{"id":15308,"date":"2020-09-02T19:02:48","date_gmt":"2020-09-03T00:02:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15308"},"modified":"2024-03-26T11:16:18","modified_gmt":"2024-03-26T17:16:18","slug":"el-esqueleto-rojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-esqueleto-rojo\/","title":{"rendered":"El esqueleto rojo"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento es un tradici\u00f3n popular del pueblo inuit del \u00e1rea del Estrecho de Bering, en Alaska. Fue recogido por Clara Kern Bayliss en su libro <em>A Treasure of Eskimo Tales<\/em> (Tesoro de cuentos esquimales, 1922). Esta versi\u00f3n fue traducida al espa\u00f1ol por Raquel Castro, a partir de la transcripci\u00f3n que se encuentra en el blog Folk Realm Studies de Zteve T. Evans. Es una historia de horror muy eficaz, en la que la presencia sobrenatural amenaza \u2013no del todo injustamente\u2013 a la comunidad arrogante que se cree invulnerable, como en muchas otras grandes narraciones antiguas y modernas.<\/p>\n<p><strong>EL ESQUELETO ROJO<br \/>\nAn\u00f3nimo<\/strong><\/p>\n<p>Hab\u00eda una vez un pobre ni\u00f1o esquimal que viv\u00eda en una aldea en el Cabo Pr\u00edncipe de Gales, en Alaska. El ni\u00f1o era hu\u00e9rfano y no hab\u00eda nadie que cuidara de \u00e9l o lo defendiera, por lo que algunos de los aldeanos lo trataban muy mal: lo hac\u00edan trabajar para ellos y hacerle mandados. A cambio, cuando hab\u00eda mal clima le permit\u00edan quedarse en el <em>kashim<\/em>, el edificio comunitario de la aldea, y dormir ah\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces lleg\u00f3 una noche en la que nevaba con fuerza y los adultos le ordenaron al ni\u00f1o salir a ver si el clima estaba empeorando o mejorando. Era una noche terriblemente fr\u00eda y \u00e9l no ten\u00eda botas ni ropas abrigadoras. El ni\u00f1o no quer\u00eda ir, pero los aldeanos lo empujaron a trav\u00e9s de la puerta, as\u00ed que \u00e9l corri\u00f3 a la orilla de la aldea y mir\u00f3 el cielo nocturno. Hab\u00eda dejado de nevar, pero a\u00fan hac\u00eda un fr\u00edo de muerte, y \u00e9l corri\u00f3 de vuelta con la noticia, golpeando la puerta y gritando: \u201c\u00a1Buenas noticias! La nieve ha parado, pero todav\u00eda hace mucho, mucho fr\u00edo. \u00a1Por favor d\u00e9jenme entrar!\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dejaron pasar, pero cuando apenas estaba entrando en calor lo hicieron salir de nuevo a ver c\u00f3mo estaba el clima. De nuevo, el ni\u00f1o regres\u00f3 e inform\u00f3 que la nieve hab\u00eda parado pero que a\u00fan hac\u00eda mucho fr\u00edo y, de hecho, la temperatura segu\u00eda bajando. Los aldeanos lo dejaron entrar, pero, una vez m\u00e1s, en cuanto comenzaba a calentarse lo hicieron salir de nuevo a ver si el clima hab\u00eda cambiado. Esto se repiti\u00f3 muchas veces durante la noche. Cada vez, el ni\u00f1o les repet\u00eda que ya no nevaba pero que hac\u00eda m\u00e1s fr\u00edo, hasta que en una ocasi\u00f3n, al volver, les dijo: \u201cFui a la orilla norte de la aldea y mir\u00e9 hacia la colina que hay all\u00ed. Y vi un fuego rojo que bajaba por la colina hacia ac\u00e1\u201d. Los adultos se rieron y se burlaron de \u00e9l, y luego le dijeron: \u201c\u00a1No nos vengas con esas historias! Para eso, bien puedes ir a ver si una ballena viene hacia la aldea bajando por la colina. \u00a1Ve!\u201d y lo empujaron de nuevo hacia el exterior. El ni\u00f1o corri\u00f3 pero pronto toc\u00f3 de nuevo, gritando: \u201cEl fuego rojo ya entr\u00f3 a la aldea y viene hacia ac\u00e1!\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los adultos se rieron y burlaron de \u00e9l y no lo dejaron entrar, as\u00ed que el ni\u00f1o busc\u00f3 donde esconderse. Los aldeanos se rieron de nuevo pero casi inmediatamente los interrumpi\u00f3 un vendaval helado que abri\u00f3 la puerta de golpe. Entonces, en medio del pasillo, vieron un esqueleto humano que se arrastraba sobre los codos y las rodillas, y que brillaba con un extra\u00f1o y macabro resplandor rojo. El esqueleto se arrastr\u00f3 hasta el centro de la habitaci\u00f3n mientras la gente ah\u00ed reunida se quedaba muda e inm\u00f3vil, aterrada e incr\u00e9dula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El esqueleto hizo un adem\u00e1n con su mano huesuda y al momento todos cayeron sobre sus rodillas. Entonces el esqueleto se dio la vuelta y comenz\u00f3 a arrastrarse fuera del t\u00fanel&#8230; seguido por una fila de aldeanos que se arrastraban sobre sus codos y rodillas. El esqueleto se arrastr\u00f3 a trav\u00e9s de la aldea hacia su orilla norte y sigui\u00f3 avanzando hacia la colina. Luego atraves\u00f3 la colina, siempre con los aldeanos arrastr\u00e1ndose detr\u00e1s de \u00e9l, en una larga fila. A pesar de que hab\u00eda dejado de nevar y de que la luna llena brillaba, era una noche terriblemente fr\u00eda y pronto los aldeanos se congelaron as\u00ed, en fila. Mientras, el esqueleto sigui\u00f3 su camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algunos de los aldeanos hab\u00edan estado fuera, cazando, y se sorprendieron cuando regresaron y hallaron la aldea vac\u00eda. Buscaron por otras partes y, al final, entraron al <em>kashim<\/em>, donde encontraron al pobre ni\u00f1o hu\u00e9rfano. \u00c9l les cont\u00f3 lo que hab\u00eda pasado con la gente de la aldea y, al salir, les mostr\u00f3 las huellas que hab\u00edan dejado el esqueleto y los aldeanos al arrastrarse por la aldea. Siguieron las huellas hasta que encontraron la larga fila de personas congeladas, todav\u00eda apoyadas en sus codos y rodillas, como si a\u00fan se estuvieran arrastrando. Las huellas del esqueleto segu\u00edan: bajaban al otro lado de la colina y m\u00e1s all\u00e1. Los cazadores las siguieron hasta que llegaron al lado de una vieja tumba. Los aldeanos se sorprendieron porque sab\u00edan que la tumba era el lugar de descanso del padre del ni\u00f1o hu\u00e9rfano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento popular de la tradici\u00f3n inuit, traducido al espa\u00f1ol por Raquel Castro.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15309,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El esqueleto rojo","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3354,3352,22,122,2343,3351,2855,3122,872,3210,3353],"class_list":["post-15308","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-a-treasure-of-eskimo-tales","tag-clara-kern-bayliss","tag-cuento","tag-cuentos-populares","tag-el-cuento-del-mes","tag-inuit","tag-literatura","tag-literatura-oral","tag-tradicion-oral","tag-traducciones-originales","tag-zteve-t-evans"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Esqueleto.png","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3YU","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15308","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15308"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15308\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16282,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15308\/revisions\/16282"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15309"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15308"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15308"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15308"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}