intern\u00f3 a Yue en el hospital de Lanzhou. Salvo los antibi\u00f3ticos a los que era al\u00e9rgica, todo lo dem\u00e1s lo intentaron\u2026 con poco \u00e9xito. Yue ve\u00eda con claridad a la muerte observ\u00e1ndola y, de vez en cuando, dedic\u00e1ndole una risita socarrona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comprendida su suerte, el mundo se ensombreci\u00f3, luego perdi\u00f3 todo color y finalmente se llen\u00f3 de una palidez tan blanca como la s\u00e1bana con que se cubre un cad\u00e1ver. La muerte, que sol\u00eda ser algo lejano, algo que le pasaba s\u00f3lo a los dem\u00e1s, ahora se aproximaba inefablemente a ella, mostrando imp\u00fadica sus afilados colmillos. Yue se sent\u00eda completamente impotente. Su mente se sumergi\u00f3 en un blanco brumoso, un vac\u00edo que la separ\u00f3 de la realidad. El mundo estaba afuera, lejano; ella adentro de s\u00ed, conviviendo con la indefensi\u00f3n, la ansiedad y aquella gris y nebulosa impotencia. Parec\u00eda estar so\u00f1ando, casi podr\u00eda afirmarlo a pesar del dolor del cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cOjal\u00e1 fuera s\u00f3lo eso, una pesadilla\u201d, pens\u00f3, pero de inmediato se recrimin\u00f3 y desech\u00f3 el pensamiento. Al pensar en la palabra \u201cmuerte\u201d, el dolor le perfor\u00f3 las llagas purulentas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00bfQuiero morir?\u201d, se preguntaba con frecuencia. Se dijo que ya no ten\u00eda raz\u00f3n para vivir, pero tambi\u00e9n que no hab\u00eda vivido nada, apenas unos pocos parpadeos de los que recordaba algunas im\u00e1genes. El resto de su vida le parec\u00eda m\u00e1s borrosa que un senderito perdido en medio de una tormenta de arena. Los pocos parpadeos, eso s\u00ed, los recordaba muy bien: los juegos de la infancia con compa\u00f1eros de escuela, el escenario del concurso de canto, los brazos y los labios de Mengzi\u2026 apenas \u00e9stos. \u00bfAcaso \u00e9ste era el valor de la vida? \u00bfVeintitantos a\u00f1os de existencia pueden resumirse en tan gigantesco vac\u00edo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue comenz\u00f3 a recordar las abstrusas preguntas que se hac\u00eda Mengzi con relaci\u00f3n a la muerte. Al principio le parec\u00edan deprimentes, pero ahora no pod\u00eda evitarlas. \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de la muerte? \u00bfA d\u00f3nde ir\u00e1 Yue cuando este cuerpo ya no est\u00e9? La respuesta, claramente, le era esquiva. Entonces le preguntaba a Mengzi, pero aquel hac\u00eda todo lo humanamente posible por evitar el tema, y Yue sab\u00eda que lo hac\u00eda pensando en su bienestar. Por lo menos, aquellas preguntas pronto desaparec\u00edan, arrasadas por un sentimiento de tristeza y desesperanza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gracias al cielo, todas las heridas se encontraban en partes del cuerpo cubiertas por ropa. Su rostro segu\u00eda ileso y la imagen que reflejaba el espejo era la de una mujer bella. Esto la consolaba a la vez que la deprim\u00eda: su belleza estaba destinada a desaparecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Claro que quer\u00eda vivir! \u00a1Con m\u00e1s raz\u00f3n por no haber vivido nada! De ni\u00f1a no entend\u00eda el mundo; luego se dedic\u00f3 en cuerpo y alma a los estudios y compromisos escolares. Lo que se dice su propia vida hab\u00eda comenzado hac\u00eda apenas unos a\u00f1os, despu\u00e9s de los dieciocho, y quit\u00e1ndole las horas de sue\u00f1o, las carreras para poner comida en la mesa y uno que otro par de episodios nimios y sin mayor importancia, pr\u00e1cticamente no quedaba nada. Lo \u00fanico que con seguridad llamar\u00eda valioso fueron los d\u00edas con Mengzi, pero siempre ensombrecidos por su infausta enfermedad. \u00a1Qu\u00e9 vida ni qu\u00e9 vida! \u00bfQu\u00e9 diferencia hab\u00eda entre morir ahora y nunca haber nacido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con frecuencia lloraba hasta dejar su rostro inundado por sus propias l\u00e1grimas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En ocasiones se arrepent\u00eda de no haber buscado antes a Mengzi, en aquellos a\u00f1os despu\u00e9s de secundaria cuando su cuerpo a\u00fan estaba limpio y sano. Si se hubieran encontrado antes, abrazado y besado, e incluso hecho el amor \u2014en cuanto pens\u00f3 en ello, el coraz\u00f3n se le detuvo un instante\u2014, \u00a1qu\u00e9 bella ser\u00eda la vida ahora! De haber sido as\u00ed, ella quiz\u00e1s\u2026 no quiz\u00e1s, seguramente jam\u00e1s se habr\u00eda contagiado. Recordando aquellos d\u00edas aciagos, se daba cuenta de que, aunque sol\u00eda victimizarse y con todas sus fuerzas se intentaba convencer de que hab\u00eda sido enga\u00f1ada, en realidad todo fue resultado de un profundo vac\u00edo existencial que fue consumi\u00e9ndola durante aquellos a\u00f1os. Sus anhelos, en aquel entonces, los ve\u00eda