{"id":15432,"date":"2021-02-15T09:31:59","date_gmt":"2021-02-15T15:31:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15432"},"modified":"2021-02-22T15:04:43","modified_gmt":"2021-02-22T21:04:43","slug":"el-festin-de-babette","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-festin-de-babette\/","title":{"rendered":"El fest\u00edn de Babette"},"content":{"rendered":"<p>\u00abEl fest\u00edn de Babette\u00bb es probablemente el cuento m\u00e1s famoso de la escritora danesa <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Karen_Blixen\">Isak Dinesen<\/a>, una de las grandes cuentistas del siglo XX. Se public\u00f3 en 1950 en la revista estadounidense <em>Ladies\u2019 Home Journal<\/em>; muchas de las narraciones de Dinesen aparecieron primero traducidas en ingl\u00e9s y luego en su lengua natal, porque ella escrib\u00eda pensando en aquel p\u00fablico. Por ejemplo, se dice que el argumento de \u201cEl fest\u00edn de Babette\u201d se le ocurri\u00f3 al saber que a los estadounidenses les gustaban las historias acerca de comida. Eso s\u00ed, el resto de lo que dice el cuento acerca del arte, el amor, la fe y la misma vida es m\u00e1s dif\u00edcil de reducir: m\u00e1s sutil y profundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego de sus primeras publicaciones en ingl\u00e9s y dan\u00e9s, el cuento fue coleccionado en el libro <em>An\u00e9cdotas del destino<\/em> (1958), y con base en \u00e9l se hizo <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_fest%C3%ADn_de_Babette\">la pel\u00edcula<\/a> del mismo t\u00edtulo, de 1987, dirigida por el dan\u00e9s Gabriel Axel y ganadora de un \u00d3scar. La traducci\u00f3n que sigue circula en internet sin cr\u00e9dito y la he revisado m\u00ednimamente.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15433\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-festin-de-babette\/isak_dinesen\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen.jpg\" data-orig-size=\"1350,962\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;XPS8500&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1540053477&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Isak Dinesen\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen-1024x730.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen-1024x730.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"730\" class=\"aligncenter size-large wp-image-15433\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen-1024x730.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen-300x214.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Isak_Dinesen.jpg 1350w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL FEST\u00cdN DE BABETTE<br \/>\nIsak Dinesen<\/strong><\/p>\n<p><strong>I. <em>Dos damas de Berlevaag<\/em><\/strong><br \/>\nEn Noruega hay un fiordo \u2013o brazo de mar largo y estrecho entre altas monta\u00f1as\u2013 llamado de Berlevaag.  Al pie de las monta\u00f1as, el peque\u00f1o pueblecito de Berlevaag parece de juguete, una construcci\u00f3n de peque\u00f1os tacos de madera pintados de gris, amarillo, rosa y muchos otros colores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hace sesenta y cinco a\u00f1os, viv\u00edan dos damas en una de las casas amarillas. En aquel entonces, las se\u00f1oras llevaban polis\u00f3n, y estas dos hermanas pod\u00edan haberlo llevado con tanta gracia como cualquier otra, ya que eran altas y esbeltas. Pero jam\u00e1s poseyeron ning\u00fan art\u00edculo de moda; toda la vida vistieron solemnemente de gris o de negro. Fueron bautizadas Martine y Philippa por Mart\u00edn Lutero y Philip Melanchton. El padre hab\u00eda sido de\u00e1n y profeta, fundador de un piadoso grupo o secta religiosa que fue conocida y considerada en todo el pa\u00eds de Noruega. Sus miembros renunciaban a los placeres de este mundo, ya que para ellos la tierra y cuanto conten\u00eda no eran sino una especie de ilusi\u00f3n, mientras que la verdadera realidad estaba en la Nueva Jerusal\u00e9n, por la que suspiraban. No juraban en absoluto, sino que se comunicaban diciendo s\u00ed cuando s\u00ed y no cuando no, y se trataban entre ellos de Hermanos y Hermanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El de\u00e1n se hab\u00eda casado tard\u00edamente y hab\u00eda muerto ya. De a\u00f1o en a\u00f1o, sus disc\u00edpulos se volv\u00edan m\u00e1s escasos, m\u00e1s canosos o calvos, y m\u00e1s duros de o\u00eddo; incluso se volv\u00edan algo quejumbrosos y enojadizos, de modo que llegaban a producirse peque\u00f1os cismas en la congregaci\u00f3n. Pero a\u00fan segu\u00edan reuni\u00e9ndose para leer e interpretar la palabra divina. Todos conoc\u00edan a las hijas del de\u00e1n desde peque\u00f1as; incluso ahora segu\u00edan siendo muy peque\u00f1as para ellos, y queridas a causa del padre. Notaban que, en la casa amarilla, el esp\u00edritu del Maestro estaba con ellos; aqu\u00ed se sent\u00edan a gusto y en paz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estas dos damas ten\u00edan una criada francesa, Babette. Resultaba extra\u00f1o, en un par de puritanas de un pueblecito noruego; el hecho parec\u00eda incluso requerir una explicaci\u00f3n. La gente de Berlevaag encontraba esa explicaci\u00f3n en la piedad y bondad de coraz\u00f3n de las hermanas. Porque las hijas del viejo de\u00e1n consagraban su tiempo y sus peque\u00f1os ingresos a las obras de caridad; ning\u00fan ser afligido o desventurado llamaba en vano a su puerta. Y Babette hab\u00eda llegado a esa puerta hac\u00eda doce a\u00f1os, fugitiva y sin amigos, y casi loca de aflicci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero la verdadera raz\u00f3n de la presencia de Babette en la casa de las dos hermanas hay que buscarla m\u00e1s atr\u00e1s en el tiempo, y m\u00e1s profundamente en el dominio de los corazones humanos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>II. <em>El amor de Martine<\/em><\/strong><br \/>\nDe j\u00f3venes, Martine y Philippa hab\u00edan sido extraordinariamente bonitas, con esa belleza casi sobrenatural de los frutales en flor o de las nieves perpetuas. Jam\u00e1s se las vio en bailes y fiestas; pero la gente se volv\u00eda a mirarlas cuando pasaban por la calle, y los chicos de Berlevaag iban a la iglesia a verlas deambular por la nave. La m\u00e1s joven ten\u00eda tambi\u00e9n una voz preciosa con la que, los domingos, llenaba la iglesia de dulzura. Para la congregaci\u00f3n del de\u00e1n, el amor terreno y con \u00e9l el matrimonio, era asunto trivial, mera ilusi\u00f3n; sin embargo, es posible que m\u00e1s de uno de aquellos Hermanos mayores apreciase a las j\u00f3venes hermanas mucho m\u00e1s que a los rub\u00edes, y se lo hubiese sugerido as\u00ed a su padre. Pero el de\u00e1n hab\u00eda declarado que en lo que ata\u00f1\u00eda a su vocaci\u00f3n, sus hijas eran para \u00e9l como la mano derecha y la mano izquierda. \u00bfQui\u00e9n querr\u00eda privarle de ellas? Y as\u00ed, las preciosas j\u00f3venes fueron educadas en un ideal de amor celestial; estaban totalmente imbuidas de \u00e9l, y no se dejaban rozar por las llamas de este mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, turbaron el coraz\u00f3n de dos caballeros que pertenec\u00edan al mundo exterior de Berlevaag.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Uno de ellos fue un joven oficial llamado Lorens Loewenhielm, que hab\u00eda llevado una vida alegre en la ciudad de su guarnici\u00f3n y hab\u00eda contra\u00eddo deudas. En 1854, cuando Martine contaba dieciocho a\u00f1os y Philippa diecisiete, el irritado padre de este joven mand\u00f3 a su hijo a pasar un mes con su t\u00eda, en una vieja casa de campo de Fossum, pr\u00f3xima a Berlevaag, a fines de que tuviese tiempo para meditar y mejorar sus costumbres. Un d\u00eda cogi\u00f3 el caballo, fue al pueblo, y vio a Martine en la plaza del mercado. Baj\u00f3 la mirada hacia la preciosa joven; y ella alz\u00f3 los ojos hacia el apuesto jinete. Martine acab\u00f3 de cruzar; y cuando hubo desaparecido, el joven Loewenhielm no supo si creer a sus propios ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Exist\u00eda una leyenda en la familia Loewenhielm seg\u00fan la cual, hac\u00eda mucho tiempo, un caballero de este apellido se hab\u00eda casado con una <em>huldre<\/em>, esp\u00edritu femenino de las monta\u00f1as de Noruega, tan hermoso que el aire de su alrededor tiembla y resplandece. Desde entonces, los miembros de la familia ten\u00edan de cuando en cuando destellos de clarividencia. Hasta ahora, el joven Lorens no hab\u00eda notado ning\u00fan don espiritual particular en su propia naturaleza. Pero en este momento surgi\u00f3 ante sus ojos la visi\u00f3n s\u00fabita y poderosa de una vida m\u00e1s pura y superior, sin acreedores, cartas de apremio ni sermones paternos, sin secretos y desagradables remordimientos de conciencia, y con un \u00e1ngel dulce y de cabellos dorados que le guiara y recompensase.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por medio de su piadosa t\u00eda consigui\u00f3 ser recibido en casa del de\u00e1n, y vio que, sin la cofia, Martine era m\u00e1s bella todav\u00eda. Sigui\u00f3 su esbelta figura con ojos adoradores, pero detest\u00f3 y despreci\u00f3 la impresi\u00f3n que \u00e9l mismo causaba en la proximidad de ella. Se sent\u00eda asombrado y estupefacto al comprobar no era capaz de encontrar nada en absoluto que decir, ni inspiraci\u00f3n alguna en el vaso de agua que ten\u00eda ante s\u00ed. \u201cLa Verdad y la Misericordia, queridos hermanos, se han abrazado\u201d dijo el de\u00e1n. \u201cLa Rectitud y la Bienaventuranza se han besado.\u201d Y el joven pens\u00f3 en el momento en que \u00e9l y Martine podr\u00edan abrazarse y besarse. Repiti\u00f3 su visita una y otra vez, y en cada una de ellas le parec\u00eda que se iba haciendo m\u00e1s peque\u00f1o, insignificante y despreciable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando por la noche regresaba a casa de su t\u00eda, arrojaba sus brillantes botas de montar, de una patada, al fondo de la habitaci\u00f3n, apoyaba la cabeza sobre la mesa y lloraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El \u00faltimo d\u00eda de su estancia hizo un \u00faltimo intento de confesarle a Martine sus sentimientos. Hasta entonces, le hab\u00eda sido f\u00e1cil decirle a una bella que la amaba; pero ahora se le pegaban las tiernas palabras en la garganta cuando miraba el rostro de la joven. Tras despedirse de los dem\u00e1s, Martine le acompa\u00f1\u00f3 a la puerta con una vela en la mano. La luz brillaba en la boca de ella y proyectaba hacia arriba la sobra de sus largas pesta\u00f1as. Estaba a punto de dejarla, preso de muda desesperaci\u00f3n, cuando le acogi\u00f3 la mano, en el umbral, y se la llev\u00f3 a los labios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Me voy para siempre! \u2014exclam\u00f3\u2014 \u00a1Nunca m\u00e1s la volver\u00e9 a ver! \u00a1Pues aqu\u00ed he aprendido que el Destino es riguroso, y que en este mundo hay cosas que son imposibles!