{"id":15802,"date":"2021-11-11T11:20:24","date_gmt":"2021-11-11T17:20:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15802"},"modified":"2021-11-11T11:21:10","modified_gmt":"2021-11-11T17:21:10","slug":"arbol-navidad-boda-cuento-dostoyevski","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/arbol-navidad-boda-cuento-dostoyevski\/","title":{"rendered":"Un \u00e1rbol de Navidad y una boda"},"content":{"rendered":"<p>Hoy, 11 de noviembre de 2021, es el bicentenario de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Fi%C3%B3dor_Dostoyevski\">Fi\u00f3dor Mij\u00e1ilovich Dostoyevski<\/a> (1821-1881), el gran novelista ruso; el gran representante \u2013junto con Tolst\u00f3i, G\u00f3gol y Ch\u00e9jov\u2013 de uno de los periodos m\u00e1s brillantes de la historia de la literatura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero resulta que Dostoyevski tambi\u00e9n escribi\u00f3 cuentos, y este es uno de ellos, publicado inicialmente en 1848 con el t\u00edtulo de <a href=\"http:\/\/az.lib.ru\/d\/dostoewskij_f_m\/text_0220.shtml\/\">\u201cElka i svad&#8217;ba\u201d<\/a>. En \u00e9l se puede ver la maestr\u00eda del autor para la representaci\u00f3n dram\u00e1tica de los sucesos \u2013porque gran parte de la historia descansa en los di\u00e1logos y movimientos de los personajes, tal como ocurre en <em>Crimen y castigo<\/em> o <em>Demonios<\/em>\u2013 y tambi\u00e9n su tino para la cr\u00edtica social: esta no es una historia de navidad, por supuesto, sino acerca de la desigualdad social y el abuso contra las mujeres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La siguiente traducci\u00f3n al castellano circula en l\u00ednea sin cr\u00e9dito y la he revisado ligeramente.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15804\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/arbol-navidad-boda-cuento-dostoyevski\/dostoyevski\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski.jpg\" data-orig-size=\"2560,1440\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Dostoyevski\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski-1024x576.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski-1024x576.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"576\" class=\"aligncenter size-large wp-image-15804\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>UN \u00c1RBOL DE NAVIDAD Y UNA BODA<br \/>\nFi\u00f3dor Dostoyevski<\/strong><br \/>\nHace un par de d\u00edas asist\u00ed yo a una boda&#8230; Pero no&#8230; Antes he de contarles algo relativo a una fiesta de Navidad. Una boda es, ya de por s\u00ed, cosa linda, y aquella de marras me gust\u00f3 mucho&#8230; Pero el otro acontecimiento me impresion\u00f3 m\u00e1s todav\u00eda. Al asistir a aquella boda, hube de acordarme de la fiesta de Navidad. Pero voy a contarles lo que all\u00ed sucedi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Har\u00e1 unos cinco a\u00f1os, cierto d\u00eda entre Navidad y A\u00f1o Nuevo, recib\u00ed una invitaci\u00f3n para un baile infantil que hab\u00eda de celebrarse en casa de una respetable familia amiga m\u00eda. El due\u00f1o de la casa era un personaje influyente que estaba muy bien relacionado; ten\u00eda un gran c\u00edrculo de amistades, desempe\u00f1aba un gran papel en sociedad y sol\u00eda urdir todos los enredos posibles; de suerte que pod\u00eda suponerse, desde luego, que aquel baile de ni\u00f1os s\u00f3lo era un pretexto para que las personas mayores, especialmente los se\u00f1ores pap\u00e1s, pudieran reunirse de un modo completamente inocente en mayor n\u00famero que de costumbre y aprovechar aquella ocasi\u00f3n para hablar, como casualmente, de toda clase de acontecimientos y cosas notables. Pero como a m\u00ed las referidas cosas y acontecimientos no