{"id":15245,"date":"2020-05-02T11:52:25","date_gmt":"2020-05-02T16:52:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15245"},"modified":"2024-04-08T14:10:41","modified_gmt":"2024-04-08T20:10:41","slug":"pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/pandemia\/","title":{"rendered":"Pandemia"},"content":{"rendered":"<p>Ten\u00eda ganas de agregar este cuento a la antolog\u00eda de Las Historias incluso desde antes de que se declarara la emergencia sanitaria debida al coronavirus SARS-CoV-2. En cualquier caso, \u00abPandemia\u00bb se ha vuelto a\u00fan m\u00e1s pertinente ahora, incluso sin contar su t\u00edtulo. Hoy, personas en el mundo entero podr\u00edan reconocer en la narraci\u00f3n escenas de su vida diaria, transformada por la crisis que vivimos, desde el aspecto inquietante de las calles vac\u00edas o la incertidumbre del futuro hasta (muy tristemente) el ascenso del miedo y la intolerancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.elem.mx\/autor\/datos\/885\">Gabriela R\u00e1bago Palafox<\/a> (1950-1995) fue una talentosa narradora mexicana que merece m\u00e1s reconocimiento, y entre cuyos libros se encuentran <em>Estancias nocturnas<\/em>, <em>La voz de la sangre<\/em>, <em>La muerte alquila un cuarto<\/em> y <em>Todo \u00e1ngel es terrible<\/em>. \u00abPandemia\u00bb gan\u00f3 el Premio Nacional \u00abPuebla\u00bb de Cuento de Ciencia Ficci\u00f3n en 1988.<\/p>\n<p><strong>PANDEMIA<br \/>\nGabriela R\u00e1bago Palafox<\/strong><\/p>\n<p>Hab\u00eda llovido. Las \u00faltimas gotas ca\u00edan bugambilias abajo, se perd\u00edan en los charcos que obscurec\u00edan el asfalto. El aguacero hab\u00eda arrancado a las jacarandas la mayor\u00eda de las flores que permanec\u00edan al pie de los \u00e1rboles, a manera de alfombra pasajera. Entre las ramas cantaba estridentemente el p\u00e1jaro aqu\u00e9l \u2013grande, negro y naranja\u2013 que Elisa hab\u00eda logrado ver s\u00f3lo un momento. El canto era alto y claro, como una recurrencia del alba y el atardecer. Le fastidi\u00f3, igual que otras veces, no poder imitarlo. Mauricio s\u00ed podr\u00eda, pens\u00f3. Lo escribir\u00eda, incluso, en notas musicales y lo silbar\u00eda hasta que ella pudiera retenerlo en la memoria; pero ya lo ve\u00eda tan poco&#8230; Lo extra\u00f1aba, pese a haber aprobado su decisi\u00f3n de refugiarse tras la Cortina, en alguna peque\u00f1a ciudad al otro lado del mundo, donde la m\u00fasica ocupara todav\u00eda un lugar preponderante y, sin que importara el n\u00famero de v\u00edctimas semanales que cobrara el mal, se llevaran a cabo los conciertos planeados en la sala suavemente iluminada para crear un clima de recogimiento. La ac\u00fastica engrandecida en la que se afinaban los instrumentos de la orquesta y, frente a un atril, a derecha o izquierda del director, Mauricio se perd\u00eda en los caminos paralelos del pentagrama. As\u00ed fue durante la guerra. Apenas los bombardeos pudieron detener la vida cultural, le hab\u00eda dicho con su habitual tono sereno la noche que cenaron para despedirlo. \u00c9l mismo hab\u00eda hecho el vino rojo que bebieron, en sus ratos de ocio y los espacios ganados al comedor y al ba\u00f1o de su casa. Indudablemente, adonde iba el vino ser\u00eda mejor y, sin embargo, nunca como \u00e9se, pens\u00f3 Elisa y escuch\u00f3 atentamente sus razones para emigrar. En todo caso, su ausencia podr\u00eda no ser definitiva, o ella podr\u00eda reun\u00edrsele&#8230; era cuesti\u00f3n de considerarlo y aprender el idioma. Pero no, ella cre\u00eda que cada quien tiene su propio destino. Y los hermanos \u2013le dijo\u2013 son como uvas de un racimo, que se van desgranando paulatinamente hasta que s\u00f3lo queda el sarmiento. Se