{"id":15757,"date":"2021-08-19T12:00:14","date_gmt":"2021-08-19T17:00:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15757"},"modified":"2024-04-14T16:47:51","modified_gmt":"2024-04-14T22:47:51","slug":"zulu-naief-yehya-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/zulu-naief-yehya-cuento\/","title":{"rendered":"Zulu"},"content":{"rendered":"<p>En estos d\u00edas -mediados de agosto de 2021-, muchas personas observan el comienzo de una enorme crisis humanitaria en Afganist\u00e1n, luego de 20 a\u00f1os de ocupaci\u00f3n por parte de los Estados Unidos. Mientras tropas y funcionarios de este pa\u00eds se retiran en medios de escenas de caos, ya se ve venir que la crisis estar\u00e1 marcada por el extremismo religioso de los talibanes, el grupo que ahora controla el gobierno afgano. En este momento, cuentos como \u00abZulu\u00bb se vuelven muy pertinentes porque muestran los horrores de la opresi\u00f3n debida al fanatismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.elem.mx\/autor\/datos\/1717\">Naief Yehya<\/a> (1963), escritor mexicano, tiene una larga carrera como narrador y cr\u00edtico cultural que lo han convertido en una figura imprescindible. \u00abZulu\u00bb proviene de su libro <em>Rebanadas<\/em> (2012).<\/p>\n<p><strong>ZULU<\/strong><br \/>\n<strong>Naief Yehya<\/strong><\/p>\n<p>Ese d\u00eda estaban matando perros por las calles. Suced\u00eda siempre que alg\u00fan mufti oportunista redescubr\u00eda que eran animales sucios y lanzaba una fatwa. Esos d\u00edas no sal\u00eda a la calle, me sentaba en el piso, entre mi cama y la pared con Zulu, mi viejo Rotweiler que apoyaba su hocico sobre mis piernas y se quedaba tranquilo a pesar del ruido de las balas y los gritos desquiciados que entraban como un vendaval por la ventana rota. Me ocultaba ah\u00ed, a un metro y medio de la ventana que daba a la calle porque me sent\u00eda protegido por los muros de ladrillo y a la vez pod\u00eda o\u00edr claramente lo que pasaba afuera, donde a veces\u00a0 hasta muy noche escuchaba los alaridos de delirio, las carcajadas hist\u00e9ricas, los ladridos y los gimoteos ag\u00f3nicos de las v\u00edctimas. Me imaginaba que si decid\u00edan entrar al edificio podr\u00eda escucharlos y tendr\u00eda tiempo para esconderme con Zulu. No ten\u00eda un plan claro pero confiaba que esa peque\u00f1a ventaja sobre ellos podr\u00eda salvar a Zulu y de paso a m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Viv\u00edamos en un segundo piso y mi edificio, en la calle que en alg\u00fan momento se llam\u00f3 Rep\u00fablica, era uno de los pocos que a\u00fan quedaban en condiciones de ser habitables. Los vecinos estaban relativamente organizados. Dos familias extensas ocupaban los otros cinco departamentos. Los vecinos me trataban bien y no se met\u00edan conmigo, en otro tiempo yo los hab\u00eda ayudado con dinero, comida, medicinas. Malika hab\u00eda curado a sus hijos y ven\u00edan a buscarla seguido:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Doctora, doctora. Venga, venga, el ni\u00f1o tiene fiebre, la abuela est\u00e1 vomitando, le amputaron dos dedos a mi esposo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Malika iba, a la hora que fuera a tratar lo que fuera. De todos modos cada d\u00eda le era m\u00e1s dif\u00edcil atender pacientes en el hospital y despu\u00e9s de que su consultorio fue incendiado para amedrentarla no ten\u00eda mucho \u00e1nimo para atender pacientes desconocidos. El casero era el imam Bitar, un hombre relativamente moderado que si bien no era muy querido por las milicias s\u00ed gozaba de su respecto. \u00c9l sab\u00eda que yo ten\u00eda a Zulu. Nunca me denunci\u00f3. Un d\u00eda me dijo que\u00a0 si bien los perros eran animales impuros eso no quer\u00eda decir que no fueran buenas mascotas y mejor compa\u00f1\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El profeta lo dijo claramente que era posible tener perros para la vigilancia y para trabajar en el campo, pero un departamento no es adecuado. Haz como t\u00fa quieras. Mientras te laves concienzudamente antes de rezar, supongo que estar\u00e1s bien\u2014 me dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso hab\u00eda sido antes, antes que las bombas desgarraran a conocidos, amigos y rivales, antes de que hasta las calles perdieran el nombre, antes del tiempo en que todo estaba prohibido y alcanzar la pureza era el \u00fanico objetivo digno que se pod\u00eda tener en la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No recuerdo cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que saqu\u00e9 a Zulu a la calle. Quiz\u00e1s fue cuando a\u00fan hab\u00eda luz el\u00e9ctrica durante unas cuatro horas al d\u00eda. En aquel tiempo no faltaban las miradas de condena y el ocasional acoso de alguien que intentaba convencerme de que tener perros como mascotas era una perversi\u00f3n antinatural, una obscenidad occidental y que la saliva de un perro era tan t\u00f3xica e impura que dif\u00edcilmente pod\u00eda ser lavada. \u00a1Haram, haram!, me gritaban se\u00f1alado que estaba prohibido tener perros. Cuando me daban oportunidad de defenderme explicaba que era un perro de vigilancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Zulu naci\u00f3 aqu\u00ed, de una perra que trajo una empresa brit\u00e1nica de seguridad que\u00a0 ocup\u00f3 uno de mis locales de renta, no muy lejos de la nueva embajada estadounidense. Cuando se marcharon dejaron abandonados a los cachorros. Uno de mis empleado me avis\u00f3 que los ingleses hab\u00edan dejado unos demonios y que los iba a ahogar. Le orden\u00e9 que no lo hiciera. Fui\u00a0 corriendo a ver de qu\u00e9 se trataba, cuando llegu\u00e9 tan s\u00f3lo quedaba Zulu vivo. Corr\u00ed a mi empleado y adopt\u00e9 a Zulu.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s de una vez cuando lo paseaba alguien me lanz\u00f3 piedras. Uno aprende a vivir as\u00ed. Era m\u00e1s dif\u00edcil aceptar la crueldad de mantener a semejante animal encerrado por siempre. De todos modos el parque cercano, Abdelkhader, a donde sol\u00eda llevarlo tres veces al d\u00eda ya no ten\u00eda \u00e1rboles ni pasto ni hierba. Hab\u00edan arrancado todas las plantas, cortado los \u00e1rboles, despedazado los juegos infantiles, quitado las rejas que proteg\u00edan los prados y hecho astillas las viejas bancas. Tan s\u00f3lo quedaba el polvo ya que hasta hab\u00edan recogido los adoquines y las piedras para lapidar mujeres, blasfemos y ad\u00falteros. Varias veces vi salir de ah\u00ed hombres empujando carretillas cargadas de piedras que caminaban, trotaban a toda prisa hacia la Plaza de la Victoria donde se llevaban a cabo las ejecuciones p\u00fablicas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Matan perros en otras partes del mundo, en China por considerarlos un lujo burgu\u00e9s o para com\u00e9rselos, en varios lugares eran comunes y hasta legales las peleas donde los hac\u00edan matarse para ganar dinero. Si bien esos actos me parec\u00edan repugnantes eran tambi\u00e9n pragm\u00e1ticos, ideol\u00f3gicos, comerciales o simplemente expresiones de ignorancia pero aqu\u00ed los mataban por \u00f3rdenes divinas, para alcanzar la pureza y cumplir con los supuestos deseos de Mahoma. No soy religioso pero s\u00e9 que el Quran no habla de eso pero los Hadithas s\u00ed y cuando no se asegura que un \u00e1ngel no entrar\u00e1 a una casa donde haya un perro, se cuenta que Mahoma dijo que no hab\u00eda que matar a todos los perros pero si a todos aquellos que fueran de color negro porque eran enviados del diablo. Esa era la doble fatalidad de Zulu.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde que Malika se fue yo pasaba cada d\u00eda m\u00e1s tiempo sentado en ese rinc\u00f3n de la recamara, casi siempre con Zulu en mis piernas. Rara vez lograba concentrarme en la lectura pero siempre ten\u00eda entre mis manos un libro. Le\u00eda unas frases y me distra\u00eda, pensaba en comida, en el ruido de las balas, en el polvo y el calor. No mucho m\u00e1s. Porque cuando dejaba ir mis pensamientos maldec\u00eda a los milicianos pero maldec\u00eda con m\u00e1s fervor a los que se hab\u00edan ido, me maldec\u00eda a mi mismo por haber permanecido y tambi\u00e9n al pobre Zulu. A veces trataba de imaginarlo muerto, anticipar lo inevitable y de esa manera liberarme. Hubo un tiempo en que pudimos irnos, comprar un pasaje de avi\u00f3n, ponerlo en una jaula y largarnos de aqu\u00ed. Pero yo hab\u00eda confiado que las cosas volver\u00edan a la normalidad. Malika decidi\u00f3 que no pod\u00eda esperar m\u00e1s, no pod\u00eda convertirse en un fantasma cubierto con un enorme trapo de pies a cabeza sin derecho de salir a la calle. Yo no hubiera querido que hiciera un sacrificio semejante as\u00ed que no protest\u00e9. Antes de la guerra habl\u00e1bamos de tener hijos. Yo no estaba muy convencido. Peleamos. Su vida se me fue escapando y de pronto era una desconocida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los amigos fueron desapareciendo, algunos en el exilio, otros en encuentros desafortunados con los milicianos. Un d\u00eda, Jalil, un amigo que trabajaba en el aeropuerto me vino a buscar en su coche, me ofreci\u00f3 llevarme en se momento a tomar un vuelo a Viena. Con Zulu. Pero qu\u00e9 pod\u00eda hacer yo en Viena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No conozco a nadie ah\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dud\u00e9. Discutimos. Mi amigo se pon\u00eda cada vez m\u00e1s ansioso y fren\u00e9tico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es un favor que te hago, pero vete, vete hoy, tiene que ser hoy.