me interesaban lo m\u00e1s m\u00ednimo, y como entre los presentes apenas si ten\u00eda alg\u00fan conocido, me pas\u00e9 toda la velada entre la gente, sin que nadie me molestara, abandonado por completo a m\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otro tanto hubo de sucederle a otro caballero, que, seg\u00fan me pareci\u00f3, no se distingu\u00eda ni por su posici\u00f3n social, ni por su apellido, y, a semejanza m\u00eda, s\u00f3lo por pura causalidad se encontraba en aquel baile infantil&#8230; Inmediatamente hubo de llamarme la atenci\u00f3n. Su aspecto exterior impresionaba bien: era de gran estatura, delgado, sumamente serio e iba muy bien vestido. Se advert\u00eda de inmediato que no era amigo de distracciones ni de pl\u00e1ticas fr\u00edvolas. Al instalarse en un rinconcito tranquilo, su semblante, cuyas negras cejas se fruncieron, asumi\u00f3 una expresi\u00f3n dura, casi sombr\u00eda. Saltaba a la vista que, quitando al due\u00f1o de la casa, no conoc\u00eda a ninguno de los presentes. Y tampoco era dif\u00edcil adivinar que aquella fiestecita lo aburr\u00eda hasta la n\u00e1usea, aunque, a pesar de ello, mostr\u00f3 hasta el final el aspecto de un hombre feliz que pasa agradablemente el tiempo. Despu\u00e9s supe que proced\u00eda de la provincia y s\u00f3lo por una temporada hab\u00eda venido a Petersburgo, donde deb\u00eda de fallarse al d\u00eda siguiente un pleito, enrevesado, del que depend\u00eda todo su porvenir. Se le hab\u00eda presentado con una carta de recomendaci\u00f3n a nuestro amigo el due\u00f1o de la casa, por lo que aqu\u00e9l cort\u00e9smente lo hab\u00eda invitado a la velada: pero, seg\u00fan parec\u00eda, no contaba lo m\u00e1s m\u00ednimo con que el due\u00f1o de la casa se tomase por \u00e9l la m\u00e1s ligera molestia. Y como all\u00ed no se jugaba a las cartas y nadie le ofrec\u00eda un cigarro ni se dignaba dirigirle la palabra -probablemente conoc\u00edan ya de lejos al p\u00e1jaro por la pluma-, se vio obligado nuestro hombre, para dar alg\u00fan entretenimiento a sus manos, a estar toda la noche mes\u00e1ndose las patillas. Ten\u00eda, verdaderamente, unas patillas muy hermosas; pero, as\u00ed y todo, se las acariciaba demasiado, dando a entender que primero hab\u00edan sido creadas aquellas patillas, y luego le hab\u00edan a\u00f1adido el hombre, con el solo objeto de que les prodigase sus caricias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s de aquel caballero que no se preocupaba lo m\u00e1s m\u00ednimo por aquella fiesta de los cinco chicos peque\u00f1ines y regordetes del anfitri\u00f3n, hubo de chocarme tambi\u00e9n otro individuo. Pero \u00e9ste mostraba un porte totalmente distinto: \u00a1era todo un personaje!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se llamaba Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich. A la primera mirada se comprend\u00eda que era un hu\u00e9sped de honor y se hallaba, respecto al due\u00f1o de la casa, en la misma relaci\u00f3n, aproximadamente, en que respecto a \u00e9ste se encontraba el forastero desconocido. El due\u00f1o de la casa y su se\u00f1ora se desviv\u00edan por decirle palabras lisonjeras, le hac\u00edan lo que se dice la corte, lo presentaban a todos sus invitados, pero sin present\u00e1rselo a ninguno. Seg\u00fan pude observar, el due\u00f1o de la casa mostr\u00f3 en sus ojos el brillo de una lagrimita de emoci\u00f3n cuando Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, elogiando la fiesta, le asegur\u00f3 que rara vez hab\u00eda pasado un rato tan agradable. Yo, por lo general, suelo sentir un malestar extra\u00f1o en presencia de hombres tan importantes; as\u00ed que, luego de recrear suficientemente mis ojos en la contemplaci\u00f3n de los