tan lejanos como burbujas de jab\u00f3n en medio de un sue\u00f1o. \u00c9stas explotaban al m\u00ednimo contacto con los dedos y, tras despertar, llegaba la desesperanza. Despu\u00e9s de una serie de decepciones, fue vaci\u00e1ndose su interior y comenz\u00f3 a sentir c\u00f3mo se desinflaba y se hund\u00eda en su propio vac\u00edo. No la sedujeron, fue ella en medio de tal hast\u00edo quien se lanz\u00f3 a brazos ajenos\u2026 Aunque si hubieran sido los de Mengzi, las cosas ser\u00edan completamente distintas. Se arrepent\u00eda, y sab\u00eda que ya era tarde y no hab\u00eda nada qu\u00e9 hacer, pero algo de placentero hab\u00eda en ello, pues por lo menos en el arrepentimiento no cabe la muerte, ya que exprime todo hasta sacarlo del organismo; el dolor, la desaz\u00f3n y la tristeza parec\u00edan ser expulsados a presi\u00f3n por obra y arte del arrepentimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces culpaba a su padre. Si no hubiera abierto aquel sal\u00f3n de juegos ni le hubiera pedido que regresara, nada de esto habr\u00eda sucedido. Pero su padre nunca le orden\u00f3 que vendiera su cuerpo, lo \u00fanico que le asign\u00f3 fue la caja y las cuentas. Claro, ella cambi\u00f3 debido a la atm\u00f3sfera lasciva que se respiraba en el local, lo cual fue debilitando sus defensas. Su padre ten\u00eda su cuota de responsabilidad. Sin duda. Pero ella muy pronto lo perdon\u00f3. Cabe aclarar que, cuando su padre vio por donde iba la cosa con el empresario pekin\u00e9s, se enfureci\u00f3 con ella y le advirti\u00f3 hasta el cansancio. Ella lo ignor\u00f3. Ahora en la cama del hospital, los sermones de su padre a\u00fan retumbando en su cabeza le dejaban claro que no ten\u00eda ning\u00fan argumento para culparlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y entonces, \u00bfde qui\u00e9n era la culpa? \u00bfDel destino? En su infancia fue varias veces a consultar al or\u00e1culo: siempre le augur\u00f3 un fastuoso porvenir, tan positivo incluso que podr\u00eda llegar a ser una princesa. Quiz\u00e1s fue por esas predicciones que las ilusiones brotaron en su joven imaginaci\u00f3n, esperaba que apareciera su gran amor, otra de las razones por las que nunca persigui\u00f3 a Mengzi. Se fue de casa y anduvo al acecho por ah\u00ed. En vez de su pr\u00edncipe, lo \u00fanico que se encontr\u00f3 fue una enfermedad ven\u00e9rea. No pod\u00eda entender c\u00f3mo el or\u00e1culo pudo haberse equivocado de tal forma,\u00a1incluso hubo esp\u00edritus involucrados! \u00bfFue ella quien corrompi\u00f3 su promisorio futuro o una fuerza violenta y externa? Yue no lo sab\u00eda. En realidad, nadie podr\u00eda darle respuesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi dec\u00eda que el destino no era m\u00e1s que el reflejo del coraz\u00f3n. Un buen coraz\u00f3n traer\u00e1 fortuna y buen auspicio; uno torcido, calamidad e infortunio. Luego daba numerosos ejemplos en los que claramente ten\u00eda raz\u00f3n, pero que Yue no lograba encajar en su propia situaci\u00f3n. Cre\u00eda haber sido extremadamente buena y nunca haber hecho da\u00f1o a nadie. Ella quiz\u00e1s no llegaba al extremo de Mengzi, que quer\u00eda \u201cbeneficiar a todos los seres vivos\u201d, pero no albergaba ni una pizca de maldad en su interior. Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 ten\u00eda que sufrir semejante desgracia? Algo tendr\u00eda que haber interferido con su destino, pero, por m\u00e1s que lo pensaba, no lograba  entenderlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las ganas de vivir, sin embargo, era incuestionables. La idea se hab\u00eda transformado en voluntad vehemente, con la fuerza de una ola gigante sosteniendo los embates de la tempestad, sobre todo cuando pensaba en Mengzi. Pero \u00e9l estaba ocupado traduciendo aquel grotesco libro de la dinast\u00eda Xia y, como no le daban vacaciones en el templo, le era imposible visitarla en Lanzhou. As\u00ed, el deseo por vivir fue desplazado poco a poco por la a\u00f1oranza de su amado. En los momentos en que esta emoci\u00f3n se hac\u00eda insoportable, Yue ten\u00eda el impulso de quitarse la aguja del dorso de la mano y pedir avent\u00f3n a cualquier carro en direcci\u00f3n al oeste para ir al encuentro de su hombre y con locura animal morderle la ropa \u2014por recomendaci\u00f3n m\u00e9dica ya no pod\u00eda besarlo en la boca. Seg\u00fan los doctores, la enfermedad pod\u00eda contagiarse por medio de la saliva, raz\u00f3n por la cual ella lo hab\u00eda instado a tomar penicilina\u2014, o s\u00f3lo llorar tomados de las manos y mir\u00e1ndose a los ojos. Ver a su amado, aunque fuera su sombra o su borrosa silueta, era mil veces mejor que quedarse en aquel cuarto p\u00e1lido y as\u00e9ptico  del hospital.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La a\u00f1oranza en ocasiones incluso pod\u00eda doblegar el temor a la muerte. Agarrada a la mano de Mengzi y observando sus ojos empapados en bondad, estaba dispuesta a morir e irse al infierno. Por eso intentaba convencer a su padre de que la dejara irse del hospital.