{"id":15772,"date":"2021-09-21T18:00:11","date_gmt":"2021-09-21T23:00:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15772"},"modified":"2021-09-22T11:46:15","modified_gmt":"2021-09-22T16:46:15","slug":"la-trama-celeste-cuento-adolfo-bioy-casares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-trama-celeste-cuento-adolfo-bioy-casares\/","title":{"rendered":"La trama celeste"},"content":{"rendered":"<p>(Como se dice en esta \u00e9poca, el siguiente p\u00e1rrafo contiene <em>spoilers<\/em>.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Publicado en el <a href=\"https:\/\/librosdecibola.wordpress.com\/2017\/05\/02\/resena-adolfo-bioy-casares-la-trama-celeste-castalia\/\">libro del mismo t\u00edtulo<\/a> en 1948, este cuento del gran narrador argentino Adolfo Bioy Casares (1914-1999) es famoso por su argumento, planteado como un misterio policiaco, resuelto en clave de imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica y despu\u00e9s utilizado muchas veces en diferentes medios. Primero, el cuento relata una serie de acontecimientos aparentemente inexplicables (incluyendo cambios en la personalidad y la memoria de ciertos personajes, o en la geograf\u00eda de una ciudad); luego, el protagonista resulta haber viajado a otro mundo, a un universo paralelo, y esto explica todas las disparidades entre lo que sabe y lo que ve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde luego, el tema de las \u00abrealidades alternativas\u00bb est\u00e1 muy de moda en nuestra \u00e9poca. Pero aqu\u00ed, aparte de la maestr\u00eda de su autor para crear una trama sorprendente y a la vez de una l\u00f3gica perfecta, quiero destacar un detalle de la caracterizaci\u00f3n de sus personajes. Sus hombres son todos de su tiempo, es decir, vaga o francamente machistas y absolutamente inconscientes de sus privilegios; pero una historia que se desarrolla paralelamente a la de los sucesos fant\u00e1sticos en \u00abLa trama celeste\u00bb es la de c\u00f3mo todos ellos son puestos en rid\u00edculo ante lo que no comprenden tanto del cosmos como del mundo que los rodea, y quedan en peligro a causa de su propia vanidad. En esto, el cuento de Bioy \u2013que es contempor\u00e1neo de obras de asunto af\u00edn como \u201cLa otra muerte\u201d o \u201cEl jard\u00edn de senderos que se bifurcan\u201d de Jorge Luis Borges\u2013 est\u00e1 adelantado a su \u00e9poca.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15773\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-trama-celeste-cuento-adolfo-bioy-casares\/bioytramaceleste\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste.jpg\" data-orig-size=\"1200,800\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Adolfo Bioy Casares, La trama celeste\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste-1024x683.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"683\" class=\"aligncenter size-large wp-image-15773\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA TRAMA CELESTE<br \/>\nAdolfo Bioy Casares<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el capit\u00e1n Ireneo Morris y el doctor Carlos Alberto Servian, m\u00e9dico home\u00f3pata, desaparecieron, un 20 de diciembre, de Buenos Aires, los diarios apenas comentaron el hecho. Se dijo que hab\u00eda gente enga\u00f1ada, gente complicada y que una comisi\u00f3n estaba investigando; se dijo tambi\u00e9n que el escaso radio de acci\u00f3n del aeroplano utilizado por los fugitivos permit\u00eda afirmar que \u00e9stos no hab\u00edan ido muy lejos. Yo recib\u00ed en esos d\u00edas una encomienda; conten\u00eda: tres vol\u00famenes <em>in quarto<\/em> (las obras completas del comunista Luis Augusto Blanqui); un anillo de escaso valor (un aguamarina en cuyo fondo se ve\u00eda la efigie de una diosa con cabeza de caballo); unas cuantas p\u00e1ginas escritas a m\u00e1quina \u2014<em>Las aventuras del capit\u00e1n Morris<\/em>\u2014 firmadas C. A. S. Transcribir\u00e9 esas p\u00e1ginas.<\/p>\n<div align=center>* * * *<\/div>\n<p><em>LAS AVENTURAS DEL CAPIT\u00c1N MORRIS<\/em><\/p>\n<p>Este relato podr\u00eda empezar con alguna leyenda celta que nos hablara del viaje de un h\u00e9roe a un pa\u00eds que est\u00e1 del otro lado de una fuente, o de una infranqueable prisi\u00f3n hecha de ramas tiernas, o de un anillo que torna invisible a quien lo lleva, o de una nube m\u00e1gica, o de una joven llorando en el remoto fondo de un espejo que est\u00e1 en la mano del caballero destinado a salvarla, o de la busca, interminable y sin esperanza, de la tumba del rey Arturo:<\/p>\n<blockquote><p>\u00c9sta es la tumba de March y \u00e9sta la de Gwythyir;<br \/>\n\u00e9sta es la tumba de Gwgawn Gleddyffreidd;<br \/>\npero la tumba de Arturo es desconocida.<\/p><\/blockquote>\n<p>Tambi\u00e9n podr\u00eda empezar con la noticia, que o\u00ed con asombro y con indiferencia, de que el tribunal militar acusaba de traici\u00f3n al capit\u00e1n Morris. O con la negaci\u00f3n de la astronom\u00eda. O con una teor\u00eda de esos movimientos, llamados \u201cpases\u201d, que se emplean para que aparezcan o desaparezcan los esp\u00edritus.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, yo elegir\u00e9 un comienzo menos estimulante; si no lo favorece la magia, lo recomienda el m\u00e9todo. Esto no importa un repudio de lo sobrenatural, menos a\u00fan el repudio de las alusiones o invocaciones del primer p\u00e1rrafo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me llamo Carlos Alberto Servian, y nac\u00ed en Rauch; soy armenio. Hace ocho siglos que mi pa\u00eds no existe; pero deje que un armenio se arrime a su \u00e1rbol geneal\u00f3gico: toda su descendencia odiar\u00e1 a los turcos. \u201cUna vez armenio, siempre arrnenio.\u201d Somos como una sociedad secreta, como un clan, y dispersos por los continentes, la indefinible sangre, unos ojos y una nariz que se repiten, un modo de comprender y de gozar la tierra, ciertas habilidades, ciertas intrigas, ciertos desarreglos en que nos reconocemos, la apasionada belleza de nuestras mujeres, nos unen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Soy, adem\u00e1s, hombre soltero y, como el Quijote, vivo (viv\u00eda) con una sobrina: una muchacha agradable, joven y laboriosa. A\u00f1adir\u00eda otro calificativo \u2014tranquila\u2014, pero debo confesar que en los \u00faltimos tiempos no lo mereci\u00f3. Mi sobrina se entreten\u00eda en hacer las funciones de secretaria, y, como no tengo secretaria, ella misma atend\u00eda el tel\u00e9fono, pasaba en limpio y arreglaba con certera lucidez las historias m\u00e9dicas y las sintomatolog\u00edas que yo apuntaba al azar de las declaraciones de los enfermos (cuya regla com\u00fan es el desorden) y organizaba mi vasto archivo. Practicaba otra diversi\u00f3n no menos inocente: ir conmigo al cinemat\u00f3grafo los viernes a la tarde. Esa tarde era viernes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se abri\u00f3 la puerta; un joven militar entr\u00f3, en\u00e9rgicamente, en el consultorio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi secretaria estaba a mi derecha, de pie, atr\u00e1s de la mesa, y me extend\u00eda, impasible, una de esas grandes hojas en que apunto los datos que me dan los enfermos. El joven militar se present\u00f3 sin vacilaciones \u2014era el teniente Kramer\u2014 y despu\u00e9s de mirar ostensiblemente a mi secretaria, pregunt\u00f3 con voz firme:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfHablo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dije que hablara. Continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El capit\u00e1n Ireneo Morris quiere verlo. Est\u00e1 detenido en el Hospital Militar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tal vez contaminado por la marcialidad de mi interlocutor, respond\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A sus \u00f3rdenes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1ndo ir\u00e1?\u2014pregunt\u00f3 Kramer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hoy mismo. Siempre que me dejen entrar a estas horas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo dejar\u00e1n\u2014declar\u00f3 Kramer, y con movimientos ruidosos y gimn\u00e1sticos hizo la venia. Se retir\u00f3 en el acto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mir\u00e9 a mi sobrina; estaba demudada. Sent\u00ed rabia y le pregunt\u00e9 qu\u00e9 le suced\u00eda. Me interpel\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes qui\u00e9n es la \u00fanica persona que te interesa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuve la ingenuidad de mirar hacia donde me se\u00f1alaba. Me vi en el espejo. Mi sobrina sali\u00f3 del cuarto, corriendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde hac\u00eda un tiempo estaba menos tranquila. Adem\u00e1s hab\u00eda tomado la costumbre de llamarme ego\u00edsta. Parte de la culpa de esto la atribuyo a mi <em>ex libris<\/em>. Lleva triplemente inscrita \u2014en griego, en lat\u00edn y en espa\u00f1ol\u2014 la sentencia <em>Con\u00f3cete a ti mismo<\/em> (nunca sospech\u00e9 hasta d\u00f3nde me llevar\u00eda esta sentencia) y me reproduce contemplando, a trav\u00e9s de una lupa, mi imagen en un espejo. Mi sobrina ha pegado miles de estos <em>ex libris<\/em> en miles de vol\u00famenes de mi vers\u00e1til biblioteca. Pero hay otra causa para esta fama de ego\u00edsmo. Yo era un met\u00f3dico, y los hombres met\u00f3dicos, los que sumidos en oscuras ocupaciones postergamos los caprichos de las mujeres, parecemos locos, o imb\u00e9ciles, o ego\u00edstas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Atend\u00ed (confusamente) a dos clientes y me fui al Hospital Militar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00edan dado las seis cuando llegu\u00e9 al viejo edificio de la calle Pozos. Despu\u00e9s de una solitaria espera y de un c\u00e1ndido y breve interrogatorio me condujeron a la pieza ocupada por Morris. En la puerta hab\u00eda un centinela con bayoneta. Adentro, muy cerca de la cama de Morris, dos hombres que no me saludaron jugaban al domin\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con Morris nos conocemos de toda la vida; nunca fuimos amigos. He querido mucho a su padre. Era un viejo excelente, con la cabeza blanca, redonda, rapada, y los ojos azules, excesivamente duros y despiertos; ten\u00eda un ingobernable