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dije que necesitaba un poco de tiempo para pensarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vete al infierno\u2014 me recomend\u00f3\u2014. S\u00f3lo me da l\u00e1stima por Zulu\u2014, dijo y se fue furioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces pens\u00e9 que \u00e9l estaba exagerando y que yo hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n correcta. La gente no se va as\u00ed nada m\u00e1s. No soy un criminal. No he hecho nada malo. Me repet\u00eda. Jalil muri\u00f3 ejecutado pocos d\u00edas despu\u00e9s y con \u00e9l mi \u00faltima posibilidad de salir vivo de ah\u00ed con mi perro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ahorros se me acababan y a\u00fan teniendo dinero la vida no era f\u00e1cil. Zulu nunca se quejaba de nada aunque ambos sab\u00edamos que no ten\u00eda suficiente alimento para \u00e9l, que deb\u00eda darle las sobras de lo poco que ten\u00eda y que a veces ni siquiera ten\u00eda eso. En ocasiones me aguantaba el hambre, porque comer frente a \u00e9l un pan, un pedazo de carne de carnero o un plato de lentejas y darle migajas o un plato vac\u00edo para lamer una peque\u00f1a probada me parec\u00eda injusto, inmoral.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El d\u00eda en que estaban matando perros escuch\u00e9 los primeros gritos y balazos cuando estaba mordisqueando lentamente un pedazo de carne seca. Le di la mitad a Zulu quien la devor\u00f3, dio un gemido y volvi\u00f3 a poner su hocico sobre mi pierna, sin pedir m\u00e1s, sin esperar m\u00e1s, sin ocupar m\u00e1s espacio del absolutamente necesario.\u00a0 Me puse tenso como siempre que o\u00eda las Kalashnikov disparando cerca, acompa\u00f1adas de los alaridos de alahuakbar y las eventuales risotadas y gritos de dolor. Alguien corri\u00f3 por mi calle, lo segu\u00edan dos hombres. Lo alcanzaron, rogaba por su vida. Uno de ellos lo insult\u00f3, dijo algo sobre su madre que no pude entender. Con mucho cuidado hice a un lado a Zulu y me acerqu\u00e9 a la ventana, me asom\u00e9 apenas, con sumo cuidado de no ser visto. Un hombre anciano estaba de rodillas a mitad de la calle, dos milicianos le apuntaban con sus armas, gesticulaba, el viejo se llevaba las manos al pecho, imploraba juntando las palmas y luego levantando los brazos al cielo como si esperara que algo cayera de arriba y lo protegiera. Trataba de sujetar a uno de los milicianos, al que se ve\u00eda m\u00e1s joven y ten\u00eda una barba rala, parec\u00eda tratar de abrazarlo. El muchacho baj\u00f3 el arma. El otro segu\u00eda ladrando insultos, sent\u00ed que lo hac\u00eda m\u00e1s para entretener o impresionar a su joven compa\u00f1ero que realmente para amedrentar a su cautivo. Entonces, sin m\u00e1s le apunt\u00f3 al rostro, le peg\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n contra la boca y dispar\u00f3. Me fui de espaldas al ver el chorro de sangre explotar por la nuca. El otro miliciano tambi\u00e9n dio un brinco sobresaltado y luego comenz\u00f3 a preguntar: \u00bfPor qu\u00e9, por qu\u00e9? El que dispar\u00f3 le respondi\u00f3 que as\u00ed deb\u00eda ser y luego invoc\u00f3 a la grandeza de Dios con un grito sonoro. No hab\u00eda nada m\u00e1s que decir, dijo. Pero el muchacho subi\u00f3 el tono de sus protestas, se acerc\u00f3 al hombre y lo empuj\u00f3. Yo no pod\u00eda entender lo que le dec\u00eda porque la voz se le quebraba por el llanto, luego se puso de rodillas junto al cad\u00e1ver y escuch\u00e9 que lo llamaba pap\u00e1. El otro miliciano se acerc\u00f3 y le orden\u00f3 que se levantara, pero no hizo caso, lloraba. De pronto me pareci\u00f3 que era un ni\u00f1o. El otro le volvi\u00f3 a gritar: \u00a1Lev\u00e1ntate! No lo hizo. Llevaba la Kalashnikov apuntando al piso, s\u00f3lo levant\u00f3 un poco el ca\u00f1\u00f3n y sujetado el arma con una sola mano le dispar\u00f3 en la nuca al joven de la