escribir\u00edan. Llegar\u00edan las tarjetas postales con reproducciones de pinturas famosas \u2013porque all\u00e1, los museos continuaban abiertos\u2013 llev\u00e1ndole la nostalgia de ese amor peculiar de los hermanos que oscila entre tantos otros y conserva la magia de la infancia, las cosas perdidas, las transgresiones. Tambi\u00e9n llegar\u00edan fotos de Mauricio en ropa de invierno; de etiqueta para los conciertos; en ba\u00f1ador al lado de una alberca porque all\u00e1 todav\u00eda era posible darse un chapuz\u00f3n o meterse al vapor sin miedo al contagio. El mal era, salvo excepciones inexplicables, un azote de Occidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De cualquier manera, cu\u00eddate. Toma todas las precauciones. No te expongas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ninguno de los dos lo mencion\u00f3, pero el nombre de Oscar \u2013el hermano menor\u2013 flot\u00f3 por momentos en el aire. Se miraron a los ojos: No hallaron en ellos ning\u00fan eco de los de Oscar, risue\u00f1os y casta\u00f1os. \u00c9l tampoco se hab\u00eda expuesto y, sin embargo, hab\u00eda sido v\u00edctima de la pandemia meses atr\u00e1s. Lo mismo que Eduardo, Germ\u00e1n, Luis y una lista interminable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por ti no me preocupo \u2014coment\u00f3 Mauricio\u2014. Pero esto se va quedando cada d\u00eda m\u00e1s despoblado\u2026 Es curioso, \u00bfverdad? Una ciudad a la que le sobran millones de habitantes, ahora vuelve a ser como cuentan que era en la \u00e9poca de nuestros padres. Lo que anhelaba el consenso popular. Una ciudad semivac\u00eda, con grupos de mujeres m\u00e1s o menos aislados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00ed, pero no de esa manera. La pandemia avanzaba en proporci\u00f3n geom\u00e9trica y si, al principio, las v\u00edctimas eran \u2013en su mayor\u00eda\u2013 hombres entre veinte y cuarenta y cinco a\u00f1os, al paso de los meses tambi\u00e9n lo fueron mujeres y ni\u00f1os. Los efectos se fueron haciendo visibles en la calle. En poco tiempo miles de autom\u00f3viles dejaron de circular. Disminuyeron los \u00edndices de contaminaci\u00f3n. A ciertas horas fue posible sentir el silencio y gozar la transparencia de la atm\u00f3sfera. Pero la gente mor\u00eda diezmada por un mal que desafiaba a la ciencia, las religiones, la esperanza. Veh\u00edculos especiales \u2013de sirena y rojas l\u00e1mparas giratorias\u2013 se hac\u00edan cargo de los cuerpos como, en tiempos muy lejanos, los carretones de la muerte que puso en marcha la peste bub\u00f3nica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab&#8230; La s\u00edfilis, la tuberculosis, la influenza espa\u00f1ola. Hoy es el virus VIH, HTLV\/III o LAV. Aproximadamente cada dos siglos surge una pandemia que hace estragos en el planeta \u2013Elisa record\u00f3 la conferencia dictada por la doctora Bense\u00f1or, directora del Proyecto para la Investigaci\u00f3n y Control del Mal\u2013. Si vi\u00e9ramos esta pandemia dentro de su perspectiva hist\u00f3rica, quiz\u00e1 nos pareciera menos terrible. Me gustar\u00eda enviar a todos \u2013a los seropositivos especialmente\u2013 un mensaje de esperanza. Estar infectado con el virus HTLV\/III no significa una sentencia de muerte. No todos morir\u00e1n, no todas moriremos. Existen personas infectadas que, sin embargo, no presentan s\u00edntomas. Eventualmente, saldr\u00e1n del contagio ilesas. Un porcentaje de los individuos transmisores no desarrolla el s\u00edndrome del mal: se presume que existe en ello alguna raz\u00f3n gen\u00e9tica. Quienes trabajamos en el Proyecto estamos consagrando a \u00e9l nuestro mejor esfuerzo. Hemos hecho a un lado asuntos e intereses personales