patriotismo gal\u00e9s, una incontenible man\u00eda de contar leyendas celtas. Durante muchos a\u00f1os (los m\u00e1s felices de mi vida) fue mi profesor. Todas las tardes estudi\u00e1bamos un poco, \u00e9l contaba y yo escuchaba las aventuras de los <em>Mabinogion<\/em>, y en seguida repon\u00edamos fuerzas tomando unos mates con az\u00facar quemada. Por los patios andaba Ireneo; cazaba p\u00e1jaros y ratas, y con un cortaplumas, un hilo y una aguja, combinaba cad\u00e1veres heterog\u00e9neos; el viejo Morris dec\u00eda que Ireneo iba a ser m\u00e9dico. Yo iba a ser inventor, porque aborrec\u00eda los experimentos de Ireneo y porque alguna vez hab\u00eda dibujado una bala con resortes, que permitir\u00eda los m\u00e1s envejecedores viajes interplanetarios, y un motor hidr\u00e1ulico, que, puesto en marcha, no se detendr\u00eda nunca. Ireneo y yo est\u00e1bamos alejados por una mutua y consciente antipat\u00eda. Ahora, cuando nos encontramos, sentimos una gran dicha, una floraci\u00f3n de nostalgias y de cordialidades, repetimos un breve di\u00e1logo con fervientes alusiones a una amistad y a un pasado imaginarios, y en seguida no sabemos qu\u00e9 decirnos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Pa\u00eds de Gales, la tenaz corriente celta, hab\u00eda acabado en su padre. Ireneo es tranquilamente argentino, e ignora y desde\u00f1a por igual a todos los extranjeros. Hasta en su apariencia es t\u00edpicamente argentino (algunos lo han cre\u00eddo sudamericano): m\u00e1s bien chico, delgado, fino de huesos, de pelo negro\u2014muy peinado, reluciente\u2014, de mirada sagaz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al verme pareci\u00f3 emocionado (yo nunca lo hab\u00eda visto emocionado, ni siquiera en la noche de la muerte de su padre). Me dijo con voz clara; como para que oyeran los que jugaban al domin\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dame esa mano. En estas horas de prueba has demostrado ser el \u00fanico amigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto me pareci\u00f3 un agradecimiento excesivo para mi visita. Morris continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tenemos que hablar de muchas cosas, pero comprender\u00e1s que ante un par de circunstancias as\u00ed \u2014mir\u00f3 con gravedad a los dos hombres\u2014prefiero callar. Dentro de pocos d\u00edas estar\u00e9 en casa; entonces ser\u00e1 un placer recibirte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cre\u00ed que la frase era una despedida. Morris agreg\u00f3 que \u201csi no ten\u00eda apuro\u201d me quedara un rato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No quiero olvidarme \u2014continu\u00f3\u2014. Gracias por los libros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Murmur\u00e9 algo, confusamente. Ignoraba qu\u00e9 libros me agradec\u00eda. He cometido errores; no el de mandar libros a Ireneo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Habl\u00f3 de accidentes de aviaci\u00f3n; neg\u00f3 que hubiera lugares \u2014El Palomar, en Buenos Aires; el Valle de los Reyes, en Egipto\u2014 que irradiaran corrientes capaces de provocarlos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En sus labios, \u201cel Valle de los Reyes\u201d me pareci\u00f3 incre\u00edble. Le pregunt\u00e9 c\u00f3mo lo conoc\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son las teor\u00edas del cura Moreau \u2014repuso Morris\u2014. Otros dicen que nos falta disciplina. Es contraria a la idiosincrasia de nuestro pueblo, si me segu\u00eds. La aspiraci\u00f3n del aviador criollo es aeroplanos como la gente. Si no, acordate de las proezas de Mira, con el Golondrina, una lata de conservas atada con alambres . . .<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pregunt\u00e9 por su estado y por el tratamiento a que lo somet\u00edan. Entonces fui yo quien habl\u00f3 en voz bien alta, para que oyeran los que jugaban al domin\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No admitas inyecciones. Nada de inyecciones. No te envenenes la sangre. Toma un Depuratum 6 y despu\u00e9s un \u00c1rnica 10000. Sos un caso t\u00edpico de \u00c1rnica. No lo olvides: dosis infinitesimales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me retir\u00e9 con la impresi\u00f3n de haber logrado un peque\u00f1o triunfo. Pasaron tres semanas. En casa hubo pocas novedades. Ahora, retrospectivamente, quiz\u00e1 descubra que mi sobrina estuvo m\u00e1s atenta que nunca, y menos cordial. Seg\u00fan nuestra costumbre los dos viernes siguientes fuimos al cinemat\u00f3grafo; pero el tercer viernes, cuando entr\u00e9 en su cuarto, no estaba. Hab\u00eda salido, \u00a1hab\u00eda olvidado que esa tarde ir\u00edamos al cinemat\u00f3grafo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s lleg\u00f3 un mensaje de Morris. Me dec\u00eda que ya estaba en su casa y que fuera a verlo cualquier tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me recibi\u00f3 en el escritorio. Lo digo sin reticencias: Morris hab\u00eda mejorado. Hay naturalezas que tienden tan invenciblemente al equilibrio de la salud, que los peores venenos inventados por la alopat\u00eda no las abruman.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al entrar en esa pieza tuve la impresi\u00f3n de retroceder en el tiempo; casi dir\u00eda que me sorprendi\u00f3 no encontrar al viejo Morris (muerto hace diez a\u00f1os), aseado y benigno, administrando con reposo los impedimenta del mate. Nada hab\u00eda cambiado. En la biblioteca encontr\u00e9 los mismos libros, los mismos bustos de Lloyd George y de William Morris, que hab\u00edan contemplado mi agradable y ociosa juventud, ahora me contemplaban; y en la pared colgaba el horrible cuadro que sobrecogi\u00f3 mis primeros insomnios: la muerte de Griffith ap Rhys, conocido como <em>El fulgor y el poder y la dulzura de los varones del sur<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trat\u00e9 de llevarlo inmediatamente a la conversaci\u00f3n que le interesaba. Dijo que s\u00f3lo ten\u00eda que agregar unos detalles a lo que me hab\u00eda expuesto en su carta. Yo no sab\u00eda qu\u00e9 responder; yo no hab\u00eda recibido ninguna carta de Ireneo. Con s\u00fabita decisi\u00f3n le ped\u00ed que si no le fatigaba me contara todo desde el principio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces Ireneo Morris me relat\u00f3 su misteriosa historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta el 23 de junio pasado hab\u00eda sido probador de los aeroplanos del ej\u00e9rcito. Primero cumpli\u00f3 esas funciones en la f\u00e1brica militar de C\u00f3rdoba, \u00faltimamente hab\u00eda conseguido que lo trasladaran a la base del Palomar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me dio su palabra de que \u00e9l, como probador, era una persona importante. Hab\u00eda hecho m\u00e1s vuelos de ensayo que cualquier aviador americano (sur y centro). Su resistencia era extraordinaria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tanto hab\u00eda repetido esos vuelos de prueba, que, autom\u00e1ticamente, inevitablemente, lleg\u00f3 a ejecutar uno solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sac\u00f3 del bolsillo una libreta y en una hoja en blanco traz\u00f3 una serie de l\u00edneas en zigzag; escrupulosamente anot\u00f3 n\u00fameros (distancias, alturas, graduaci\u00f3n de \u00e1ngulos); despu\u00e9s arranc\u00f3 la hoja y me la obsequi\u00f3. Me apresur\u00e9 a agradecerle. Declar\u00f3 que yo pose\u00eda \u201cel esquema cl\u00e1sico de sus pruebas\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alrededor del 15 de junio le comunicaron que en esos d\u00edas probar\u00eda un nuevo Breguet \u2014el 309\u2014 monoplaza, de combate. Se trataba de un aparato construido seg\u00fan una patente francesa de hac\u00eda dos o tres a\u00f1os y el ensayo se cumplir\u00eda con bastante secreto. Morris se fue a su casa, tom\u00f3 una libreta de apuntes \u2014\u201dcomo lo hab\u00eda hecho hoy\u201d\u2014, dibuj\u00f3 el esquema \u2014\u201del mismo que yo ten\u00eda en el bolsillo\u201d\u2014. Despu\u00e9s se entretuvo en complicarlo; despu\u00e9s \u2014\u201den ese mismo escritorio donde nosotros depart\u00edamos amigablemente\u201d\u2014 imagin\u00f3 esos agregados, los grab\u00f3 en la memoria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El 23 de junio, alba de una hermosa y terrible aventura, fue un d\u00eda gris, lluvioso. Cuando Morris lleg\u00f3 al aer\u00f3dromo, el aparato estaba en el hangar. Tuvo que esperar que lo sacaran. Camin\u00f3 para no enfermarse de fr\u00edo, consigui\u00f3 que se le empaparan los pies. Finalmente, apareci\u00f3 el Breguet. Era un monoplano de alas bajas, \u201cnada del otro mundo, te aseguro\u201d. Lo inspeccion\u00f3 someramente. Morris me mir\u00f3 en los ojos y en voz baja me comunic\u00f3: el asiento era estrecho, notablemente inc\u00f3modo. Record\u00f3 que el indicador de combustible marcaba \u201clleno\u201d y que en las alas el Breguet no ten\u00eda ninguna insignia. Dijo que salud\u00f3 con la mano y que en seguida el adem\u00e1n le pareci\u00f3 falso. Corri\u00f3 unos quinientos metros y despeg\u00f3. Empez\u00f3 a cumplir lo que \u00e9l llamaba su \u201cnuevo esquema de prueba\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era el probador m\u00e1s resistente de la Rep\u00fablica. Pura resistencia f\u00edsica, me asegur\u00f3. Estaba dispuesto a contarme la verdad. Aunque yo no pod\u00eda creerlo, de pronto se le nubl\u00f3 la vista. Aqu\u00ed Morris habl\u00f3 mucho; lleg\u00f3 a exaltarse; por mi parte, olvid\u00e9 el \u201ccompadrito\u201d peinado que ten\u00eda enfrente; segu\u00ed el relato: poco despu\u00e9s de emprender los ejercicios nuevos sinti\u00f3 que la vista se le nublaba, se oy\u00f3 decir \u201cqu\u00e9 verg\u00fcenza, voy a perder el conocimiento\u201d, embisti\u00f3 una vasta mole oscura (quiz\u00e1 una nube), tuvo una visi\u00f3n ef\u00edmera y feliz, como la visi\u00f3n de un radiante para\u00edso\u2026 Apenas consigui\u00f3 enderezar el aeroplano cuando estaba por tocar el campo de aterrizaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvi\u00f3 en s\u00ed. Estaba dolorosamente acostado en una cama blanca, en un cuarto alto, de paredes blancuzcas y desnudas. Zumb\u00f3 un moscard\u00f3n; durante algunos segundos crey\u00f3 que dorm\u00eda la siesta, en el campo. Despu\u00e9s supo que estaba herido; que estaba detenido; que estaba en el Hospital Militar. Nada de esto le sorprendi\u00f3, pero todav\u00eda tard\u00f3 un rato en recordar el accidente. Al recordarlo tuvo la verdadera sorpresa: no comprend\u00eda c\u00f3mo hab\u00eda perdido el conocimiento. Sin embargo, no lo perdi\u00f3 una sola vez\u2026 De esto hablar\u00e9 mas adelante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La persona que lo acompa\u00f1aba era una mujer. La mir\u00f3. Era una enfermera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dogm\u00e1tico y discriminativo, habl\u00f3 de mujeres en general. Fue desagradable. Dijo que hab\u00eda un tipo de mujer, y hasta una mujer determinada y \u00fanica, para el animal que hay en el centro de cada hombre, y agreg\u00f3 algo en el sentido de que era un infortunio encontrarla, porque el hombre siente lo decisiva que es para su destino y la trata con temor y con torpeza, prepar\u00e1ndose un futuro de ansiedad y de mon\u00f3tona frustraci\u00f3n. Afirm\u00f3 que, para el hombre \u201ccomo es debido\u201d, entre las dem\u00e1s mujeres no habr\u00e1 diferencias notables, ni peligros. Le pregunt\u00e9 si la enfermera correspond\u00eda a su tipo. Me respondi\u00f3 que no, y aclar\u00f3: \u201cEs una mujer pl\u00e1cida y maternal, pero bastante linda.