{"id":15551,"date":"2021-06-19T10:55:48","date_gmt":"2021-06-19T15:55:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15551"},"modified":"2021-06-19T22:28:43","modified_gmt":"2021-06-20T03:28:43","slug":"terremoto-monica-ojeda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/terremoto-monica-ojeda\/","title":{"rendered":"Terremoto"},"content":{"rendered":"<p>La ecuatoriana <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/M%C3%B3nica_Ojeda\">M\u00f3nica Ojeda<\/a> (1988) es una de las narradoras latinoamericanas m\u00e1s celebradas de la actualidad: como la de otras escritoras, su obra deja muy atr\u00e1s en elogios y aprecio a la de la mayor\u00eda de los autores hombres de su generaci\u00f3n y ha sido premiada internacionalmente, as\u00ed como traducida a varios idiomas; en especial se han destacado sus novelas <em>Nefando<\/em> (2016) y <em>Mand\u00edbula<\/em> (2018).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abTerremoto\u00bb, un texto breve que une la descripci\u00f3n alucinada de una relaci\u00f3n er\u00f3tica con un episodio de violencia apocal\u00edptica, est\u00e1 tomado de la colecci\u00f3n <em>Las voladoras<\/em>, publicado en 2020 por P\u00e1ginas de Espuma y reproducido en muchos lugares de la red como adelanto del libro.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15553\" aria-describedby=\"caption-attachment-15553\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15553\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/terremoto-monica-ojeda\/monica-ojeda-diego-cardierno\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno.jpg\" data-orig-size=\"1338,862\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"monica-ojeda-diego-cardierno\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;M\u00f3nica Ojeda (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno-1024x660.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno-1024x660.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"660\" class=\"size-large wp-image-15553\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno-1024x660.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno-300x193.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno.jpg 1338w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15553\" class=\"wp-caption-text\"><br \/>M\u00f3nica Ojeda (<a href=\"https:\/\/www.elconfidencial.com\/cultura\/2020-10-15\/monica-ojeda-escritora-literatura-pandemia_2789152\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>TERREMOTO<br \/>\nM\u00f3nica Ojeda<\/strong><\/p>\n<p>\u00abAmar es temblar\u00bb, dijo Luciana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEntonces la tierra nos ama demasiado\u00bb, le respond\u00ed cuando el cielo se hizo gris y oval y succion\u00f3 toda la luz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La lava incendi\u00f3 el oc\u00e9ano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed fue como empec\u00e9 a medir el tiempo seg\u00fan los latidos de Luciana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEsto es vivir entre volcanes\u00bb, dec\u00eda ella dej\u00e1ndome escuchar su coraz\u00f3n de reba\u00f1o. \u00abEsto es respirar en la boca de la muerte\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amar y morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Avanzar sobre las grietas de los puentes que se quiebran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubo un tiempo en que el suelo no se mov\u00eda. Luego lleg\u00f3 el terremoto madre y Luciana abri\u00f3 las piernas adentro de mi sombra. Hubo muchos otros antes, pero ninguno igual que ese: el apocal\u00edptico, el que nos hizo desaparecer hacia el interior del planeta que ard\u00eda como la lengua de mi hermana sobre mi pelvis.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jug\u00e1bamos a encontrar las diferencias entre su nombre y mi nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lu-ci-a-na.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lu-cre-ci-a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Junt\u00e1bamos los dedos en la penumbra para crecer una memoria del fuego l\u00edquido de nuestra carne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos refugiamos entre los c\u00f3ndores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos escondimos de la sangre de los que vagaban esquivando a los caballos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luciana ten\u00eda miedo de la oscuridad sin techo, por eso med\u00eda con sus trenzas la altura de nuestras paredes. La casa pod\u00eda haberse ca\u00eddo, venirse abajo con el sonido ronco y pedregoso de la tierra, pero ella dec\u00eda que morir aplastadas por el hogar era mejor que sobrevivir sin refugio; que morir con nuestras sangres indistinguibles, rojas como la luna, mezcladas entre los cimientos era po\u00e9tico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00bfHas visto lo golpeada que est\u00e1s?\u00bb, dijo acarici\u00e1ndome con los nudillos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las erupciones volc\u00e1nicas pintaron el sol de un amarillo enfermo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amarillo verdoso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amarillo pus.