{"id":15485,"date":"2021-04-24T18:03:45","date_gmt":"2021-04-24T23:03:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15485"},"modified":"2021-04-24T18:03:45","modified_gmt":"2021-04-24T23:03:45","slug":"subasta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/subasta\/","title":{"rendered":"Subasta"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento de la escritora ecuatoriana <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Mar%C3%ADa_Fernanda_Ampuero\">Mar\u00eda Fernanda Ampuero<\/a> (1976). Es parte de <em>Pelea de gallos<\/em> (2018), su primer libro de cuentos, que la lanz\u00f3 al estrellato de las m\u00e1s destacadas escritoras latinoamericanas actuales. El segundo libro de cuentos de la escritora, <em>Sacrificios humanos<\/em>, acaba de aparecer, y contin\u00faa su propuesta de examinar, de manera directa y perturbadora, la violencia en las sociedades actuales, y en especial la violencia contra las mujeres.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15486\" aria-describedby=\"caption-attachment-15486\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15486\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/subasta\/maria-fernanda-ampuero\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero.jpg\" data-orig-size=\"1921,1280\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Maria Fernanda Ampuero\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;(&lt;a href=&quot;http:\/\/paginasdeespuma.com\/blog\/maria-fernanda-ampuero-en-the-objective\/&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero-1024x682.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"682\" class=\"size-large wp-image-15486\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero.jpg 1921w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15486\" class=\"wp-caption-text\">(<a href=\"http:\/\/paginasdeespuma.com\/blog\/maria-fernanda-ampuero-en-the-objective\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>SUBASTA<br \/>\nMar\u00eda Fernanda Ampuero<\/strong><\/p>\n<p>En alg\u00fan lado hay gallos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aqu\u00ed, de rodillas, con la cabeza gacha y cubierta con un trapo inmundo, me concentro en escuchar a los gallos, cu\u00e1ntos son, si est\u00e1n en jaula o en corral. Pap\u00e1 era gallero y, como no ten\u00eda con qui\u00e9n dejarme, me llevaba a las peleas. Las primeras veces lloraba al ver al gallito desbaratado sobre la arena y \u00e9l se re\u00eda y me dec\u00eda mujercita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por la noche, gallos gigantes, vampiros, devoraban mis tripas, gritaba y \u00e9l ven\u00eda a mi cama y me volv\u00eda a decir mujercita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya, no seas tan mujercita. Son gallos, carajo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s ya no lloraba al ver las tripas calientes del gallo perdedor mezcl\u00e1ndose con el polvo. Yo era quien recog\u00eda esa bola de plumas y v\u00edsceras y la llevaba al contenedor de la basura. Yo les dec\u00eda: adi\u00f3s gallito, s\u00e9 feliz en el cielo donde hay miles de gusanos y campo y ma\u00edz y familias que aman a los gallitos. De camino, siempre alg\u00fan se\u00f1or gallero me daba un caramelo o una moneda por tocarme o besarme o tocarlo y besarlo. Ten\u00eda miedo de que, si se lo dec\u00eda a pap\u00e1, volviera a llamarme mujercita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya, no seas tan mujercita. Son galleros, carajo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche, a un gallo le explot\u00f3 la barriga mientras lo llevaba en mis brazos como a una mu\u00f1eca y descubr\u00ed que a esos se\u00f1ores tan machos que gritaban y azuzaban para que un gallo abriera en canal a otro, les daba asco la caca y la sangre y las v\u00edsceras del gallo muerto. As\u00ed que me llenaba las manos, las rodillas y la cara con esa mezcla y ya no me jod\u00edan con besos ni pendejadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dec\u00edan a mi pap\u00e1:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tu hija es una monstrua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y \u00e9l respond\u00eda que m\u00e1s monstruos eran ellos y despu\u00e9s les chocaba los vasitos de licor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00e1s monstruo, vos. Salud.