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Continu\u00f3 su relato. Entraron unos oficiales (precis\u00f3 las jerarqu\u00edas). Un soldado trajo una mesa y una silla; se fue, y volvi\u00f3 con una m\u00e1quina de escribir. Se sent\u00f3 frente a la m\u00e1quina, y escribi\u00f3 en silencio. Cuando el soldado se detuvo, un oficial interrog\u00f3 a Morris:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSu nombre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No le sorprendi\u00f3 esta pregunta. Pens\u00f3: \u201cmero formulismo\u201d. Dijo su nombre, y tuvo el primer signo del horrible complot que inexplicablemente lo envolv\u00eda. Todos los oficiales rieron. \u00c9l nunca hab\u00eda imaginado que su nombre fuera rid\u00edculo. Se enfureci\u00f3. Otro de los oficiales dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pod\u00eda inventar algo menos incre\u00edble \u2014orden\u00f3 al soldado de la m\u00e1quina: \u2014Escriba, no m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNacionalidad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Argentino \u2014afirm\u00f3 sin vacilaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPertenece al ej\u00e9rcito?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuvo una iron\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo soy el del accidente, y ustedes parecen los golpeados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si rieron un poco (entre ellos, como si Morris estuviera ausente).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pertenezco al ej\u00e9rcito, con grado de capit\u00e1n, regimiento 7, escuadrilla novena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCon base en Montevideo? \u2014pregunt\u00f3 sarc\u00e1sticamente uno de los oficiales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En Palomar \u2014respondi\u00f3 Morris.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dio su domicilio: Bol\u00edvar 971. Los oficiales se retiraron. Volvieron al d\u00eda siguiente, \u00e9sos y otros. Cuando comprendi\u00f3 que dudaban de su nacionalidad, o que simulaban dudar, quiso levantarse de la cama, pelearlos. La herida y la tierna presi\u00f3n de la enfermera lo contuvieron. Los oficiales volvieron a la tarde del otro d\u00eda, a la ma\u00f1ana del siguiente. Hac\u00eda un calor tremendo; le dol\u00eda todo el cuerpo; me confes\u00f3 que hubiera declarado cualquier cosa para que lo dejaran en paz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 se propon\u00edan? \u00bfPor qu\u00e9 ignoraban qui\u00e9n era? \u00bfPor qu\u00e9 lo insultaban, por qu\u00e9 simulaban que no era argentino? Estaba perplejo y enfurecido. Una noche la enfermera lo tom\u00f3 de la mano y le dijo que no se defend\u00eda juiciosamente. Respondi\u00f3 que no ten\u00eda de qu\u00e9 defenderse. Pas\u00f3 la noche despierto, entre accesos de c\u00f3lera, momentos en que estaba decidido a encarar con tranquilidad la situaci\u00f3n, y violentas reacciones en que se negaba a \u201centrar en ese juego absurdo\u201d. A la ma\u00f1ana quiso pedir disculpas a la enfermera por el modo con que la hab\u00eda tratado; comprend\u00eda que la intenci\u00f3n de ella era ben\u00e9vola, \u201cy no es fea, me entend\u00e9s\u201d; pero como no sab\u00eda pedir disculpas, le pregunt\u00f3 irritadamente qu\u00e9 le aconsejaba. La enfermera le aconsej\u00f3 que llamara a declarar a alguna persona de responsabilidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando vinieron los oficiales dijo que era amigo del teniente Kramer y del teniente Viera, del capit\u00e1n Faverio, de los tenientes coroneles Margaride y Navarro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A eso de las cinco apareci\u00f3 con los oficiales el teniente Kramer, su amigo de toda la vida. Morris dijo con verg\u00fcenza que \u201cdespu\u00e9s de una conmoci\u00f3n, el hombre no es el mismo\u201d y que al ver a Kramer sinti\u00f3 l\u00e1grimas en los ojos. Reconoci\u00f3 que se incorpor\u00f3 en la cama y abri\u00f3 los brazos cuando lo vio entrar. Le grit\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ven\u00ed, hermano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kramer se detuvo y lo mir\u00f3 imp\u00e1vidamente. Un oficial le pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Teniente Kramer, \u00bfconoce usted al sujeto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La voz era insidiosa. Morris dice que esper\u00f3 \u2014esper\u00f3 que el teniente Kramer, con una s\u00fabita exclamaci\u00f3n cordial, revelara su actitud como parte de una broma\u2014\u2026 Kramer contest\u00f3 con demasiado calor, como si temiera no ser cre\u00eddo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nunca lo he visto. Mi palabra que nunca lo he visto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le creyeron inmediatamente, y la tensi\u00f3n que durante unos segundos hubo entre ellos desapareci\u00f3. Se alejaron: Morris oy\u00f3 las risas de los oficiales, y la risa franca de Kramer, y la voz de un oficial que repet\u00eda \u201cA m\u00ed no me sorprende, cr\u00e9ame que no me sorprende. Tiene un descaro.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con Viera y con Margaride la escena volvi\u00f3 a repetirse, en lo esencial. Hubo mayor violencia. Un libro \u2014uno de los libros que yo le habr\u00eda enviado\u2014 estaba debajo de las s\u00e1banas, al alcance de su mano y alcanz\u00f3 el rostro de Viera cuando \u00e9ste simul\u00f3 que no se conoc\u00edan. Morris dio una descripci\u00f3n circunstanciada que no creo \u00edntegramente. Aclaro: no dudo de su coraje, s\u00ed de su velocidad epigram\u00e1tica. Los oficiales opinaron que no era indispensable llamar a Faverio, que estaba en Mendoza. Imagin\u00f3 entonces tener una inspiraci\u00f3n; pens\u00f3 que si las amenazas convert\u00edan en traidores a los j\u00f3venes, fracasar\u00edan ante el general Huet, antiguo amigo de su casa, que siempre hab\u00eda sido con \u00e9l como un padre, o, m\u00e1s bien, como un rect\u00edsimo padrastro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le contestaron secamente que no hab\u00eda, que nunca hubo, un general de nombre tan rid\u00edculo en el ej\u00e9rcito argentino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris no ten\u00eda miedo; tal vez si hubiera conocido el miedo se hubiera defendido mejor. Afortunadamente, le interesaban las mujeres, \u201cy usted sabe c\u00f3mo les gusta agrandar los peligros y lo cavilosas que son\u201d. La otra vez la enfermera le hab\u00eda tomado la mano para convencerlo del peligro que lo amenazaba; ahora Morris la mir\u00f3 en los ojos y le pregunt\u00f3 el significado de la confabulaci\u00f3n que hab\u00eda contra \u00e9l. La enfermera repiti\u00f3 lo que hab\u00eda o\u00eddo: su afirmaci\u00f3n de que el 23 hab\u00eda probado el Breguet en El Palomar era falsa; en El Palomar nadie hab\u00eda probado aeroplanos esa tarde. El Breguet era de un tipo recientemente adoptado por el ej\u00e9rcito argentino, pero su numeraci\u00f3n no correspond\u00eda a la de ning\u00fan aeroplano del ej\u00e9rcito argentino. \u201c\u00bfMe creen esp\u00eda?\u201d, pregunt\u00f3 con incredulidad. Sinti\u00f3 que volv\u00eda a enfurecerse. T\u00edmidamente, la enfermera respondi\u00f3: \u201cCreen que ha venido de alg\u00fan pa\u00eds hermano.\u201d Morris le jur\u00f3 como argentino que era argentino, que no era esp\u00eda; ella pareci\u00f3 emocionada, y continu\u00f3 en el mismo tono de voz: \u201cEl uniforme es igual al nuestro; pero han descubierto que las costuras son diferentes.\u201d Agreg\u00f3: \u201cUn detalle imperdonable\u201d, y Morris comprendi\u00f3 que ella tampoco le cre\u00eda. Sinti\u00f3 que se ahogaba de rabia, y, para disimular, la bes\u00f3 en la boca y la abraz\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A los pocos d\u00edas la enfermera le comunic\u00f3: \u201cSe ha comprobado que diste un domicilio falso.\u201d Morris protest\u00f3 in\u00fatilmente; la mujer estaba documentada: el ocupante de la casa era el se\u00f1or Carlos Grimaldi. Morris tuvo la sensaci\u00f3n del recuerdo, de la amnesia. Le pareci\u00f3 que ese nombre estaba vinculado a alguna experiencia pasada; no pudo precisarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La enfermera le asegur\u00f3 que su caso hab\u00eda determinado la formaci\u00f3n de dos grupos antag\u00f3nicos: el de los que sosten\u00edan que era extranjero y el de los que sosten\u00edan que era argentino. M\u00e1s claramente: unos quer\u00edan desterrarlo; otros fusilarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Con tu insistencia de que sos argentino \u2014dijo la mujer\u2014 ayud\u00e1s a los que reclaman tu muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris le confes\u00f3 que por primera vez hab\u00eda sentido en su patria \u201cel desamparo que sienten los que visitan otros pa\u00edses\u201d. Pero segu\u00eda no temiendo nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer llor\u00f3 tanto que \u00e9l, por fin, le prometi\u00f3 acceder a lo que pidiera. \u201cAunque te parezca rid\u00edculo, me gustaba verla contenta.