para procurar la elaboraci\u00f3n de una vacuna contra el virus VIH. Esperamos hallarla antes de cuatro a\u00f1os\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las vacunas experimentadas hasta entonces hab\u00edan sido inefectivas y la gente mor\u00eda por centenares bajo la mirada at\u00f3nita de los Premios Nobel, ante la incredulidad de los cient\u00edficos que hab\u00edan puesto al hombre en la Luna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quiz\u00e1s lo peor de todo era que el virus LAV \u2013ese organismo microsc\u00f3pico que se instalaba en los linfocitos y acababa con el sistema inmunol\u00f3gico de los pacientes\u2013 hab\u00eda erosionado los cimientos de la sociedad. Pese a la propaganda oficial contra cualquier clase de discriminaci\u00f3n de las personas infectadas, el estigma era un hecho cotidiano que sufr\u00edan por igual burgueses y despose\u00eddos, porque los l\u00edquidos que extend\u00edan el contagio del mal eran el semen y la sangre \u2013es decir, el virus se transmit\u00eda preferentemente en la cama\u2013, lo cual determinaba que la voluntad p\u00fablica convirtiera el asunto m\u00e9dico en cuesti\u00f3n moral. La primera informaci\u00f3n sobre el HTLV\/III revivi\u00f3 uno de los tab\u00faes m\u00e1s espinosos de la historia judeo-cristiana: La homosexualidad, m\u00e1s ampliamente conocida como plaga de Sodoma y Gomorra. Y, hoy, de California, Nueva York, Hait\u00ed, Puerto Rico, Francia, Brasil, M\u00e9xico\u2026 Los primeros casos registrados se dieron entre hombres homosexuales. Al momento en que la doctora Bense\u00f1or dict\u00f3 su conferencia, los grupos afectados eran homosexuales y bisexuales masculinos, drogadictos que utilizaban la v\u00eda intravenosa, hemof\u00edlicos, haitianos, personas en las que no se hab\u00eda identificado ning\u00fan factor de riesgo y heterosexuales que hubieran tenido contacto sexual con enfermos del mal. Los hombres constitu\u00edan el 93% de los casos. El 7% de las mujeres correspond\u00edan a prostitutas, drogadictas y compa\u00f1eras sexuales de pacientes infectados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gente de bien \u2013las personas decentes que ponderaban nuestras abuelas\u2013 buscaron protegerse de la infecci\u00f3n con oraciones y medallas o palmas benditas (\u00bfno hablar\u00edan al respecto las cartas de F\u00e1tima?). Evitaron transfusiones de sangre desconocida: Nunca como entonces se hizo evidente la diferencia de licores sangu\u00edneos. Rehusaron el roce social con individuos sospechosos. En lo profundo de su esp\u00edritu dieron gracias a Dios por no ser unos degenerados. Y, sin embargo, las estad\u00edsticas revelaban un avance del mal en proporciones geom\u00e9tricas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La doctora Bense\u00f1or ante los reporteros de la fuente: \u00abEl per\u00edodo de incubaci\u00f3n del virus oscila entre cinco y seis a\u00f1os. De ah\u00ed la peligrosidad de la pandemia. Alguien puede suponerse sano y empezar a mostrar s\u00edntomas dentro de unos meses. En el \u00ednterin, es posible que haya transmitido el contagio a las personas con quienes haya tenido intercambio sexual\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vacunas, preces y talismanes sucumbieron ante el virus VAL. Frente a las evidencias aplastantes, las familias bien, igual que la gente com\u00fan, tuvieron que disfrazar de estupor su verg\u00fcenza. La poblaci\u00f3n masculina sexualmente activa, comenz\u00f3 a decrecer de manera alarmante. Adem\u00e1s de los solteros, mor\u00edan los <em>pater familiae<\/em>, los maridos fotografiados el d\u00eda de su boda, los curas y los ministros del gobierno. A la comunidad homosexual, que