barba quien qued\u00f3 encorvado sobre el otro cuerpo. El miliciano mir\u00f3 alrededor y al no ver a nadie se puso a revisar los bolsillos de sus v\u00edctimas, lo vi sacar monedas, billetes y papeles. Se llev\u00f3 todo a sus bolsillos y volvi\u00f3 a mirar alrededor. Entonces me vio. Grit\u00f3: \u00bfTu qu\u00e9 haces ah\u00ed? Ya te vi. Ven ac\u00e1, ahora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Primero me ocult\u00e9 pero sab\u00eda que era una p\u00e9sima idea. Subir\u00eda a buscarme. Me levant\u00e9 y me puse frente a la ventana tratando de mostrar que no le tem\u00eda. No dije nada, tan s\u00f3lo lo mir\u00e9 con firmeza. Lo hab\u00eda visto en acci\u00f3n, sab\u00eda de lo que era capaz pero ten\u00eda m\u00e1s miedo de que subiera a buscarme y encontrara a Zulu a que me disparara ah\u00ed mismo. \u00bfQu\u00e9 haces ah\u00ed? Pregunt\u00f3. Aqu\u00ed vivo. \u00bfY por qu\u00e9 est\u00e1s espiando?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No estoy espiando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ven ac\u00e1 ahora mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Asent\u00ed con la cabeza. Camin\u00e9 hacia la puerta pero antes abrac\u00e9 al mi perro r\u00e1pidamente. Me mir\u00f3 con sus ojos de pesar, con esa expresi\u00f3n de fatalidad que empleaba siempre en los momentos precisos. Lo encerr\u00e9 en la habitaci\u00f3n, le puse llave al departamento y baj\u00e9 las escaleras tratando de andar con compostura, respirando profundo en cada escal\u00f3n y pisando firme como si no tuviera nada que temer. Sal\u00ed a la calle y el tipo me esperaba frente a la puerta del edificio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo. \u00bfEst\u00e1s con una mujer?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Negu\u00e9 con la cabeza y frunciendo el ce\u00f1o. Estaba solo en mi casa, comiendo, a\u00f1ad\u00ed sin saber qu\u00e9 m\u00e1s decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no fuiste a la mezquita?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Normalmente no voy a esta hora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era una respuesta incorrecta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No hay hora normal para ir al templo\u2014 me grit\u00f3, pero no toc\u00f3 la Kalashnikov que colgaba de su hombro. \u2014Nada me enfurece m\u00e1s que ver gente desperdiciar su vida cuando podr\u00edan estar sirviendo a Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Baj\u00e9 la vista, como si estuviera avergonzado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos, hay mucho que hacer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero no quiero dejar mi casa -dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9, alguien te espera o tienes miedo de que te roben algo? -dijo con una sonrisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, nada de eso \u2014respond\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comenz\u00f3 a caminar en direcci\u00f3n a la avenida y yo lo segu\u00ed con una pesadez inmensa. Llegamos a la plaza de la Victoria, donde hab\u00edan puesto una gran carpa, hab\u00eda mucha gente afuera esperando algo, vend\u00edan comida, tapetes, incienso, fundas para tel\u00e9fonos celulares, municiones, placas con inscripciones religiosas, un fot\u00f3grafo hacia fotomontajes en los que insertaba la imagen del cliente en un fondo de la Meca o a un lado del domo de Al Aqsa o en un campo verde repleto de flores. Al ver el puesto de shish kebabs mi est\u00f3mago dio un salto y pens\u00e9 en Zulu.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llegamos a la puerta de la carpa principal, me dijo que lo siguiera al interior. Nadie entraba ah\u00ed sin no estaba con los l\u00edderes de la milicia o los muftis. Un tipo bastante mayor, con una barba canosa de candado y unos ojos caf\u00e9s que parec\u00edan incendiarse nos sali\u00f3 al paso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde dejaste a Amin y a su hijo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLe diste una lecci\u00f3n? \u00bfLo vio todo su hijo? \u2014pregunt\u00f3 con una sonrisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, Sheikh, el viejo no volver\u00e1 a ser insolente y el muchacho entendi\u00f3 lo que se debe de hacer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 el hijo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se fue por ah\u00ed, ya volver\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY este qu\u00e9 hizo? \u2014pregunt\u00f3 se\u00f1al\u00e1ndome como si yo no pudiera hablar por mi mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estaba encerrado en su casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCon una mujer?