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El olor dentro de una gallera es asqueroso. A veces me quedaba dormida en una esquina, debajo de las grader\u00edas, y despertaba con alg\u00fan hombre de esos mir\u00e1ndome la ropa interior por debajo del uniforme del colegio. Por eso, antes de quedarme dormida, me met\u00eda la cabeza de un gallo en medio de las piernas. Una o muchas. Un cintur\u00f3n de cabezas de gallitos. Levantar una falda y encontrarse cabecitas arrancadas tampoco gustaba a los machos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces, pap\u00e1 me despertaba para que tirara a la basura otro gallo despanzurrado. A veces, iba \u00e9l mismo y los amigos le dec\u00edan que para qu\u00e9 mierda ten\u00eda a la muchacha, que si era un maric\u00f3n. \u00c9l se iba con el gallo descuajaringado chorreando sangre. Desde la puerta les tiraba un beso. Los amigos se re\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00e9 que aqu\u00ed, en alg\u00fan lado, hay gallos, porque reconocer\u00eda ese olor a miles de kil\u00f3metros. El olor de mi vida, el olor de mi padre. Huele a sangre, a hombre, a caca, a licor barato, a sudor agrio y a grasa industrial. No hay que ser muy inteligente para saber que este es un sitio clandestino, un lugar refundido qui\u00e9n sabe d\u00f3nde, y que estoy muy pero que muy jodida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Habla un hombre. Tendr\u00e1 unos cuarenta. Lo imagino gordo, calvo y sucio, con camiseta blanca sin mangas, short y chancletas pl\u00e1sticas, le imagino las u\u00f1as del me\u00f1ique y del pulgar largas. Habla en plural. Aqu\u00ed hay alguien m\u00e1s que yo. Aqu\u00ed hay m\u00e1s gente de rodillas, con la cabeza gacha, cubierta por esta asquerosa tela oscura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A ver, nos vamos tranquilizando, que al primer hijueputa que haga un solo ruido le meto un tiro en la cabeza. Si todos colaboramos, todos salimos de esta noche enteros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Siento su panza contra mi cabeza y luego el ca\u00f1\u00f3n de la pistola. No, no bromea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una chica llora unos metros a mi derecha. Supongo que no ha soportado sentir la pistola en la sien. Se escucha una bofetada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A ver, reina. Aqu\u00ed no me llora nadie, \u00bfme oy\u00f3? \u00bfO ya est\u00e1 apurada por irse a saludar a diosito?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, el gordo de la pistola se aleja un poco. Ha ido a hablar por tel\u00e9fono. Dice un n\u00famero: seis, seis malparidos. Dice tambi\u00e9n muy buena selecci\u00f3n, buen\u00edsima, la mejor en meses. Recomienda no perd\u00e9rsela. Hace una llamada tras otra. Se olvida, por un rato, de nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A mi lado escucho una tos ahogada por la tela, una tos de hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014He escuchado de esto \u2014dice \u00e9l, muy bajito\u2014. Pens\u00e9 que era mentira, leyenda. Se llaman subastas. Los taxistas eligen pasajeros que creen que pueden servir para que den buena plata por ellos y para eso los secuestran. Luego los compradores vienen y pujan por sus preferidos o preferidas. Se los llevan. Se quedan con sus cosas, los obligan a robar, a abrirles sus casas, a darles sus n\u00fameros de tarjeta de cr\u00e9dito. Y a las mujeres. A las mujeres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9? \u2014le digo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Escucha que soy mujer. Se queda callado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo primero que pens\u00e9 cuando me sub\u00ed al taxi esa noche fue por fin. Apoy\u00e9 mi cabeza en el asiento y cerr\u00e9 los ojos. Hab\u00eda bebido unas cuantas copas y estaba trist\u00edsima. En el bar estaba el hombre por el que ten\u00eda que fingir amistad. A \u00e9l y a su mujer. Siempre finjo, soy buena fingiendo. Pero cuando me sub\u00ed al taxi exhal\u00e9 y me dije qu\u00e9 alivio: voy a casa, a llorar a gritos. Creo que me qued\u00e9 dormida un momento y, de repente, al abrir los ojos, estaba en una ciudad desconocida. Un pol\u00edgono. Vac\u00edo. Oscuridad. La alerta que hace hervir el cerebro: se te acaba de joder la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El taxista sac\u00f3 una pistola, me mir\u00f3 a los ojos, dijo con una amabilidad rid\u00edcula:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Llegamos, se\u00f1orita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que sigui\u00f3 fue r\u00e1pido. Alguien abri\u00f3 la puerta antes de que yo pudiera poner el seguro, me ech\u00f3 el trapo sobre la cabeza, me at\u00f3 las manos y me meti\u00f3 en esa especie de garaje con olor a gallera podrida y me oblig\u00f3 a arrodillarme en una esquina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se escuchan conversaciones. El gordo y alguien m\u00e1s y luego otro y otro. Llega gente. Se escuchan risas y destapar cervezas. Empieza a oler a mar\u00eda