\u201d La mujer le pidi\u00f3 que \u201creconociera\u201d que no era argentino. \u201cFue un golpe terrible, como si me dieran una ducha. Le promet\u00ed complacerla, sin ninguna intenci\u00f3n de cumplir la promesa.\u201d Opuso dificultades:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Digo que soy de tal pa\u00eds. Al d\u00eda siguiente contestan de ese pa\u00eds que mi declaraci\u00f3n es falsa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No importa \u2014afirm\u00f3 la enfermera\u2014. Ning\u00fan pa\u00eds va a reconocer que manda esp\u00edas. Pero con esa declaraci\u00f3n y algunas influencias que yo mueva, tal vez triunfen los partidarios del destierro, si no es demasiado tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al otro d\u00eda un oficial  fue a tomarle declaraci\u00f3n. Estaban solos; el hombre le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es un asunto resuelto. Dentro de una semana firman la sentencia de muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris me explic\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No me quedaba nada que perder\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cPara ver lo que suced\u00eda\u201d, le dijo al oficial:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Confieso que soy uruguayo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la tarde confes\u00f3 la enfermera: le dijo a Morris que todo hab\u00eda sido una estratagema; que hab\u00eda temido que no cumpliera su promesa; el oficial era amigo y llevaba instrucciones para sacarle la declaraci\u00f3n. Morris coment\u00f3 brevemente:\u2014Si era otra mujer, la azoto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su declaraci\u00f3n no hab\u00eda llegado a tiempo; la situaci\u00f3n empeoraba. Seg\u00fan la enfermera, la \u00fanica esperanza estaba en un se\u00f1or que ella conoc\u00eda y cuya identidad no pod\u00eda revelar. Este se\u00f1or quer\u00eda verlo antes de interceder en su favor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me dijo francamente\u2014asegur\u00f3 Morris\u2014: trat\u00f3 de evitar la entrevista. Tem\u00eda que yo causara mala impresi\u00f3n. Pero el se\u00f1or quer\u00eda verme y era la \u00faltima esperanza que nos quedaba. Me recomend\u00f3 no ser intransigente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El se\u00f1or no vendr\u00e1 al hospital\u2014dijo la enfermera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces no hay nada que hacer\u2014respondi\u00f3 Morris, con alivio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La enfermera sigui\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La primera noche que tengamos centinelas de confianza, vas a verlo. Ya est\u00e1s bien, ir\u00e1s solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se sac\u00f3 un anillo del dedo anular y se lo entreg\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo calc\u00e9 en el dedo me\u00f1ique. Es una piedra, un vidrio o un brillante, con la cabeza de un caballo en el fondo. Deb\u00eda llevarlo con la piedra hacia el interior de la mano, y los centinelas me dejar\u00edan entrar y salir como si no me vieran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La enfermera le dio instrucciones. Saldr\u00eda a las doce y media y deb\u00eda volver antes de las tres y cuarto de la madrugada. La enfermera le escribi\u00f3 en un papelito la direcci\u00f3n del se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTen\u00e9s el papel? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, creo que s\u00ed \u2014respondi\u00f3, y lo busc\u00f3 en su billetera. Me lo entreg\u00f3 displicentemente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era un papelito azul; la direcci\u00f3n \u2014M\u00e1rquez 6890\u2014 estaba escrita con letra femenina y firme (\u201cdel Sacr\u00e9-Coeur\u201d, declar\u00f3 Morris, con inesperada erudici\u00f3n).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo se llama la enfermera?\u2014inquir\u00ed por simple curiosidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris pareci\u00f3 incomodo. Finalmente, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La llamaban Idibal. Ignoro si es nombre o apellido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Continu\u00f3 su relato:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lleg\u00f3 la noche fijada para la salida. Idibal no apareci\u00f3. \u00c9l no sab\u00eda qu\u00e9 hacer. A las doce y media resolvi\u00f3 salir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pareci\u00f3 in\u00fatil mostrar el anillo al centinela que estaba en la puerta de su cuarto. El hombre levant\u00f3 la bayoneta. Morris mostr\u00f3 el anillo; sali\u00f3 libremente. Se recost\u00f3 contra una puerta: a lo lejos, en el fondo del corredor, hab\u00eda visto a un cabo. Despu\u00e9s, siguiendo indicaciones de Idibal, baj\u00f3 por una escalera de servicio y lleg\u00f3 a la puerta de calle. Mostr\u00f3 el anillo y sali\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00f3 un tax\u00edmetro; dio la direcci\u00f3n apuntada en el papel. Anduvieron m\u00e1s de media hora; rodearon por Juan B. Justo y Gaona los talleres del F.C.O. y tomaron una calle arbolada, hacia el limite de la ciudad; despu\u00e9s de cinco o seis cuadras se detuvieron ante una iglesia que emerg\u00eda, copiosa de columnas y de c\u00fapulas, entre las casas bajas del barrio, blanca en la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Crey\u00f3 que hab\u00eda un error; mir\u00f3 el n\u00famero en el papel: era el de la iglesia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDeb\u00edas esperar afuera o adentro? \u2014interrogu\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El detalle no le incumb\u00eda; entr\u00f3. No vio a nadie. Le pregunt\u00e9 c\u00f3mo era la iglesia. Igual a todas, contest\u00f3. Despu\u00e9s supe que estuvo un rato junto a una fuente con peces, en la que ca\u00edan tres chorros de agua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Apareci\u00f3 \u201cun cura de esos que se visten de hombres, como los del Ej\u00e9rcito de Salvaci\u00f3n\u201d y le pregunt\u00f3 si buscaba a alguien. Dijo que no. El cura se fue; al rato volvi\u00f3 a pasar. Estas venidas se repitieron tres o cuatro veces. Asegur\u00f3 Morris que era admirable la curiosidad del sujeto, y que \u00e9l ya iba a interpelarlo; pero que el otro le pregunt\u00f3 si ten\u00eda \u201cel anillo del convivio\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEl anillo del qu\u00e9?\u2026 \u2014pregunt\u00f3 Morris. Y continu\u00f3 explic\u00e1ndome:\u2014  Imaginate \u00bfc\u00f3mo se me iba a ocurrir que hablaba del anillo que me dio Idibal?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre le mir\u00f3 curiosamente las manos, y le orden\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mu\u00e9streme ese anillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris tuvo un movimiento de repulsi\u00f3n; despu\u00e9s mostr\u00f3 el anillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre lo llev\u00f3 a la sacrist\u00eda y le pidi\u00f3 que le explicara el asunto. Oy\u00f3 el relato con aquiescencia; Morris aclara: \u201cComo una explicaci\u00f3n m\u00e1s o menos h\u00e1bil, pero falsa; seguro de que no pretender\u00eda enga\u00f1arlo, de que \u00e9l oir\u00eda, finalmente, la explicaci\u00f3n verdadera, mi confesi\u00f3n.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando se convenci\u00f3 de que Morris no hablar\u00eda m\u00e1s, se irrit\u00f3 y quiso terminar la entrevista. Dijo que tratar\u00eda de hacer algo por \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al salir, Morris busc\u00f3 Rivadavia. Se encontr\u00f3 frente a dos torres que parec\u00edan la entrada de un castillo o de una ciudad antigua; realmente eran la entrada de un hueco, interminable en la oscuridad. Tuvo la impresi\u00f3n de estar en un Buenos Aires sobrenatural y siniestro. Camin\u00f3 unas cuadras; se cans\u00f3; lleg\u00f3 a Rivadavia, tom\u00f3 un tax\u00edmetro y le dio la direcci\u00f3n de su casa: Bol\u00edvar 971.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se baj\u00f3 en Independencia y Bol\u00edvar; camin\u00f3 hasta la puerta de la casa. No eran todav\u00eda las dos de la ma\u00f1ana. Le quedaba tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quiso poner la llave en la cerradura; no pudo. Apret\u00f3 el timbre. No le abr\u00edan; pasaron diez minutos. Se indign\u00f3 de que la sirvientita aprovechara su ausencia \u2014su desgracia\u2014 para dormir afuera. Apret\u00f3 el timbre con toda su fuerza. Oy\u00f3 ruidos que parec\u00edan venir de muy lejos; despu\u00e9s, una serie de golpes \u2014uno seco, otro fugaz\u2014 r\u00edtmicos, crecientes. Apareci\u00f3, enorme en la sombra, una figura humana. Morris se baj\u00f3 el ala del sombrero y retrocedi\u00f3 hasta la parte menos iluminada del zagu\u00e1n. Reconoci\u00f3 inmediatamente a ese hombre so\u00f1oliento y furioso y tuvo la impresi\u00f3n de ser \u00e9l quien estaba so\u00f1ando. Se dijo: \u201cSi, el rengo Grimaldi, Carlos Grimaldi.\u201d Ahora recordaba el nombre. Ahora, incre\u00edblemente, estaba frente al inquilino que ocupaba la casa cuando su padre la compr\u00f3, hac\u00eda m\u00e1s de quince a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Grimaldi irrumpi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 quiere?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris record\u00f3 el astuto empecinamiento del hombre en quedarse en la casa y las infructuosas indignaciones de su padre, que dec\u00eda \u201clo voy a sacar con el carrito de la Municipalidad\u201d, y le mandaba regalos para que se fuera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1 la se\u00f1orita Carmen Soares? \u2014pregunt\u00f3 Morris, \u201cganando tiempo\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Grimaldi blasfem\u00f3, dio un portazo, apag\u00f3 la luz. En la oscuridad, Morris oy\u00f3 alejarse los pasos alternados; despu\u00e9s, en una conmoci\u00f3n de vidrios y de hierros, pas\u00f3 un tranv\u00eda; despu\u00e9s se restableci\u00f3 el silencio. Morris pens\u00f3 triunfalmente: \u201cNo me ha reconocido.