ni\u00f1os, me retir\u00e9 a un peque\u00f1o\u00a0<em>boudoir<\/em>, en el que, por casualidad, no hab\u00eda nadie, y all\u00ed me instal\u00e9 en el florido parterre de la due\u00f1a de la casa, que ocupaba casi todo el aposento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ni\u00f1os eran todos incre\u00edblemente simp\u00e1ticos e ingenuos y verdaderamente infantiles, y en modo alguno pretend\u00edan d\u00e1rselas de mayores, pese a todas las exhortaciones de ayas y madres. Hab\u00edan literalmente saqueado todo el \u00e1rbol de Navidad hasta la \u00faltima rama, y tambi\u00e9n tuvieron tiempo de romper la mitad de los juguetes, aun antes de haber puesto en claro para qui\u00e9n estaba destinado cada uno. Un chiquillo de aquellos de negros ojos y rizos negros, hubo de llamarme la atenci\u00f3n de un modo particular: estaba empe\u00f1ado en dispararme un tiro, pues le hab\u00eda tocado una pistola de madera. Pero la que m\u00e1s llamaba la atenci\u00f3n de los hu\u00e9spedes era su hermanita. Tendr\u00eda \u00e9sta unos once a\u00f1os, era delicada y p\u00e1lida, con unos ojazos grandes y pensativos. Los dem\u00e1s ni\u00f1os deb\u00edan de haberla ofendido por alg\u00fan concepto, pues se vino al cuarto donde yo me encontraba, se sent\u00f3 en un rinc\u00f3n y se puso a jugar con su mu\u00f1eca. Los convidados se se\u00f1alaban unos a otros con mucho respeto a un opulento comerciante, el padre de la ni\u00f1a, y no falt\u00f3 qui\u00e9n en voz baja hiciese observar que ya ten\u00eda apartados para la dote de la peque\u00f1a sus buenos trescientos mil rublos en dinero contante y sonante. Yo, involuntariamente, dirig\u00ed la vista hacia el grupo que tan interesante conversaci\u00f3n sosten\u00eda, y mi mirada fue a dar en Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, que, con las manos cruzadas a la espalda y un poco ladeada la cabeza, parec\u00eda escuchar muy atentamente el insulso di\u00e1logo. Al mismo tiempo hube de admirar no poco la sabidur\u00eda del due\u00f1o de la casa, que hab\u00eda sabido acreditarla en la distribuci\u00f3n de los regalos. A la muchacha que pose\u00eda ya trescientos mil rublos le hab\u00eda correspondido la mu\u00f1eca m\u00e1s bonita y m\u00e1s cara. Y el valor de los dem\u00e1s regalos iba bajando gradualmente, seg\u00fan la categor\u00eda de los respectivos padres de los chicos. Al \u00faltimo ni\u00f1o, un chiquillo de unos diez a\u00f1os, delgadito, pelirrojo y con pecas, s\u00f3lo le toc\u00f3 un libro que conten\u00eda historias instructivas y trataba de la grandeza del mundo natural, de las l\u00e1grimas de la emoci\u00f3n y dem\u00e1s cosas por el estilo: un \u00e1rido libraco, sin una estampa ni un adorno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era el hijo de una pobre viuda, que les daba clase a los ni\u00f1os del anfitri\u00f3n, y a la que llamaban, por abreviar, el aya. Era el tal chico un ni\u00f1o t\u00edmido, pusil\u00e1nime. Vest\u00eda una blusilla rusa de nanqu\u00edn barato. Despu\u00e9s de recoger su libro, anduvo largo rato huroneando en torno a los juguetes de los dem\u00e1s ni\u00f1os; se le notaban unas ganas terribles de jugar con ellos; pero no se atrev\u00eda; era claro que ya comprend\u00eda muy bien su posici\u00f3n social. Yo contemplaba complacido los juguetes de los ni\u00f1os. Me resultaba de un inter\u00e9s extraordinario la independencia con que se manifestaban en la vida. Me chocaba que aquel pobre chico de que habl\u00e9 se sintiera tan atra\u00eddo por los valiosos juguetes de los otros nenes, sobre todo por un teatrillo de marionetas en el que seguramente habr\u00eda deseado desempe\u00f1ar alg\u00fan papel, hasta el extremo de decidirse a una lisonja. Se sonri\u00f3 y trat\u00f3 de hacerse