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s, los bolsillos se vaciaban al ritmo de los frascos de medicamentos. Los pocos antibi\u00f3ticos a los que Yue no era al\u00e9rgica ya no pod\u00edan controlar el virus, que avanzaba desenfrenado. Para colmo, por culpa de las pastillas, su h\u00edgado, ri\u00f1ones y dem\u00e1s \u00f3rganos comenzaron a fallar. El m\u00e9dico se lo dijo al padre en privado y \u00e9ste, a escondidas, llor\u00f3. Las llagas purulentas a lo largo de las piernas de su hija emit\u00edan un hedor punzante. La muerte asomaba el cuello y le hac\u00eda caras burlonas a Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cLa muerte\u201d, pens\u00f3, \u201ces como un gallo con el pico afilado\u201d. Para Yue, las llagas eran el pico afilado. Se qued\u00f3 observando las heridas con mirada ausente. Por m\u00e1s que ella quer\u00eda estar l\u00facida, estos episodios eran cada vez m\u00e1s recurrentes y duraderos. Yue entendi\u00f3 que la muerte comenzaba a cernir su negro manto sobre ella. La joven era como el conejo que pisa la trampa o el insecto que cae en la red: aunque a\u00fan pod\u00eda mover las alas, su fin se acercaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue se ve\u00eda cayendo al precipicio y reflejada en el espejo de la parca. Alucinaba que escapaba, pero su d\u00e9bil cuerpo no pod\u00eda dar un paso para alejarse de la oscuridad. Y cuando se rend\u00eda al sue\u00f1o, que es igual a la alucinaci\u00f3n, fantaseaba su escape, pero un monstruo la alcanzaba desde atr\u00e1s y la cubr\u00eda con su sombra, como si fuera una ola, y luego aquella sombra mord\u00eda la propia y la arrastraba hasta quedar al borde del abismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mengzi, auxilio. \u00a1Ay\u00fadame! \u2014ella gritaba el nombre de su amado como una encantaci\u00f3n m\u00e1gica, que a veces funcionaba, pues la despertaba de su agon\u00eda e impotencia. Sin embargo, abr\u00eda los ojos intoxicada de una a\u00f1oranza que aprovechaba cualquier grieta para colarse en su interior e invadir su ser.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pod\u00eda sentir los eternos segundos del reloj y su macabro tictac retumbando, sordo, en sus latidos. El dolor hac\u00eda que el tiempo pareciera infinito en aquella negra noche sin luz. Al menos en la aldea pod\u00eda salir a recorrer el camino de tierra y esperar la aparici\u00f3n de un punto en el horizonte que, si al final no era Mengzi, al menos la llenaba de esperanza. Pero inv\u00e1lida en aquel hospital s\u00f3lo la acompa\u00f1aban el dolor, la sombra de la muerte y la cara llena de zozobra de su padre. Nada de esto pod\u00eda alumbrar, ni de forma pasajera, su desolado coraz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ah\u00ed supo con total claridad que sus d\u00edas estaban contados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo raro es que ya no ten\u00eda miedo. Estaba segura de que su alma sobrevivir\u00eda al cuerpo. S\u00f3lo tem\u00eda la soledad inherente. A veces, ego\u00edstamente, deseaba que Mengzi muriera junto con ella. No pod\u00eda imaginarse mayor dicha que perecer al lado de su amado. Cuando el dolor amainaba, ella se dejaba llevar por esa enso\u00f1aci\u00f3n y se imaginaba junto a \u00e9l, antes de casarse, abraz\u00e1ndolo, bes\u00e1ndolo, haci\u00e9ndole el amor, ambos recostados sobre una s\u00e1bana blanca, ambos contagiados de s\u00edfilis pero felices, llenos de fuego y pasi\u00f3n lasciva, y luego se adelantaba hasta el d\u00eda de sus muertes, ambos exhalando al un\u00edsono su \u00faltimo aliento, y brotando de sus cad\u00e1veres hermosos una sombra a\u00fan m\u00e1s hermosa, como un par de mariposas ondeando sus alas y bailando en el aire hasta llegar a paisajes llenos de flores y verde pasto y agua cristalina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue no era capaz de construir otro tipo de belleza, pues la vida no le dur\u00f3 lo suficiente para ir a todos los lugares donde quiso. A veces realmente se arrepent\u00eda de no haber hecho el amor con Mengzi, pero el remordimiento pasaba de largo como una r\u00e1faga cuando el dolor la arrastraba de vuelta a su realidad. No soportar\u00eda que, adem\u00e1s de todo, Mengzi tuviera que vivir en carne propia semejante sufrimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en su escala de miedos viscerales, todav\u00eda por encima de la soledad del alma, lo que m\u00e1s tem\u00eda era que, una vez ella muriera, Mengzi se volviera a casar. Eso era lo \u00fanico que superaba a la muerte. Cada vez que se imaginaba la escena de una boda en donde estaban \u00e9l y otra mujer, le costaba respirar y entonces el temor a la muerte volv\u00eda a colarse entre las grietas de su alma. Tem\u00eda que Mengzi le