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando estuvo de nuevo en el pueblo de su guarnici\u00f3n, consider\u00f3 concluida su aventura, y comprob\u00f3 que no le gustaba pensar en ella. Mientras los j\u00f3venes oficiales hablaban de sus lances amorosos, \u00e9l guardaba silencio sobre el suyo. Porque, contemplada desde la sala de oficiales, y a trav\u00e9s de los ojos de \u00e9stos, por as\u00ed decir, la aventura era lastimosa. \u00bfC\u00f3mo es posible que un teniente de h\u00fasares se hubiese dejado derrotar por un pu\u00f1ado de sectarios descontentos encerrados en una habitaci\u00f3n sin alfombras de la casa de un viejo de\u00e1n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y entonces sinti\u00f3 miedo; el p\u00e1nico se apoder\u00f3 de \u00e9l. \u00bfEra la locura familiar, que a\u00fan prolongaba en \u00e9l el sue\u00f1o de una joven tan hermosa que hac\u00eda que el aire de su alrededor resplandeciese de pureza y de santidad? No quer\u00eda ser un so\u00f1ador; quer\u00eda ser como sus camaradas oficiales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed que procur\u00f3 serenarse, y con el esfuerzo m\u00e1s grande que hab\u00eda hecho en su joven vida, decidi\u00f3 olvidar lo que le hab\u00eda acontecido en Berlevaag. En lo sucesivo, decidi\u00f3, mirar\u00eda hacia delante, no hacia atr\u00e1s. Se concentrar\u00eda en su carrera, y quiz\u00e1 llegara el d\u00eda en que causase una espl\u00e9ndida impresi\u00f3n en un mundo brillante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su madre se sinti\u00f3 gratamente sorprendida ante los resultados de su estancia en Fossum, y escribi\u00f3 a la t\u00eda expres\u00e1ndole su agradecimiento. No sab\u00eda por qu\u00e9 extra\u00f1os y sinuosos caminos hab\u00eda alcanzado su hijo su concepto moral de la felicidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El joven y ambicioso oficial llam\u00f3 muy pronto la atenci\u00f3n de sus superiores e hizo progresos extraordinariamente r\u00e1pidos. Fue enviado a Francia y a Rusia; y a su regreso se cas\u00f3 con una dama de honor de la reina Sophia. Se desenvolv\u00eda con gracia y donaire en estos c\u00edrculos elevados, contento con su ambiente y consigo mismo. Y en el transcurso del tiempo sac\u00f3 provecho incluso de las palabras y comentarios de casa del de\u00e1n que se le hab\u00edan quedado en la memoria, ya que la devoci\u00f3n estaba ahora de moda en la corte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la casa amarilla de Berlevaag, Philippa sacaba a relucir el tema del joven apuesto y callado que tan s\u00fabitamente hab\u00eda hecho su aparici\u00f3n y tan s\u00fabitamente hab\u00eda vuelto a desaparecer. La hermana mayor le contestaba entonces dulcemente, con semblante sosegado y sereno, y encontraba otras cosas de qu\u00e9 hablar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>III. <em>El amor de Philippa<\/em><\/strong><br \/>\n Un a\u00f1o m\u00e1s tarde lleg\u00f3 a Berlevaag una persona a\u00fan m\u00e1s distinguida que el teniente Loewenhielm.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gran cantante Achille Papin, de Par\u00eds, hab\u00eda cantado durante una semana en la \u00d3pera Real de Estocolmo y hab\u00eda entusiasmado a su auditorio igual que en todas partes. Una noche, una dama de la corte, imaginando una aventura con el artista, le hab\u00eda descrito el paisaje grandioso y agreste de Noruega. Su naturaleza rom\u00e1ntica se conmovi\u00f3 con el relato, y a su regreso a Francia hab\u00eda querido pasar por la costa de Noruega. Pero se sinti\u00f3 peque\u00f1o ante los sublimes escenarios naturales; y como no ten\u00eda con qui\u00e9n hablar, se sumi\u00f3 en una melancol\u00eda que le hac\u00eda verse a s\u00ed mismo como un viejo, al final de su carrera, hasta que un domingo, no ocurri\u00e9ndosele otra cosa que hacer, entr\u00f3 en la iglesia y oy\u00f3 cantar a Philippa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces, en un instante, se dio cuenta de todo, y lo comprendi\u00f3. Porque aqu\u00ed estaban las cumbres nevadas, las flores silvestres y las blancas noches n\u00f3rdicas, traducidas a su propio lenguaje de la m\u00fasica, y tra\u00eddas para \u00e9l en la voz de una joven. Igual que Lorens Loewenhielm, tuvo una visi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00a1Dios Todopoderoso!\u201d, pens\u00f3. \u201cTu poder es ilimitado, y Tu piedad llega a las nubes. Aqu\u00ed hay una <em>prima donna<\/em> de la \u00f3pera que pondr\u00e1 Par\u00eds a sus pies.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Achille Papin era por entonces un hombre apuesto de cuarenta a\u00f1os, con el cabello negro y ondulado, y una boca roja. La idolatr\u00eda de las naciones no le hab\u00eda estropeado; era una persona bondadosa y honesta consigo misma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue directamente a la casa amarilla, dio su nombre \u2013cosa que al de\u00e1n no le dijo nada\u2013 y explic\u00f3 que hab\u00eda venido a Berlevaag por motivos de salud, y que durante ese tiempo le encantar\u00eda tomar a la joven se\u00f1orita como disc\u00edpula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No mencion\u00f3 la \u00d3pera de Par\u00eds, pero describi\u00f3 con todo detalle cu\u00e1n maravillosamente podr\u00eda la se\u00f1orita Philippa cantar en la iglesia, para gloria de Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por un momento, se olvid\u00f3 de s\u00ed mismo; pues cuando el de\u00e1n le pregunt\u00f3 si era cat\u00f3lico romano, contest\u00f3 de acuerdo con la verdad, y el viejo cl\u00e9rigo, que jam\u00e1s hab\u00eda visto a un cat\u00f3lico romano, se puso un poco p\u00e1lido. No obstante, el de\u00e1n se sinti\u00f3 complacido de poder hablar en franc\u00e9s, ya que le recordaba sus tiempos j\u00f3venes en que estudiaba las obras del gran escritor luterano franc\u00e9s, Lef\u00e8vre d\u2019\u00c9taples. Y como nadie pod\u00eda resistirse a Achille Papin cuando pon\u00eda su empe\u00f1o en una cosa, al final el padre dio su consentimiento y le coment\u00f3 a su hija: \u201cLos senderos de Dios recorren los mares y las monta\u00f1as nevadas, donde el ojo del hombre no puede descubrir rastro alguno.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed que el gran cantante franc\u00e9s y la joven noruega se pusieron a trabajar. Las esperanzas de Achille se convirtieron en certidumbre y su certidumbre en \u00e9xtasis. Pens\u00f3: \u201cMe equivocaba al creer que estaba envejeciendo. \u00a1A\u00fan tengo ante m\u00ed nuevos triunfos! \u00a1El mundo creer\u00e1 una vez m\u00e1s en los milagros cuando cantemos juntos ella y yo!\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un rato despu\u00e9s, no pudo guardarse para s\u00ed sus sue\u00f1os, y se los cont\u00f3 a Philippa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella, dijo, se elevar\u00eda como una estrella por encima de todas las divas del pasado y del presente. El emperador y la emperatriz, los pr\u00edncipes, las grandes damas y  los <em>bels sprits<\/em> de Par\u00eds la escuchar\u00edan con l\u00e1grimas de emoci\u00f3n. El pueblo llano la adorar\u00eda tambi\u00e9n, y ella  llevar\u00eda consuelo y fortaleza a los oprimidos. Cuando saliese del <em>Grand Opera<\/em> del brazo de su maestro, la multitud desenganchar\u00eda los caballos de su coche, y ella misma la llevar\u00eda al <em>Caf\u00e9 Anglais<\/em>, donde la aguardar\u00eda una espl\u00e9ndida cena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Philippa no repiti\u00f3 estas esperanzas a su padre ni a su hermana, y \u00e9sta fue la primera vez en su vida que tuvo un secreto para ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El profesor dio luego a su disc\u00edpula el papel de Zerlina de la \u00f3pera de Mozart <em>Don Giovanni<\/em>, a fin de que lo estudiase. \u00c9l mismo, como hab\u00eda hecho frecuentemente, cant\u00f3 la parte de don Giovanni.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jam\u00e1s hab\u00eda cantado Achille Papin como lo hac\u00eda ahora. En el d\u00fao del segundo acto \u2013llamado d\u00fao de la seducci\u00f3n- sinti\u00f3 que le elevaban del suelo la m\u00fasica celestial y las voces celestiales. Cuando acab\u00f3 de apagarse la \u00faltima nota, cogi\u00f3 las manos de Philippa, la atrajo hacia s\u00ed y la bes\u00f3 solemnemente, como el esposo podr\u00eda besar a la esposa ante el altar. Luego la dej\u00f3 ir. Porque el instante era demasiado sublime para que ninguno de los dos dijese una palabra o hiciese un movimiento; el propio Mozart les contemplaba a los dos desde lo alto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Philippa regres\u00f3 a casa, le dijo a su padre que no quer\u00eda dar m\u00e1s lecciones y le pidi\u00f3 que le escribiese a <em>monsieur<\/em> Papin comunic\u00e1ndoselo as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El de\u00e1n dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los senderos de Dios cruzan tambi\u00e9n los r\u00edos, hija m\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Achille recibi\u00f3 la carta del de\u00e1n, se qued\u00f3 inm\u00f3vil, sentado, durante una hora. Pens\u00f3: \u201cMe he equivocado. Mis d\u00edas han terminado. Nunca m\u00e1s ser\u00e9 el divino Papin. \u00a1Y este pobre jard\u00edn plagado de malas yerbas ha perdido a su ruise\u00f1or!\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco despu\u00e9s, pens\u00f3: \u201cNo s\u00e9 qu\u00e9 le pasar\u00e1 a esa lagarta; \u00bfla llegu\u00e9 a besar por casualidad?\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final pens\u00f3: \u201c\u00a1He perdido mi vida por un beso, y no recuerdo en absoluto haberla besado! \u00a1Don Giovanni bes\u00f3 a Zerlina, y es Achille Papin quien lo paga! \u00a1Este es el destino de los artistas!\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En casa del de\u00e1n, Martine percib\u00eda que el asunto era m\u00e1s hondo de lo que parec\u00eda, y escrutaba la cara de su hermana. Por un momento, temblando ligeramente, imagin\u00f3 tambi\u00e9n que el caballero cat\u00f3lico romano pudo haber tratado de besar a Philippa. No imaginaba que quiz\u00e1 su hermana se hab\u00eda sorprendido y asustado por algo propio de su naturaleza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Achille Papin tom\u00f3 el primer barco que sal\u00eda de Berlevaag.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las dos hermanas hablaron poco de este visitante del gran mundo; carec\u00edan de palabras con las que hablar de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>IV. <em>Una carta de Par\u00eds<\/em><\/strong><br \/>\nQuince a\u00f1os m\u00e1s tarde, una lluviosa noche de junio de 1871, la cuerda de la campanilla de la puerta recibi\u00f3 tres tirones violentos. Las due\u00f1as de la casa abrieron a una mujer voluminosa, morena, mortalmente p\u00e1lida, con un l\u00edo en el brazo, la cual se les qued\u00f3 mirando, dio un paso y se desplom\u00f3 en el umbral presa de un mortal desmayo. Cuando las asustadas damas consiguieron que volviese en s\u00ed, y se hubo incorporado, les lanz\u00f3 una mirada con sus ojos hundidos, y sin decir una sola palabra, hurg\u00f3 en sus ropas mojadas, extrajo una carta y se las tendi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La carta iba dirigida a las dos, pero estaba escrita en franc\u00e9s. Las dos hermanas juntaron sus cabezas y la leyeron. Rezaba as\u00ed:<\/p>\n<blockquote><p>\u00a1Mis queridas se\u00f1oras!:<br \/>\n\u00bfSe acuerdan de m\u00ed? \u00a1Ah, cuando pienso en ustedes, siento el coraz\u00f3n inundado de lirios silvestres de los valles! \u00bfPodr\u00e1 el recuerdo de la devoci\u00f3n de un franc\u00e9s inclinar sus corazones a salvar la vida de una francesa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La portadora de esta carta, <em>Madame<\/em> Babette Hersant, al igual que mi hermosa emperatriz, ha tenido que huir de Par\u00eds. La guerra se ha desatado en nuestras calles. Las manos francesas han derramado sangre francesa. Los nobles <em>communards<\/em>, al levantarse en defensa de los Derechos del Hombre, han sido aplastados y aniquilados. El esposo y el hijo de <em>Madame<\/em> Babette, eminentes peluqueros los dos, han muerto. Ella misma fue detenida por <em>p\u00e9troleuse<\/em> (palabra empleada aqu\u00ed para designar a las mujeres que pegan fuego a las casas con petr\u00f3leo) y ha escapado por los pelos de las sangrientas manos del general Galliffet. Ha perdido cuanto ten\u00eda y no se atreve a permanecer en Francia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tiene un sobrino que va de cocinero en el barco <em>Anna Colbioernsson<\/em>, con destino a Cristian\u00eda (que es, creo, la capital de Noruega), el cual tiene una oportunidad de embarcar a su t\u00eda. \u00a1Se trata de su \u00faltimo recurso!