simp\u00e1tico a los dem\u00e1s: le dio su manzana a una nena mofletuda, que ya ten\u00eda todo un bolso de golosinas, y lleg\u00f3 hasta el punto de decidirse a llevar a uno de los chicos a cuestas, todo con tal de que no lo excluyesen del teatro. Pero en el mismo instante surgi\u00f3 un adulto, que en cierto modo hac\u00eda all\u00ed de inspector, y lo ech\u00f3 a empujones y codazos. El chico no se atrevi\u00f3 a llorar. En seguida apareci\u00f3 tambi\u00e9n el aya, su madre, y le dijo que no molestase a los dem\u00e1s. Entonces se vino el chico al cuarto donde estaba la nena. Ella lo recibi\u00f3 con cari\u00f1o, y ambos se pusieron, con mucha aplicaci\u00f3n, a vestir a la mu\u00f1eca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo llevaba ya sentado media horita en el parterre, y casi me hab\u00eda adormilado, arrullado inconscientemente por el parloteo infantil del chico pelirrojo y la futura belleza con dote de trescientos mil rublos, cuando de repente hizo irrupci\u00f3n en la estancia Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich. Aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n de haberse suscitado una gran disputa entre los ni\u00f1os del sal\u00f3n para desaparecer de all\u00ed sin ser notado. Hac\u00eda unos minutos nada m\u00e1s lo hab\u00eda visto yo al lado del opulento comerciante, padre de la peque\u00f1a, en vivo coloquio, y, por alguna que otra palabra suelta que cogiera al vuelo, adivin\u00e9 que estaba ensalzando las ventajas de un empleo con relaci\u00f3n a otro. Ahora estaba pensativo, en pie, junto al parterre, sin verme a m\u00ed, y parec\u00eda meditar algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Trescientos&#8230;, trescientos&#8230; \u2014murmuraba\u2014. Once&#8230;. doce&#8230;, trece&#8230;, diecis\u00e9is&#8230; \u00a1Cinco a\u00f1os! Supongamos al cuatro por ciento&#8230; Doce por cinco&#8230; Sesenta. Bueno; pongamos, en total, al cabo de cinco a\u00f1os&#8230; Cuatrocientos. Eso es&#8230; Pero \u00e9l no se ha de contentar con el cuatro por ciento, el muy perro. Lo menos querr\u00e1 un ocho y hasta un diez. \u00a1Bah! Pongamos&#8230; quinientos mil&#8230; \u00a1Hum! Medio mill\u00f3n de rublos. Esto es ya mejor&#8230; Bueno&#8230;; y luego, encima, los impuestos&#8230; \u00a1Hum!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su resoluci\u00f3n era firme. Se escombr\u00f3, y se dispon\u00eda ya a salir de la habitaci\u00f3n, cuando, de pronto, hubo de reparar en la peque\u00f1a. que estaba con su mu\u00f1eca en un rinc\u00f3n, junto al ni\u00f1ito pobre, y se qued\u00f3 parado. A m\u00ed no me vio, escondido, como estaba, detr\u00e1s del denso follaje. Seg\u00fan me pareci\u00f3, estaba muy excitado. Dif\u00edcil ser\u00eda, no obstante, precisar si su emoci\u00f3n era debida a la cuenta que acababa de echar o a alguna otra causa, pues se frot\u00f3 sonriendo las manos, y parec\u00eda como si no pudiese estarse quieto. Su excitaci\u00f3n fue creciendo hasta un extremo incomprensible, al dirigir una segunda y resuelta mirada a la rica heredera. Quiso avanzar un paso; pero volvi\u00f3 a detenerse y mir\u00f3 con mucho cuidado en torno suyo. Luego se aproxim\u00f3 de puntillas, como consciente de una culpa, lentamente y sin hacer ruido, a la peque\u00f1a. Como \u00e9sta se hallaba detr\u00e1s del chico, se inclin\u00f3 el hombre y le dio un beso en su cabecita. La peque\u00f1a lanz\u00f3 un grito, asustada, pues no hab\u00eda advertido hasta entonces su presencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed, hija m\u00eda?