{"id":157,"date":"2007-01-21T13:11:50","date_gmt":"2007-01-21T19:11:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=166"},"modified":"2016-10-26T10:24:35","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:35","slug":"el-dia-de-los-bipedos-cell","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-dia-de-los-bipedos-cell\/","title":{"rendered":"El d\u00eda de los b\u00edpedos: Cell"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\">&nbsp;<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/cell.jpg\" alt=\"Cell\" \/><br \/>\n<br \/><em>Stephen King, <\/em>Cell<em>.<br \/> Londres, Hodder &amp; Stoughton, 2006.<\/em><\/div>\n<p>1<br \/>\nStephen King es, adem\u00e1s de un escritor, una marca comercial: los libros que aparezcan firmados por \u00e9l se vender\u00e1n sin importar su calidad porque la mayor\u00eda de sus lectores son, primero, consumidores, habituados a comprar productos de caracter\u00edsticas uniformes. M\u00e1s a\u00fan, la marca King ha estado ya tanto tiempo entre nosotros que los <em>fans<\/em> perdonan cualquier decepci\u00f3n con la misma f\u00f3rmula: \u00abpero despu\u00e9s de todo es un libro de Stephen King\u00bb, dicen, \u00aby King no decepciona nunca\u00bb, lo que es un ejemplo notable, aunque no infrecuente, de pensamiento m\u00e1gico.<br \/>\n<!--more-->&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nada de esto implica que King carezca de talento: es un artesano extraordinario &#8211;gran conocedor de su oficio y su t\u00e9cnica&#8211; y en general tiene \u00e9xito en repetir lo que gust\u00f3 de su obra en <em>Carrie<\/em>, <em>La hora del vampiro<\/em> y sus otros libros tempranos: descripciones minuciosas de hechos horribles, buceos en conciencias perturbadas, tramas que no dejan de afirmar los valores dominantes de la cultura estadounidense pero ponen a prueba las virtudes posibles de sus personajes en situaciones de enorme desesperanza. M\u00e1s todav\u00eda, King tiene algunas novelas realmente buenas, capaces de producir el desasosiego que sucede al encuentro con lo inefable, con lo ajeno a la experiencia humana &#8211;y varios cuentos (pienso en \u00abEl coco\u00bb, \u00abSuperviviente\u00bb y alg\u00fan otro) que son superiores, al menos, a todas las novelas que conozco de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Siempre he pensado, por cierto, que esta superioridad se debe a que el verdadero valor de King &#8211;a m\u00e1s de no estar en las obviedades de su trabajo&#8211; resalta m\u00e1s en textos breves, porque \u00e9stos no admiten la posibilidad de inflar el n\u00famero de p\u00e1ginas con \u00abpaja\u00bb: digresiones, descripciones, subtramas in\u00fatiles. Por supuesto, en el mundo editorial que ha encumbrado a King el pago es por palabra o por cuartilla.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mayor problema que corre cualquier libro escrito para satisfacer semejantes requerimientos es \u00e9ste: para que alguien lo compre, debe dar a los integrantes de su \u00abmercado meta\u00bb lo que ellos piden (m\u00e1s precisamente, lo que han aprendido &#8211;por v\u00eda de la publicidad y la mera inercia de los nombres y los conceptos a los que \u00e9stos se asocian&#8211; que deben pedir).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en nuestras sociedades, esto significa que cada libro de la marca King &#8211;como los de la marca Rowling, la marca Coelho o cualquier otra&#8211; debe tener ciertos rasgos superficiales de modo constante e inmutable, y <em>a la vez<\/em> debe ofrecer una apariencia de novedad que permita distinguirlo del libro de la temporada anterior.