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sabedora de que yo visit\u00e9 una vez ese magn\u00edfico pa\u00eds que tienen ustedes, acude a m\u00ed, me pregunta si hay buena gente en Noruega, y de ser as\u00ed, me pide que le proporcione una carta para esas personas. Las dos palabras, \u201cbuena gente\u201d, traen inmediatamente a mis ojos la imagen de ustedes, sagrada en mi coraz\u00f3n. Se las env\u00edo. No s\u00e9 c\u00f3mo ir\u00e1 de Cristian\u00eda a Berlevaag, ya que he olvidado el mapa de Noruega. Pero es francesa, y como descubrir\u00e1n por ustedes mismas, a\u00fan le queda capacidad para desenvolverse, dignidad y aut\u00e9ntico estoicismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La envidio en su desesperaci\u00f3n: va a ver el rostro de ustedes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando le den misericordiosa acogida, m\u00e1ndenme a Francia un pensamiento misericordioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante quince a\u00f1os, se\u00f1orita Philippa, he lamentado que su voz no llenara el gran Teatro de la \u00d3pera de Par\u00eds. Cuando esta noche pienso en usted, sin duda rodeada de alegre y adorable familia, y en m\u00ed, gris, solo, olvidado de quienes en otro tiempo me aplaudieron y adoraron, me digo que quiz\u00e1 ha elegido usted el mejor papel en esta vida. \u00bfQu\u00e9 es la fama? \u00bfQu\u00e9 es la gloria? \u00a1La tumba que nos espera a todos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Sin embargo, mi malograda Zerlina, sin embargo, soprano de las nieves\u2026! Mientras escribo esto, siento que la tumba no es el final. Sin duda oir\u00e9 otra vez su voz en el Para\u00edso. All\u00ed cantar\u00e1, sin temores ni escr\u00fapulos, como Dios quiso que cantara. All\u00ed ser\u00e1 la gran artista que Dios quiso que fuera. \u00a1Ah, c\u00f3mo embelesar\u00e1 a los \u00e1ngeles!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette sabe cocinar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Les ruego, se\u00f1oras, que se dignen a recibir el testimonio de gratitud de  \u00e9ste que en otro tiempo  fue su amigo,<br \/>\n<em>Achille Papin<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final de la p\u00e1gina, a modo de postdata, ven\u00edan pulcramente escritos los dos primeros compases del d\u00fao de Don Giovanni y Zerlina.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Giovanni.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15441\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-festin-de-babette\/giovanni\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Giovanni.png\" data-orig-size=\"592,138\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Don Giovanni\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Giovanni.png\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Giovanni.png\" alt=\"\" width=\"592\" height=\"138\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15441\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Giovanni.png 592w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Giovanni-300x70.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 592px) 100vw, 592px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta ahora, las dos hermanas s\u00f3lo hab\u00edan tenido a una peque\u00f1a sirvienta que les ayudaba en la casa, comprendiendo que no pod\u00edan permitirse mantener una ama de llaves madura y experta. Pero Babette les dijo que ella servir\u00eda a la buena gente de monsieur Papin sin cobrar salario alguno, y que no servir\u00eda a nadie m\u00e1s. Si la rechazaban, se morir\u00eda. Babette permaneci\u00f3 en casa de las hijas del de\u00e1n doce a\u00f1os, hasta la \u00e9poca de este relato.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>V. <em>Una vida tranquila<\/em><\/strong><br \/>\nBabette hab\u00eda llegado ojerosa y con la mirada extraviada como un animal acosado; pero en este ambiente nuevo y amable, no tard\u00f3 en adquirir todo el aspecto de una criada respetable y digna de confianza. Hab\u00eda parecido una pordiosera; result\u00f3 ser una conquistadora. Su semblante sereno y su mirada firme y profunda ten\u00edan fuerza magn\u00e9tica; bajo sus ojos las cosas se ordenaban, calladamente, ocupando ellas solas su lugar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus amas, al principio, temblaron un poco, como le hab\u00eda ocurrido al de\u00e1n en otro tiempo, ante la idea de acoger a una papista bajo su techo. Pero no quisieron atormentar a un ser humano que hab\u00eda sufrido ya tanto, catequiz\u00e1ndola; por otra parte, tampoco se sent\u00edan muy seguras con su franc\u00e9s. Acordaron en silencio que el mejor medio de convertir a la criada era con el ejemplo de una buena vida luterana. En este sentido, la presencia de Babette en la casa se convirti\u00f3, por as\u00ed decir, en acicate moral para sus habitantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desconfiaron de la afirmaci\u00f3n de <em>monsieur<\/em> Papin de que Babette sab\u00eda cocinar. En Francia, ellas lo sab\u00edan, la gente com\u00eda ranas. Ense\u00f1aron a Babette a preparar un plato de bacalao, y sopa de pan con cerveza; durante la demostraci\u00f3n, el semblante de la francesa se mantuvo absolutamente inexpresivo. Pero una semana despu\u00e9s, Babette preparaba el bacalao y la sopa tan bien como cualquiera de los nacidos y criados en Berlevaag.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La idea del lujo y el derroche franceses casi hab\u00eda alarmado a las hijas del de\u00e1n. El primer d\u00eda de entrar Babette en servicio, la llamaron y le explicaron que eran pobres y que para ellas la vida lujosa era pecado. Su misma comida deb\u00eda ser lo m\u00e1s sencilla posible; eran los cubos de sopa y los cestos de pan de sus pobres lo que importaba. Babette asinti\u00f3 con la cabeza; de joven, cont\u00f3 a sus se\u00f1oras, hab\u00eda sido cocinera de un viejo sacerdote que era un santo. Al o\u00edr esto, las hermanas decidieron superar en ascetismo al sacerdote franc\u00e9s. Y pronto descubrieron que desde el d\u00eda en que Babette se hiciera cargo de la casa, los gastos se hab\u00edan reducido milagrosamente, y los cubos de sopa y los cestos de pan adquirieron un nuevo y misterioso poder para estimular y fortalecer a sus pobres y enfermos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mundo exterior a la casa amarilla lleg\u00f3 a reconocer tambi\u00e9n las excelencias de Babette. La refugiada no consigui\u00f3 aprender a hablar nunca la lengua de su nuevo pa\u00eds; pero en un noruego imperfecto, regateaba los precios a los tenderos m\u00e1s inflexibles de Bervelaag. En el muelle y en el mercado le ten\u00edan temor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los viejos Hermanos y Hermanas, que al principio miraban con recelo a la extranjera entre ellos, notaron un cambio feliz en la vida de sus hermanas peque\u00f1as, y se alegraron y se beneficiaron tambi\u00e9n. Descubrieron que las inquietudes y preocupaciones hab\u00edan sido conjuradas de su existencia, y que ahora ten\u00edan dinero del que disponer, tiempo para las confidencias y las quejas de sus viejos amigos, y paz para meditar sobre cuestiones celestiales. En el transcurso del tiempo, no pocos de la hermandad incluyeron el nombre de Babette en sus oraciones, y dieron gracias a Dios por la callada desconocida, la oscura Marta de casa de sus dos fieles Mar\u00edas. El sillar que los constructores casi hab\u00edan rechazado se convirti\u00f3 en piedra angular de su edificio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las due\u00f1as de la casa amarilla eran las \u00fanicas personas que sab\u00edan que su piedra angular ten\u00eda un rasgo misterioso y alarmante, tanto como si tuviese relaci\u00f3n con la misma Kaaba, la Piedra Negra de la Meca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Casi nunca alud\u00eda Babette a su vida pasada. Cuando en los primeros d\u00edas le expresaron dulcemente las hermanas su condolencia por todo lo que hab\u00eda perdido, se tropezaron con esa dignidad y ese estoicismo de los que <em>Monsieur<\/em> Papin les hab\u00eda hablado en su carta: \u201c\u00bfQu\u00e9 le vamos a hacer, se\u00f1oras?\u201d, hab\u00eda contestado ella encogi\u00e9ndose de hombros. \u201cEs el Destino\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero un buen d\u00eda, de repente, les inform\u00f3 que desde hac\u00eda muchos a\u00f1os compraba un billete de loter\u00eda francesa, y que un fiel amigo de Par\u00eds se lo segu\u00eda cogiendo cada a\u00f1o. Quiz\u00e1 le tocase alguna vez el grand prix de diez mil francos. Al o\u00edr aquello, sintieron que la vieja bolsa de viaje de su cocinera estaba hecha con una alfombra m\u00e1gica; en cualquier momento pod\u00eda subirse encima de ella y regresar a Par\u00eds.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y ocurr\u00eda que, cuando Martine o Philippa le hablaban a Babette, no obten\u00edan ninguna respuesta, y se preguntaban si o\u00eda siquiera lo que ellas le dec\u00edan. La encontraban en la cocina, con los codos en la mesa y las manos en las sienes, enfrascada en el estudio de un libro que secretamente sospechaban que era un devocionario papista. O permanec\u00eda inm\u00f3vil en la silla de tres patas de la cocina, con sus fuertes manos en el regazo y sus ojos negros muy abiertos, enigm\u00e1tica y fatal como una Pitia en su tr\u00edpode. En esos momentos se daban cuenta de que Babette era profunda; y en los sondeos que hac\u00edan de su ser notaban pasiones, y que hab\u00eda recuerdos y anhelos de los que no sab\u00edan nada en absoluto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un peque\u00f1o y fr\u00edo estremecimiento las sacud\u00eda, y pensaban para sus adentros: \u201cQuiz\u00e1, despu\u00e9s de todo, ha sido una verdadera <em>p\u00e9troleuse<\/em>.