fuera arrebatado de sus brazos y cayera en los de otra mujer, mientras su esp\u00edritu lloraba sin cesar, como un ni\u00f1o sin madre, enroscado en un rinc\u00f3n del cuarto mirando fijamente a su enemiga infame compartiendo cama con su otrora amado. No pod\u00eda imaginarse peor escena y, parad\u00f3jicamente, era un pensamiento al que le daba vueltas sin cesar. Se pon\u00eda un dedo en la garganta e intentaba respirar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A veces el dolor amainaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No quiero morir \u2014gru\u00f1\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y como resultado natural, odiaba a Mengzi. Sab\u00eda perfectamente que era injustificado, pero ya hab\u00eda reunido un repertorio de argumentos para probar su punto, argumentos tan elaborados que ni ella misma pod\u00eda convencerse de lo contrario. Por ejemplo, sab\u00eda que no lo dejaban salir del templo y por ello no estaba ah\u00ed con ella en el hospital, pero prefiri\u00f3 inventarse que se estaba escondiendo para luego abandonarla, y para demostrarlo contaba con una prueba fehaciente: en la aldea no era nada raro que, con el cad\u00e1ver a\u00fan caliente del c\u00f3nyuge, el viudo contrajera segundas nupcias. Y como estaba convencida de que as\u00ed ser\u00eda, con ello adem\u00e1s prob\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de toda duda la promiscuidad y lascivia de Mengzi. Lo que le quedaba del mundo se ensombreci\u00f3, sinti\u00f3 que no ten\u00eda de d\u00f3nde asirse, todo parec\u00eda falso, carente en absoluto de sentido y significado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al desaparecer su cuerpo, desaparecer\u00eda el amor, y tambi\u00e9n las canciones que estudi\u00f3, el dinero, las casas, los padres, las hermanas, su propia juventud y belleza. Y nada de eso ten\u00eda sentido. Ah\u00ed se dio cuenta de que todo lo que pasa en la vida es un gran enga\u00f1o, un enga\u00f1o que s\u00f3lo muestra su aut\u00e9ntico rostro una vez la muerte est\u00e1 tocando la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todo es falso, absolutamente todo \u2014se quejaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una l\u00e1grima rod\u00f3 por su ojo y termin\u00f3 en un sollozo. Su padre se acerc\u00f3 a preguntarle qu\u00e9 le pasaba, ella gir\u00f3 el rostro al otro lado. No quer\u00eda decir nada, ni ver a nadie. Una bruma oscura la envolvi\u00f3. \u201cLa vida finalmente muestra su verdadero rostro\u201d, rondaba en su mente. <\/p>\n<h2>8<\/h2>\n<p>Los m\u00e9dicos dieron de alta a Yue, pues los medicamentos lo \u00fanico que estaban haciendo era da\u00f1arle los \u00f3rganos y sumar otras dolencias innecesarias. En escasos veintitantos d\u00edas tanto sus suegros como sus padres se hab\u00edan gastado todo su patrimonio sin ning\u00fan resultado. Su padre quiso pedir prestado m\u00e1s dinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Olv\u00eddalo, no tiene sentido, ya no quiero estar ac\u00e1. Y si muero, quiero al menos pasar feliz mis \u00faltimos d\u00edas \u2014le dijo Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De vuelta a la aldea, todos los vecinos salieron a recibirla. Conmovidos por la escena de verla esperando bajo el azufaifo, mirando el camino perderse en el horizonte, se hab\u00edan acabado los vilipendios. Algunos incluso lloraban de pura compasi\u00f3n. Todos sab\u00edan que Yue era una buena chica; fue una buena ni\u00f1a, al crecer sigui\u00f3 siendo recta, de noble coraz\u00f3n. Y s\u00ed, se contagi\u00f3 de una enfermedad ven\u00e9rea, pero, aparte de los muertos y Buda, \u00bfqui\u00e9n no comete errores?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre de Mengzi segu\u00eda buscando remedios caseros. En cuanto descubr\u00eda uno nuevo, iba llena de esperanza a propon\u00e9rselo a su nuera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando finalmente pudo ver a Mengzi, a pesar de todos los argumentos racionales que se hab\u00eda ideado para odiarlo, su aparici\u00f3n le hizo retumbar el coraz\u00f3n. Llevaba varios d\u00edas tomando penicilina y, por fortuna, no era al\u00e9rgico. Yue respir\u00f3 aliviada, pues ello quer\u00eda decir que no lo contagi\u00f3 por besarlo. Ahora mor\u00eda de ganas de apresarlo entre sus brazos y besarlo furiosamente, y disfrutar sus fluidos, y enroscar su lengua como v\u00edbora sedienta a la de \u00e9l. \u00a1Cu\u00e1nta tentaci\u00f3n! Pero Yue sab\u00eda que su saliva ten\u00eda veneno y que a lo sumo podr\u00edan tomarse las manos y compartir una sonrisa, o un llanto. Como sea, en comparaci\u00f3n a estar tendida en una cama de hospital, aquello era el para\u00edso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con s\u00f3lo ver a Mengzi sus pasiones se exacerbaban hasta l\u00edmites incontrolables y, en cuanto part\u00eda, su cuerpo se convert\u00eda en un laboratorio de remedios