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, no tengo ninguna mujer\u2014 dije con hast\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1C\u00e1llate, nadie te est\u00e1 hablando a ti! \u2014me grit\u00f3 al o\u00eddo con toda su fuerza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, creo que estaba solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPero no te aseguraste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos ahora mismo, seguro tiene a una puta metida en la cama. \u00bfPor qu\u00e9 estar\u00eda metido en la casa a esta hora?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No creo, no lo creo \u2014el otro titube\u00f3, supongo que porque no quer\u00eda llevar a nadie al lugar donde acababa de asesinar a dos personas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que no, le digo, que estaba solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY qu\u00e9 hacia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Comiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfComes solo? \u2014me pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No respond\u00ed. Me dio un golpe fuert\u00edsimo con la empu\u00f1adura de su bast\u00f3n en la parte posterior de la cabeza. Las rodillas se me doblaron como si el golpe se transmitiera verticalmente a lo largo de mi cuerpo.\u00a0 Ca\u00ed de rodillas, no pude meter las manos y me di de frente contra el piso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo mismo quiero ir a su casa ahora \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, yo me encargo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMe vas a ordenar t\u00fa a m\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, Sheikh, es que no vale la pena. Yo lo tengo bajo control.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La puta seguramente ya se fue. \u00bfEse es el control que tienes? Voy a alcanzar a esa puta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llam\u00f3 entonces a gritos a dos hombres que descansaban sobre una mesa:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Nuri, Amin, vengan, vamos a buscar a una puta!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, seyid, no seyid, yo arreglo el asunto y traigo a la puta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfCu\u00e1l puta? Me preguntaba yo, confundido\u00a0 por el tremendo dolor de cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Este impuro dej\u00f3 escapar una puta \u2014dijo el Sheikh a los dos hombres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me trat\u00e9 de levantar y vi como entre varios empujaba e insultaban al tipo que me hab\u00eda tra\u00eddo. La cabeza me estaba sangrando. Me sent\u00e9 en el piso y me cubr\u00ed la herida con la mano. Alguien me puso de pie y luego me dej\u00f3 caer nuevamente. Al tipo que me trajo le amarraron las manos y le pusieron una soga gruesa al cuello de la que lo jalaron. El Sheikh sali\u00f3 de la carpa agitando su bast\u00f3n en el aire, seguido por una docena de hombres armados, uno de ellos jaloneaba al hombre amarrado. Un muchacho se sent\u00f3 en cuclillas a mi lado. Se re\u00eda. Ten\u00eda una viej\u00edsima carabina. Supuse que era el encargado de cuidarme. Le ped\u00ed un poco de agua. Dej\u00f3 de re\u00edr, se puso de pie y me escupi\u00f3. Me apunt\u00f3 con el rifle e hizo un ruido de disparo con la boca. No tendr\u00eda m\u00e1s de 12 a\u00f1os. Luego se alej\u00f3. Me cost\u00f3 trabajo pero me puse de pie. Nadie me vigilaba, as\u00ed que me fui acercando a la salida poco a poco. Vi el puesto de kebabs. Ten\u00eda mucha hambre. Busqu\u00e9 al grupo de hombres que iban a mi casa. Corr\u00ed tambale\u00e1ndome en direcci\u00f3n a mi calle. Los encontr\u00e9, no fue dif\u00edcil, gritaban consignas y alahuakbars mientras disparaban al aire. Los segu\u00ed a cierta distancia. Ten\u00eda que detenerlos antes de que entraran a mi edificio, una vez ah\u00ed no tardar\u00edan en encontrar a Zulu. Pens\u00e9 correr y ponerme frente a ellos, me faltaba valor para hacerlo. Al llegar a la calle vieron los dos cad\u00e1veres. Alguien los reconoci\u00f3. El hombre amarrado comenz\u00f3 a explicar atropelladamente que los hab\u00edan atacado agentes infiltrados, que \u00e9l no sab\u00eda nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Herejes, fueron unos herejes \u2014gritaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No le creyeron, lo golpearon. Le vaciaron los bolsillos, algo le encontraron que aparentemente lo delat\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Nunca te dije que los mataras!