\u2014le pregunt\u00f3 por lo bajo, mir\u00f3 en torno suyo y le dio luego una palmadita en las mejillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estamos jugando&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah! \u00bfCon \u00e9ste? \u2014y Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich lanz\u00f3 una mirada al peque\u00f1o\u2014 Mira, ni\u00f1o: mejor estar\u00edas en la sala \u2014le dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El chico no replic\u00f3, y se le qued\u00f3 mirando fijo. Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich volvi\u00f3 a echar una r\u00e1pida ojeada en torno suyo, y de nuevo se inclin\u00f3 hacia la peque\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 es esto, ni\u00f1a? \u00bfUna mu\u00f1eca? \u2014le pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, una mu\u00f1equita \u2014repuso la nena algo forzada, y frunci\u00f3 levemente el ce\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una mu\u00f1eca&#8230; Pero \u00bfsabes t\u00fa, hija m\u00eda, de qu\u00e9 se hacen las mu\u00f1ecas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014respondi\u00f3 la ni\u00f1a en un murmullo, y volvi\u00f3 a bajar la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno; pues mira: las hacen de trapos viejos, coraz\u00f3n. Pero t\u00fa estar\u00edas mejor en la sala, con los dem\u00e1s ni\u00f1os \u2014y Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, al decir esto, dirigi\u00f3 una severa mirada al peque\u00f1o. Pero \u00e9ste y la ni\u00f1a fruncieron la frente y se apretaron m\u00e1s el uno contra el otro. Por lo visto, no quer\u00edan separarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY sabes t\u00fa tambi\u00e9n para qu\u00e9 te han regalado esta mu\u00f1eca? \u2014volvi\u00f3 a preguntar Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, que cada vez pon\u00eda en su voz m\u00e1s mimo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues para que seas buena y cari\u00f1osa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al decir esto, torn\u00f3 Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich a mirar hacia la puerta, y luego le pregunt\u00f3 a la ni\u00f1a con voz apenas perceptible, tr\u00e9mula de emoci\u00f3n e impaciencia:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero \u00bfme querr\u00e1s t\u00fa tambi\u00e9n a m\u00ed si les hago una visita a tus padres?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al hablar as\u00ed, intent\u00f3 Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich darle otro beso a la peque\u00f1a; pero al ver el ni\u00f1o que su amiguita estaba ya a punto de romper en llanto, se apretuj\u00f3 contra su cuerpecito, lleno de s\u00fabita congoja, y por pura compasi\u00f3n y cari\u00f1o rompi\u00f3 a llorar alto con ella. Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich se puso furioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Largo de aqu\u00ed! \u00a1Largo de aqu\u00ed! \u2014le dijo con muy mal genio al chico\u2014 \u00a1Vete a la sala! \u00a1Anda a reunirte con los dem\u00e1s ni\u00f1os!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No, no, no! \u00a1No quiero que se vaya! \u00bfPor qu\u00e9 tiene que irse? \u00a1Usted es quien debe irse! \u2014clam\u00f3 la nena\u2014 \u00a1\u00c9l se quedar\u00e1 aqu\u00ed! \u00a1D\u00e9jele usted estar! \u2014a\u00f1adi\u00f3 casi llorando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquel instante sonaron voces altas junto a la puerta y Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich irgui\u00f3 el busto imponente. Pero el ni\u00f1o se asust\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s que Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich; solt\u00f3 a la amiguita y se escurri\u00f3, sin ser visto, a lo largo de las paredes, en el comedor. Tambi\u00e9n al comedor se traslad\u00f3 Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, cual