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En seguida sinti\u00f3 verg\u00fcenza, sorpresa, indignaci\u00f3n. Resolvi\u00f3 romper la puerta a puntapi\u00e9s y sacar al intruso. Como si estuviera borracho, dijo en voz alta: \u201cVoy a levantar una denuncia en la seccional.\u201d Se pregunt\u00f3 qu\u00e9 significaba esa ofensiva m\u00faltiple y envolvente que sus compa\u00f1eros hab\u00edan lanzado contra \u00e9l. Decidi\u00f3 consultarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si me encontraba en casa, tendr\u00eda tiempo de explicarme los hechos. Subi\u00f3 a un tax\u00edmetro, y orden\u00f3 al chofer que lo llevara al pasaje Owen. El hombre lo ignoraba. Morris le pregunt\u00f3 de mal modo para qu\u00e9 daban ex\u00e1menes. Abomin\u00f3 de todo: de la polic\u00eda, que deja que nuestras casas se llenen de intrusos; de los extranjeros, que nos cambian el pa\u00eds y nunca aprenden a manejar. El chofer le propuso que tomara otro tax\u00edmetro. Morris le orden\u00f3 que tomara V\u00e9lez S\u00e1rsfield hasta cruzar las v\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se detuvieron en las barreras; interminables trenes grises hac\u00edan maniobras. Morris orden\u00f3 que rodeara por Toll la estaci\u00f3n Sola. Baj\u00f3 en Australia y Luzuriaga. El chofer le dijo que le pagara; que no pod\u00eda esperarlo; que no exist\u00eda tal pasaje. No le contest\u00f3; camin\u00f3 con seguridad por Luzuriaga hacia el sur. El chofer lo sigui\u00f3 con el autom\u00f3vil, insult\u00e1ndolo estrepitosamente. Morris pens\u00f3 que si aparec\u00eda un vigilante, el chofer y \u00e9l dormir\u00edan en la comisar\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Adem\u00e1s \u2014le dije\u2014 descubrir\u00edan que te hab\u00edas fugado del hospital. La enfermera y los que te ayudaron tal vez se ver\u00edan en un compromiso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso me ten\u00eda sin inquietud\u2014respondi\u00f3 Morris, y continu\u00f3 el relato:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Camin\u00f3 una cuadra y no encontr\u00f3 el pasaje. Camin\u00f3 otra cuadra, y otra. El chofer segu\u00eda protestando; la voz era m\u00e1s baja, el tono m\u00e1s sarc\u00e1stico. Morris volvi\u00f3 sobre sus pasos; dobl\u00f3 por Alvarado; ah\u00ed estaba el parque Pereyra, la calle Rochadale. Tom\u00f3 Rochadale; a mitad de cuadra, a la derecha, deb\u00edan interrumpirse las casas, y dejar lugar al pasaje Owen. Morris sinti\u00f3 como la antelaci\u00f3n de un v\u00e9rtigo. Las casas no se interrumpieron; se encontr\u00f3 en Austratia. Vio en lo alto, con un fondo de nubes nocturnas, el tanque de la International, en Luzuriaga; enfrente deb\u00eda estar el pasaje Owen; no estaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mir\u00f3 la hora; le quedaban apenas veinte minutos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Camin\u00f3 r\u00e1pidamente. Muy pronto se detuvo. Estaba, con los pies hundidos en un espeso fango resbaladizo, ante una l\u00fagubre serie de casas iguales, perdido. Quiso volver al parque Pereyra; no lo encontr\u00f3. Tem\u00eda que el chofer descubriera que se hab\u00eda perdido. Vio a un hombre, le pregunt\u00f3 d\u00f3nde estaba el pasaje Owen. El hombre no era del barrio. Morris sigui\u00f3 caminando, exasperado. Apareci\u00f3 otro hombre. Morris camin\u00f3 hacia \u00e9l; r\u00e1pidamente, el chofer se baj\u00f3 del autom\u00f3vil y tambi\u00e9n corri\u00f3. Morris y el chofer le preguntaron a gritos si sab\u00eda d\u00f3nde estaba el pasaje Owen. El hombre parec\u00eda asustado, como si creyera que lo asaltaban. Respondi\u00f3 que nunca oy\u00f3 nombrar ese pasaje; iba a decir algo m\u00e1s, pero Morris lo mir\u00f3 amenazadoramente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eran las tres y cuarto de la madrugada. Morris le dijo al chofer que lo llevara a Caseros y Entre R\u00edos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el hospital hab\u00eda otro centinela. Pas\u00f3 dos o tres veces frente a la puerta, sin atreverse a entrar. Se resolvi\u00f3 a probar la suerte; mostr\u00f3 el anillo. El centinela no lo detuvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La enfermera apareci\u00f3 al final de la tarde siguiente. Le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La impresi\u00f3n que le causaste al se\u00f1or de la iglesia no es favorable. Tuvo que aprobar tu disimulo: su eterna pr\u00e9dica a los miembros del convivio. Pero tu falta de confianza en su persona, lo ofendi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dudaba de que el se\u00f1or se interesara verdaderamente en favor de Morris.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La situaci\u00f3n hab\u00eda empeorado. Las esperanzas de hacerlo pasar por extranjero hab\u00edan desaparecido, su vida estaba en inmediato peligro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Escribi\u00f3 una minuciosa relaci\u00f3n de los hechos y me la envi\u00f3. Despu\u00e9s quiso justificarse: dijo que la preocupaci\u00f3n de la mujer lo molestaba. Tal vez \u00e9l mismo empezaba a preocuparse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Idibal visit\u00f3 de nuevo al se\u00f1or; consigui\u00f3, como un favor hacia ella \u2014\u201dno hacia el desagradable esp\u00eda\u201d\u2014 la promesa de que \u201clas mejores influencias intervendr\u00edan activamente en el asunto\u201d. El plan era que obligaran a Morris a intentar una reproducci\u00f3n realista del hecho; vale decir: que le dieran un aeroplano y le permitieran reproducir la prueba que, seg\u00fan \u00e9l, hab\u00eda cumplido el d\u00eda del accidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las mejores influencias prevalecieron, pero el avi\u00f3n de la prueba ser\u00eda de dos plazas. Esto significaba una dificultad para la segunda parte del plan: la fuga de Morris al Uruguay. Morris dijo que \u00e9l sabr\u00eda disponer del acompa\u00f1ante. Las influencias insistieron en que el aeroplano fuera un monoplano id\u00e9ntico al del accidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Idibal, despu\u00e9s de una semana en que lo abrum\u00f3 con esperanzas y ansiedades, lleg\u00f3 radiante y declar\u00f3 que todo se hab\u00eda conseguido. La fecha de la prueba se hab\u00eda fijado para el viernes pr\u00f3ximo (faltaban cinco d\u00edas). Volar\u00eda solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer lo mir\u00f3 ansiosamente y le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Te espero en la Colonia. En cuanto \u201cdespegues\u201d, enfil\u00e1s al Uruguay. \u00bfLo promet\u00e9s?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo prometi\u00f3. Se dio vuelta en la cama y simul\u00f3 dormir. Coment\u00f3: \u201cMe parec\u00eda que me llevaba de la mano al casamiento y eso me daba rabia.\u201d Ignoraba que se desped\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como estaba restablecido, a la ma\u00f1ana siguiente lo llevaron al cuartel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esos d\u00edas fueron bravos \u2014coment\u00f3\u2014. Los pas\u00e9 en una pieza de dos por dos, mateando y truqueando de lo lindo con los centinelas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si vos no jug\u00e1s al truco \u2014le dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue una brusca inspiraci\u00f3n. Naturalmente, yo no sab\u00eda si jugaba o no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno: pon\u00e9 cualquier juego de naipes \u2014respondi\u00f3 sin inquietarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo estaba asombrado. Hab\u00eda cre\u00eddo que la casualidad, o las circunstancias, hab\u00edan hecho de Morris un arquetipo; jam\u00e1s cre\u00ed que fuera un artista del color local. Continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me creer\u00e1s un infeliz, pero yo me pasaba las horas pensando en la mujer. Estaba tan loco que llegu\u00e9 a creer que la hab\u00eda olvidado\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo interpret\u00e9:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTratabas de imaginar su cara y no pod\u00edas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo adivinaste? \u2014no aguard\u00f3 mi contestaci\u00f3n. Continu\u00f3 el relato:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana lluviosa lo sacaron en un pret\u00e9rito doble-faet\u00f3n. En El Palomar lo esperaba una solemne comitiva de militares y de funcionarios. \u201cParec\u00eda un duelo \u2014dijo Morris\u2014, un duelo o una ejecuci\u00f3n.\u201d Dos o tres mec\u00e1nicos abrieron el hangar y empujaron hacia afuera un Dewotine de caza, \u201cun serio competidor del doble-faet\u00f3n, cr\u00e9eme\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo puso en marcha; vio que no hab\u00eda nafta para diez minutos de vuelo; llegar al Uruguay era imposible. Tuvo un momento de tristeza; melanc\u00f3licamente se dijo que tal vez fuera mejor morir que vivir como un esclavo. Hab\u00eda fracasado la estratagema; salir a volar era in\u00fatil; tuvo ganas de llamar a esa gente y decirles: \u201cSe\u00f1ores, esto se acab\u00f3.\u201d Por apat\u00eda dej\u00f3 que los acontecimientos siguieran su curso. Decidi\u00f3 ejecutar otra vez su nuevo esquema de prueba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Corri\u00f3 unos quinientos metros y despeg\u00f3. Cumpli\u00f3 regularmente la primera parte del ejercicio, pero al emprender las operaciones nuevas volvi\u00f3 a sentirse mareado, a perder el conocimiento, a o\u00edrse una avergonzada queja por estar perdiendo el conocimiento. Sobre el campo de aterrizaje, logr\u00f3 enderezar el aeroplano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed estaba dolorosamente acostado en una cama blanca, en un cuarto alto, de paredes blancuzcas y desnudas. Comprendi\u00f3 que estaba herido, que estaba detenido, que estaba en el Hospital Militar. Se pregunt\u00f3 si todo no era una alucinaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Complet\u00e9 su pensamiento:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una alucinaci\u00f3n que ten\u00edas en el instante de despertar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Supo que la ca\u00edda ocurri\u00f3 el 31 de agosto. Perdi\u00f3 la noci\u00f3n del tiempo. Pasaron tres o cuatro d\u00edas. Se alegr\u00f3 de que Idibal estuviera en la Colonia; este nuevo accidente lo avergonzaba; adem\u00e1s, la mujer le reprochar\u00eda no haber planeado hasta el Uruguay.