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El modo m\u00e1s simple y eficaz de crear tal apariencia es dar a cada historia una p\u00e1tina de \u00abactualidad\u00bb, mencionando &#8211;digamos&#8211; las marcas de moda, los temas favoritos de la sociedad o la pol\u00edtica, las <em>tendencias<\/em>. Ya sabemos que los libros de \u00abcoyuntura\u00bb siempre se venden bien porque tienen publicidad gratuita en todas partes. Sin embargo, todas estas informaciones pasajeras vuelven ininteligibles a los libros que las emplean al cabo de no muchos a\u00f1os, sin importar lo bien que se hayan vendido en su momento. En los basureros, en anaqueles olvidados, si acaso en los cajones con los saldos m\u00e1s m\u00edseros de las librer\u00edas de viejo, est\u00e1n todos los <em>bestsellers<\/em> imprescindibles de hace diez a\u00f1os, y veinte, y m\u00e1s a\u00fan, que apostaron exclusivamente por aprovechar su momento. Han pasado su fecha de caducidad y ya no interesan porque est\u00e1n fuera de sincron\u00eda con la \u00abrealidad\u00bb que mamamos de los medios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora est\u00e1 de moda entre nosotros despreciar la posteridad, y afirmar que no vale la pena el sacrificio, dado que ninguna obra humana sobrevivir\u00e1, que todo se lo traga la nada, etc\u00e9tera. (Lo he o\u00eddo decir a uno o dos candidatos mexicanos a autor de <em>bestsellers<\/em>, por ejemplo.) Pero si un lector inconforme, tornadizo o hasta meramente aburrido quiere exigir un poco m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>2<br \/>\n&#8230; si quiere exigir un poco m\u00e1s, digo, no lo hallar\u00e1 en <em>Cell<\/em>, la primera novela publicada por King luego de un \u00abretiro\u00bb en falso, y que cumple cabalmente con todas las exigencias de la f\u00f3rmula que he descrito arriba (y nada m\u00e1s).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La acci\u00f3n es f\u00e1cil de resumir y su \u00e1nimo fundamental es la paranoia. A las tres de la tarde de cierto d\u00eda, cuya fecha no incluye un a\u00f1o determinado pero es obviamente la \u00ab\u00e9poca actual\u00bb (dos chicas tienen iPods; Eminem todav\u00eda es conocido, pero Michael Bolton ya no), una misma se\u00f1al empieza a transmitirse por todos los tel\u00e9fonos celulares del mundo. Se le conoce como el Pulso, y quien la escucha se vuelve un loco homicida, capaz de degollar a mordiscos a quien est\u00e9 cerca, por completo perdida su naturaleza humana. En la ciudad de Boston, Clay Riddell, un autor-protagonista de los habituales en King (es dibujante de comics en vez de escritor, pero su trabajo se parece sospechosamente a <em>La torre oscura<\/em>, del propio King, que est\u00e1 a punto de ser lanzada como historieta por la Marvel), debe evitar a las hordas de zombis que de pronto lo rodean, reunirse con algunos pocos que no han sido afectados por no tener celular, considerar la posibilidad de que se trate, c\u00f3mo no, de un ataque terrorista al estilo de los del 11 de septiembre de 2001, y recordar que tiene un hijo peque\u00f1o, quien a su vez tiene un celular (\u00ab\u00a1oh, no, no, <em>Cristo<\/em>, no!\u00bb), en una casa de Maine.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Devueltos a una suerte de Edad Media, mientras todos los servicios y comodidades de la civilizaci\u00f3n van desapareciendo a su alrededor y los escasos no-zombis se dispersan hacia los campos, Clay y una peque\u00f1a banda emprenden la b\u00fasqueda del ni\u00f1o: abundan muertes violentas, seres con rostros en blanco y dientes de fuera &#8211;se teoriza que el Pulso les borr\u00f3 el cerebro: se han olvidado hasta de c\u00f3mo ir al ba\u00f1o&#8211; y cambios de ritmo tan pronunciados a lo largo de los cap\u00edtulos que cerca de la mitad de las p\u00e1ginas se ocupa de lo ocurrido <em>antes<\/em> del viaje a Maine, y el grueso de los acontecimientos, incluyendo una explosi\u00f3n que mata a miles, una crucifixi\u00f3n, dos o tres momentos de l\u00e1grimas y melancol\u00eda e innumerables repeticiones de la misma angustia (\u00ab\u00bfmi hijo se habr\u00e1 vuelto un zombi?\u00bb, \u00ab\u00bfmi hijo se habr\u00e1 vuelto un zombi?\u00bb, \u00aboh, no, <em>no<\/em>, \u00bfmi hijo se habr\u00e1 vuelto un zombi?