si nada hubiera pasado. Ten\u00eda el rostro como la grana, y como al pasar ante un espejo se mirase en \u00e9l, pareci\u00f3 asombrarse \u00e9l mismo de su aspecto. Quiz\u00e1 lo contrariase haberse excitado tanto y hablado de manera tan destemplada. Por lo visto, sus c\u00e1lculos lo hab\u00edan absorbido y entusiasmado de tal modo, que a pesar de toda su dignidad y astucia, procedi\u00f3 como un verdadero chiquillo, y en seguida, sin pararse a reflexionar, empezaba a atacar su objetivo. Yo lo segu\u00ed al otro cuarto&#8230;, y en verdad que fue un raro espect\u00e1culo el que all\u00ed presenci\u00e9. Pues vi nada menos que a Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, el digno y respetable Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, hostigar al peque\u00f1o, que cada vez retroced\u00eda m\u00e1s ante \u00e9l y, de puro asustado, no sab\u00eda ya d\u00f3nde meterse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Vamos, largo de aqu\u00ed! \u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed, holgaz\u00e1n? \u00a1Anda, vete! Has venido aqu\u00ed a robar fruta, \u00bfverdad? Habr\u00e1s robado alguna, \u00bfeh? \u00a1Pues l\u00e1rgate en seguidita, que ya ver\u00e1s, si no, c\u00f3mo te arreglo yo a ti!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El muchacho, azorado, se resolvi\u00f3, finalmente, a adoptar un medio desesperado de salvaci\u00f3n: se meti\u00f3 debajo de la mesa. Pero al ver aquello se puso todav\u00eda m\u00e1s furioso su perseguidor. Lleno de ira, tir\u00f3 del largo mantel de batista que cubr\u00eda la mesa, con objeto de sacar de all\u00ed al chico. Pero \u00e9ste se estuvo quietecito, muertecito de miedo, y no se movi\u00f3. Debo hacer notar que Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich era algo corpulento. Era lo que se dice un tipo gordo, con los mofletes colorados, una ligera tripa, rechoncho y con las pantorrillas gordas&#8230;; en una palabra: un tipo forzudo, que todo lo ten\u00eda redondito como la nuez. Gotas de sudor le corr\u00edan ya por la frente; respiraba jadeando y casi con estertor. La sangre, de estar agachado, se le sub\u00eda, roja y caliente, a la cabeza. Estaba rabioso, de puro grande que eran su enojo o, \u00bfqui\u00e9n sabe?, sus celos. Yo me ech\u00e9 a re\u00edr alto. Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich se volvi\u00f3 como un rel\u00e1mpago hacia m\u00ed, y, no obstante su alta posici\u00f3n social, su influencia y sus a\u00f1os, se qued\u00f3 enteramente confuso. En aquel instante entr\u00f3 por la puerta frontera el due\u00f1o de la casa. El chico se sali\u00f3 de debajo de la mesa y se sacudi\u00f3 el polvo de las rodillas y los codos. Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich recobr\u00f3 la serenidad, se llev\u00f3 r\u00e1pidamente el mantel, que a\u00fan ten\u00eda cogido de un pico, a la nariz, y se son\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El due\u00f1o de la casa nos mir\u00f3 a los tres sorprendido; pero, a fuer de hombre listo que toma la vida en serio, supo aprovechar la ocasi\u00f3n de poder hablar a solas con su hu\u00e9sped.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah! Mire usted: \u00e9ste es el muchacho en cuyo favor tuve la honra de interesarle&#8230; \u2014empez\u00f3, se\u00f1alando al peque\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah! \u2014replic\u00f3 Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, que segu\u00eda sin ponerse a la altura de la situaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es el hijo del aya de mis hijos \u2014continu\u00f3 explicativo el due\u00f1o de la casa, y en tono comprometedor: \u2014Una pobre mujer. Es viuda de un honorable funcionario. \u00bfNo habr\u00eda medio, Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich&#8230;?