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Reflexion\u00f3: \u201cCuando se entere del accidente, volver\u00e1. Habr\u00e1 que esperar dos o tres d\u00edas.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo atend\u00eda una nueva enfermera. Pasaban las tardes tomados de la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Idibal no volv\u00eda. Morris empez\u00f3 a inquietarse. Una noche tuvo gran ansiedad. \u201cMe creer\u00e1s loco \u2014me dijo\u2014. Estaba con ganas de verla. Pens\u00e9 que hab\u00eda vuelto, que sab\u00eda la historia de la otra enfermera y que por eso no quer\u00eda verme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pidi\u00f3 a un practicante que llamara a Idibal. El hombre no volv\u00eda. Mucho despu\u00e9s (pero esa misma noche; a Morris le parec\u00eda incre\u00edble que una noche durara tanto) volvi\u00f3; el jefe le hab\u00eda dicho que en el hospital no trabajaba ninguna persona de ese nombre. Morris le orden\u00f3 que averiguara cu\u00e1ndo hab\u00eda dejado el empleo. El practicante volvi\u00f3 a la madrugada y le dijo que el jefe de personal ya se hab\u00eda retirado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;So\u00f1aba con Idibal. De d\u00eda la imaginaba. Empez\u00f3 a so\u00f1ar que no pod\u00eda encontrarla. Finalmente, no pod\u00eda imaginarla, ni so\u00f1ar con ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dijeron que ninguna persona llamada Idibal \u201ctrabajaba ni hab\u00eda trabajado en el establecimiento\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La nueva enfermera le aconsej\u00f3 que leyera. Le trajeron los diarios. Ni la secci\u00f3n \u201cAl margen de los deportes y el turf\u201d le interesaba. \u201cMe dio la loca y ped\u00ed los libros que me mandaste.\u201d Le respondieron que nadie le hab\u00eda mandado libros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (Estuve a punto de cometer una imprudencia; de reconocer que yo no le hab\u00eda mandado nada.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pens\u00f3 que se hab\u00eda descubierto el plan de la fuga y la participaci\u00f3n de Idibal; por eso Idibal no aparec\u00eda. Se mir\u00f3 las manos: el anillo no estaba. Lo pidi\u00f3. Le dijeron que era tarde, que la intendenta se hab\u00eda retirado. Pas\u00f3 una noche atroz y vast\u00edsima, pensando que nunca le traer\u00edan el anillo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pensando \u2014agregu\u00e9\u2014 que si no te devolv\u00edan el anillo no quedar\u00eda ning\u00fan rastro de Idibal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No pens\u00e9 en eso \u2014afirm\u00f3 honestamente\u2014. Pero pas\u00e9 la noche como un desequilibrado. Al otro d\u00eda me trajeron el anillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLo ten\u00e9s?\u2014le pregunt\u00e9 con una incredulidad que me asombr\u00f3 a m\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014respondi\u00f3\u2014. En lugar seguro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abri\u00f3 un caj\u00f3n lateral del escritorio y sac\u00f3 un anillo. La piedra del anillo ten\u00eda una v\u00edvida transparencia; no brillaba mucho. En el fondo hab\u00eda un altorrelieve en colores: un busto humano, femenino, con cabeza de caballo; sospech\u00e9 que se trataba de la efigie de alguna divinidad antigua. Aunque no soy un experto en la materia, me atrevo a afirmar que ese anillo era una pieza de valor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana entraron en su cuarto unos oficiales  con un soldado que tra\u00eda una mesa. El soldado dej\u00f3 la mesa y se fue. Volvi\u00f3 con una m\u00e1quina de escribir; la coloc\u00f3 sobre la mesa, acerc\u00f3 una silla y se sent\u00f3 frente a la m\u00e1quina. Empez\u00f3 a escribir. Un oficial  dict\u00f3: \u201cNombre: Ireneo Morris; nacionalidad: argentina; regimiento: tercero; escuadrilla: novena; base: El Palomar.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pareci\u00f3 natural que pasaran por alto esas formalidades, que no le preguntaran el nombre; \u00e9sta era una segunda declaraci\u00f3n; \u201csin embargo \u2014me dijo\u2014 se notaba alg\u00fan progreso\u201d; ahora aceptaban que fuera argentino, que perteneciera a su regimiento, a su escuadrilla, al Palomar. La cordura dur\u00f3 poco. Le preguntaron cu\u00e1l fue su paradero desde el 23 de junio (fecha de la primera prueba); d\u00f3nde hab\u00eda dejado el Breguet 304 (\u201cEl n\u00famero no era 304 \u2014aclar\u00f3 Morris\u2014. Era 309\u201d; este error in\u00fatil lo asombr\u00f3); de d\u00f3nde sac\u00f3 ese viejo Dewotine\u2026 Cuando dijo que el Breguet estar\u00eda por ah\u00ed cerca, ya que la ca\u00edda del 23 ocurri\u00f3 en El Palomar, y que sabr\u00edan de d\u00f3nde sal\u00eda el Dewotine, ya que ellos mismos se lo hab\u00edan dado para reproducir la prueba del 23, simularon no creerle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ya no simulaban que era un desconocido, ni que era un esp\u00eda. Lo acusaban de haber estado en otro pa\u00eds desde el 23 de junio; lo acusaban \u2014comprendi\u00f3 con renovado furor\u2014 de haber vendido a otro pa\u00eds un arma secreta. La indescifrable conjuraci\u00f3n continuaba, pero los acusadores hab\u00edan cambiado el plan de ataque.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gesticulante y cordial, apareci\u00f3 el teniente Viera. Morris lo insult\u00f3. Viera simul\u00f3 una gran sorpresa; finalmente, declar\u00f3 que tendr\u00edan que batirse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pens\u00e9 que la situaci\u00f3n hab\u00eda mejorado \u2014dijo\u2014. Los traidores volv\u00edan a poner cara de amigos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo visit\u00f3 el general Huet. El mismo Kramer lo visit\u00f3. Morris estaba distra\u00eddo y no tuvo tiempo de reaccionar. Kramer le grit\u00f3: \u201cNo creo una palabra de las acusaciones, hermano.\u201d Se abrazaron, efusivos. Alg\u00fan d\u00eda \u2014pens\u00f3 Morris\u2014 aclarar\u00eda el asunto. Le pidi\u00f3 a Kramer que me viera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me atrev\u00ed a preguntar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Decime una cosa, Morris, \u00bfte acord\u00e1s qu\u00e9 libros te mand\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El t\u00edtulo no lo recuerdo\u2014sentenci\u00f3 gravemente\u2014. En tu nota est\u00e1 consignado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo no le hab\u00eda escrito ninguna nota.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo ayud\u00e9 a caminar hasta el dormitorio. Sac\u00f3 del caj\u00f3n de la mesa de luz una hoja de papel de carta (de un papel de carta que no reconoc\u00ed). Me la entreg\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La letra parec\u00eda una mala imitaci\u00f3n de la m\u00eda; mis T y E may\u00fasculas remedan las de imprenta; \u00e9stas eran \u201cinglesas\u201d. Le\u00ed:<\/p>\n<blockquote><p>Acuso recibo de su atenta del 16, que me ha llegado con alg\u00fan retraso, debido, sin duda, a un sugerente error en la direcci\u00f3n. Yo no vivo en el pasaje \u201cOwen\u201d sino en la calle Miranda, en el barrio Nazca. Le aseguro que he le\u00eddo su relaci\u00f3n con mucho inter\u00e9s. Por ahora no puedo visitarlo; estoy enfermo; pero me cuidan sol\u00edcitas manos femeninas y dentro de poco me repondr\u00e9; entonces tendr\u00e9 el gusto de verlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le env\u00edo, como s\u00edmbolo de comprensi\u00f3n, estos libros de Blanqui, y le recomiendo leer, en el tomo tercero, el poema que empieza en la p\u00e1gina 281.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me desped\u00ed de Morris. Le promet\u00ed volver la semana siguiente. El asunto me interesaba y me dejaba perplejo. No dudaba de la buena fe de Morris; pero yo no le hab\u00eda escrito esa carta; yo nunca le hab\u00eda mandado libros; yo no conoc\u00eda las obras de Blanqui.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sobre \u201cmi carta\u201d debo hacer algunas observaciones: 1) su autor no tutea a Morris felizmente, Morris es poco diestro en asuntos de letras: no advirti\u00f3 el \u201ccambio\u201d de tratamiento y no se ofendi\u00f3 conmigo: yo siempre lo he tuteado; 2) juro que soy inocente de la frase \u201cAcuso recibo de su atenta\u201d; 3) en cuanto a escribir Owen entre comillas, me asombra y lo propongo a la atenci\u00f3n del lector.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi ignorancia de las obras de Blanqui se debe, quiz\u00e1, al plan de lectura. Desde muy joven he comprendido que para no dejarse arrasar por la inconsiderada producci\u00f3n de libros y para conseguir, siquiera en apariencia, una cultura enciclop\u00e9dica, era irnprescindible un plan de lecturas. Este plan jalona mi vida: una \u00e9poca estuvo ocupada por la filosof\u00eda, otra por la literatura francesa, otra por las ciencias naturales, otra por la antigua literatura celta y en especial la del pa\u00eds de Kimris (debido a la influencia del padre de Morris). La medicina se ha intercalado en este plan, sin interrumpirlo nunca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pocos d\u00edas antes de la visita del teniente Kramer a mi consultorio, yo hab\u00eda concluido con las ciencias ocultas. Hab\u00eda explorado las obras de Papus, de Richet de Lhomond, de Stanislas de Guaita, de Labougle, del obispo de la Rocheia, de Lodge, de Hogden, de Alberto el Grande. Me interesaban especialmente los conjuros, las apariciones y las desapariciones; con relaci\u00f3n a estas \u00faltimas recordar\u00e9 siempre el caso de Sir Daniel Sludge Home, quien, a instancias de la Society for Psychical Research, de Londres, y ante una concurrencia compuesta exclusivamente de <em>baronets<\/em>, intent\u00f3 unos pases que se emplean para provocar la desaparici\u00f3n de fantasmas y muri\u00f3 en el acto. En cuanto a esos nuevos El\u00edas, que habr\u00edan desaparecido sin dejar rastros ni cad\u00e1veres, me permito dudar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El \u201cmisterio\u201d de la carta me incit\u00f3 a leer las obras de Blanqui (autor que yo ignoraba). Lo encontr\u00e9 en la enciclopedia, y comprob\u00e9 que hab\u00eda escrito sobre temas pol\u00edticos. Esto me complaci\u00f3: inmediatas a las ciencias ocultas se hallan la pol\u00edtica y la sociolog\u00eda. Mi plan observa tales transiciones para evitar que el esp\u00edritu se adormezca en largas tendencias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una madrugada, en la calle Corrientes, en una librer\u00eda apenas atendida por un viejo borroso, encontr\u00e9 un polvoriento atado de libros encuadernados en cuero pardo, con t\u00edtulos y filetes dorados: las obras completas de Blanqui. Lo compr\u00e9 por quince pesos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la p\u00e1gina 281 de mi edici\u00f3n no hay ninguna poes\u00eda. Aunque no he le\u00eddo \u00edntegramente la obra, creo que el escrito aludido es \u201cL\u2019\u00c9ternit\u00e9 par les Astres\u201d un poema en prosa; en mi edici\u00f3n comienza en la p\u00e1gina 307, del segundo tomo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En ese poema o ensayo encontr\u00e9 la explicaci\u00f3n de la aventura de Morris.