\u201d<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>VI. <em>La suerte de Babette<\/em><\/strong><br \/>\nEl 15 de diciembre se cumpl\u00eda el centenario del nacimiento del de\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hac\u00eda tiempo que sus hijas esperaban esta fecha y quer\u00edan celebrarla como si su querido padre estuviese a\u00fan entre sus disc\u00edpulos. As\u00ed que era triste e incomprensible para ellas que este \u00faltimo a\u00f1o la discordia y la disensi\u00f3n hubiesen levantado cabeza en su reba\u00f1o. Hab\u00edan hecho todo lo posible por imponer la paz, pero comprend\u00edan que hab\u00edan fracasado. Era como si el excelente y amable vigor de la personalidad del padre se hubiese evaporado, del mismo modo que se evapor\u00f3 la anodina voluntad de Hoffman al dejarla en el estante de una botella destapada. Y su desaparici\u00f3n hab\u00eda dejado las puertas abiertas a cosas hasta ahora desconocidas para las dos hermanas, mucho m\u00e1s j\u00f3venes que los hijos espirituales del de\u00e1n. Desde hac\u00eda medio siglo, en que estaban las ovejas sin pastor y extraviadas por las monta\u00f1as, unos hu\u00e9spedes sombr\u00edos no invitados se agolpaban tras los telones de los adoradores y entenebrec\u00edan las peque\u00f1as habitaciones y dejaban entrar el fr\u00edo. Los pecados de los viejos Hermanos y Hermanas llegaban con un arrepentimiento tard\u00edo y penetrante como un dolor de muelas, y los pecados de los otros contra ellos volv\u00edan con amargo resentimiento, como un envenenamiento de la sangre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda en la congregaci\u00f3n dos viejas que antes de su conversi\u00f3n se hab\u00edan estado calumniando mutuamente, se hab\u00edan arruinado el matrimonio la una a la otra, y tambi\u00e9n una herencia. No eran capaces de recordar sucesos de ayer o de hac\u00eda una semana; sin embargo, recordaban las ofensas de hac\u00eda cuarenta a\u00f1os y segu\u00edan repas\u00e1ndose antiguas cuentas; se rega\u00f1aban la una a la otra. Hab\u00eda un hermano viejo que de repente se acord\u00f3 de c\u00f3mo otro hermano, hac\u00eda cuarenta y cinto a\u00f1os, le hab\u00eda enga\u00f1ado en un negocio; quiz\u00e1 quer\u00eda apartar el asunto aquel del pensamiento; pero se le adher\u00eda como una astilla infectada y metida muy dentro. Hab\u00eda un honrado capit\u00e1n de cabello gris y una viuda piadosa y arrugada que en sus tiempos j\u00f3venes, mientras ella era esposa de otro hombre, hab\u00edan estado enamorados. Hac\u00eda poco, cada uno hab\u00eda empezado a lamentarse \u2013al tiempo que pasaba la carga de su culpa de sus propios hombros a los del otro y viceversa- y a atormentarse por las terribles consecuencias que probablemente le acarrear\u00eda para toda la eternidad precisamente quien hab\u00eda pretendido quererle mucho. Palidec\u00edan en las reuniones de la casa amarilla, y cada uno evitaba la mirada del otro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A medida que se acercaba el aniversario, Martine y Philippa sent\u00edan crecer el peso de la responsabilidad. \u00bfMirar\u00eda el fiel padre a sus hijas desde lo alto y las tendr\u00eda por injustas administradoras? Hablaban entre s\u00ed, una y otra vez, de estas cuestiones y se repet\u00edan la frase de su padre: que los senderos del Se\u00f1or cruzaban incluso mares salados y monta\u00f1as cubiertas de nieve, donde los ojos del hombre no pod\u00edan descubrir huella alguna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda de este verano el correo trajo una carta de Francia para Madame Babette Hersant. En s\u00ed, esto era algo sorprendente; pues durante doce a\u00f1os Babette no hab\u00eda recibido ninguna carta. \u00bfQu\u00e9 contendr\u00eda?, se preguntaban las amas. Se la llevaron a la cocina a fin de observar a Babette mientras la abr\u00eda y la le\u00eda.  Babette la abri\u00f3, la ley\u00f3, alz\u00f3 los ojos de la carta al rostro de sus se\u00f1oras, y les dijo que hab\u00eda salido su n\u00famero de la loter\u00eda. Le hab\u00edan tocado diez mil francos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La noticia produjo tal impresi\u00f3n en las dos hermanas que durante un minuto entero no pudieron decir una sola palabra. Estaban acostumbradas a recibir su modesta pensi\u00f3n en peque\u00f1as asignaciones, de modo que les resultaba dif\u00edcil incluso imaginar la cantidad de diez mil francos uno encima del otro. Luego le estrecharon la mano a Babette, con sus manos un poco temblorosas. Jam\u00e1s hab\u00edan estrechado la mano de una persona que un momento antes hubiera entrado en posesi\u00f3n de diez mil francos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un rato despu\u00e9s, comprendieron que el acontecimiento las afectaba a ellas tanto como a Babette. El pa\u00eds de Francia, comprendieron, se alzaba poco a poco ante el horizonte de su criada, y consecuentemente la existencia de ellas mismas se hund\u00eda bajo sus propios pies. Los diez mil francos que a ella la hac\u00edan rica\u2026\u00a1qu\u00e9 pobre hac\u00edan la casa donde hab\u00eda servido! Una tras otra, las viejas y olvidadas inquietudes y tribulaciones empezaron a acecharlas desde los cuatro rincones de la cocina. Las felicitaciones se les murieron a flor de labios, y las dos piadosas mujeres sintieron verg\u00fcenza de su propio silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante los d\u00edas siguientes, anunciaron la noticia a sus amigos con el semblante alegre, pero les aliviaba ver c\u00f3mo las caras de sus amigos se pon\u00edan tristes al o\u00edr aquello. Nadie, comprendieron en la Hermandad, pod\u00eda culpar verdaderamente a Babette: los p\u00e1jaros vuelven a sus nidos y los seres humanos a su pa\u00eds de nacimiento. Pero, \u00bfse daba cuenta esta buena y fiel criada de que al marcharse de Berlevaag dejar\u00eda a muchas viejas y pobres personas sumidas en la aflicci\u00f3n? Las hermanas peque\u00f1as ya no tendr\u00edan tiempo que dedicar a los enfermos y menesterosos. En efecto, las loter\u00edas eran cosa imp\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A su debido tiempo, el dinero lleg\u00f3 a las oficinas de Cristian\u00eda y a Berlevaag. Las dos damas ayudaron a Babette a contarlo, y le dieron una caja para que lo guardase. Manipularon los siniestros trozos de papel y se familiarizaron con ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se atrevieron a preguntarle a Babette la fecha de su marcha. \u00bfSe atrever\u00eda a esperar que se quedase con ellas hasta el 15 de diciembre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jam\u00e1s hab\u00edan sabido con seguridad las dos hermanas hasta d\u00f3nde era capaz la cocinera de seguir o entender sus conversaciones privadas. De modo que se quedaron sorprendidas cuando, una noche de septiembre, entr\u00f3 Babette en el sal\u00f3n, m\u00e1s humilde o sumisa de lo que nunca la hab\u00edan visto, a pedir un favor. Les suplicaba, dijo, que le permitiesen preparar una cena para conmemorar el aniversario del de\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las due\u00f1as no hab\u00edan pensado dar ninguna recepci\u00f3n. Una cena sencilla con una taza de caf\u00e9 era el banquete m\u00e1s caro al que hab\u00edan invitado a ning\u00fan hu\u00e9sped. Pero los oscuros ojos de Babette se mostraron tan ansiosos y suplicantes como los de un perro; as\u00ed que consintieron en dejarle hacer lo que quisiera. Al o\u00edr esto, el semblante de la cocinera se ilumin\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ten\u00eda m\u00e1s cosas que decir. Quer\u00eda, dijo, preparar una cena francesa, una verdadera cena francesa, por esta \u00fanica vez. Martine y Philippa se miraron. No les gust\u00f3 la idea; se daban cuenta de que no se sab\u00eda qu\u00e9 pod\u00eda significar. Pero la misma extra\u00f1eza de la petici\u00f3n las desarm\u00f3. No tuvieron argumento que oponer a la proposici\u00f3n de confeccionar una verdadera cena francesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette dej\u00f3 escapar un largo suspiro de felicidad, pero no se movi\u00f3. Ten\u00eda una petici\u00f3n m\u00e1s que hacer. Suplicaba que le permitiesen pagar la cena francesa con su propio dinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah, no, Babette! \u2014exclamaron las damas. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda imaginar una cosa semejante? \u00bfSe cre\u00eda ella que iban a permitir que se gastase su precioso dinero en comida y bebida\u2026o en ellas? No, Babette; desde luego que no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette dio un paso adelante. Hubo algo formidable en ese movimiento, como el crecimiento de una ola. \u00bfHab\u00eda avanzado as\u00ed, en 1871, para plantar la bandera roja en una barricada? Habl\u00f3, en un extra\u00f1o noruego, con la cl\u00e1sica elocuencia francesa. Su voz fue como una canci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Se\u00f1oras! \u00bfLes hab\u00eda pedido ella, durante doce a\u00f1os, alg\u00fan favor? \u00a1No! \u00bfY por qu\u00e9? Se\u00f1oras, \u00bfustedes, que rezan sus oraciones todos los d\u00edas, pueden imaginar lo que significa para un coraz\u00f3n humano no tener ninguna petici\u00f3n que hacer? \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda haber pedido Babette? \u00a1Nada! Esta noche brotaba una s\u00faplica desde el fondo de su coraz\u00f3n. \u00bfNo sienten, pues, esta noche, mis se\u00f1oras, que les corresponde concederlo con la alegr\u00eda con que el buen Dios se la concede a ustedes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las damas, durante un rato, no dijeron nada. Babette ten\u00eda raz\u00f3n; era su primera petici\u00f3n en doce a\u00f1os; muy probablemente, ser\u00eda la \u00faltima. Decidieron pensarlo. Al fin y al cabo, se dijeron, su cocinera ten\u00eda ahora m\u00e1s dinero que ellas, y una cena pod\u00eda no importar para una persona que pose\u00eda diez mil francos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su consentimiento, al final, transfigur\u00f3 completamente a Babette. Vieron que de joven hab\u00eda sido hermosa. Y se preguntaron si en este momento, por primer\u00edsima vez, no se hab\u00edan convertido ellas en la \u201cbuena gente\u201d de la carta de Achille Papin.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>VII. <em>La tortuga<\/em><\/strong><br \/>\nEn noviembre, Babette emprendi\u00f3 un viaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ten\u00eda que hacer algunos preparativos, dijo a sus se\u00f1oras, y necesitar\u00eda un permiso de una semana o diez d\u00edas. Su sobrino, el que anta\u00f1o la trajera a Cristian\u00eda, a\u00fan hac\u00eda la ruta mar\u00edtima a esa ciudad; deb\u00eda ir a verle, y hablar con \u00e9l. Babette soportaba muy mal el mar: hablaba de su \u00fanico viaje por mar, de Francia a Noruega, como de la experiencia m\u00e1s horrible de su vida. Ahora se mostraba singularmente sosegada; las dos hermanas comprendieron que su coraz\u00f3n estaba ya en Francia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diez d\u00edas despu\u00e9s, regres\u00f3 a Berlevaag.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfHab\u00eda arreglado las cosas tal como deseaba? preguntaron sus amas. S\u00ed, contest\u00f3, hab\u00eda visto a su sobrino y le hab\u00eda entregado una lista de mercanc\u00edas que deb\u00eda traerle de Francia. Para Martine y Philippa \u00e9sta fue una explicaci\u00f3n oscura, pero no quer\u00edan saber nada de su marcha, as\u00ed que no le hicieron m\u00e1s preguntas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette estuvo algo nerviosa durante las semanas siguientes. Pero un d\u00eda de diciembre anunci\u00f3 triunfal a sus se\u00f1oras que las mercanc\u00edas hab\u00edan llegado a Cristian\u00eda, y tras embarcarlas all\u00ed, hab\u00edan llegado este mismo d\u00eda a Berlevaag. Hab\u00eda alquilado, a\u00f1adi\u00f3, a un viejo una carretilla para que se las trajera del puerto a casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero \u00bfqu\u00e9 mercanc\u00edas, Babette?, preguntaron las se\u00f1oras. Pues, mis se\u00f1oras, replic\u00f3 Babette, los ingredientes para la cena del aniversario. Gracias a Dios, han llegado todas de buen estado de Par\u00eds.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A todo esto, Babette, como el demonio embotellado del cuento de hadas, hab\u00eda ensanchado y aumentado en tales proporciones que sus se\u00f1oras se sent\u00edan peque\u00f1as en su presencia. Ahora ve\u00edan la comida francesa que se les ven\u00eda encima como algo de naturaleza y alcance incalculables. Pero jam\u00e1s en la vida hab\u00edan roto una promesa; as\u00ed que se pusieron en manos de su cocinera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De todas formas, cuando Martine vio entrar en la cocina una carretilla cargada de botellas, se qued\u00f3 petrificada. Toc\u00f3 las botellas, y alz\u00f3 una de ellas. \u201c\u00bfQu\u00e9 contiene esa botella, Babette? pregunt\u00f3 en voz baja. \u201c\u00bfNo es vino?