y alguna otra de esas mierdas con olor picante. El hombre que est\u00e1 a mi lado hace rato que ya no me dice que est\u00e9 tranquila. Se lo debe estar diciendo a s\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mencion\u00f3 antes que ten\u00eda un beb\u00e9 de ocho meses y un ni\u00f1o de tres. Estar\u00e1 pensando en ellos. Y en estos tipos drogados entrando en la urbanizaci\u00f3n privada en la que vive. S\u00ed, est\u00e1 pensando en eso. En \u00e9l saludando al guardia de seguridad como todas las noches desde que su carro est\u00e1 en el taller, mientras esas bestias van atr\u00e1s, agachados. \u00c9l los va a meter en su casa donde est\u00e1 su hermosa mujer, su beb\u00e9 de ocho meses y su ni\u00f1o de tres. \u00c9l los va a meter a su casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y no hay nada que pueda hacer al respecto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s all\u00e1, a la derecha, se escuchan murmullos, una chica que llora, no s\u00e9 si la misma que ha llorado antes. El gordo dispara y todos nos tiramos al suelo como podemos. No nos ha disparado, ha disparado. Da igual, el terror nos ha cortado en dos mitades. Se escucha la risa del gordo y sus compa\u00f1eros. Se acercan, nos mueven al centro de la sala.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, se\u00f1ores, se\u00f1oras, queda abierta la subasta de esta noche. Bien bonitos, bien portaditos, se me van a poner aqu\u00ed. M\u00e1s ac\u00e1, mi reina. Eeeso. Sin miedo, mami, que no muerdo. As\u00ed me gusta. Para que estos caballeros elijan a cu\u00e1l de ustedes se van a llevar. Las reglas, caballeros, las de siempre: m\u00e1s plata se lleva la mejor prenda. Las armas me las dejan por aqu\u00ed mientras dure la subasta, yo se las guardo. Gracias. Encantado, como siempre, de recibirlos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gordo nos va presentando como si dirigiera el programa de televisi\u00f3n m\u00e1s repugnante del mundo. No podemos verlos, pero sabemos que hay ladrones mir\u00e1ndonos, eligi\u00e9ndonos. Y violadores. Seguro que hay violadores. Y asesinos. Tal vez hay asesinos. O algo peor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Daaaaaaamas y caballeeeeeeros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al gordo no le gustan los que lloriquean ni los que dicen que tienen ni\u00f1os ni los que gritan a la desesperada no sabes con qui\u00e9n te est\u00e1s metiendo. No. Menos le gustan los que amenazan con que se va a pudrir en la c\u00e1rcel. Todos esos, mujeres y hombres, ya han recibido pu\u00f1etazos en la barriga. He escuchado gente caer al suelo sin aire. Yo me concentro en los gallos. Tal vez no hay ninguno. Pero yo los escucho. Dentro de m\u00ed. Gallos y hombres. Ya, no seas tan mujercita, son galleros, carajo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Este se\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo se llama nuestro primer participante? \u00bfC\u00f3mo? Hable fuerte, amigo. Ricardoooooo, bienvenidooooo, lleva un reloj de marca y unos zapatos Adidas de los bueeeenos. Ricardooooo ha de tener plaaaaaaaataaaaaaa. A ver la cartera de Ricardo. Tarjetas de cr\u00e9dito, ohhhhhh Visa Goooooold de Messi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gordo hace chistes malos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Empiezan a pujar por Ricardo. Uno ofrece trescientos, otro ochocientos. El gordo a\u00f1ade que Ricardo vive en una urbanizaci\u00f3n privada en las afueras de la ciudad: Vistas del R\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014All\u00e1 donde no podemos ni asomarnos los pobres. All\u00e1 vive el amigo Riqui. S\u00ed le puedo decir Riqui, \u00bfno? Como Riqui Ric\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una voz aterradora dice cinco mil. La voz aterradora se lleva a Ricardo. Los otros aplauden.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Adjudicado al caballero de bigote por cinco mil!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A Nancy, una chica que habla con un hilito de voz, el gordo la toca. Lo s\u00e9 porque dice miren qu\u00e9 tetas, qu\u00e9 ricas, qu\u00e9 paraditas, qu\u00e9 pezoncitos y se sorbe la baba y esas cosas no se dicen sin tocar y, adem\u00e1s, qu\u00e9 le impide tocar, qui\u00e9n. Nancy suena joven. Veintipocos. Podr\u00eda ser enfermera o educadora. A Nancy el gordo la desnuda. Escuchamos que abre su cintur\u00f3n y que abre los botones y que le arranca la ropa interior, aunque ella dice por favor tantas veces y con tanto miedo que todos mojamos nuestros trapos inmundos con las l\u00e1grimas. Miren este culito. Ay, qu\u00e9 cosita. El gordo sorbe a Nancy, el ano de Nancy. Se escuchan leng\u00fceteos. Los hombres azuzan, rugen, aplauden. Luego el embestir de carne contra carne. Y los aullidos. Los aullidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Caballeros, esto no es por vicio. Es control de calidad. Le doy un diez. Ah\u00ed la limpian bien bonito y una delicia nuestra amiga Nancy.