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fui a Nazca; habl\u00e9 con los comerciantes del barrio; en las dos cuadras que agotan la calle Miranda no vive ninguna persona de mi nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fui a M\u00e1rquez; no hay n\u00famero 6890; no hay iglesias; hab\u00eda \u2014esa tarde\u2014 una po\u00e9tica luz, con el pasto de los potreros muy verde, muy claro y con los \u00e1rboles lilas y transparentes. Adem\u00e1s la calle no est\u00e1 cerca de los talleres del F.C.O. Est\u00e1 cerca del puente de la Noria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fui a los talleres del F.C.O. Tuve dificultades para rodearlos por Juan B. Justo y Gaona. Pregunt\u00e9 c\u00f3mo salir del otro lado de los talleres. \u201cSiga por Rivadavia \u2014me dijeron\u2014 hasta Cuzco. Despu\u00e9s cruce las v\u00edas.\u201d Como era previsible, all\u00ed no existe ninguna calle M\u00e1rquez; la calle que Morris denomina M\u00e1rquez debe ser Bynnon. Es verdad que ni en el n\u00famero 6890 \u2014ni en el resto de la calle\u2014 hay iglesias. Muy cerca, por Cuzco, est\u00e1 San Cayetano; el hecho no tiene importancia: San Cayetano no es la iglesia del relato. La inexistencia de iglesias en la misma calle Bynnon, no invalida mi hip\u00f3tesis de que esa calle es la mencionada por Morris. .. Pero esto se ver\u00e1 despu\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hall\u00e9 tambi\u00e9n las torres que mi amigo crey\u00f3 ver en un lugar despejado y solitario: son el p\u00f3rtico del Club Atl\u00e9tico V\u00e9lez S\u00e1rsfield, en Fragueiro y Barrag\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No tuve que visitar especialmente el pasaje Owen: vivo en \u00e9l. Cuando Morris se encontr\u00f3 perdido, sospecho que estaba frente a las casas l\u00fagubremente iguales del barrio obrero Monse\u00f1or Espinosa, con los pies enterrados en el barro blanco de la calle Perdriel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volv\u00ed a visitar a Morris. Le pregunt\u00e9 si no recordaba haber pasado por una calle Ham\u00edlcar, o Han\u00edbal, en su memorable recorrida nocturna. Afirm\u00f3 que no conoc\u00eda calles de esos nombres. Le pregunt\u00e9 si en la iglesia que \u00e9l visit\u00f3 hab\u00eda alg\u00fan s\u00edmbolo junto a la cruz. Se qued\u00f3 en silencio, mir\u00e1ndome. Cre\u00eda que yo no le hablaba en serio. Finalmente, me pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo quer\u00e9s que uno se fije en esas cosas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le di la raz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sin embargo, ser\u00eda importante\u2026 \u2014insist\u00ed\u2014. Trat\u00e1 de hacer memoria. Trat\u00e1 de recordar si junto a la cruz no hab\u00eda alguna figura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tal vez \u2014murmur\u00f3\u2014, tal vez un\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUn trapecio? \u2014insinu\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, un trapecio \u2014dijo sin convicci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSimple o cruzado por una l\u00ednea?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Verdad \u2014exclam\u00f3\u2014. \u00bfC\u00f3mo sab\u00e9s? \u00bfEstuviste en la calle M\u00e1rquez? Al principio no me acordaba nada\u2026 De pronto he visto el conjunto: la cruz y el trapecio; un trapecio cruzado por una l\u00ednea con puntas dobladas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaba animadamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY te fijaste en alguna estatua de santos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Viejo \u2014exclam\u00f3 con reprimida impaciencia\u2014. No me hab\u00edas pedido que levantara el inventario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dije que no se enojara. Cuando se calm\u00f3, le ped\u00ed que me mostrase el anillo y que me repitiese el nombre de la enfermera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volv\u00ed a casa, feliz. O\u00ed ruidos en el cuarto de mi sobrina; pens\u00e9 que estar\u00eda ordenando sus cosas. Procur\u00e9 que no descubriera mi presencia; no quer\u00eda que me interrumpieran. Tom\u00e9 el libro de Blanqui, me lo puse debajo del brazo y sal\u00ed a la calle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sent\u00e9 en un banco del parque Pereyra. Una vez m\u00e1s le\u00ed este p\u00e1rrafo:<\/p>\n<blockquote><p>Habr\u00e1 infinitos mundos id\u00e9nticos, infinitos mundos ligeramente variados, infinitos mundos diferentes. Lo que ahora escribo en este calabozo del fuerte del Toro, lo he escrito y lo escribir\u00e9 durante la eternidad, en una mesa, en un papel, en un calabozo, enteramente parecidos. En infinitos mundos mi situaci\u00f3n ser\u00e1 la misma, pero tal vez la causa de mi encierro gradualmente pierda su nobleza, hasta ser s\u00f3rdida, y quiz\u00e1 mis l\u00edneas tengan, en otros mundos, la innegable superioridad de un adjetivo feliz.<\/p><\/blockquote>\n<p>El 23 de junio Morris cay\u00f3 con su Breguet en el Buenos Aires de un mundo casi igual a \u00e9ste. El per\u00edodo confuso que sigui\u00f3 al accidente le impidi\u00f3 notar las primeras diferencias; para notar las otras se hubieran requerido una perspicacia y una educaci\u00f3n que Morris no pose\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Remont\u00f3 vuelo una ma\u00f1ana gris y lluviosa; cay\u00f3 en un d\u00eda radiante. El moscard\u00f3n, en el hospital, sugiere el verano; el \u201ccalor tremendo\u201d que lo abrum\u00f3 durante los interrogatorios, lo confirma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris da en su relato algunas caracter\u00edsticas diferenciales del mundo que visit\u00f3. All\u00ed, por ejemplo, falta el Pa\u00eds de Gales: las calles con nombre gal\u00e9s no existen en ese Buenos Aires: Bynnon se convierte en M\u00e1rquez, y Morris, por laberintos de la noche y de su propia ofuscaci\u00f3n, busca en vano el pasaje Owen\u2026 Yo, y Viera, y Kramer, y Margaride, y Faverio, existimos all\u00ed porque nuestro origen no es gal\u00e9s; el general Huet y el mismo Ireneo Morris, ambos de ascendencia galesa, no existen (\u00e9l penetr\u00f3 por accidente). El Carlos Alberto Servian de all\u00e1, en su carta, escribe entre comillas la palabra \u201cOwen\u201d, porque le parece extra\u00f1a; por la misma raz\u00f3n, los oficiales rieron cuando Morris declar\u00f3 su nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Porque no existieron all\u00ed los Morris, en Bol\u00edvar 971 sigue viviendo el inamovible Grimaldi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La relaci\u00f3n de Morris revela, tambi\u00e9n, que en ese mundo Cartago no desapareci\u00f3. Cuando comprend\u00ed esto hice mis tontas preguntas sobre las calles Han\u00edbal y Ham\u00edlcar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alguien preguntar\u00e1 c\u00f3mo, si no desapareci\u00f3 Cartago, existe el idioma espa\u00f1ol. \u00bfRecordar\u00e9 que entre la victoria y la aniquilaci\u00f3n puede haber grados intermedios?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El anillo es una doble prueba que tengo en mi poder. Es una prueba de que Morris estuvo en otro mundo: ning\u00fan experto, de los muchos que he consultado, reconoci\u00f3 la piedra. Es una prueba de la existencia (en ese otro mundo) de Cartago: el caballo es un s\u00edmbolo cartagin\u00e9s. \u00bfQui\u00e9n no ha visto anillos iguales en el museo de Lavigerie?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s \u2014Idibal, o Iddibal\u2014 el nombre de la enfermera, es cartagin\u00e9s; la fuente con peces rituales y el trapecio cruzado son cartagineses; por \u00faltimo \u2014<em>horresco referens<\/em>\u2014 est\u00e1n los convivios o <em>circuli<\/em>, de memoria tan cartaginesa y funesta como el insaciable Moloch\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero volvamos a la especulaci\u00f3n tranquila. Me pregunto si yo compr\u00e9 las obras de Blanqui porque estaban citadas en la carta que me mostr\u00f3 Morris o porque las historias de estos dos mundos son paralelas. Como all\u00ed los Morris no existen, las leyendas celtas no ocuparon parte del plan de lecturas; el otro Carlos Alberto Servian pudo adelantarse; pudo llegar antes que yo a las obras pol\u00edticas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estoy orgulloso de \u00e9l: con los pocos datos que ten\u00eda, aclar\u00f3 la misteriosa aparici\u00f3n de Morris; para que Morris tambi\u00e9n la comprendiera, le recomend\u00f3 \u201cL\u2019\u00c9ternite par les Astres\u201d. Me asombra, sin embargo, su jactancia de vivir en el bochornoso barrio Nazca y de ignorar el pasaje Owen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Morris fue a ese otro mundo y regres\u00f3. No apel\u00f3 a mi bala con resorte ni a los dem\u00e1s veh\u00edculos que se han ideado para surcar la incre\u00edble astronom\u00eda. \u00bfC\u00f3mo cumpli\u00f3 sus viajes? Abr\u00ed el diccionario de Kent; en la palabra <em>pase<\/em>, le\u00ed: \u201cComplicadas series de movimientos que se hacen con las manos, por las cuales se provocan apariciones y desapariciones.