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah! Lo hab\u00eda olvidado. \u00a1No, no! \u2014lo interrumpi\u00f3 \u00e9ste presuroso\u2014. No me lo tome usted a mal, mi querido Filipp Aleksi\u00e9yevich; pero es de todo punto imposible. Me he informado bien; no hay, actualmente, ninguna vacante, y aun cuando la hubiese, siempre tendr\u00eda \u00e9ste por delante diez candidatos con mayor derecho&#8230; Lo siento mucho, cr\u00e9ame; pero&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1L\u00e1stima! \u2014dijo pensativo el due\u00f1o de la casa\u2014. Es un chico muy juicioso y modesto&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues a m\u00ed, por lo que he podido ver, me parece un tunante \u2014observ\u00f3 Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich con forzada sonrisa\u2014. \u00a1Anda! \u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed? \u00a1Vete con tus compa\u00f1eros! \u2014le dijo al muchacho, encar\u00e1ndose con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego no pudo, por lo visto, resistir la tentaci\u00f3n de lanzarme a m\u00ed tambi\u00e9n una mirada terrible. Pero yo, lejos de intimidarme, me re\u00ed claramente en su cara. Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich la volvi\u00f3 inmediatamente a otro lado y le pregunt\u00f3 de un modo muy perceptible al due\u00f1o de la casa qui\u00e9n era aquel joven tan raro. Ambos se pusieron a cuchichear y salieron del aposento. Yo pude ver a\u00fan, por el resquicio de la puerta, c\u00f3mo Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, que escuchaba con mucha atenci\u00f3n al due\u00f1o de la casa, mov\u00eda la cabeza admirado y receloso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de haberme re\u00eddo lo bastante, yo tambi\u00e9n me traslad\u00e9 al sal\u00f3n. All\u00ed estaba ahora el personaje influyente, rodeado de padres y madres de familia y de los due\u00f1os de la casa, y hablaba en tono muy animado con una se\u00f1ora que acababan de presentarle. La se\u00f1ora ten\u00eda cogida de la mano a la peque\u00f1a que Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich besara hac\u00eda diez minutos. Ponderaba el hombre a. la ni\u00f1a, poni\u00e9ndola en el s\u00e9ptimo cielo; ensalzaba su hermosura, su gracia, su buena educaci\u00f3n, y la madre lo o\u00eda casi con l\u00e1grimas en los ojos. Los labios del padre sonre\u00edan. El due\u00f1o de la casa participaba con visible complacencia en el j\u00fabilo general. Los dem\u00e1s invitados tambi\u00e9n daban muestras de grata emoci\u00f3n, e incluso hab\u00edan interrumpido los juegos de los ni\u00f1os para que \u00e9stos no molestasen con su algarab\u00eda. Todo el aire estaba lleno de exaltaci\u00f3n. Luego pude o\u00edr yo c\u00f3mo la madre de la ni\u00f1a, profundamente conmovida, con rebuscadas frases de cortes\u00eda, rogaba a Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich que le hiciese el honor especial de visitar su casa, y pude o\u00edr tambi\u00e9n c\u00f3mo Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, sinceramente encantado, promet\u00eda corresponder sin falta a la amable invitaci\u00f3n, y c\u00f3mo los circunstantes, al dispersarse por todos lados, seg\u00fan lo ped\u00eda el uso social, se deshac\u00edan en conmovidos elogios, poniendo por las nubes al comerciante, su mujer y su nena, pero sobre todo a Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEs casado ese se\u00f1or? \u2014pregunt\u00e9 yo alto a un amigo m\u00edo, que estaba al lado de Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich me lanz\u00f3 una mirada col\u00e9rica, que reflejaba exactamente sus sentimientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014me respondi\u00f3 mi amigo, visiblemente contrariado por mi intempestiva pregunta, que yo, con toda intenci\u00f3n, le hiciera en voz alta.