{"id":15424,"date":"2021-02-01T12:29:28","date_gmt":"2021-02-01T18:29:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15424"},"modified":"2021-02-01T12:38:50","modified_gmt":"2021-02-01T18:38:50","slug":"historia-de-una-hora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/historia-de-una-hora\/","title":{"rendered":"Historia de una hora"},"content":{"rendered":"<p>He aqu\u00ed un cuento de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Kate_Chopin\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">Kate Chopin<\/a> (1850-1904), escritora estadounidense. Nacida en Missouri, desarroll\u00f3 su carrera en Louisiana tras un comienzo tard\u00edo (su matrimonio, durante el que tuvo seis hijos, termin\u00f3 con la muerte de su esposo, un hacendado). Hoy se le considera precursora del feminismo y una de las m\u00e1s destacadas escritoras criollas (<em>creole<\/em>) de Louisiana durante el siglo XIX; su novela <em>El despertar<\/em> (1899) fue una de las primeras en la historia de su pa\u00eds en tratar la evoluci\u00f3n del car\u00e1cter y las convicciones de una mujer independiente, lo que le vali\u00f3 la condena de los sectores conservadores de su tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/The_Story_of_an_Hour\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">\u00abThe Story of an Hour\u00bb<\/a> (narraci\u00f3n breve y parad\u00f3jica acerca de los sentimientos que una mujer no siempre ten\u00eda permitido manifestar) se public\u00f3 primero en la revista <em>Vogue <\/em>en 1894. Encontr\u00e9 la traducci\u00f3n que sigue en l\u00ednea, sin cr\u00e9dito, y la revis\u00e9 un poco. Gracias por la sugerencia a Val\u00e9ria MacKnight.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15426\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/historia-de-una-hora\/kate-chopin\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin.jpg\" data-orig-size=\"2033,1562\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Kate Chopin\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin-1024x787.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin-1024x787.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"787\" class=\"aligncenter size-large wp-image-15426\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin-1024x787.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin-300x230.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin.jpg 2033w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>HISTORIA DE UNA HORA<br \/>\nKate Chopin<\/strong><br \/>\nSabiendo que la se\u00f1ora Mallard padec\u00eda del coraz\u00f3n, se tomaron muchas precauciones antes de darle la noticia de la muerte de su marido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue su hermana Josephine quien se lo dijo, con frases entrecortadas e insinuaciones veladas que lo revelaban y ocultaban a medias. El amigo de su marido, Richards, estaba tambi\u00e9n all\u00ed, cerca de ella. Fue \u00e9l quien se encontraba en la oficina del peri\u00f3dico cuando recibieron la noticia del accidente ferroviario y el nombre de Brently Mallard encabezaba la lista de \u00abmuertos\u00bb. Tan s\u00f3lo se hab\u00eda tomado el tiempo necesario para asegurarse, mediante un segundo telegrama, de que era verdad, y se hab\u00eda precipitado a impedir que cualquier otro amigo, menos prudente y considerado, diera la triste noticia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella no escuch\u00f3 la historia como otras muchas mujeres la han escuchado, con paralizante incapacidad de aceptar su significado. Inmediatamente se ech\u00f3 a llorar, con repentino y violento abandono, en brazos de su hermana. Cuando la tormenta de dolor amain\u00f3, se retir\u00f3 a su habitaci\u00f3n, sola. No quiso que nadie la siguiera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Frente a la ventana abierta hab\u00eda un amplio y confortable sill\u00f3n. Agobiada por el desfallecimiento f\u00edsico que rondaba su cuerpo y parec\u00eda alcanzar su esp\u00edritu, se hundi\u00f3 en \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la plaza frente a su casa, pod\u00eda ver las copas de los \u00e1rboles temblando por la reciente llegada de la primavera. En el aire se percib\u00eda el delicioso aliento de la lluvia. Abajo, en la calle, un marchante pregonaba sus mercanc\u00edas. Le llegaban d\u00e9bilmente las notas de una canci\u00f3n que alguien cantaba a lo lejos, e innumerables gorriones gorjeaban en los aleros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Retazos de cielo azul asomaban por entre las nubes, que frente a su ventana, en el poniente, se reun\u00edan y apilaban unas sobre otras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se sent\u00f3 con la cabeza hacia atr\u00e1s, apoyada en el coj\u00edn de la silla, casi inm\u00f3vil, excepto cuando un sollozo le sub\u00eda a la garganta y le sacud\u00eda, como el ni\u00f1o que ha llorado al irse a dormir y contin\u00faa sollozando en sus sue\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era joven, de rostro hermoso y tranquilo, y sus facciones revelaban contenci\u00f3n y cierto car\u00e1cter. Pero sus ojos ten\u00edan ahora la expresi\u00f3n opaca, la vista clavada en la lejan\u00eda, en uno de aquellos retazos de cielo azul. La mirada no indicaba reflexi\u00f3n, sino m\u00e1s bien una interrupci\u00f3n del pensamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sent\u00eda que algo llegaba a ella y lo esperaba con temor. \u00bfDe qu\u00e9 se trataba? No lo sab\u00eda, era demasiado sutil y esquivo para nombrarlo. Pero lo sent\u00eda surgir furtivamente del cielo y alcanzarla a trav\u00e9s de los sonidos, los aromas y el color que impregnaban el aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su pecho sub\u00eda y bajaba agitadamente. Empezaba a reconocer aquello que se aproximaba para poseerla, y luchaba con voluntad para rechazarlo, tan d\u00e9bilmente como si lo hiciera con sus blancas y delgadas manos. Cuando se abandon\u00f3, sus labios entreabiertos susurraron una palabrita. La murmur\u00f3 una y otra vez: \u00ab\u00a1Libre, libre, libre!