\u00bb), est\u00e1n apretujados en el \u00faltimo tercio. El libro es notablemente m\u00e1s breve que la mayor\u00eda de los que King escribe &#8211;menos de cuatrocientas p\u00e1ginas en tipo de doce puntos&#8211; y sospecho que fue terminado de prisa. \u00bfOfrece, a pesar de todo, los sustos a los que King nos tiene acostumbrados? S\u00ed, pero la desproporci\u00f3n se nota y los episodios m\u00e1s espectaculares transcurren con una rapidez decepcionante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sobre estos episodios: una vez que se han agotado las especulaciones sobre el terrorismo, resulta que los zombis est\u00e1n \u00abmutando\u00bb: mientras sus mentes borradas se \u00abrenicializan\u00bb (explica un joven superviviente experto en computaci\u00f3n), ganan acceso a zonas del cerebro humano que nunca se han usado antes y que les otorgan poderes telep\u00e1ticos, lo que les permite primero formar \u00abbandadas\u00bb como las de las aves y luego \u00abmentes comunales\u00bb como las de innumerables libros malos de ciencia ficci\u00f3n. \u00bfEsto es inquietante, se tiene la impresi\u00f3n de que los h\u00e9roes se hallan en peligro? S\u00ed, y de hecho la idea de la mente colectiva, aunque no es nueva, se trata con vigor y, si no con profundidad, con numerosas impresiones eficaces. El \u00abportavoz\u00bb de una de estas mentes se introduce en los sue\u00f1os de los humanos, ahora sus adversarios; un personaje agoniza con media cabeza hecha pulpa y desgrana recuerdos que nadie m\u00e1s comprende; la solidaridad (como sucede de modo trivial en <em>Lost<\/em> y otras series y filmes, pero tambi\u00e9n, al parecer, en la recient\u00edsima <em>El camino<\/em>, de Cormac McCarthy), desaparece al desaparecer la superestructura del hedonismo y la correcci\u00f3n pol\u00edtica; al final los zombis desarrollan hasta telequinesis y vuelan hacia sus nidos&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, nada re\u00fane a las impresiones en un conjunto verdadero, en una tesis o una idea o por lo menos una asimetr\u00eda o una desesperaci\u00f3n. Peor todav\u00eda (entiendo que lo ser\u00e1 para muchos fan\u00e1ticos), el libro ni siquiera es de horror hasta la \u00faltima p\u00e1gina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;King dedica <em>Cell<\/em> a Richard Matheson (en cuya novela <em>Soy leyenda<\/em> se trata hermosamente el tema de las comunidades de <em>otros<\/em>, humanos y a la vez ajenos a lo humano) y a George A. Romero (creador de la pel\u00edcula <em>La noche de los muertos vivientes<\/em> y, por consiguiente, de la imagen actual y gastada del \u00abzombi\u00bb), pero tendr\u00eda que haberla dedicado tambi\u00e9n al escritor brit\u00e1nico  John Wyndham, quien inaugur\u00f3 la <em>sci-fi<\/em> postapocal\u00edptica con su novela <em>El d\u00eda de los tr\u00edfidos<\/em> (1951). Wyndham adelant\u00f3, tambi\u00e9n, una convenci\u00f3n muy popular actualmente en los medios globales sobre las historias con personajes en peligro: un comienzo angustioso y con aut\u00e9nticos dolores y amenazas, pero luego una diluci\u00f3n constante de los mismos, para concentrarse en los asuntos nimios que son la materia del melodrama. Se le conoce como \u00abcat\u00e1strofe confortable\u00bb (<em>cozy catastrophe<\/em>): los n\u00e1ufragos sufren por agua y comida, pero una vez que las encuentran no vuelve a mencionarse el asunto y la isla desierta se convierte en un <em>spa<\/em>; los fugitivos de la ca\u00edda del meteoro deben salir caminando de la zona de impacto, pero cuando lo han hecho siempre hay un auto con las llaves puestas, y la serena confianza de que Dios debe haberles perdonado la vida por algo. En la novela de King, como en <em>Los titiriteros<\/em> de Robert Heinlein (un libro central de la paranoia anticomunista de los a\u00f1os cincuenta), las mentes colectivas resultan inviables y los buenos triunfan, en diez o doce apretad\u00edsimas p\u00e1ginas, gracias a su iniciativa de individuos. Y entonces los locos, providencialmente, se amansan, y cuando Clay puede hallar a su hijo, efectivamente