caseros. Adem\u00e1s de tomar esa cantidad infame de pastillas que le destru\u00edan los ri\u00f1ones y el h\u00edgado, eran visibles las quemaduras por el ahumado de la bosta de vaca y varias llagas putrefactas por tantas horas que pasaba al d\u00eda haci\u00e9ndose lavados con alcohol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el fr\u00e1gil cuerpecito y las escasas energ\u00edas que le quedaban, se iba al campo a recoger las hierbas que, supuestamente, pod\u00edan curarla. Las arrancaba a la vera del arroyo y se las tragaba crudas. Eso s\u00ed, a mal tiempo buena cara: a ojos de los aldeanos, Yue nunca dej\u00f3 de ser bella. Se maquillaba con esmero cada vez que sal\u00eda de casa y, para evitar exponer sus heridas, nunca usaba pantal\u00f3n ni blusa cortos, soportando el cansancio y el dolor se delineaba los ojos, se pintaba los labios y se acicalaba el rostro para cubrir su piel, que ya comenzaba a marchitarse. El humectante de labios lo llevaba siempre consigo e, incluso cuando no hab\u00eda nadie, ella sacaba un espejito, se ve\u00eda y remediaba cualquier imperfecci\u00f3n que estuviera fuera de lugar. Al mundo exterior siempre le regal\u00f3 su belleza y por ello, salvo su familia, nadie m\u00e1s ten\u00eda dimensi\u00f3n de su deterioro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sigo siendo la esposa de Mengzi \u2014se repet\u00eda. Era la raz\u00f3n principal por la que se acicalaba con tal esmero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos los d\u00edas hab\u00eda un remedio casero distinto. Los prob\u00f3 todos, sin discutir, salvo uno: tragar sapos vivos. Su suegra dec\u00eda que era milagroso, pero no hab\u00eda nada que a ella le produjera mayor asco que bichos llenos de diminutos tumores. En cualquier caso, lo intent\u00f3. Lleg\u00f3 incluso a atrapar uno. El sapo croaba y se remov\u00eda, record\u00e1ndole que \u00e9l, como ella, era un ser vivo. Yue pens\u00f3 que quiz\u00e1s aquel sapo ten\u00eda esposa e hijos que sufrir\u00edan por su muerte. \u00bfCon qu\u00e9 argumento pod\u00eda quitar una vida para salvar la propia? Entonces lo solt\u00f3 en el estanque. El sapo volte\u00f3 a verla y emiti\u00f3 un ruido extra\u00f1o que ella interpret\u00f3 como un agradecimiento. Inmediatamente se atac\u00f3 a llorar. Estaba segura de que aquel ser entend\u00eda perfectamente lo que acababa de pasar. Tambi\u00e9n sab\u00eda que nunca olvidar\u00eda aquellos ojos compasivos con que el repugnante bicho la mir\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta el m\u00e1s imb\u00e9cil podr\u00eda darse cuenta de las ganas que ten\u00eda Yue de seguir viviendo, y por ello mismo pocos pod\u00edan contener las l\u00e1grimas al ver su silueta bajo el azufaifo, esperando solitaria. A veces se arrodillaba frente a la diosa Vajravarahi y todas las dem\u00e1s divinidades que pudiera recordar y oraba pidi\u00e9ndoles una tregua con la enfermedad y un poco m\u00e1s de vida, aunque fuera s\u00f3lo un d\u00eda sin s\u00edfilis para ser de verdad la esposa de Mengzi. No le importaba el precio que tuviera que pagar. Pero, al final, los rezos son s\u00f3lo rezos y la enfermedad segu\u00eda su curso, avasalladora. Las llagas se esparc\u00edan sin pausa. Pronto ning\u00fan ropaje podr\u00eda cubrirlas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando estaban solos, ella y Mengzi se abrazaban y echaban a llorar. Ella sab\u00eda que si en alg\u00fan instante mientras estuvo en el hospital hab\u00eda odiado a Mengzi, en el fondo ese mal sentimiento no era m\u00e1s que amor profundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras la vida les marcaba la cuenta regresiva, el amor entre ellos dos crec\u00eda. Cuando Mengzi pod\u00eda volver de la ciudad a la aldea, no pasaba un instante separado de Yue. Por lo general el tiempo avanzaba en silencio y con ellos tomados de la mano. El final ya estaba anunciado, por lo que cualquier palabra de consuelo sonar\u00eda terriblemente falsa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda, cuando el sol pend\u00eda solitario y en l\u00e1nguida palidez sobre las dunas, Yue decidi\u00f3 adentrarse en el desierto. Mengzi la llev\u00f3 en su sempiterna moto de rugidos agotados cual estertores de moribundo. Ella cargaba una mochila amarilla apretando las piernas se sent\u00f3 de lado en la moto (el dolor le imped\u00eda ya hacerlo de frente). Bien maquillada, su rostro brillaba de pureza. Ten\u00eda puesto un par de guantes muy blancos en las manos. El desierto no quedaba lejos de la aldea, pero Mengzi se fue por la v\u00eda larga; una densa tristeza lo envolvi\u00f3 y penetr\u00f3 en su interior.