<\/p>\n<div align=center>\n&nbsp;<br \/>* * *\n<\/div>\n<p>Hace un par de d\u00edas hube de pasar por delante de la iglesia de ***. La muchedumbre que se api\u00f1aba en el balc\u00f3n, y sus ricos atav\u00edos, hubieron de llamarme la atenci\u00f3n. La gente hablaba de una boda. Era un nublado d\u00eda de oto\u00f1o, y empezaba a helar. Yo entr\u00e9 en la iglesia, confundido entre el gent\u00edo, y mir\u00e9 a ver qui\u00e9n fuese el novio. Era un t\u00edo bajo y rechoncho, con tripa y muchas condecoraciones en el pecho. Andaba muy ocupado, de ac\u00e1 para all\u00e1, dando \u00f3rdenes, y parec\u00eda muy excitado. Por \u00faltimo, se produjo en la puerta un gran revuelo; acababa de llegar la novia. Yo me abr\u00ed paso entre la multitud y pude ver una beldad maravillosa, para la que apenas despuntara a\u00fan la primera primavera. Pero estaba p\u00e1lida y triste. Sus ojos miraban distra\u00eddos. Hasta me pareci\u00f3 que las l\u00e1grimas vertidas hab\u00edan ribeteado aquellos ojos. La severa hermosura de sus facciones prestaba a toda su figura cierta dignidad y solemnidad altivas. Y, no obstante, a trav\u00e9s de esa seriedad y dignidad y de esa melancol\u00eda, resplandec\u00eda el alma inocente, inmaculada, de la infancia, y se delataba en ella algo indeciblemente inexperto, inconsciente, infantil, que, seg\u00fan parec\u00eda, sin decir palabra, t\u00e1citamente, imploraba piedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se dec\u00eda entre la gente que la novia apenas si tendr\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os. Yo mir\u00e9 con m\u00e1s atenci\u00f3n al novio, y de pronto reconoc\u00ed al propio Yuli\u00e1n Mastak\u00f3vich, al que hac\u00eda cinco a\u00f1os que no volviera a ver. Y mir\u00e9 tambi\u00e9n a la novia. \u00a1Santo Dios! Me abr\u00ed paso entre el gent\u00edo en direcci\u00f3n a la salida, con el deseo de verme cuanto antes lejos de all\u00ed. Entre la gente se dec\u00eda que la novia era rica en dinero contante y sonante y que pose\u00eda medio mill\u00f3n de rublos, m\u00e1s una renta por valor de tanto y cuanto&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00a1Le sali\u00f3 bien la cuenta!\u201d, pens\u00e9 yo, y sal\u00ed a la calle.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el bicentenario del gran novelista ruso Fi\u00f3dor Dostoyevski (1821-1881), un relato suyo: una cr\u00edtica social dura y contundente.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15804,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Un \u00e1rbol de navidad y una boda","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,201,3399,2855,467,3398],"class_list":["post-15802","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-rusos","tag-fiodor-dostoyevski","tag-literatura","tag-realismo","tag-un-arbol-de-navidad-y-una-boda"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/Dostoyevski.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-46S","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15802","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15802"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15802\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15807,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15802\/revisions\/15807"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15804"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15802"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15802"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15802"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}