vuelto zombi, \u00e9ste no lo ataca y en cambio se comporta como un perrito, indefenso y despistado. Clay se traslada entonces a un mundo post-buc\u00f3lico, lleno de casas abandonadas pero en buen estado, coches dispuestos para que \u00e9l los conduzca y paisajes serenos y despoblados; no vuelve a tener hambre, no vuelve a haber malos olores, y puede darse tiempo para pensar calmadamente en su papel de cabeza de familia, en \u00abtodo lo que ha perdido\u00bb, y en c\u00f3mo diablos har\u00e1 para curar a su hijito y restaurar su raciocinio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(\u00bfNo avis\u00e9 que habr\u00eda referencias a momentos concretos de la trama y al final del libro?)<\/p>\n<p>3<br \/>\nNovelas como <em>Cell<\/em>, a pesar de todas sus referencias de actualidad, son, cuando mucho, sintom\u00e1ticas: reflejan un momento determinado sin tratar de comprenderlo, y tal vez sin entender siquiera lo que est\u00e1n diciendo. Esta novela de King, adem\u00e1s de actualizar su cat\u00e1logo pop para atraer a nuevas generaciones, quiere entretener a un p\u00fablico (sus lectores estadounidenses) que vive aterrado por sus medios, todav\u00eda traumatizado por el 11-S y persuadido de que su <em>comunidad de los justos<\/em> &#8211;presente en numerosas declaraciones del puritanismo fundador de los Estados Unidos&#8211; est\u00e1 no s\u00f3lo invadida, sino enteramente sobrepujada, por el mal. En cualquier momento, los objetos m\u00e1s comunes, los aparatos m\u00e1s f\u00e1ciles de hallar y m\u00e1s representativos de la <em>civilizaci\u00f3n<\/em> pueden convertirse en portadores de horror, como sucede con las televisiones en la novela <em>Ring<\/em> de Koji Suzuki y todas sus variaciones posteriores. La \u00faltima decepci\u00f3n de <em>Cell<\/em>, y la peor, es que King eluda la cuesti\u00f3n una vez que la ha planteado, al contrario de lo que hace hasta el propio Suzuki, y apenas insin\u00fae las preguntas m\u00e1s interesantes que podr\u00edan surgir de su especulaci\u00f3n. (Por ejemplo: desaparecida &#8211;o amenazada&#8211; nuestra sociedad del confort, \u00bfcostar\u00eda mucho a algunos el optar voluntariamente por renunciar a su conciencia, aun a riesgo de convertirse en monstruos? O bien: \u00bfhemos avanzado por el camino del individualismo irracional que s\u00f3lo nuestra tecnolog\u00eda &#8211;como parece decir la novela&#8211; nos impide extinguirnos en un conflicto de todos contra todos?) King intenta rara vez llegar m\u00e1s all\u00e1, lo que es una l\u00e1stima: incluso en los confines estrechos de su propio mundo editorial (subg\u00e9nero m\u00e1s industria), hay escritores que logran lo mismo que \u00e9l pero se atreven, todav\u00eda, a intentar algo m\u00e1s con la forma, con el sentido del texto, con el lenguaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(S\u00f3lo una vez en todo <em>Cell<\/em> &#8211;entiendo que el t\u00edtulo, est\u00fapidamente, tampoco se tradujo en la edici\u00f3n en espa\u00f1ol&#8211; encontr\u00e9 una palabra interesante, una preocupaci\u00f3n por el mero lenguaje: para describir el hedor aut\u00e9nticamente insoportable de una multitud de zombis, King usa&#8230; la palabra <em>insupportable<\/em>, que en ingl\u00e9s es un latinismo. Es curioso: de modo sumamente arbitrario, el idioma de los zombis &#8211;la \u00ablengua primigenia\u00bb que se recobra primero tras el borrado de los cerebros&#8211; parece ser tambi\u00e9n el lat\u00edn.)<\/p>\n<p><em>(Nota: me disculpo, tambi\u00e9n, por la tardanza de esta rese\u00f1a.)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Stephen King, Cell. Londres, Hodder &amp; Stoughton, 2006. 1 Stephen King es, adem\u00e1s de un escritor, una marca comercial: los libros que aparezcan firmados por \u00e9l se vender\u00e1n sin importar su calidad porque la mayor\u00eda de sus lectores son, primero, consumidores, habituados a comprar productos de caracter\u00edsticas uniformes. 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