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bajo la caricia del viento arenoso, Mengzi dej\u00f3 la moto y, junto a Yue, se adentr\u00f3 en las dunas. El desierto paulatinamente se fue tragando la aldea; mucho de lo que antes era tierra estaba ahora cubierto de arena. Numerosos arbustos a lo largo del camino estaban cercenados por la necesidad de jaulas para los trabajos mineros en la Pendiente del Toro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las dunas produc\u00edan una sensaci\u00f3n de cierta tristeza. Mengzi pens\u00f3 que la arena era como la enfermedad de Yue, ambas se esparcen por doquier, una hasta lamer la piel y los huesos, la otra hasta tragarse la buena tierra. A este ritmo, en poco tiempo, la arena devorar\u00eda la aldea entera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi ahuyent\u00f3 unas ratas que los espiaban y luego se sent\u00f3 sobre la arena. Yue se recost\u00f3 contra \u00e9l. El abuelo sol les ba\u00f1aba el cuerpo con sus c\u00e1lidos rayos. Se sent\u00edan vivos. De la Pendiente del Toro llegaba el rumor apenas perceptible de los ruidos de la ciudad. \u00c9sta tambi\u00e9n se traga las aldeas, pero no es tan poderosa como la arena, capaz de devorarlo todo y de cubrir al mundo como si jam\u00e1s hubiera existido algo distinto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo parec\u00eda ilusorio e irreal, todo salvo el abrazo que en aquel momento se daban. Mengzi abrazaba a la fr\u00e1gil Yue bajo la calidez del sol. Tirados sobre la arena, saboreaban la vida. Es sutil, casi imperceptible, el sabor a la vida, y cuando menos te das cuenta, se esfuma y se convierte en nada. Mengzi pod\u00eda sentir la nada: era una lejan\u00eda mutable a cada instante y, sin embargo, inmortal; una lejan\u00eda que se empa\u00f1aba y desaparec\u00eda lentamente. Mengzi quer\u00eda atrapar la lejan\u00eda y congelar aquel momento, grabarlo en su coraz\u00f3n para la eternidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya no hablaban, \u00bfpara qu\u00e9? Ambos sab\u00edan que las palabras sobraban y eran tan in\u00fatiles como seguirle dando vueltas al asunto. M\u00e1s val\u00eda disfrutar del encuentro. Al fin y al cabo, el futuro es incierto y el pasado ya se fue; esperar con avidez o quedarse anclado s\u00f3lo logra da\u00f1ar el presente, que es lo \u00fanico cierto. As\u00ed que m\u00e1s val\u00eda sumergirse en aquel abrazo y en silencio dialogar, conectarse y dejar que las almas sin palabras se contaran todos sus secretos. Despu\u00e9s del bullicio no hay mayor placer que el silencio. Y quiz\u00e1s no dure mucho tiempo: el mundo entero era una olla de agua hirviendo y la palabra \u201csilencio\u201d parec\u00eda estar destinada a desaparecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La enfermedad ni la pensaban. Ambos sab\u00edan que el virus comenzaba a tragarse el cuerpo de Yue, as\u00ed que m\u00e1s val\u00eda no llamarla. Visto desde otra perspectiva, \u00bfqui\u00e9n no estaba enfermo? Desde que nacemos, la muerte, bocado a bocado, consume la vida con tanta o m\u00e1s crueldad que la s\u00edfilis. Que los dem\u00e1s no se den cuenta no quiere decir que no sea as\u00ed. Y en medio de esta inconsciencia, de beb\u00e9s nos transformamos en ni\u00f1os, en adultos y en viejos, paso a paso movi\u00e9ndonos inexorablemente hacia la tumba. As\u00ed que para qu\u00e9 preocuparse, para qu\u00e9 pensar, mejor estar sumidos en aquel valioso silencio y disfrutar de la sensaci\u00f3n de estar vivos. Se tranquilizaron y viraron su mirada hacia la intemperie desolada; las dunas sucedi\u00e9ndose como olas de arena hacia el infinito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfDe d\u00f3nde ven\u00edan esas dunas? \u00bfCu\u00e1ndo morir\u00edan? Esos des\u00e9rticos promontorios hab\u00edan sido pisados por muchas almas tan humanas como ellos, almas que experimentaron la enfermedad, la ansiedad, la esperanza, y que al final, sin excepci\u00f3n, se desvanecieron como humo en el vac\u00edo de la eternidad. El desierto tampoco era inmortal, y las dunas tambi\u00e9n desaparecer\u00edan sin dejar rastro de su existencia en la tierra. En el futuro, millones de personas vivir\u00edan ah\u00ed y en su camino a la muerte experimentar\u00edan el sufrimiento y la b\u00fasqueda espiritual hacia el m\u00e1s all\u00e1. \u00bfSabr\u00edan que alguna vez pisaron esta misma arena un hombre llamado Mengzi y una mujer llamada Yue? \u00bfEsa existencia que ellos tanto atesoraban no era m\u00e1s que un diminuto punto en medio de un vac\u00edo infinito?