\u2014 grit\u00f3 el Sheikh.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre varios trataron de colgarlo de un poste, pero no lograban hacer un nudo que lo sujetara. El Sheikh fue a ver los cuerpos. Comenz\u00f3 a orar. Otros segu\u00edan tratando de ahorcar al tipo sin tener mucha suerte, la soga no era suficientemente larga. Un hombre que yo conoc\u00eda del barrio, creo que era el ayudante del zapatero, se fue corriendo a buscar algo, imagin\u00e9 que otra soga, pas\u00f3 muy cerca de m\u00ed sin verme. Regres\u00f3 unos minutos despu\u00e9s manejando una pick up nissan destartalada. Acostaron al tipo amarrado a la mitad de la calle, lo sujetaban entre varios con la cuerda. El conductor le pas\u00f3 la nissan lentamente por encima, asegur\u00e1ndose de que una llanta le aplastara la cabeza. Grit\u00f3, un aullido seco, sin forma, sin tono. Tan s\u00f3lo un quejido gutural profundo que ces\u00f3 de pronto. El crujir de los huesos se escuch\u00f3 como truenos lejanos. Una vez que el conductor pudo meter la reversa volvi\u00f3 a aplastarlo. Repiti\u00f3 el proceso varias veces mientras algunos ni\u00f1os re\u00edan a carcajadas y los hombres que no levantaban sus armas y gritaban con j\u00fabilo filmaban o tomaban fotos con sus tel\u00e9fonos celulares para guardar un recuerdo de aquella tarde. El Sheikh pregunt\u00f3 a los mirones si alguien hab\u00eda visto a una puta. Nadie contest\u00f3. Repiti\u00f3 la pregunta amenazante, mirando a la gente a los ojos con intensidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si alguien la encubre o protege es tan impuro como ella \u2014dijo apunt\u00e1ndoles a cada uno con la empu\u00f1adura de su bast\u00f3n que sujetaba por la parte media.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un tipo dijo entonces que \u00e9l sab\u00eda de una mujer con malas costumbres que viv\u00eda en uno de los edificios en ruinas de la calle adyacente, frente al mercado de las flores. Le pregunt\u00f3 si la hab\u00eda visto por ah\u00ed ese d\u00eda. El hombre dijo que no, pero despu\u00e9s corrigi\u00f3 y dijo que s\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos a buscar ahora a la puta \u2014grit\u00f3 el Sheikh.\u2014 Vamos a hacerla pagar por haber corrompido a un hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se fueron, dejando los tres cad\u00e1veres. Camin\u00e9 cautelosamente hasta la puerta de mi edificio. La calle estaba nuevamente desierta. Entr\u00e9 r\u00e1pidamente, sub\u00ed corriendo las escaleras. Zulu, me recibi\u00f3 moviendo la cola, incapaz de entender de lo que nos hab\u00edamos salvado. Me tir\u00e9 al piso junto a \u00e9l y llor\u00e9 del dolor del golpe en la cabeza y segu\u00ed llorando un rato. Era ya de noche. Varios hombres recog\u00edan los cad\u00e1veres en carretillas. Una mujer en la calle del Mercado de las flores no vivir\u00eda para ver el amanecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El extremismo, y los sufrimientos de quienes lo viven, son el tema de este cuento del escritor mexicano Naief Yehya (1963).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15760,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Para leer: \"Zulu\", un #cuento que muestra el horror del fanatismo religioso, escrito por el gran Naief Yehya.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,198,2855,734,467,3396,3395],"class_list":["post-15757","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-naief-yehya","tag-realismo","tag-rebanadas","tag-zulu"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Naief_Yehya_2.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-469","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15757","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15757"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15757\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16292,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15757\/revisions\/16292"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15760"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15757"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15757"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15757"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}