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero nuestra casa era una piedra en donde no importaban los colores. El terremoto destruy\u00f3 la ciudad y la pobl\u00f3 de zapatos solitarios y de carro\u00f1a. La gente abandon\u00f3 sus refugios, corri\u00f3 hacia el exterior esquivando a los caballos y a los c\u00f3ndores, dej\u00f3 sus edificios, sus casas, sus cuevas, porque no quer\u00eda morir aplastada. \u00ab\u00a1El cielo es lo \u00fanico que no puede caerse!\u00bb, gritaban ara\u00f1ando la ciudad en ruinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Levantaron carpas en las aceras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se tragaron a los ni\u00f1os y a los ancianos eructando un vaho polvoriento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEl miedo nos vuelve est\u00fapidos\u00bb, le susurraba yo a Luciana cuando hac\u00edamos el amor en medio de la cat\u00e1strofe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abMorir ahora ser\u00eda perfecto\u00bb, dec\u00eda ella, jadeando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su lengua era larga como una cuerda que yo hubiera querido saltar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su lengua era una cuerda que me ataba a cada esquina de la casa que no se ca\u00eda nunca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abAmar es temblar\u00bb, pronunciaba Luciana para que yo sintiera sus palabras. Ella quer\u00eda una muerte perfecta, pero nuestra casa era un templo que guardaba celosamente la historia de lo que no se cae.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEs esto lo que nos mata\u00bb, le dije una noche. \u00abEsta manera tan absurda que tenemos de resistir\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gente prefer\u00eda la oscuridad, la lava, las piernas abiertas de la tierra, antes que acercarse a una casa que no sab\u00eda c\u00f3mo caerse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Afuera los gritos eran m\u00e1s d\u00e9biles que cualquiera de mis gemidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luciana contaba las grietas con los ojos cerrados y ten\u00eda pesadillas con los o\u00eddos abiertos. Los c\u00f3ndores eran el \u00fanico soplido de Dios estrell\u00e1ndose contra el fuego incesante de los volcanes. Juntas los mir\u00e1bamos limpiar los cuerpos que la tierra no alcanzaba a masticar y nos abraz\u00e1bamos para darnos calor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda huesos m\u00e1s grandes que las piernas de Luciana. Ella las abr\u00eda adentro de mi sombra y me exig\u00eda que la tocara donde estaba prohibido. \u00abMe caminas por encima como un muerto sin sexo\u00bb, dec\u00eda y luego me preguntaba: \u00ab\u00bfTe gusta el sabor de la sangre?\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abMe gusta. Sabe a lenguaje\u00bb, le respond\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Afuera los hombres y las mujeres se alejaban de nuestra casa como de una abominaci\u00f3n. \u00ab\u00d1a\u00f1a, \u00f1a\u00f1ita m\u00eda: por favor, cierra las piernas adentro de mi sombra\u00bb, le ped\u00eda yo por las tardes, pero Luciana quer\u00eda que arrojara su cad\u00e1ver a los establos donde un caballo jam\u00e1s pisar\u00eda a un muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abYo quiero parecerme a ese muerto que no pisar\u00e1n los caballos salvajes de tu frente\u00bb, le dije la noche en que salt\u00e9 su cuerda y emerg\u00ed de la cama como una ahogada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La noche en que moj\u00e9 los corredores acariciando las paredes y sus grietas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La noche en que supe que tragar cenizas era mejor que refugiarse en una abominaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso le dije antes de saltar su cuerda y emerger de la cama como una ahogada: \u00abEs mejor ser alimento para c\u00f3ndores que vivir dentro de esta abominaci\u00f3n\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su interior cav\u00f3 mi tumba parecida a un incendio bajo el agua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abNo existe la muerte perfecta, solo la muerte\u00bb, me dijo llorando de belleza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y sal\u00ed a que me cayera el cielo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento l\u00edrico (y apocal\u00ecptico, y er\u00f3tico) de la ecuatoriana M\u00f3nica Ojeda (1988).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15553,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,3387,3386,2855,3285,3385],"class_list":["post-15551","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-ecuatorianosuatorianos","tag-las-voladoras","tag-literatura","tag-monica-ojeda","tag-terremoto"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/monica-ojeda-diego-cardierno.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-42P","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15551","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15551"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15551\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15559,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15551\/revisions\/15559"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15553"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15551"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15551"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15551"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}