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mengzi acerc\u00f3 a Yue hacia s\u00ed. La sinti\u00f3 suave pero muy real. Not\u00f3 su aliento en la oreja y los latidos de un coraz\u00f3n, que parec\u00eda no haberse enterado de que la s\u00edfilis invad\u00eda su cuerpo. Yue conservaba una suavidad juvenil y Mengzi, aunque la sent\u00eda junto a s\u00ed perfectamente tangible, no pod\u00eda deshacerse de aquella densa sensaci\u00f3n de irrealidad. Sinti\u00f3 la finitud y luego la ilusi\u00f3n revoloteando a toda prisa dentro de su cabeza. Quiz\u00e1s as\u00ed pasaba con el dolor: la \u00fanica forma de soportarlo era mediante la ilusi\u00f3n. Y aunque \u00e9l era perfectamente consciente del sufrimiento de su esposa, tambi\u00e9n sab\u00eda que su propio dolor se esfumaba a una velocidad probablemente cien veces mayor que la de la normal descomposici\u00f3n del cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces Mengzi consideraba que era injusto con Yue. Cre\u00eda que deb\u00eda sentir el mismo dolor, la misma desaz\u00f3n y desesperanza. Sent\u00eda alg\u00fan dolor ocasional, pero era cuesti\u00f3n de instantes para que la sensaci\u00f3n de irrealidad se lo llevara. Y entonces lo \u00fanico que pod\u00eda hacer era estar con ella, entregado en cuerpo y alma a ella. Yue abri\u00f3 los ojos y contempl\u00f3 los ondulantes mont\u00edculos de arena. Tras ella se regaba la p\u00e1lida luz del sol, dibujando patrones en los vellos de su rostro. Yue vir\u00f3 con suma lentitud, mir\u00f3 a Mengzi a los ojos y le pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTe parezco bella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l apret\u00f3 sus manos sin decir palabra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue rio con tristeza. Se quit\u00f3 el morral amarillo y extrajo un incienso de s\u00e1ndalo. Lo prendi\u00f3 y lo insert\u00f3 en la arena. Luego le pidi\u00f3 a Mengzi que se arrodillara. \u00c9l crey\u00f3 que nuevamente iba a rezar a todas las deidades, pero no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Prom\u00e9teme que en la pr\u00f3xima vida tambi\u00e9n seremos marido y mujer \u2014le pidi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En la pr\u00f3xima vida, tambi\u00e9n seremos marido y mujer \u2014repiti\u00f3 mec\u00e1nicamente tras sentir una ola de ardor subir hasta sus p\u00e1rpados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mejor, no s\u00f3lo en la pr\u00f3xima, sino en las pr\u00f3ximas tres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En las pr\u00f3ximas tres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, mejor por siempre y para siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por siempre y para siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue lo mir\u00f3 con amor y cari\u00f1o, le revolvi\u00f3 los cabellos, le arregl\u00f3 el cuello de la camisa, le quit\u00f3 un par de granitos de arena del hombro, tom\u00f3 su rostro con ambas manos, lo mir\u00f3 fijamente a los ojos y dijo lentamente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nunca olvides esta promesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, sonrojada, se qued\u00f3 contemplando al sol poniente al que las dunas ya comenzaban a morder sin tregua. <\/p>\n<h2>9<\/h2>\n<p>Yue hab\u00eda partido. El cu\u00e1ndo nadie lo supo; el c\u00f3mo nadie se lo  imagin\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con las llagas habiendo invadido ya su cuello, Yue supo que poco le quedaba de belleza. Extrajo a hurtadillas dos botellas de gasolina de la moto desvencijada de Mengzi y las meti\u00f3 en su mochila amarilla; luego puso una carta que escribi\u00f3 y unos zapatos bordados por ella bajo la colcha de su madre. Eran para Mengzi. En el sobre, adem\u00e1s de la carta estaban tambi\u00e9n los tres mil yuanes que le hab\u00eda entregado la madre de Mengzi y que a ella ya no le serv\u00edan de nada. En la carta daba las gracias a su suegra: \u201cLo mejor de aquellos remedios caseros fue haber encontrado una segunda madre\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como de costumbre, se maquill\u00f3 con detalle y paciencia, escogi\u00f3 su m\u00e1s hermoso ajuar, adorn\u00f3 sus orejas con pendientes y colg\u00f3 de su cuello un elegante collar. Fue al estudio de fotograf\u00eda situado sobre la Pendiente del Toro, se tom\u00f3 varias fotos y le pidi\u00f3 al fot\u00f3grafo que se las diera a Mengzi. Tiempo despu\u00e9s, el fot\u00f3grafo dir\u00eda que aquellas fueron las fotos m\u00e1s bellas que hubo jam\u00e1s tomado y que quer\u00eda colgarlas sobre la vitrina del estudio. Pidi\u00f3 permiso a Mengzi. \u00c9l se neg\u00f3 rotundamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue se fue, disfrutando del camino que hab\u00eda recorrido con su amado y soltando alguna que otra sonrisa mientras recordaba las escenas de los \u00faltimos d\u00edas. Los aldeanos la observaban desde la distancia y, aunque nadie la interrumpi\u00f3, ella pod\u00eda sentir la compasi\u00f3n en sus miradas y la calidez en sus corazones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sali\u00f3 de la aldea y se adentr\u00f3 en el desierto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de salir, quem\u00f3 absolutamente todo lo que alguna vez hab\u00eda usado: sab\u00eda que todos esos objetos estaban contaminados con la saliva del diablo. Su madre hab\u00eda salido de casa, as\u00ed que pudo darle fuego a todo con absoluta calma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las dunas, cual olas de