\u00bb. La mirada vac\u00eda y la expresi\u00f3n de terror que la hab\u00eda precedido desaparecieron de sus ojos, que permanec\u00edan agudos y brillantes. El pulso le lat\u00eda r\u00e1pido y el fluir de la sangre templaba y relajaba cada cent\u00edmetro de su cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se detuvo a pensar si aquella alegr\u00eda era monstruosa o no. Una percepci\u00f3n clara y exaltada le permit\u00eda descartar la posibilidad como algo trivial. Sab\u00eda que llorar\u00eda de nuevo al ver las manos cari\u00f1osas y fr\u00e1giles cruzadas en la postura de la muerte; que el rostro que siempre la hab\u00eda mirado con amor estar\u00eda inm\u00f3vil, gris y muerto. Pero m\u00e1s all\u00e1 de aquel momento amargo, vio una larga procesi\u00f3n de a\u00f1os por llegar que ser\u00edan s\u00f3lo suyos. Y extendi\u00f3 sus brazos abiertos d\u00e1ndoles la bienvenida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No habr\u00eda nadie para quien vivir durante los a\u00f1os venideros; ella tendr\u00eda las riendas de su propia vida. Ninguna voluntad poderosa doblegar\u00eda la suya con esa ciega insistencia con que los hombres y mujeres creen tener derecho a imponer su \u00edntima voluntad a un semejante. Que la intenci\u00f3n fuera amable o cruel, no hac\u00eda que el acto pareciera menos un delito, en aquel breve momento de iluminaci\u00f3n en que ella lo consideraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y a pesar de esto, ella le hab\u00eda amado, a veces; otras no. \u00a1Pero qu\u00e9 importaba!. \u00a1Qu\u00e9 podr\u00eda el amor, ese misterio sin resolver, significar frente a esta energ\u00eda que repentinamente reconoc\u00eda como el impulso m\u00e1s poderoso de su ser!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00a1Libre, libre en cuerpo y alma!\u00bb continu\u00f3 susurrando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Josephine, arrodillada frente a la puerta cerrada, con los labios pegados a la cerradura le imploraba que la dejara pasar. \u201cLouise, abre la puerta, te lo ruego, \u00e1brela, te vas a poner enferma. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo, Louise? Por lo que m\u00e1s quieras, abre la puerta.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cVete. No voy a ponerme enferma\u201d. No; estaba embebida en el mism\u00edsimo elixir de la vida que entraba por la ventana abierta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su imaginaci\u00f3n corr\u00eda desaforada por aquellos d\u00edas desplegados ante ella: d\u00edas de primavera, d\u00edas de verano y toda clase de d\u00edas, que ser\u00edan s\u00f3lo suyos. Musit\u00f3 una r\u00e1pida oraci\u00f3n para que la vida fuese larga. \u00a1Y pensar que tan s\u00f3lo ayer sent\u00eda escalofr\u00edos ante la idea de que la vida pudiera durar demasiado!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por fin se levant\u00f3 y ante la insistencia de su hermana, abri\u00f3 la puerta. Ten\u00eda los ojos con brillo febril y se conduc\u00eda inconscientemente como una diosa de la Victoria. Agarr\u00f3 a su hermana por la cintura y juntas descendieron las escaleras. Richards, erguido, las esperaba al final.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alguien intentaba abrir la puerta con una llave. Brently Mallard entr\u00f3, un poco sucio del viaje, llevando con aplomo su malet\u00edn y el paraguas. Hab\u00eda estado lejos del lugar del accidente y ni siquiera sab\u00eda que hab\u00eda habido uno. Permaneci\u00f3 de pie, sorprendido por el penetrante grito de Josephine y el r\u00e1pido movimiento de Richards para que su esposa no lo viera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando los m\u00e9dicos llegaron dijeron que ella hab\u00eda muerto del coraz\u00f3n: de la alegr\u00eda que mata.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento breve y contundente de la escritora Kate Chopin (1850-1904).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15426,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,2365,194,2069,3369,3368,2855,467],"class_list":["post-15424","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-en-ingles","tag-escritores-estadounidenses","tag-feminismo","tag-historia-de-una-hora","tag-kate-chopin","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Kate-Chopin.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-40M","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15424","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15424"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15424\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15430,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15424\/revisions\/15430"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15426"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15424"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15424"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15424"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}