\u201d \u201cVino, <em>Madame<\/em>!\u201d, contest\u00f3 Babette. \u201cNo, <em>Madame<\/em>. \u00a1Es un Clos Vougeot de 1846!\u201d Y tras una pausa a\u00f1adi\u00f3: \u201cDe Philippe, de Rue Montorguel!\u201d Martine jam\u00e1s hab\u00eda sospechado que los vinos pudiesen tener nombre, y se vio reducida al silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Avanzada la noche, abri\u00f3 la puerta a una llamada, y se enfrent\u00f3 nuevamente con la carretilla, esta vez empujada por un joven marinero pelirrojo, como si el viejo hubiese quedado atr\u00e1s, muerto de cansancio. El joven le sonri\u00f3 al tiempo que descargaba de la carretilla un bulto voluminoso e indefinible. A la luz de la l\u00e1mpara, parec\u00eda como una piedra verdinegra; pero cuando la deposit\u00f3 en el suelo de la cocina, surgi\u00f3 de ella s\u00fabitamente una cabeza de reptil que se balance\u00f3 blandamente de un lado a otro. Martine hab\u00eda visto representaciones de tortugas; incluso hab\u00eda tenido una tortuguita de mascota. Pero este ser era de tama\u00f1o monstruoso y ten\u00eda una presencia terrible. Sali\u00f3 reculando de la cocina sin decir palabra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se atrevi\u00f3 a contarle a su hermana lo que hab\u00eda visto. Pas\u00f3 la noche casi sin conciliar el sue\u00f1o; pensaba en su padre y sent\u00eda que en su mismo aniversario, ella y su hermana estaban prestando su casa para la celebraci\u00f3n de un aquelarre. Cuando finalmente se qued\u00f3 dormida, tuvo un sue\u00f1o terrible, en el que ve\u00eda a Babette envenenando a los Hermanos y Hermanas, a Philippa y a ella misma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya de madrugada, se levant\u00f3, se puso su abrigo gris y sali\u00f3 a la calle oscura. Anduvo de casa en casa, abriendo su coraz\u00f3n a sus Hermanos y Hermanas, y confesando su culpa. Ella y Philippa, dijo, no pretend\u00edan hacer mal alguno; hab\u00edan concedido a su criada una petici\u00f3n, pero no hab\u00edan previsto qu\u00e9 pod\u00eda ocurrir. Ahora no sab\u00edan qu\u00e9 se les a dar de comer y de beber a sus invitados en el d\u00eda del aniversario de su padre. No lleg\u00f3 a mencionar la tortuga, pero estuvo presente en su semblante y su voz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ancianos, como se ha dicho, conoc\u00edan a Philippa y a Martine desde que eran ni\u00f1as; las hab\u00edan visto llorar amargamente por una mu\u00f1eca rota. Las l\u00e1grimas de Martine hab\u00edan arrancado l\u00e1grimas a sus propios ojos. As\u00ed que se reunieron por la tarde y hablaron del problema.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de volverse a separar prometieron, por las peque\u00f1as hermanas, guardar silencio, en el gran d\u00eda, sobre todo lo que se refiriese a la comida y la bebida. Nada de cuanto les pusiesen delante, ya fuesen ranas o caracoles, arrancar\u00eda una palabra de sus labios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A\u00fan as\u00ed \u2014dijo un Hermano de barba blanca\u2014, la lengua es un peque\u00f1o admin\u00edculo que se jacta de grandes cosas. A la lengua no la puede domesticar ning\u00fan hombre; es un demonio indisciplinado y lleno de veneno mortal. El d\u00eda de nuestro maestro limpiaremos nuestra lengua de todo sabor y la purificaremos de toda delicia o repugnancia de los sentidos, guard\u00e1ndola y preserv\u00e1ndola para las funciones superiores de alabanza y de acci\u00f3n de gracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pocas eran las cosas que ocurr\u00edan en la pac\u00edfica existencia de la fraternidad de Berlevaag, de modo que en este momento estaban profundamente conmovidos y elevados. Se estrecharon la mano en confirmaci\u00f3n de su promesa, y para ellos fue como si la hubiesen hecho ante el Maestro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>VIII. <em>El himno<\/em><\/strong><br \/>\nEl domingo por la ma\u00f1ana empez\u00f3 a nevar. Los copos blancos ca\u00edan r\u00e1pidos y espesos; los peque\u00f1os cristales de las ventanas de la casa amarilla quedaron embadurnados de nieve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A primera hora de la ma\u00f1ana, un mozo de Fossum trajo a las dos hermanas una nota. La anciana se\u00f1ora Loewenhielm todav\u00eda resid\u00eda en su casa de campo. Ahora ten\u00eda noventa a\u00f1os, estaba sorda como una tapia y hab\u00eda perdido el sentido del olfato y del gusto. Pero hab\u00eda sido una de las primeras seguidoras del de\u00e1n, y ni sus achaques ni el viaje en trineo le impedir\u00edan ir a honrar la memoria del Maestro. Ahora bien \u2013dec\u00eda-, su sobrino el general Lorens Loewenhielm, hab\u00eda llegado inesperadamente de visita. Hablaba con profunda veneraci\u00f3n del de\u00e1n, motivo por el cual les ped\u00eda permiso para traerle con ella. Eso le har\u00eda mucho bien, ya que el querido muchacho parec\u00eda algo deprimido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Martine y Philippa recordaron entonces al joven oficial y sus visitas; hablar de viejos tiempos felices les alivi\u00f3 su presente ansiedad. Contestaron que el general Loewenhielm ser\u00eda bien recibido. Llamaron tambi\u00e9n a Babette y le informaron que ahora ser\u00edan doce a cenar; a\u00f1adieron que su \u00faltimo invitado hab\u00eda vivido en Par\u00eds varios a\u00f1os. Babette pareci\u00f3 encantada con la noticia, y les asegur\u00f3 que hab\u00eda comida suficiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las anfitrionas hicieron sus peque\u00f1os preparativos en el cuarto de estar. No se atrevieron a poner los pies en la cocina, pues Babette hab\u00eda conseguido misteriosamente un cocinero de un barco del puerto \u2013el mismo joven, se dio cuenta Martine, que hab\u00eda tra\u00eddo la tortuga- para que le ayudase en la cocina y a servir; y ahora la mujer morena y el muchacho pelirrojo, como una bruja y su esp\u00edritu familiar, hab\u00edan tomado posesi\u00f3n de estas regiones. Las dos hermanas no sab\u00edan qu\u00e9 fuegos ard\u00edan o qu\u00e9 calderos borboteaban all\u00ed desde antes del amanecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La manteler\u00eda hab\u00eda sido m\u00e1gicamente planchada, pulida la vajilla y tra\u00eddos vasos y frascos s\u00f3lo Babette sab\u00eda de d\u00f3nde. Como la casa del de\u00e1n no ten\u00eda doce sillas, hab\u00edan trasladado al comedor el largo sof\u00e1 de crin de caballo; y el sal\u00f3n, poco amueblado de por s\u00ed, parec\u00eda ahora extra\u00f1amente desnudo y grande sin \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Martine y Philippa hicieron cuanto pudieron para embellecer los dominios que les hab\u00eda dejado. Fueran cuales fuesen las vicisitudes que aguardaban a sus invitados, en todo caso no pasar\u00edan fr\u00edo; durante todo el d\u00eda las dos hermanas estuvieron alimentando la vieja e imponente estufa con le\u00f1os de abedul. Pusieron una guirnalda de enebro alrededor del retrato de su padre, colgado en la pared, y encendieron velas en la peque\u00f1a mesita de trabajo de la madre, debajo de \u00e9l; quemaron ramitas de enebro para perfumar la habitaci\u00f3n. Entre tanto, se peguntaban si llegar\u00eda el trineo de Fossum con este tiempo. Al final se pusieron sus mejores y viejos vestidos negros y los crucifijos de oro de su confirmaci\u00f3n. Se sentaron, plegaron sus manos en el regazo y se encomendaron a Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los viejos Hermanos y Hermanas llegaron en peque\u00f1os grupos y entraron en la habitaci\u00f3n lenta y solemnemente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta habitaci\u00f3n baja, con el piso desnudo y escaso mobiliario, era cara a los disc\u00edpulos del de\u00e1n. De ventanas para afuera, se extend\u00eda el ancho mundo. Visto desde aqu\u00ed, ese mundo, con su blancura invernal, estaba siempre preciosamente bordeado de rosa, azul y rojo gracias a la hilera de jacintos de los alf\u00e9izares. Y en verano, cuando las ventanas se abr\u00edan, el mundo ten\u00eda un marco de muselina blanca que tremolaba blandamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta noche, los invitados fueron recibidos en el umbral por un calor y un olor agradables, y miraron el rostro de su querido Maestro rodeado de enebro. Sus corazones se ablandaron igual que los dedos entumecidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un hermano muy viejo, tras unos momentos de silencio, atac\u00f3 con voz temblona uno de los himnos del maestro:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Jerusal\u00e9n, mi hogar feliz,<br \/>\nNombre siempre caro a m\u00ed\u2026<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una tras otra, se unieron las dem\u00e1s voces: las voces inseguras y d\u00e9biles de las mujeres, los gru\u00f1idos profundos de los Hermanos, antiguos marineros y, por encima de todas, el timbre claro de soprano de Philippa, un poco gastado por los a\u00f1os, pero todav\u00eda angelical. Inconscientemente, el coro se cogi\u00f3 la mano. Cantaron el himno hasta el final, pero no consintieron en dejarlo ah\u00ed, y siguieron con otro:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>No te atribules ansioso<br \/>\npor la comida y la ropa.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algo tranquilizadas con esto las due\u00f1as de la casa, las palabras del tercer vers\u00edculo:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>\u00bfDar\u00edas a tu hijo una piedra,<br \/>\nun reptil para comer\u2026?<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;le llegaron a Martine directamente al coraz\u00f3n y le infundieron esperanzas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En medio de este himno, se oyeron cascabeleos en el exterior: los invitados de Fossum hab\u00edan llegado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Martine y Philippa salieron a recibirles y les pasaron al sal\u00f3n. La se\u00f1ora Loewenhielm, con la edad, se hab\u00eda vuelto peque\u00f1ita, con la cara descolorida como un pergamino, y muy sosegada. A su lado, el general Loewenhielm, alto, ancho y rubicundo, con su uniforme flamante y el pecho cubierto de condecoraciones, se contoneaba y resplandec\u00eda como un ave ornamental, un fais\u00e1n dorado o un pavo real, en esta apacible asamblea de grajos y cuervos negros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>IX. <em>El general Loewenhielm<\/em><\/strong><br \/>\nEl general Loewenhielm hab\u00eda venido todo el trayecto desde Fossum a Berlevaag inmerso en un extra\u00f1o estado de \u00e1nimo. Hac\u00eda treinta a\u00f1os que no visitaba esta parte del pa\u00eds. Ahora hab\u00eda venido a descansar de su ajetreada vida en la corte, y no hab\u00eda encontrado la tranquilidad. La vieja casa de Fossum era bastante pac\u00edfica y parec\u00eda algo pat\u00e9ticamente peque\u00f1a, despu\u00e9s de las Tuller\u00edas y el Palacio de Invierno. Pero ten\u00eda una figura inquietante: el joven teniente Loewenhielm vagaba por sus habitaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm vio pasar junto a \u00e9l su figura esbelta y apuesta. Y al pasar, el joven le dirigi\u00f3 a este hombre mayor una mirada breve, y esboz\u00f3 una sonrisa: la sonrisa altiva y arrogante que los j\u00f3venes dirigen a las personas de edad. El general pod\u00eda hab\u00e9rsela devuelto un poco afable y tristemente, como sonr\u00eden los a\u00f1os a la juventud, de no haber sido porque no ten\u00eda humor para sonre\u00edr; como su t\u00eda hab\u00eda dicho en su misiva, estaba en baja forma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Lewenhielm