arena, flu\u00edan hacia tierras inc\u00f3gnitas. Yue comprendi\u00f3 que lo mismo pasar\u00eda con su alma. \u00bfQu\u00e9 suceder\u00eda cuando dejara aquel cuerpo enfermo? \u00bfHacia d\u00f3nde flotar\u00eda su ser? Esto se sal\u00eda completamente de su control. Lo \u00fanico que pod\u00eda controlar, en realidad, era la belleza que dejar\u00eda en el mundo al momento de partir, pues el momento culmen de la belleza es la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M\u00e1s all\u00e1 de la enfermedad terminal y suponiendo que a\u00fan tuviera esperanzas de vivir, si la fealdad era el precio que ten\u00eda que pagar por la vida, igual habr\u00eda escogido la muerte. Desde el momento en que en el hospital vio las fotograf\u00edas de los pacientes en etapa terciaria de s\u00edfilis, se hab\u00eda sembrado la semilla de la partida que emprend\u00eda en aquel momento rumbo al desierto profundo. \u201cNo hay nada m\u00e1s importante que la belleza. Nada m\u00e1s importante que la belleza que queda en el recuerdo del ser amado. M\u00e1s vale partir, dirigir el cuerpo hacia el inframundo y permitir que la belleza sobreviva inc\u00f3lume toda la eternidad\u201d, se dijo Yue. Pero ella segu\u00eda presa de un sentimiento de escozor que le mord\u00eda la entra\u00f1a. No hab\u00eda vivido bien ni suficiente; inquietud y zozobra. Habr\u00eda que esperar a la pr\u00f3xima reencarnaci\u00f3n, donde confiaba que estar\u00eda del otro lado del viento cruel y la inmisericorde lluvia esperando a su prometido. El pensamiento la tranquiliz\u00f3. La esperanza, por lejana que fuera, segu\u00eda siendo esperanza. En esta vida ya mejor no pensar, ni en la zozobra ni en la esperanza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viento des\u00e9rtico le acariciaba con suavidad el rostro, en un acto que juzg\u00f3 lo \u00fanico familiar en su paso a la eternidad. Eso y  los recuerdos, pero \u00e9stos parec\u00edan un mono inquieto, incapaces  de quedarse en un solo \u00e1rbol. M\u00e1s val\u00eda dejarse llevar por el mono. Al fin y al cabo, s\u00f3lo la muerte y no los recuerdos se pueden fijar. Enfrente apareci\u00f3 el lugar donde ella y Mengzi hicieron su promesa solemne. La arena hab\u00eda cubierto todas las huellas de aquel d\u00eda, pero el viento a\u00fan murmuraba sus votos. Cu\u00e1nta alegr\u00eda y paz. Ah\u00ed mismo podr\u00eda esperar, en silencio y calma, su paso a la siguiente vida. \u201cMengzi, no olvides tu promesa\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sonri\u00f3. Era mediod\u00eda, pero las nubes frenaban el calor. Los granos de arena estaban tibios. Sentada se imagin\u00f3 acariciando a su amado. Extrajo un peque\u00f1o espejo y se hizo unos \u00faltimos retoques. Era imposible ver las huellas de esa enfermedad del demonio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yue sac\u00f3 la lengua frente al espejo, guard\u00f3 \u00e9ste en el bolso y acto seguido sac\u00f3 la botella con la gasolina que hab\u00eda extra\u00eddo de la moto de Mengzi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Es como si me hubieras tra\u00eddo t\u00fa mismo, mi amado. \u2014Lo que m\u00e1s quer\u00eda era pensar en Mengzi, pero en los \u00faltimos d\u00edas su imagen parec\u00eda esfum\u00e1rsele\u2014. Ya no importa, saldaremos cuentas en la pr\u00f3xima reencarnaci\u00f3n \u2014se dijo Yue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abri\u00f3 la botella y el punzante aliento a combustible se abalanz\u00f3 sobre sus fosas nasales. Frunci\u00f3 el entrecejo, no le gustaba en absoluto aquel olor. Pens\u00f3 que debi\u00f3 haber tra\u00eddo un poco de alcohol para amainarlo, pero luego record\u00f3 que la gasolina era de Mengzi y, con s\u00f3lo pensarlo, el hedor se convirti\u00f3 en fragancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Repentinamente se qued\u00f3 en ascuas. \u00bfQu\u00e9 deb\u00eda hacer? \u00bfC\u00f3mo proceder? Finalmente decidi\u00f3 cantar la melod\u00eda \u201cFlor\u201d y dedic\u00e1rsela. Cu\u00e1ntas veces se la cant\u00f3 a otros y nunca se la cant\u00f3 a s\u00ed misma. \u201cDe esta vida uno no puede irse sin haberse dedicado aunque sea una canci\u00f3n\u201d, concluy\u00f3 en su cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se humedeci\u00f3 los labios y enton\u00f3, en un susurro: <\/p>\n<blockquote><p>Ruge el trueno tres veces sobre el mar<br \/>\nNo encuentran paz los ancianos en la tierra<br \/>\nM\u00e1s vale el caos en el trono y en la arena<br \/>\nA que la vida nos corte el camino al andar\u2026 <\/p><\/blockquote>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/retratoXue.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15906\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/belleza-cuento-xue-mo\/retratoxue\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/retratoXue.jpeg\" data-orig-size=\"642,642\" 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