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Debe ser hermosa porque ofrecen, de inmediato, dos mil, tres, tres quinientos. Venden a Nancy en tres quinientos. El sexo es m\u00e1s barato que la plata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y el afortunado que se lleva este culito rico es el caballero del anillo de oro y el crucifijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos van vendiendo uno a uno. Al chico que estaba a mi lado, al del beb\u00e9 de ocho meses y el ni\u00f1o de tres, el gordo ha logrado sacarle toda la informaci\u00f3n posible y ahora es un pez gord\u00edsimo para la subasta: plata en diferentes cuentas, alto ejecutivo, hijo de un empresario, obras de arte, hijos, mujer. El tipo es la loter\u00eda. Seguramente lo secuestrar\u00e1n y pedir\u00e1n un rescate. La puja empieza en cinco mil. Sube hasta diez, quince mil. Se para en veinte. Alguien con quien nadie se quiere meter ha ofrecido los veinte. Una voz nueva. Ha venido s\u00f3lo para esto. No estaba para perder tiempo en pendejadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gordo no hace ning\u00fan comentario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando me toca a m\u00ed, pienso en los gallos. Cierro los ojos y abro mis esf\u00ednteres. Es lo m\u00e1s importante que har\u00e9 en mi vida, as\u00ed que lo har\u00e9 bien. Me ba\u00f1o las piernas, los pies, el suelo. Estoy en el centro de una sala, rodeada por delincuentes, exhibida ante ellos como una res y como una res vac\u00edo mi vientre. Como puedo, froto una pierna contra la otra, adopto la posici\u00f3n de un mu\u00f1eca destripada. Grito como una loca. Agito la cabeza, mascullo obscenidades, palabras inventadas, las cosas que les dec\u00eda a los gallos del cielo con ma\u00edz y gusanos infinitos. S\u00e9 que el gordo est\u00e1 a punto de dispararme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cambio, me revienta la boca de un manazo, me parto la lengua de un mordisco. La sangre empieza a caer por mi pecho, a bajar por mi est\u00f3mago, a mezclarse con la mierda y la orina. Empiezo a re\u00edr, enajenada, a re\u00edr, a re\u00edr, a re\u00edr.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gordo no sabe qu\u00e9 hacer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1nto dan por este monstruo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie quiere dar nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gordo ofrece mi reloj, mi tel\u00e9fono, mi cartera. Todo es barato, chino. Me coge las tetas para ver si la cosa se anima y chillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQuince, veinte?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero nada, nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me tiran a un patio. Me ba\u00f1an con una manguera de lavar carros y luego, mojada, me suben a un carro que me deja, descalza, aturdida, en la V\u00eda Perimetral.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento estremecedor de la escritora ecuatoriana Mar\u00eda Fernanda Ampuero (1976).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15486,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Para leer este fin de semana: un #cuento brutal, violento, de la #escritora ecuatoriana Mar\u00eda Fernanda Ampuero.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,185,3224,2855,3376,3037,3378,467,468,3377],"class_list":["post-15485","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-escritoras","tag-escritores-ecuatorianos","tag-literatura","tag-maria-fernanda-ampuero","tag-narrativa-de-la-violencia","tag-pelea-de-gallos","tag-realismo","tag-realismo-sucio","tag-subasta"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Maria-Fernanda-Ampuero.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-subasta","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15485","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15485"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15485\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15490,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15485\/revisions\/15490"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15486"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15485"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15485"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15485"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}