hab\u00eda conseguido todo aquello por lo que hab\u00eda luchado en la vida, y era admirado y envidiado por todos. S\u00f3lo \u00e9l conoc\u00eda un hecho que no concordaba con su pr\u00f3spera existencia: no era completamente feliz. Hab\u00eda algo que andaba mal, y tanteaba cuidadosamente por todo su yo como se tantea para localizar el sitio donde uno tiene clavada una espina invisible y profunda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gozaba altamente del favor real; hab\u00eda cumplido bien en su profesi\u00f3n y ten\u00eda amigos por todas partes. La espina no estaba alojada en ninguno de estos sitios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su esposa era una mujer brillante y todav\u00eda de buen ver. Quiz\u00e1 descuidaba un poco su propia casa a causa de las visitas y las fiestas; cambiaba de criados cada tres meses y al general se le serv\u00edan las comidas con una gran falta de puntualidad. El general, que daba gran valor a la comida; sent\u00eda por esto un ligero rencor hacia su esposa, y la culpaba secretamente de las indigestiones que a veces padec\u00eda. No obstante, la espina tampoco estaba aqu\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s, \u00faltimamente le ven\u00eda sucediendo algo absurdo al general Loewenhielm: se sorprend\u00eda a s\u00ed mismo preocup\u00e1ndose por su alma inmortal. \u00bfTen\u00eda alguna raz\u00f3n para ello? Era una persona moral, fiel a su rey, a su esposa y a sus amigos, y un ejemplo para todo el mundo. Pero hab\u00eda momentos en que le parec\u00eda que el mundo no era una cuesti\u00f3n moral, sino m\u00edstica. Se miraba en el espejo, observaba la hilera de condecoraciones de su pecho y suspiraba para s\u00ed: \u201c\u00a1Vanidad de vanidades y todo es vanidad!\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El extra\u00f1o encuentro en Fossum le hab\u00eda impulsado a hacer el balance de su vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El joven Lorens Loewenhielm hab\u00eda atra\u00eddo a los sue\u00f1os y las fantas\u00edas como una flor atrae a las abejas y las mariposas. Hab\u00eda luchado por liberarse de todo eso; hab\u00eda huido, pero los sue\u00f1os y las fantas\u00edas hab\u00edan seguido tras \u00e9l. Hab\u00eda tenido miedo de la <em>huldre<\/em> de la leyenda familiar, y hab\u00eda declinado su invitaci\u00f3n a entrar en la monta\u00f1a; hab\u00eda rechazado firmemente el don de la clarividencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El maduro Lorens Loewenhielm se sorprendi\u00f3 a s\u00ed mismo deseando que acudiese a \u00e9l aunque fuera un peque\u00f1o sue\u00f1o, y que le mirase una mariposa gris de la noche antes de que oscureciese. Se sorprendi\u00f3 deseando tener la clarividencia, como un ciego ans\u00eda la facultad normal de la visi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPuede el total de la suma de las victorias, a lo largo de muchos a\u00f1os y pa\u00edses, dar como resultado una derrota? El general Loewenhielm hab\u00eda hecho realidad los deseos del teniente Loewenhielm, y hab\u00eda satisfecho sobradamente sus ambiciones. Pod\u00eda afirmarse que hab\u00eda conquistado el mundo entero. Y hab\u00eda llegado a esto: a que el hombre maduro se volviese ahora hacia la figura joven e ingenua para preguntarle gravemente, incluso amargamente, en qu\u00e9 hab\u00eda salido ganando. En alguna parte hab\u00eda perdido algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando la se\u00f1ora Loewenhielm le habl\u00f3 a su sobrino del aniversario del de\u00e1n, y \u00e9l decidi\u00f3 acompa\u00f1arla a Berlevaag, su decisi\u00f3n no hab\u00eda sido la aceptaci\u00f3n normal de una invitaci\u00f3n a una cena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta noche, resolvi\u00f3, resarcir\u00eda al joven Lorens Loewenhielm, que hab\u00eda sido apocado y cohibido en casa del de\u00e1n, y al final se hab\u00eda sacudido el polvo de las botas de montar. Har\u00eda que el joven se probase a s\u00ed mismo, de una vez por todas, que treinta y un a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda hecho la elecci\u00f3n adecuada. Las habitaciones bajas, el arenque y el vaso de agua que pondr\u00edan delante de \u00e9l, en la mesa, probar\u00edan que la existencia de Lorens Loewenhielm, en medio de todo esto, habr\u00eda sido muy pronto absolutamente desgraciada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dej\u00f3 que su pensamiento se extraviase en la lejan\u00eda. En Par\u00eds hab\u00eda ganado una vez un <em>concours hipique<\/em> y hab\u00eda sido felicitado por los m\u00e1s altos oficiales de caballer\u00eda franceses, pr\u00edncipes y duques entre ellos. Se hab\u00eda celebrado una comida en su honor en el restaurante m\u00e1s elegante de la capital. Frente a \u00e9l, en la mesa, hab\u00eda estado sentada una noble dama, una famosa belleza a la que desde hac\u00eda tiempo galanteaba. En medio de la cena, ella hab\u00eda alzado sus ojos aterciopelados y negros por encima del borde de su copa de champ\u00e1n y, sin palabras, le hab\u00eda prometido hacerle feliz. Ahora, en el trineo, record\u00f3 de pronto que hab\u00eda visto entonces, por un segundo, el rostro de Martine ante \u00e9l, y lo hab\u00eda rechazado. Durante un rato escuch\u00f3 el tintinear de cascabeles del trineo; luego sonri\u00f3 un poco mientras reflexionaba sobre c\u00f3mo dominar\u00eda esta noche la conversaci\u00f3n en torno a la misma mesa en la que el joven Lorens Loewenhielm hab\u00eda permanecido callado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los grandes copos ca\u00edan espesamente; detr\u00e1s del trineo, el rastro se borraba con rapidez. El general Loewenhielm iba sentado sin moverse al lado de su t\u00eda, con la barbilla hundida en el grueso cuello de piel de su abrigo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>X. <em>La cena de Babette<\/em><\/strong><br \/>\nCuando el pariente pelirrojo de Babette abri\u00f3 la puerta del comedor y los invitados cruzaron el umbral, se soltaron las manos y enmudecieron. Pero fue un silencio dulce; porque, en esp\u00edritu, a\u00fan cantaban con las manos cogidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette hab\u00eda puesto una fila de velas en el centro de la mesa; las peque\u00f1as llamas brillaban sobre las chaquetas, los vestidos negros y el uniforme escarlata y se reflejaron en los ojos claros y h\u00famedos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm vio el rostro de Martine a la luz de las velas tal como lo hab\u00eda visto al despedirse, hac\u00eda treinta a\u00f1os. \u00bfQu\u00e9 huellas hab\u00edan dejado en \u00e9l treinta a\u00f1os de vida en Berlevaag? El cabello rubio estaba ahora veteado de hebras plateadas; el rostro sonrosado se hab\u00eda vuelto de alabastro. Pero \u00a1qu\u00e9 serena era la frente, qu\u00e9 pac\u00edficos y confiados sus ojos! ; la boca, como si jam\u00e1s hubiese pasado por sus labios una palabra precipitada, qu\u00e9 pura y dulce!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando todos estuvieron sentados, el miembro m\u00e1s anciano de la congregaci\u00f3n dio gracias con palabras del de\u00e1n:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Que este alimento mantenga mi cuerpo,<br \/>\nque mi cuerpo sostenga mi alma,<br \/>\ny mi alma, con palabra y obra,<br \/>\nd\u00e9 gracias por todo al Se\u00f1or.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la palabra \u201calimento\u201d, los invitados, con sus viejas cabezas inclinadas sobre sus manos juntas, recordaron que hab\u00edan prometido no decir nada sobre el particular, y en sus corazones se reafirmaron en esta promesa: \u00a1no dedicar\u00edan siquiera un pensamiento a tal cosa! Estaban sentados a comer, eso s\u00ed, tal como se sentaron las gentes en las bodas de Can\u00e1. Y la gracia decidi\u00f3 manifestarse all\u00ed, en el mismo vino, tan espl\u00e9ndidamente como en cualquier otro lugar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El joven ayudante de Babette llen\u00f3 un vasito a cada uno de los comensales, y \u00e9stos se lo llevaron a los labios gravemente, confirmando de este modo su resoluci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm, algo receloso del vino, bebi\u00f3 un peque\u00f1o sorbo; se sobresalt\u00f3, se lo llev\u00f3 a la nariz, luego a los ojos y se qued\u00f3 perplejo. \u201c\u00a1Esto es muy extra\u00f1o!\u201d, pens\u00f3. \u201c\u00a1Amontillado! \u00a1El mejor amontillado que he probado jam\u00e1s!\u201d Un momento despu\u00e9s, y para someter a prueba sus sentidos, tom\u00f3 una cucharada de sopa, tom\u00f3 una segunda, y dej\u00f3 la cuchara. \u201c\u00a1Esto es extra\u00f1o por dem\u00e1s!\u201d, se dijo a s\u00ed mismo. \u201cPorque sin duda estoy tomado sopa de tortuga\u2026 \u00a1y qu\u00e9 sopa!\u201d Se sinti\u00f3 dominado por una especie de p\u00e1nico y vaci\u00f3 el vaso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Normalmente, en Belevaag, la gente no habla mucho durante las comidas. Pero, de alguna forma, esta noche se soltaron las lenguas. Un Hermano viejo cont\u00f3 la historia de su primer encuentro con el de\u00e1n. Otro analiz\u00f3 aquel serm\u00f3n que sesenta a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda propiciado su conversi\u00f3n. Una anciana, la misma a la que Martine hab\u00eda contado sus inquietudes en primer lugar, record\u00f3 a sus amigos c\u00f3mo, en toda aflicci\u00f3n, cualquier Hermano o Hermana estaba dispuesto a compartir la carga con los dem\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm, que deb\u00eda dominar la conversaci\u00f3n de la mesa, cont\u00f3 que la colecci\u00f3n de sermones del de\u00e1n era uno de los libros favoritos de la reina. Pero al servirse un nuevo plato guard\u00f3 silencio. \u201c\u00a1Incre\u00edble!\u201d, se dijo. \u201c\u00a1Es un Blinis Demidoff!\u201d Mir\u00f3 en torno suyo a los comensales. Todos ellos com\u00edan en silencio su Blinis Demidoff sin el menor signo de sorpresa o aprobaci\u00f3n, como si lo hubiesen estado comiendo todos los d\u00edas durante treinta a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un Hermano, al otro lado de la mesa, abord\u00f3 el tema de los extra\u00f1os sucesos que sol\u00edan ocurrir cuando el de\u00e1n todav\u00eda estaba entre sus hijos, y que uno pod\u00eda aventurarse a calificar de milagrosos. \u00bfRecordaban, pregunt\u00f3, la vez en que prometi\u00f3 un serm\u00f3n de Navidad al pueblo del otro lado del fiordo? Desde dos semanas antes, el tiempo ven\u00eda siendo tan malo que ning\u00fan patr\u00f3n o pescador quer\u00eda arriesgarse a cruzar. Los lugare\u00f1os fueron perdiendo las esperanzas; pero el de\u00e1n les dijo que si no le llevaba  ninguna embarcaci\u00f3n ir\u00eda a ellos caminando sobre las olas. \u00a1Y ya veis! Tres d\u00edas antes de Navidad amain\u00f3 la tormenta, lleg\u00f3 el fr\u00edo y el fiordo se hel\u00f3 de orilla a orilla\u2026 \u00a1Cosa que ning\u00fan hombre recordaba que hubiera sucedido anteriormente!