manten\u00eda s\u00f3lo medio encubierto su estilo de vida, le quedaba el consuelo de una realidad considerablemente m\u00e1s digna \u2014\u00bfqu\u00e9 importaba que los obituarios de los bisexuales hablaran de accidentes ficticios, antiguos padecimientos, fallas cardiacas y varios eufemismos por el estilo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El estigma dio lugar a la pol\u00e9mica. Nunca como entonces los medios de comunicaci\u00f3n recogieron palabras que la religi\u00f3n judeo-cristiana cre\u00eda obscenas: homosexualidad, bisexualidad, gente gay&#8230; Toda esa porquer\u00eda, desde luego, era made in USA, escrib\u00edan los diarios de posici\u00f3n moderada. Los de la izquierda, en cambio, resultaban m\u00e1s humanitarios. Objetivos, por lo menos. En la televisi\u00f3n, el jesuita John J. McNeill se enfrentaba a la sociedad hom\u00f3foba: \u00abDurante largo tiempo hemos cargado los hombros de esos hermanos nuestros que se llaman a s\u00ed mismos gay, con un pecado inexistente, surgido de un error de traducci\u00f3n. \u00bfHasta cu\u00e1ndo reconoceremos que el pecado de Sodoma y Gomorra fue la falta de hospitalidad debida a los extranjeros \u2013es decir, la falta de amor\u2013 y no el de la lujuria homosexual, como tanto se ha difundido? Nos hemos olvidado del amor y osamos castigar a quienes tal vez s\u00ed lo practican, simplemente porque no estamos de acuerdo con sus preferencias sexuales. Dejemos la pandemia en manos de los m\u00e9dicos y unamos nuestras oraciones para pedir que el amor brote de nuevo en nuestros corazones\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muchos televidentes se escandalizaron por la intervenci\u00f3n de McNeill. Varios se negaron a creer que ese hombre de barba entrecana y chaleco obscuro, cuya poderosa mano apretaba un crucifijo contra su pecho, pudiera ser un sacerdote jesuita. \u00bfDe parte de qui\u00e9n estaba? \u00abNo soy homosexual ni padezco el mal\u00bb, respondi\u00f3 a la m\u00e1s burda de las suposiciones, \u00abpero quisiera honrarme de ser cristiano\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mismo canal televisivo dio tribuna a un muchacho alto, de hermosas y serenas facciones, que habl\u00f3 en nombre del Front Dalliberament Gai de Catalunya: \u00abSe habla de que nuestro amor mata, y esto es cierto s\u00f3lo en parte. A todos vosotros, gays y lesbianas principalmente, que sabemos claramente lo que queremos, y a todas las personas que lucha para conseguir el pleno derecho de nuestro cuerpo; a todos les decimos que el amor o la pr\u00e1ctica homosexual no matan y, suponiendo que lo hicieran, preferimos morir de este amor y no a consecuencia de los otros amores que s\u00ed matan de verdad. Consideremos el amor de los se\u00f1ores que tienen el poder de las bombas, armas, misiles y centrales nucleares. El amor de estos mismos se\u00f1ores a los medios de comunicaci\u00f3n con el fin de anular el cerebro de cada persona y as\u00ed podernos manipular tranquilamente. El amor del gobierno de los EUA a las dictaduras que asesinan con toda impunidad. El amor del Vaticano a la decadencia y el estancamiento. \u00a1Amores todos que s\u00ed son verdaderamente terror\u00edficos y destructores!