\u201d Pens\u00e9 que las manos tal vez no fueran indispensables; que los movimientos podr\u00edan hacerse con otros objetos; por ejemplo, con aviones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi teor\u00eda es que el \u201cnuevo esquema de prueba\u201d coincide con alg\u00fan pase (las dos veces que lo intenta, Morris se desmaya, y cambia de mundo).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All\u00ed supusieron que era un esp\u00eda venido de un pa\u00eds lim\u00edtrofe: aqu\u00ed explican su ausencia, imput\u00e1ndole una fuga al extranjero, con prop\u00f3sitos de vender un arma secreta. \u00c9l no entiende nada y se cree v\u00edctima de un complot inicuo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando volv\u00ed a casa encontr\u00e9 sobre el escritorio una nota de mi sobrina. Me comunicaba que se hab\u00eda fugado con ese traidor arrepentido, el teniente Kramer. A\u00f1ad\u00eda esta crueldad: \u201cTengo el consuelo de saber que no sufrir\u00e1s mucho, ya que nunca te interesaste en m\u00ed.\u201d La \u00faltima l\u00ednea estaba escrita con evidente sa\u00f1a; dec\u00eda: \u201cKramer se interesa en m\u00ed; soy feliz.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuve un gran abatimiento, no atend\u00ed a los enfermos y por m\u00e1s de veinte d\u00edas no sal\u00ed a la calle. Pens\u00e9 con alguna envidia en ese yo astral, encerrado, como yo, en su casa, pero atendido por \u201csolicitas manos femeninas\u201d. Creo conocer su intimidad; creo conocer esas manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo visit\u00e9 a Morris. Trat\u00e9 de hablarle de mi sobrina (apenas me contengo de hablar, incesantemente, de mi sobrina). Me pregunt\u00f3 si era una muchacha maternal. Le dije que no. Le o\u00ed hablar de la enfermera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No es la posibilidad de encontrarme con una nueva versi\u00f3n de m\u00ed mismo lo que me incitar\u00eda a viajar hasta ese otro Buenos Aires. La idea de reproducirme, seg\u00fan la imagen de mi <em>ex libris<\/em>, o de conocerme, seg\u00fan su lema, no me ilusiona. Me ilusiona, tal vez, la idea de aprovechar una experiencia que el otro Servian, en su dicha, no ha adquirido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero \u00e9stos son problemas personales. En cambio la situaci\u00f3n de Morris me preocupa. Aqu\u00ed todos lo conocen y han querido ser considerados con \u00e9l; pero como tiene un modo de negar verdaderamente mon\u00f3tono y su falta de confianza exaspera a los jefes, la degradaci\u00f3n, si no la descarga del fusilamiento, es su porvenir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si le hubiera pedido el anillo que le dio la enfermera, me lo habr\u00eda negado. Refractario a las ideas generales, jam\u00e1s hubiera entendido el derecho de la humanidad sobre ese testimonio de la existencia de otros mundos. Debo reconocer, adem\u00e1s, que Morris ten\u00eda un insensato apego por ese anillo. Tal vez mi acci\u00f3n repugne a los sentimientos del <em>gentleman<\/em> (alias, infalible, del <em>cambrioleur<\/em>); la conciencia del humanista la aprueba. Finalmente, me es grato se\u00f1alar un resultado inesperado: desde la p\u00e9rdida del anillo, Morris est\u00e1 m\u00e1s dispuesto a escuchar mis planes de evasi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nosotros, los armenios, estamos unidos. Dentro de la sociedad formamos un n\u00facleo indestructible. Tengo buenas amistades en el ej\u00e9rcito. Morris podr\u00e1 intentar una reproducci\u00f3n de su accidente. Yo me atrever\u00e9 a acompa\u00f1arlo.<\/p>\n<div align=right><em>C. A. S.<\/em><\/div>\n<div align=center>* * * *<\/div>\n<p>El relato de Carlos Alberto Servian me pareci\u00f3 inveros\u00edmil. No ignoro la antigua leyenda del carro de Morgan; el pasajero dice d\u00f3nde quiere ir, y el carro lo lleva, pero es una leyenda. Admitamos que, por casualidad, el capit\u00e1n Ireneo Morris haya ca\u00eddo en otro mundo; que vuelva a caer en \u00e9ste ser\u00eda un exceso de casualidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde el principio tuve esa opini\u00f3n. Los hechos la confirmaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un grupo de amigos proyectamos y postergamos, a\u00f1o tras a\u00f1o, un viaje a la frontera del Uruguay con el Brasil. Este a\u00f1o no pudimos evitarlo, y partimos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El 3 de abril almorz\u00e1bamos en un almac\u00e9n en medio del campo; despu\u00e9s visitar\u00edamos una \u201cfazenda\u201d interesant\u00edsima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Seguido de una polvareda, lleg\u00f3 un interminable Packard; una especie de jockey baj\u00f3. Era el capit\u00e1n Morris.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pag\u00f3 el almuerzo de sus compatriotas y bebi\u00f3 con ellos. Supe despu\u00e9s que era secretario, o sirviente, de un contrabandista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No acompa\u00f1\u00e9 a mis amigos a visitar la \u201cfazenda\u201d. Morris me cont\u00f3 sus aventuras: tiroteos con la polic\u00eda; estratagemas para tentar a la justicia y perder a los rivales; cruce de r\u00edos prendido a la cola de los caballos; borracheras y mujeres\u2026 Sin duda exager\u00f3 su astucia y su valor. No podr\u00e9 exagerar su monoton\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto, como en un vah\u00eddo, cre\u00ed entrever un descubrimiento. Empec\u00e9 a investigar; investigu\u00e9 con Morris; investigu\u00e9 con otros, cuando Morris se fue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recog\u00ed pruebas de que Morris lleg\u00f3 a mediados de junio del a\u00f1o pasado, y de que muchas veces fue visto en la regi\u00f3n, entre principios de septiembre y fines de diciembre. El 8 de septiembre intervino en unas carreras cuadreras, en Yaguarao; despu\u00e9s pas\u00f3 varios d\u00edas en cama, a consecuencia de una ca\u00edda del caballo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, en esos d\u00edas de septiembre, el capit\u00e1n Morris estaba internado y detenido en el Hospital Militar, de Buenos Aires: las autoridades militares, compa\u00f1eros de armas, sus amigos de infancia, el doctor Servian y el ahora capit\u00e1n Kramer, el general Huet, viejo amigo de su casa, lo atestiguan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La explicaci\u00f3n es evidente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En varios mundos casi iguales, varios capitanes Morris salieron un d\u00eda (aqu\u00ed el 23 de junio) a probar aeroplanos. Nuestro Morris se fug\u00f3 al Uruguay o al Brasil. Otro, que sali\u00f3 de otro Buenos Aires, hizo unos \u201cpases\u201d con su aeroplano y se encontr\u00f3 en el Buenos Aires de otro mundo (donde no exist\u00eda Gales y donde exist\u00eda Cartago; donde espera Idibal). Ese Ireneo Morris subi\u00f3 despu\u00e9s en el Dewotine, volvi\u00f3 a hacer los \u201cpases\u201d, y cay\u00f3 en este Buenos Aires. Como era id\u00e9ntico al otro Morris, hasta sus compa\u00f1eros lo confundieron. Pero no era el mismo. El nuestro (el que est\u00e1 en el Brasil) remont\u00f3 vuelo, el 23 de junio, con el Breguet 304; el otro sab\u00eda perfectamente que hab\u00eda probado el Breguet 309. Despu\u00e9s, con el doctor Servian de acompa\u00f1ante, intenta los pases de nuevo y desaparece. Quiz\u00e1 lleguen a otro mundo; es menos probable que encuentren a la sobrina de Servian y a la cartaginesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alegar a Blanqui, para encarecer la teor\u00eda de la pluralidad de los mundos, fue tal vez, un m\u00e9rito de Servian; yo, m\u00e1s limitado, hubiera propuesto la autoridad de un cl\u00e1sico; por ejemplo: \u00abseg\u00fan Dem\u00f3crito, hay una infinidad de mundos, entre los cuales algunos son, no tan s\u00f3lo parecidos, sino perfectamente iguales\u00bb (Cicer\u00f3n, <em>Primeras Acad\u00e9micas<\/em>, II, XVII).<\/p>\n<blockquote><p>Henos aqu\u00ed, en Bauli, cerca de Pezzuoli, \u00bfpiensas t\u00fa que ahora, en un n\u00famero infinito de lugares exactamente iguales, habr\u00e1 reuniones de personas con nuestros mismos nombres, revestidas de los mismos honores, que hayan pasado por las mismas circunstancias, y en ingenio, en edad, en aspecto, id\u00e9nticas a nosotros, discutiendo este mismo tema? [id., id., II, XL].<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finalmente, para lectores acostumbrados a la antigua noci\u00f3n de mundos planetarios y esf\u00e9ricos, los viajes entre Buenos Aires de distintos mundos parecer\u00e1n incre\u00edbles. Se preguntar\u00e1n por qu\u00e9 los viajeros llegan siempre a Buenos Aires y no a otras regiones, a los mares o a los desiertos. La \u00fanica respuesta que puedo ofrecer a una cuesti\u00f3n tan ajena a mi incumbencia, es que tal vez estos mundos sean como haces de espacios y de tiempos paralelos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un misterio policial, y un cl\u00e1sico sobre el tema de los mundos paralelos, de Adolfo Bioy Casares (1914-1999).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15773,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Vengan por senderos que se bifurcan, por mundos paralelos, con el nuevo #cuento que aparece en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[33,99,22,2343,187,3397,2855,2291,360],"class_list":["post-15772","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-adolfo-bioy-casares","tag-ciencia-ficcion","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-argentinos","tag-la-trama-celeste","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/BioyTramaCeleste.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-46o","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15772","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15772"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15772\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15786,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15772\/revisions\/15786"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15773"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15772"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15772"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15772"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}