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ayudante de Babette llen\u00f3 los vasos una vez m\u00e1s. Ahora los Hermanos y las Hermanas se dieron cuenta de que lo que les daban a beber no era vino, puesto que centelleaba. Deb\u00eda de ser una especie de limonada. La limonada iba tan bien con su exaltado estado de \u00e1nimo que parec\u00eda elevarles del suelo hacia una esfera m\u00e1s alta y m\u00e1s pura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm dej\u00f3 el vaso otra vez, se volvi\u00f3 hacia su vecino de la derecha y le dijo: \u201cPero esto es un Veuve Cliquot de 1860, \u00bfverdad? Su vecino le mir\u00f3 afablemente, le sonri\u00f3 e hizo un comentario sobre el tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ayudante de Babette hab\u00eda recibido instrucciones: llen\u00f3 los vasos de la Hermandad una sola vez, pero volv\u00eda a llenar el del general tan pronto como lo ve\u00eda vac\u00edo, y el general lo vaciaba r\u00e1pidamente una y otra vez. \u00bfPues c\u00f3mo debe comportarse un hombre cuando no puede fiarse de sus sentidos? Es preferible estar borracho a estar loco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muy frecuentemente la gente de Berlevaag, en el curso de una buena comida, se siente algo pesada. Esta noche no ocurr\u00eda as\u00ed. A medida que com\u00edan y beb\u00edan, los <em>convives<\/em> se sent\u00edan cada vez m\u00e1s ligeros de peso y de coraz\u00f3n. Ya no necesitaban tener presente su promesa. Es, se daban cuenta, en el momento en que el hombre no s\u00f3lo olvida por completo, sino que renuncia firmemente a toda clase de alimento y bebida, cuando come y bebe con el adecuado estado de \u00e1nimo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm dej\u00f3 de comer y se qued\u00f3 inm\u00f3vil. Una vez m\u00e1s se sinti\u00f3 transportado a aquella cena en Par\u00eds, cuyo recuerdo le hab\u00eda venido a la memoria en el trineo. En ella hab\u00edan servido un plato incre\u00edblemente suculento y <em>recherch\u00e9<\/em>; en aquella ocasi\u00f3n le hab\u00eda preguntado el nombre a su vecino, el coronel Galliffet, y el coronel le hab\u00eda dicho sonriente que se llamaba <em>cailles en sarcophague<\/em>. Le hab\u00eda dicho adem\u00e1s que el plato lo hab\u00eda inventado el <em>chef<\/em> del mismo caf\u00e9 en el que estaban cenando, persona conocida en todo Par\u00eds como el genio culinario m\u00e1s grande de su tiempo, que \u2013sorprendentemente- \u00a1era una mujer! \u201cY en efecto\u201d, hab\u00eda dicho el coronel Galliffet, \u201cesta mujer est\u00e1 convirtiendo una cena en el <em>Caf\u00e9 Anglais<\/em> en una especie de aventura amorosa\u2026, \u00a1en una aventura sentimental de esa noble y rom\u00e1ntica categor\u00eda en la que uno ya no distingue entre el apetito corporal o espiritual y la saciedad! Antes de ahora, he sostenido un duelo por una hermosa dama. \u00a1Por ninguna otra en todo Par\u00eds, mi querido amigo, habr\u00eda derramado m\u00e1s gustosamente mi sangre!\u201d El general Lowenhielm se volvi\u00f3 hacia su vecino de la izquierda y le dijo: \u201cPero \u00a1esto son <em>cailles en sarcophague<\/em>!\u201d El vecino, que hab\u00eda estado escuchando la descripci\u00f3n de un milagro, le mir\u00f3 con ojos ausentes, asinti\u00f3 luego con la cabeza y contest\u00f3: \u201cS\u00ed, s\u00ed; por supuesto. \u00bfQu\u00e9 otra cosa pod\u00eda ser?\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De los milagros del Maestro, la conversaci\u00f3n en torno a la mesa hab\u00eda pasado a los milagros menores de bondad y generosidad que realizaban a diario sus hijas. El viejo Hermano que al principio hab\u00eda iniciado el himno cit\u00f3 la frase del de\u00e1n: \u201cLas \u00fanicas cosas que podemos llevarnos con nosotros de esta vida en la tierra son aquellas de las que nos hemos desprendido.\u201d Los invitados sonrieron: \u00a1en qu\u00e9 <em>nababs<\/em> no se convertir\u00edan estas pobres y sencillas doncellas en el otro mundo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El general Loewenhielm ya no se extra\u00f1\u00f3 de nada. Cuando, minutos m\u00e1s tarde, vio uvas, melocotones e higos frescos ante s\u00ed se ech\u00f3 a re\u00edr, coment\u00e1ndole al vecino que ten\u00eda al lado de la mesa: \u201c\u00a1Hermosas uvas!\u201d Su vecino replic\u00f3: \u201cY fueron al arroyo de Eshcol, y cortaron una rama en un racimo de uvas. Y la colgaron de un bast\u00f3n.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora el general consider\u00f3 que hab\u00eda llegado el momento de pronunciar un discurso. Se levant\u00f3 y se qued\u00f3 muy tieso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie m\u00e1s de la mesa se levant\u00f3 a hablar. Las personas ancianas alzaron los ojos hacia el rostro que ten\u00edan por encima de ellas con intensa y feliz expectaci\u00f3n. Estaban habituados a ver marineros y vagabundos completamente borrachos de tosca ginebra del pa\u00eds, pero no reconocieron en un guerrero y un cortesano la embriaguez producida por el vino m\u00e1s noble del mundo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>XI. <em>El discurso del general<\/em><\/strong><br \/>\n\u2014Se han abrazado \u2014dijo el general\u2014 la misericordia y la verdad, amigos m\u00edos. La rectitud y la dicha se besar\u00e1n mutuamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaba con una voz clara que hab\u00eda adiestrado en el campo de instrucci\u00f3n y hab\u00eda resonado dulcemente en los salones reales; sin embargo, hablaba de forma tan nueva para \u00e9l mismo, y tan extra\u00f1amente conmovedora, que despu\u00e9s de la primera frase tuvo que hacer una pausa. Porque ten\u00eda costumbre de pronunciar sus discursos con cuidado, consciente de su invenci\u00f3n; pero aqu\u00ed, en medio de la sencilla congregaci\u00f3n del de\u00e1n, era como si la figura entera del general Loewenhielm, con su pecho cubierto de condecoraciones, no fuese m\u00e1s que un meg\u00e1fono dispuesto para el mensaje que iba a pronunciar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El hombre, amigos m\u00edos \u2014dijo el general Loewenhielm\u2014, es fr\u00e1gil y est\u00fapido. Se nos ha dicho que la gracia hay que encontrarla en el universo. Pero en nuestra miop\u00eda y estupidez humanas, imaginamos que la gracia divina es limitada. Por esa raz\u00f3n temblamos\u2026 \u2014nunca hasta ahora hab\u00eda confesado el general que temblaba; se qued\u00f3 sinceramente sorprendido, y hasta estupefacto, al o\u00edr su propia voz proclamando tal cosa\u2014 Temblamos antes de hacer nuestra elecci\u00f3n en la vida; y despu\u00e9s de haberla hecho, seguimos temblando por temor a haber elegido mal. Pero llega el momento en que se abren nuestros ojos, y vemos y comprendemos que la gracia es infinita. La gracia, amigos m\u00edos, no exige nada de nosotros, sino que la esperamos con confianza y la reconocemos con gratitud. La gracia, hermanos, no impone condiciones y no distingue a ninguno de nosotros en particular; la gracia nos acoge a todos en su pecho y proclama la amnist\u00eda general. \u00a1Mirad! Aquello que hemos elegido se nos da; y aquello que hemos rechazado es derramado sobre nosotros en abundancia. \u00a1Pues se han abrazado la misericordia y la verdad, y la rectitud y la dicha se han besado mutuamente!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los Hermanos y Hermanas no comprendieron del todo el discurso del general; pero su rostro sereno e inspirado, y el sonido de las palabras familiares y queridas, inundaron y conmovieron todos los corazones. As\u00ed es como, treinta a\u00f1os despu\u00e9s, el general Loewenhielm consigui\u00f3 dominar la conversaci\u00f3n en casa del de\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De lo que ocurri\u00f3 m\u00e1s tarde nada puede consignarse aqu\u00ed. Ninguno de los invitados ten\u00eda despu\u00e9s conciencia clara de ello. S\u00f3lo recordaban que los aposentos hab\u00edan estado llenos de una luz celestial, como si diversos halos se combinaran en un resplandor glorioso. Las viejas y taciturnas gentes recibieron el don de lenguas; los o\u00eddos, que durante a\u00f1os hab\u00edan estado casi sordos, se abrieron por una vez. El tiempo mismo se hab\u00eda fundido en eternidad. Mucho despu\u00e9s de la media noche, las ventanas de la casa resplandec\u00edan como el oro, y doradas canciones se difund\u00edan en el aire invernal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los corazones de las dos viejas que antes se hab\u00edan calumniado retrocedieron ahora m\u00e1s all\u00e1 del per\u00edodo maligno al que hab\u00edan vivido aferradas, hasta esos d\u00edas de su primera juventud en que, juntas, se preparaban para la confirmaci\u00f3n e inundaban de canciones los caminos de Berlevaag cogidas de la mano. Un Hermano de la congregaci\u00f3n le dio un golpe a otro en las costillas, a modo de caricia entre chicos, y exclam\u00f3: \u201c\u00a1T\u00fa me enga\u00f1aste con aquella madera, sinverg\u00fcenza!\u201d El Hermano as\u00ed interpelado estuvo a punto de caerse al suelo acometido por un ataque de celestial risa; pero brotaron l\u00e1grimas de los ojos. \u201cS\u00ed, te enga\u00f1\u00e9, querido Hermano\u201d, contest\u00f3, \u201cte enga\u00f1\u00e9\u201d. El capit\u00e1n Halvorsen y <em>Madame<\/em> Oppegaarden, de repente, se sorprendieron muy juntos en un rinc\u00f3n, d\u00e1ndose el largo beso para el que le incierto y secreto amor de su juventud jam\u00e1s les hab\u00eda brindado ocasi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La grey del viejo de\u00e1n estaba formada por gente humilde. Cuando, pasado el tiempo, pensaban en esta noche, nunca se les ocurr\u00eda que aquella exaltaci\u00f3n se debiera a sus propios m\u00e9ritos. Se daban cuenta de que les fue concebida la gracia infinita de que el general Loewenhielm les hab\u00eda hablado, y ni siquiera se maravillaban de ello, pues no hab\u00eda sino el cumplimiento de una esperanza siempre presente. Las vanas ilusiones de este mundo se hab\u00edan disuelto ante sus ojos como el humo y hab\u00edan visto el universo como verdaderamente es. Se les hab\u00eda concedido una hora de eternidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La vieja se\u00f1ora Loewenhielm fue la primera en marcharse. Su sobrino la acompa\u00f1\u00f3, y las anfitrionas salieron a despedirles con luces. Mientras Philippa ayudaba a la vieja dama a ponerse sus m\u00faltiples envolturas, el general cogi\u00f3 la mano de Martine y se la retuvo largo rato en silencio. Por \u00faltimo, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014He estado con usted cada d\u00eda de mi vida. Sabe usted que es cierto, \u00bfverdad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo Martine\u2014; s\u00e9 que lo es.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y \u2014prosigui\u00f3 \u00e9l\u2014 seguir\u00e9 est\u00e1ndolo cada uno de los d\u00edas que me queden por vivir. Cada noche me sentar\u00e9, si no corporalmente, lo que no significa nada, s\u00ed de manera espiritual, que lo es todo, a cenar con usted, exactamente igual que esta noche. Pues esta noche he aprendido, querida hermana, que en este mundo todo es posible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed; as\u00ed es, querido hermano \u2014dijo Martine\u2014. En este mundo todo es posible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicho esto, se despidieron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando finalmente se disolvi\u00f3 la reuni\u00f3n, hab\u00eda cesado de nevar. El pueblo y las monta\u00f1as ten\u00edan un esplendor blanco, ultraterreno, y en el cielo brillaban miles de estrellas. En la calle, la nieve era tan espesa que resultaba dif\u00edcil caminar. Los invitados de la casa amarilla se fueron a pie y andaban haciendo eses, se ca\u00edan sentados o sobre las manos y rodillas, y se levantaban cubiertos de nieve, como si se hubiesen lavado los pecados y hubiesen quedado tan blancos como la lana; y con este vestido de inocencia recobrada andaban retozando como corderos. Era maravilloso para todos ellos haberse vuelto como ni\u00f1os; era bienaventuradamente gracioso ver a los Hermanos, que tan en serio se tomaban entre ellos, inmersos en esta especie de segunda ni\u00f1ez celestial. Daban traspi\u00e9s, se enderezaban, caminaban o se quedaban parados, formando a veces una gran cadena de beat\u00edficos <em>lanciers<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00a1Benditos, benditos, benditos sean!