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Elisa sigui\u00f3 avanzando por la calle sin gente. Ahora, la mayor\u00eda de las veces iba de un lado a otro caminando. El transporte p\u00fablico tambi\u00e9n hab\u00eda disminuido y era dif\u00edcil conseguir gasolina, de modo que para las distancias cortas o regulares, el auto se hab\u00eda convertido en art\u00edculo del pasado. Los diferentes barrios de la ciudad ten\u00edan el codiciado aspecto que s\u00f3lo hac\u00edan posible, en otros tiempos, los per\u00edodos de vacaciones. En algunas zonas no funcionaban ya los sem\u00e1foros. En otros, las cortinas met\u00e1licas de los negocios no se levantar\u00edan m\u00e1s. Ser\u00eda f\u00e1cil trazar sobre un mapa el avance del mal. Los reductos eran pocos y aislados, y era una suerte encontrar, de repente, una tienda o una cafeter\u00eda funcionando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Elisa se cruz\u00f3 con un grupo de ni\u00f1os que jugaban a la ambulancia. Dos hac\u00edan una imitaci\u00f3n bastante convincente de la sirena. El enfermo se revolv\u00eda en el suelo mojado, apret\u00e1ndose el abdomen con ambos brazos. Los socorristas le pon\u00edan inyecciones invisibles y lo tranquilizaban con frases que sonaban muy profesionales. Le quitaremos su propia sangre \u2013dijo uno\u2013, por si la necesita luego. Si le ponemos una transfusi\u00f3n podr\u00eda contagiarse del virus. Muchos de estos ni\u00f1os hab\u00edan perdido a sus padres, de modo que el Estado o personas ajenas los tomaban a su cargo. la familia del momento era completamente distinta de la familia nuclear que se hab\u00eda impuesto hasta unas d\u00e9cadas antes de la aparici\u00f3n de la pandemia. Elisa y su compa\u00f1era hab\u00edan adoptado a Daina, la ni\u00f1a de los gitanos que ocuparan la casa al fondo de la calle. Los tr\u00e1mites de adopci\u00f3n emergente eran sencillos y r\u00e1pidos. Bastaban dos firmas y un sello para que los menores adquirieran un nuevo hogar, sin averiguaciones ni impedimentos. Era un asunto primario de sobrevivencia y cuesti\u00f3n de suerte si, adem\u00e1s, los ni\u00f1os recib\u00edan amor. Daina ten\u00eda con ellas casi seis meses y se adaptaba admirablemente a los cambios que se le presentaban. Pregunt\u00f3 si deb\u00eda llamar madre a alguna de las dos, si pod\u00eda cambiar su propio nombre por el de Nefertiti, si seguir\u00eda yendo a la iglesia para cantar en el coro&#8230; Le gust\u00f3 Elvis Presley e hizo una coreograf\u00eda sui generis para su versi\u00f3n de \u00abAre you lonesome tonight?\u00bb Observaba todo pero sus cuestionamientos eran escasos. En la \u00e9poca de la pandemia a los ni\u00f1os no les sorprend\u00eda nada. (O eso parec\u00eda).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las nubes apretujadas soltaron una llovizna s\u00fabita y Elisa aceler\u00f3 el paso hasta llegar a la never\u00eda. El letrero de ne\u00f3n rojo, el interior iluminado, le provocaron un suspiro de alivio. Unos segundos despu\u00e9s se miraba en el enorme espejo rectangular de la casa Chiandoni, fundada en 1939. Mec\u00e1nicamente se alis\u00f3 el cabello. Ten\u00eda algunas canas en las sienes, pero la consol\u00f3 pensar que Mauricio, ocho a\u00f1os menor, ten\u00eda muchas m\u00e1s. Recuperar lo negro del pelo era cuesti\u00f3n de ingerir vitamina E o extracto de ginseng, no recordaba cu\u00e1l. Su abuela hab\u00eda tenido el cabello totalmente blanco antes de los cincuenta. Nunca quiso pint\u00e1rselo y Elisa, de ni\u00f1a, le agradec\u00eda su apariencia de abuela cl\u00e1sica, con lentes y vestido obscuro. Ella la llev\u00f3 a Chiandoni por primera vez. Entonces, la ni\u00f1a que era Elisa apenas sobresal\u00eda de la barra y gozaba indeciblemente frente a la copa de <em>hot fudge<\/em> con helado de avellana cubierto de crema chantilly y nueces, que el amor de la abuela le obsequiaba. Lo iba erosionando con la punta de la cuchara, mientras la abuela platicaba con don Pietro, el due\u00f1o, los parroquianos de las mesas dejaban el sitio a quienes llegaban, y en el ambiente predominaba el olor de caf\u00e9 fuerte que las meseras serv\u00edan humeante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy, esas mismas meseras de uniforme color de rosa y delantal blanco, cuchicheaban y sonre\u00edan al otro lado de la barra. Estaban un poco m\u00e1s delgadas o m\u00e1s gruesas, quiz\u00e1 se les notaba un exceso de maquillaje, pero eran las mismas, prodigiosamente conservadas a r\u00e9gimen de cremas de mamey o elote, pens\u00f3 Elisa. Tambi\u00e9n las cartas del men\u00fa eran las mismas, y el mobiliario, las l\u00e1mparas, la pintura mural con una vista de Venecia, el mosaico que representaba la Torre de Pisa, el jard\u00edn del fondo que se ve\u00eda a trav\u00e9s de una vidriera. En una mesa pr\u00f3xima al jard\u00edn, una mujer de mediana edad beb\u00eda a sorbos el caf\u00e9, la mirada perdida en un punto impreciso. Una ni\u00f1a devoraba su <em>cassatta<\/em> al lado de la abuela. Nadie m\u00e1s. Elisa se acomod\u00f3 en una mesa de la orilla. La empleada no tard\u00f3 en entregarle la carta; sin verla pidi\u00f3 un <em>hot fudge<\/em> con helado de avellana y un vaso de agua. El tocacintas reproduc\u00eda las voces de The Platters. Pens\u00f3 que al otro lado del mundo su hermano estudiaba el viol\u00edn probablemente con las manos ateridas, enfundado en un abrigo de invierno, y que tal vez se parecer\u00eda a Rodolfo en <em>Boh\u00e9me<\/em>.<\/p>\n<p><em>Remember when, I first met you. My lips were so afraid to say I love you<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sac\u00f3 del bolsillo su \u00faltima carta y la reley\u00f3.<\/p>\n<blockquote><p>\u2026 muy bien, en continua actividad. La semana pasada intervine en un concierto que se dio por la inauguraci\u00f3n del monumento en honor de los homosexuales asesinados durante el imperio del nazismo. Son tres grandes trozos de m\u00e1rmol color de rosa, imponentes, brillantes. A uno se le frunce algo dentro cuando lo ve. Creo que, m\u00e1s que nada, por la paradoja que significa en estos momentos. Siento mucho la muerte de tu amigo (Eduardo, \u00bfverdad?) y que te haya removido la p\u00e9rdida de Oscar, qui\u00e9n creer\u00eda. Yo siempre apost\u00e9 que este hermano nuestro morir\u00eda de viejo, sobre un escenario, cantando su personaje favorito -como Leonard Warren-. Pero se le atraves\u00f3 ese virus de mierda\u2026<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Primero \u00d3scar, <em>Oh yes, I&#8217;m the great pretender, pretending that I&#8217;m living well<\/em>, lejos y avergonzado. Luego Eduardo \u2013que era casi un hermano, o m\u00e1s que eso\u2013, convertido en un ni\u00f1o aterrado que lloraba inconteniblemente mientras la abrazaba y repet\u00eda en tono doloroso \u00abes que no quiero dejar solo a Rafa, t\u00fa no sabes cu\u00e1nto lo amo. Tampoco s\u00e9 c\u00f3mo dec\u00edrtelo&#8230; ni siquiera s\u00e9 si voy a dec\u00edrselo\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s, nada m\u00e1s el llanto y una expresi\u00f3n que no era ya de este mundo. Eduardo u Oscar, con los ojos enrojecidos de llorar, oliendo al perfume m\u00e1s sofisticado del momento, jal\u00e1ndose desesperadamente el cabello te\u00f1ido de rubio&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mesera le sirvi\u00f3 el hot fudge, un sundae y un arlequ\u00edn. Ataj\u00f3 con un gesto la protesta de Elisa:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cortes\u00eda de la casa. Hoy es nuestro \u00faltimo d\u00eda. Vamos a cerrar hasta nuevo aviso y no vale la pena que el helado se desperdicie. S\u00ed, puedo empac\u00e1rselo en nuestro envase frigorizado para que su hija lo pruebe. Es una l\u00e1stima que nunca la haya tra\u00eddo por ac\u00e1. S\u00ed, gracias. Saludar\u00e9 en su nombre al se\u00f1or Chiandoni, con mucho gusto. Ya casi nunca se halla en la casa pero supervisa igual el control de calidad. \u00bfLe gustar\u00eda tomar un caf\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bueno, as\u00ed se quedar\u00eda hasta la hora de cerrar. En todos esos a\u00f1os, don Pietro no hab\u00eda permitido, jam\u00e1s, que fuera antes de las ocho.