\u201d, resonaba por todas partes como un eco de la armon\u00eda de las esferas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Martine y Philippa permanecieron largo rato en la escalera de piedra del portal. No sent\u00edan fr\u00edo. \u201cLas estrellas est\u00e1n m\u00e1s cerca\u201d, dijo Philippa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se acercar\u00e1n todas las noches \u2014dijo Martine en voz baja\u2014. Es muy posible que no vuelva a nevar m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esto, sin embargo, se equivocaba. Una hora despu\u00e9s empezaba a nevar otra vez, y cay\u00f3 una nevada como nunca se hab\u00eda conocido en Berlevaag. A la ma\u00f1ana siguiente, las gentes apenas pod\u00edan abrir sus puertas contra la nieve acumulada. Las ventanas de las casas estaban tan espesamente cubiertas, seg\u00fan se contaba a\u00f1os despu\u00e9s, que muchos buenos vecinos del pueblo no se dieron cuenta de que hab\u00eda amanecido y siguieron durmiendo hasta bien entrada la tarde.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>XII. <em>La gran artista<\/em><\/strong><br \/>\nCuando Martine y Philippa cerraron la puerta se acordaron de Babette. Una oleada de ternura y de piedad las invadi\u00f3: s\u00f3lo Babette no hab\u00eda participado de la dicha de esa noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed entraron en la cocina, y Martine le dijo a Babette:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ha sido una cena maravillosa, Babette.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus corazones se llenaron s\u00fabitamente de gratitud. Comprend\u00edan que ninguno de sus invitados hab\u00eda dicho una sola palabra sobre la comida. Efectivamente, por mucho que se esforzaban, no recordaban ninguno de los platos que se hab\u00edan servido. Martine se acord\u00f3 de la tortuga. No hab\u00eda visto absolutamente nada de ella, y ahora le parec\u00eda muy vaga y lejana; muy posiblemente, no era m\u00e1s que una pesadilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette estaba sentada en el tajo, rodeada de las m\u00e1s negras y grasientas cacerolas y sartenes que sus se\u00f1oras hubieran visto en la vida. Estaba tan p\u00e1lida y tan mortalmente agotada como la noche en que apareci\u00f3 y se desvaneci\u00f3 en el umbral.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al cabo de largo rato, las mir\u00f3 a la cara y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En otro tiempo fui cocinera del <em>Caf\u00e9 Anglais<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Martine repiti\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todos han dicho que fue una cena espl\u00e9ndida \u2014y como Babette no dec\u00eda nada, a\u00f1adi\u00f3: \u2014Todos recordaremos esta noche, cuando usted regrese a Par\u00eds, Babette.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No voy a regresar a Par\u00eds.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo va a volver a Par\u00eds? \u2014exclam\u00f3 Martine.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014dijo Babette\u2014. \u00bfQu\u00e9 har\u00eda yo en Par\u00eds? Todos han desaparecido. Los he perdido a todos, <em>Mesdames<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El pensamiento de las hermanas vol\u00f3 hacia <em>Monsieur<\/em> Hersant y su hijo, y dijeron:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oh, mi pobre Babette!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, todos han desaparecido \u2014dijo Babette\u2014. \u00a1El duque de Morny, el duque de Descazes, el pr\u00edncipe Narishkine, el general Galliffet, Aur\u00e9lian Scholl, Paul Darm, la princesa Pauline, todos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquellos nombres y t\u00edtulos desconocidos de personas que hab\u00edan muerto para Babette dejaron a las dos hermanas ligeramente confundidas; pero hab\u00eda tan infinita perspectiva de tragedia en el anuncio que en su sensible estado espiritual sintieron aquellas p\u00e9rdidas como propias, y sus ojos se llenaron de l\u00e1grimas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final de otro largo silencio, Babette les sonri\u00f3 s\u00fabitamente y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo iba yo a regresar a Par\u00eds, <em>Mesdames<\/em>? No tengo dinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que no tiene dinero? \u2014exclamaron las dos hermanas al un\u00edsono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014dijo Babette.<br \/>\n\u2014Pero, \u00bfy los diez mil francos? \u2014preguntaron las hermanas con una horrorizada aspiraci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esos diez mil francos los he gastado, <em>Mesdames<\/em> \u2013dijo Babette.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las dos hermanas tuvieron que sentarse. Durante un minuto, no fueron capaces de hablar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLos diez mil? \u2014susurr\u00f3 despacio Martine.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 les puedo decir, <em>Mesdames<\/em>? \u2014dijo Babette con gran dignidad\u2014. Una cena para doce en el <em>Caf\u00e9 Anglais<\/em> habr\u00eda costado diez mil francos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las damas segu\u00edan sin saber qu\u00e9 decir. La noticia era incomprensible para ellas, pero en cierto modo esa noche hab\u00eda habido muchas cosas que escapaban a toda comprensi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Martine record\u00f3 un cuento que hab\u00eda o\u00eddo a un amigo de su padre que estuvo de misionero en \u00c1frica. Hab\u00eda salvado la vida de la esposa favorita de un viejo jefe, y para demostrar su gratitud el jefe le invit\u00f3 a un rico banquete. S\u00f3lo mucho despu\u00e9s se enter\u00f3 el misionero, por su criado negro, de que lo que se hab\u00eda comido era un nieto peque\u00f1o del jefe, guisado en honor del gran hombre de medicina cristiano. Martine se estremeci\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero a Philippa se le derriti\u00f3 el coraz\u00f3n. Parec\u00eda que una noche inolvidable deb\u00eda terminar con una prueba inolvidable de lealtad y abnegaci\u00f3n humanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Querida Babette \u2014dijo suavemente\u2014, no ha debido desprenderse de cuanto ten\u00eda por nosotras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Babette dirigi\u00f3 a su se\u00f1ora una mirada profunda, una mirada extra\u00f1a. \u00bfNo hab\u00eda piedad, incluso burla, en el fondo de aquella mirada?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor ustedes? \u2014replic\u00f3\u2014. No. Ha sido por m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se levant\u00f3 del tajo y se qued\u00f3 de pie ante las hermanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Yo soy una gran artista! \u2014dijo. Call\u00f3 un momento y luego repiti\u00f3: \u2014Soy una gran artista, <em>Mesdames<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra vez, durante largo rato, se hizo un profundo silencio en la cocina. Luego dijo Martine:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces, ahora ser\u00e1 pobre toda su vida, Babette.<br \/>\n\u2014\u00bfPobre? \u2014dijo Babette. Sonri\u00f3 como para s\u00ed\u2014. No, nunca ser\u00e9 pobre. Ya es he dicho que soy una gran artista. Una gran artista, <em>Mesdames<\/em>, jam\u00e1s es pobre. Tenemos algo, <em>Mesdames<\/em>, sobre lo que los dem\u00e1s no saben nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras la hermana mayor no encontraba nada m\u00e1s que decir, en el fondo del coraz\u00f3n de Philippa vibraron cuerdas olvidadas. Porque ella hab\u00eda o\u00eddo, antes de ahora, hac\u00eda mucho tiempo, hablar del <em>Caf\u00e9 Anglais<\/em>. Hab\u00eda o\u00eddo, antes de ahora, hac\u00eda mucho tiempo, los nombres de la tr\u00e1gica lista de Babette. Se levant\u00f3 y dio un paso hacia la criada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero toda esa gente a la que ha mencionado \u2013dijo\u2014, esos pr\u00edncipes y esas gentes de Par\u00eds de que habla, Babette\u2026, usted ha luchado contra ellos. \u00a1Usted es una <em>communard<\/em>! \u00a1El general al que ha nombrado es el que mat\u00f3 a su marido y a su hijo! \u00bfC\u00f3mo puede afligirse por ellos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ojos negros de Babette se encararon con los de Philippa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo\u2014, fui una <em>communard<\/em>. \u00a1Gracias a Dios, fui una <em>communard<\/em>!  Y las personas que he nombrado, <em>Mesdames<\/em>, eran malvados y crueles. Dejaban que la gente se muriese de hambre; oprim\u00edan a los pobres y les hac\u00edan objeto de injusticias. Gracias a Dios, he estado en las barricadas; \u00a1cargaba el fusil de mis hombres! Pero de todos modos, <em>Mesdames<\/em>, no volver\u00e9 a Par\u00eds, ahora que esas personas de las que he hablado ya no est\u00e1n all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Permaneci\u00f3 inm\u00f3vil, sumida en sus pensamientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esas gentes, <em>Mesdames<\/em>, \u2014dijo por fin\u2014, me pertenec\u00edan, eran m\u00edas. Hab\u00edan sido criadas y educadas con mayores gastos de lo que ustedes, mis peque\u00f1as se\u00f1oras, podr\u00edan imaginar o creer jam\u00e1s, para comprender a la gran artista que soy. Yo pod\u00eda hacerles felices. Cuando pon\u00eda todo mi empe\u00f1o, les hac\u00eda perfectamente felices.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Call\u00f3 un momento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo mismo le ocurr\u00eda a <em>Monsieur<\/em> Papin \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfA <em>Monsieur<\/em> Papin? \u2013pregunt\u00f3 Philippa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, a su <em>Monsieur<\/em> Papin, mi pobre se\u00f1ora \u2014dijo Babette\u2014. Me lo dec\u00eda \u00e9l mismo: \u201cEs terrible e insoportable para un artista\u201d, dec\u00eda, \u201cser alentado, aplaudido para hacer lo segundo mejor que sabe hacer.\u201d Y dec\u00eda: \u201cPor el mundo se extiende un largo grito, que brota del coraz\u00f3n del artista: \u00a1dejen que lo haga lo mejor que me es posible!\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Philippa se acerc\u00f3 a Babette y la rode\u00f3 con sus brazos. Sinti\u00f3 el cuerpo de la cocinera contra el suyo como un monumento de m\u00e1rmol, pero se estremeci\u00f3 y tembl\u00f3 ella misma de pies a cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante un rato no pudo hablar. Luego susurr\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Sin embargo, esto no es el fin! Siento, Babette, que esto no es el fin. En el Para\u00edso usted ser\u00e1 la gran artista que Dios quer\u00eda que fuese. \u00a1Ah! \u2014a\u00f1adi\u00f3, con las l\u00e1grimas corri\u00e9ndole por las mejillas\u2014 \u00a1Ah, c\u00f3mo deleitar\u00e1 a los \u00e1ngeles!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<figure id=\"attachment_15446\" aria-describedby=\"caption-attachment-15446\" style=\"width: 710px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/El_festin_de_Babette.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15446\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-festin-de-babette\/el_festin_de_babette\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/El_festin_de_Babette.jpg\" data-orig-size=\"1124,1621\" data-comments-opened=\"1\" 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