<\/p>\n<blockquote><p>&#8230; es casi un hecho que dentro de un mes reducir\u00e1n el n\u00famero de vuelos. Eso se dice. Yo temo que los suspendan en definitiva. Dime si quieres venir y te enviar\u00e9 dinero. Prom\u00e9teme que, por lo menos, lo considerar\u00e1s. Oye, te quiero.<\/p><\/blockquote>\n<p><em>Im sorry for the things Ive done&#8230; Im so ashamed. Im sorry.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Elisa dobl\u00f3 la carta y la guard\u00f3. Ley\u00f3 la fecha en el reloj de pared. Hac\u00eda m\u00e1s de un mes desde que el correo le llevara la carta de Mauricio, acaso por desgracia la \u00faltima. Bebi\u00f3 un poco de agua para aclararse el paladar. Ah, el agua de Chiandoni, tan en el punto exacto, deliciosamente fresca pero sin molestar. La mujer que sorb\u00eda el caf\u00e9 se levant\u00f3 y, al pasar frente a su mesa, se miraron largamente. A Elisa le record\u00f3 la modelo de Botticelli. Le devolvi\u00f3 la sonrisa. Es algo impreciso en los ojos o en la manera de sonre\u00edr, dec\u00eda Eduardo. Una especie de lenguaje secreto o una contrase\u00f1a. Cuesti\u00f3n de sensibilidad, de vibra. Tampoco hace falta decir nada: Crees que lo sabes, y no te equivocas.<\/p>\n<p><em>Only you can make all these changes in me.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una de las meseras apag\u00f3 el letrero luminoso. La mujer del caf\u00e9 dijo: \u2014Vine aqu\u00ed durante veinte a\u00f1os, nunca te encontr\u00e9. \u00bfPodr\u00edamos caminar juntas? Hacia el sur, claro. Yo no tengo prisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mesera apag\u00f3 el tocacintas antes de que terminara el disco de oro de The Platters, le entreg\u00f3 a Elisa el helado para la ni\u00f1a de los gitanos que ahora era suya: No se preocupe, garantizamos la estabilidad de la crema por tres horas. Despu\u00e9s, ella y la modelo de Botticelli salieron y empezaron a andar lentamente. No se volvieron al o\u00edr el gru\u00f1ido de la cortina met\u00e1lica que cerraba \u2013\u00a1hasta Dios sab\u00eda cu\u00e1ndo!\u2013 la never\u00eda italiana de Pietro Chiandoni.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento muy pertinente (incluso m\u00e1s all\u00e1 de su t\u00edtulo) de la escritora mexicana Gabriela R\u00e1bago Palafox (1950-1995).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15248,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Pandemia","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[99,22,2343,185,198,3346,2291,3345],"class_list":["post-15245","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-ciencia-ficcion","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-gabriela-rabago-palafox","tag-literatura-de-imaginacion","tag-pandemia"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Gabriela-Rabago-Palafox.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-pandemia","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15245","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15245"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15245\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16289,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15245\/revisions\/16289"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15248"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15245"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15245"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15245"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}